1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Ausencias y extravíos (V)

Ausencia de memoria y extravío de la imaginación

Recuperar los recuerdos que nos devuelvan la identidad de seres de la tierra es un acto de resistencia que abre paso a la imaginación

Yayo Herrero 13/08/2021

<p>Fotograma de la película <em>Memento</em> (2000).</p>

Fotograma de la película Memento (2000).

Christopher Nolan

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

La memoria es la facultad de retener y recordar el pasado. Es una de las cosas más importantes que hace nuestro cerebro. Gracias a ella, los seres humanos somos capaces de adquirir y retener información de nosotros mismos, de nuestro entorno y de las consecuencias de nuestro comportamiento.

Si no hay memoria, no hay aprendizaje. 

Para que exista, trabajan distintas partes del cerebro. El hipocampo, por ejemplo, es la estructura responsable de muchas de las funciones relacionadas con la memoria y aprendizaje. Se llama así porque su forma recuerda a la de un caballito de mar. También intervienen el cerebelo, una parte del cerebro que está cerca de la médula espinal y que se encarga del aprendizaje procedimental, y el sistema amigdalino que se encuentra debajo del hipocampo. Las neuronas de las amígdalas ayudan a la codificación de recuerdos emocionales, especialmente el miedo. La asociación de recuerdos y emociones permite fijar  lo que hay que recordar.

Sin la información de las emociones, tampoco hay memoria ni aprendizaje.

Para poder memorizar, aprender y anticipar, hay que prestar atención. La atención es un mecanismo cerebral que permite priorizar los estímulos y pensamientos relevantes e ignorar los menos importantes o las distracciones. A los mecanismos neuronales que permiten la selección de lo más importante en cada situación es a lo que llamamos atención. El sistema de atención selectiva prioriza la atención de aquello que genera ansiedad, miedo o estrés para poder reaccionar ante ello. Se supone que le tenemos miedo a aquello que pone la vida en peligro.

Sin atención, no hay memoria ni capacidad de establecer prioridades. Con la atención despistada y aturullada, no hay forma de aprender y reaccionar a las circunstancias que nos ponen en riesgo.

Dicen que solo los psicópatas y los tecnócratas son incapaces de tener empatía

La palabra recordar viene del latín recordari. Significa literalmente volver a pasar por el corazón. Es volver a hacer presente, revivir, algo que sucedió en el pasado. “Recordar es imaginar”, nos dice Marina Garcés. Memoria e imaginación se ligan cuando en nuestra mente se representa algo que estaba ausente. La imaginación permite comparar el presente con el pasado para anticipar el futuro. Es una verdadera pasada cognitiva que ha permitido a los seres humanos, a partir del aprendizaje de la experiencia previa, crear colectivamente entornos más seguros y menos inciertos. 

Sin memoria, no se puede volver a pasar las cosas por el corazón, anticipar el futuro y procesar las respuestas precisas. Sin imaginación no es posible anticipar futuros deseables. 

Sin memoria e imaginación no habría lenguaje. Sin ellas no hubiese sido posible llamar hipocampo al trocito de cerebro que se ocupa de la memoria y la imaginación. Hacen falta, incluso, para nombrar lo nuevo. La creatividad es una quimera sin atención, memoria e imaginación.

La empatía también es hija de la imaginación. Gracias a la empatía nos podemos imaginar viviendo las experiencias de otros. Dicen que solo los psicópatas y los tecnócratas son incapaces de tener empatía. Los innuit de Groenlandia creen en la transmigración. Cuando alguien muere puede pasar a ser otra persona, árbol, piedra o ave. La vida es continua y horizontal. La muerte significa cambiar de forma. Es dolorosa porque a cada cual le gusta su propia forma, pero saber que después de la muerte puedes ser cualquiera, debe rebajar bastante los humos del orgullo humano y animar a tener un trato bueno hacia todo. Es una empatía extrema. Sin memoria e imaginación no hay empatía. 

Maurice Halbwachs llamó memoria colectiva a los recuerdos que guarda y a los que da importancia una sociedad en su conjunto

Mnemósine fue la diosa de la memoria en la mitología griega. Fue una de las diosas más importantes porque velaba por el don que hacía posible el pensamiento y la inteligencia. Era una de las titánides hija de Urano y Gea. Mnemosine sabía todo lo que ha sido, todo lo que es y lo que será. Otorgaba, se decía, las facultades que nos distinguían del resto de los seres vivos. La ciencia posterior ha ido colocando a nuestra especie en su sitio. Hoy sabemos que los animales tienen la capacidad de adquirir conocimiento sobre el mundo,  crear recuerdos y anticipar necesidades futuras.  Y no solo los animales, también las plantas, sin cerebro, tienen la capacidad de recordar, imaginar y aprender. 

Memoria, imaginación, sentimientos, empatía y atención. Sin ellos, no hay cuidado, ni precaución, ni moral, ni política, ni derechos. 

La memoria se escribe en todo el cuerpo. Una cicatriz es la marca que nos deja una herida o una relación; es una huella que nos queda en el ánimo. Una arruga es el dibujo que hacen miles de gestos repetidos en la cara. Cicatrices y arrugas son también depósitos de memoria que se graban en el cuerpo. 

La memoria no pertenece a un solo individuo. Siempre es social y nace de los vínculos con personas, grupos, lugares o palabras. Maurice Halbwachs llamó memoria colectiva a los recuerdos que guarda y a los que da importancia una sociedad en su conjunto. La memoria colectiva cambia constantemente. Está en permanente disputa. Lo que una sociedad considera que hay que recordar se plasma en los monumentos que hay en el espacio público, en lo que se estudia en los colegios, en las fiestas que se celebran, en las formas de relacionarse con la naturaleza y entre las personas y en las reglas que organizan la vida en común. 

También los ecosistemas tienen memoria. Reside en los ciclos que regulan el clima o el agua, en los fósiles, en las semillas, las esporas, los huevos de insecto y las bacterias, en el relieve y en los suelos o en la composición y estructura de las comunidades vivas. Decía Margalef que para conocer un ecosistema lo tenemos que analizar, igual que cuando tratamos de entender  una partida de ajedrez que empezamos a seguir una vez empezada. En el instante preciso en el que llegamos, la disposición de las figuras en el tablero son el resultado de las jugadas previas. No hay forma de jugar sin memoria para recordarlas ni imaginación para anticipar los futuros movimientos.

Imaginad el poder que se adquiere si se puede decretar qué es lo que se debe recordar. El poder autoritario proscribe el recuerdo de aquello que le amenaza

Imaginad el poder de controlar a qué se le presta o no atención. Nuestros tiempos están concentrados en pantallas que saturan los mecanismos cerebrales de la atención. Contenidos diseñados con fines que no son los de una supervivencia generalizada y gozosa. Grandes conglomerados mediáticos, estudios que calculan algoritmos para que compres más, para que votes más, para que desconfíes más, para que odies más... Muchas horas al día en las que la atención está atrapada en los estímulos que lanzan sujetos con intereses que rara vez coinciden con los que un cerebro pendiente de la supervivencia en tiempos de crisis ecosocial seleccionaría. La atención, la memoria y el aprendizaje que nacen de ellos se convierten en algo funcional al capitalismo y al poder que lo sostiene. Se desconectan de los cuerpos y de la tierra. Dejan de ser capaces de imaginar.

Imaginad el poder que se adquiere si se puede decretar qué es lo que se debe recordar y qué hay que olvidar. El poder autoritario proscribe el recuerdo de aquello que le amenaza. También de aquello que le avergüenza, de lo que es imprescindible para mantenerse pero es impresentable. Muertos enterrados en las cunetas, mujeres asesinadas por la violencia machista, personas expulsadas de la tierra, comunidades explotadas por dinámicas racistas y coloniales… La Gran Redada contra el Pueblo Gitano que decretó el Marqués de la Ensenada en 1749, el destrozo de una buena parte del litoral español durante la época de la burbuja inmobiliaria... Hechos, resistencias  y dolores que yo no conocí hasta que la memoria colectiva de las subalternas me obligó a mirarlos, a atenderlos, a aprenderlos, a imaginarlos. Sucesos que, al no ser recordados masivamente, condenan a la repetición constante y al extravío de la imaginación que los podría exorcizar.

La impunidad de la gente mala es el excremento de la mala memoria.

La contraparte de la memoria es el olvido. Un recuerdo poco repetido pierde capacidad de evocación. Un recuerdo que no adquiere sentido en la memoria no lleva al aprendizaje. La represión obliga al olvido activo. Los recuerdos reprimidos no se pierden pero no son accesibles a la conciencia. Lo reprimido, nos recuerda Freud, es el componente central del inconsciente y genera un malestar que no sabemos de dónde viene y que salta por donde menos lo esperas.

Tantas cosas olvidadas, tantas cosas reprimidas que, sin embargo, están ahí. Damnatio memoriae es una locución latina que significa literalmente “condena de la memoria”. En la antigua Roma se podía  condenar el recuerdo de un enemigo tras su muerte. Cuando se decretaba oficialmente la muerte, se eliminaba lo que recordase al condenado. Creo que hoy la damnatio memoriae opera con mucha fuerza. Se prohíbe el recuerdo de los límites, de la fragilidad, de lo común, de la confianza… Se ridiculiza a quienes lo traen a la realidad. Buscadores de huesos, cenizos, apocalípticos,  locas, atrasadas, ignorantes... 

María Zambrano hablaba del exilio interior. Esa figura del desgarro y la pérdida, donde lo vivido no se transforma en una razón capaz de mediar entre el pasado y el futuro. No queremos recordar lo que resulta desagradable y doloroso y la consecuencia es que, una y otra vez, lo repetimos. Zambrano habla de llevar al lenguaje la vida, de dar voz a lo que pide ser sacado del silencio. 

En ausencia de la memoria disminuyen las posibilidades para distinguir lo bueno de lo malo, lo útil y lo desmesurado, lo bello y lo monstruoso

Si se pierde la memoria, la imaginación se independiza de lo vivido, de la atención y de la empatía. Se extravía la imaginación y se transmuta en fantasía. Nadie como Santiago Alba Rico ha trabajado con tanta brillantez la distinción entre fantasía e imaginación. La fantasía se despega de los cuerpos y de los territorios, razona al margen de los límites y de la historia. La imaginación corre, dice Santi Alba, a ras de suelo y pasa de un cuerpo a otro. En la fantasía, el recuerdo se convierte en una mentira patológica que termina siendo creída como verdadera. En ausencia de la memoria disminuyen las posibilidades para distinguir lo bueno de lo malo, lo útil y lo desmesurado, lo bello y lo monstruoso. 

La fantasía conduce a ver reversibilidad donde no la hay. A considerar que todo puede ser reparable. Estimula la idea de posible retorno infinito a las condiciones iniciales. La fantasía da un salto mortal desde una experiencia de mierda a un futuro luminoso, posible para ti, solo, si lo mereces. Para merecerlo hay que olvidar unas cosas y recordar otras. Los monstruos de la fantasía capturan la atención, precarizan la memoria y la saturan de códigos de barras y precios. Mutilan el aprendizaje y la creatividad y los transforman en pura mecánica. La fantasía siempre llega a las mismas conclusiones. Extraer minerales, degradar energía, generar residuos, explotar seres vivos. Y, por el camino, producir dinero. A costa de lo que sea. Se califica como imbatible lo que es imposible ecológicamente e injusto socialmente. Vuelven eternamente las ampliaciones de los aeropuertos, las urbanizaciones, los complejos turísticos, la automoción, las infraestructuras energéticas y de comunicación vestidas de innovadoras y de verde. Las propuestas de siempre. Sin debate social, sin base material que las sostenga, sin asegurar bienestar para todos, ni tener otro propósito que no sea el de hacer crecer el dinero. 

La “espiral de la muerte” es un fenómeno que se produce en el mundo de las hormigas. La hormiga que marca el camino a las otras se desorienta y comienza a dar vueltas en círculos. Emite señales que llaman al resto, que comienzan a seguirla. Todas se siguen unas a otras, girando sin parar, incapaces de romper la espiral, hasta que mueren agotadas. Es una trampa mortal. Con la memoria desviada y la imaginación extraviada, la alianza del capitalismo y fantasía es también una trampa mortal. Emite señales que obligan a girar y girar en torno a los beneficios hasta que todo se agota. 

Recuperar una memoria que nos devuelva la identidad de seres de la tierra es un acto de resistencia que abre paso a la imaginación. Un futuro doloroso sin memoria, sin imaginación y sin comunidad impulsa posiciones nihilistas –para lo que me queda en el convento,  me cago dentro–, atrincheradas –me ocupo de lo mío y de los míos y me defiendo del resto–, o de escapada  –tranquilo, que algo se inventará–.

La memoria rescata. Sin asomarnos a la memoria, el pasado es un ancla que impide asomarse al futuro. La imaginación media entre la historia y el futuro y puede permitir encarrilar el deseo. La utopía permite atisbar un futuro desde un presente al que hemos llegado desde el pasado.

Los seres humanos somos capaces de plantear preguntas que comienzan con un “y si...”. Una hipótesis de investigación, una nueva receta, un poema, la creación de un centro social autogestionado, un nuevo medio de comunicación, un amor, la restauración de un ecosistema, un nuevo currículo, traer conscientemente una nueva criatura al mundo, un sindicato, comienzan con un ¿y si?

Mary Anning fue una mujer humilde que, en la primera mitad del siglo XIX, identificó correctamente el primer esqueleto de ictiosaurio, encontró los primeros esqueletos de plesiosaurios y el primero de pterosaurio que se hallaron fuera de Alemania. Tracy Chevalier cuenta la historia de Mary Anning en Las huellas de la vida. Los paleontólogos más sabios del momento querían que ella les acompañase a buscar los restos fósiles, porque, aunque eran capaces de estudiarlos una vez hallados, no eran capaces de imaginarlos en el acantilado. Había que tener imaginación y la mente muy abierta para mirar el acantilado y encontrar esqueletos de animales que no se sabía que habían existido. El nombre de Mary casi nunca figuró en los estudios que los científicos presentaban, pero sin su capacidad de mirar imaginando, nunca los hubiesen encontrado. 

Podemos pensar más allá de los confines de nuestra situación inmediata, podemos reevaluar el pasado o evocar un posible futuro. Podemos prefigurar lo que nunca ha existido. Muchas de las estructuras caducas y mecánicas se nos desmoronan porque no son capaces de imaginar. Entrenar la imaginación es una cuestión crucial para construir la confianza en un orden alternativo, deseable y realizable. Con una pierna en el orden existente  y otra en la impugnación, porque hay que salir desde algún lugar y no puede ser otro que el lugar y el tiempo en el que estamos. 

En un curso reciente, mi amiga y compañera de Ecologistas en Acción,  Marta Pascual, hizo un ejercicio de imaginación de los que ella es una maestra. Es profesora de Formación Profesional y ante la nueva ley que se está fraguando imaginaba cuáles serían las titulaciones de FP que habría que poner en marcha… “Remiendos, apaños y reparaciones”, “Calentarse y refrescarse con poca energía”, “Agroecología para periferias urbanas”, “Recuperación de saberes sostenibles para la salud”, “Minería de ciudades abandonadas”… 

¿Imagináis unas titulaciones, unas profesiones orientadas a hacer durar las cosas, a vivir con poca energía y materiales, a viajar a lo hondo, a aprender a repartir? ¿Imagináis un ocio de baja entropía? ¿Cómo se podrían organizar los cuidados? ¿Cómo se producirían los alimentos? ¿Cómo se harían seguras las ciudades y los pueblos? ¿Cómo serían los museos? ¿Cómo se afrontarían las migraciones? ¿Podemos intentar imaginar el futuro desde la suficiencia, el reparto, la precaución y el cuidado? ¿Podemos ponernos a pensar, aunque se rían de nosotras, cómo gestionar el inevitable decrecimiento material desde la justicia y la ausencia de violencias?

Los lugares en los que se conserva mayor biodiversidad son también los que conservan un mayor número de lenguas habladas

Volvemos a aprender de lo que pasa en la naturaleza. El objetivo de la restauración ecológica no es volver al pasado ni recuperar la situación original de un ecosistema. Volver al pasado es termodinámicamente imposible. Un ecosistema severamente degradado ha sufrido pérdidas netas irreversibles. Sin embargo, lo sucedido en el pasado permanece, al menos parcialmente, codificado y almacenado en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas y de los paisajes. Esa fracción de información que queda es la memoria ecológica y, a partir de ella, se pueden disparar procesos activos como los que se originaron en el pasado y se proyectan hacia el futuro. Cuando el ecologista Santiago Martín Barajas se empeñó en que el río Manzanares se podía renaturalizar, confió en la memoria y en la imaginación del ecosistema para autorrestaurarse. Acertó.

Hay una correlación entre la conservación de la biodiversidad natural y la diversidad cultural. Son mayoritariamente los pueblos indígenas, los que, a lo largo de miles de años de historia, han sabido conservar sus lenguas, la biodiversidad de sus territorios y conservan el saber hacer para sostenerse y mantenerse vivos sin destruir lo que les rodea. Los lugares en los que se conserva mayor biodiversidad son también los que conservan un mayor número de lenguas habladas. A esa conservación de conocimientos y naturaleza que van juntas, Víctor Toledo y Narciso Barrera-Bassols le llamaron memoria biocultural.

La sociedad industrial ha olvidado mucho de su patrimonio biocultural. La inyección ingente de energía y materiales, la tecnología y el alejamiento de la naturaleza han provocado un enorme borrado de información y conocimiento que ahora necesitamos recuperar o reinventar. Mucho de ese conocimiento pervive en las residencias de mayores y en los centros de día a los que acuden muchas personas mayores criadas en los medios rurales. Otro se está ‘descubriendo’ en muchas experiencias sociales de todo tipo.

Hay pueblos que han olvidado y pueblos que recuerdan. Para superar una situación de pérdida de la memoria y extravío de la imaginación tendremos que aprender de aquellos que sí recuerdan o de los que reinventan para, de este modo, poder desarrollar y poner en práctica todo el repertorio de aprendizajes y experiencias acumulados a través del tiempo que se han mostrado eficaces para la supervivencia. Se trata de hacer un reciclaje del pasado –insisto, no de volver al pasado– y ponerlo en diálogo con todo lo nuevo que podamos imaginar.

El antropólogo Ramón Sarró cuenta que aprendió de los baga de Guinea Conakry a mirar los paisajes con una doble visión: “.... a mirar un campo de mandioca y ver una selva sagrada, a ver el presente y vislumbrar el pasado.... No se trata de hacer el esfuerzo por no ver el campo de mandioca y buscar sólo la selva sagrada invisible a nuestros ojos. No, el truco consiste, de hecho, en saber ver las dos cosas, mirar con un ojo y ver a la otra con el otro, tejer el hilo del presente con el hilo del pasado.”

Un tuit de Manuel Rivas dice que el horizonte es una zona a defender. La memoria y la imaginación son las imprescindibles defensas para hacerlo. 

La memoria es la facultad de retener y recordar el pasado. Es una de las cosas más importantes que hace nuestro cerebro. Gracias a ella, los seres humanos somos capaces de adquirir y retener información de nosotros mismos, de nuestro entorno y de las consecuencias de nuestro comportamiento.

Si no hay...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autora >

Yayo Herrero

Es activista y ecofeminista. Antropóloga, ingeniera técnica agrícola y diplomada en Educación Social.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí