1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

ANIMACIÓN

Dibujar en Japón, un sueño occidental

La animación japonesa tiene cada vez más filón en Europa, también en lo laboral. Eddie, Cedric y Yann son tres artistas franceses que trabajan en Japón en la prolífica industria del anime

Manuel Gare 23/09/2016

<p>Un animador japonés, en el estudio Production I.G.</p>

Un animador japonés, en el estudio Production I.G.

DANNY CHOO

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Nacieron en Europa o Estados Unidos y desde jóvenes sintieron que algo les llamaba en Japón. Una generación de artistas que en algún momento de sus vidas quedaron prendados de la cultura japonesa y decidieron adentrarse en su mundo, a pesar de las barreras idiomáticas y las diferencias en la forma de trabajar. Cada vez son más los casos en los que el sueño occidental de la animación japonesa se convierte en una realidad. Un viaje a lo desconocido que parece funcionar a quien decide emprenderlo, pero que va de la mano de un esfuerzo adicional con respecto a sus compañeros japoneses, quienes poco a poco les han ido abriendo las fronteras de una industria tan complicada como llena de oportunidades.

Francia es uno de los países europeos que más importa creaciones japonesas. Su gran mercado de licencias en lo referente al manga y anime, así como la apuesta constante por la cultura nipona, han terminado por normalizar la tendencia en el país vecino, lo que se ha traducido, también, en la exportación de talento, siendo no pocos los artistas que deciden dar el salto. Cada motivación nace de un lugar distinto, de unas aspiraciones diferentes, pero el objetivo es el mismo: llegar a trabajar en la industria de la animación japonesa. Eddie, Cedric y Yann son tres ejemplos de esto. Artistas franceses hoy consolidados, que estudiaron animación a principios de siglo y que llevan buena parte de su carrera profesional en Japón.

Eddie Mehong trabaja como animador, dando vida a cada frame, haciendo que los personajes cobren vida. Su sueño empezó con la factoría de Mickey Mouse. Para Eddie, animar en Disney era entonces su mejor opción. “También era un sueño que tenía mi madre, así que pensé que hacer su sueño realidad sería algo bonito”. Sin embargo, sus metas cambiaron. “Descubrí la animación japonesa y me enamoré de ella”, confiesa.

Cuando empezó a trabajar en Japón, llegaba desde Francia con un buen bagaje a sus espaldas: había sido director de animación, diseñador y dibujante de storyboard. “Todo eso da igual en Japón si no entiendes el proceso de producción. Así que decidí empezar desde cero”, dice Eddie. Tras ir ganando experiencia, al mismo tiempo que pasaba por varios estudios y aprendía de otros animadores, consiguió construir su propia red de trabajo y se convirtió en freelance.

Habían pasado cuatro años desde su primera incursión en la industria. Acabó constituyendo su propia empresa y actualmente realiza encargos tanto para japoneses como para estudios de fuera. “Japón necesita animadores, y les parece bien que entre más gente en la industria siempre y cuando se respeten sus códigos de trabajo”, apunta. Consciente del sacrificio que supone para un extranjero vivir y trabajar como un animador japonés, Eddie nunca ha tirado la toalla: “Quiero producir una película que demuestre que trabajar con algunos de los mejores animadores japoneses es posible. Es algo en lo que estoy involucrado ahora mismo y de lo que espero poder hablar más en los próximos meses”.

Poco dinero, aún menos horas de sueño

Cedric Herole descubrió las series de anime en televisión cuando era solo un crío. Luego llegaría el manga y un interés creciente en la cultura japonesa, que le llevaron a estudiar el idioma por su cuenta cuando apenas tenía catorce años. Al principio le atraía más la corriente del cómic nipón, pero tras estudiar en una escuela de animación 3D acabó por sentir más apego a las imágenes en movimiento. Fue en un viaje a Japón, hace quince años, cuando viendo El castillo en el cielo de Hayao Miyazaki terminó por descubrir lo mucho que le gustaban dichas animaciones.

Ahora Cedric trabaja en el proceso de animación, igual que Eddie. Cuando empezó, lo hizo en un estudio de animación 3D. “Creo que es más fácil trabajar en un estudio en Japón que se dedique al 3D en vez de producir en dos dimensiones, ya que el el estilo de animación europeo es mucho más fácil de adaptar. Además, algunas personas hablaban inglés, lo que me ayudó al principio porque mi nivel de japonés no era demasiado bueno”, explica. Fue su primera experiencia en Japón, que duró cinco años. Aunque, dice, pudo avanzar sin problema gracias a su motivación, el calendario de entregas era lo que peor llevaba: “Trabajaba una media de 12 horas al día y me quedaba algunas noches. Siempre estaba implicado en dos o tres proyectos al mismo tiempo”.

Me pasé un año trabajando 14 horas diarias, 7 días a la semana, y trasnochaba una o dos veces por semana

Cuando se pasó al estilo tradicional de animación 2D, el genga, lo más difícil para Cedric fue “convencer a los estudios de que puedes dibujar a los personajes con un estilo japonés”. Lo rechazaron en varias compañías debido a su condición de extranjero y a que su estilo era demasiado diferente. También estaba lo de su edad. “Los animadores japoneses suelen empezar a trabajar con 20 años, yo tenía 30. La única manera de convencerles era diciéndoles que hablaba japonés, algo importante ya que nadie habla inglés en la industria del 2D”, cuenta. Acabó por conseguir una oportunidad en la división japonesa del estudio francés Ankama tras un mes de prueba, donde estuvo trabajando durante un año.

“El verdadero infierno llegó con mi primer año como freelance después de aquello”, apunta Cedric. No tenía suficiente experiencia, así que tuvo que hacer un esfuerzo para seguir el ritmo a los demás y conseguir un salario en condiciones. “Me pasé un año entero trabajando 14 horas diarias, 7 días a la semana, además de trasnochar una o dos veces por semana”. Cuando aquel año llegó a su fin, colapsó. “Estuve dos días sin salir de la cama. No podía levantarme ni moverme de lo que me dolía la espalda. Me llevó varios meses recuperarme, y aún hoy me sigue doliendo”. Aunque desconoce si a los japoneses para los que trabajaba les gustaban o no sus dibujos, le reconforta saber que al menos sí valoraron su empeño y esfuerzo.

Cuando habla de su salario, Cedric evita referirse a él como algo importante. “Un buen salario no puede ser la meta en este trabajo. No nos metemos a esto, si esperamos grandes cantidades de dinero. Después de unos cuantos años en el abismo podemos ir escalando, dormir más, conseguir mejores contratos y un mejor salario”, comenta. No es un problema de discriminación. De hecho, dice que la situación es la misma para los japoneses que trabajan en animación, y que incluso si eres extranjero —siempre y cuando sepas hablar japonés— puedes tenerlo “más fácil a la hora de que sean más comprensivos con tus errores, ya que son conscientes de que no conocemos todo en la forma de pensar y hacer japonesa”.

“Una vez calculé lo que gano por horas en relación a lo que gana un trabajador a tiempo parcial de un conbini –supermercado japonés–. No me sorprendió que mi salario fuera menor. Al final de mes gano más dinero, sí, pero paso mucho más tiempo trabajando cada día”, dice Cedric, entre risas. Como cuenta, la tarifa por hora japonesa debe ser una de las más bajas del mundo: “Si queremos dinero fácil, a trabajar a un McDonalds”.

Una profesión para apasionados

Para Yann Le Gall, el interés por la animación japonesa empezó cuando estudiaba en una escuela de animación en París, hace ahora diez años. Fueron estudios como Madhouse, 4ºC o Gainax, junto a directores como Satoshi Kon, Masaaki Yuasa o Hiroyuki Imaishi, los que hicieron que su visión de la animación cambiara completamente. Lo que le llevó a dar el paso definitivo, eso sí, fue el aliento de las experiencias de otros animadores franceses que estaban trabajando en Japón. Es el caso de nombres como Thomas Romain, Stan Brunet, Christophe Ferreira o el propio Eddie: “Escuchar sus historias me inspiró y me hizo pensar que para un francés poco experimentado en la animación era posible ir a trabajar a Japón”.

Una vez allí, se encontró con un panorama complicado. “No sabía si iba a ser capaz de dar salida a tal cantidad de trabajo en unos plazos tan ajustados. Aprender japonés me resultaba abrumador. Y al enterarme de lo salarios tan bajos que tenían los animadores, lo único en lo que podía pensar era en si sería capaz de sobrevivir más de un par de meses allí”, explica Yann. Asegura que, si hubiera sido por él, “nunca habría tenido el coraje de enfrentarme por mí mismo a estos obstáculos, y trabajar en Japón habría permanecido como un sueño”.

Un buen salario no puede ser la meta en este trabajo. Si queremos dinero fácil, a trabajar a un McDonalds

Pero le sonrió la suerte, y acabó formando parte de un proyecto en el que el francés Thomas Romain estaba implicado junto al director nipón Shoji Kawamori. “Thomas quería contratar a franceses para el proyecto, así que me puse en contacto con él. Le mande algunas muestras de mi etapa como estudiante y, después de una breve entrevista por Skype, me ofreció unirme al equipo de una nueva serie llamada Basquash”, narra Yann. No hacía falta hablar japonés y el salario estaba bastante bien, así que a lo “único” que tenía que enfrentarse era a una enorme cantidad de trabajo y a llegar a tiempo a las fechas de entrega.

“Después de un año estaba agotado, pero enamorado del país y con ganas de afrontar nuevos retos, así que decidí quedarme”, dice. Continuó en el mismo estudio del primer proyecto, Satelight, lo que le permitió seguir con un salario similar. En su caso, señala, era una cantidad más que decente para vivir en Tokio y ahorrar algo de dinero. “Pasé a trabajar como diseñador, lo que significa que trabajaba principalmente en preproducción a nivel creativo. Trabajar en preproducción significa que, por lo general, tienes algo más tiempo antes de la entrega del proyecto y hay menos presión. De vez en cuando hay algunos picos de trabajo, pero nada comparable a Basquash, que fueron seis meses sin parar”, cuenta.

La peor parte, afirma, se la lleva la parte de producción. “Son los jóvenes inbetweeners (douga), animadores (genga), coloristas de fondos (haikei), encargados de composición (satsuei) y asistentes de producción (seisaku shinko). Trabajan con plazos muy ajustados, y si lo hacen como freelance, ganan muy poco dinero”, comenta Yann. Trabajar como freelance en la industria del anime significa cobrar por cada corte animado, lo que reduce considerablemente las cantidades y obliga a quienes eligen este método de trabajo a realizar una gran cantidad de encargos, lo que también afecta negativamente al producto final: la inexperiencia de animadores contratados por algunos estudios para reducir costes y poder cumplir con las entregas ha abierto recientemente el debate en Japón ante la pérdida de calidad en algunas producciones.

La buena noticia es que, con el tiempo, la situación mejora para el trabajador. “Después de dos, tres o cuatro años, tus habilidades mejoran y es más fácil que te contraten a tiempo completo en producciones que pagan mejor, como largometrajes o series de televisión de mayor calidad. Si eres rápido y no pierdes el tiempo en el trabajo, puedes tener tiempo para ti mismo, con algunos fines de semana libres y tiempo para dormir tus horas”, opina. Aunque si hay algo relevante en todo esto es que la situación no es diferente en Europa o Estados Unidos. “No importa donde vivas, la animación es un trabajo para gente apasionada. Los japoneses no son superhumanos ni masoquistas. Muchos de ellos son extremadamente trabajadores y dedicados, pero si fuera tan duro y doloroso hacer este trabajo, no lo harían. Y estoy seguro de que yo tampoco”, concluye.

Nacieron en Europa o Estados Unidos y desde jóvenes sintieron que algo les llamaba en Japón. Una generación de artistas que en algún momento de sus vidas quedaron prendados de la cultura japonesa y decidieron adentrarse en su mundo, a pesar de las barreras idiomáticas y las diferencias en la forma de trabajar....

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

5 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Marilyn chica

    Yo doy fanática de la cultura japonesa esa me encanta el anime y la dibujo me gustaría enviar un dibujó para ver si me acepta

    Hace 2 años 7 meses

  2. alfredo

    hola mi hija tiene 14 años es fanatica de la cultura japonesa hace exelentes dibujos y aprendio a hablar ese idioma, me gustaria contactartarme con alguien ,su idea es ir a vivir a japon

    Hace 2 años 8 meses

  3. dyahir

    buenas pues yo soy de Bolivia y pues acá no enseñan nada casi de anime o manga y otras mas pues quería saber si allá sabre mas que acá en Bolivia y en que lugar específicamente esta citado

    Hace 2 años 9 meses

  4. jhoel garcia

    bueno yo tengo una pregunta porque cuando leo muchos blogs y foros y las personas que emigran a japon para ser ilustradores son de europa entonces habra posibilidad que de latino america se pueda yo soy de venezuela

    Hace 3 años 5 meses

  5. Santiago

    Muy buen articulo pero si investigas un poquitín mas te darás cuenta que no sólo hay franceses trabajando en Japòn. Se me ocurre que para los españoles seria un verdadero regocijo saber que también hay compatriotas suyos trabajando - hace años y en Tokyo mismo - con directores muy talentosos que han sido nombrados en el artículo.

    Hace 5 años 2 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí