1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Análisis

Del Brexit a Trump: la muerte del neoliberalismo

Las políticas neoliberales van a seguir aplicándose, pero el paradigma neoliberal está roto. Y aún son una incógnita las nuevas políticas de EEUU y otros acontecimientos decisivos como las elecciones francesas o el referéndum italiano

Álvaro Guzmán Bastida Nueva York , 30/11/2016

<p>Nigel Farage y Donald Trump durante un mitin en Jackson, Mississippi</p>

Nigel Farage y Donald Trump durante un mitin en Jackson, Mississippi

RTVE.ES

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

---------------------------------
CTXT necesita la ayuda de sus lectores para seguir siendo un medio radicalmente libre e independiente. ¿Nos echas un cable?

---------------------------------

Pocos pudieron resistir la tentación. Ella también era mujer; también era conservadora; también tenía una reputación de política implacable; también rondaba los sesenta años; y también se había hecho con el cargo de primera ministra del Reino Unido. La prensa liberal y conservadora no dudó en invocar la comparación entre Theresa May, la sucesora de David Cameron en la vanguardia del Ejecutivo británico y la única mujer que había ocupado el cargo antes que May, la Dama de Hierro, Margaret Thatcher.

Los hechos no tardaron en dejarles en evidencia. May, que fue nombrada primera ministra sin haber pasado por las urnas tras la guerra de sucesión interna propiciada por el descalabro conservador del Brexit, tuvo que apresurarse a restañar heridas internas, al tiempo que detallaba una visión de futuro para el Reino Unido. Utilizó su discurso ante el congreso del Partido Conservador, el 5 de octubre, para hacerlo. Y lo hizo, en palabras del columnista del Financial Times Martin Wolf, “enterrando” a Thatcher y su legado. 

En el discurso más importante de su vida política, May declaró: “Cuando uno entre nosotros desfallece, nuestro instinto humano más básico es dejar el interés propio a un lado, tender el brazo y ayudarle a reincorporarse a la carrera. Es por eso que el principio central de mi pensamiento es que hay más en la vida que el individualismo y el interés propio. Formamos familias, comunidades, pueblos, ciudades, países, naciones. Tenemos responsabilidades los unos para con los otros. Y creo firmemente que el Estado también las tiene”.

Habían pasado veintinueve años de la memorable declaración de Margaret Thatcher, que entonces ocupaba la actual residencia de May en Downing Street, a la revista Women’s Own Magazine. Thatcher dijo, en 1987: “Se ha permitido que demasiada gente entienda que si tiene un problema es el Estado el que debe encargarse de lidiar con él… Le pasan la responsabilidad de sus problemas a la sociedad. Y, ¿sabe qué? la sociedad no existe. Hay hombres y mujeres individuales, y hay familias”.

Al echar el candado sobre el fantasma de Thatcher, May señalaba el inicio de un cambio de tiempo. 

Mark Blyth predijo las victorias del Brexit y de Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses

A Mark Blyth no le hace gracia que le traten de pitoniso. Pero ha hecho sus méritos. El pasado mes de mayo, el politólogo escocés, de la Universidad Brown, en Rhode Island, predijo dos acontecimientos que pocos compañeros de profesión consideraban remotamente posibles: las victorias del Brexit en el referéndum británico y de Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses. “No es que tenga una bola de cristal”, declaraba Blyth en una conferencia la semana posterior a la victoria de Trump. “Pero este es un fenómeno global, no algo local”. 

Para Blyth, los síntomas abundan: los partidos de centroizquierda y centroderecha llevan décadas perdiendo apoyos en toda la OCDE. En concreto, la socialdemocracia se encuentra en caída libre, sobre todo en la Europa occidental que la vio nacer. Uno de los últimos mohicanos del centroizquierda europeo, el premier italiano Matteo Renzi, va camino de inmolarse con un referéndum de reforma constitucional que tiene visos de salirle por la culata y convertirle en cadáver político. En Francia, el presidente Hollande goza de una tasa de aprobación del 4%, mientras que la ultraderechista Marine Le Pen es de largo la favorita para imponerse en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de abril. Incluso Angela Merkel ve cómo los xenófobos a su derecha amenazan su dominio político. Todo esto, apunta Blyth, es inseparable de la economía. En concreto, del hecho de que en los últimos treinta años (desde la entrevista de Thatcher en Women’s Own) haya habido enorme crecimiento en la economía global que sin embargo se ha concentrado casi en exclusiva en el 1% más rico. “Hartas del statu quo, enormes capas de la población han decidido aprovechar cualquier oportunidad para dejar claro a las élites que ya no lo van a aguantar más”. Eso es lo que conecta el Brexit con Trump, a Jeremy Corbyn con Syriza, a Podemos con Bernie Sanders.

Quienes hemos cubierto sobre el terreno el referéndum del Brexit y las elecciones estadounidenses podemos corroborar la observación de Blyth: durante las semanas previas a la votación sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, la discusión pública se planteó en términos muy parecidos a como se ha desarrollado la campaña entre Hillary Clinton y Donald Trump. Por un lado, los líderes oportunistas del Leave –con Boris Johnson y Nigel Farage a la cabeza— agitaban un peligroso cóctel de xenofobia y recuperación de la dignidad nacional. Trumpismo puro. Por otro lado, las cabezas visibles del Remain enarbolaban un discurso plano, sin otra emoción que el miedo a lo desconocido, y sin mayor proyecto que la validación del statu quo. Igualito que Hillary Clinton. 

El partido se jugaba en terreno ajeno a la izquierda, entre el mal mayor del neofascismo acechante y los que optaban por el cuanto peor mejor

De fondo, en ambos casos, una izquierda desdibujada, débil y confundida ante un partido que se jugaba en terreno ajeno, se repartía entre quienes optaban por frenar el mal mayor del neofascismo acechante (expresado mediante el voto con nariz tapada a favor del Remain o de Clinton) y los que, en ejercicio aceleracionista, optaban por el “cuanto peor mejor” (Brexit, Trump) sin importarles demasiado alinearse con la derecha más intolerante y reaccionaria.

Como el Brexit, el racista, misógino, protofascista Trump es por tanto un síntoma, no la enfermedad.

Apenas un mes después del discurso de May, el mismísimo Francis Fukuyama certificaba el cambio de época. En un ataque de frenesí thatcherista, Fukuyama había declarado en 1992 El fin de la historia en un bestseller internacional. Tres días después de la victoria de Trump describía, más sombrío, la muerte de la ideología que, según él mismo, había matado la historia.

Muerte pues al neoliberalismo. La historia ha resucitado. La cuestión es: ¿Qué historia?

Neoliberalismo es una palabra resbaladiza. Sus principales adalides a menudo defienden que no existe, que es objeto de una conspiración contra sus nobles postulados en pos de la libertad individual. No siempre fue así. En su Manifiesto neoliberal de 1983, Charles Peters obviamente no rehuía el término, sino que lo defendía a capa y espada: “Si los neoconservadores son liberales que miraron con ojos críticos el liberalismo y decidieron convertirse en conservadores, nosotros somos liberales que hicimos lo propio y decidimos mantener nuestros objetivos, pero abandonar algunos de nuestros prejuicios. Seguimos creyendo en la libertad, la justicia y la oportunidad para todos, en la misericordia para con los afligidos y en la ayuda a los que sufren. Pero no estamos automáticamente a favor de los sindicatos y un gran Estado ni nos oponemos a la intervención militar o las grandes empresas”.

Entre los críticos contemporáneos del neoliberalismo, hay quienes lo definen como una cuestión cultural o ideológica, mientras que otros ponen el énfasis en su vertiente política. Así pues, el ensayista y crítico literario William Deresiewicz escribía en Harper’s en septiembre de 2015:

“La austeridad es el neoliberalismo con un ‘chute’ de esteroides”

“Así es la educación en la era del neoliberalismo. Lo llamemos reaganismo o thatcherismo, economismo o fundamentalismo de mercado, el neoliberalismo es una ideología que reduce todos los valores al valor monetario. La dignidad de una cosa es pues su precio. El valor –la dignidad— de una persona es su riqueza. El neoliberalismo te dice que tienes valor solo en relación con tu actividad en el mercado (…), lo que cobras y pagas. El propósito de la educación en la era neoliberal es producir productores”.

Hay otra manera de encontrar sentido al huidizo término. El método del microscopio, que estudia las cosas a través de la observación de sus efectos en los casos más extremos. Todos sabemos ya qué es la austeridad. El escritor Nick Srnicek apunta: “La austeridad es el neoliberalismo con un ‘chute’ de esteroides”.

Pero quizá el análisis más sofisticado del neoliberalismo, desde sus raíces ideológicas a sus manifestaciones políticas, lo haya hecho David Harvey, el geógrafo y antropólogo británico afincado en Nueva York. Harvey, autor de docenas de libros, publicó en 2005 un volumen titulado Breve historia del neoliberalismo. En él, Harvey define el neoliberalismo como una serie de prácticas económicas que “proponen que el bienestar humano se puede lograr a través de la reducción de la intervención estatal, promoviendo la apertura de mercados y maximizando la libertad individual”. 

Para Harvey, la misión de “la economía política llamada neoliberalismo es una sola: restaurar el poder de clase de las élites económicas globales”, que habían perdido poder e influencia a partir de mitad de siglo. Lo que se instaura a partir de los 60 y 70 no es por tanto un “proyecto utópico para llevar a cabo el diseño teórico para la reorganización del capitalismo internacional”, sino un ejercicio de poder. Harvey pone de manifiesto, con numerosos ejemplos históricos, que cuando los principios del neoliberalismo entran en conflicto con los intereses de las élites poderosas, se eligen siempre los segundos. Solo así se explica que los gobiernos neoliberales rescaten sin titubear a bancos o industrias completas cuando así lo requiere la preservación del statu quo.  

El neoliberalismo se define pues, según Harvey, por la apertura máxima de mercados, incluido el laboral, a través de la integración de las economías del mundo y de la apertura relativa de fronteras físicas –como la amnistía masiva a los indocumentados de Reagan o la apertura a la inmigración turca en la Alemania de los 60— que consigue reducir el poder de negociación de los trabajadores. Fue un asalto ideológico, pero sobre todo económico. Más recientemente, en una entrevista concedida a la revista Jacobin, Harvey insistía en que “el neoliberalismo es un proyecto político”.

Es precisamente ese proyecto el que ha entrado en crisis. 

Harvey explica que la salida a cada crisis determina cómo será la siguiente

Harvey explica como nadie la tendencia cíclica del capitalismo neoliberal a las crisis, mucho más abundantes desde que se instauró el paradigma neoliberal en los 70. La salida a cada crisis, cuenta Harvey, determina cómo será la siguiente. Lo curioso es que en 2008, tras una de las mayores crisis en la historia del capitalismo, la solución brilló por su ausencia. Después de Lehman, líderes tan poco sospechosos de bolcheviques como Nicolas Sarkozy propusieron la urgencia de “refundar” el orden económico global. Pero aquello duró un instante. Si con la caída del muro de Berlín en 1989 el socialismo entró en una crisis de la que todavía no ha salido, el derrumbe de Lehman Brothers en 2008 apenas causó un rasguño a los ideólogos del capital. Tampoco pareció ‘tocarles’ el bolsillo. Tras un sobresalto, se volvió al ‘business as usual’: para 2015, siete años después del cataclismo de Lehman, los ejecutivos de Wall Street se embolsaban 28.000 millones de dólares en bonus, además de sus salarios, al año, el doble de la cantidad que ganan todas las personas que ganan el salario mínimo en EEUU.

Ese es el caldo de cultivo en el que creció Trump. Como entre el electorado que apoyó el Brexit, hay en el trumpismo un indudable componente nativista, racista, excluyente e incluso misógino. Pero refleja también la expresión de un descontento económico, y un rechazo a la arquitectura neoliberal. Solo así se explica que muchos de los Estados donde Trump se impuso fueran en las primarias feudos de Bernie Sanders, que rechazaban como Trump acuerdos comerciales como el TPP o el TTIP.  El mapa de la victoria de Trump es en gran parte el mapa de la desindustrialización y el empobrecimiento de América, inseparables ambos del proyecto neoliberal. En un momento en el que los estadounidenses reclamaban un cambio de modelo, los demócratas presentaron a la candidata que mejor encarnaba el statu quo. Como ha escrito Naomi Klein: “Fue la adopción del neoliberalismo por parte de los demócratas, encarnada como nadie por Hillary Clinton, lo que dio la victoria a Trump”. Volviendo al concepto de crisis en Harvey, fue la incapacidad de las élites de generar un recambio tras el desastre de 2008 lo que trajo el Brexit primero, a Trump después, y quién sabe si a Marine Le Pen en pocos meses.

Años después de abandonar la primera línea política, a Margaret Thatcher le preguntaron cuál era la parte de su legado de la que se sentía más orgullosa. “Tony Blair y el Nuevo Laborismo”, respondió la Dama de Hierro. “Obligamos a nuestros oponentes a cambiar sus mentes”.

La hegemonía del neoliberalismo la expresó mejor que nadie la propia Thatcher cuando declaró: “T-I-N-A: There is no alternative; no hay alternativa”. Muchos leyeron la caída de Lehman en 2008 como el fin de ese paradigma. Se adelantaron. Lo hicieron también quienes quisieron ver la victoria del OXI en el referéndum griego de julio de 2015 como la sentencia de muerte de TINA. Igual que la terminó de afianzar Tony Blair, quizá a TINA solo la podía matar la derecha. Y no está del todo claro hasta qué punto lo hará.  Las políticas neoliberales van a seguir aplicándose. Pregúntenselo a los griegos. Pero el paradigma neoliberal, el que permitía a Ronald Reagan hacer una amnistía a tres millones de inmigrantes indocumentados, está roto. 

Es una incógnita qué políticas terminará aplicando Trump. Pero no es difícil imaginarse una suerte de estímulo keynesiano con políticas activamente xenófobas

Es una incógnita qué políticas terminará aplicando Trump. Pero si su campaña, y sobre todo sus nombramientos y declaraciones después de ser elegido son una muestra, no es difícil imaginarse una suerte de estímulo keynesiano –anatema del neoliberalismo— con políticas activamente xenófobas. Trump, todo indica, pretende llevar a cabo deportaciones aún más masivas e indiscriminadas que las que ha realizado la Administración de Obama. El Trump candidato llamaba “violadores, criminales y traficantes de droga” a los mismos inmigrantes que el padrino neoliberal del republicanismo estadounidense amnistió en masa. El Trump presidente electo anunció en su primera entrevista que deportará a tres millones –la misma cifra que los amnistiados por Reagan— nada más llegar a la Casa Blanca, y que su objetivo último es expulsar a 11 millones de personas. El Trump candidato cimentó su victoria en el rechazo al dogma neoliberal por antonomasia— la bondad intrínseca de los tratados de libre comercio, que firmaron (TINA, ¿recuerdan?) demócratas y republicanos con ahínco tecnocrático y pospolítico. TPP Kaput; adiós limpiaplatos mexicanos, taxistas paquistaníes, obreros hondureños. 

Lo mismo sucede con May. En su discurso ‘antitatcherista’, la premier británica dejó claro que va a ser implacable con los inmigrantes. 

Se propone un papel más activo del Estado para resolver los problemas sociales generados por el neoliberalismo, al tiempo que se buscan chivos expiatorios, nuevos ‘otros’ contra los que se promete ir para saciar el descontento social. Se elige la frontera sobre el mercado, pero se deja abierta la puerta a la libertad de movimiento del capital. 

Para terminar de cuadrar el círculo, May se sitúa a la vez como la “defensora más apasionada y decidida del libre comercio por todo el mundo”, al tiempo que insiste en el “control” estricto de la inmigración. Trump tiene un programa fiscal digno del Reagan más inspirado, basado en recortes masivos de impuestos a los ricos y las grandes empresas. 

Ni a Trump ni a May los ha votado la mayoría de sus conciudadanos. Ni siquiera la mayoría de los que votaron, en elecciones con una participación extraordinariamente baja. Uno logró dos millones de votos menos que su oponente, Hillary Clinton, y aun así será presidente. La otra heredó el partido del pirómano David Cameron, que propició el incendio del Brexit y se fue a la campiña inglesa a disfrutar del espectáculo. En sus bases hay enormes contradicciones. ¿Declarará Trump la guerra comercial a China? ¿De dónde sacará el dinero para financiar el plan de infraestructuras que promete, si baja los impuestos a los ricos y las grandes empresas? ¿Cómo logrará May cortar amarras con la UE y seguir siendo la gran adalid del libre comercio a nivel mundial, mientras aplica la mano dura con los extranjeros en su país?

Que el neoliberalismo haya muerto puede resultar trágico si lo que le sucede es una suerte de autoritarismo nativista. Por otro lado, abre el espacio para proponer una visión emancipadora, basada en la solidaridad y la justicia, en lugar del miedo al otro, el odio y la represión que proponen quienes tienen ahora la sartén por el mango. There is an alternative; hay alternativa. Pero el tiempo se acaba. Próxima parada: elecciones francesas de abril de 2017.

---------------------------------
CTXT necesita la ayuda de sus lectores para seguir siendo un medio radicalmente libre e independiente. ¿Nos echas un cable?

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Álvaro Guzmán Bastida

Nacido en Pamplona en plenos Sanfermines, ha vivido en Barcelona, Londres, Misuri, Carolina del Norte, Macondo, Buenos Aires y, ahora, Nueva York. Dicen que estudió dos másteres, de Periodismo y Política, en Columbia, que trabajó en Al Jazeera, y que tiene los pies planos. Escribe sobre política, economía, cultura y movimientos sociales, pero en realidad, solo le importa el resultado de Osasuna el domingo.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí