1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Juan Antonio R. Carratalá / Catedrático de Literatura española

“Hemos inventado un franquismo sin franquistas”

Esteban Ordóñez 19/10/2016

<p>El profesor Juan Antonio Ríos Carratalá.</p>

El profesor Juan Antonio Ríos Carratalá.

Antonio Ríos Vila

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

---------------------------------
CTXT ha acreditado a cuatro periodistas --Raquel Agüeros, Esteban Ordóñez, Willy Veleta y Rubén Juste-- en los juicios Gürtel y Black. ¿Nos ayudas a financiar este despliegue?

---------------------------------

Juan Antonio Ríos Carratalá (Alicante, 1958)  investiga y escribe libros que abordan la memoria histórica con honestidad, bordeando todo lo que huela a pastiche o a mito mediante datos y pruebas. Es catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante. Habla de cultura, de literatura, de periodismo, siempre tomando distancia y con humor. Sus libros están plagados de datos y referencias bibliográficas, pero cada página está lubricada con una buena carga de ironía. En su último título, Nos vemos en Chicote. Imágenes del cinismo y el silencio en la cultura franquista, recorre la historia de la represión de los periodistas después de la Guerra Civil. Como figura central, que sirve para expresar cómo la dictadura se fundamentó en la “banalidad del mal”, aparece Manuel Martínez Gargallo, humorista que después de la guerra se dedicó, en funciones de juez, a reprimir a los que antaño habían sido sus compañeros de profesión y de tertulia. Como dice, nos hemos inventado un franquismo sin franquistas que ha cuajado como relato, pero que resulta insostenible desde el punto de vista académico, o sea, con las pruebas en la mano: “Ese loco (Franco) estaba ahí porque había varios millones de locos como él”.

¿Hemos mitificado nuestra historia reciente?

Cuando te dedicas a escarbar en documentación, en expedientes de todo tipo, siempre acaba apareciendo la antítesis de cualquier proceso de mitificación. La ficción te conduce a presentar de forma más presentable la historia; la realidad, no. La realidad acaba siendo bastante triste y una suma de intereses, a veces muy pedestres, que son los que justifican situaciones históricas como el franquismo. Por ejemplo, la represión que se llevó a cabo fue muchas veces por cuestiones personales de escaso calado político o ideológico. No pensemos que los represores eran personajes excepcionales. En cuanto investigas, te das cuenta de que eran tipos que tenían sus historias personales cutres, y al mismo tiempo curiosas y paradójicas como es el caso de Martínez Gargallo. No creo que haya muchas evoluciones como la suya, de humorista de prensa a juez represor de la prensa. 

La represión que se llevó a cabo fue muchas veces por cuestiones personales de escaso calado político o ideológico

En el libro, habla de la retórica y la solemnidad que reinaba hasta el hastío en la cultura del régimen. ¿A qué respondía esto?

Cuando en clase tengo que explicar la cultura del franquismo digo: hay una pelea entre franquistas y quienes no comulgaban al 100% con el régimen. La pelea es: ¿introduzco o no introduzco la realidad? La cultura franquista es la negación de la realidad porque si la cuentas, no la controlas tanto. Entonces crean una realidad alternativa en el cine, en el teatro. Una anécdota que siempre se menciona: nunca hubo tantos mayordomos en el cine como en los años 40, las historias se desarrollaban en mansiones aristocráticas donde nadie trabajaba. Igual que el cine de teléfonos blancos de la época de Mussolini. Se usaba la retórica aplastante. Sólo no ser retórico en el lenguaje era ya una forma de oposición. 

Había intelectuales que apoyaron el franquismo, ¿qué pasó, de repente perdieron el oído para detectar la ñoñez? 

El régimen tuvo sus familias, era heterogéneo. Y también en lo cultural. Sí que había gente que era consciente de que aquello era ñoño, ridículo, cursi. Suelen coincidir con los que hemos rescatado desde la historia, la otra generación del 27, Edgar Neville, Jardiel Poncela, son personas que se identifican políticamente con el régimen, o que más bien hacen un pacto, tienen un semioasis de libertad vigilada, pero te das cuenta de que ellos no se creen nada de lo que están viendo, y sus obras, en la medida de lo posible, se separan de esa ortodoxia. Pero había gente que sí lo creía.

¿Intelectuales también?

La cultura franquista es la negación de la realidad porque si la cuentas, no la controlas tanto

Tú lees los libros de historia y parece que todos desde un punto de vista intelectual estaban contra Franco.

Sí, claro, ¿pero por qué estaba ahí?

Estaba porque había gente que lo apoyaba. Somos tan geniales que hemos inventado un franquismo sin franquistas.

¿Y cómo ha podido colar esa idea?

Por necesidad. Por ejemplo, ahora mismo, el Gran Wyoming: cada vez que saca a Franco en una caricatura está ayudándonos a exculparnos porque nos permite pensar que era un loco el que estaba ahí, pero que nosotros no podíamos ser tan locos como él. Entonces concentramos las culpas en ese personaje. Si empiezas a decir: ese loco estaba ahí porque había varios millones de locos como él detrás, entonces tú o tus familiares seríais responsables también. Eso inquieta. Mientras que si encontramos a alguien en quien concentrar todos los males, nos tranquilizamos. 

Como Arias Navarro: ha quedado como la imagen del llorica, pero a la vez es un personaje en el que se ha indagado poco.

Claro. Ha desaparecido su expediente. Hay un montón de expedientes que han desaparecido, uno de ellos, el suyo. Con él igual, si tienes a un personaje caricaturizado, exagerado y le achacas a él todos los males, aparece un monstruo absurdo, pero desconectado de nosotros. El problema es el monstruo que se llama Martínez. 

Hay un montón de expedientes que han desaparecido, uno de ellos el de Arias Navarro

¿Cómo era el trabajo humorístico de Martínez Gargallo? ¿Era bueno?

Buenísimo. Si hubiera seguido, habría prosperado. Estaba en el círculo de Jardiel Poncela. Ellos comían y bebían juntos. Madrid era pequeñito y él se movía en esos círculos, de hecho, estudiaban juntos, aunque por clase aparecían poco. Eran señoritos de la época de la República.

¿Cómo se produjo esa deriva hacia convertirse en represor? ¿Tenía alguna característica que le empujara?

Hay un dato, que no doy en el libro porque no deja una huella documental, pero creo que era homosexual.

Lo deja caer cuando cuenta que el hermano de Joaquín Sama dijo: "Si baila mi hermano, bailamos todos", cogiendo a Gargallo de la cintura...

Sí, porque la hija de Sama habló conmigo y me contó lo que debía contar su padre, y tengo varios testimonios que coinciden. Él nunca lo confesó, claro. Aunque todos los que le conocían lo dicen. Lo que ocurre es que en aquella época se tuvo que casar para disimular. En aquella época era imposible un juez que llega a un pueblo y está soltero. Así que se casa, se saca una oposición y a partir de ahí tiene que renunciar a su faceta humorística, tiene que reformarse socialmente y lo hace a través de la carrera judicial.

Pero es curioso que no abordaba los casos con piedad. El humor por naturaleza relativiza, y él, como juez, hacía lo contrario: llegaba a cambiar una pena de cárcel por una petición de condena a muerte.

Los represores siempre reprimían más de lo que les pedían. Azcona lo contaba con mucha gracia: "Ellos, por si acaso se equivocaban, añadían". Te podían cuestionar al restar, no por añadir. Los únicos que restaban eran aquellos que tenían tanta seguridad que podían permitirse el lujo. Millán Astray era amigo íntimo del escritor Diego San José y consiguió que Franco no firmara su sentencia de muerte. ¿Por qué? Porque nadie le va a decir al ‘ilustre mutilado’, oiga, usted es dudoso. Estaba por encima del bien y del mal.
¿Y Martínez Gargallo qué tenía siempre detrás de la oreja?: "Y si alguien se acuerda de quién era yo en los años 30, y si alguien se acuerda de los bailes a los que iba y de con quién salía y a qué cafés". Estas personas son las que se convierten en los máximos represores. En el régimen nazi, los que más judíos matan son aquellos que tienen la posibilidad de ser vinculados con los judíos. Esos se exceden. Ocurre por la fe del converso y para que no rasquen en el pasado.

Los represores siempre reprimían más de lo que les pedían. Azcona lo contaba con mucha gracia: 'Ellos, por si acaso se equivocaban, añadían'

La escuela de periodismo de El Debate era una pieza fundamental…

El Debate era escuela de golpistas. En la República no había demasiada libertad de prensa, pero sí había prensa claramente alineada con posturas de apoyo a la Sanjurjada del 32... El Debate era ultracatólico. La escuela era buena, es la base que permite la formación de periodistas durante el periodo del franquismo, pero en esos años (de la República) hicieron una labor de oposición radical, golpista. De allí vienen varios de los que luego participan en el Movimiento de Franco. Algunos lo pagaron, hay varios fusilados también. Esta escuela sentó las bases de la formación en periodismo. Intentaron formular la carrera de periodista al margen de lo que era la tradición, o sea, el ponte a escribir y búscate la vida. Sentaron esas bases con unos parámetros tremendamente conservadores, aunque de calidad.

¿Los grandes periodistas de la Transición venían de esta escuela? ¿Llegó algo a la democracia?

Cuando escribí este libro pensaba que la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) se iba a interesar mucho, porque aparecía en el centro de la cuestión, la sede de los juzgados  de represión estaba en el edificio de la APM. Pues no se interesaron, todo lo contrario. Porque de los 40 hasta los 70 prácticamente está la misma gente dirigiendo la asociación. Llegan al final del franquismo. Y hace pocos años salió la historia de la APM en varios volúmenes y este episodio ocupa un párrafo. Si rascan, verán cómo la Asociación de la Prensa de Madrid fue un órgano de la represión de la profesión. A Martínez Gargallo lo eligen porque conocía a todos los ‘sospechosos’, y él ubica el juzgado ahí por una razón muy sencilla: tenía las fichas de todos. Para qué iba a estar yendo y viniendo. La Asociación también participó en la tarea de depuración: todos los periodistas tuvieron que pasar por ahí. ¿Cómo puedes decir que estás defendiendo una profesión si a la vez la estás reprimiendo? Es un episodio muy triste y pasan por él de puntillas. El  único que me apoyó fue Miguel Ángel Aguilar, que se interesó mucho por la historia, pero la APM como tal no quiso saber nada.

La APM también participó en la tarea de depuración: todos los periodistas tuvieron que pasar por ahí

¿Esto ha lastrado el ejercicio del periodismo que nos ha llegado hasta hoy? La prensa internacional ha calificado en alguna ocasión a España como un país con problemas en la pluralidad mediática y en libertad...

Claro. Todo colectivo debe purificarse, y eso supone enfrentarte a tu propio pasado. No se trata de condenar a nadie, sino mirar qué éramos en los 40 y en los 50. En este país, hasta hace unos pocos años, el premio más importante para un periodista era el Premio González Ruano. ¿Pero sabemos quién es González Ruano? Es un tío que lo meten los nazis en la cárcel por ser más bestia que los propios nazis. En París, él trafica con judíos, les cobra para que salgan hacia España y de ahí a Latinoamérica. Les cobra y en Andorra los espera y los mata. O sea, estaba conchabado con gente de Andorra que se encarga de cargarse a los judíos. Y la Gestapo lo detiene por delincuente común. González Ruano era íntimo amigo de Martínez Gargallo, es un personaje éticamente deleznable. Es verdad que escribía bien, ¿pero tú puedes dar en democracia un premio de periodismo con el nombre de este tipo? Una profesión de investigación, de sacar los colores a cualquiera, y van todos contentos a recibir ese premio. Y nadie pregunta quién es... En realidad, este libro (Nos vemos en Chicote) tendría que haberlo escrito un periodista. La prensa no era gente aliada con el franquismo, era el franquismo.

El BOE publicó unos requisitos para ser periodista, ¿no? ¿Qué pedían?

Fidelidad absoluta, ausencia de antecedentes... Gente que hacía el parte meteorológico o que hablaba de deportes, tenían también que enmendarse... Algunos que fueron apartados de la profesión se hicieron perdonar y al cabo de 10 o 15 años salían en el ABC con otro nombre, sacando temas con poca relación con la política...

¿Hubo muchos que renunciaron, aun a riesgo de muerte, a adherirse al régimen?

Escritores como Miguel Hernández son la excepción que confirma la regla. Otros se sometieron porque, como es normal, querían sobrevivir. La gente cuando siente el peligro de prisión o la amenaza de ser fusilado, quien más y quien menos hace lo que haga falta. Había incluso una revista que se llamaba Redención donde si colaborabas, te quitaban pena. Y algunos colaboraban con Redención después de haber colaborado en Mundo Obrero. Eso es lógico, pero tampoco te garantizaba nada. El caso de Bluff, publicó en Redención, pero hay un dibujo que no gusta y por eso lo condenan a muerte en Valencia. 

¿Qué tenía el humor que tanto les sangraba?

La gente cuando siente el peligro de prisión o la amenaza de ser fusilado, quien más y quien menos hace lo que haga falta

Era el humor que ellos mismos cultivaban. Por ejemplo, La Traca es paralela a una revista que se llamaba Gracia y Justicia. No sabemos cuál es más satírica y de humor más grueso. La única diferencia es que unos van contra la derecha y otros contra la izquierda, pero son vidas paralelas, se retroalimentan. Lo que pasa es que al director de Gracia y Justicia lo convierten en un mártir de la causa, y a Carceller y a Bluff los fusilan. ¿Qué habían hecho? Lo mismo, pero con objetivos contrapuestos. No es una cuestión de humor, sino de a por quién va ese humor. La Traca molestó mucho porque triunfó. Se vendía como rosquillas. 

¿Cuánto hemos mitificado las tertulias del Café Gijón? ¿Cómo era realmente el ambiente?

Sí, sí... Azcona decía que para la gente de provincias el Gijón era inaccesible. Era la tertulia literaria más importante de la posguerra, pero estaba fuera del alcance de gente no tan asentada en el régimen. Gargallo iba allí porque sus amigos eran de letras, eran personas cultas. Entre ellos había algunos condenados, y no pasaba absolutamente nada. Buero Vallejo contaba que él conocía a quienes le condenaron a muerte, y que a veces coincidían...

¿Y cómo lo soportaban?

¿Qué quieres que haga Buero Vallejo? ¿Y qué hace el otro? El otro, como cualquier verdugo, se crea un personaje. Un verdugo lo es en la medida en que él no es consciente de quién es. No puedes salir a la calle siendo un verdugo de forma absolutamente consciente. Tú no puedes salir a la calle siendo un corrupto de forma absolutamente consciente. Lo que hace esta gente es crearse una coartada mental, un personaje alternativo, y al final se lo creen. Ellos se amparan en su situación de funcionario: firmé lo que tenía que firmar y apliqué lo que tenía que aplicar y ya está. 

Tú no puedes salir a la calle siendo un corrupto de forma absolutamente consciente

Da la impresión de que cualquier dictadura consigue fabricarse en último término una suerte de impunidad moral...

Sobre todo cuando una dictadura es tan larga. Penetra tanto en la sociedad que esa sociedad no está dispuesta a rascar porque si rasca se encuentra ante un espejo. Qué pasó con la impunidad en la Transición, se habla de un pacto de silencio, pero ahí no se firmó nada, ni siquiera hubo una reunión para no hurgar... Lo primero es que la gente no quería buscar, salvo unos pocos que se desvincularon siempre de la corriente. No querían arriesgarse porque si lo llegan a hacer, cuántos Martínez habrían aparecido. Y esto, con diferentes grados, pasó en Francia. Allí no se hablaba abiertamente de colaboracionismo hasta los años 70. Todos eran de la resistencia. En Italia, todos están convencidos de que ganaron la guerra porque estaban con los aliados al final, pero al principio qué. Y en Alemania también hubo silencio hasta los 60. ¿Por qué empezaron en esos años a preguntar? Pues porque antes no se atrevían.

¿Hace falta una desconexión generacional?

Ya son los nietos los primeros que se atreven a preguntar. Los hijos no porque da miedo encontrarte a energúmenos en tu familia. 

En el bar Chicote había licencias morales a cambio de silencio, ¿qué locuras hacían?

La prostitución estaba permitida, es algo que pocas veces se cuenta. Allí había prostitución de lujo y había tráfico de estraperlo y tráfico ilegal de penicilina. Cuando no circulaba penicilina, en Chicote sí lo hacía. Hubo gente que se hizo millonaria trayendo del extranjero penicilina. También se traficaba con droga. Y Chicote salía en el No-Do y lo ponían como un tío simpático, dicharachero: aparecía también en el chotis este de Madrid, Madrid. Él forma parte del imaginario más costumbrista, pero había de todo. 

¿Qué tipo de público acudía allí?

Los que tenían mucho dinero. La otra generación del 27 sí que iba: ellos ganaron mucho con el cine y con el teatro. Les fue bien y podían permitírselo. Era un sitio caro. Allí te encontrabas con el poder. Toda dictadura, aunque se llamara nacionalcatolicismo, sabe que la gente de cintura para abajo sigue existiendo y tienes que encontrar sitios de escape. ¿Tú puedes irte a echar un polvo con una puta?, sí, pero aquí. ¿Puedes drogarte?, sí, pero aquí. Todo eso estaba permitido desde el momento en que no se democratizara. 

Toda dictadura, aunque se llamara nacionalcatolicismo, sabe que la gente de cintura para abajo sigue existiendo y tienes que encontrar sitios de escape

Camilo José Cela también hizo sus pinitos como delator, ¿no?

Claro, eso está publicado. No sólo era colaborador de la censura. También salió una carta en la que al fin de la guerra se ofrecía a colaborar con la censura y a delatar. Era una forma de buscarse un hueco en esa época. En el archivo de Alcalá de Henares hay un montón de cartas de gente que se ofrece a este juego. Los consejos de guerra están llenos de delatores. En el libro cuento un caso: uno que tuvo varios líos de faldas y para resolverlos se puso a delatar. Y la verdad es que se las quitó de encima. O gente que lo hacía para quedarse con un negocio o con una casa.

Ahora parecería imposible asumir la carga moral de delatar en falso a alguien y entonces se hacía para cosas tan mundanas... ¿Cómo se podía llegar a esos niveles?

Hay un caso de un zarzuelero que estaba en Madrid durante la guerra y, ya en la posguerra, llegó a meter a todos los autores de zarzuelas  que quedaban en la cárcel, hasta el de la Rosa de azafrán acabó en la cárcel, y él tío pensaría: me quedo yo de zarzuelero oficial del régimen. La gente que delataba por cuestiones políticas era una minoría. Hay momentos, incluso, en los que los oficiales que tramitan el consejo de guerra se dan cuenta.

Es lo perfecto para que crear un país de gente ruin...

¿Cuál era el vicio mayor que tenía Franco? Tomar Fanta. Tenía mucho azúcar en la sangre porque bebía 15 o 20 Fantas cada día

Una dictadura se basa en que la gente ruin tenga intereses coincidentes con el régimen. No hay nada que una más que los intereses comunes. Una dictadura no puede imponerse machacando a millones de personas, eso dura lo que dura. Tienes que inculcarles la sospecha de que son felices (en el franquismo se era feliz por consigna), pero también tienes que crear intereses comunes, decirles, tú sé fiel a la dictadura porque yo me voy a callar todo lo cutre que has hecho. 

Hay una frase en el libro: "El franquismo es una dictadura llevada a cabo por gente anodina".

El que es carismático siempre tiene algún gesto de cierta altura, el que es un personaje anodino, ése, si llega al poder es el más capullo que puede haber, entre otras cosas porque siempre está receloso: es mediocre hasta para ser tirano. Un dictador que tenga grandes vicios suele ser más flexible, aunque sea un Calígula, pero ¿cuál era el vicio mayor que tenía Franco? Tomar Fanta. Tenía mucho azúcar en la sangre porque bebía 15 o 20 Fantas cada día. Eso es de una mediocridad tal que va a ser el gran capullo de la historia. Lógicamente, los que le rodeaban eran de una mediocridad acojonante. Aparte, está la idea de que si tú has sido oprimido por un tío con cierto carisma, también eres una víctima con carisma; pero si eres oprimido por un chaparro, bajito, de voz aflautada y que consume 20 Fantas cada día, como víctima también eres una pobre víctima. Por eso la oposición tampoco hurga demasiado, porque también era bastante cutre.

---------------------------------
CTXT ha acreditado a cuatro periodistas --Raquel Agüeros, Esteban Ordóñez, Willy Veleta y Rubén Juste-- en los juicios Gürtel y Black. ¿Nos ayudas a financiar este despliegue?

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Esteban Ordóñez

Es periodista. Creador del blog Manjar de hormiga. Colabora en El estado mental y Negratinta, entre otros.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

4 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Sebastian Nowenstein

    Me complace poner aquí el enlace https://varietesyrepublica.blogspot.is/2016/10/una-carta-acerca-de-la-entrevista.html?showComment=1477414580468#c7055427371717891046 a una nota del del profesor Ríos Carratalá, que reacciona a mi carta a Miguel Mora, director de ctxt.es: http://sebastiannowenstein.blog.lemonde.fr/2016/10/25/839eran-mas-crueles-los-jueces-franquistas-homosexuales-carta-al-director-de-ctxt/ Me parece ejemplar que conteste el profesor públicamente y así se lo digo en el comentario que he hecho a su propio artículo. El profesor Ríos Carratalá me anuncia que me envía su libro, que yo tendré mucho gusto en leer.

    Hace 5 años

  2. Sebastián

    Carta al director de CTXT en relación con esta entrevista: http://sebastiannowenstein.blog.lemonde.fr/2016/10/25/839eran-mas-crueles-los-jueces-franquistas-homosexuales-carta-al-director-de-ctxt/

    Hace 5 años

  3. Jesús Díaz Formoso

    Lucidez en entrevistado y entrevistador. GRACIAS !

    Hace 5 años

  4. kamilore

    Es la "Doctrina del Shock" (Naomi Klein) estilo cañi. Tiempos muy oscuros estamos viviendo y esta decadencia sólo puede acabar en desatre. Me ha encantado la expresión "franquismo sin franquistas" Gracias por la entrevista.

    Hace 5 años

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí