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Reportaje

Guerra sucia digital en la recta final de las elecciones en Brasil

Con las encuestas igualadas, Lula trata de plantar cara a las ‘fake news’ del bolsonarismo con ‘influencers’ de gran reconocimiento. Desde la primera vuelta electoral, las mentiras contra el expresidente han aumentado un 238%

Bernardo Gutiérrez 27/10/2022

<p>Material gráfico de apoyo a Lula en la página de Instagram de @designativista.</p>

Material gráfico de apoyo a Lula en la página de Instagram de @designativista.

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A principios de octubre, Felipe Neto, el influencer digital con más seguidores de Brasil, abrió un hilo en Twitter denunciando una oleada de fake news bolsonarista. “La cosa está peor que en 2018. Perdieron el miedo. Ahora es todo o nada”, escribía. Neto reveló que recibió un email con el vídeo Lula bêbado confessando, en el que el expresidente explicaba que el Partido dos Trabalhadores (PT) era “una organización criminal”. El vídeo, una tosca manipulación, sigue circulando. El rechazo a Lula ha crecido: más de un 40% del país suspende al expresidente que dejó el poder con un 87% de aprobación. Y DataFolha recorta la ventaja de Lula frente a Bolsonaro hasta el margen de error: 49% frente a 45%.

Felipe Neto es el gran fichaje de Lula para estas elecciones. Su número de seguidores es estratosférico: 44,6 millones en YouTube, 16,7 millones en Instagram y 15,2 en Twitter

Felipe Neto es el gran fichaje de Lula para estas elecciones. Su número de seguidores es estratosférico: 44,6 millones en YouTube, 16,7 millones en Instagram y 15,2 en Twitter. Si hace unos años Neto lanzaba duras críticas al PT, ahora se ha entregado a desmentir la desinformación del bolsonarismo. Por su parte, el Tribunal Superior Eleitoral (TSE) ha endurecido su postura contra la desinformación. Ha apoyado la investigación de una milicia digital que opera con dinero público para deslegitimar la democracia. Monitorea a diario las redes sociales. Ordena borrar posts. Cancela perfiles. El tribunal incluso concedió al PT el derecho a emitir 116 piezas televisivas en el tiempo oficial de la propaganda de Bolsonaro, ya que este vinculó a Lula al crimen organizado sin pruebas. Los proyectos periodísticos de verificación informativa como Comprova también han tomado fuerza.

Sin embargo, el caos informativo domina la campaña electoral. Un estudio de O Globo revela que entre los post más virales de Facebook e Instagram, las mentiras tuvieron más interacciones (9,8 millones) que las verdades (7,6). La guerra sucia está desatada. La empresa Palver, que estudia quince mil grupos de WhatsApp, ha registrado un aumento del 238% de fake news contra Lula. Si en el primer turno se registraban 45 noticias falsas por cada 200 mil mensajes, en el segundo son 152.  Felipe Neto, en su hilo de Twitter, afirma que lo que vemos es la punta del iceberg. Y denuncia una verdadera deep web bolsonarista de fake news en Telegram, Whatsapp e emails: “La creación de vídeos fake está a todo vapor de manera criminal y repugnante. Y no dejarán rastros”.

El TSE ha endurecido las reglas para poder cerrar cuentas en cuestión de horas. Los militantes de izquierda se han sumado a la guerra digital con ahínco. Proliferan grupos de Whatsapp o Telegram. Perfiles para desmentir fake news. Pero, ¿será suficiente?, ¿cuánto influirá el desorden informacional en los resultados del próximo domingo?

Partido digital

Reforzar la imagen de presidiario de Lula pasó 580 días en la cárcel, víctima de un proceso judicial ilegal es una de las estrategias de la desinformación. En muchos casos, el material hace referencia a la corrupción de Lula y/o el PT. El TSE ha llegado a prohibir la propaganda oficial de Bolsonaro, que afirmaba que Lula había sido el más votado en los presidios (los presos no tienen derecho a voto). La moralidad es otra de las grandes líneas desinformativas. Una de las noticias falsas más repetidas afirma que el PT quiere colocar baños unisex en los colegios. “Las fake news están relacionadas a valores morales y buscan que el candidato adversario meta miedo”, en palabras de Luis Fakhouri, director de estrategia de Palver. Ese tipo de contenido fluye bien en grupos de WhatsApp de amigos y familiares. Algunos influencers bolsonaristas, como Pablo Marçal, incentivan la creación de “pequeños grupos con atención individualizada”. Son “comandos” que acaban formando un “batallón”. El objetivo son los electores indecisos. Su principal munición: contenido religioso y moralista. Dios, patria, familia. WhatsApp.

Leonardo Calvano, uno de los responsables de redes sociales del gobierno del estado de Maranhão, en declaraciones a CTXT, denuncia que las fake news moralistas son una cortina de humo: “Al crear esas fantasías, se habla menos de cuestiones relevantes como la economía, un punto fuerte de Lula, que acaba perdiendo mucho tiempo defendiéndose”. Desmentir fake news consume mucha energía de la campaña de Lula. La tarea es hercúlea, pues el propio presidente lidera la desinformación.  Desde que llegó al poder, Bolsonaro ha dado 6.483 noticias falsas o distorsionadas, según Aos fatos. 4,66 fake news al día. El propio presidente repitió las mentiras prohibidas por el tribunal electoral en su última entrevista en el canal televisivo SBT. 

Desde que llegó al poder, Bolsonaro ha dado 6.483 noticias falsas o distorsionadas, según Aos fatos. 4,66 fake news al día

Marcos Nobre, uno de los politólogos más prestigiosos de Brasil, califica al bolsonarismo como un “partido digital” que también usa la política clásica. Su principal método es el atordoamento (aturdimiento). “Bombardeas a las personas de manera que no consiguen ni siquiera pensar. Se quedan aturdidas por las bombas que caen en forma de fake news y vídeos, que impiden un debate público decente”, afirma Nobre. La movilización permanente es una de las características del “partido digital” del presidente. Tiago Pimentel, uno de los investigadores de redes consultados para este reportaje, afirma que el bolsonarismo funciona en modo de campaña permanente: “La estructura de campaña de 2018 nunca fue desmontada porque el bolsonarismo necesita mantener movilizada a su base más radicalizada”. Su estrategia se redondea con la persecución judicial a medios independientes de izquierda. La Revista Fòrum se ha visto obligada a abrir una campaña de crowdfunding para afrontar varios procesos acumulados: “Fuimos procesados por Jair Bolsonaro, por Carlos Bolsonaro, por Eduardo Bolsonaro... Más de cien procesos. Es lawfare”, asegura a CTXT Renato Rovai, director de la Revista Fórum.

El escenario de 2022 ha cambiado ligeramente respecto a 2018. El control sobre la desinformación es mucho mayor. Las fake news se han sofisticado. Priman plataformas audiovisuales como Tik Tok o Kwai, más subterráneas. “El ecosistema desinformativo ha evolucionado y existen más formatos de contenido circulando. La mayoría de las informaciones están distorsionadas, pero no son necesariamente inventadas”, asegura Raquel Recuero, directora del Laboratório de Mídia, Discurso e Análise de Redes Sociais, de la Universidade Federal de Pelotas (UFPEL). Por otro lado, la escalada de la agresividad, en palabras de Recuero, es cansina: “Existe el riesgo de que la movilización constante salga por la culata. La gente se cansa”.

Imagen de la campaña de microfinanciación de doe.lula.com.br.

La reacción de la izquierda

Ante la millonaria oleada de donaciones conseguida por Jair Bolsonaro para las elecciones, la candidatura de Lula lanzó la campaña de microfinanciación doe.lula.com.br. Una imagen de Lula reposa sobre la frase “te necesitamos para combatir las fake news de Bolsonaro”. El cartel semejante al del gobierno británico de 1914 para reclutar a jóvenes para la primera Guerra Mundial remite a un conflicto bélico. El joven diputado André Janones, la gran estrella de las redes sociales de Lula, recuerda a diario que “es la guerra”. Con más de 8 millones de seguidores en Facebook, casi 600.000 en Twitter y un vibrante canal de Telegram, Janones está desquiciando a la familia Bolsonaro. Su estilo provocativo, plagado de lives, engancha a millones de usuarios. Leonardo Calvano destaca la habilidad de Janones para “especular” sin usar mentiras. Sus speculative fake news siembran dudas. Una posibilidad crece en la mente de la gente. Cuando Jair Bolsonaro divulgó un vídeo con el apoyo de Fernando Collor de Mello (presidente entre 1990 y 1992), Janones hizo un directo especulando sobre una posible participación de Collor en el gobierno de Bolsonaro. Si Collor confiscó los ahorros de millones de brasileños con un corralito, ¿qué será capaz de hacer siendo ministro? La familia Bolsonaro acudió a la justicia para tumbar los perfiles digitales de Janones. El TSE se limitó a obligarle a borrar algunos posts. El consorcio Comprova incluye algún post de Janones como “engañoso”, pero no como “falso”.

Para buena parte de la izquierda, las fake news son un límite infranqueable. Juninho Oliveira, a cargo del influyente perfil Movimento pela Democracia, afirma que no divulga fake news: “Quiero que las personas vean el contenido de mi página y confíen en su veracidad”, asegura a este medio. A pesar de ello, el informe de Palver revela que las fake news contra Bolsonaro también han crecido en WhatsApp (132 mensajes cada doscientos mil). Por ejemplo, Bolsominions Arrependidos –que ya vio cómo la justicia tumbó su perfil en Instagram divulgó esta semana en Telegram que el presidente Bolsonaro iba a indultar a Roberto Jefferson, un exdiputado que atacó con armas a la policía. Aunque con posterioridad eliminaron el post, la información falsa ya había sido compartida. “En este segundo turno, algunos perfiles influyentes en la izquierda muestran una postura abierta a usar las mismas armas de la derecha. Están consiguiendo bloquear narrativas e incluso dar relevancia a algunos discursos que interesan a la izquierda”, asegura por email Sérgio Lüdtke, del consorcio Comprova.

Pedro (nombre ficticio), fundador de una agencia que trabaja para la izquierda, confiesa que estudió los métodos creados por Steve Bannon

Pedro (nombre ficticio), fundador de una agencia que trabaja para la izquierda, confiesa que estudió los métodos creados por Steve Bannon para la extrema derecha global. Intenta replicarlos. Sin fake news. Con inteligencia de datos, publicidad segmentada y Whatsapp. Juninho Oliveira, del Movimento pela Democracia, asegura que para diseminar los contenidos de Instagram organiza “multiplicadores” en WhatsApp: “Actualmente existen diez grupos, que sirven solo para la distribución de los contenidos, sin interacción”. El método fue usado por el bolsonarismo en 2018. El profesor Rafael Olivera, de 45 años, recibe las “misiones” que Janones divulga en su grupo de Telegram. Le llegan a un grupo de WhatsApp creado por una madre de la escuela de sus hijos.

Es la guerra digital. En 2018 el bolsonarismo arrasó. En 2022, la lucha está más igualada. Los expertos consultados coinciden: la izquierda ha reaccionado. Hace unos meses, un prestigioso diseñador de São Paulo me contaba en su estudio cómo un grupo de WhatsApp había unido a personas claves de la publicidad, la cultura y la política. A diario, lanzan piezas, vídeos. Producen narrativas. Marcan el ritmo. Consiguieron recursos económicos de financiadores para defender la democracia, los derechos humanos o el medio ambiente. Y los transforman en técnicas de guerrilla comunicacional vinculados a la campaña electoral. Algunas organizaciones del tercer sector, como Nossas, han lanzado campañas para derrotar a Bolsonaro. “Estamos consiguiendo equiparar las fuerzas y dejarlos más a la defensiva”, asegura Juninho Oliveira.

El 11 de octubre Bolsonaro se reunió con los influencers cristianos, a pesar de que está prohibido por la ley electoral

Aún así, el bolsonarismo continúa fuerte en las redes. Marcos Nobre describe el efecto Janones como una “tirita electoral”, porque un partido digital es “algo que se construye a lo largo de los años”. La antropóloga Rosana Pinheiro-Machado, una de las mayores expertas en el bolsonarismo, acaba de revelar que de los 212 influencers que estudia, 187 se alinean con el bolsonarismo. “Los influencers de marketing digital, pastores, inversores, coachs motivacionales... forman un ecosistema en el que la visión política no es explícita. Por eso llegan a millones de personas que no necesariamente se identifican con Bolsonaro y con la extrema derecha. Los influencers venden la ilusión de un estilo de vida: riqueza, belleza, vida sin jefes e independencia financiera”, escribe Pinheiro-Machado. Es un apoyo sutil. No todos piden el voto. Mientras la izquierda desmiente las fake news de Bolsonaro (como Desmentindo Bolsonaro) o produce material centralizado en Lula (como Design Ativista), los influencers bolsonaristas hablan de la vida. De ropa. Del gimnasio. De comida. De emprendimientos. De videojuegos. También de religión. Jair Bolsonaro ha entendido la “influencer esfera”. El 11 de octubre se reunió con los “influencers cristianos”, a pesar de que está prohibido por la ley electoral. Dos días después, convocó a influencers de otras temáticas.

Rosana Pinheiro-Machado asegura que existe esperanza mientras elogia la performance de Lula en el programa de YouTube Flow: “Si la extrema derecha disputa las redes por medio del resentimiento, de la mentira y de la falsa promesa del enriquecimiento fácil, Lula mostró que es posible tener presencia online hablando de esperanza, valores colectivos, justicia social y dignidad individual”.

A principios de octubre, Felipe Neto, el influencer digital con más seguidores de Brasil, abrió un hilo en Twitter denunciando una oleada de fake news bolsonarista. “La cosa está peor que en 2018. Perdieron...

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Autor >

Bernardo Gutiérrez

es periodista, escritor e investigador hispano brasileño. Ha cubierto América Latina desde el año 1999, como corresponsal en Brasil la mayoría de ese tiempo. Es el autor de los libros Calle Amazonas (Altaïr), #24H (Dpr-Barcelona),  Pasado Mañana (Arpa Editores) y Saudades de junho (Liquid Books).

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