1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

REALIDAD Y LENGUAJE

Mallarmé o el alcance de la segunda revolución francesa

Sartre lo vio como el primer poeta completamente laico y Jacques Rancière ha escrito que fue el primer poeta de la democracia

Mario Campaña 30/01/2022

<p><em>Retrato de Stéphane Mallarmé</em> (1876).</p>

Retrato de Stéphane Mallarmé (1876).

Édouard Manet

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

En otros artículos hemos sostenido que la emergencia de la modernidad poética se vio materializada en tres transformaciones ocurridas en la segunda parte del siglo XIX, y que estas eclosionan en las vanguardias del XX: la de la noción de belleza y la consiguiente revaloración de materiales antes excluidos; la del estatus del personaje poético y el lector; y la del verso, que se convierte solo en un fragmento con la acentuación tónica de la lengua. Visto con más detenimiento, a esas condiciones es indispensable agregar la disipación del yo poético y su sustitución por la fuerza dominante del lenguaje.  

El protagonista de esta cuarta revolución fue Stéphane Mallarmé (1842-1898), que inició su vida literaria influido por Baudelaire y la revolución que éste inició con Las flores del mal y El spleen de París. La época es convulsa; se están viviendo transformaciones como nunca antes. Por primera vez en la historia literaria, piensa Mallarmé, la poesía vive en un estado de “alta” y “la más nueva” libertad. Ha advenido el verso libre. Él mismo escribe el primer poema sin puntuación. Se convence de que los instrumentos y el sentido de la música se pueden aplicar también a la lengua y de que las condiciones están dadas para la aparición de una poesía antes desconocida, que será la más alta expresión del arte poético: la poesía pura, la obra pura, nociones hoy algo banalizadas pero que en la formulación de Mallarmé no han dejado de fascinar al mundo de la cultura. Et per causa.  

Mallarmé considera separadamente las cosas y las palabras. Más allá del caos de lo empírico o aparente, la realidad se compone de moldes y formas perfectas: o sea pureza, nada, silencio. Misterio. “Toda realidad se disuelve”. Las palabras se encuentran en un “doble estado”: “brut ou immédiat”, por una parte; y “essentiel”, por otra. Con las primeras los escritos contemporáneos –menos la literatura– hacen “un reportaje universal”; sirven para “narrar, enseñar, incluso describir” la realidad aparente: lo que a cualquier persona bastaría para intercambiar el pensamiento humano. Las segundas, las esenciales, son las propias del decir poético: guardan su capacidad originaria de aprehender lo esencial de la realidad, su ‘virtualidad’, su ‘idea’: la realidad en su pureza; pura. En eso consiste la belleza y su valor moral. La realidad esencial no puede ser “narrada, enseñada o descrita” ni depositada en la mano “como una moneda”. De allí que Mallarmé descarte que la función de la poesía sea comunicar: siendo la realidad impura por naturaleza, una supuesta comunicación solo puede ser una adulteración, una falacia, una manera de “alimentar el parloteo”. Porque la verdad o virtualidad de la realidad no es comunicable. La poesía atiende a la realidad en su pureza, que ella percibe señaladamente y expone mediante las palabras esenciales o puras, las únicas que descartan las impurezas de la realidad, palabras que el poeta debe encontrar, crear o inventar; hallarlas o purificarlas, sin que ello signifique evitar la figura, natural o humana. Según la evocación platónica mallarmeana, el poema sería, pues, la realidad en su versión ideal, y está llamado a “dotar de autenticidad nuestro estar, y constituye la única tarea espiritual”. Esa poética de la incomunicabilidad, la abstracción, la presencia y la ausencia de lo real no ha dejado de fecundar las artes, la poesía y la plástica, la danza, el teatro, el cine.

Mallarmé descarta que la función de la poesía sea comunicar: siendo la realidad impura por naturaleza, una supuesta comunicación solo puede ser una adulteración

Para Mallarmé el “único deber” del poeta y “el juego literario por excelencia” es “la explicación órfica de la tierra”, como confiesa a su amigo Paul Verlaine en una carta de 16 de noviembre de 1885. El atributo ‘órfico’ es una alusión al canto, a la pureza y la purificación. En esa carta, Mallarmé afirma que el mundo, esa tierra de la que el poeta debe dar una explicación, está constituido como un libro, existe solo para ser escrito como un libro: “en el fondo no hay más que un libro”. Escribir ese libro es lo que intenta todo poeta, lo sepa o no. Lo que él hace con su “paciencia de alquimista” no es otra cosa que alimentar el horno en que se forja ese libro, El Libro o, como también lo llama, la Gran Obra. Pese a las mayúsculas, no se trata de un solo volumen; cada libro y cada poema es una parte o página o al menos un vocablo del gran enigma universal que El Libro, la poesía, terminará por describir. Mallarmé concibió la esperanza de alcanzarlo, en veinte años; en cinco libros. No hay más que desarrollar estas premisas para concluir que la reunión de todas las partes del Libro –es decir, las obras poéticas escritas en la historia humana en las que la realidad haya sido aprehendida en su forma ideal– conformaría el mundo, verbalmente asido en sus términos esenciales, en su pureza. El Libro, la Gran Obra sería el triunfo de la poesía, la victoria del género humano en la tierra.    

La meditación sobre la realidad, el lenguaje y la poesía condujeron a Mallarmé a una conclusión revolucionaria, una de las que más repercusiones ha tenido en la cultura artística occidental. En el artículo “Crise de Vers” escribió que “la obra pura implica la desaparición elocutoria del poeta, que cede la iniciativa a las palabras”. Hay que entender que Mallarmé ha llegado a concebir el poema como una especie de aguaje en que reinan las palabras, en que no hay cabida para el poeta ni para ningún referente, siempre miméticos: por la naturaleza fáctica del autor, por la inherente presencia en él de lo inmediato, por ser él mismo encarnación de lo contingente, lo accidental, lo impuro, su presencia contaminaría la lengua, arruinaría la pureza buscada. El poeta desaparece y deja en su lugar las palabras, que no son las palabras de un individuo sino una confluencia indeterminada e indeterminable de fuerzas múltiples y que, si son puras, despojadas de facticidad, conservan su poder, se diseminan, se encienden unas a otras “en reflejos recíprocos”; se condensan en los pliegues del poema. Por su propio impulso, las palabras reemplazarán “el aliento personal de la antigua inspiración lírica de autor”.  

Las implicaciones sobre el sentido, el significado y la significación son enormes y fueron desarrolladas por Mallarmé en muchos lugares, en artículos, poemas, conferencias y cartas, de manera escueta, concisa y precisa y a menudo difícil de seguir. Desaparecido el poeta o el yo poético, lo que el autor o el poema quiera decir importa poco, o ya no importa. El lenguaje no “quiere decir”: dice. Y lo que dice es un misterio, dad

a su complejidad, su multiplicidad y mutiplación, sus posibilidades de combinación y alternación, sus implicaciones visuales. La palabra dice con todas sus irradiaciones y en todas las direcciones; no solo con sus significados sino también con sus significantes, su sonido, su morfología, su sintaxis, su ordenamiento y disposición. Las palabras se alumbran unas a otras. De toda esa gran afluencia cabe esperar más, mayor riqueza de sentidos, que de la mera conciencia o subjetividad individual. Lo que dice el poema no es el producto de un autor sino maneras de ser y estar de una lengua. En un poema, hasta la página que da soporte a las palabras puede conformar una unidad de sentido. Finalmente, el sentido es indecidible y alterno, admite alternativas: la fuerza de la marea produce un desbordamiento, la diseminación, como el título del libro de Derrida, gran lector de Mallarmé.  

La meditación sobre la realidad, el lenguaje y la poesía condujeron a Mallarmé a una conclusión revolucionaria: el poeta desaparece y deja en su lugar las palabras

Roland Barthes sostuvo en un artículo de 1968, titulado “La mort de l’auteur”, que Mallarmé fue el primer poeta en ver en su mayor amplitud la necesidad de sustituir con el lenguaje a aquel que hasta entonces estaba considerado como su propietario, es decir, el autor. Barthes, como Foucault, estaba interesado en un combate cuya meta es el derrocamiento de las figuras del poder burgués, con el que se asocia al autor, para llevar al lector al lugar protagónico. Cierto, Mallarmé es un lector gozoso y reclama a la poesía que “no prive al lector del delicioso placer de creer que está creando”, pero su reflexión sobre el estado de las palabras y la función de la poesía en la aprehensión de la realidad pura como un don, que no es otra cosa que el mundo para la vida de los seres humanos en la tierra, pone de manifiesto el lugar fundamental que él atribuye al poeta. El poeta o autor no puede dejar en manos del lenguaje “brut ou immédiat” o del mero versificador la escritura de la Obra, la liberación del lenguaje de las impurezas que tienden a aniquilarlo.  

En su empeño por alcanzar la meta del Libro, Mallarmé ideó una poética del espacio y el movimiento de los signos en los que dio gran importancia a la disposición gráfica, a los blancos y al silencio, e ideó tal cantidad de innovaciones formales que él solo aportó, exceptuando el verso libre, toda la metralla de que se valieron las vanguardias, de la falta de puntuación a la aniquilación de la estrofa, la interposición de blancos e intervalos y la ruptura del verso lineal, que al fin se convierte en “subdivisiones prismáticas de la Idea”. Una vez concebido y fundado el poema como espacio inexpugnable (el espacio literario, lo llamaría Blanchot), dada la soberanía que le otorgaba su contenido de realidad pura, Mallarmé procedió a revolucionarlo íntegramente. Autodefinido como “un sintaxista”, desplegó un esfuerzo sintáctico y rítmico que acabó con la convención del sintagma lineal y horizontal, apelando a la verticalidad y la oblicuidad, en una ocupación del espacio que solo se explica por la ambición de producir poemas que sean en sí mismos realidad pura, que se puedan reconocer como hojas del Libro, partes del mundo. 

Mallarmé ideó una poética del espacio y el movimiento de los signos en los que dio gran importancia a la disposición gráfica, a los blancos y al silencio

Hacia 1879 Mallarmé ya había madurado del todo su revolucionario programa poético, pero aún le tomó nueve años llegar al punto extremo de su aventura, a su realización mayor y al simultáneo reconocimiento de la imposibilidad de alcanzar su meta. En 1897, un año antes de su muerte, publicó Un coup de dés jamais n'abolira le hasard. El fascinante entramado epistemológico y estético ideado por Mallarmé para la apropiación de la realidad pura a través de las palabras puras del poema, tenía como piedra angular la desaparición del azar que reina en el mundo material y cuya fuerza amenazaría con derrumbarlo todo. La escritura poética debía ser toda precisión para que el azar quedara desterrado. Pero he aquí que en el último escrito de su vida Mallarmé reconoce que Un coup de dés, ‘un golpe de dados’, jamás abolirá el azar: un golpe de dados, es decir, el vértigo de un pensamiento esencial (“Toute pensée émet un coup de dés”), la escritura poética, no puede vencer el azar. Según el proyecto digital “Mallarmé Hipertexto”, coordinado por la Universidad de Victoria, de Canadá, de Un golpe de dados admite 241 diferentes lecturas.

El año 2004, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona organizó una macroexposición titulada “Arte y utopía. La acción restringida”, dedicada enteramente a analizar el efecto de Mallarmé en el arte moderno, hasta el año 1960. Se exhibieron novecientas obras y documentos en que la huella de Mallarmé estaba presente: cine, fotografía, teatro, danza y música. Manet, Braque, Satie, Debussy, Ravel, John Cage, Flaherty, Eisenstein, Vigo, Buster Keaton, Meyerhold, Artaud, Godard, Man Ray... Ahí es nada. La exposición pasó después al Museo de Nantes, con el título “L'Action restreinte, l'art moderne selon Mallarmé”. En la música contemporánea, ahí está la obra entera de Pierre Boulez, sobre todo el Pli selon pli: cinco grandes ‘improvisaciones’ sobre Mallarmé. En literatura, entre las influencias reconocidas por la crítica se cuentan la que Mallarmé ejerció sobre Yeats, Eliot, Joyce, Ungaretti, Mario Luzi, René Char, Lezama Lima y el neobarroco, et caetera. En filosofía, psicoanálisis, lingüística y teoría literaria, Sartre, Blanchot, Barthes, Richard, Lacan, Derridá,  Alain Badieu, Jacques Rancière y Julia Kristeva, casi todos han convertido a Mallarmé no solo en precursor del estructuralismo y la deconstrucción sino en el poeta-filósofo, el poeta-de-los-filósofos, el poeta filosófico, el pensador por excelencia.

La clase media jactanciosa censura(rá) quizá a Mallarmé por ‘elistista’, pero Sartre lo vio como el primer poeta completamente laico y un filósofo de hoy como Jacques Rancière ha escrito que Mallarmé es el primer poeta de la democracia. 

En otros artículos hemos sostenido que la emergencia de la modernidad poética se vio materializada en tres transformaciones ocurridas en la segunda parte del siglo XIX, y que estas eclosionan en las vanguardias del XX: la de

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Mario Campaña

Nacido en Guayaquil (Ecuador) en 1959. Es poeta y ensayista. Colaborador en revistas y suplementos literarios de Ecuador, Venezuela, México, Argentina, Estados Unidos, Francia y España, dirige la revista de cultura latinoamericana Guaraguao, pero reside en Barcelona desde 1992.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí