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Fuera de Contexto / Unai Sordo, secretario general de CC.OO

“Sería un gran error estratégico medir el 8 de marzo en términos clásicos”

Mónica Andrade / Joaquín Estefanía Madrid , 23/02/2018

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El lunes 19 de febrero, Unai Sordo, secretario general de Comisiones Obreras, protagonizó la novena sesión del Fuera de Contexto, las entrevistas con público que CTXT organiza cada mes en el Teatro del Barrio. He aquí un extracto de la conversación mantenida por Sordo con Mónica Andrade, directora adjunta de la revista, y Joaquín Estefanía, miembro del consejo editorial. 

Mónica Andrade: ¿Cómo se hace uno sindicalista en estos tiempos? ¿Cómo te hiciste tú sindicalista?

Unai Sordo: Me hice sindicalista por un interés que había tenido toda la vida por el mundo del trabajo y la cuestión social. Eso estaba detrás de que decidiera estudiar relaciones laborales, que entonces se llamaba “graduado social”. Yo trabajaba en una pequeña empresa del sector de la madera, de 17 o 18 trabajadoras y trabajadores (bueno, una trabajadora y el resto trabajadores), donde la acción sindical era verdaderamente complicada; son empresas donde tienes poco margen de reivindicación y de acción sindical. Teníamos un delegado de personal que era de un sindicato nacionalista primero, y luego de CCOO. Me aproximé al sindicato para dar cauce a ese interés del que hablaba, que tenía poco que ver con mi actividad profesional; yo trabajaba en producción, no estaba en una oficina ni nada por el estilo. Y fue todo por la forma más casual: llevando un despido improcedente que exigía una indemnización. A partir de ahí, entré en la actividad del sindicato a través de la militancia en la secretaría de juventud, y luego en la estructura del sindicato.

M.A.: He leído en tu blog que ya habías hecho alguna incursión en el instituto, creo que el referéndum de la OTAN fue una de tus primeras batallas.

Bueno, yo todavía no sé cómo pudimos hacer aquello, era un un colegio público en 1986. Todavía se izaban banderas, nos hacían cantar… Y nos dio, con 14 años, por coger un cartel con una especie de matrimonio entre Reagan y Felipe González, si mal no recuerdo, y ponerlo en el corcho de la clase. No sé en qué estábamos pensando. Nos podría haber costado la cosa cara. Pero fue una chorrada de críos, de pre-adolescentes. Así empezó un poco mi historia, no en la afiliación porque no estaba afiliado al sindicato, pero sí en el trabajo sindical.

M.A. : ¿Con cuántos años te afiliaste?

Cuando empecé a trabajar, con 23 o 24 años si no recuerdo mal. Con 23 años empecé en la empresa en la que estaba, antes tenía trabajos precarios. Se habla mucho de esta crisis y es verdad, pero nosotros en Euskadi en 1993 teníamos una tasa de paro por encima del 20%, una tasa de paro bastante más alta incluso que la que hemos tenido en esta crisis. La gente que acabábamos de estudiar para encontrar un puesto de trabajo pasamos dos o tres años muy complicados. Me afilié cuando empecé a trabajar de manera un poco más estable, estando en esta empresa.

M.A.: No sé si leíste el reciente editorial que publicamos: ¿Por qué no se tiende hacia una unidad orgánica de los dos grandes sindicatos?

Sí lo leí. Es verdad que, durante la propia génesis de CCOO, aspirábamos a una central de trabajadores, era el sueño que tenía el propio Marcelino Camacho: esa idea de la unidad, de un movimiento sindical conjunto en España, existió en su día. Pero al final, se discurrió por un esquema de pluralidad sindical que tiene también sus fortalezas. El hecho de que haya varias organizaciones sindicales te obliga también a tener una presencia, siempre y cuando sea una relación de competencia bien entendida. Te obliga a reproducirte en el conjunto de las empresas, buscar también cómo mejorar tu perfil de acción sindical. En este terreno, el sistema de pluralidad sindical me parece que tiene bastantes potencialidades.

Dicho esto, es muy importante que haya un espacio de unidad sindical, y el que existe entre CCOO y UGT es un valor que no podemos permitir que se deteriore. Y desde luego nuestra voluntad va en ese sentido. Yo vivo en un territorio donde hubo una confrontación sindical casi sin cuartel, y es un escenario pésimo para la defensa de los intereses de la mayoría trabajadora.

El esquema que tenemos en España no se mete en grandes problemas, porque tenemos un nivel de competencia sindical, pero dentro de un esquema de unidad sindical estratégica. Seguramente si hubiese una central sindical única, en esta especie de dinámica de neocorporativismo que se está instalando también en una parte del mundo del trabajo, habría muchos resquicios abiertos, alternativas neocorporativas, en la representación y organización de los trabajadores y las trabajadoras. En ese sentido, que haya dos organizaciones sindicales con presencia potente cubre los huecos en ese terreno. No es un tema que me obsesione porque el modelo actual tiene bastante potencial. Y si queréis un titular: no diviso ningún escenario de avance en la unidad con la UGT.

Joaquín Estefanía: Antes se decía que los obreros no tienen patria y, sin embargo, lo que está sucediendo a nuestro alrededor en estos momentos, fundamentalmente relacionado con Cataluña, nos dice que los obreros sí tienen patria. Una de las cosas más desconcertantes que nos ha sucedido a muchos en los últimos tiempos es ver que la confederación de CCOO era bastante rígida en el hecho de no entrar en el asunto nacionalista, y sin embargo, CCOO y UGT de Cataluña sí que lo han hecho. Mi pregunta es: ¿los obreros tienen patria?

Nosotros nos hemos mantenido en una posición bastante coherente con respecto a lo que hemos defendido siempre en la Confederación de CCOO de España y la que ha mantenido CCOO de Cataluña. Pese a estar en una situación social terriblemente compleja, con un movimiento independentista que ha desbordado todos los márgenes de lo que ordinariamente era el movimiento nacionalista y que se ha dotado de una importante transversalidad dentro de la sociedad catalana, hemos sido consecuentes en nuestro planteamiento. No negamos tampoco las grandes dificultades por las que hemos pasado; no hay ninguna organización, desde luego no las de izquierdas, que no se haya visto sometida a un estrés terrible por lo que está pasando en Cataluña.

Nuestra organización en Cataluña tiene 140.000 personas afiliadas, y eso claro que condiciona. Pero en la Confederación nuestra posición ha sido inequívoca sobre la necesidad de crear un espacio de diálogo y acuerdo político. Ha sido muy complicado encontrar elementos de racionalidad política en Cataluña: es importante reformular el autogobierno, pero también mantener una posición clara de que esto no se puede hacer ni por las vías de la unilateralidad ni, evidentemente, saltándose la ley a la torera. El conflicto solo se podrá reconducir mediante deliberación y negociación, primero entre las fuerzas catalanas, y luego entre las instituciones políticas catalanas y las del conjunto del Estado. Cuanto antes lo asuman todos los actores, mejor.

En el tema de Cataluña, de fondo aparece un elemento muy potente: las nuevas formas de reconocimiento colectivo que están teniendo nuestras sociedades en el conjunto de Europa, incluso diría que de Occidente. Se están volviendo a reproducir viejos elementos de fuerte identidad, seguramente relacionados con la escasa capacidad de gobierno de la crisis y de las desigualdades, y con la pérdida de expectativas que se han dado en estas sociedades. Esa pérdida de pulso entre el poder económico y el poder institucional, unida a un cierto agravio generacional, está generando esos elementos identitarios que están afectando a las trabajadoras y trabajadores.

Se están volviendo a reproducir viejos elementos de fuerte identidad, seguramente relacionados con la escasa capacidad de gobierno de la crisis y de las desigualdades, y con la pérdida de expectativas que se han dado en estas sociedades

J.E.: En España los sindicatos son muy representativos pero tienen muy pocos afiliados. ¿A qué se debe esta caída?

El modelo de representación en España, de aplicación de lo pactado en un convenio colectivo que no se aplica solo a los afiliados y afiliados sino también al resto de trabajadores, es un modelo muy potente para dar cobertura y protección al conjunto de los mismos. Muchas PYMES no pueden tener siquiera representación sindical. Si no existiese ese modelo, se generaría un dumping empresarial continúo, iríamos a un modelo anglosajón donde solo se genera norma colectiva ahí donde hay algún tipo de afiliación. Es verdad que esto tiene un efecto desincentivador de la afiliación. Aun así, aunque hayamos sufrido en la parte afiliativa, en nuestra organización hemos aguantado una cifra de afiliados que tenemos que mejorar, pero que está en un 6% de la población ocupada, los ratios que históricamente siempre hemos tenido. Sin embargo, tenemos un nivel de representación bastante más importante porque el sistema que te legitima para negociar con un gobierno o una patronal, con una empresa o un convenio colectivo, es el de las elecciones sindicales. Ahí la densidad sindical, la implantación de CCOO y UGT, está en el segmento medio-alto si hacemos una comparativa con los sindicatos europeos. Son modelos radicalmente distintos. El modelo mediterráneo, el nuestro, se caracteriza por la representación media o media-alta y una afiliación media o media-baja. Pese a ello, estamos en tasas bastante más altas que los sindicatos franceses.

M.A.: Pero a años luz de los países escandinavos, donde las tasas son altísimas, rondando el 70%.

Claro, pero es que ahí los sindicatos gestionan la prestación por jubilación o políticas activas como el acceso a la prestación por desempleo. Por tanto, si no está el sindicato se tiene que recurrir a un servicio que normalmente funciona mucho peor para acceder al paro, por ejemplo. Son magnitudes que no son comparables; ahí solo hay convenio colectivo para el afiliado. Si no lo estás no puedes acceder a determinadas prestaciones. Igual resulta que el 60% de esa afiliación son personas retiradas, algo que pasa en Italia sin ir más lejos. Hay que ver el modelo sindical en su contexto para entender sus fortalezas y debilidades. Nuestro modelo tiene una legitimidad muy grande en cuanto a la representación y penetración (siempre mejorable: hay bastantes empresas en las que no hay representante sindical), en una media medio-alta de la que hay en Europa.

Es verdad que en afiliación estamos en otro nivel. ¿Tiene esto que ver con la crisis? Yo creo que en parte sí. Nosotros hemos visto una relación causa-efecto directa entre la evolución  del empleo y la evolución de la afiliación. Durante los años duros de la crisis, ¿dónde caía más la afiliación? En los sectores que perdían más puestos de trabajo. Estamos en riesgo de perder tasa de cobertura en España y uno de los análisis que hemos hecho es que es absolutamente esencial reforzar la base afiliativa del sindicato, pero no por una cuestión de interés corporativo ni de solvencia económica, sino porque, si no hay una agrupación más potente de trabajadores defendiendo con garantías que se va a cumplir el convenio colectivo, hoy en día es infinitamente más fácil dejar de aplicarlo.

El gran debate del sindicalismo es cómo penetramos en toda esta dispersión de mundos que aspiramos a representar, que nosotros seguimos llamando clase trabajadora pero que es terriblemente diversa, terriblemente compleja, y que interactúa a veces con elementos de contradicción de intereses. El sindicato tiene que saber gestionar esas situaciones de contradicción de intereses desde la presencia permanente en esas realidades. Ese es el reto. 

J. E.: La extrema derecha no deja de avanzar entre los obreros en Europa. ¿Ha entrado la extrema derecha en CCOO?

Al nivel de la estructura del sindicato, es evidente que no. Ahí la posición socio-política del sindicato es inequívocamente progresista. En una base de casi 1 millón de personas afiliadas tan plural es muy difícil determinarlo, pero creo que el hecho de que en España no se haya producido una reacción filo-racista a algunos fenómenos que han ocurrido en esta crisis, en un país que ha tenido unas tasas de paro absolutamente brutales, de desaparición de sectores enteros donde la población ocupada inmigrante era muy numerosa, como la construcción, en parte tiene que ver con la actitud de las organizaciones sindicales. El sindicato ha mantenido que los culpables del paro no eran los inmigrantes sino los empresarios que no aplican el convenio colectivo. Ahí es donde hay que centrar la lucha y esto ha calado entre nuestra gente.

M. A.: La tasa de afiliación en EEUU es bajísima, pero los datos dicen que el 72% de los nuevos afiliados en EEUU son menores de 34 años. ¿Qué está pasando con los jóvenes en España?

Esto que ocurre en EEUU tiene que ver con experiencias positivas, de las que habría que sacar alguna conclusión, del trabajo de los sindicatos norteamericanos en sectores de servicios muy precarizados. En España, en contra del tópico, no tenemos un problema radical de falta de afiliación de personas jóvenes o mujeres. De hecho, en los datos de afiliación de 2017 el colectivo que de largo más responde a la afiliación es las mujeres de mediana edad. ¿Cuál es el problema de la afiliación en España? La rotación afiliativa. Hasta en los peores años de la crisis se ha afiliado bastante gente a la organización, pero es una afiliación que varía más que rota: el trabajador se acerca más demandando un servicio de asesoramiento sindical o jurídico concreto. Cuando termina el ciclo de su problema tiende a darse de baja y quizá posteriormente a volver con otro. Hay que convencerle de que la función del sindicato sí es atender bien, sí es resolver un problema… Pero sobre todo de que somos una organización para generar norma y organización del trabajo en el centro de trabajo de una forma democrática.

no se puede entender la desigualdad de género sin entender los cauces o la claves de la desigualdad socioeconómica y laboral que existe en el país

J. E.: Quiero preguntarte sobre una movilización que viene: la del 8 de marzo de las mujeres: primero sobre el mismo hecho de que hayáis convocado la huelga de solo dos horas, y de paso: ¿empezáis a considerar que la huelga general en estas circunstancias ya no es la última arma sindical? 

La desigualdad de género, que es patente en la sociedad y que está teniendo elementos dramáticos, está generando una forma de identidad colectiva entre las mujeres y las jóvenes cuya máxima expresión es la respuesta a la violencia machista. Este es un elemento de muchísimo interés, el gran magma social que existe ahora mismo, de una forma más o menos subterránea, más o menos explícita, en la sociedad española.

La reflexión que ha hecho el sindicato al movimiento feminista, del que formamos parte desde que existe el movimiento en España, es que necesitamos un vector de reivindicación laboral, de reivindicación socioeconómica, y una presencia sindical desde el centro de trabajo para facilitar una gran respuesta social y cívica. Pero sería un error estratégico tremendo que el 8 de marzo se midiese en términos clásicos. No hay que llevar la batalla al único terreno en el que se puede perder. El 8 de marzo tiene que ser una gran movilización cívica, civil y social. ¿Con un componente socioeconómico? Claro. ¿Con un componente laboral? Claro. Por eso hemos puesto las reivindicaciones encima de la mesa. Por eso hablamos de planes de igualdad, de modificar la Ley de Igualdad, para dar una dimensión de concreción también a lo que se pide. Pero sin querer agotar la reivindicación, que es multifacética. Va a haber una movilización social muy potente con algunas visualizaciones de paro laboral significativas y cualitativamente importantes.

M.A. ¿Desde el sindicato impulsáis algún tipo de política, de formación, para convencer a los hombres que trabajen tanto como la mujer en casa? Porque eso también es trabajo...

Por eso digo que esto es multifacético y, no pudiéndose entender sin la dimensión económica, tampoco se puede explicar sólo desde la dimensión económica, hay también una dimensión cultural. Vivimos en una sociedad en la que todavía hay muchísimos roles patriarcales muy instalados. Es verdad que el sindicato históricamente ha sido una organización masculinizada porque el trabajo reconocido, el trabajo remunerado, era ocupado por hombres. Se ha financiado más a los sectores industriales donde había mayor participación de hombres, y, por tanto, esto acaba generando una pautas de funcionamiento, de comportamiento, de culturas organizacionales, ultramasculinas. En este aspecto hemos evolucionado mucho en los últimos años: tenemos organizaciones, como la federación de sanidad, o la de enseñanza o la de servicios en los que la afiliación masculina es ya menor que la femenina. Nosotros y nosotras tenemos 400.000 mujeres afiliadas al sindicato, pero a veces no se tienen en cuenta ciertas cosas.

J. E.: Entonces, ¿cuándo va a haber una secretaria general?

¡Cuanto antes!

J. E.: Antes has dicho que la tasa de afiliaciones rodaba el 6% de la población ocupada, pero entre los precarios debe ser ridícula, cercana al 1%. ¿Cómo mejorar esos datos en este mercado de trabajo fragmentado? ¿Cómo vais a buscar al afiliado precario, que además es un afiliado que, por sus propias características de trabajo, no tiene muchas veces ninguna conciencia de clase?

Esto solo se mejora teniendo unas pautas de acción sindical en la empresa, donde la situación del trabajador precario cuente para el sindicato. Te lo voy a explicar con un ejemplo. El otro día me preguntaba un compañero: ¿cómo incorporamos este tipo de sindicalismo a una empresa como la mía en la que el 40% de los compañeros son temporales? Le dije que seguramente en ese 60% de indefinidos el sentimiento de afiliación sea muy fuerte, así que, a la hora de plantear la reivindicación, el sindicato tiene que tener en cuenta la situación de ese 40% de temporales donde la conversión a indefinidos de un 20% es su mayor prioridad, incluso más que medio punto por arriba o por abajo del IPC. El sindicato tiene que tener un espacio deliberativo, no puede permitirse solo la inercia de la afiliación, tiene que ser inteligente para integrar otras realidades.

Las elecciones sindicales, que siguen teniendo lugar en algunos sectores de este país, deben tener una visión periférica. La empresa se ha fragmentado, y la cadena de valor se ha roto. Las empresas recurren hoy a contratas, subcontratas, falsos autónomos… centrarse ahí es una forma de luchar contra la precariedad. En este país debería cambiar el marco normativo que regula las relaciones laborales, lo hemos dicho muchas veces: pedimos la derogación de la reforma laboral pero no la derogación en sí, sino un marco laboral distinto. En materia de contratación, este país no puede convivir con unas tasas de temporalidad de entre el 25% y el 35%... Vaya la economía como vaya, somos campeones de Europa en temporalidad. Aquí se ha favorecido la contratación temporal, la precariedad y el despido libre, y esa inercia hay que romperla.

J.E.: No me refería tanto a la temporalidad como a los salarios, que son como un misterio… ¿cómo nos suben los salarios?

La capacidad de modificar lo pactado que existe hoy en las empresas es prácticamente esotérica. Pueden bajarte el salario porque sí, y en cambio no suben porque se ha articulado un sistema laboral que lo posibilita. Cuando los que redactaron la reforma laboral piden una subida salarial están pecando de un cinismo brutal, porque usted ha puesto los términos para que sea muy difícil hacerlo.. Hay un marco normativo pensado para la devaluación salarial como objetivo de política económica. Según el INE, el 10% de los salarios más bajos han perdido un 22% del poder adquisitivo, que se dice pronto, entre 2008 y 2015.

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Autora >

Mónica Andrade

Periodista. Nacida en Madrid y criada en Pamplona. Huye de los focos, prefiere el 'backstage'.

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Autor >

Joaquín Estefanía

Fue director de El País entre 1988 y 1993. Su último libro es Estos años bárbaros (Galaxia Gutenberg)

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2 comentario(s)

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  1. hasta

    Sindicato Vertical versión 2.0

    Hace 3 años 7 meses

  2. NUBEROJA

    Me produce nauseas oir/leer a estos burócratas indecentes. Su corrupción, su conchabeo con la patronal es el origen de la derrota clamorosa de los trabajadores. Son auténticos delincuentes. Estuve 20 años afiliado a CC.OO ,

    Hace 3 años 8 meses

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