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Derecho a la vivienda

Se acabó el tiempo de los políticos

La manifestación de Madrid enfrenta al movimiento de vivienda con los partidos progresistas

Nuria Alabao 15/10/2024

<p>Pancarta en la manifestación por el derecho a la vivienda el 13 de octubre en Madrid. / <strong>Asamblea de Vivienda de Villalba</strong></p>

Pancarta en la manifestación por el derecho a la vivienda el 13 de octubre en Madrid. / Asamblea de Vivienda de Villalba

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El pasado fin de semana una gran protesta por la vivienda tomó las calles de Madrid. En El País, un medio con buenas relaciones con el PSOE, se decía que el Gobierno teme que cuaje en un nuevo 15M, algo altamente improbable. Las condiciones no son las mismas, pero además la sociedad se ha derechizado. Hoy, más que culpabilizar a los de arriba como base de un nosotros movilizado, se empieza a señalar a migrantes y okupas. Y si parar desahucios fue una de las estrategias en las que se manifestó la potencia política de esos años, ahora es una actividad altamente criminalizada. La cuestión de la vivienda es la que levantó movimientos como la PAH, que llegó a tener tanta legitimidad que permitió generar liderazgos como el de Ada Colau y otros, que después acabarían en gobiernos locales o estatales. Pero si la promesa era que se podrían solucionar problemas como el del acceso a la vivienda, la realidad ha terminado siendo otra.

Todos esos nuevos partidos apoyaron la convocatoria de manifestación en Madrid. Algunos hasta aportaron un cortejo propio, como Podemos, que fue abucheado en algunos momentos: “¡Vergüenza! ¡vergüenza!”, les gritaban. Por otra parte, es probable que por primera vez en la historia del país, partidos que forman parte del Gobierno –Sumar, Más País, Izquierda Unida– se manifiesten contra su propia acción –o inacción– gubernamental. ¿Tenían, por tanto, todos estos partidos los mismos objetivos que el movimiento de vivienda al convocar la manifestación?

Es probable que por primera vez, partidos del Gobierno se manifiesten contra su propia acción (o inacción) gubernamental

Es evidente que no. Por una parte, estas formaciones están atravesando una crisis real: mucha gente ya los ve como parte del problema y no como la solución, y por eso se muestran extremadamente necesitados de un subidón de legitimidad. El Parlamento es un mercado donde el capital político es intercambiado por sillones, pero los sillones empiezan a escasear en los partidos que rebuscan en las cuestiones que movilizan. Por otro lado, han intentado enmarcar el problema de la vivienda como parte de la batalla entre izquierdas y derechas. De esta manera, la responsabilidad de las dificultades de acceso a la vivienda recaería fundamentalmente en Ayuso, en el PP, o en Junts, que ha provocado la caída de una norma que quería regular el alquiler de temporada o por habitación. Estas formaciones también han intentado enmarcar el asunto como un conflicto con las comunidades y municipios gobernados por el PP, que se han negado a declarar sus ciudades como zonas tensionadas, un requisito de la aplicación de la ley de vivienda. Pero este intento de encasillar este problema como uno más del juego parlamentario ha fracasado: la vivienda se ha convertido en un valor financiero fundamental para sostener el capitalismo español y ningún partido se atreve a tocarlo.

“Si votas a la izquierda lo arreglaremos”, dicen, pero hace algo menos de un año todos esos partidos de izquierdas que integraban el primer Gobierno de coalición se dedicaban a ensalzar la ley de vivienda con palabras grandilocuentes. Parecía que se había conquistado la Constantinopla del derecho a la vivienda. Sin embargo, como había advertido el movimiento de vivienda, esta ley iba a servir para poco. Y así ha sido. La ley deja fuera a la mayoría de inquilinos, abandona los miles de hogares hipotecados y no incluye la obligatoriedad del alquiler social ni la recuperación de vivienda vacía, según el comunicado de PAH Vallecas. “Partidos progresistas, cómplices de los rentistas”, se coreaba también en la manifestación.

Más Madrid aprobó algunos de los grandes pelotazos urbanísticos, como la Operación Chamartín, cuando integraba el gobierno de Carmena

Por su parte, otra de las formaciones convocantes, Más Madrid, aprobó algunos de los grandes pelotazos urbanísticos, como la Operación Chamartín, cuando integraba el gobierno de Carmena. A pesar de que en todo el país hay unos 3,8 millones de viviendas vacías, una de las soluciones que proponen los partidos progresistas es apostar por la vivienda para alquiler “asequible” mediante una colaboración público-privada. Curiosamente, en esta medida coinciden tanto con la derecha como con el propio sector de la construcción, que ha encontrado una manera de edificar con créditos preferentes o avalados por el Estado y asegurar el pago de los inquilinos –que también está garantizado por las instituciones–, para, en unos años, recuperar las viviendas para el mercado libre. En los negocios se conoce a eso como hacer un win-win.

“Los gobiernos de derechas e izquierdas no quieren acabar con el negocio inmobiliario, sino defender los intereses de los rentistas: sostienen los precios con ayudas al alquiler y la hipoteca, subvencionan a los propietarios con exenciones fiscales y a las constructoras con acuerdos de construcción de vivienda ‘protegida’. La ley de vivienda no nos sirve para bajar los precios”, decía el manifiesto del bloque crítico de la manifestación firmado por buena parte del movimiento de vivienda –no el oficial, que llevaba la rúbrica de los partidos y los sindicatos mayoritarios–.

Quiénes son los rentistas

Si bien las soluciones al problema de la vivienda son complejas, las propuestas de Sumar y Podemos de estos días se basan casi únicamente en prohibir a los fondos de inversión la compra de inmuebles en zonas tensionadas. “Las casas son para vivir, no para especular”, dice Podemos, ¿pero quién especula? Parece que para estos partidos es más fácil señalar a un malo reconocible al que se pueden oponer sin consecuencias –los fondos buitre– que asumir la realidad del mercado de alquiler en España, que, como explica Pablo Carmona, sigue siendo un país de propietarios. El 92% de las viviendas en alquiler pertenecen a pequeños propietarios y a particulares, mientras que solo un 8% se encuentra en manos de grandes tenedores, como fondos de inversión y otras personas jurídicas, según datos del Banco de España. Pese al crecimiento del poder de estos fondos a la hora de modelar precios, son estas clases medias propietarias “las que hacen que sea tan difícil mover los intereses legislativos y políticos hacia otras posiciones que no sean la defensa de estas mayorías” y lo que dificulta las políticas públicas contra la especulación, señala Carmona. Los propios señores diputados nos sirven aquí de ejemplo: si se examinan sus declaraciones de bienes, el 20% de ellos dice obtener ingresos por alquileres, en su gran mayoría de viviendas –cifra similar al porcentaje de ciudadanos en España que reciben rentas por el mismo motivo–. Los rentistas somos la clase media, que sabemos –o creemos– que invertir en vivienda es un refugio seguro de alta rentabilidad.

Por tanto, ponerle el cascabel al gato implica atacar esta realidad, que a menudo se esquiva porque resulta altamente incómoda. Por ejemplo, en la ley de vivienda, que ni siquiera se está aplicando en la mayoría de comunidades, las limitaciones mayores se imponen a los “grandes propietarios” –más de diez viviendas o cinco en zona tensionada–. Por su parte, Pablo Iglesias defendió en su día que las medidas especiales promulgadas durante la pandemia, para proteger a los inquilinos en situación de impago, no afectasen a los que pagaban sus rentas a pequeños propietarios.

Serían necesarias medidas más “osadas” que, por ejemplo, aumenten impuestos sobre las rentas obtenidas por el arriendo 

Lo cierto es que serían necesarias otras medidas más “osadas” que, por ejemplo, aumenten impuestos sobre las rentas obtenidas mediante el arriendo –que actualmente tributan menos que el trabajo–. Medidas que, sin duda, quitan votos también a los partidos de izquierdas. El pueblo propietario no es necesariamente de derechas.

Por su parte, la lectura generacional que se está haciendo estos días –el acceso a la vivienda es un problema de los jóvenes– sirve para ocultar a otros segmentos sociales a los que afecta especialmente: a los migrantes, personas con trabajos precarios o perceptores de rentas mínimas. Esos que están en boca de los partidos progresistas a la hora de pedir el voto, pero cuyos intereses se ven escasamente reflejados en las medidas que propone la izquierda. Entre rentistas de clase media –que votan casi siempre– o inquilinos empobrecidos y precarios –poco motivados para participar en elecciones–, los partidos han elegido el primer bando.

La captura parcial de los movimientos por parte de los nuevos partidos –llenos de compañeros que venían de militar de esos mismos espacios– y la identificación con el Gobierno de estos últimos años –la tendencia a no criticar o a fiar buena parte de la acción política a hacer incidencia en las instituciones– puede estar llegando a su fin. Algunas convocatorias para parar desahucios tienen las caras del presidente, la vicepresidenta Díaz y la ministra de Vivienda. El Sindicato de Inquilinas dice que “se acabó el tiempo de los políticos” y tampoco distingue entre “rentistas buenos y malos”, sino que propone una huelga de alquileres capaz de forzar una bajada del 50% en los alquileres –algo parecido están haciendo ya cuando organizan impagos de inquilinos de bloques que pertenecen a fondos–. Otros colectivos por la vivienda dicen que “sin medidas radicales, la vivienda no dejará de ser un negocio”. Piden el repudio social de los alquileres como inversión; reducir los precios de venta y limitar los intereses hipotecarios; un aumento del parque de vivienda 100% pública –que incluya las viviendas de la SAREB y los bancos rescatados–; la prohibición del alquiler turístico y la desjudicialización de los conflictos relacionados con la ocupación de viviendas vacías, entre otras medidas.

Al día siguiente de la movilización que aunó al movimiento de vivienda y a los partidos –y todas sus contradicciones–, las fuerzas progresistas ocupaban todos los medios posibles. El presidente Sánchez anunciaba dos medidas que apenas pasan del gesto: la renovación del bono de 200 euros para ayudar al alquiler a jóvenes y un reglamento para perseguir el fraude en los alquileres de temporada. En el lado opuesto, el Sindicato de Vivienda de Carabanchel paraba otro desahucio –sin el concurso de ningún político progresista–. “La verdadera tarea política pasa por construir el enfrentamiento entre desposeídos y propietarios, hacerse cargo de que la ocupación es la única salida viable para una parte de la población y que nuestra labor pasa por organizar políticamente el impago que se produce y se producirá en esta o futuras crisis en alquileres e hipotecas”, señalaba Pablo Carmona en otro artículo.

Estos dos proyectos son los que había dentro de la manifestación del 13 de octubre, y son incompatibles.

El pasado fin de semana una gran protesta por la vivienda tomó las calles de Madrid. En El País, un medio con buenas relaciones con el PSOE, se decía que el Gobierno teme que cuaje en un nuevo 15M, algo altamente improbable. Las condiciones no son las mismas, pero además la sociedad se ha...

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Autora >

Nuria Alabao

Es periodista y doctora en Antropología Social. Investigadora especializada en el tratamiento de las cuestiones de género en las nuevas extremas derechas.

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7 comentario(s)

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  1. pablogmedi

    Que las movilizaciones sociales muestren rechazo a la clase política es normal y sano. Los abucheos van en el sueldo. Un artículo, en cambio, puede diferenciar niveles de crítica y dar mucho contexto (nunca mejor dicho). Los y las políticas NO hacen activismo mientras forman parte de las instituciones, o no debieran creo yo. En este saco incluyo también a Pablo Carmona, que siendo concejal de Ahora Madrid también formó parte del problema de la vivienda (si seguimos la lógica de la autora). Entiendo que se busquen otras lecturas de las movilizaciones por la vivienda, pero con esta clase de artículos se corre el riesgo de que nos alejemos de la política y que despreciemos la buena voluntad de la gente que quiere representarnos (aunque no estemos al 100% de acuerdo con sus planteamientos, discursos o programas).

    Hace 2 días

  2. manuel-ruiz

    Interesante artículo, que casi me convence de que todxs lxs inquilinxs, propietarixs de viviendas, políticxs, periodistas, investigadorxs, colores del arco iris,... son iguales. Con un par de artículos más de este tipo podría acabar convencido, e incluso que apagase y ...

    Hace 2 días

  3. Fernando

    Hace unos años, Pedro Sánchez dijo que las propuestas de Podemos "no eran realizables porque era un intervencionismo de mercado que ponía a los propietarios en una situación complicada".

    Hace 3 días

  4. Fernando

    Que una investigadora tome como fuente a Infobae, propiedad del ultraconservador argentino Daniel Hadad, es patético. En la Comunidad Autónoma donde vivo, muy tensionada turísticamente, las representantes de Podemos -hasta donde pueden-, no han dejado de plantear el problema y buscar soluciones con respecto a la vivienda. Sin el concurso de las Instituciones públicas será muy difícil solucionar esto.

    Hace 3 días

  5. jesus-cabra-duenas

    Estimada Nuria Citas unos datos atribuidos al Banco de España sobre la distribución de pequeños y grandes propietarios (92/8%) de la vivienda en alquiler. Creí haber leído datos diferentes en otra parte pero sin seguridad. El enlace que aportas a modo de cita no lleva al BE sino a un diario digital, infoBAE, de propiedad argentina y que ha sido acusado de difundir fake-news (tómese con prudencia, la fuente es wikipedia) Me gustaría una aclaración sobre le veracidad de estos datos. Pero lo que me ha animado a escribir, más que lo dicho, es que enlaces a un diario digital dudoso pareciendo que enlazas al BE. En CTXT se trata de actuar contra la desinformación. Soy lector, suscriptor desde los primeros tiempos y colaboro en lo que modestamente puedo, y me gustaría seguir haciendolo…Soy consciente de que es una anécdota mas que la norma pero responder a la exigencia de los lectores os hace más creíbles. Saludos y ánimos 

    Hace 3 días

  6. gerardo

    No deja de ser curioso, y ciertamente decepcionante, que haya un indisimulado intento comparativo entre el pelotazo urbanístico de la llamada Operación Chamartín y la actuación de Podemos en el ámbito de la vivienda o declaraciones de Pablo Iglesias respecto de este gravísimo problema social. Una conclusión provisoria sería que la llamada prensa progresista tampoco puede vivir sin Podemos como antes tampoco pudo vivir con él. Una lástima.

    Hace 3 días

  7. pipe49

    El sectarismo e infantilismo izquierdista de la Sra Alabao le hace ver una realidad paralela sui generis y su animadversión hacia Podemos es para que se lo haga mirar. Podemos con su minoría parlamentaria y su exigua participación en el Gobierno consiguió arrancar al Psoe la Ley de vivienda y frenar los desahucios sin alternativa habitacional. Además, es el partido de izquierdas que más ha luchado por este derecho humano en nuestro país, cosa esta que saben hasta las piedras.

    Hace 4 días

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