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Negro sobre negro VIII

Val McDermid, vísceras y mineros

Radicalmente socialista y abiertamente lesbiana, la autora, antigua compañera de estudios de Gordon Brown, es la reina escocesa de la violencia criminal

Xosé Manuel Pereiro 1/01/2023

<p>Val McDermid, durante una sesión de firmas en Edimburgo.</p>

Val McDermid, durante una sesión de firmas en Edimburgo.

Flickr

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Cuando empezaron a aparecer los libros de Val McDermid, de la mano de RBA, a finales de la primera década del siglo, las reseñas solían destacar que había sido compañera de colegio de Gordon Brown, en aquellos años segundo de Tony Blair, y después su sucesor. Hoy en día no sé qué habrá sido de Brown (en qué consultoría o en qué consejo de administración duerme el sueño de los injustos) y, aunque en España siga siendo discretamente conocida, Val McDermid vende, en el ámbito anglosajón, libros como churros. 17 millones de ejemplares editados en más de 40 idiomas, según su página web. Hasta el punto de que ha sido a ella, y no a compañeras de género y de idioma aquí considerablemente más populares, a quien el pasado mes de agosto los gestores de los derechos de Agatha Christie amenazaron con acciones legales si sus editores no paraban de promocionarla como “la reina del crimen”.

En realidad, en lo único que no existe una diferencia abisal entre la reina trademark del crimen y la pretendiente es en productividad narrativa (la primera publicó 66 novelas, la segunda lleva 46. Y si la primera escribió 17 obras teatrales, la segunda adapta para la televisión buena parte de lo que edita). Por lo demás, nada tiene que ver el origen más que acomodado de la inglesa nacida en el sur y de pensamiento conservador con el de la escocesa, abiertamente lesbiana y radicalmente socialista. Valerie Val McDermid nació, en 1955, en Kirkcaldy, una pequeña ciudad costera del antiguo condado de Fife, una península situada frente a Edimburgo, pero tradicionalmente aislada de todo; y se crió en el pueblo minero de sus abuelos maternos. “Ellos me enseñaron qué es el amor y el sentido de la comunidad, y jamás olvidaron la vergüenza de guardar cola en un comedor de beneficencia para dar de comer a su prole. Gracias a ellos, crecí amando el mar, el bosque y la obra de [ejem] Agatha Christie. No es una deuda pequeña”, reza la dedicatoria de uno de sus libros, Un territorio oscuro.

A los 15 años, en secundaria, fue destinada a un programa de enseñanza experimental, segregado de los demás alumnos

A los 15 años, en secundaria, fue destinada a un programa de enseñanza experimental, segregado de los demás alumnos (allí fue donde coincidió con Gordon Brown, cuatro años mayor), y del que no tiene un buen recuerdo. “Éramos la clase E, por Earlier [precoz], pero en realidad nos decían que la E era de Experimento, porque éramos los raros”. El hecho es que, Earlier o Experimento, la formación recibida le permitió ser, dos años después, la primera alumna de una escuela estatal escocesa en ser admitida en Oxford, en el St Hilda's College (que hasta 2008 fue exclusivamente femenino). Allí descubrió dos cosas: que tenía que reaprender a hablar inglés (nadie entendía su cerrado acento de Fife) y que podía ser lesbiana y no pasaba nada. “En casa teníamos ideas políticas y sociales muy radicales, pero en cuestiones de género vivíamos en el siglo XIX. Pensaba que, objetivamente, no podía ser lesbiana porque no quería llevar ropa de hombre ni que me llamaran Stephen. Más tarde, en Oxford, leí Política sexual de Kate Millett y eso le dio la vuelta a las cosas. Poco después me partieron el corazón y por fin conocí a otras lesbianas”, declaró en The Guardian.

Finalizada la etapa universitaria, McDermid recaló en el periodismo. En su web, confiesa que siempre había querido escribir, pero todos le decían que era imposible ganarse así la vida y que necesitaba tener una profesión. “No era el tipo de persona adecuada para un trabajo de nueve a cinco con una estructura de carrera jerárquica ordenada, así que me convertí en periodista”. Alternó varios medios y acabó asentándose en Manchester. A los 21 años, escribió su primera novela, que no pudo publicar, pero sí convertirla en una obra teatral. Siguió escribiendo textos dramáticos, pero se dio cuenta de que no era lo suyo (y su agente también: la despidió porque no le generaba ingresos). En Oxford había descubierto la novela negra, particularmente autoras como Sara Paretsky o Sue Grafton, “y estaba muy emocionada por la Nueva Ola de escritoras de crímenes estadounidenses, que me hizo preguntarme si podía escribir algo similar con un entorno del Reino Unido”, recuerda en su web.

Tardó diez años en publicar su primera obra, Report for Murder (The Women's Press, 1987), en donde creaba el personaje de Lindsay Gordon (que se presentaba como “periodista, socialista, feminista, lesbiana y cínica”) e investigaba un asesinato en un colegio femenino. Escribió seis libros de esta serie, de 1987 a 2003, simultaneándolos con los de la detective privada Kate Brannigan (otros seis títulos, publicados entre 1992 y 1998). En 1991, McDermid había dejado el periodismo, después de ocupar cargos de responsabilidad en tabloides que no menciona. Sin embargo, el gran salto adelante lo dio en 1995 con The Mermaids Singing (aquí, El canto de las sirenas, 2012), la primera novela de la serie Tony Hill y Carol Jordan, y la única de McDermid con un coprotagonista masculino. En El canto, el psicólogo clínico experto en asesinos en serie Hill y la inspectora Jordan investigan cuatro asesinatos de presuntos homosexuales. En el siguiente, Alambre en las venas, persiguen a un admiradísimo benefactor que es en realidad un depredador sexual (un trasunto del presentador de la BBC Jimmy Savile que, como se descubrió después de su muerte, había abusado de miles de menores). La colección Tony Hill y Carol Jordan, que ya consta de 11 libros, se ha convertido en serie de televisión. Si es fiel a los libros, no creo que la emitan en horario infantil.

La colección Tony Hill y Carol Jordan, que ya consta de 11 libros, se ha convertido en serie de televisión

Las víctimas de la reina del crimen trademark generaban como mucho un charco de sangre sobre la alfombra persa o unos breves espumarajos cuando habían sido envenenadas (Christie era especialista en venenos, como autora y en la vida real, y creo que una de las razones es que proporcionan unos muertos más presentables que los asesinados con métodos más brutos). La obra de la actual * del crimen es, al contrario, un festival de sangre y vísceras. “En mi opinión, la comunión espiritual entre los escritores escoceses y los nórdicos es mucho mayor que la que podemos tener con los estadounidenses o incluso los ingleses. Está relacionada con el clima y el aislamiento, pero también con el contrato socialdemócrata que organiza nuestros países, con los valores que compartimos”, dijo en una entrevista en Libération. En mi opinión, la mayor similitud, al menos con McDermid, es la desinhibición para describir atrocidades.

Claro que la saga Hill-Jordan acontece en lo que los ingleses llaman “el norte”, es decir, los territorios al sur de Escocia (“la mujer, en la escala evolutiva del este de Yorkshire, es un ser que se encuentra entre el hurón y el galgo”, dicen en Alambre).

Allí, entre Northumberland y Manchester, vivía la escritora, casada con la editora Kelly Smith hasta 2010. En esos años se acercó a sus raíces. Se trasladó a Escocia, se casó de nuevo y creó al otro personaje que ha sido traducido al castellano, Karen Pirie, investigadora en Fife de lo que los británicos llaman “casos fríos”, es decir, los no resueltos. La primera novela, El eco distante, ya transcurre en su tierra natal (en St Andrews, donde dicen que se inventó el golf) y no se corta políticamente. “Éste era un país civilizado, donde los fascistas nunca se harían con el poder. Al menos, esa era la creencia popular. Pero Alemania también lo había sido. Nadie podía predecir lo que podía pasar en un país cuando el número de desposeídos alcanzaba una masa crítica. Cualquiera que prometiera la salvación encontraría seguidores. Y últimamente había razones para el miedo. El Frente Nacional estaba asomando la cabeza por encima de la maleza política. Las huelgas y el malestar en la clase trabajadora empezaban a poner nervioso al Gobierno. La campaña de atentados del IRA había dado a los políticos las excusas que necesitaban para introducir medidas represivas. Y esa zorra sin corazón del Partido Conservador acusaba a los inmigrantes de invadir la cultura autóctona. Sí, desde luego, las semillas estaban todas allí”.

En Un territorio oscuro se recrean aquellas huelgas de los mineros del carbón, entre 1984 y 1985, que en Escocia tuvieron un seguimiento de más del 90%

Pero es en Un territorio oscuro donde se recrean aquellas huelgas de los mineros del carbón, entre 1984 y 1985, que en Escocia tuvieron un seguimiento de más del 90% y que acabaron con el sindicalismo tal y como se había entendido, o en palabras de McDermid, “Margaret Thatcher había despachado a los mineros y convertido la policía en su New Model Army personal. La izquierda había perecido y el ave fénix que había renacido de sus cenizas disfrutaba blandiendo la gran porra tanto como los conservadores. Había sido un buen momento para ser policía”. Pese a esto, siguió siendo amiga de Gordon Brown. Y también pese a que Brown se dice que fue quien inclinó el fiel de la balanza al “no” en el referéndum por la independencia de Escocia, y su antigua compañera de experimento escolar se pronunció públicamente por el “sí”. Gente curiosa, los británicos.

En la actualidad, McDermid vive entre Fife y Edimburgo (ya con mejor comunicación que en su infancia), sigue escribiendo libros de Hill&Jordan, de Pirie, y lleva dos de una nueva serie, la reportera Allie Burns, por no hablar de las protagonistas que no han pasado, de momento, de la primera obra. Es hincha del Raith Rovers, el club de fútbol de Kirkaldy, y su apellido llegó a figurar en las camisetas y en una de las gradas del campo. “Me gusta… hombretones tatuados que vienen a hablar de fútbol conmigo mientras tomamos cervezas y me piden que les dedique un libro…”. Eso fue hasta el pasado febrero, cuando el club fichó a un jugador que en 2017 había sido condenado por violación. La escritora retiró el patrocinio y rompió el abono de la temporada.

Siempre le quedará el rock and roll. Val McDermid es vocalista principal de The Fun Lovin' Crime Writers, una banda formada por escritores de crímenes que ha llegado a tocar en el Festival de Glastonbury, y que incluye en su repertorio una versión de I fought the law and the law won. Y no sé si por casualidad o no, es cofundadora del Harrogate Crime Writing Festival. En un hotel de Harrogate, registrada con un nombre falso y desmemoriada, fue donde encontraron a Agatha Christie once días después de que desapareciera, en 1926. El único misterio que la reina TradeMark del crimen nunca desveló. 

Cuando empezaron a aparecer los libros de Val McDermid, de la mano de RBA, a finales de la primera década del siglo, las reseñas solían destacar que había sido compañera de colegio de Gordon Brown, en aquellos años segundo de Tony Blair, y después su sucesor. Hoy en día no sé qué habrá sido de Brown (en qué...

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Autor >

Xosé Manuel Pereiro

Es periodista y codirector de 'Luzes'. Tiene una banda de rock y ha publicado los libros 'Si, home si', 'Prestige. Tal como fuimos' y 'Diario de un repugnante'. Favores por los que se anticipan gracias

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