1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

50 kilos de adolescencia, 200 gramos de Internet (II)

El ‘boom’ de la nueva poesía y sus conexiones con la poesía de la experiencia

Unai Velasco 24/01/2017

<p>Concierto recital de Adriana Moragues y Elvira Sastre en La Estación (Sevilla).</p>

Concierto recital de Adriana Moragues y Elvira Sastre en La Estación (Sevilla).

ende garcia

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Estamos desarrollando un proyecto para una publicación mensual en papel. ¿Nos ayudas a financiarlo?

Donación libre:

Suscripción:

Unai Velasco prolonga su reflexión sobre el nuevo y espectacular fenómeno del boom de la poesía joven analizando sus presuntas conexiones con una de las tendencias hegemónicas de la poesía española en las décadas de los ochenta y los noventa: la llamada “poesía de la experiencia”. ¿Existe un interés en reabrir el viejo debate entre la “poesía de la claridad” y la poesía supuestamente “oscura”?

Es un dato conocido que durante los años ochenta y noventa, tras la resaca de la poesía culturalista, el panorama poético español tuvo un protagonista más o menos innegable que ha adoptado muchos nombres: neorrealismo (Rafael Morales Barba), figurativismo (José Luis García Martín), poesía de línea clara o, con mayor fortuna, poesía de la experiencia (García Montero). Como dice Luis Antonio de Villena (Fin de Siglo, 1992), “tal línea poética ha sido la predominante y más seguida en los años ochenta y entre la generación más joven”. Si tenemos en cuenta el dominio del panorama por parte de la escena vinculada a esta poética (sus autores y editoriales, sus revistas y medios afines, sus actos y sus premios más cercanos), podríamos decir que quienes compusieron de forma heterogénea la poesía de la experiencia formaron parte, por decirlo de algún modo, de la línea más exitosa dentro de un fenómeno no-comercial como es la poesía.

El figurativismo de finales de siglo, encabezado por Luis García Montero (que no sólo lo cultivó, sino que lo teorizó en sus inicios y participó de sus polémicas textuales), no fue un boom comercial, pero sí corrió una mejor suerte que aquellos que propusieron una poética distinta. Si bien la poesía de la experiencia no fue, hasta donde yo sé, un fenómeno de ventas, su dominancia sobre el resto de escuelas, bandos o poéticas (como queramos denominarlo) nos podría llevar a hacer valoraciones de tipo comercial o institucional, pero en ningún modo tuvo capacidad para ensanchar gran cosa las fronteras del mercado poético, como sí ha sucedido en estos últimos años con los libros de Elvira Sastre, Loreto Sesma, etcétera.

Quienes compusieron de forma heterogénea la poesía de la experiencia formaron parte de la línea más exitosa dentro de un fenómeno no-comercial como es la poesía

De la misma manera que comencé el anterior artículo interrogándome sobre los cambios económicos ocurridos en el mercado del libro de poesía, atribuyéndolos a una nueva coyuntura digital (cuyas categorías culturales ya ha estudiado largamente y bien Martín Rodríguez-Gaona en La lira y las masas: Internet y la crisis de la ciudad letrada, libro por aparecer), pretendo en esta segunda entrega formular otra pregunta que, en esa misma línea, nos permita comprender qué cosas están sucediendo en la escena poética contemporánea. La pregunta es, me parece, tan pertinente como polémica: ¿Existe alguna relación entre la poesía de la experiencia y este nuevo boom?

De entrada, la respuesta es no. No existe esa relación si pensamos en la poesía de la experiencia como un bloque político al uso, cerrado, con una nómina de poetas militantes que comparten opinión y la exhiben al unísono. Tal bloque no existe y, por lo tanto, tampoco una influencia así. Pero sí es verdad que quienes hoy por hoy están ejerciendo una especie de padrinazgo con algunos de los jóvenes de este boom (no con todos) pertenecen, en mayor o menor medida, a la poesía de la experiencia. Por ello me parece más apropiado hablar de influencias individuales. Eso no quita, por otra parte, que quienes han decidido jugar el papel de padrinos lo hagan en nombre de ciertas ideas que caerían, grosso modo, bajo una decidida apuesta por la tradición figurativista de fin de siglo.

El mayor riesgo que se corre al pronunciarse sobre este asunto es el de la simplificación y la conclusión por inercia. Frida ediciones, por ejemplo, en un gesto que deja ver sus preferencias editoriales más allá de los estrictos autores del mencionado boom, publicó el pasado 2016 una antología de Felipe Benítez Reyes (La piel que busca piel en su deriva). Sin embargo, en la dirección contraria, el propio Benítez Reyes se hacía eco negativamente, en sus redes, de la dinámica emprendida por el nuevo catálogo de Espasa es Poesía. Como se ve, la cosa tiene, de entrada, sus matices. Los espacios compartidos, como el catálogo de Valparaíso, donde conviven el nuevo libro de Luis García Montero (Almudena) con los libros de Sara Búho o Elvira Sastre, dan cuenta simplemente de zonas editoriales limítrofes, siendo complicado por ahora ir más allá. El pasado mes de septiembre, por ejemplo, el propio García Montero participaba junto a Sastre y Benjamín Prado en una mesa redonda a propósito de la poesía de Cervantes. Pero advertir de un juicio imprudente es tan equivocado como inocente es pensar que no significa nada de nada poner a dialogar, precisamente, a García Montero con Elvira Sastre, al margen de los proyectos de cada uno de ellos.

Justamente Elvira Sastre (quien, para mí, entre toda esta ola, es la poeta en la que cabe observar un mayor dominio de la composición y el tono, aunque lastrado por el tratamiento de la emotividad) ha resultado ser la voz en la que mejor se percibe el enganche con ciertos integrantes de la experiencia. Quienes han abanderado con mayor fuerza la escritura de este nuevo boom –y de Sastre en particular– son Benjamín Prado (Madrid, 1961) y Fernando Valverde (Granada, 1980). El primero, de sobras conocido, está considerado uno de los integrantes más jóvenes de aquella estética originada en Granada y que tomó, al principio, el nombre de la otra sentimentalidad. Valverde, por su parte, es actualmente, junto a Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973), el discípulo extraoficial de dicha estética. En mi opinión, su representatividad dentro de la poesía figurativista convierte el apoyo a Sastre en algo muy significativo.

Decía que Benjamín Prado ha sido uno de los principales valedores de estos jóvenes poetas. Baste recordar el prólogo al libro de Elvira Sastre de 2014 en Lapsus Calami, 43 maneras de soltarse el pelo –donde podemos leer declaraciones tan contundentes y arriesgadas como esta: “Elvira Sastre es la poeta que desde hace mucho tiempo estaba pidiendo a gritos la literatura española”–, su intervención a finales de 2016 en La Ventana de la cadena SER recomendando fervientemente el libro de Teresa Mateo y el catálogo de Frida en general (“una de las colecciones punteras para que descubramos jóvenes talentos”) o sus recomendaciones en la plataforma Librotea de El País, donde nos habla de los poetas jóvenes que “debemos leer” y donde encontramos un diagnóstico monocorde que no tiene desperdicio.

Pese a su dominio durante años y años, el figurativismo no había logrado conectar con el gran público (nadie lo ha logrado)

Fernando Valverde es otra de las voces que más apuesta por este auge. Desde su ciclo sobre Poesía actual en español, que coordina desde la Universidad de Emory, en Estados Unidos, Valverde ha seleccionado –juzgue cada uno si con pluralidad– poetas como Daniel Rodríguez Moya (autor de la escena granadina vinculado a quienes han reanimado la belicosidad neofigurativa y a las polémicas recientes en torno al premio Ciudad de Burgos junto a nuevas voces del boom, como Marwan.

Su afinidad con Elvira Sastre es conocida. Escribir una poesía que logre hacer sencillo –que no simple– lo complejo es uno de los ideales enarbolados por Sastre y atribuidos a ‘mi amigo y poeta Fernando Valverde’, siendo la defensa del trobar leu una seña identitaria del figurativismo finisecular. El último espaldarazo de Valverde al fenómeno es reciente: su artículo en la revista digital Oculta, en la que se interpelaba a algunos de los textos que han tratado críticamente este asunto –entiendo que el mío entre ellos, aunque no se citara– y se hace una defensa de los nuevos poetas (bastante vaporosa, por otra parte), inscribiéndolos en lo que Valverde denomina “Poesía juvenil” (sin que se nos diga qué es exactamente) y acusando de sentir “temor a la diferencia” a quienes ponen en duda su calidad.

La proximidad de Luis García Montero al boom también ha existido. Lo hemos visto participando en actos de música y poesía en los que, junto a personajes afines de la escena musical, podríamos encontrar a un poeta cantautor como Luis Ramiro, cuyo poemario en Frida Ediciones presentó al lado de Marwan y Diego Ojeda. Las afinidades siempre son electivas.

Pero donde se puede ver de un modo más –digamos– oficial el apoyo o el despertar de un interés por estos nuevos poetas es en la publicación por parte de Visor del último libro de Sastre, La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida. Visor siempre llega puntual a las citas importantes, como ya demostró sacando a la venta, en plena Feria del Libro de Madrid, una extensa antología de poesía escrita por mujeres, tras rozar el escándalo un año antes en El Cultural por las declaraciones de su editor, Chus Visor, a propósito de la poesía femenina española. Si revisamos la entrevista que le hizo Nuria Azancot, nos encontraremos con estas declaraciones, que ahora se leen a una nueva luz:

-- Nuria Azancot: Sí, tienen muchos lectores.

-- Chus Visor: Sí, y es algo que no me explico: ¿cómo hay tantísimos de estos poetas que venden bastante, pero que son mediocres? No quiero dar nombres, pero están en lo más alto de las listas de los más vendidos y son poetas infames casi todos.

-- Nuria Azancot: ¿Tanto como infames?

-- Visor: Sí, no los puedes leer. En el mejor de los casos son letras de canciones. Yo no sé dónde los venden porque a mí no me los han pedido en la librería nunca. No sé, escriben para otro tipo de lectores y eso es algo que nos tenemos que replantear todos, pero a mí me ha pillado ya mayor. El problema es que lees a estos poetas y te mueres de risa.

-- Nuria Azancot: ¿Por qué?

-- Visor: Porque lo que escriben lo podría hacer cualquier chico de bachiller. No es un problema de sencillez: Blas de Otero parece sencillo, pero tras su aparente simplicidad hay conocimiento, tradición, palabra. Los de ahora no, los de ahora sí son así de sencillos, sin nada detrás. No sé adónde van a ir los nuevos lectores de poesía. Porque si se pone de moda que estos son los buenos, las nuevas generaciones de lectores lo tienen claro.

Recordemos que esta entrevista se publicó en junio de 2015, cuando el fenómeno de los nuevos poetas despegaba editorialmente y comenzaba a desbancar en ventas a las principales editoriales de poesía, entre ellas Visor. Nadie puede decir que la decisión de publicar a Sastre no es inteligente: incorporar al catálogo a una de las representantes de este boom –quien resulta ser, además, la voz más afín al figurativismo, así como la más talentosa de entre esos poetas– y así reconducir las ventas. Véanse, si no, los libros de poesía más vendidos de estas Navidades para comprobar el éxito de esta apuesta.

El último poeta asociable a la línea clara que ha saludado esta nueva poesía ha sido Joan Margarit (Premio Nacional de Poesía), quien ha prologado el libro de Sastre en Visor (donde él mismo publica sus traducciones del catalán al castellano), calificando a la poeta de “espléndida”.

Los vínculos entre la experiencia y los nuevos poetas comerciales demostraría la voluntad de resucitar un debate que, en el fondo, no estaba muerto

¿Es Elvira Sastre la autora que algunos nombres de la poesía de la experiencia estaban esperando, aquella con capacidad de llegar a todo el mundo (la que “estaba esperando la poesía española”, al decir de Benjamín Prado)? Quién sabe. Eso sí, los cruces y amistades, las vecindades o filiaciones, las declaraciones y los actos son constatables y están sobre la mesa.

El siguiente paso en este análisis es, ya con estos indicios, considerar si tiene sentido pensar el joven boom como continuación del proyecto poético figurativo. Si revisamos las ideas principales que sustentan buena parte de la escritura española de línea clara, la respuesta vuelve a ser no.

El grupo de La otra sentimentalidad suele entenderse como la semilla de “ese conglomerado heterogéneo en lo estético y lo ideológico que ha resultado ser la poesía de la experiencia” (Francisco Díaz de Castro). Este fue el resultado –sobre todo teórico– de una intensa actividad poética en la ciudad de Granada a finales de los setenta y principios de los ochenta que recogió el “modo de enfrentarse al hecho poético” (Álvaro Salvador) propuesto por el propio Salvador, Javier Egea y Luis García Montero, influenciados por las ideas del profesor Juan Carlos Rodríguez acerca de “la radical historicidad de la literatura y la subsiguiente crítica al sujeto” (Díaz de Castro). La paulatina ampliación de esta escuela granadina –sobre todo con las publicaciones de la colección Maillot Amarillo desde 1985– se produjo con la aparición de poetas con planteamientos afines (Felipe Benítez Reyes, Carlos Marzal, Joan Margarit, Pere Rovira, Javier Salvago, Justo Navarro, Jon Juaristi…), introduciendo derivaciones hacia el intimismo, el compromiso, lo meditativo e incluso más tarde cierto realismo sucio. Rafael Morales Barba ha descrito bien esta escuela de escritura en sus rasgos generales: “Suele partir esta poesía de un breve argumento, no siempre amoroso, que se enmarca en el locus amoenus urbano (aunque haya variantes) y se aborda desde cierta narratividad, lenguaje accesible o coloquial y atento a su momento histórico […] Existe también cierta desretorización del lenguaje y de la tropología, a veces de forma engañosa, pues hay mayor complejidad y elaboración del ornato del que en apariencia percibe el lector”.

Ninguna de estas características las podemos encontrar en el boom de la joven poesía, ni en sus textos ni en sus escasas declaraciones cercanas a una poética. De la conciencia ideológica de los ochenta, claro está, no queda ni rastro. Tampoco existen similitudes en los rasgos de esa escena: aquellos provenían de un espacio académico que tan pronto celebraba la poesía de Alberti como acudía a una conferencia de Althusser. Algo así como su equivalente sería ver a Diego Ojeda o Loreto Sesma en una charla con Rancière. Por supuesto, son dinámicas distintas que no cabe igualar, salvo por un interés similar en mezclar la poesía con el ámbito de la canción, que sí estaba ya en los ochenta, aunque de otro modo muy distinto.

Las que para mí son las dos piedras de toque de la poesía de la experiencia –la elaboración artificiosa de la emoción y la reducción de una realidad compleja a un texto sencillo– tampoco parecen asemejarse. Luis García Montero y compañía defendían una recuperación del sentimiento como realidad inexpugnable que, eso sí, debía elaborarse técnicamente. El propio García Montero decía en 2002: “La intimidad, las profundidades del yo, las sinceridades, se fabrican igual que los palacios o las autopistas, aunque con distinto material”. Nada tiene que ver esta idea sobre el tratamiento de la emoción con la que practican los autores de este boom: directa y visceral. En ese sentido, las distancias entre una propuesta y otra son abismales. Hay una coincidencia temática, la emoción, pero los unos son conscientes de la falacia patética y los otros radicalmente ingenuos a su respecto, como también lo es el imaginario colectivo en cuanto a la sentimentalidad.

El segundo pilar, la construcción, también crea una gran distancia entre las dos propuestas. La poesía de línea clara, como explica Morales Barba y como decía Chus Visor en la entrevista, parece sencilla, pero no lo es necesariamente, y ahí reside su talento lingüístico cuando es feliz. La estandarización de esta poesía actual puede ser –como la figurativa– mayormente accesible, pero eso tampoco las iguala, pues hemos visto que son extremadamente distintas en su sencillez. Probablemente, lo que nos permite decir que Elvira Sastre es la poeta más notable de esta línea es su aprendizaje de este punto, que le llega a través de Valverde. Ese conocimiento –garantía mínima de la conciencia de la poesía como artefacto– es lo más cercano a una poética literaria que hemos visto hasta ahora y constituye un salto bastante importante respecto a los demás poetas (que yo sepa), lo cual explica seguramente el apoyo oficial de Visor.

Podemos decir, por lo tanto, que intentar ver en Loreto Sesma, Irene X o Elvira Sastre una continuación del proyecto poético figurativo no es razonable. Pero, ¿y al revés? ¿Podemos pensar que Marwan o Xenon se sienten continuadores de la propuesta figurativa?

Nuevamente, no. Debería valernos lo que acabamos de decir para probarlo. Pero, por si no fuera suficiente, podríamos añadir que en ningún momento estos autores –salvo Sastre– se remiten a una poética previa. Sí podemos encontrar muchos casos en los que se apela al patronazgo de Luis García Montero, Luis Alberto de Cuenca o Benjamín Prado, pero estas menciones no demuestran filiaciones literarias más allá del gusto y la frecuentación. En alguna ocasión se ha mencionado esa frase de García Montero que exhorta a abrir las ventanas para airear el panorama poético. La asunción de estas palabras por parte de algunos de estos poetas resulta, ya no chocante, sino ignorante e irrespetuosa con la poesía contemporánea.

Entonces, ¿cómo se explican los vínculos entre ambos grupos de poetas? En mi opinión, estos obedecen, de manera más o menos espontánea, a una voluntad de poder y a la resurrección de un debate que nunca murió del todo: el enfrentamiento de finales de siglo entre los partidarios de una poesía comprensible y los que, supuestamente, practicaban una poesía oscura. Hasta este momento, el triunfo de la primera había estado enmarcado en los límites de un mercado no-comercial: “la experiencia se ha constituido como gran cauce de la poesía más representativa del fin del siglo XX” (Díaz de Castro). Pese a su dominio durante años y años, el figurativismo no había logrado conectar con el gran público (nadie lo ha logrado) y, con el tiempo, entrado el nuevo siglo, empezó a acusar una pérdida de prestigio dentro del panorama poético general. El fin de la lucha de bandos poéticos es uno de los rasgos que, en teoría, definen la poesía del siglo XXI: desde Luis Antonio de Villena en La lógica de Orfeo (2003), que habla de un movimiento pendular en los poetas, que tomarían cosas de distintos sitios, a Martín Rodríguez-Gaona en Mejorando lo presente. Poesía española última (2010), que hablaba de “proyectos complementarios, que siembran dudas sobre visiones exclusivistas”, el caso es que los poetas nacidos a lo largo de los setenta depuran poco a poco este debate y la siguiente generación, directamente, lo ignora.

Los vínculos entre la experiencia y los nuevos poetas comerciales demostraría la voluntad de resucitar un debate que, en el fondo, no estaba muerto. Un debate que, si bien había dejado de organizar el panorama, todavía seguía dando coletazos, en un segundo plano. Que este asunto no ha dejado de preocupar del todo a la crítica y el mundo poético lo demuestra, por poner dos ejemplos, el ensayo Singularidades (2006) de Vicente Luis Mora, en el que se aborda el concepto de poesía de la normalidad, y la antología de Visor, Poesía ante la incertidumbre (2011), en cuyo prólogo se reclamaba el regreso a la poesía de la emoción, la aproximación a la gente corriente y la condena de las propuestas experimentales u oscuras, la fragmentación o el irracionalismo. Es cierto que esta queja ha convivido en los últimos años con propuestas poéticas variadas y saludables que atenúan esta protesta, pero eso no quita que la polémica haya permanecido. Únicamente en esa dirección, me temo, pueden leerse las palabras de Margarit en el prólogo a Sastre cuando, además de elogiar a la poeta, aprovecha para censurar a aquellos poetas jóvenes que escriben concatenando imágenes; o así se deben leer las enésimas críticas de Chus Visor a Gamoneda (“La gente intenta leer un poema de un Gamoneda y, como no entiende nada, piensa que la poesía es incomprensible y abandona”) o las recientes palabras de Valverde en Oculta, cuando dice que “empezaba a resultar ridículo [sic] escuchar a jóvenes de poco más de veinte años imitando a sus maestros octogenarios”. Si echamos cálculos, no sería complicado descubrir de qué tipo de maestros habla Valverde. Como si a estas alturas hubiera maestros más o menos apropiados: el único maestro que cabe es la poesía, plural como es.

Pensar que los autores de este boom comercial pueden sacar a la poesía del atolladero de lo inefable es una broma de mal gusto. Como hemos visto, la sentimentalidad y las formas sencillas de la línea clara no alcanzan, por ahora, la necesaria calidad en Marwan y sus compañeros. Pensar que ciertos nombres de la poesía de la experiencia pueden alcanzar la meta comunicativa del gran público mediante su apoyo a este boom, se basa en una simple falacia que pasa por devaluar o hacer tábula rasa con la complejidad del proyecto figurativo.

Tras prologar a Loreto Sesma en 2014, Benjamín Prado acumula ya cinco ediciones de su nuevo libro de poesía (Ya no es tarde), publicado a finales de ese mismo año (casi una década después del anterior). En 2015, los poemarios de Elvira Sastre y Loreto Sesma fueron candidatos al Premio Nacional de Poesía Joven. ¿Han ayudado a los unos y a los otros las conveniencias mutuas que señalábamos? Quizá sí, quizá no.

Lo que sí es seguro es que si la edición de poesía estrictamente obsesionada con vender libros sigue copando las estanterías con un producto uniforme y los autores como Benjamín Prado continúan mostrando un sentido tan restringido de la promoción en medios como El País o la cadena SER, el espacio poético se convertirá cada vez más en un lugar opaco y teledirigido donde será extremadamente difícil observar el fenómeno más brillante de todos los que hay en nuestra poesía: el talento y su pluralidad.

---------------

Unai Velasco (Barcelona, 1986) es poeta y coeditor de Ultramarinos Editorial. Ha ganado el Premio Nacional de Poesía Joven «Miguel Hernández» de 2013 con el libro En este lugar  (Esto no es Berlín, 2012). Ha publicado poemas, artículos y entrevistas en medios como Quimera, El Cultural o Qué Leer. Ha sido incluido en las antologías Tenían veinte años y estaban locos (La Bella Varsovia, 2011), Serial (El Gaviero, 2014) o Réquiem por Lolita (Fundación Málaga, 2014) y ha participado en distintos festivales de poesía. Su último poemario es El silencio de las bestias (La Bella Varsovia, 2014). Ha estrenado recientemente su nuevo blog de crítica: Unai Velasco. La belle critique sans merci.

Estamos desarrollando un proyecto para una publicación mensual en papel. ¿Nos ayudas a financiarlo?

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Unai Velasco

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí