1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Tribuna

‘Normalizar’ a Vox

Si su principal debilidad es la inconsistencia de los fundamentos políticos de sus protestas, ¿por qué no traerlos a la conversación? ¿Es que tenemos miedo de que ganen el debate?

Miguel Pasquau Liaño 5/12/2018

<p>Manifestación españolista en Madrid, el 7 de octubre de 2017.</p>

Manifestación españolista en Madrid, el 7 de octubre de 2017.

Manolo Finish

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

CTXT es un medio pequeño pero sus luchas son grandes. Necesitamos tu ayuda para seguir avanzando. Puedes suscribirte en agora.ctxt.es o hacer una donación aquí:

Los cordones sanitarios frente a la llamada ultraderecha (es decir, frente a los que critican a la derecha tradicional o liberal por ser tibia y complaciente con determinados consensos sociales que detestan) han demostrado empíricamente su ineficacia en Europa y ultramar: el odio, la estigmatización y el acorralamiento les ayuda a crecer, convirtiéndose en un inmenso “camión escoba” político apto para recoger a pasajeros con asientos de primera, segunda y tercera clase. Tampoco ha funcionado la estrategia de los partidos de centro derecha europeos asediados por estos movimientos emergentes, consistente en buscar la confusión, intentando parecerse a ellos e incorporando algunos de sus elementos y rasgos en su discurso. Me sorprende que con años de retraso, y en vista de la experiencia acumulada de otros países, aquí estemos dispuestos a caer en los mismos errores. Si las arengas del tipo “a por los de a por ellos” y la derechización patriotera de la derecha han salido mal fuera, ¿por qué habríamos de creer que aquí sí va a ser eficaz? Todo indica que no, y eso creo que se debe a que sitúa el enfrentamiento en un terreno en el que tienen fuerza (el de las emociones). ¿Por qué no ensayar otra estrategia? Si su principal debilidad es la inconsistencia de los fundamentos políticos de sus protestas, ¿por qué no traerlos a la conversación? ¿Es que tenemos miedo de que ganen el debate?

Vox suscita un rechazo fácil por su estilo, por cierta estética, y por no pocas de sus propuestas. Suscita rechazo porque ha recuperado de la papelera de reciclaje (e incluso del basurero) ciertos debates que ya teníamos resueltos desde hace tiempo. Han ido creciendo en sus “nidos calientes” y autocomplacientes, y finalmente han parasitado las plantaciones sembradas por PP y Ciudadanos, en su estrategia calculada (y rentable) de provocar en la gente más el ansia de la vindicación patriotera que de la dignidad compartida, expulsando del “nosotros” a casi la mitad de España: los nacionalistas, Podemos y medio PSOE: magnífico escenario para quienes construyen discursos políticos que se caracterizan por el negacionismo de la complejidad social, ideológica y cultural. Sobre ese trampolín, Vox ha elegido diez o doce asuntos con el que coser un sincomplejismo de reconquista que, más que fascismo (aunque albergue a grupos fascistas, el partido en sí no lo es), es una derecha liberada de sus complejos centristas. Y ante esto no hay que hacer aspavientos. La derecha moderada deberá pensar en si no es imprudente seguir exacerbando la lógica de la excomunión de la España diferente, y la izquierda deberá pensar si tiene alguna utilidad (los riesgos son evidentes) la épica “antifascista” que enarboló Iglesias en la noche electoral. Porque esa épica podría ser interpretada como un síntoma de debilidad discursiva, como si estuviese buscando un revulsivo que no acaba de encontrar en propuestas limpias, claras, atractivas y creíbles. Mejor que repetir la etiqueta de “fascista”, sería armarse de datos y de razones para emprender sin rehúses y con solvencia una batalla intelectual y política punto por punto, con esa hidra de tres cabezas en que de momento se ha convertido la derecha, sin necesidad alguna de agitar el miedo al miedo, porque en ese bucle quienes pierden son los derechos.

Los votantes de Vox son ciudadanos con derecho a voto. De los 400.000 votos que Vox ha recibido en los comicios andaluces (uno de cada diez) podrán hacerse todas las radiografías que se quieran, y confirmarán más o menos las intuiciones que ya van llenando columnas y tertulias, pero lo cierto es que expresan (quizás de forma espumosa, ya lo veremos) una parte de la voluntad popular que está aquí, entre nosotros, que comparte nuestras calles y nuestros centros de trabajo. Conozco, como casi cualquiera, a votantes de Vox, alguno es amigo, y no les atribuyo por principio menos calidad moral o intelectual que a mí: simplemente, eso sí, me asombra que piensen ciertas cosas y detesto algunas de sus prioridades, respecto de las que siento una lejanía sideral. Algunos son nostálgicos del franquismo, otros son nostálgicos de un catolicismo sociológico, otros han bebido en dosis venenosas (ya saben que el veneno no es la sustancia, sino la dosis) de ciertos medios influyentes que desde hace más años de los que creemos han ido buscando audiencia a costa de generar un sentimiento de agravio que de pronto se ha convertido en orgullo lindante con el odio; algunos son alérgicos a la izquierda de moqueta o del énfasis feminista, y supongo también que otros han caído en esa pelea que lúcidamente ha denunciado Teresa Rodríguez de los penúltimos contra los últimos (es decir, creer que la pobreza, las listas de espera y el paro se deben a una exquisita atención a los inmigrantes, y no a la desnutrición presupuestaria de las políticas sociales). 

Responden, en general, a ese perfil de derecha que nunca ha creído “de verdad” en el liberalismo político (es decir, la radicalidad de los derechos y libertades en un espacio no confesional, plural, abierto donde cabe con normalidad el republicanismo, la izquierda y el nacionalismo no español) ni en la discriminación positiva (de gitanos, de inmigrantes, de mujeres), ni en los límites a la autoridad y a la policía en la represión del crimen y la delincuencia, porque se sienten en el lado buenoy creen que los derechos son burladeros de los malos. ¿Son culpables de pensar así? Si la pregunta es absurda, más aún lo es cualquier respuesta. Piensan así, y votan a quien les promete revertir lo que no les gusta. Antes votaban al PP o se abstenían, ahora han optado por Vox. No le veo ninguna ventaja a su invisibilidad: mucho mejor que ese marginal de la opinión pública, mientras exista, tenga su expresión en las instituciones.

Pueden lapidarme si quieren, pero yo creo que nada mejor se podría hacer que intentar normalizarpolíticamente a Vox. No son gente extraña que acabe de llegar: llevan aquí, dentro del PP, mucho tiempo, solo que ahora han encontrado la coyuntura perfecta para diferenciarse. Normalicémoslos, porque van a entrar en las instituciones por “mérito democrático”. Es posible que esa normalización sea lo más temible para Vox. Es posible que Vox prefiera, al menos en esta fase espumosa (más aire que agua), que le temamos, que creamos que son una amenaza, que los consideremos en fuera de juego, algo así como unos antisistema dentro del sistema. Creo que no tengo que aclarar que “normalizar” no significa darles la bienvenida con ramos y palmas, sino aceptar la premisa de que tienen derecho a proponer lo que proponen y a buscar el voto de la gente: las elecciones no mienten. Normalizar a Vox significa que mientras obtengan voto popular, hay que darles rango de interlocutores sin temer una extraña contaminación. Así, en vez de cuchichear entre ellos en espantosas cadenas de whatsapp (que de vez en cuando me llegan, por esa horrible tecla llamada “enviar a todos sus contactos”), deberán enfrentarse al reto de explicarse, de contestar a argumentos, de ir más allá de los dos eslabones en que se traban sus estribillos ideológicos, de defender sus propuestas frente a quien sepa decirles aquello que Aranguren le dijo una vez al autor de un libro: “Tus propuestas están llenas de cosas buenas, y tuyas; pero las buenas no son tuyas, y las tuyas no son buenas”.

Normalizar a Vox no es homologar la cultura política que quieren recuperar del vertedero, ni es indiferencia a sus proyectos sobre política migratoria, sobre impuestos, sobre la Unión Europea, sobre las estrategias en materia de violencia de género, de homosexualidad o de libertad religiosa. Ni es cerrar los ojos ante su inflamado énfasis nacionalista (tan parecido al nacionalismo patriotero francés, italiano, holandés, solo que cambiando los colores de la bandera), ni ante su desprecio al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (que consideran “interferencia extranjera en nuestra justicia”, porque parecen valorar más “lo español” que la radicalidad de los derechos). Si Vox propone algo que a usted le horroriza, dígalo. Pero ¡cuánto ganaríamos si en vez de limitarse a llamarlos “fascistas” se emplease a fondo en explicar por qué le horrorizan esas ideas! Inténtelo: quizás sería fácil. Y si no lo fuera, también merecería la pena. 

Hablemos con naturalidad, y sin regañar a nadie por pensar lo que piensa y sin una actitud irritante de superioridad moral. Hablemos de inmigración, del cupo de solidaridad que estamos dispuestos a sufragar con impuestos y de las reales posibilidades de acogida útil; de políticas sociales eficaces que recuperen a capas sociales que hoy se sienten con razón excluidas; de las ventajas de la libertad religiosa y la neutralidad confesional; de las ventajas de la distribución del poder territorial y de la autonomía política de los diferentes pueblos de España (la expresión, en plural, aparece en el preámbulo de la constitución, aunque en el texto se traduce por “nacionalidades y regiones”); de por qué merece la pena ceder soberanía a Europa pese a que Europa tenga tantos defectos;  hablemos de por qué es importante identificar al machismo como un problema actual, y no sólo pretérito, y hablemos de por qué es imprescindible someter a la policía (también a la de frontera) a límites y garantías, en previsión de un poder autoritario que en cualquier momento puede venir. Convenzamos a la gente de que la patria no se come, sino que más bien la comida y la solidaridad hacen patria. Hablemos en serio de república, de plurinacionalidad, de lo que haga falta para proponer una España que vuelva a ser apreciada como casa común por la gente que no busca en la política que le hagan feliz, o más alto, o más arropado, sino más libre y capaz para hacer de su vida lo que quiera. Pero por favor, hagámoslo sin quedarnos en el lema. Los lemas son todos igual de estúpidos, y están condenados al empate. Si se quiere ganar, hay que movilizar el enorme fondo de armario cultural que se acumula en nuestros sistemas constitucionales, mucho mejores que la reducción de la constitución a un manojo de emociones bien presentado. Quien está convencido de una idea está deseando hablar de ella: no eludamos el enfrentamiento intelectual, no nos conformemos con una displicente excomunión, porque la excomunión sólo provoca sectas aguerridas. Normalicemos a Vox: ellos son un ingrediente más del multiculturalismo y pluralismo que detestan.

CTXT es un medio pequeño pero sus luchas son grandes. Necesitamos tu ayuda para seguir avanzando. Puedes suscribirte en agora.ctxt.es o hacer una donación...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Miguel Pasquau Liaño

(Úbeda, 1959) Es magistrado, profesor de Derecho y novelista. Jurista de oficio y escritor por afición, ha firmado más de un centenar de artículos de prensa y es autor del blog "Es peligroso asomarse". http://www.migueldeesponera.blogspot.com/

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

5 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. paelo

    De normalizar nada, no se trata de elegir una sola de las estrategias, hay que discutirlos, obligarlos a dar razones y a que desarollen sus sloganes simplistas, si, pero tambien hay tener una actitud de autodefensa beligerante y activa, cuando esta gente saca la esvastica siempre hay alguien que recibe una paliza en un callejon o que muere. Esto no obedece unicamente a una coyuntura especial del estado español enfrentado a una crisis territotial, es tambien mandato de la globalización que se extiende apoyado por las elites globales. Estas elites - en concreto el señor Aznar y los intereses que representa- deben tener claro que si piensan hecharse al monte van a tener que enfrentar una reacción popular, que no les va a salir gratis.

    Hace 4 años 1 mes

  2. Aramis

    El arte de la retórica tiene un campo especial en la literatura judicial, que combinado con el arte de la fábula bien dosificada produce efectos portentosos no sólo en la jurisdicción, sino también en el mundo tertuliano de la erudición española. Focalizar lo anecdótico como principal para después distorsionar lo relevante hasta hacerlo desaparecer al mismo tiempo que se eleva lo banal a materia de análisis es todo un arte poco estudiado en la Universidad Española. En este sentido la trastienda de este artículo encierra más «valores» que los que refleja. Para empezar, existe una profunda relación íntima de tintes «dramáticos» entre el autor del artículo y el líder andaluz de VOX Francisco Serrano; ambos jueces, ambos de profundas convicciones religiosas y ambos entrelazados por una sentencia de 2011 en la que el TSJA condenaba a Francisco Serrano por prevaricación judicial por un asunto «cofrade» en el que Francisco Serrano favoreció injustamente al padre en un régimen de visitas para que el niño saliera como paje en la Semana Santa de Sevilla. La prevaricación judicial es un cuasi–no–delito que apenas se sentencia en España a pesar de que esté tasado en dos artículos del Código Penal, razón por la que resulta muy interesante esta sentencia a un «juez de familia» especialmente conocido por sus convicciones contra la llamada «ideología de género». En este sentido brilla en España la castidad judicial en los delitos económicos, razón por la que esta sentencia resulta «misteriosa» en territorio cofrade y familiar. Sin embargo, el mundo es redondo, y buena prueba de ello es que el juez prevaricador reaparece ahora en la escena pública conduciendo un «camión escoba» desde Almería hasta Sevilla, y nuestro pulcro juez articulista habla de «nidos calientes» que parasitan plantaciones centristas situando a VOX como una aparición zoombie de «reconquista» nacional más allá del fascismo pues Pasquau la define aquí y ahora como una fuerza que viene a liberar a la derecha de sus complejos centristas. «Y ante esto –dice Pasquau–, no hay que hacer aspavientos», puesto que a diferencia de los dos millones de catalanes que votaron el procés, «los votantes de VOX son ciudadanos con derecho a voto… que expresan… una parte de la voluntad popular que está aquí, entre nosotros, que comparte nuestras calles y nuestros centros de trabajo»… Luego tras una perorata repleta de banalidades, el mismo juez que condenó al líder de VOX se critica a sí mismo y a su propia banalidad calificando a todos los anti VOX de mostrar una «actitud irritante de superioridad moral». De esta forma tan peculiar Pasquau pretende ignorar ahora el significado histórico del concepto «fascista» haciendo un llamamiento claramente sorprendente hacia el acogimiento normalizado del “hijo pródigo y libertino prevaricador” … porque «la excomunión sólo provoca sectas aguerridas». Los propios términos religiosos que utiliza Pasquau son los que, en mi opinión hermenéutica, revelan la profunda impostura ideológica del autor en este artículo arrojando misterio en la trastienda de los hechos.

    Hace 4 años 1 mes

  3. Carlos Ávila

    Decir que estoy de acuerdo prácticamente con cada línea es poco. Es lo mejor que he leído con mucha diferencia sobre el tema. Ojalá seamos capaces de rectificar a tiempo. A base de manifestaciones, aunque sean pacíficas, no se acaba con el fenómeno ni resulta la mejor forma de combatirlo. Hay que hacer política y para ello hay que analizar bien las causas y no proponer como hizo Iglesias echarse al monte. Errejón le está dando, una vez más, una buena lección.

    Hace 4 años 1 mes

  4. chorrojumo

    Mire, Vox es fascista, aunque usted tenga amigos que lo hayan votado y no lleven rabo. Y los nazis eran bestias inhumanas aunque Hitler fuera vegetariano y aunque sus generales tocaran Beethoven después de gasear judíos. Al menos eso deberíamos haber aprendido ya. El mal absoluto se encuentra entre nosotros, por lo que tiene cara humana y actúa como los humanos de su entorno. En cuanto a normalizar, sigo dándole vueltas a qué c… quiere usted decir. Supongo que no es ni hacer habitual el discurso fascista, ni mostrar su lado amable para hacer que se quede entre nosotros confortablemente. Pareciera que quiere decirnos que el frentismo radical muestra falta de argumentos, y que con razones se le va a ganar porque es razonable. Es precisamente al revés, señor. La posmodernidad se caracteriza por la primacía de la forma sobre el contenido, por la muerte de las utopías y de la ideología en favor de la imagen. Razones las ha habido durante décadas pero no sirven cuando el entorno-el poder, por supuesto- usa la razón como un kleenex. No van a ganar los argumentos. Van a ganar hoy las imágenes poderosas, porque la mayoría no entiende de otra cosa. Por eso más nos valdría fomentar este rechazo radical, mostrarlo, hacerlo presente siempre que el liberalismo vuelva a coquetear con el fascismo. En todo y cada lugar. Con argumentos, sí. Concisos y pocos a poder ser. Simplones si me apura. Pero sobre todo sin tibieza y mostrándose dispuesto a arriesgar. El cordón sanitario no funciona porque no existe. Con otras ideologías si existe y sí funciona. Día a día los mantras fascistas son repetidos por los medios-fomentados por sus dueños. Los actos fascistas son tolerados, cuando no jaleados. ¿De qué cordón sanitario habla? Ojalá existiera. Es lo que hay que hacer. Crearlo. Crear a los que están fuera y los que están dentro de ese cordón, sin ambages. Y enfrentarse a ellos frontalmente. Yo no voy a normalizar a ningún fascista, ni entrar a su discurso. Es entonces cuando uno está perdido. A los fascistas no se les discute, se les destruye, como dijera alguien por ahí.

    Hace 4 años 1 mes

  5. Mark

    El liberalismo político nunca ha sido "la radicalidad de los derechos y libertades en un espacio no confesional, plural, abierto donde cabe con normalidad el republicanismo, la izquierda y el nacionalismo no español". La derecha liberal no es lo mismo que el fascismo (al menos fuera de España) pero sólo ha sido democrática cuanto a la fuerza ahorcaban y de boquilla. Y en España no existe apenas, por cierto. Y Vox es lo mismo que Ciudadanos y el PP (y no pocos del PSOE) sin careta y con doble ración de franquismo y nacionalcatolicismo. Ignorancia supina de la progresía española, hasta de la inteligente. Por lo demás la reacción tanto de Sánchez como de Iglesias es patética, por diferentes razones, eso es cierto.

    Hace 4 años 1 mes

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí