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Tribuna

Las carencias de MeToo

Cualquier movimiento social sobre violencia de género que pretenda ser eficaz necesita generar cambios culturales, interpersonales, familiares, y en el ámbito político

Sophie Morse 27/02/2018

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MeToo es un movimiento social que fue creado hace más de diez años por Tarana Burke, una activista norteamericana. Ella puso los cimientos de lo que ha resultado ser un movimiento social de gran impacto: en los últimos cuatro meses, MeToo se ha dado a conocer en Estados Unidos y en el resto del mundo. 

El movimiento no llegó a despegar demasiado en 2006, cuando Burke lo creó, pero cobró alas en Twitter cuando la actriz Alyssa Milano escribió un mensaje sobre Harvey Weinstein usando el hashtag #MeToo en octubre de 2017. Desde entonces, se ha viralizado en Twitter, Facebook, Instagram, y en los medios de comunicación. 

La idea original de MeToo, según Burke, era llegar a las víctimas de violencia sexual en comunidades marginalizadas para que no se sintieran solas y para que supieran cómo sanar de sus experiencias (JustBe, 2013). Sin embargo, ya no se trata solo de eso. Después de las reiteradas revelaciones de la violencia perpetrada y ocultada por Weinstein, hemos visto innumerables artículos sobre presuntos abusos cometidos por actores, directores, comediantes, chefs, políticos, entre otros. Gracias a MeToo, ahora es casi imposible ignorar el problema de la violencia de género. Además, muchas personas sienten que  revelar haber sufrido algún acto de violencia de género sirve para empoderar a las víctimas y para crear solidaridad. Seguramente, este ha sido el caso para muchas víctimas, y debemos reconocer los logros y el valor que supone hacerlo. Sin embargo, como víctima de violencia sexual, defensora del derecho de las víctimas de violencia de género, y académica que estudia el tema, tengo mis preocupaciones acerca de este movimiento. 

Primero, MeToo ha dejado la responsabilidad de exponer el problema en mano de las personas que han sufrido violencia, y eso no debería ser así. Aunque no lo parezca, el simple hecho de escribir MeToo conlleva sus riesgos. La cultura de culpar a la víctima es dañina para ellas misma. ¿Por qué no hacer una campaña de personas que han perpetrado abuso con un hashtag como #IDidItToo? Sin embargo, ni aun así se convertiría en un movimiento social con un impacto duradero.

La violencia de género en sus múltiples formas tiene consecuencias serias a corto y largo plazo. Muchas de las secuelas son las mismas en todas las mujeres aunque, dependiendo del tipo de violencia sufrido, pueden diferir

La violencia de género en sus múltiples formas tiene consecuencias serias a corto y largo plazo. Muchas de las secuelas son las mismas en todas las mujeres aunque, dependiendo del tipo de violencia sufrido, pueden diferir. Por ejemplo, la violencia intrafamiliar aumenta el riesgo de aborto espontáneo, el mortinato, el parto prematuro y los bebés con bajo peso. La violencia sexual, incluso durante la niñez, aumenta la probabilidad de fumar y de abusar de drogas y alcohol. Las mujeres que sufren la violencia intrafamiliar tienen el doble de probabilidad de sufrir depresión, según un estudio de la OMS (Organización Mundial de la Salud), de 2012.

Las causa de todos los tipos de violencia machista son la desigualdad de género y el alto grado de tolerancia de la sociedad hacia ella. Hay otros factores de riesgo que tienen que ver con el individuo, con el tipo de relación, con la comunidad y con la sociedad (OMS, 2013). Pero tenemos que reconocer que las personas viven las consecuencias de la violencia de género de formas diferentes y que, por ejemplo, MeToo esconde las diferencias entre una experiencia de acoso sexual en la calle y vivir 20 años con un marido que maltrata física y psicológicamente a su esposa. Hay víctimas de violencia que tienen estrés postraumático y otras que no. Hay víctimas que tienen tendencia suicida y otras que no. Hay víctimas que experimentan un incidente aislado y hay víctimas que están atrapadas años o décadas. Estos matices son importantes por muchas razones, y MeToo los ha oscurecido. Importan porque el tipo de apoyo médico, legal, y psicológico necesario para cada víctima puede variar drásticamente. Importan porque las leyes son diferentes, y por tanto, las opciones legales para la víctima cambian. Importan porque las consecuencias para la víctima y sus seres queridos pueden ser muy diferentes.

No se trata de negar el impacto que pueden tener todas estas experiencias en la vida de las personas que han sufrido violencia de género, ni tampoco de hacer una jerarquía de la gravedad de los distintos tipos de violencia, pero tenemos que pensar en qué es lo que queremos de MeToo. Si ya no estamos dispuestas a tolerar la violencia de género en nuestros hogares y en nuestros lugares de trabajo y en los espacios públicos, ¿qué tiene que cambiar? 

Las feministas en EE.UU. y en el mundo han logrado mucho, pero aún nos falta mucho por hacer.  Aquí les presento algunas ideas:

Podemos: 

1-Invertir en programas que ya están dando buenos resultados para reducir la violencia intrafamiliar y prevenirla.

2-Financiar investigaciones sobre programas y políticas para entender si son eficaces. 

3-Trabajar en el ámbito político, tanto en la implementación como en la formulación de políticas cuando no existan (por ejemplo sobre el acoso sexual en el ámbito laboral).

4-Mejorar el acceso a servicios cruciales para víctimas de violencia sexual, como la planificación familiar. En Arkansas, por ejemplo, si una mujer es violada por su marido, necesita su permiso para abortar.

5-Mejorar la capacitación de las personas que trabajan con víctimas de violencia de género como policías y profesionales de la salud (recomendación de la OMS). 

Todas esta ideas se relacionan con sistemas y aspectos que están fuera del control de la ciudadanía, pero podemos apelar a nuestros políticos sugerirles propuestas

También quería presentar ideas concretas de qué podemos hacer cada una de nosotras:

6-Informarse sobre las causas y consecuencias de la violencia. Algo importante es que la violencia tiene impactos diferentes para minorías raciales y grupos marginalizados incluyendo a personas de la comunidad LGBTI.

7-Creer y apoyar a los seres queridos víctimas cuando relatan su caso.

8-Buscar un voluntariado o hacer una donación a una organización que está trabajando el tema.

9-Dejar de estigmatizar y de odiar a los hombres que cometen actos de violencia de género. Son seres humanos y habitualmente presentan bajos niveles de educación, y fueron testigos de violencia perpetrada contra de sus madres. Los que han sufrido maltrato infantil tienen más probabilidad de resultar ser acosadores. Crecer en una casa violenta no es culpa de un niño y tenemos que acordarnos de eso.

Las personas que cometen crímenes tienen que rendir cuentas, pero ayudaría humanizarlos y tratar de dejar atrás nuestro enojo y frustración para entender las raíces del problema y buscar las soluciones

El año pasado trabajé en un proyecto de investigación en la Universidad Johns Hopkins con hombres condenados por violencia intrafamiliar; estaban en un programa de reeducación. Paradójicamente, después de 10 años abogando por el derecho de las mujeres víctimas, estaba un poco nerviosa. El encuentro me sorprendió: a pesar de sus pasados, eran hombres humildes y simpáticos; y la mayoría estaba haciendo un gran esfuerzo para mejorar como padres, novios y maridos.

Las personas que cometen crímenes tienen que rendir cuentas, pero ayudaría humanizarlos y tratar de dejar atrás nuestro enojo y frustración para entender las raíces del problema y buscar las soluciones. Las víctimas de violencia de género son nuestras hijas, hermanas, amigas, esposas y madres y los perpetradores de violencia de género son nuestros hijos, hermanos, amigos, esposos y padres. La prevención de la violencia de género es clave y tenemos que acordarnos de que, a pesar de las noticias constantes y deprimentes, sí hay evidencias de que la prevención funciona y de que la violencia puede ser reducida.

El movimiento social MeToo ha servido para llamar la atención: la violencia de género tiene más visibilidad que antes y eso es positivo, pero ha llegado la hora de actuar. Cualquier movimiento social sobre violencia de género que pretenda ser eficaz necesita generar cambios culturales, interpersonales, familiares, y en el ámbito político. Hasta ahora MeToo ha sido insuficiente, pero tenemos que aprovechar la energía generada en los medios de comunicación para provocar cambios porque ese interés no va a durar. No sentirnos solas como víctimas ha ayudado, pero no basta. Lo que quería Burke cuando creó MeToo es que las víctimas supieran cómo sanar de sus experiencias y para eso tenemos que asegurarnos de que existan los recursos necesarios.  Ella trabajaba por y con mujeres en grupos de minoría y MeToo debe considerar el alto riesgo para mujeres de minorías y el rol del racismo sistémico en el acceso a servicios. Pongámonos a la tarea todos, informándonos y actuando. ¿No sería hermoso vivir en un mundo libre de violencia de género?  

-------------------------- 

Sophie Morse es un estudiante de doctorado en políticas públicas en LBJ School of Public Affairs en la Universidad de Texas en Austin. Está estudiando la implementación de las políticas que tratan el tema de violencia de género en América Latina. Ha vivido y trabajado los temas de genero y violencia en los Estados Unidos, Ecuador, Colombia, la República Dominicana y Uganda. 

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1 comentario(s)

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  1. Ruben

    Salen ahora en este periódico artículos hablando de las bondades del garantismo legal, de que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario, de lo injusto que es juzgar a todo un grupo por lo peor que hacen una minoría de ese grupo, de lo repugnante de utilizar el factor emocional por hechos concretos de una minoría de ese grupo para legitimar la discriminación. Estoy de acuerdo, culpar a los inmigrantes en general porque sus indices de criminalidad sean varias veces superiores a la de los españoles es racismo. De la misma manera este periodico y esos periodistas y esos partidos políticos y esas asociaciones feministas deberían pedir perdón no ya por juzgar a los hombres de semejante forma, por lo peor que hace una minoría, sino por instaurar leyes discriminatorias que otorgan presunción de culpabilidad a una parte al darle a otra presunción de veracidad. ¿Se imagen ustedes que el racismo que hubiera en España fuera tan grande como la misandría? Tendríamos leyes racistas por las que los nacionales gozarían de presunción de veracidad al denunciar crímenes por parte de inmigrantes.

    Hace 4 años 6 meses

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