1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Análisis

La guerra que viene. Es hora de alzar la voz

Silencios llenos de consenso propagandístico contaminan casi todo lo que leemos, vemos y oímos. La guerra mediática es actualmente una tarea clave del llamado periodismo ‘mainstream’

John Pilger 7/05/2023

<p>Abrazo entre Volodímir Zelenski y Joe Biden, durante la visita del presidente americano a Ucrania del pasado 20 de febrero. <strong>/ Presidencia de Ucrania</strong></p>

Abrazo entre Volodímir Zelenski y Joe Biden, durante la visita del presidente americano a Ucrania del pasado 20 de febrero. / Presidencia de Ucrania

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

En 1935 se celebró en Nueva York el Congreso de Escritores Estadounidenses y un segundo dos años después. Convocaron a “cientos de poetas, novelistas, dramaturgos, críticos, escritores de relatos cortos y periodistas” para debatir el “rápido desmoronamiento del capitalismo” y la amenaza de otra guerra. Fueron actos electrizantes a los que, según un testimonio, asistieron 3.500 personas, y más de mil fueron rechazadas.

Arthur Miller, Myra Page, Lillian Hellman y Dashiell Hammett advirtieron de que el fascismo estaba creciendo, a menudo de forma encubierta, y de que la responsabilidad de denunciarlo recaía en escritores y periodistas. Se leyeron telegramas de apoyo de Thomas Mann, John Steinbeck, Ernest Hemingway, C Day Lewis, Upton Sinclair y Albert Einstein. 

La periodista y novelista Martha Gellhorn habló en nombre de los indigentes y los parados, y de “todos los que estamos bajo la sombra de un gran poder violento”. 

Martha, que se convirtió en una buena amiga, me dijo más tarde ante su habitual copa de Famous Grouse con soda: “La responsabilidad que sentía como periodista era inmensa. Había sido testigo de las injusticias y el sufrimiento que trajo la Gran Depresión, y sabía, todos lo sabíamos, lo que se avecinaba si no se rompían los silencios”.

Sus palabras resuenan en los silencios de hoy: son silencios cargados de un consenso de propaganda que contamina casi todo lo que leemos, vemos y oímos. Permítanme darles un ejemplo:
El 7 de marzo, los dos periódicos más antiguos de Australia, el Sydney Morning Herald y The Age, publicaron varias páginas sobre “la amenaza inminente” de China. Colorearon de rojo el Océano Pacífico. La mirada china era marcial, amenazadora y estaba en marcha. El Peligro Amarillo estaba a punto de caer como por efecto de la gravedad.

No se dio ninguna razón lógica para que China atacara a Australia. Un “panel de expertos” no presentó ninguna prueba creíble: uno de ellos es un antiguo director del Instituto Australiano de Política Estratégica, una tapadera del Departamento de Defensa de Canberra, el Pentágono de Washington, los gobiernos de Gran Bretaña, Japón y Taiwán y la industria militar de Occidente.

“Pekín podría atacar dentro de tres años”, advirtieron. “No estamos preparados”. Se van a gastar miles de millones de dólares en submarinos nucleares estadounidenses, pero eso, al parecer, no es suficiente. “Se acabaron las vacaciones históricas de Australia”: cualquiera que sea el significado de esta frase.

Las críticas a China, basadas en el largo historial de racismo hacia Asia por parte de Australia, se han convertido en una especie de deporte para los expertos

No existe amenaza alguna para Australia, ninguna. El lejano y “afortunado” país no tiene enemigos, y menos aún China, su principal socio comercial. Sin embargo, las críticas a China, basadas en el largo historial de racismo hacia Asia por parte de Australia, se han convertido en una especie de deporte para los autodenominados “expertos”. ¿Qué piensan los australianos de origen chino? Muchos se sienten confusos y temerosos. 

Los autores de estos grotescos mensajes encubiertos y este servilismo al poder estadounidense son Peter Hartcher y Matthew Knott, “reporteros de seguridad nacional” creo que los llaman. Recuerdo a Hartcher de sus excursiones pagadas por el Gobierno israelí. El otro, Knott, es un emisario de los jerarcas de Canberra. Ninguno de los dos ha visto nunca una zona de guerra y sus extremos de degradación y sufrimiento humanos. 

“¿Cómo hemos llegado a esto?”, diría Martha Gellhorn si estuviera aquí. “¿Dónde demonios están las voces que los rebatan? ¿Dónde está la camaradería?”.

El posmodernismo al mando

Las voces se oyen en el samizdat de este sitio web y de otros. En literatura, gente de la talla de John Steinbeck, Carson McCullers o George Orwell han quedado obsoletos. Ahora manda el posmodernismo. El liberalismo ha ascendido en su escala política. Australia, una socialdemocracia antaño somnolienta, ha promulgado una red de nuevas leyes que protegen el poder secreto y autoritario e impiden el derecho a saber. Las personas que denuncian son proscritas y juzgadas en secreto. Una ley especialmente siniestra prohíbe la “injerencia extranjera” de quienes trabajan para empresas extranjeras. ¿Qué significa esto? 

En Occidente, nuestro imaginario político ha sido desatendido por las intrigas de políticos corruptos de baja estofa: Boris Johnson, Donald Trump , Sleepy Joe, Volodímir Zelenski

La democracia ahora es conceptual; existe la élite todopoderosa de la corporación fusionada con el Estado y las exigencias de la “identidad”. Los almirantes estadounidenses cobran miles de dólares al día del contribuyente australiano por “asesoramiento”. En todo Occidente, nuestro imaginario político ha sido apaciguado por las relaciones públicas y desatendido por las intrigas de políticos corruptos de muy baja estofa: un Boris Johnson o un Donald Trump o un Sleepy Joe o un Volodímir Zelenski. 

En 2023 no se celebra ningún congreso de escritores que se preocupe por “el desmoronamiento del capitalismo” y las provocaciones letales de “nuestros” líderes. El más infame de ellos, Tony Blair, un criminal prima facie según el Código de Nuremberg, es libre y rico. Julian Assange, que desafió a los periodistas a demostrar que sus lectores tenían derecho a saber, va hacia su segunda década de encarcelamiento.

El auge del fascismo en Europa es incontrovertible. O “neonazismo” o “nacionalismo extremista”, como prefieran. Ucrania, como colmena fascista de la Europa moderna, ha visto resurgir el culto a Stepan Bandera, el apasionado antisemita y genocida que alabó la “política judía” de Hitler que masacró a 1,5 millones de judíos ucranianos. “Pondremos vuestras cabezas a los pies de Hitler”, proclamaba un panfleto banderista a los judíos ucranianos. 

Hoy, en el oeste de Ucrania, Bandera es venerado como un héroe y hay decenas de estatuas de él y de sus compañeros fascistas, pagadas por la UE y Estados Unidos, que sustituyen a las de gigantes rusos de la cultura y otros que liberaron a Ucrania de los nazis originales. 

En 2014, los neonazis desempeñaron un papel clave en un golpe de Estado financiado por Estados Unidos contra el presidente electo, Víktor Yanukóvich, acusado de ser “prorruso”

En 2014, los neonazis desempeñaron un papel clave en un golpe de Estado financiado por Estados Unidos contra el presidente electo, Víktor Yanukóvich, acusado de ser “prorruso”. El régimen golpista incluía a destacados “nacionalistas extremistas”, nazis en todo menos en el nombre. 

Al principio, la BBC y los medios de comunicación europeos y estadounidenses informaron ampliamente sobre ello. En 2019, la revista Time presentó a las “milicias supremacistas blancas” activas en Ucrania. NBC News informó: “El problema nazi de Ucrania es real”. La inmolación de sindicalistas en Odessa fue filmada y documentada. 

Encabezados por el regimiento Azov, cuya insignia, el “Wolfsangel”, se hizo tristemente célebre gracias a las SS alemanas, los militares ucranianos invadieron la región oriental de Donbás, de habla rusa. Según las Naciones Unidas, murieron 14.000 personas en el este. Siete años después, con las conferencias de paz de Minsk saboteadas por Occidente, como confesó Angela Merkel, el Ejército Rojo invadió.

Esta versión de los hechos no fue difundida en Occidente. Solo mencionarla es caer en el abuso de ser un “apologista de Putin”, independientemente de que el escritor (como yo) haya condenado la invasión rusa. Comprender la extrema provocación que supuso para Moscú una frontera armada por la OTAN, Ucrania, la misma frontera por la que invadió Hitler, es un anatema. 

Los periodistas que viajaron a Donbás fueron silenciados o incluso acosados en su propio país. El periodista alemán Patrik Baab perdió su trabajo y a una joven reportera independiente alemana, Alina Lipp, le embargaron su cuenta bancaria.

El silencio de la intimidación 

En Gran Bretaña, el silencio de la intelectualidad liberal es el silencio de la intimidación. Hay que evitar los asuntos de Estado como Ucrania e Israel, si se quiere conservar un trabajo en el campus o una plaza de profesor. Lo que le sucedió al exlíder laborista Jeremy Corbyn en 2019 se repite en los campus, donde los opositores al apartheid de Israel son tachados falsamente de antisemitas para desprestigiarlos.

La Universidad de Bristol despidió al profesor David Miller, irónicamente la máxima autoridad del país en propaganda moderna, por sugerir públicamente que los “activos” de Israel en Gran Bretaña y su lobby político ejercían una influencia desproporcionada en todo el mundo, un hecho sobre el que hay muchas pruebas. 

La Universidad de Bristol despidió al profesor David Miller por sugerir públicamente que los “activos” de Israel en Gran Bretaña ejercían una influencia desproporcionada 

La universidad contrató a un destacado consejero de la reina para que investigara el caso de forma independiente. Su informe exoneró a Miller en la “importante cuestión de la libertad de expresión académica” y concluyó que “los comentarios del profesor Miller no constituían un discurso ilegal”. Sin embargo, Bristol lo despidió. El mensaje es claro: no importa la barbaridad que cometa, Israel tiene inmunidad y sus críticos deben ser castigados.

Hace unos años, Terry Eagleton, entonces profesor de literatura inglesa en la Universidad de Manchester, consideraba que “por primera vez en dos siglos, no hay ningún poeta, dramaturgo o novelista británico eminente dispuesto a cuestionar los fundamentos del modo de vida occidental”.

Ningún Shelley habló por los pobres, ningún Blake por los sueños utópicos, ningún Byron condenó la corrupción de la clase dominante, ningún Thomas Carlyle y John Ruskin reveló el desastre moral del capitalismo. William Morris, Oscar Wilde, HG Wells, George Bernard Shaw no tenían equivalentes hoy en día. Entonces vivía Harold Pinter, “el último en alzar la voz”, escribió Eagleton.

¿De dónde procede el posmodernismo, el rechazo a la política real y a la auténtica disidencia? La publicación en 1970 del bestseller de Charles Reich, The Greening of America, ofrece una pista. Estados Unidos se encontraba entonces en plena transformación; Richard Nixon estaba en la Casa Blanca, una resistencia civil, conocida como “el movimiento”, había irrumpido desde los márgenes de la sociedad en medio de una guerra que afectaba a casi todo el mundo. En alianza con el movimiento en defensa de los derechos civiles, presentaba el desafío más serio al poder de Washington desde hacía un siglo.

En la portada del libro de Reich aparecían estas palabras: “Se avecina una revolución. No será como las revoluciones del pasado. Se originará en el individuo”.

Por aquel entonces yo era corresponsal en Estados Unidos y recuerdo el ascenso, de la noche a la mañana y a la categoría de gurú, de Reich, un joven académico de Yale. El New Yorker había publicado su libro por entregas, cuyo mensaje era que “la acción política y la verdad” de la década de 1960 habían fracasado y sólo “la cultura y la introspección” cambiarían el mundo. Daba la impresión de que el hippismo se apoderaba de la clase consumidora. Y en cierto sentido así era.

En pocos años, el culto al “yoísmo” prácticamente había anulado el sentido de la solidaridad, la justicia social y el internacionalismo de muchas personas. Clase, género y raza estaban separados. Lo personal era lo político y lo mediático era el mensaje. Ganar dinero, se decía. 

En cuanto al “movimiento”, su esperanza y sus canciones, los años de Ronald Reagan y Bill Clinton acabaron con todo ello. La policía estaba ahora en guerra abierta con los negros; las tristemente célebres leyes de asistencia social de Clinton batieron récords mundiales en el número de personas, en su mayoría negros, que enviaron a la cárcel.

Cuando ocurrió el 11-S, la fabricación de nuevas “amenazas” en la “frontera de Estados Unidos” (como el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense llamaba al mundo) remató la desorientación política de aquellos que, veinte años antes, habrían formado una vehemente oposición. 

El número de muertos en la “guerra contra el terror” de Estados Unidos en Afganistán, Irak y Pakistán fue de “al menos” 1,3 millones

En los años transcurridos desde entonces, Estados Unidos ha entrado en guerra con el mundo. Según un informe en gran medida ignorado y elaborado por Médicos por la Responsabilidad Social, Médicos por la Supervivencia Global y Médicos Internacionales para la Prevención de la Guerra Nuclear –estos últimos galardonados con el Premio Nobel–, el número de muertos en la “guerra contra el terror” de Estados Unidos en Afganistán, Irak y Pakistán fue de “al menos” 1,3 millones.

Esta cifra no incluye los muertos de las guerras dirigidas y alimentadas por Estados Unidos en Yemen, Libia, Siria, Somalia y otros países. La verdadera cifra, según el informe, “bien podría ser superior a 2 millones [o] aproximadamente diez veces mayor que la que el público, los expertos y los responsables de la toma de decisiones conocen y [es] propagada por los medios de comunicación y las principales ONG”. 

“Al menos” un millón murieron en Irak, dicen los médicos, o el 5% de la población. 

Nadie sabe cuántos muertos 

La enormidad de esta violencia y sufrimiento parece no tener cabida en la conciencia occidental. “Nadie sabe cuántos” es el estribillo de los medios de comunicación. Blair y George W. Bush –y Straw y Cheney y Powell y Rumsfeld et al– nunca corrieron peligro de ser procesados. El maestro de propaganda de Blair, Alistair Campbell, es aclamado como una “personalidad mediática”. 

En 2003, grabé en Washington una entrevista con Charles Lewis, el reconocido periodista de investigación. Hablamos de la invasión de Irak de unos meses antes. Le pregunté: “¿Y si los medios de comunicación constitucionalmente más libres del mundo hubieran cuestionado seriamente a George W. Bush y Donald Rumsfeld e investigado sus declaraciones, en lugar de difundir lo que resultó ser una burda propaganda?”.

Él respondió: “Si los periodistas hubiéramos hecho nuestro trabajo, hay muchas, muchas posibilidades de que no hubiéramos ido a la guerra de Irak”.

Le hice la misma pregunta a Dan Rather, el famoso presentador de la CBS, que me dio la misma respuesta. David Rose, del Observer, que había promovido la “amenaza” de Sadam Husein, y Rageh Omaar, entonces corresponsal de la BBC en Irak, me dieron la misma respuesta. El admirable arrepentimiento de Rose por haber sido “engañado” hablaba en nombre de muchos reporteros carentes de su valor para reconocerlo.

Si los periodistas hubieran hecho su trabajo, un millón de hombres, mujeres y niños iraquíes podrían estar vivos hoy

Merece la pena repetir sus opiniones. Si los periodistas hubieran hecho su trabajo, si hubieran cuestionado e investigado la propaganda en lugar de amplificarla, un millón de hombres, mujeres y niños iraquíes podrían estar vivos hoy; millones podrían no haber huido de sus hogares; la guerra sectaria entre suníes y chiíes podría no haber estallado, y el Estado Islámico podría no haber existido.

Si aplicamos esta verdad sobre las guerras depredadoras que desde 1945 han desencadenado Estados Unidos y sus “aliados”, la conclusión es sobrecogedora. ¿Se plantea esto alguna vez en las facultades de periodismo? 

Hoy en día, la guerra mediática es una tarea clave del llamado periodismo dominante que recuerda a la descrita por un fiscal de Nuremberg en 1945:

“Antes de cada gran agresión, con algunas pocas excepciones por motivos de conveniencia, iniciaban una campaña de prensa calculada para debilitar a sus víctimas y preparar psicológicamente al pueblo alemán... En el sistema de propaganda... las armas más importantes eran la prensa diaria y la radio”.

Uno de los hilos conductores en la vida política estadounidense es un extremismo sectario que se acerca al fascismo. Aunque se atribuyó a Trump, fue durante los dos mandatos de Barack Obama cuando la política exterior estadounidense coqueteó seriamente con el fascismo. De esto casi nunca se informó. 

“Creo en el excepcionalismo estadounidense con cada parte de mi ser”, dijo Obama, que expandió el pasatiempo presidencial favorito, los bombardeos, y los escuadrones de la muerte conocidos como “operaciones especiales” como ningún otro presidente lo había hecho desde la primera Guerra Fría.

Según una encuesta del Consejo de Relaciones Exteriores, en 2016 Obama lanzó 26.171 bombas. Es decir, 72 bombas cada día

Según una encuesta del Consejo de Relaciones Exteriores, en 2016 Obama lanzó 26.171 bombas. Es decir, 72 bombas cada día. Bombardeó a los más pobres y a la gente de color: en Afganistán, Libia, Yemen, Somalia, Siria, Irak, Pakistán.

Cada martes –informó The New York Times– seleccionaba personalmente quienes morirían por el fuego infernal de los misiles disparados desde drones. Bodas, funerales, pastores eran atacados, junto con los que intentaban recoger las partes de los cuerpos que engalanaban el “objetivo terrorista”. 

Un destacado senador republicano, Lindsey Graham, calculó que los drones de Obama habían matado a 4.700 personas. “A veces se alcanza a gente inocente y lo odio”, dijo, “pero hemos acabado con algunos miembros muy importantes de Al Qaeda”.

En 2011, Obama declaró a los medios que el presidente libio Muamar Gadafi planeaba un “genocidio” contra su propio pueblo. “Sabíamos…”, dijo, “que si esperábamos un día más, Bengasi, una ciudad del tamaño de Charlotte [Carolina del Norte], podría sufrir una masacre que habría reverberado en toda la región y habría manchado la conciencia del mundo”.

El presidente Obama y el vicepresidente Biden durante la misión para ejecutar a Osama bin Laden el 1 de mayo de 2011. / Fotografía de Pete Souza.

Era mentira. La única “amenaza” era la inminente derrota de los islamistas fanáticos a manos de las fuerzas gubernamentales libias. Con sus planes para un renacimiento del panafricanismo independiente, un banco africano y una moneda africana, todo ello financiado por el petróleo libio, Gadafi fue presentado como un enemigo del colonialismo occidental en el continente en el que Libia era el segundo Estado más moderno. 

El objetivo era destruir la “amenaza” de Gadafi y su Estado moderno. Respaldada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, la OTAN lanzó 9.700 misiones de combate contra Libia. Un tercio se dirigió contra infraestructuras y objetivos civiles, informó la ONU. Se utilizaron ojivas de uranio; se bombardearon las ciudades de Misurata y Sirte. La Cruz Roja identificó fosas comunes, y Unicef informó de que “la mayoría [de los niños asesinados] eran menores de diez años”.

Cuando a Hillary Clinton, secretaria de Estado de Obama, le dijeron que Gadafi había sido capturado por los insurrectos y sodomizado con un cuchillo, se rió y dijo a la cámara: “¡Vinimos, vimos, murió!”. 

El 14 de septiembre de 2016, el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes de Londres informó de la conclusión de un estudio de un año sobre el ataque de la OTAN a Libia que describió como un “conjunto de mentiras” –incluida la historia de la masacre de Bengasi–.

El bombardeo de la OTAN transformó a Libia, que era el país africano con el más alto nivel de vida, en un Estado fallido devastado por la guerra

El bombardeo de la OTAN sumió a Libia en un desastre humanitario que mató a miles de personas y desplazó a cientos de miles más, y transformó a Libia, que era el país africano con el más alto nivel de vida, en un Estado fallido devastado por la guerra.

Con Obama, Estados Unidos amplió las operaciones secretas de las “fuerzas especiales” a 138 países, es decir, al 70% de la población mundial. El primer presidente afroamericano inició lo que equivalía a una invasión de África a gran escala. 

Con reminiscencias de la Lucha por África del siglo XIX, el Mando Africano de Estados Unidos (Africom) ha creado desde entonces una red de suplicantes, entre los regímenes africanos colaboradores, deseosos de sobornos y armamento estadounidenses. La doctrina “de soldado a soldado” del Africom integra a oficiales estadounidenses en todos los niveles de mando, desde el general hasta el suboficial. Solo faltan los salacots.

Es como si la orgullosa historia de liberación de África, desde Patrice Lumumba hasta Nelson Mandela, hubiera sido relegada al olvido por la élite colonial negra sometida a un nuevo amo blanco. La “misión histórica” de esta élite, advirtió el sabio Frantz Fanon, es la promoción de “un capitalismo rampante aunque camuflado”.

El año en que la OTAN invadió Libia, 2011, Obama anunció lo que se conoció como el “pivote hacia Asia”. Casi dos tercios de las fuerzas navales estadounidenses se trasladarían a Asia-Pacífico para “hacer frente a la amenaza de China”, en palabras de su secretario de Defensa. 

No había ninguna amenaza de China; había una amenaza para China por parte de Estados Unidos; unas 400 bases militares estadounidenses formaban un arco a lo largo del borde del corazón industrial de China, que un funcionario del Pentágono describió como una “soga".

Al mismo tiempo, Obama colocó misiles en Europa del Este apuntando a Rusia. Fue el beatificado receptor del Premio Nobel de la Paz quien incrementó el gasto en cabezas nucleares a un nivel superior al de cualquier administración estadounidense desde la Guerra Fría –cuando había prometido, en un emotivo discurso que ofreció en el centro de Praga en 2009, “ayudar a librar al mundo de las armas nucleares” –.

Obama y su administración sabían que el golpe contra el Gobierno de Ucrania provocaría una respuesta rusa y probablemente ocasionaría una guerra. Y así ha sido

Obama y su administración sabían perfectamente que el golpe contra el Gobierno de Ucrania que su secretaria de Estado adjunta, Victoria Nuland, fue enviada a supervisar en 2014 provocaría una respuesta rusa y probablemente ocasionaría una guerra. Y así ha sido. 

Escribo este texto el 30 de abril, aniversario del último día de la guerra más larga del siglo XX, la guerra de Vietnam, de la que fui reportero. Cuando llegué a Saigón era muy joven y aprendí mucho. Aprendí a reconocer el zumbido inconfundible de los motores de los gigantescos B-52, que dejaban caer su masacre desde lo alto de las nubes sin perdonar nada ni a nadie; aprendí a no apartar la vista ante un árbol carbonizado adornado con restos humanos; aprendí a valorar la bondad como nunca antes; aprendí que Joseph Heller tenía razón en su magistral Trampa 22: que la guerra no era apta para personas cuerdas; y aprendí sobre "nuestra" propaganda.

Durante toda aquella guerra, la propaganda decía que un Vietnam victorioso extendería su enfermedad comunista al resto de Asia y permitiría que el Gran Peligro Amarillo del norte se extendiera. Los países caerían como “fichas de dominó”.

El Vietnam de Ho Chi Minh salió victorioso y nada de lo anterior ocurrió. Sin embargo, la civilización vietnamita floreció, notablemente, a pesar del precio que pagaron: 3 millones de muertos. Los mutilados, los deformes, los adictos, los envenenados, los perdidos.

Si los propagandistas de hoy consiguen librar su guerra con China, esto será una parte mínima de lo que está por venir. Alza la voz.

-------------

Este artículo se publicó originalmente en Consortium News. 

La traducción es de Paloma Farré.
John Pilger, nacido en 1939 en Sidney (Australia), ha sido documentalista y corresponsal de guerra.

En 1935 se celebró en Nueva York el Congreso de Escritores Estadounidenses y un segundo dos años después. Convocaron a “cientos de poetas, novelistas, dramaturgos, críticos, escritores de relatos cortos y periodistas” para debatir el “rápido desmoronamiento del capitalismo” y la amenaza de otra guerra. Fueron...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

John Pilger

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

4 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. josevht

    Lo de EEUU contra el mundo es más que una frase, es una sentencia. Y que la industria armamentística de este país su santo y seña, y que seguirá llevando la guerra con mentiras a cualquier parte (no se olviden de esto sus amigos occidentales) también es cierto. Pero lo que más me ha impresionado, es el papelón de Obama durante su mandato, y premiado con el Nóbel. Gran periodista John Pilger.

    Hace 9 meses 22 días

  2. manuel-avalos

    La verdad es que no salgo de mi asombro, todo esto de la politica, la información, la autoridad, la justicia, los parlamentos, cámaras, senados, desigualdad, pobreza, abusos, corrupción, geopolítica..., cuando he creído que no podría asombrarme más descubro que mi ingenuidad continúa siendo mayor de lejos que mi entendimiento. No es que este artículo me haya descubierto cosas que no conociera o intuyera, lo que me asombra del todo es constatar de nuevo que no había aterrizado lo suficiente, que sigo tropezando con la realidad una vez más. Pienso en todas esa personas, amigos, familia, del trabajo etc, con las que me comunico y hablamos aunque sea rozando interpretaciones distintas a la oficialmente aceptada como sondeando a ver qué nivel de profundidad puede alcanzarse en la conversación y de las que suelo salir sorprendido por la dificultad que tiene hacerse entender, cuando no molesto por tener que decidir entre dejarlo y continuar la relación amistosa o profundizar más, a riesgo de perderla incluso. Luego resulta que me descubro a mí mismo en la inopia más absoluta en cuanto al conocimiento de la realidad a mí alrededor. Es muy frustrante.

    Hace 9 meses 25 días

  3. NUBEROJA

    Pilge r es un luchador ´lúcido, valiente y comprometido, es un imprescindible. Este artículo, como toda su obra, es un alegaton contra las injusticias y la opresión y una denuncia de los criminales que las perptran.Documentado transmite compasión con los oprimidos y nos alerta del alto coste en dignidad que tiene nuestro silencio cómplice con los asesinos.

    Hace 9 meses 25 días

  4. Marcoafrika

    Probablemente el mejor artículo sobre la realidad política que vivimos, muy cercana a una pesadilla distópica que nos convierte a la mayoría de la humanidad explotada en zombis descerebrados, guiados por una élite de gobernantes psicópatas al servicio de capitalistas no menos psicópatas. No sé si estamos a tiempo de reaccionar y salir de la telaraña capitalista. Nos jugamos la supervivencia como especie en un planeta que seguimos destruyendo.

    Hace 9 meses 25 días

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí