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Análisis

La estrategia del desarraigo

Un 11% de la humanidad está ya en guerra pero hacen falta más refugiados para reventar las costuras del mapa del mundo y minar la cohesión y la conciencia de las sociedades

Pedro Olalla Atenas , 17/01/2017

<p>Poder destructivo.</p>

Poder destructivo.

Carlos Brayda

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Un año acaba, otro comienza, y, entre buenos deseos de paz y de concordia, los desarraigados siguen llegando en botes a las playas de Grecia. El desarraigo es el signo de nuestro tiempo. Nunca, en la historia de la humanidad, ha habido tanto tránsito de refugiados y migrantes forzosos como en la actualidad. Pese al cinismo del FMI y a la complicidad de la propia ONU –que quieren ver en estos movimientos una prerrogativa natural del ser humano “en busca de oportunidades económicas y nuevos horizontes” y una “herramienta primordial para la lucha contra el paro”–, la causa verdadera de este desarraigo ha de buscarse únicamente en la guerra y en las exigencias de la doctrina de la globalización: esto es, en la ambición de una reducida oligarquía sin patria y sin alma.

En estos dos últimos años, una de cada 113 personas que viven en el mundo se ha visto obligada a abandonar su casa. La mayor parte de ellas (66%) no ha logrado siquiera salir de su país; quienes lo consiguieron permanecen casi todos en un país vecino; sólo el 1,6%, haciendo frente a los peligros del camino, a las olas del mar, a las mafias y a la guardia de fronteras, ha conseguido poner el pie en Europa.  De cuantos han llegado hasta aquí cruzando las aguas del Mediterráneo, el 80% han entrado por Grecia, y, a raíz del cierre de fronteras y de los onerosos acuerdos con Turquía, más de 60.000 personas siguen hoy atrapadas en tierras helenas. Esta prolongada y peligrosa situación viene poniendo a prueba, día a día, la solidaridad y la templanza de un país esquilmado por las maniobras financieras de la Troika, sometido a la “troika geoestratégica” del control de sus aguas por la OTAN, con su riqueza nacional empeñada de por vida en el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), con el 25% de la población bajo el umbral de la pobreza, con una controvertida deuda que nunca conseguirá pagar y con un doloroso éxodo de migrantes jóvenes y cualificados (más de 600.000) que acuden a mendigar trabajo a los países más beneficiados por la desgracia financiera del suyo.

En estos dos últimos años, una de cada 113 personas que viven en el mundo se ha visto obligada a abandonar su casa

Es evidente que, en esta tragedia de refugiados y migrantes, Grecia está cargando con un peso muy desproporcionado a sus posibilidades de soportarlo y, lo que es más grave, en nada acorde con su responsabilidad en el asunto. Europa, EE.UU. y otras naciones poderosas de Occidente, sin embargo, reciben en su casa un número de “víctimas” en absoluto acorde con su responsabilidad histórica y actual en las causas de la existencia de refugiados y migrantes en el mundo. Por eso, en este tiempo de solemnes memoranda, sería bueno hacer un breve memorandum –en su sentido etimológico de recordatorio– de algunos hechos sucedidos en Oriente Medio en el último siglo, absolutamente necesarios para comprender y enjuiciar el estado actual de las cosas y las responsabilidades de cada uno en el mismo.

Sin ir más lejos, este año que acaba de cerrarse, el 2016, deberíamos haber “celebrado” el primer centenario del acuerdo secreto de Sykes-Picot (1916), en virtud del cual, en plena efervescencia de la I Guerra Mundial y en vísperas del derrumbe del Imperio Otomano, Gran Bretaña y Francia, con el consentimiento de Rusia, se repartieron el futuro control sobre los territorios de Oriente Medio. Creo que, si queremos entender, rudimentariamente incluso, la situación del mundo en que vivimos, hay que tener en cuenta la existencia, durante la última centuria, de un continuo Sykes-Picot en las regiones petrolíferas de Oriente Medio y en África del Norte: un proceso que ha generado guerra y odio, ha provocado millones de muertos y de refugiados, ha motivado la radicalización del islam y ha reportado pingües beneficios a la industria petrolera, armamentística y de seguridad.

En aquel acuerdo secreto, pues, Gran Bretaña se adjudicó el control sobre los actuales territorios de Irak, Jordania e Israel-Palestina, quedando para Francia Siria y el Líbano. Ambas potencias basaron entonces su estrategia común en el potencial militar de sus colonias, en la financiación de los Rothschild y el sionismo (con sus miras puestas en la creación del Estado de Israel), y en el apoyo de los pueblos árabes, a los que sedujeron con la falsa promesa de la creación de “una gran nación árabe” (Husain Ibn Ali, Lawrence de Arabia). Así nació, sentados a una mesa, el mapa artificial de Oriente Medio, y así se echaron los cimientos del eterno conflicto Israel-Palestina. Poco tiempo después, los vencedores de la Guerra impusieron la supresión del Califato –tan invocado hoy día–, institución histórica viva desde los tiempos de los primeros sucesores del profeta Mahoma (s.VII).

En el acuerdo de Sykes-Picot, en 1916, Gran Bretaña y Francia, con el consentimiento de Rusia, se repartieron el futuro control sobre los territorios de Oriente Medio

Llegado el año 1930, Francia reconoce la independencia de Siria y del Líbano; al año siguiente, Gran Bretaña se la otorga a Irak, aunque conservando para sí la rica y estratégica región de Kuwait, región que desde entonces lleva reclamando el gobierno de Bagdad. En 1949, la recién fundada CIA se estrena organizando un golpe de Estado en Siria, que pone fin al régimen democrático de Shukri al-Kuwatli y otorga el poder a la junta militar de Husni al-Za'im, favorable a los planes de EE.UU. para la construcción del oleoducto Tapline. En 1961, Gran Bretaña se aviene finalmente a conceder la independencia a la región de Kuwait, si bien bajo la forma de un emirato independiente, cosa que no resuelve, sino que complica, el conflicto con Irak.

Por otro lado, en el marco de la Guerra Fría, el presidente de EE.UU., James Carter, instado por su consejero polaco Zbigniew Brzezinsky a “crear un Vietnam para los rusos” en la frontera con Afganistán, firma un decreto secreto (3 de julio de 1978) que autoriza a destinar financiación a los guerrilleros musulmanes de la zona. Así, cuando, al año siguiente, las tropas de la URSS entran en territorio afgano para construir un oleoducto, los EE.UU. reaccionan con la puesta en marcha de la llamada Operación Ciclón para el reclutamiento, adiestramiento y armamento de guerrilleros yihadistas (soldados de la guerra santa) con los que mantener en vilo a los rusos. Son los llamados mujāhidīn, que alaba la película Rambo III. La Operación Ciclón se prolonga durante más de doce años (1992). Participan en ella los servicios secretos de EE.UU., Gran Bretaña, Israel, Pakistán, Arabia Saudí y China. Los Estados Unidos proporcionan recursos y armamento, y adiestran a las tropas musulmanas en campos militares de Pakistán. Durante estos años, la CIA recluta a más de 35.000 “estudiantes” (en árabe, “talibán”) de las escuelas coránicas (madrasas) de 34 países para que combatan en Afganistán. Uno de ellos es el entonces joven y acaudalado Osama Bin Laden (22 años), quien, con los guerrilleros mujāhidīn –y con el apoyo de los servicios secretos mencionados–, fundará una organización militar llamada La Base y conocida por su nombre árabe Al Qaeda.

Durante estos años, la CIA recluta a más de 35.000 “estudiantes” (en árabe, “talibán”) de las escuelas coránicas de 34 países para que combatan en Afganistán

Al mismo tiempo, entre los años 1980 y 1988, tiene lugar la guerra entre Irak e Irán. Los EE.UU. apoyan a Sadam Husein contra el ayatolá Jomeini. Mueren un millón de personas. Durante ocho años, 37 países suministran armas a ambos bandos, ignorando el embargo decretado por Naciones Unidas. La guerra termina sin que las fronteras se muevan un palmo.

Dos años después, en 1990, Sadam Husein, tras sesenta años de reivindicaciones, decide penetrar militarmente en Kuwait. Una Alianza Internacional de 33 países, encabezados por George Bush y con autorización de la ONU, acude a “liberar” el rico emirato del Golfo Pérsico. La Operación Tormenta del Desierto dura cinco semanas: en ella pierden la vida 392 soldados aliados y más de 35.000 nacionales iraquíes. A la liberación siguen trece años de oneroso embargo a Irak (hasta 2003), a resultas del cual pierden la vida un millón y medio de personas, en su mayoría niños menores de cinco años.

El 11 de septiembre de 2001, tiene lugar la destrucción de las Torres Gemelas (muchos testimonios e investigaciones hacen dudoso afirmar que se tratara de un “acto terrorista” y no de un “casus belli” como otros en la historia norteamericana). Comienza entonces, de manera oficial, la Guerra Mundial contra el Terrorismo, declarada por el Gobierno Bush. EE.UU. procede al bombardeo de Afganistán, supuestamente para neutralizar a Bin Laden, combatir el tráfico de heroína y liberar a las mujeres afganas de la represión de los talibanes; pero, en realidad, para el asentamiento de tropas en la zona, el control del petróleo del Mar Caspio (Oleoducto de Bakú, Halliburton, Dick Cheney), y el avance del establecimiento del estado policial y de los mecanismos internacionales de control y seguridad.

En 2003, los Estados Unidos, presididos entonces por George Bush Jr, deciden invadir Irak en busca de armas de destrucción masiva y en persecución de Sadam Husein, acusado de colaboración con Al Qaeda y con el terrorismo. En la invasión participan nuevamente numerosos países de Occidente, decisión que provoca las mayores manifestaciones de la historia de la humanidad en contra de la guerra (recordemos a Aznar en la famosa foto de las Azores). La ocupación de Irak por las tropas estadounidenses se prolonga durante nueve años (hasta diciembre de 2011), pero las armas de destrucción masiva nunca aparecen. El propio Alan Greenspan, padre de la filosofía de la globalización y expresidente de la FED, declaró que el verdadero fin de la guerra y de la ocupación no había sido otro que el petróleo.

La ocupación de Irak por las tropas estadounidenses se prolonga durante nueve años (hasta diciembre de 2011), pero las armas de destrucción masiva nunca aparecen

Entretanto, en 2003, nace el Estado Islámico de Irak y de Levante, conocido también como ISIS y DAESH, surgido de las filas de los yihadistas de Al Qaeda, fruto, a su vez, de los mujāhidīn creados por la CIA y los otros servicios secretos en 1979. Dicho Estado Islámico tiene por objetivos primordiales la refundación del Califato (suprimido por Occidente tras la I Guerra Mundial) y la creación de un Estado confesional salafista en Irak, Siria y otros territorios de Oriente Medio. Su financiación procede, en gran medida, del petróleo de las zonas ocupadas (que vende a EE.UU. y a Turquía) y de los fondos que recibe de la dinastía real saudí (salafista, es decir, promotora del fundamentalismo islámico), la cual es copropietaria, junto a inversores norteamericanos, de la compañía petrolera ARAMCO (Arabian-American Oil Company) y aliada tradicional de Occidente.

Y así llegamos a la Guerra de Siria (saltándonos, por razones geográficas y de espacio, la farsa de Libia y de Egipto): una guerra que ya dura seis años y que “nadie comprende”. Todos están contra el Estado Islámico (pero, en 2011, la OTAN y Turquía reclutaron y adiestraron mercenarios de ISIS para apoyar a la resistencia al régimen de Assad); Gran Bretaña, Francia y Turquía se declaran en contra del gobierno de Assad; Rusia en contra de ISIS, pero a favor de Assad; ésta y EE.UU. vuelven al clima de la Guerra Fría; y las fuerzas del Estado Islámico, supuesto objetivo de los bombardeos de EE.UU. y la OTAN en el marco de la Guerra Mundial contra el Terrorismo, siguen recibiendo financiación oculta por parte de Occidente.

La guerra contra el terrorismo es, en realidad, una guerra de conquista, movida por intereses económicos y estratégicos. Por eso, los servicios secretos de Occidente promueven ya, en la sombra, movimientos de combatientes de Al Qaeda en Mali, Níger, Nigeria, Somalia, República Centroafricana, Yemen, Libia, Indonesia e, incluso, China (región de Ugur). Hace apenas unos días, el presidente saliente Obama anunció que las operaciones de EE.UU. contra el Califato se desplazarán a quince nuevos países, en su mayoría del África Subsahariana. Podemos esperar, sin duda, decenas de millones de nuevos desplazados.

Un 11% de la humanidad está ya en guerra, pero se seguirá sembrando el caos para justificar la posterior intervención y alumbrar un nuevo statu quo

Un 11% de la humanidad está ya en guerra, pero se seguirá sembrando el caos para justificar la posterior intervención y alumbrar un nuevo statu quo. Así lo requiere la doctrina de la globalización y el interés de las oligarquías dominantes. Sobran las fronteras tradicionales como garantía de jurisdicción y de soberanía. Sobran las fronteras y las leyes que controlen los flujos de bienes y dinero. Pero hacen falta muros y alambradas. Hace falta una nueva Frontex con más presupuesto, más independiente, más privada y con potestad para intervenir de inmediato incluso cuando los países miembros de la UE no otorguen su consentimiento. Y, sobre todo, hacen falta más desarraigados. Millones de desarraigados. Porque ellos serán utilizados para reventar las costuras del mapa del mundo, para socavar en todos los países de la tierra las conquistas laborales y sociales, para minar la cohesión y la conciencia de toda sociedad, y para neutralizar por completo su fuerza política, convirtiendo a los trabajadores y a los ciudadanos –allí donde los haya– en una masa ingente de nómadas apátridas, apolíticos y sin vinculación al territorio ni fuerza colectiva para reivindicar, mentalizados a vivir en la precariedad, y a merced de la oferta y la demanda de un mercado desregulado por completo. Atractivo panorama para unos pocos.

Si realmente queremos poner fin a esta locura, a este continuo Sykes-Picot entre gente sin patria y sin alma, hay que dejar de prestar oídos a la “guerra contra el terrorismo” y declarar la guerra a sus causantes, de todos los “bandos”. Guerra a ellos y paz entre los pueblos. Guerra a la migración y al desarraigo, y paz con los migrantes y los desarraigados.

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Autor >

Pedro Olalla

Es autor, entre otros libros, de Grecia en el aire. Herencias y desafíos de la antigua democracia ateniense vistos desde la Atenas actual (Acantilado, 2015), Historia Menor de Grecia. Una mirada humanista sobre la agitada historia de los griegos (Acantilado, 2012) y Atlas Mitológico de Grecia (Lynx Edicions, 2002), y de las películas documentales Ninfeo de Mieza: El jardín de Aristóteles y Con Calliyannis. Reside en Grecia desde 1994 y es Embajador del Helenismo.

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10 comentario(s)

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  1. David

    Si muchos reconocen ahora que las élites persiguen conseguir ahora unidas y sin fisuras, lo que no consiguieron en su momento con Adolf Hitler; y se mofan de poderlo conseguir sin guerra mundial si fuera posible (así son las nuevas guerras silentes: FMI, troika, etc), o, por lo menos, sin que parezca una guerra mundial (con múltiples guerras de control de recursos que masacran millones fuera de occidente). Decía Churchill, que en el fondo “lo peor de los alemanes” entonces era “su carácter”, lo que interpreto que venía a decir que sus guerras e intereses coloniales y manera de concebir la geopolítica, no diferían en el fondo de la de otros poderes coloniales pues todos trataban de conseguir el monopolio del control de los recursos del planeta y tomando a otras naciones como inferiores y susceptibles de ser explotadas. Su único objetivo es el robo y control de los últimos recursos del planeta, con guerras mediante, terrorismo o lo que haga falta, aprovechándose de las catástrofes y cataclismos naturales provocados por el cambio climático, continuando sus desenfrenadas fiestas, y aumentando sus orgías antes de que se hunda el “Titanic”, subiendo la música aún más y cerrando las escotillas de la 2ª clase para no oír los alaridos de los que se ahogan.

    Hace 4 años 4 meses

  2. David

    La Carta Universal de los Derechos Humanos es la que está en juego… frente a la explotación esclavista del hombre como mercancía o mano de obra, con el único fin de conseguir la máxima productividad, sin límites ni regulación, en aras al beneficio máximo de unos pocos y de la concentración continuada, como si de un agujero negro se tratase, de toda la riqueza en cada vez menos manos. La resistencia popular en la defensa de nuestros derechos humanos, laborales y sociales, y democráticos, y de la soberanía popular, del barrio, la familia y los valores básicos de cohesión social, la lengua, la historia, la cultura, el patrimonio, la educación y sanidad públicas, y de los estados-nación, frente al expolio y la sinrazón de la tiranía feudal, es lo único que puede impedir que impongan su Nuevo Orden Colonial Imperial Neofeudal (lo de Neoliberal que venden es una farsa), cosa que pretenden conseguir haciendo “que parezca un accidente: el del control de los recursos del planeta, de las tierras y de las autopistas de la alimentación, de la información, de la reescritura de la historia, del ocio, de los drones, de los transgénicos y de la industria tecnológica, farmacéutica y de la salud de las personas .

    Hace 4 años 4 meses

  3. David

    No es casual que empleen grandes esfuerzos en leyes “mordaza”, mecanismos de represión y manipulación de masas, y control de la libertad de expresión… Y que tengan atontadas a las masas para que no veamos lo que cuecen… Porque, lo único que no pueden comprar son los valores, la dignidad, y el amor (“erotas”) que mueve el mundo de la tierra (Gea), que desprende su calor, aire y aliento de vida de su atmósfera en su giro en el frío del imprevisible universo-cosmos, haciendo habitable el caos, y abriéndose paso en el con valentía en sus penumbras... El poder de esa rebeldía por la defensa de los más simples valores inmutables de lo que debe ser (ejemplificados en Antígona, la luz de Prometeo o la vuelta a la caverna de Platón para mostrar y compartir lo que es la luz), del ideal. de lo inmutable e imperecedero, de la belleza platónica, de la crítica y de la razón, de la democracia, que se ejemplifica en nuestras raíces griegas más fuertes de la civilización occidental europea, frente al dogmatismo del orden feudal post-bárbaro de los Años Oscuros del Medievo, y del mercantilismo esclavista posterior de ultraje y piratería sin límites, ni fronteras, ni valores… todo lo primero es lo que se está atacando al atacar a Grecia, en este bárbaro pulso geopolítico mundial…

    Hace 4 años 4 meses

  4. David

    Del monopolio sin frenos trasnacional de dichas élites que auguran tras la caída del muro de Berlín y tras la compra, destrucción o desbandada de cualquier rémora de la socialdemocracia que no hubiera vendido su alma ya a satanás, como cómplice en aras del “progreso y de la globalización”, como los policías buenos de la sala de tortura, como Bartolomés de las Casas detrás de la espada, la cruz y el fuego de la Inquisición, o como misioneros vendiendo condones para suavizar el ultraje, pero bendiciendo la violación… Nos lo venden, como si fuéramos tontos, como una nueva guerra fría… que esconde la lucha por conseguir el “Único Anillo” que controlará el mundo (en palabras de Tolkien), o “el control de Eurasia”, para la supremacía mundial de estas élites trasnacionales, generando guerras y discordias étnicas allá donde hiciera falta (en palabras de Brzinsky), y sus consecuentes flujos de refugiados y de emigración que permitan minar de los derechos de los trabajadores y los valores de patria-nación. En un intento de destruir Rusia y China y de arrodillar y debilitar a Europa. Lo aún más alarmante, es ver cómo se lo toman a la ligera (1º Rusia y luego China; después de destrozar y hundir sus conexiones con lo BRICS), llegándolo a pensar como unas nuevas guerras púnicas que volverán a hacer prevalecer el Imperio y la Pax Romana sobre la competición de Cartago, pero llegando hasta la irresponsabilidad máxima de no importarles jugar con el botón nuclear y con meternos a todos en una nueva glaciación que pueda extinguirnos como especie como otrora pasara con los dinosaurios.

    Hace 4 años 4 meses

  5. David

    La resistencia popular, parafraseando a Brzinsky, es la única cosa a la que temen y a la cual tienen verdadero pavor los “sin patria ni alma” (o al menos, sin otra que el diablo y el dinero)… los que generaron la crisis-estafa de 2008, que, siguiendo las premisas básicas del ABC de criminalística, probablemente, no sean otros, como primeros sospechosos, sino aquellos que más se están beneficiando de ella (los Rotschield, los Goldmann Sachs, los Monsanto-Bayer y los Rochefeler boys, siguiendo las pautas de los Brzinsky, Kissinger y sus lacayos del Bildenberg)… y que tratarán de impedir a toda costa que puedan tener un contrapeso (llámese BRICS o cualquier mínimo control democrático, popular o legal, nacional o internacional) de su monopolio sin frenos trasnacional.

    Hace 4 años 4 meses

  6. David Rabinad

    "Tiene lugar la destrucción de las Torres Gemelas (muchos testimonios e investigaciones hacen dudoso afirmar que se tratara de un “acto terrorista” y no de un “casus belli” como otros en la historia norteamericana)" Hasta aquí he leido. Este panfleto disfrazado de artículo es infumable. Verguenza debería daros publicar esta cosa.

    Hace 5 años 8 meses

  7. invitado

    Gracias.

    Hace 5 años 8 meses

  8. Gloria

    Hacen falta recordatorios a nuestra historia reciente para comprender porquè pasan las cosas. Gran lección de historia, capacidad de análisis y conclusiones terribles. O nos movemos, o esto acaba muy mal. Gracias por este artículo, Pedro Olalla!

    Hace 5 años 8 meses

  9. Ferran

    μπραβο, excelente artículo

    Hace 5 años 8 meses

  10. Ferran

    μπραβο, excelente artículo

    Hace 5 años 8 meses

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