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Tribuna

¿Una izquierda obrera y chovinista para frenar a la extrema derecha?

En Alemania se presenta En Pie, un movimiento que dice querer recuperar a los votantes de clase trabajadora que se fueron a AfD. Pero ¿es válida la estrategia de racialización de la clase como vía para alcanzar el éxito electoral?

Nuria Alabao 5/09/2018

<p>Manifestación de Pegida en Dresde, en enero de 2015.</p>

Manifestación de Pegida en Dresde, en enero de 2015.

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A pesar de los intentos de las derechas este verano, España es todavía un país en el que la migración no constituye una preocupación importante para sus habitantes –como descubrimos encuesta tras encuesta y aunque Rivera diga lo contrario–. Desde luego no alcanza la relevancia que ha tomado en media Europa, incluida la vecina Italia.

En esos países, la extrema derecha –ocupe posiciones de gobierno o no– marca la agenda con el tema arrastrando tras de sí a todo el arco político. Parece que los actores políticos no tengan más salida que ir posicionándose constantemente en torno a un campo de significantes sembrado y abonado por los ultras. Es cierto que esta cuestión está demostrando una capacidad brutal de articular miedos y la sensación de inseguridad de unas clases trabajadoras y medias empobrecidas que acaban de atravesar una crisis sistémica todavía no resuelta.

En países como en Francia o Alemania se están moviendo también las posiciones de los partidos progresistas o lo que llamamos muy genéricamente “izquierda”. Jean-Luc Mélenchon, por ejemplo, hace una defensa de los los trabajadores locales frente a los foráneos mientras insiste en que la inmigración no regulada es un instrumento en manos del capital global. En realidad, esta posición tampoco es nueva, sino que conecta con discursos tradicionales de una parte del mundo sindical francés bastante anteriores al liderazgo de Marine Lepen y su renovación del Front National –ahora Rassemblement National–. En el chovinismo obrerista de Mélenchon se mezcla una reclamación de más soberanía nacional frente a unas instituciones europeas alineadas con los intereses de las finanzas con una cierta nostalgia del pasado de un –algo idealizado– Estado del bienestar de posguerra cuando los enemigos tenían contornos más definidos y parecían más fáciles de confrontar por sindicatos fuertes. Lo que no solo ha quedado atrás sino que no volverá, por mucho que se ponga el foco en los migrantes que poca responsabilidad tienen en el ocaso de los pactos entre capital y trabajo anteriores a la desregulación neoliberal.

El renovado proteccionismo del trabajador

En Alemania se acaban de abrir estos debates con la presentación estos días de “Aufstehen” (En Pie), una plataforma liderada por Sahra Wagenknecht, diputada del partido situado más a la izquierda del arco parlamentario, Die Linke. Este movimiento, que se dice populista e inspirado por la Francia Insumisa de Mélenchon y Momentum de Jeremy Corbyn, pretende aglutinar a miembros de diferentes partidos progresistas, del propio Die Linke, pero también de la socialdemocracia del SPD y de Los Verdes. La propuesta es un espacio de confluencia que se plantea reenganchar a los votantes desencantados, también a los que se han ido a la ultraderechista Alternativa por Alemania –AfD– sobre todo de los antiguos estados de la Alemania del este –curiosamente donde hay menos presión migratoria, como sucede a menudo con la ultraderecha–. 

Para Wagenknecht y sus aliados, en este contexto de globalización, los asalariados y los obreros manuales no solo ven empeorar sus condiciones de trabajo, sino que sienten amenazada su propia identidad debido al crecimiento de la inmigración. Para ella, la izquierda ha cedido demasiado ante las posiciones de la clase media urbana proglobalización olvidándose de los perdedores, a los que hay que recuperar defendiendo políticas redistributivas e incluso cierto “chovinismo del bienestar”. Así, su propuesta, no solo incluye políticas socialdemócratas –que hoy suenan radicales– como subir salarios, fortalecer el Estado del bienestar o mayor progresividad en los impuestos, sino que también apuesta por utilizar el nacionalismo –un tabú en las izquierdas alemanas– y regular la inmigración en una reedición del argumento de los migrantes como mano de obra barata importada por el capital. 

Desde luego es imprescindible competir con la ultraderecha con un proyecto político creíble para los votantes de clase trabajadora que han dejado de apoyar las alternativas progresistas, en un país donde muchas de las reformas neoliberales también han sido aplicadas por la socialdemocracia. Sin embargo, se puede ver esta propuesta como un avance más de la extremaderecha. Quizás alguien de AfD pueda decir algún día eso de que su “mejor obra” ha sido Sahra Wagenknecht y la nueva izquierda soberanista alemana. Asumir que el debate público sobre la justicia social y la redistribución tiene que jugarse en la arena del cierre de fronteras implica una derrota. Es aceptar la incapacidad de resituar en primer término un conflicto fuerte contra las élites y el capitalismo financiero –una dinámica también populista de los de abajo contra los de arriba–, en vez de aprovechar el río revuelto de los que desvían el malestar social hacia los migrantes.

Por mucho que se empeñe Pablo Casado, no son los migrantes los que amenazan el Estado del bienestar. Esta idea del ”chovinismo del bienestar” la están experimentando tanto el Front National como una parte de la ultraderecha europea, que están moviéndose desde un programa liberal a uno de defensa de gasto público que tiene mejores resultados en las urnas. (Europa no es EE.UU., aquí un Trump no puede conquistar el “cinturón de óxido” francés como si fuesen los Grandes Lagos con promesas de menos Estado). La izquierda se mueve hacia el soberanismo de las fronteras pero es posible que se encuentre con que la extrema derecha le ha devorado su posición en la defensa de lo público. ¿Y qué van a preferir los votantes ahora inflamados por sentimientos nacionalistas y rencores al extranjero? Probablemente al que sea capaz de llevarlo más lejos.

Por tanto, una reedición obrerista del “los alemanes primero” no parece la mejor forma de frenar al fascismo. Esta apuesta de confrontación de la plataforma de Wagenknecht con los postulados oficiales de Die Linke –que defiende una política generosa y aperturista tanto con la inmigración como con los refugiados– también tiene una lectura en clave interna. Aquí también existe una estrategia para tomar el control de Die Linke, cuyas bases rechazan claramente estos postulados y apuestan por estrategias de corte más movimentista y de base. Como explica Miguel Sanz en Viento Sur, la orientación política del partido está más inclinada hacia los movimientos sociales antifascistas que se han articulado como reacción a AfD y en apoyo de los refugiados –y que también se movilizan por otras causas–. Movimientos con verdadero poder social y reacios a propuestas populistas impulsadas desde arriba por persnajes mediáticos como el de Wagenknecht. Esta figura parece más interesada en campañas manejadas por relucientes equipos profesionales de comunicación que por construir organización o redes desde abajo, que al final pueden constituirse en un contrapeso con capacidad de limitar el poder de los líderes de carácter populista de los que ella constituye un buen ejemplo.

Los medios y los líderes carismáticos pueden ser herramientas, pero no hay atajos si lo que se pretende es ser una fuerza social con capacidad de frenar a la ultraderecha. Aunque siempre es más fácil salir en la televisión y codearse con el poder en coches oficiales, el camino corto no existe para los que quieren confrontar a los poder sociales y económicos reales.

¿Cerrar fronteras va a mejorar la vida de la clase trabajadora? 

Sabemos, después de la crisis, que el capitalismo financiero no necesariamente está contra el estado-nación, tan solo quiere que trabaje para sus objetivos. La plena soberanía nacional hoy es una ficción. Además, las restricciones sobre la inmigración no resolverán las cuestiones económicas más importantes –la globalización, la financiarización, la austeridad– ni las batallas centrales de la lucha por la emancipación: conseguir mayor redistribución de renta y de poder. Como dice David Lizoain, en El Fin del Primer Mundo, la discriminación de clase y racial están relacionadas. El enemigo de los obreros no son los inmigrantes, sino los poderosos. Para evitar que las distintas fracciones de la clase trabajadora se enfrenten entre sí, es preciso reclamar más derechos, no menos. Lo que abarata la mano de obra es la falta de protección social, que la obliga a asumir trabajos en las peores condiciones. Algo que saben bien los que elaboran las leyes migratorias y las que las sufren, como las trabajadoras domésticas, la mayoría de ellas latinoamericanas, o los inmigrantes que trabajan en la agricultura.

La izquierda europea debería replantearse estas estrategias de racialización de la clase como una vía al éxito electoral y empezar a atacar sin subterfugios ni concesiones los mitos sobre la inmigración. No es suficiente con decir que el discurso progresista es impopular o difícil de explicar, hay argumentos de sobra: los inmigrantes son necesarios en una demografía en decadencia, entre otras cosas porque pagan impuestos, estimulan el crecimiento y sostienen el Estado del bienestar. Pero también habría que dejar de mirar a los migrantes de forma paternalista y asumir que son una fuerza social extraordinaria con la que hay que aliarse para frenar las posibilidades de la ultraderecha. Se trata de apoyar su autoorganización para que puedan desplegar su poder. Cuantos más derechos tengan, también de participación política, menos posibilidades tendrá el fascismo. Juntos toca apuntar sin concesiones hacia los de arriba, a sus paraísos fiscales y privilegios y exigir gravar las rentas del capital, las verdaderas amenazas al Estado del bienestar. 

Ahí reside también la única soberanía posible para los de abajo. No la de las fronteras, sino la de la clase. De una clase que no viene dada, que se constituye siempre en las propias luchas y que es multinacional y multirracial desde hace medio siglo en Europa. (En España también la pobreza es mestiza desde hace mucho. Se ve en los barrios populares cotidianamente). Los que hablan de la clase como algo dado de la que ellos se erigen en intérpretes –los Melenchon, Wagenknecht y compañía– a menudo la usan para defender a sectores corporativos que les garantizan su cuota de poder. La clase se constituye en la lucha y las que vienen con fuerza deberían recuperar su carácter antifascita. Es decir, poner en el centro las cuestiones migratorias y raciales junto con los otros excluidos de los beneficios de la globalización. El feminismo tendrá un papel destacado, porque los derechos de las mujeres –y de los no binarios o de los no heterosexuales– también están amenazados por la extrema derecha. La tarea pendiente de las fuerzas progresistas será defender y ampliar esos derechos de todos. Esa es la única disputa real con el fascismo. 

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Nuria Alabao

Es periodista y doctora en Antropología. Es miembro de la Fundación de los Comunes.

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19 comentario(s)

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  1. juan

    Gran parte de la progresía de este país defiende la inmigración incontrolada y los derechos de los mismos...pero costa del resto. Harto de ver gente que pontifica pero tiene asistentas en casa sin dar de alta en la seguridad social. Dicen que si no no podrían permitírselo, vaya, izquierda progre y neoliberales pidiendo lo mismo, mano de obra barata, unos para ganar más en la construcción o servicios y otros para "desembarazarse" de tareas que creen "que no les corresponden" como limpiar los baños de sus casas. Es decir bajo el manto de la solidaridad buscan esclavos y esclavas. Asco. Creo en la movilidad, en el derecho de la gente a progresar, pero también siento comprensión de la gente más humilde que ve que sus trabajos peligran. Sería bueno obligar a que los autores dijesen si limpian ellos mismos sus moradas.

    Hace 2 años 7 meses

  2. Señor Vértigo

    La autora cae en la trampa habitual de la izquierda actual de echar la culpa de loa errores propios a terceros. Se hace necesaria una autocritica profunda. ¿Por qué la ultrederecha crece en los barrios obreros?

    Hace 2 años 7 meses

  3. zyxwvut

    Una respuesta razonada y valiente de Monereo, Anguita e Illueca a la mayoría de los comentarios indocumentados a su artículo. https://www.cuartopoder.es/ideas/2018/09/14/anguita-monereo-decreto-dignidad-italia/

    Hace 2 años 7 meses

  4. zyxwvut

    Yo creo que si, además de las encuestas, la señora Albalao se diese una vuelta por los barrios de Badalona, Hospitalet, etc. donde viven las clases subalternas, y donde C's y el PP están recibiendo apoyos, tendría una visión más exacta de la realidad. Salir de la zona de confort es muy necesario cuando el neo-fascismo nos está ganando terreno. Los barrios de Badalona donde viven las clases subalternas son un bastión del neo-fascista de Albiol y el PP después de décadas de desastrosa gestión de la inmigración y de desmanes sociales por parte de los exquisitos políticos socialistas y sus discursos políticamente correctos. Como no vivían en esos barrios podían retirarse a sus cómodos reductos. Como la mayoria de "los comunes".

    Hace 2 años 7 meses

  5. Repartidor de pizzas

    Anti: si en vez de pizzas hubiera repartido libros, ante tu falta de comprensión lectora te hubiese llevado uno urgentemente. Quizás ahora serías capaz de entender lo que lees sin interpretar lo que te interesa.

    Hace 2 años 7 meses

  6. Casio

    Anti, o Nicasio, leete este articulo que aparece en ctxt , y dejate de etiquetas e insultos: https://ctxt.es/es/20180912/Firmas/21602/Gonzalo-Velasco-tribuna-Chavs-Owen-Jones-xenofobia-clasemediofobia.htm cito literalmente: l acierto del libro de Owen Jones, Chavs ,motivo por el que a mi juicio su éxito pudo exportarse a países como España, consistió en que fue el primero en diagnosticar que esa racionalidad liberal y universalista funcionaba como una ideología de clase. Su ensayo no niega que esas ideas tengan en teoría una legitimidad universal. Más bien explica cómo, de facto, han llegado a funcionar como un mecanismo de exclusión. Habrían servido, por ejemplo, para que las reclamaciones de protección para la economía local y los derrotados por la globalización neoliberal pudieran ser etiquetadas como injustificados arrebatos nacionalistas, proteccionistas, incluso xenófobos.

    Hace 2 años 7 meses

  7. Anti

    Perlas de trolls o derechistas confusos: “Al fin se han dado cuenta algunos de que la clase trabajadora es la que convive con los inmigrantes, con los gitanos, en los mismos barrios.” Aquí Sergio en su sabiduría neo-tercera vía cuidadanista no considera clase trabajadora al inmigrante, es solo inmigrante, y que dé gracias. Si alguien se mueve de Cadiz a Sevilla le mola, si se va de Cadiz a París ya no tanto. Si se mueve de Damasco a Cadiz ya le da asco. “A ver si ahora defender la industria del mueble en mi pueblo, (columna vertebral y económica durante décadas) frente a corporaciones extranjeras como Ikea es de ser chovinista, o peor, racista”. Aquí el trollaco de Víctor Lenore nos dice que la corporación internacional Ikea es equiparable a los inmigrantes que buscan curro en su pueblo, los cuales currarán donde puedan, en Ikea o la industria del pueblo, exactamente igual que los que viven allí. Pero él se queda más contento si solo trabajan los de su pueblo ahí. “Una cosa son los refugiados politicos, que se merecen toda nuestra solidaridad, y otra es la politica de puertas abiertas de facto a la inmigraión economica que es lo que tenemos en España.” El falangista de Casio nos quiere hacer creer que la economía y la política no tienen nada que ver. Para intentar colarnos su racismo nos mete semejante excusa de que si hay Guerra en tu país lo entiende, pero si te mueres de hambre por pobre se la suda. “Marx lo llamo: Ejercito Industrial de Reserva, el neoliberalismo nos embarca en guerras, intenta destruir la conciencia de clase y, encima, con las migraciones intenta que compitamos entre obreros por un sueldo miserable.” Marte es otro falangista despistado, usando torticeramente un concepto de Marx que no entiende para decirnos que a las víctimas del neoliberalismo, si han de mudarse, ni agua. “La libre circulación de capitales y trabajo es parte del programa capitalista desde los 80. No es asumible para los marxistas. Stop migración capitalista. Stop fuga de capitales. Tenemos derecho a desarrollarnos en nuestro país?“ Más falangismo rojete por parte de Goliat, crédulo de que solo hay migraciones desde los 80. Su táctica para parar el capitalismo es parar a hostias, si es necesario, a los inmigrantes que sufren sus consecuencias. Simplemente está como una regadera. “Cuando la extrema derecha navega viento en popa y sin freno en toda Europa, no parece que criticar las propuestas del reciente movimiento de izquierda alemán “En pie” o las de Melenchon (poco sospechoso de reaccionario) en Francia sea lo más acertado. Al menos, si lo que queremos es frenar el fascismo y aspirar a un mundo sin capitalismo. Porque convendría no engañarse, quienes están apoyando a los partidos de extrema derecha es ese amplio sector de asalariados precarios y desempleados, tradicionalmente de izquierdas, maltratados por la crisis, cuyas condiciones de vida no han hecho sino empeorar desde 2008.” Si repartidor de pizzas hubiera repartido alguna pizza en los últimos 15-20 años ni si quiera habría escrito una letra, ya que sabría perfectamente que muchos de los que reparten pizzas y tienen trabajos de mierda son inmigrantes, por lo tanto no se le ocurriría separar a los inmigrantes de la clase trabajadora. Pues la inmensa mayoría de los inmigrantes SON clase trabajdora. Simplemente excusa su xenofobia con un argumento tan inútil.

    Hace 2 años 7 meses

  8. cayetano

    Los comentarios son el resultado de: responder al racismo desde planteamientos maximalistas, como si la inmigración fuera mala o buena per sé; de confundir luchar contra el discurso aporofóbico y racista de la extrema derecha con la lucha por el socialismo... . Esto es lo que ocurre cuando con planteamientos maximalistas, respondemos a cuestiones que aunque fundadas en la economía y sus relaciones, van más allá y afectan a elementos primarios de nuestra psique. Y así van las cosas en Europa, mientras la extrema derecha usa las pulsiones seguritarias de la identidad comunitaria, aumentando la ansiedad previa potenciando el miedo y odio. Las izquierdas y derechas democráticas, no dan respuesta a su fake rhetoric, ni hacen propuestas sobre otros marcos diferentes. Y ese es uno de los errores del artículo, se ha movido en los marcos maximalistas del discurso racista; causando efectos contraproducentes, y eso que a los lectores asiduales de la revista se les presupone de partida su antiracismo y antifascismo. Algo de eso hay en las respuestas democráticas dadas a la extrema derecha europea. Un cordial saludo.

    Hace 2 años 7 meses

  9. farcihta

    Qué argumento tan extraordinario. Llenamos el país de millones de inmigrantes y luego les damos el derecho a voto para que los que votan a la ultraderecha sean porcentualmente menores... Cómo no se la habrá ocurrido antes a nadie esta solución?

    Hace 2 años 7 meses

  10. Repartidor de pizzas

    Cuando la extrema derecha navega viento en popa y sin freno en toda Europa, no parece que criticar las propuestas del reciente movimiento de izquierda alemán “En pie” o las de Melenchon (poco sospechoso de reaccionario) en Francia sea lo más acertado. Al menos, si lo que queremos es frenar el fascismo y aspirar a un mundo sin capitalismo. Porque convendría no engañarse, quienes están apoyando a los partidos de extrema derecha es ese amplio sector de asalariados precarios y desempleados, tradicionalmente de izquierdas, maltratados por la crisis, cuyas condiciones de vida no han hecho sino empeorar desde 2008. La falta de atención de la “izquierda” a sus demandas materiales ha sido aprovechada desgraciadamente con éxito por la demagógica ultraderecha. Nada nuevo en la historia. Sin embargo, cierta “izquierda posmoderna” se lleva las manos a la cabeza cuando en los últimos años ha venido demostrando que sus máximas preocupaciones no han sido otras que las simbólico-identitarias y jugar a rellenar “significantes vacíos”. Atrás quedó el garantizar las necesidades básicas de las personas en quienes haciendo de la política su profesión creen al parecer que el resto de los mortales gozan de contratos laborales indefinidos y sueldos dignos como los de ellos. ¿A qué espera sino Podemos o Los comunes de Nuria Alabao para reivindicar sin complejos una Renta Básica Incondicional que acabaría con la pobreza? ¿No merece dicha propuesta ser puesta en primera línea de agenda? Es cierto que la inmigración no es el enemigo, pero difícilmente se convencerá de ello con discursos y artículos más o menos brillantes a unas clases populares cuyo malestar crece ante unas ayudas sociales que lejos de aumentar toca repartirlas entre más personas o ante la competencia frente a la escasez de puestos de trabajo. Porque ese es el día a día de muchas personas y solo así se explica el Brexit, Trump, Le Pen o Salvini. Un día a día convertido en una lucha hobbesiana de todos contra todos. Probablemente quienes vivan esa realidad identifiquen mal al enemigo pero mejor haríamos si en vez de darles lecciones atendiésemos su problema material. Y parece que en Alemania y Francia la izquierda se ha puesto a ello. Aquí todavía falta autocrítica.

    Hace 2 años 7 meses

  11. Goliat

    La izquierda sobretodo ha de ser anticapitalista y por tanto antifascista y antiglobalización. Pero por encima de eso la izquierda se identifica por tener un proyecto de futuro en progreso, tolerante y democrático. La izquierda posmoderna esconde un conservadurismo y liberalismo más peligrosos que los que defienden claramente el saqueo al ciudadano como sistema. La libre circulación de capitales y trabajo es parte del programa capitalista desde los 80. No es asumible para los marxistas. Stop migración capitalista. Stop fuga de capitales. Tenemos derecho a desarrollarnos en nuestro país?

    Hace 2 años 7 meses

  12. c

    La clase obrera , la mas abandonada por los politicos , la que menos T tiene de informarse, la que piensa que politica es solo votar cada 4 años, etc etc necesita enterarse y que le expliquen quien es su verdadero explotador : la derecha es quien les empobrece y les explota y baja los sueldos, mete inigrantes (PP con aznar y M.rajoy) , las multinacionales que defiende la derecha crean exodos (que solo perjudican a los mas pobres ), luego usa esos exodos para aventar racismo con fin electoralista y que los pobres e peleen entre si, y esos exodos que crea luego no le afectan ni paga por sus consecuencias ni siquiera paga por los beneficios que le produce lo que esquilma etc etc . Por algo será que Podemos es el partido mas difamado y atacado cuando aun ni ha gobernado : por que es quien explica lo que la clase obrera necesita saber en sus mas de seis canales de yutube , etc etc

    Hace 2 años 7 meses

  13. Caramel

    Menuda tendenciosidad : ¿ Por que no se hace el autor esa misma pregunta de la entradilla respecto a la ultraderecha que si lo hace ya ?

    Hace 2 años 7 meses

  14. roman

    Se habla, en el articulo, mucho de clase y parece que el concepto de clase está claro en este primer mundo. Pero precisamente, la clase obrera de este primer mundo no es la de Marx, es simplemente una clase minoritaria y con acumulación de cosas en un mundo donde se tiene conciencia de "clase media", con coche o coches, casa o casas, vacaciones pagadas, seguridad social y sanidad privada, educación concertada o privada,...con pocos o ningún hijo y con trabajo de uno o de los dos conyuges. Si se parte de premisas falsas o incompletas, se llegan a soluciones equivocadas. El materialismo dialectico no se ve en el artículo, aunque se exponen buenos deseos y espectativas deseables.

    Hace 2 años 7 meses

  15. marte

    #1 De acuerdo en todo. Marx lo llamo: Ejercito Industrial de Reserva, el neoliberalismo nos embarca en guerras, intenta destruir la conciencia de clase y, encima, con las migraciones intenta que compitamos entre obreros por un sueldo miserable. La izquierda tiene que ponerse las pilas en el control de las migraciones y, en consecuencia, del mercado de trabajo.

    Hace 2 años 7 meses

  16. Casio

    Pues me parece una reflexion muy necesariala que hace Aufsethen. Una cosa son los refugiados politicos, que se merecen toda nuestra solidaridad, y otra es la politica de puertas abiertas de facto a la inmigraión economica que es lo que tenemos en España. En nuestro pais habia en 1999 un millón de extranjeros , casi todos jubilados europeos. Ahora ha más de 8 millones (más lo no registrados)cque compiten por el empleo poco cualificado con la clase obrera, los jovenes (un 30 por ciento de paro juvenil, se dice pronto) y los parados de larga duración, mientras que exportamosa nuestros mejores jovenes cualificados. ¿A quien le ha interesado esta multiplicación por siete de mano de obra poco cualificada, a las clases subordinadas? es evidente que la burbuja inmobiliaria hubiera sido imposible sin ellos. La izquierda solo tiene un instrumento de cambio: el estado. Y el control del mercado de trabajo es uno de sus mecanismos que hay que recuperar. Si debilitamos el estado con libre circulación de capital, de mercancias, y encima no podemos controlar nuestro mercado laboral porque a los empresarios les interesa la inmigración economica masiva para bajar salarios de los menos preparados nos pegamos tiros en el pie. Y el problema no son cuatro pateras que cruzan el Estrecho, el problema son los miles de inmigrantes economicos que entran todos los años por los aeropuertos y hunden los salarios de la clase obrera. En Australia hay un control de la inmigración economica riguroso combinado con una politica de refugio mejorable pero activa. La izquierda se encuentra ante una paradoja: debe rechazar la xenofobia por ética, porque divide a la clase obrera y porque desvia el debate al terreno de las identidades culturales. Pero eso no significa que no haya que plantearse la necesidad de controlar el mercado del trabajo má alla del interes del capital por crear masas de trabajadores subempleados y subpagados gracias a politicas economicas neoliberales que incluyen la politica de facto de puertas abiertas.

    Hace 2 años 7 meses

  17. Sergio

    La derechización de la política lleva a esto: a que la izquierda mueva sus ejes para competir, con otro tono, en la misma arena. Al fin se han dado cuenta algunos de que la clase trabajadora es la que convive con los inmigrantes, con los gitanos, en los mismos barrios. No se les puede hablar de 'convivencia' porque consideran que los representantes (y los que dan carnés de izquierdismo) de la izquierda viven al margen de lo que es su día a día. Si la izquierda, con tono amable, empieza a repensar su postura sobre la inmigración ganarán parte de estos votantes que ven a los Salvini de turno como sus salvadores.

    Hace 2 años 7 meses

  18. Blanca

    Arriba- abajo; izquierda-derecha; blanco-negro..la simplicidad, que no sencillez, de los términos, es también muy peligrosa..

    Hace 2 años 7 meses

  19. Víctor Lenore

    Un aterrador testimonio fascista: "A ver si ahora defender la industria del mueble en mi pueblo, (columna vertebral y económica durante décadas) frente a corporaciones extranjeras como Ikea es de ser chovinista, o peor, racista.Yo lo que creo que es que tenéis que salir de vuestro barrio lleno de oficinas diáfanas con jefes enrrollados, vuestros curros creativos y las cafeterías con platos cuadrados y kinoa a punta pala y explicarle a mi tía, separada, maltratada por su ex marido que no le pasa pensión y en el paro con más de 50 años, que exigir soberanía nacional es chovinismo. La izquierda nacional europea muy mal pero lo único que se propone es seguir con la misma estrategia que no funciona; nos esforzaremos más. Nos seguiremos esforzando hasta que nos coman los nazis, como está ocurriendo en Francia y Alemania".

    Hace 2 años 7 meses

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