1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

La estafa de las preferentes

La verdad periodística existe

Intervención de Soledad Gallego-Díaz durante la presentación del libro 'La gran estafa de las preferentes: abusos e impunidad de la banca durante la crisis financiera en España', de Andreu Missé

Soledad Gallego-Díaz 21/09/2016

<p>Manifestación de preferentistas en Ourense, en junio de 2013</p>

Manifestación de preferentistas en Ourense, en junio de 2013

BNG Ourense

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

El pasado día 20 se presentó en Madrid el libro de Andreu Missé, director de la revista Alternativas Económicas, titulado La gran estafa de las preferentes: abusos e impunidad de la banca durante la crisis financiera en España.

En el acto, celebrado en la librería Blanquerna, participaron, además del autor, la también periodista Soledad Gallego-Díaz y el catedrático de la Universidad Carlos III Fernando Zunzunegui. Este es el texto de la intervención de Gallego-Díaz:

 

“Quiero decirles que este libro es espeluznante. Que su lectura descompone porque es un relato detallado, impresionante, del fracaso de las instituciones, de la política y del periodismo de este país frente al poder del sistema financiero español.

Un sistema financiero que es perfectamente capaz de planear, de manera consciente y sin el menor reparo moral, una estafa de proporciones gigantescas que consiste en apropiarse mediante el engaño de los ahorros, del dinero, de pequeños clientes que habían depositado en ellos su confianza durante muchos años.

Es un relato detallado, impresionante, del fracaso de las instituciones, de la política y del periodismo de este país frente al poder del sistema financiero español

Cierto que los gestores de ese sistema ya se habían asegurado antes de que los pretendidos organismos reguladores no tuvieran ni los mecanismos necesarios para impedirlo, ni la capacidad de sancionarles por ello, pero aún así sigue produciendo un rechazo, una angustia y un asco enorme comprobar cómo personas educadas, poseedoras en su mayoría de fortunas personales más que suficientes, robaron, engañaron, presionaron y maltrataron a ciudadanos ignorantes, sabiendo perfectamente lo que estaban haciendo y exclusivamente en beneficio propio.

Espeluzna el relato ordenado y pausado que va poniendo Missé delante de nosotros, porque nos hace ver la terrible indefensión en la que estamos, el enorme poder que se ejerce sobre nosotros desde el mundo financiero sin que siquiera seamos plenamente conscientes de quienes lo ejercen. De lo sucio que es el mundo financiero cuando se mezcla con el político. Según se va leyendo el libro, se va percibiendo cómo las personas, funcionarios o políticos que intentan advertir de lo que estaba ocurriendo o incluso modificar, al menos en parte, los mecanismos a través de los cuales se estaba produciendo la formidable estafa, son apartados, aplastados, ignorados o desviados hacia otros terrenos. Missé nos los presenta para que, al menos, reconozcamos su intento: son personas como Jaime Terceiro, Manuel Conthe, Paca Sauquillo, Andrés Herzog, algunos empleados de banca que, a escondidas, advierten a sus confiados clientes, inspectores del Banco de España que escriben uno tras otro informes de denuncia. A todos ellos se les debería rendir un homenaje público. Lo mismo que se debería hacer un acto de repudio público (independientemente de su eventual procesamiento) de todos aquellos que ocuparon cargos en aquellos momentos, que era políticos, periodistas y parlamentarios, que sabían o intuían lo que estaba ocurriendo, y que se callaron y fueron tragando la estafa sin mover un dedo.

El libro nos hace ver la terrible indefensión en la que estamos, el enorme poder que se ejerce sobre nosotros desde el mundo financiero sin que siquiera seamos plenamente conscientes de quienes lo ejercen

Este es un libro apasionante y terrible, bajo una apariencia formalmente fría, pero con un punto de vista muy humano, como su autor. A Andreu nada humano le es ajeno. Todo lo mira con ojos pacientes, pero inquisitivos, todo lo examina con cuidado y en todo valora, no solo quién tiene la razón, sino quién está en peor posición para defenderse, quién es el más débil y quién es el que tiene todos los resortes del poder. Nunca ha dejado que en sus textos periodísticos faltara ese enfoque. Y en este libro, menos aún. La Gran Estafa de las Preferentes es un libro apasionante por el extraordinario trabajo de investigación y de explicación que contiene, tan minucioso, tan desmenuzado, que no deja escape posible al lector y, sobre todo, no deja escape posible a los protagonistas de la estafa, los delincuentes de cuello blanco. Es terrible por la realidad que nos cuenta. Y es muy humano, porque Missé no olvida ni por un instante a los otros protagonistas, las víctimas, que ocupan un espacio importante en este libro. Los relatos directos de esas víctimas no son un añadido a la historia principal, sino que forman parte de esa historia, nos obligan a tener siempre presente que estamos hablando de una historia evidente de abuso sin límite sobre personas débiles e indefensas.

Permítanme que insista sobre dos de los aspectos de esta historia sobre los que Andreu Missé proyecta una luz poderosa. La primera, la captura del Parlamento por el lobby financiero, perfectamente reflejado en el episodio de la amnistía clandestina que ya se concedió a los bancos por el mismo asunto de las preferentes en 2003. Missé relata cómo la diputada socialista Maite Costa presenta un proyecto de nueva ley sobre régimen jurídico de los movimientos de capitales y de las transacciones económicas que pretende impedir que esas preferentes se emitan en paraísos fiscales y, sobre todo, lograr que las sociedades emisoras tributen al menos el 5% en el impuesto de sociedades, sin deducción posible en la cuota. Pues bien, Convergencia i Unió, la de Artur Mas y Jordi Pujol, se encarga de lanzar una ofensiva para parar el proyecto, con el apoyo del PP, por supuesto, y finalmente con el acuerdo también del propio PSOE. Mayor victoria para la banca imposible, y mayor demostración de esa captura del Parlamento, también imposible.

El segundo asunto que me gustaría resaltar es el fracaso de los medios de comunicación a la hora de cumplir con su papel e intentar contrarrestar la asimetría en la información de la que habla Missé y que es tan relevante en estos asuntos. Los bancos, el sistema financiero en general, funciona con una información muy superior a la que disponen los ciudadanos normales, y sus gerentes y responsables se esfuerzan en que esa información no llegue a sus clientes. Se supone que las autoridades del Estado son las encargadas de reequilibrar esa asimetría, exigiendo que los clientes normales tengas acceso a esos datos. Y se supone también que los medios de comunicación van a ayudar a luchar contra esa asimetría, trasladando a un lenguaje común esa información y haciéndola accesible al común de los ciudadanos.

Los bancos, el sistema financiero en general, funciona con una información muy superior a la que disponen los ciudadanos normales, y sus gerentes y responsables se esfuerzan en que esa información no llegue a sus clientes

Pues bien, en este caso, ni una cosa ni otra. Y lo que es peor, ni una ni otra cosa están ocurriendo hoy día. Ni las autoridades del Estado han sido capaces de cambiar sustancialmente esa situación de privilegio (es verdad que la normativa europea ha ayudado un poco a mejorar ese desequilibrio) ni, sobre todo, los medios de comunicación han sido, ni son, capaces de colocar los intereses de sus lectores por encima de cualquier otra consideración, y sobre todo, por encima de los intereses de las entidades  financieras. Incluso da la impresión de que el papel de los grandes medios de comunicación se empequeñece día a día, al ritmo de sus propias dificultades para pagar sus propios créditos.

Este es un asunto fundamental, porque lo vemos aparecer continuamente y porque es uno de los pilares del abuso. La ignorancia. Lo hemos visto en el problema de la hipotecas, en las cláusulas suelo, en los intereses de demora que son intereses de usura (algo contra lo que legisló mi bisabuelo, nada menos que en las Cortes de María Cristina, a finales del siglo XIX). Nada de eso sería tan fácil, si los medios de comunicación cumplieran con su obligación primordial: contar lo que sucede, contar los hechos que se esconden detrás de vocabularios engañosos y cláusulas en letra pequeña. Si los medios de comunicación fueran capaces de defender a sus lectores o televidentes del abuso del mundo financiero. ¿No es lamentable que el único periódico que llamara un poco la atención sobre el extrañísimo hecho de que Bankia estuviera colocando sus preferentes a pequeños clientes y no a inversores fuera el Wall Street Journal en una pequeña información, mientras que los medios españoles no contaban absolutamente nada? ¿Estaban a por uvas?

Este es un libro que reconcilia con el periodismo. Esto es lo que hacen los periodistas, lo que deben hacer los periodistas, lo que justifica su oficio y su papel en la sociedad. En un mundo en el que se empieza ya a hablar de política post-verdad, a propósito de la campaña del Brexit, de la campaña de Donald Trump y, sin irnos tan lejos, de las sucesivas campañas del actual presidente del gobierno en funciones, en los que la verdad y los hechos simplemente no existen, libros como el de Missé consiguen recomponer la realidad, presentárnosla y advertirnos: la verdad periodística existe. Está ahí. Es esta. La que escribe Andreu. No dejen ustedes que desaparezca.

Autor >

Soledad Gallego-Díaz

Madrileña, hija de andaluz y de cubana. Ejerce el periodismo desde los 18 años, casi siempre como informadora, cronista política y corresponsal. La mayor parte de su carrera la hizo en El País. Cree que el suyo es un gran oficio; basta algo de humildad y decencia.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

7 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Jesús Díaz Formoso

    Gracias David; aunque no me ha interesado nunca la crónica deportiva, la óptica que propones, la de los Buendía, si ha despertado mi curiosidad. He ojeado el sumario y me ha intrigado. La leeré con interés.

    Hace 4 años 6 meses

  2. David Fleta

    Por supuesto, aquí está el enlace: http://ddd.uab.cat/record/132359?ln=ca

    Hace 4 años 6 meses

  3. Jesús Díaz Formoso

    El placer es mutuo, David. Me atrevo a pedirte dos cosas; la primera, por favor, no me trates de usted; en mi no hay ningún misterio, soy un simple mono curioso. Y en segundo lugar, ¿es tu tesis accesible por internet? si así fuese, me gustaría echarle un ojo. No somos dueños de nuestro tiempo; lo empeñamos en compromisos anteriores, a los que debemos honrar, honrándonos a la vez..Sin embargo, en el mundo de las ideas, saliendo de la Caverna a la izquierda, los reflejos -que no meras sombras- necesitan en qué reflejarse. Una idea surge de un acervo común, que Teilhard llamó noosfera. De allí, la maraña abstracta accede a un intelecto, y es re-elaborada por él. Aquí todavía no hay reflejo; no hay pluralidad. En cuanto el "procesador" de la idea la devuelve, junto a sus aportaciones, a aquélla noosfera, es cuando puede ser captada por otro/s individuos, mediante la inteligencia. Es en ese momento del compartir cuando la idea se hace materia, accede al conocimiento, genera una realidad -por leve que sea. Es el compartir ideas lo que nos hace mejores.Un abrazo. Chus

    Hace 4 años 6 meses

  4. David Fleta

    Apreciado Jesús. En primer lugar, es un sincero placer intercambiar misivas electrónicas como las presentes con tan docto y misterioso contertulio. En segundo lugar, es una lástima que no disponga en estos momentos del tiempo requerido para afrontar los retos que su escrito propone. Escribo a matacaballo mientras en el horizonte atisbo la amenaza del despertar que me saqueará las exiguas energías con que preveo contaré. Me entantaría explayarme en mi punto de vista acerca de la oposición fenómeno – noumeno kantiana, y así mostrar que el noúmeno no es que no sea perceptible “directamente”, como usted defiende, sino que se trata de un ente abstracto que designa la realidad vedada al conocimiento humano. Todo lo que el humano puede conocer es fenómeno. Y los fenómenos ahora percibidos y antes no (el núcleo de una célula) no es que antes fueran noúmenos sino que se situaban en una dimensión externa y completamente ajena a la tensión fenomeniconouménica, incapaz de cercarlos. Estoy de acuerdo con usted cuando afirma que lo fenoménico no es fiable, aunque yo lo diría de otro modo: es tan o tan poco fiable como lo es la capacidad humana del conocer. Ni más ni menos. Ninguna estructura “verdadera”, “nouménica” o “esencial” la sustenta. Dios murió, lo mató el humano cuyos antepasados lo crearon, y en único sentido en el que cabe confiar es en el que construyan el humano a partir del lenguaje con sus propias manos. También querría cuestionar la clásica distinción entre doxa y episteme. En realidad, se desprende todo lo antedicho: no seamos tan ilusos de confiar en un conocimiento verdadero, cierto e inmutable como cara ganadora y opuesta a la opinión impensada, burda y acientífica. Todo método científico, como ha puesto de relieve en nuestras latitudes Lluís Duch, se basa en unas creencias y en unas posibilidades técnicas configuradas por / configuradoras de las entidades socioculturales a las que pertenecen. La historia de la ciencia es una historia de ensayo y error. Iré acabando (lo siento, la noche se me echa encima) con un concepto de Albert Chillón: el del hecho como hecho social cargado de interpretación. Los hechos objeto del debate público tienen más de discurso ideologizado que de hecho ontológico (en puridad, nada contienen de esto último; un medio de comunicación no contiene hechos, sino relatos acerca de hechos). Así, insisto en mi receta: todas las líneas que ustedes leen y leerán hasta el fin de sus días, todas y cada una de ellas, son relato, no hechos (más allá del hecho mismo y primario del decir estudiado por, entre otros, J. L. Austin). Al hecho no se le puede pedir que sea honesto. Bastante tiene con ser. Es el relato, siempre subjetivo, el que debe serlo. Humildemente, implacablemente. Me gustaría decir mucho más, pero me despediré rindiendo homenaje a Popper: todo lo que digamos usted, yo y quien quiera participar en esta conversación no será más que una humilde y minúscula pseudopropuesta de paradigma de andar por casa. Construye su coherencia, interna y externa, a medida que crece. De manera cualitativamente distanciada pero en espíritu semejante a como funcionan lo paradigmas científicos. ¿Quién le iba a decir a Newton que la caída de su manzana estaba sujeta a un tiempo no absoluto, de manera que si una manzana gemela se hubiera desplazado a enorme velocidad por el espacio, tendrían edades distintas? ¿Quién, que la partícula es en realidad una cuerdecillas vibrante? No es al genio maligno de Descartes a quien hemos de temer. O sí, pero sin necesidad de mirar afuera para encontrarlo.

    Hace 4 años 6 meses

  5. Jesús Díaz Formoso

    Epistemología del periodismo. Estimado David, lamento que la urgencia haya mermado tu interentasísima aportación. El cómo llega el periodismo al conocimiento es uno de los debates más relevantes que tenemos pendiente. Como casi todo lo que puede (y debe-ría) cuestionar al poder. Tomaré los tres vértices del triángulo que dibujas: El Poder Pastoral, que conforma mentes individuales (Foucault), el Poder del Derecho de imponerse coactivamente a todos (así, el Emperador Justiniano, en relación con San Agustín de Hipona) y la falseablidad permanente de las teorías científicas, tanto técnicas, como sociales (Popper). Pero, qué es el periodismo? El vocablo procede de “PERI” (alrededor), “HODOS” (camino), “TIKOS” (relativo a) e “ISMOS” (representación de una acción; pero también adhesión a una doctrina o sistema). Así, “periodismo” describe el entorno del camino relativo a la acción de un sistema al que se adhiere –acción- expresado (representado) en ciclos de información. Para la RAE es tratamiento de información. ¿Cómo es descrito el devenir del camino –acción- del Sistema? Adhiriéndose a él. Es la base de su periodicidad. Ciclos (aparecen las ondas en su amplitud, con sus frecuencias) en el tratamiento de la información de un sistema en movimiento, al que se adhiere el intérprete de la información. La EPISTEMOLOGÍA (estudio del conocimiento), se opone a la “DOXA” (Opinión, fruto de la experiencia; es “fenoménico” –basado en la percepción sensorial; tras lo que Kant ubicó el “noúmeno”, como estructura subyacente al fenómeno, que sin embargo no es perceptible directamente; lo fenoménico, por tanto, no es fiable, en tanto es fruto de la experiencia; mientras lo verdadero, el “noúmeno”, no es perceptible; aquí, más allá de Descartes, comienza el verdadero juego filosófico de la edad moderna y contemporánea). No resulta infrecuente oponer a la Epistemología la Ontología (el estudio metafísico –más allá de lo físico- de lo existente; quizás el ejemplo más claro se halla en la pregunta ¿existe Dios?). Nos interesa, pues, el cómo llegamos al conocimiento periodístico. Partiendo del Periodismo como manifestación del PODER PASTORAL (Foucault), trasunto del Poder propio de las Instituciones Católicas en el seno del Estado. San Agustín observa atentamente el desarrollo de la partida por él iniciada. Este poder explora y guía a los individuos, dando lugar a una “verdad social”. Antes inexistente. La suma de individuos con un pensamiento implantado a base de pecados, confesiones y sacramentos (la Justicia no es sino uno de los Sacramentos ya olvidados, en su versión laica; presuntamente laica), produce una sociedad determinada; a sociedad preconcebida por el “Pastor”. Veamos la ciencia desde la perspectiva de la “falseabilidad” (Popper). El conocimiento se torna inseguro; por ello, periódicamente, el sistema ha de probar la verdad de su concepción; o lo que es igual, ha de probar –prueba por contraposición- que “los demás posibles sistemas” están fundados en falsedades. Se ha utilizado para negar carácter científico al Marxismo; lo que –a contrario- viene a entender la economía como ciencia; dando lugar al “neoliberalismo” como presunta corriente filosófica y científica. ¿Pero qué es la Economía? ¿Es una ciencia? Se nos intenta convencer de que es una ciencia capaz de realizar predicciones sobre comportamientos sociales, de grupo. Nada más falso. Veamos la Curva (función) de la Demanda Agregada. “La demanda agregada es la suma de los gastos en bienes y servicios que los consumidores, las empresas y el Estado están dispuestos a comprar a un determinado nivel de precios y depende tanto de la política monetaria y fiscal, así como de otros factores” (Wikipedia). Centremos nuestra mirada en esos “otros factores”. No podemos; no están. La razón es que destrozarían la mentira, la belleza de la teoría, por medio de la realidad. Dejamos al margen esos “otros factores” que no interesan a nuestras conclusiones, pues es a ellas a las que están preordenadas nuestras cábalas pseudocientíficas, que no pueden verse en contradicción con las matemáticas. Primero el hecho impuesto por “los mercados”, luego la justificación mediante la economía, que se justifica en las matemáticas. Se confunde –interesadamente- la Matemática con la Ciencia Social. Y se nos quiere implantar este dogma; que por medio de la “falseabilidad” excluye de su crítica las doctrinas políticas (que se quieren hacer pasar por económicas y matemáticas) Neoliberales (como podría ser excluida cualquier otra, a elección conformador de la opinión pública; por voluntad de quien detenta el Poder Pastoral). Finalizaré –yo también soy esclavo del tiempo- con el Poder Imperial, encarnado en el Derecho; en el Poder de imponer por la fuerza una determinada concepción de la propiedad sobre “las cosas del mundo”. Son tres vértices que construyen la base de la Pirámide Social; la base del Poder del Sistema que nos lleva de la mano hacia lo que es querido por sus capataces y propietarios, haciéndolo pasar por aquello que deseamos, por aquello que es mejor para nosotros. Son tres ángulos conectados de manera que desde cada uno se reciben, y a la vez se emiten, flujos de información que se hace pasar por científica (cierta y rigurosa) para construir la Pirámide Social de manera que la determinación de quienes ocupen sus escalones sea percibida como fruto de la ciencia, de la razón más acabada y perfecta. Para implantar tales mentiras, el Sistema necesita del Periodismo, en el sentido que ha quedado expuesto. Recibe un cordial –y filosófico- saludo.

    Hace 4 años 6 meses

  6. David Fleta

    Apenas tengo tiempo, pero me veo apremiado a escribir cuatro líneas acerca de lo que acabo de leer. La relación entre la epistemología y el periodismo es apasionante, como pude comprobar en la preparación de mi tesis doctoral. Son frecuentes alegatos como el que acabamos de leer de Soledad Gallego-Díaz: la sed de justicia, la indignación frente al abuso, pretenden conformar una verdad monolítica incuestionable. No obstante, que la filosofía contemporánea se pregunte por la verdad, y la cuestione, no se debe al carácter frívolo de los pensadores o a la pretensión de ignorar la realidad cubriéndola bajo un manto de realidades posibles que la acaban ahogando. La cuestión acerca de la verdad (y asúmase que me refiero a la verdad periodística, no a una suerte de verdad abstracta, metafísica o lógica) no puede ventilarse con un bandazo a las tesis propias de la posmodernidad. Diré, en abrupto resumen, que: 1.- La verdad es una construcción humana. Tanto si la entendemos como: 1.1.- La verdad como relato social, público y mediático, dependiente de las diversas, plurales y contradictorias versiones de los distintos agentes sociales. En este punto es clave la aportación de Foucault que entiende la verdad como la imposición de un relato a través del poder. 1.2.- La verdad como relato individual, subjetivo y propio, dependiente de los métodos que el ser humano, como tal, es capaz de utilizar. Es decir, de sus mediaciones simbólicas y sígnicas, la superior de las cuales es el lenguaje. En plata: el humano es incapaz de acceder de manera mediata y fiel a la realidad. Solo es capaz de hacerlo a través de sus diversas y moldeables mediaciones, lo que implica siempre, entre otras cosas, considerar la posibilidad de error. 2.-La verdad tiene una calidad gradual. Existen acuerdos (verdades) generalizados. El ejemplo más simple: un semáforo. Su característica principal es la (y este es el eje clave) simplicidad. Implica un bajo trabajo interpretativo, casi automático. Existen, claro, cuestiones acerca de las cuales resulta harto difícil establecer una verdad. Pueden ser preguntas sobre asuntos enormemente complicados (¿qué peso tiene la crisis de valores en la situación económica de España en 2016?) o aparentemente (solo aparentemente) sencillos (¿qué significa esa mirada?). Es trabajo del periodismo decidir qué tipo de cuestiones decide explicar, las simples o las complejas. En un contexto como el nuestro, una sociedad en la que se ha engañado (emitir un juicio falso a sabiendas, según Agustín de Hipona) a la ciudadanía, resulta tan sencillo epistemológicamente como complicado en lo que respecta a las relaciones de poder emitir verdades que rompan con la verdad establecida. En este punto estoy absolutamente de acuerdo con la autora. Pero esto no implica romper de un brochazo la teoría epistemológica que debe sustentar a la teoría del periodismo, básicamente porque establece un esquema que, además de errado, es inútil y acabará por fracasar: luego vienen los chotos porque los tontos ciudadanos no conocen la verdad, clara y evidente. En absoluto. Comprender que la verdad (y ahora me refiero específicamente a la verdad a nivel social, propia del espacio público) es un acuerdo implica trabajar por convencer (palabra que Iglesias y Errejón están poniendo tan de moda). Ya discutiremos acerca de cuál es la mejor manera, si la indignación o la seducción, si el puño el alto o la mano tendida. Pero no dudemos de lo básico. Una renuncia intelectual de tamaña gravedad impedirá un acceso al verdadero conocimiento, al que duda de sí mismo, al que no logra ponerse de acuerdo (¡uno mismo!) respecto a si un recuerdo fue de tal o de cual manera, si dije esto o aquello, si me sentí así o de aquella otra manera. Insisto: no se trata de que no exista la verdad. La verdad existe. Pero es una construcción potencialmente falsable y debe reforzarse permanentemente. La verdad que duerme desaparece de la hegemonía.

    Hace 4 años 6 meses

  7. Jesús Díaz Formoso

    “Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación. Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad”. Bertrand Russell.

    Hace 4 años 6 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí