1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

CONCEIÇAO EVARISTO / escritora brasileña

“La historia de la esclavitud siempre se ha escrito desde la mirada de los blancos”

Agnese Marra Rio de Janeiro , 7/03/2018

<p>La escritora Conceiçao Evaristo. </p>

La escritora Conceiçao Evaristo. 

A. M.

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Conceiçao Evaristo es mujer, negra y escritora. Tres condiciones que funcionan como vasos comunicantes para esta brasileña que se agarra a la memoria como quien araña el único pilar de la casa que sobrevivió al incendio. Mujeres e historias. Así es como Evaristo resume su infancia, el lugar al que vuelve en todos sus libros para llenar esa grieta que se abre entre el recuerdo y el olvido, nos dice. Una niñez que pasó en la favela de Pendura Saia -Belo Horizonte- rodeada de  limpiadoras, planchadoras, cocineras. Sus tías y su madre alrededor de la mesa. Y las historias.

Esta mujer de ojos pequeños e inquietos, considerada una de las autoras negras más importantes de Brasil, también limpió casas, fue vendedora ambulante, cocinera, hasta que después de haber leído “todos los libros” de la biblioteca pública en la que trabajaba una de sus tías, se atrevió a salir de casa para estudiar Letras en Rio de Janeiro. Fue allí donde descubrió que Machado de Assis -el Cervantes de las letras brasileñas- era negro, que Lima Barreto también lo era, supo que existía Carolina de Jesús, negra y escritora.

Desde entonces la literatura y la raza son dos temas que le obsesionan. Como la esclavitud, la diáspora, la necesidad de pertenencia y el racismo que recorre la historia de su país. Tiene la triste suerte de ostentar algunos récords como el de ser la primera autora negra en ganar el premio nacional Jabuti en categoría de cuentos por Ojos de agua (2015), o el de haber sido la primera escritora brasileña negra en ser invitada al Festival Literario de Paraty en 2017.

Su cuerpo grande y su melena afro, desteñida por las canas, le dan una apariencia de hechicera africana de El Corazón de las Tinieblas. Se sienta, clava su mirada sobre la periodista, toma su brazo y comienza hablar con un tono bajo, casi un susurro. Como en su literatura, Conceiçao se expresa desde los orificios de la máscara, y a sus 71 años no tiene pelos en la lengua, ni pretensiones. Es precisa y dura cuando lo cree necesario, siempre muy bajito. La escuchamos. 

Suele decir que su casa no tenía libros sino historias. Cuéntenos una que recuerde.

Cuando era niña me marcaron muchas. Pero mi tía contaba una que recuerdo con cariño. Es la historia de una una esclava que tenía un patrón que la golpeaba mucho, le daba latigazos y le dejaba la espalda llena de cicatrices. Pasó el tiempo y ese patrón se hizo una herida que no conseguía curar y fue a la hechicera de la casa para ver qué le pasaba. Entonces ella le respondió que su herida no iba a sanar hasta que desaparecieran las cicatrices de la espalda de su compañera. En ese momento mi tía se levantaba la camisa y nos mostraba su espalda. Ella no tenía ninguna cicatriz, pero le encantaba hacer teatro y nos dejaba fascinados. 

He oído de otras personas negras decir que hay un momento en el que de repente se dan cuenta de que su color de piel representa un problema. ¿A usted le sucedió?

Sí, claro. Cuando somos muy pequeños no imaginamos que hay racismo, no sabemos lo que es, y creo que todos guardamos esa primera vez. En mi caso fue a través de un libro La muñequita negra, una historia que me encantaba y en el colegio nos pidieron que la dramatizáramos y me eligieron como protagonista. Al año siguiente esperaba volver a repetir pero escogieron a una niña blanca y la pintaron de negro, fue mi primera gran decepción. Pero la idea de racismo más clara la descubrí en la adolescencia, cuando empecé a ver las diferencias de trato, de posibilidades. Las horas que pasaba mi madre trabajando y lo pobres que éramos. Y curiosamente el libro que más me marcó en aquella época fue El diario de Ana Frank. El contacto con autores negros llegó cuando entré en la universidad. Allí supe que Machado de Assis era negro, conocí a Lima Barreto, a Carolina de Jesús.

Ahora que comenta lo de Ana Frank es curioso porque hay varios autores judíos cuya literatura está muy marcada por esa noción de pérdida, de memoria y diáspora. ¿Es equiparable a lo que sucede con algunos escritores africanos?

Es cierto que nos une esa mirada hacia nuestro pasado. Nuestra necesidad de memoria se debe a que nuestro pasado es un problema del presente. Los africanos y sus descendientes todavía sufrimos las consecuencias de la esclavitud en las Américas. Los pueblos colonizados no han estudiado ese pasado, de ahí la necesidad de contar nuestra diáspora. Pero contar el pasado esclavista no es apenas una narrativa de dolor, sino de resistencia. Nuestra memoria necesita ser elaborada desde nuestro punto de vista porque la historia de la esclavitud siempre se ha escrito desde la mirada de los blancos que suelen reforzar el victimismo. Cuando nosotros hablamos de sufrimiento lo contamos desde una resistencia porque cada vez que se victimiza a un pueblo se le niega la posibilidad de reaccionar y resistir.

“Cada vez que se victimiza a un pueblo se le niega la posibilidad de reaccionar y resistir”

Usted define esa narrativa como “hablar a través de los orificios de la máscara”.

Sí, utilizo la imagen de la esclava Anastasia, un personaje muy importante en nuestra historia oral. Es el mito de una esclava que iba a ser violada y cuando se rebeló le pusieron una máscara con un orificio. Es una imagen que impresiona mucho y te lleva a pensar inmediatamente en la esclavitud. En el centenario de la abolición la convertimos en madre del pueblo negro, es nuestra santa. Pero para que veas como el pasado reverbera, incluso ahora han intentado callar a Anastasia porque hace hace poco su imagen estaba en una iglesia católica en el centro de Rio de Janeiro y toda la comunidad iba allí a cantarle y a bailar hasta que el obispo decidió sacarla y la envió a una iglesia de las afueras. Su imagen no solo simboliza la voluntad de silenciarnos, también demuestra cómo el silencio se puede transformar en gritos porque la situación de subalternidad siempre encuentra orificios para comunicarse. Yo misma hablo lento, de una forma dulce -extremadamente dulce podemos confirmar- pero digo todo, denuncio lo que creo injusto, mi literatura habla por los orificios de la máscara. 

“La necesidad de memoria se debe a que nuestro pasado es un problema del presente”

Por trabajos como Callejones de la memoria o Ojos de agua la crítica la ha definido como una escritora memorialista. ¿Está de acuerdo?

Me identifico más con la idea de escrivivencia, un concepto inventado por mí -suelta una amplia carcajada-. En mi cabeza siempre están las historias que escuchaba de niña, la memoria oral es algo que me preocupa mucho y que busco reconstruir cuando escribo. A veces escribo tal y como hablo y me interesa escribir la ficción como si escribiera realidad. Muchos me preguntan si mis libros son autobiográficos y yo siempre repito que nada de lo que está escrito en aquel libro es verdad y nada es mentira. Me interesa jugar con la tensión de la memoria. Mi trabajo está en ese espacio de fricción que queda entre el recuerdo y el olvido, donde se cose esa vivencia con la escritura, la escrivivencia -ríe de nuevo-.

“Mi trabajo está en la fricción de ese espacio que queda entre el recuerdo y el olvido”

Usted dice que la crítica no sabe leer el lado existencial de los autores negros, que se queda en la denuncia social y no ve más allá.

No digo que suceda siempre pero creo que en general nos leen mal. Suelo dar el ejemplo de Carolina de Jesús, una escritora negra fundamental de la literatura brasileña y desconocida para una mayoría. Sus textos más que del hambre o de la pobreza, hablan de momentos llenos de soledad. En El cuarto de despejo la protagonista es un sujeto errante, no consigue trabajar como empleada, es tan autónoma que no quiere tener un patrón. Y no se puede leer simplemente como una víctima negra de la sociedad, porque en realidad es una mujer con agencia. Es un personaje profundamente complejo y existencial, pero no se lee así. Y es curioso porque ante un texto de Clarice Lispector todos entienden que la autora habla de un vacío existencial, y en Carolina de Jesús no lo reconocen porque pareciera que las mujeres negras solo tuviéramos sentimientos o necesidades vinculadas a lo material, al hambre, y no a la soledad.

Pero usted también reivindica un lado político en su literatura. 

Me importa lo político no tanto en el plano literario sino como una reivindicación, exigir que los escritores negros tengamos un espacio donde expresarnos. Creo que todo texto tiene el deber de crear dudas, de cuestionar el pensamiento único, de quebrar el estatus quo y eso también es político, pero no panfletario. Tengo plena consciencia de que lidio con el arte de la palabra y cuido cada una de ellas, las escojo de manera obsesiva hasta llegar a la frase exacta. Y después me releo en alto continuamente para escuchar el ritmo. Si no tiene música, no sirve.

Me releo en alto continuamente para escuchar el ritmo. Si no tiene música, no sirve.

Usted tardó muchos años en publicar y ha comentado en más de una ocasión que el mercado editorial discrimina a los autores negros. ¿Qué dificultades ha enfrentado?

Pasaron más de veinte años hasta que publiqué mi primer libro y como muchos autores empecé editándomelos yo. El mercado editorial es complicado para cualquier escritor, pero si eres negro lo es todavía más, y eso se aplica a otras facetas de la cultura. Incluso en las áreas que parecen más abiertas para los negros hay determinados estatus donde estamos prácticamente vetados. En la música por ejemplo, vemos a muchos en el samba, en el rap, pero es muy difícil ver a uno como maestro de orquesta. En la danza sucede lo mismo, se ve gente bailando samba pero apenas ves bailarines clásicos. En la literatura lidiamos con uno de lo mayores bienes simbólicos, que es el lenguaje. El hecho de que los negros y negras utilicemos la lengua como instrumento literario es algo que no está en el imaginario social. Es como si el don de la escritura perteneciera a los hombres blancos, y después a las mujeres, pero mucho después de los hombres. Además de la dificultad de publicar también hay determinadas instancias que legitiman la literatura. Si uno consigue publicar pero sus libros no llegan a las bibliotecas o no aparecen en los medios, la autora no será premiada y no participará en los grandes concursos de literatura, en los festivales literarios, que son instancias muy importantes para legitimar a los autores. En Brasil ya vivimos en el colmo de la contradicción porque el fundador de la Academia de las Letras Brasileñas fue Machado de Assis, quizás el escritor más famoso de nuestra literatura y mucha gente no sabe que era negro, jamás se le estudia desde esta perspectiva.

El pasado año se convirtió en la primera escritora negra brasileña invitada al Festival Literario de Paraty (Flip) al que usted definió como “fiesta de blancos”.

Es que siempre ha sido eso, una fiesta profundamente elitista para autores blancos consagrados. En 2016 varios autoras negras fuimos al festival como espectadoras y yo fui quien leyó un manifiesto donde denunciábamos la discriminación. Curiosamente al año siguiente me llamaron para participar. Pero esa invitación no creo que signifique un cambio real para que haya más presencia de escritores negros en festivales, lo que sucedió es que Joselia Aguiar –la comisaría de la edición de 2017– tiene una sensibilidad muy especial. No hablo sólo de la inclusión de la cultura negra, sino de su idea de democratizar el espacio. Fue la primera vez que las conferencias se podían ver a través de pantallas instaladas en las plazas de la ciudad. Joselia entendió la literatura como un derecho de todos y acabó con ese aire elitista del Flip. 

La forma de narrarse de Brasil siempre ha ido de la mano del mito del país de la mezcla de razas, la democracia racial de la que hablaba Gilberto Freyre. Pero el 80% de los muertos por violencia son negros, la misma cifra se da entre los presos de las cárceles, etc. ¿Hay que revisar ese mito?

El mito de la democracia racial que propagó Freyre es un elogio al mestizaje brasileño porque se piensa que el país se puede blanquear. El gran deseo de nuestra historia es hacer una nación más blanca. Pero cuando se oscurece y las personas mestizas se sienten más negras, eso ya no se acepta. En los años 80 este mito empezó a desvanecerse gracias al movimiento negro dentro de las universidades. Después el propio gobierno de Fernando Henrique Cardoso reconoció que nuestro país era racista. Para nosotros no era una novedad pero fue importante que se dijera públicamente. Últimamente vemos a muchos racistas que han salido del armario, que dicen lo que realmente piensan en las redes sociales, que insultan a actores negros. Brasil siempre ha sido un país racista.

El gran deseo de la historia de Brasil es hacer una nación más blanca

¿Usted ha pasado por muchas situaciones de racismo?

Por varias, infinitas, todos los días. El racismo se revela en los gestos mínimos, cómo te miran al entrar a una tienda, darte cuenta que el chico de seguridad te vigila porque cree que vas a robar. Después están las situaciones más dramáticas como el genocidio de los jóvenes negros -de los 60.000 asesinados en 2015, al menos 28.000 eran negros menores de 25 años, según datos de Amnistía Internacional- que existe en este país y del que apenas se habla. Las madres negras viven en estado de terror porque saben que sus hijos pueden morir en cualquier momento a manos de policías que por norma los confunden con ladrones o traficantes. En nuestro país lo que es excepcional es no sufrir racismo.

Como mujer negra se identifica con aquel personaje del cuento de Carolina de Jesús: errante, siempre en los márgenes.

Sí, siempre me he sentido un poco así. El haber tenido que dejar mi ciudad muy joven para estudiar fuera me provocó una sensación de “no lugar”, de estar lejos de mi territorio. Más allá de mi experiencia individual creo que esa sensación de estar en los márgenes la hemos pasado todos los negros en este país. Cuando uno va a un restaurante ve pocos consumidores negros, lo mismo sucede en un teatro, en una feria de libros, en la televisión. No encontramos un espacio por eso lo que nos sustenta es la fuerza colectiva, formar parte de un grupo. En una escuela de samba, en una misa de candomblé, son los lugares donde encontramos a nuestros pares, donde nos reconocemos y donde recuperamos una noción de pertenencia.

¿Falta mucho para tener ese espacio en la literatura?

No me gusta ser pesimista, pero sí que falta mucho. En los últimos cinco años hemos visto algunos cambios con los festivales literarios undrergound que se hacen en las periferias con una mayoría de autores negros, pero seguimos en los márgenes. La literatura es uno de los espacios de creación de la identidad de una nación y valorar la literatura escrita por brasileños negros es permitirnos el pensamiento literario dentro de una nación que nos pertenece, que nosotros construimos. Por eso es tan importante reconocer la autoría negra, al igual que la blanca o la indígena, todos somos partes de esa construcción nacional. Pero a la hora de narrarnos, los negros y los indígenas, seguimos excluidos.

Conceiçao Evaristo es mujer, negra y escritora. Tres condiciones que funcionan como vasos comunicantes para esta brasileña que se agarra a la memoria como quien araña el único pilar de la casa que sobrevivió al incendio. Mujeres e historias. Así es como Evaristo resume su infancia, el lugar al que...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autora >

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí