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Tribuna

El nuevo traje (partidista) del rey

El monarca ha entrado en el juego de las banderías, lejos de la neutralidad exigible para su función constitucional de arbitraje. Ello de la mano de un gobierno alejado del bien común que dice defender, pero a la postre hipotecado por sus intereses

José Antonio Pérez Tapias 4/10/2017

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El rey Felipe VI perdió la gran oportunidad de su reinado. En medio de la grave crisis que atraviesa el Estado español, renunció a jugar el papel que la misma Constitución, a la que tanto apela, otorga a la Corona para que sea quien “arbitre y modere el funcionamiento regular de las instituciones” (art. 56.1).  Esa impresión dejó el discurso real en una noche tristemente melancólica en España –menos en Catalunya, arrebatada por el entusiasmo independentista al que obviamente fue a parar la protesta por las brutales actuaciones de la Policía Nacional y de la Guardia Civil el anterior domingo, dícese que cumpliendo órdenes judiciales para impedir cualquier atisbo de referéndum en la jornada ilegalmente establecida para ello por el Parlament--. Como si este 3 de octubre de 2017 fuera la fecha señalada para un “otoño del patriarca” nada mágico, el rey entró a saco en el tema catalán, despreciando la ocasión que le brindaban los acontecimientos para realizar alguna aportación certera y eficaz buscando contribuir desde la jefatura del Estado a salir de la crisis de éste generada desde Cataluña.

Con un discurso dirigido a toda la ciudadanía española, pero que ni en el tono logró la longitud de onda adecuada --¡no estamos en un cuartel!--, el rey dejó tras sus palabras un caudaloso reguero de decepciones. Y eso que todos sabemos que en esta monarquía parlamentaria de lo que periodísticamente se llama “el régimen del 78”, el rey reina, pero no gobierna. Sus actos tienen validez en tanto refrendados por las correspondientes instancias del Estado –especialmente el gobierno-. Es decir, el discurso de Felipe VI es pasado por los filtros del gobierno del PP y aunque cabía esperar que incorporara ideas de su propia cosecha, de carácter conciliador y dialógico, nada de ello, salvo genérica alusión a la concordia, apareció en sus palabras. Cabe pensar que la presión de poderes fácticos de este país llamado España se ha empleado a fondo para que su Majestad no se ande con titubeos y apoye la política del gobierno del PP sin dejar resquicio para alguna sombra de duda. Con otras palabras: el discurso real –lejos de los días navideños en que el discurso del rey forma parte del paisaje habitual-, es, hasta con puntos y comas, copia fidedigna del discurso del PP, sin apenas margen para salir de la engañosa representación en la que se ha convertido una política al parecer aviesamente dedicada a tomar decisiones contrarias al orden constitucional que quisiera defender. El rey ha entrado en el juego de las banderías, lejos de la neutralidad exigible para su función constitucional de arbitraje, y ello de la mano de un gobierno alejado del bien común que dice defender, pero a la postre hipotecado por sus intereses. El mimetismo con el lenguaje gubernamental, de tan evidente, da pie para decir que el rey, por más que quisiera aparecer investido con los atributos de su función como soberano constitucional, en realidad estaba desnudo.

el rey, por más que quisiera aparecer investido con los atributos de su función como soberano constitucional, en realidad estaba desnudo

Descorrido el velo de la apariencia de neutralidad entre fuerzas políticas, la desnudez del rey se hizo palmaria. Sin embargo, tal desnudez ponía a resguardo de inmediato sus vergüenzas por cuanto lo ocurrido a la vez que el rey, que debiera ser de todos a tenor de lo que dice la ideología monárquica a la que se debe, quedó convertido en figura revestida con un nuevo traje. Éste no es otro que el traje popular de la derecha “española españolista” –la redundancia es obligada–, como nuevo atuendo en tanto vestidura para sus comparecencias oficiales de aquí en adelante. Un rey con un traje nuevo podría cumplir mejor sus funciones de representación del Estado y “símbolo de la unidad y permanencia” del mismo. Pero sus compromisos asumidos mediante decisiones previas –ataduras– le han impedido vestir el traje constitucionalmente asignado, perdiendo con ello el perfil institucional establecido por la “carta magna”. De suyo, con un traje nuevo “marca PP”, el rey no ha hecho sino generar un relato contrario al famoso cuento de Andersen sobre el rey desnudo. Esto es, cuando el monarca cambia el traje de la representación del Estado por el de la identificación con una parte de la ciudadanía a la que se debe, entonces la realeza que desempeña pasa de la hipocresía que denunciaba el escritor danés al cinismo, cumpliendo a su pesar lo que establecen los signos de los tiempos en los que estamos inmersos.

Puesto a desempeñar su papel según guión reescrito, el Jefe del Estado criticó duramente las actuaciones ilegales de las instituciones del autogobierno de Cataluña. No le faltaban motivos. Pero de cómo en Cataluña está el núcleo de la gravísima crisis del Estado español, por demandas no atendidas en cuanto a reconocimiento de la realidad política nacional catalana, el rey no dijo ni palabra. Se trata de un silencio clamoroso, cómplice de la nefasta pasividad al respecto de los gobiernos del PP presididos en estos últimos años por Mariano Rajoy, culpable en buena medida de la crisis institucional que padecemos. El caso es que, prescindiendo de tales premisas dadas por los hechos que han acontecido, el discurso de Felipe VI insistió en la defensa del ordenamiento constitucional, dicho en términos tales que la aplicación del artículo 155 de la Constitución para suspender el normal ejercicio del autogobierno de la comunidad autónoma queda revoloteando por encima de sus palabras dejando una sombra inquietante –hay quienes no se ahorran comentar que pueden llegar medidas aún más duras y costosas, si dicho orden lo reclama, a tenor de quienes interpreten tal necesidad-.

Si el PP y Ciudadanos, y el PSOE si se sumara a ello, tienen así reforzada cobertura, a modo de legitimación diferida, para echar mano del polémico artículo 155, lo cierto es que el rey no ha ofrecido respaldo alguno para explorar la posibilidad constitucional de un referéndum pactado, punto crucial que muchos consideramos la pieza clave para desbloquear el conflicto entre Cataluña y el Estado. Buena parte del espectro político y un significativo porcentaje de la ciudadanía piensa que si todavía se quieren buscar vías de entendimiento, aun estando anunciada como inminente la declaración unilateral de independencia por parte del Parlament, según proclama Puigdemont –bien es verdad que sería declaración conforme a la legislación espuria generada con los abusos procedimentales de todos conocidos-, la vía del referéndum pactado, como el elemento susceptible de concitar una negociación entre las partes, es la que aparece como transitable.

una apología preventiva de la “mano dura” es lo que hemos oído, sin referencia alguna ni a lo ocurrido el pasado domingo en cuanto a excesos de la actuación policial

Desde la Corona no podía dejarse de invocar la convivencia de los españoles y de apelar a la unidad de España, pero ello se ha hecho de tal manera que se puede concluir que el modo como ambas cosas se han enunciado no las favorece. Por el contrario, hay elementos para pensar que el rey, con el discurso que ha emitido y el traje que se puso, ha contribuido a incrementar el número de independentistas en Cataluña. A favor de tan negativa dirección corre lo unánimemente constatado: la palabra “diálogo” quedó ausente del discurso del monarca y para nada apareció “negociación”. Por tanto, una apología preventiva de la “mano dura” es lo que hemos oído, sin referencia alguna ni a lo ocurrido el pasado domingo en cuanto a excesos de la actuación policial, ni a lo que han supuesto las protestas contra ellas en unas calles en jornada de paro generalizado por tal motivo. Y si por una parte quedó en las palabras del rey una referencia a las lamentables expulsiones de policías de los hoteles en los que se alojaban, rechazados como fuerzas ocupantes, es indignante, por otra, la ausencia de mención alguna de los heridos por las cargas policiales, cuyas imágenes han sido motivo de escándalo internacional.

El monarca, en definitiva, falló en lo que podía esperarse de él, aunque no fuera mucho. Sus referencias en modo autoritario a la aplicación de la ley, sin aludir a la necesidad imperiosa de una democracia que se replantee las condiciones de su inclusividad a la vista de las exigencias de participación ciudadana y de reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado español, han dejado el papel del rey en muy mala posición. Tapar la precariedad de su desnudez, que al fin y al cabo es la de un Estado en crisis profunda, con el nuevo traje de una derecha retrógrada y de nacionalismo españolista antidialógico, es algo que ya está pasando factura a la Corona como institución. Trabajar por una reconstrucción del Estado sobre bases recreadas con nuevo pacto constitucional requiere otro tipo de actuaciones y de discursos, no sólo por parte del Jefe del Estado, sino también, por supuesto, por parte de los partidos políticos, de los representantes de la ciudadanía y de las organizaciones civiles. Si no sacamos esa conclusión, seguiremos retrocediendo hacia ese punto en el que todos perdemos. En ningún cielo está establecido que el Estado español, al que algunos parecen seguir atribuyendo imaginaria vocación de destino en lo universal, sea eterno, o que la unidad de la nación española, contra dinámicas que pueden acarrear su disolución, sea indisoluble per saecula saeculorum. Llega el momento, y más si por activa o por pasiva lo adelantamos, en que, efectivamente, como quedó escrito en páginas susceptibles de ser recordadas, todo lo que aparenta ser sólido se desvanece en el aire.

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Autor >

José Antonio Pérez Tapias

Es catedrático en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Granada. Es autor de 'Invitación al federalismo. España y las razones para un Estado plurinacional'(Madrid, Trotta, 2013).

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6 comentario(s)

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  1. fer

    Y para que no quepa la más mínima duda el autor de esto, se llama José Antonio.

    Hace 6 años 9 meses

  2. far

    Te ha partido el corazon ?

    Hace 6 años 9 meses

  3. Far

    Pero Fer, explicate, que deseas insaciable...

    Hace 6 años 9 meses

  4. Pepe Grilo

    ¨Cabe pensar que la presión de poderes fácticos de este país llamado España se ha empleado a fondo para que su Majestad no se ande con titubeos y apoye la política del gobierno del PP sin dejar resquicio para alguna sombra de duda." Pero..., ¿de verdad que el rey necesita que alguien se emplee a fondo con él para apoyar la política de gobierno del PP?

    Hace 6 años 9 meses

  5. fer

    No me he resistido, soy un cotilla, he leído el artículo. Efectivamente es un panfleto.

    Hace 6 años 9 meses

  6. fer

    Pero usted no era la persona que decía que el referéndum era un acto de propaganda sin que se hiciera nada para concretarlo en el mundo real, mientras recibía llamadas cifradas para ir preparando el material? Perdone las subordinadas, compartimos problemas, pero veo que no tantos. Le he leído todo durante tantos meses que diría que son años, qué bonito. Este ya no lo leo, ni los siguientes. Usted ha probado que es un mentiroso. No tiene autoridad alguna contarme que hay otros mentirosos. Molt Ben pos adeu.. o algo así no tengo ni puta idea de catalán.....ojalá. Doy mi último click en algo publicado por usted y su urna de propaganda.

    Hace 6 años 9 meses

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