1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Converses Ctxt

Cultura catalana: un hivern nuclear?

Una conversa amb Gonzalo Torné i Jordi Amat sobre la intel·lectualitat en temps de bombes cíviques

Guillem Martínez Barcelona , 15/09/2019

<p>Gonzalo Torné (esquerda) i Jordi Amat. </p>

Gonzalo Torné (esquerda) i Jordi Amat. 

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Hem fundat l'Asociación Cultural Amigas de Contexto per publicar Ctxt en totes les llengües de l'Estat. L'Associació és una entitat sense ànim de lucre que també té la meta de treballar pel feminisme i la llibertat de premsa. Fes una donació lliure per donar suport al projecte aquí. Si prefereixes subscriure't-hi i gaudir de tots els avantatges de ser subscriptor, clica aquí. Gràcies per defensar el periodisme lliure!

La idea és valorar una hipòtesi. Després de l’absoluta vinculació de la cultura catalana amb la proposta governamental catalana, que era el procés, s’ha evidenciat una manca de funcionalitat a la cultura catalana, no gaire diferenciada de l’espanyola en el seu rol governamental. La sensació és que la cultura catalana, tocada pel pujolisme, culminada en la seva falta d’autonomia amb el procés, viu una mena d’hivern postnuclear, poc sexi i atractiu. I la idea d’aquesta conversa és partir d’aquest concepte (molt d’épater les bourgeois; transversal) i transmetre’l a dues persones que, segur, sabran riure-se’n o ponderar la proposta. Aquestes dues persones són dues de les puntes de la cultura catalana en català i en castellà. I no en tenim gaires. Es tracta, ni més ni menys, de Jordi Amat (Barcelona, 1978), un home format en la filologia clàssica que ha sabut i volgut complicar-se la vida, en la direcció de la història de les mentalitats i les idees. Autor de diversos volums sobre història cultural i política espanyola i catalana, és també autor d’una biografia de Josep Benet (Com una pàtria. Vida de Josep Benet, Barcelona, 2017), un llibre que va causar cert malestar en una societat cultural que té problemes en no ser confirmats els seus mites; de La confabulació dels irresponsables (Barcelona, 2017), una descripció i valoració del comportament dels nostres polítics en la formulació de la gran crisi catalana, i de Largo proceso, amargo sueño. Cultura y política en la Cataluña contemporánea (Barcelona, 2018), un estudi sobre el catalanisme del segle xx. La seva obra parteix d’un heroisme exòtic, poc freqüent: partint i arribant al catalanisme, la seva cultura, Amat s’ha enfrontat als mites i els límits de la tribu, d’un col·lectiu que no vol saber res de si mateix que no coincideixi amb els seus apriorismes, que comunament són els dels polítics de torn. Escriu regularment a La Vanguardia, vertebrant aquests punts de vista individuals. Al seu torn, Gonzalo Torné (Barcelona, 1976) és un novel·lista de Barcelona que escriu en castellà, aquesta escola o tradició de novel·lística espanyola, o catalana, vinculada en el temps per la seva eina o objectiu: la tensió social. El català és la seva llengua materna, amb la qual comença la seva carrera. És autor de diversos llibres d’assaig i de novel·la. És, de fet, un gran novel·lista en eclosió (i això és un espectacle inusual i digne de veure) destinat a ser una de les grans veus del gènere a Espanya, a Catalunya, o com es digui. La seva darrera novel·la (Años felices, Barcelona, 2017) és un pas gran en la seva trajectòria. Compagina la seva carrera literària amb una obra periodística sòlida, problemàtica, poc usual en un autor de ficció, col·lectiu que normalment s’apropa al periodisme com a fet promocional i mediàtic. Amb Ignacio Echevarria, per cert, és un dels dos responsables d’El Ministerio, la secció de cultura de CTXT. Plou, i, no obstant, Amat i Torné arriben a la cafeteria de Laie. Comença la conversa.

Gràcies per acceptar una conversa que, com sabeu, vol tractar el tema d’un possible hivern nuclear a la cultura catalana, després de set anys d’un partit de futbol en el qual, diria, l’intel·lectual ha jugat poc i al lloc on li deien. Comencem per avaluar, si us sembla bé, el cost del partit. 

J.A.: Crec que les coses han canviat, al llarg dels últims dos anys. El fervor de l’octubre de 2017 feia impossible tenir posicions matisades i autocrítiques. Amb el pas del temps hi ha qui s’ha instal·lat en posicions radicalitzades, però després d’uns moments d’alta militància s’ha produït també una certa despolitització en les actituds públiques de la gent de la cultura. Una altra cosa és si hi ha hagut o no diagnosi del que va passar. Això no ha passat tant. Però diria que la mitificació que la política demanava a la cultura no ha estat tanta com d’entrada va semblar. La mítica de l’octubre, ara mateix, ja no és cultural.

G.T.: És veritat que just després de l’1 d’octubre es van publicar llibres, discos, dibuixos... però no tant analitzant el que va passar, com donant suport a un determinat punt de vista dels fets. No penso que res del que va passar afecti la literatura. La literatura d’una dècada són com a molt 20 llibres que ara mateix ningú sap quins seran. I al voltant d’aquests 20 llibres hi ha la “cultura”. Com ha afectat el procés a la cultura? Penso, tot mirant la llista de llibres més venuts, que despolititzant-la, ara mateix la majoria són llibres a favor de la sentimentalització de l’independentisme. No és tracta tant de defensar les estratègies de l’independentisme (que encara formaria part de la política) com de nacionalitzar la cultura. 

Un exemple seria la dèria aquesta que Cervantes era català, que no es basa en documents o arguments, sinó en el fet que ja ens va bé, fa de bon sentir. Traspassar la línia que va de fer servir la intel·ligència per defensar l’independentisme (cosa legítima) a nacionalitzar el pensament. De moment, només afecta l’àmbit de l’escriptura “mediàtica” i plataformes ridícules com Nova Història o com es digui, però en qualsevol moment pot amarar àmbits aparentment més seriosos. Darrerament ha passat amb Gabriel Ferrater, un home que tota la seva vida va defensar posicions d’esquerres, a qui li repugnava la dreta nacionalista catalana, que tenia amistats preferents entre els escriptors d’expressió castellana, amb una complicitat estètica, però també de resistència política contra el franquisme... convertit en una mena de protoindepe nacionalista perquè, mira, em va bé... en fi, no és tan escandalós com convertir Cervantes en català, però participa de la mateixa classe de pensament màgic. S’ha articulat una claca, i la claca permet desbarrar, la claca està afamada i delerosa de pensament màgic. 

J.A.: El cas de Ferrater em toca de prop. Vaig fer una sèrie d’articles a La Vanguardia sobre el seu Curs de literatura catalana contemporània. Això va generar una mica d’aquest rebombori basat en l’afany de fer una lectura nacionalitzadora de Ferrater, que em sembla difícil de fer, perquè ell va militar-hi d’una manera contundentment contrària. Una altra cosa, però, és fins a quin punt una lectura política d’aquesta naturalesa és aplaudida. Pot existir la sensació que aquest aplaudiment crea una onada que ofega el sistema literari català. Però això és un fals miratge. 

G.T.: Sí? 

J.A.: Sí. ¿És l’independentisme un punt de vista a partir del qual determinada gent fa interpretacions culturals? Sí. ¿És una interpretació unidimensional, reduccionista, atès que els grans escriptors són complexos per definició? Sí. És un empobriment objectiu de la interpretació d’algunes figures. A mi el que m’interessa és preguntar-me si aquests plantejaments han donat, o no, obres que valguin, amb les quals pagui la pena discutir. ¿Quines són les obres substancials que ha creat l’independentisme cultural i fins a quin punt tenen força o no per impugnar el cànon o les explicacions establertes? Crec que això no s’hi ha produït, especialment. No que jo sàpiga. El cas de Ferrater és bastant irrellevant, en aquest sentit. Ho és més que Josep Pla hagi estat objecte de batalla, alhora per l’independentisme i pel món conservador espanyol. I, en la mesura que s’han anant descobrint textos que matisen el Pla que coneixíem, podem fer una lectura diferent d’aquest autor. 

Dit això, em sembla que l’aportació de l’independentisme cultural, pel que fa a la revisió del cànon, no ha estat determinant. Què ha estat determinant i com pot haver influït el context en positiu perquè rellegim una tradició d’una nova manera? Amb el Gonzalo n’hem parlat alguna vegada, o és un sobreentès, en tot cas: un dels factors positius i rellevants del sistema cultural català en els darrers temps ha estat el paper prescriptor de Maria Bohigas i el replantejament del cànon a partir del catàleg del Club Editor: repensar Sales, Rodoreda, Víctor Català. Ara, Aurora Bertrana. Escriptors com, per exemple, Rodoreda o Sales, que foren clarament nacionalistes, ¿han tingut més difusió en el context que ens hem trobat? Sí. I és positiu. La tasca de Maria Bohigas, una persona que edita, ha tingut moments en els quals es podia fer una lectura sincrònica amb el procés. I crec que ha suposat un enriquiment de la cultura catalana en el context dels anys crítics que hem viscut. 

Hi ha hagut una punta impressionat amb Sales. A mi el que m’ha sobtat és que ha anat paral·lela a un canvi interpretatiu, a una altra lectura. Una novel·la, molt bona, existencial, o jo la vaig llegir així, ha passat a tenir una lectura nacionalista, fins i tot ètnica. N’ha canviat la recepció. I Ferrater, que va mantenir una guerra, diria que guanyada amb Espriu...  No la va guanyar... En tot cas li deia “tieta”, a Espriu. Existia una persona, moltes, que practicaven la bel·ligerància cultural. Ara s’han passat, diria, a bel·ligerància política i ètnica. És possible? És això l’hivern?

J.A.: A partir de l’hivern, pensant què s’ha pogut congelar, salto a un tema paral·lel: ha estat la neutralització del potencial dissident dels Comuns una conseqüència del procés? Era el món que estava cridat a fer una relectura ambiciosa de la cultura de la Transició a Catalunya. A fer una desconstrucció, en positiu i en negatiu, del pujolisme, de les xarxes de poder pujolistes, del discurs dominant en el camp històric del pujolisme… Ho han arribat a fer? La meva opinió és que no. Qui d’una manera més programàtica ho ha intentat ha estat Crític, però no s’ha arribat a construir una sòlida interpretació històrica del pujolisme com a vector fonamental de l’Estat del 78 a Catalunya. No m’agrada l’expressió, que no sé si és teva, però va, te l’atribuïm, allò del règim del 78... 

Ho és, snif... 

J.A.: A la cultura espanyola i sobre el relat de la Transició, aquesta revisió ha estat profunda. Ha generat discursos culturals d’enorme interès, amb els quals val la pena discutir. S’ha plasmat en llibres, exposicions, art. Això podríem haver-ho tingut a Catalunya? Sí. S’ha fet? No. L’absència d’una relectura crítica de la cultura de la Transició a Catalunya em sembla una de les conseqüència de la hivernació en la qual ens trobem. És una carència, no l’única, però és important. En la hivernació, relacionada amb la consolidació de l’independentisme com a forma d’interpretar la realitat, això no ha format part del seu camp d’interessos. 

El que sí que crec (i estic barrejant coses, no són idees que tingui prou elaborades, snif), és que en relació amb la llengua i el sistema literari català, s’està travessant una etapa de forta compactació. No de tancament. De compactació. Les parets del sistema s’han fet més denses. Dins del sistema han passat coses molt bones (experiències editorials, com la de Bohigas, la Setmana del Llibre en Català, els canvis a dues col·leccions medul·lars del catalanisme cultural, com són Els Nostres Clàssics i la Bernat Metge, la modernització s’ha fet de manera intel·ligent). I és la suma de moltes d’aquestes coses la que em fa pensar que el sistema literari, de manera militant, s’ha volgut fer autosuficient. Més concretament, s’han anat taponant les pors de convivència amb l’altre sistema cultural català, que bàsicament és l’espanyol de Barcelona. 

I tu, Gonzalo, com a novel·lista en castellà molt permeable als autors en català, com ho veus això? 

G.T.: Sí, soc molt permeable, però tot això ha canviat molt... Quan vaig publicar el meu primer llibre els escriptors en llengua catalana eren molt més receptius a la literatura en castellà que a l’inrevés; vull dir que els de la meva edat m’havien llegit i jo no sabia qui eren. El procés ha suposat una injecció de visibilitat i d’autoestima per a la literatura catalana que trobo molt beneficiosa. Tenir menys de 40 anys i viure a Barcelona i no relacionar-se amb la literatura catalana és una cosa raríssima, escandalosa, has de fer un esforç gairebé programàtic. 

Però torno al que ha dit el Jordi. Penso que el tancament de la “cultura independentista (de centre)” davant la CT és radical. Des del moment que van treure el llibre de la CT [Gonzalo Torné és un dels autors del volum col·lectiu CT o Cultura de la Transición], s’han mostrat molt bel·ligerants, tot i que la majoria de nosaltres plantejàvem la Transició com a pasteleo, un punt de vista que afavoria en cert sentit la seva tesi que l’Estat espanyol és un estat fallit. La part que no toleren és que el catalanisme de dretes (que finalment és qui ha dominat Catalunya durant 30 anys) és part d’aquest pasteleo. Cal un pensament màgic a l’altura del del Cervantes català i el Ferrater nacionalista per negar que la dreta catalana es rebolcava en la frescor del pasteleo amb la mateixa amorositat que la resta de caciquismes peninsulars. La CT els feia nosa, era com dir... 

J.A.: ...que l’únic discurs dissident pot ser el meu. 

G.T.: Correcte. El caciquisme català és molt semblant a l’andalús. I és una llàstima que els Comuns no hagin estirat d’aquest fil, que s’hagin embrancat en la parida de la lluita entre legitimitats i no a insistir que és complicadíssim construir un nou estat amb el terra de casa tan ple de la pròpia merda. A l’independentisme (fins i tot d’esquerres, fins i tot d’extrema esquerra) li ha fet por fer servir una eina com la CT, perquè era com agafar un ganivet a cegues: no saps si l’agafaràs per la banda que talla; era molt millor simular tota la marramachada de la petita nació neta i democràtica, honesta i eficient, contra l’Estat podrit i feixista. Com si a Catalunya és pogués trobar un pam de net, com si no estigués corcada per 30 anys de corrupció institucional. 

Un altre aspecte interessant seria veure quin marge deixarà una cultura nacionalitzada a l’art. La cultura és integradora, ofereix un model de representació col·lectiva on les tensions socials estan ideològicament negades o aclarides, tot repartit entre bons i dolents. La novel·la, en canvi, és una disciplina on aquestes tensions s’aborden en viu i expressades de manera complexa, com en un camp de batalla. Una societat on la cultura hegemònica (política, econòmica, de classe) imposa models de representació no li calen novel·les per a res. Se n’escriuran d’entreteniment, de negres, de roses, de grogues... però de novel·les “artístiques” no n’hi caldran, perquè la novel·la burxa i tensiona els models de representació dictats. La gran aportació de la literatura castellana escrita a Catalunya és la de fer paleses tensions socials, de classe, culturals, econòmiques, en un sentit imprevisible. Hi ha un fil de disconformitat amb els models de representació cultural espanyol i català que comença amb Carlos Barral i Gil de Biedma, que passa pels Goytisolo i Marsé i Mendoza i que acaba amb Casavella o amb que vingui després. Una voluntat decidida d’intervenció literària en l’examen de les tensions socials. I ara? Els dos llibres en castellà que sé que s’estan escrivint sobre el procés són distopies (que és com anar a jugar a futbol i voler ser el linier) i en català proliferen “sentimentalitzacions” del discurs oficial, com els del volum aquell dels fets que duraran anys, molts, escrits per amics meus, però que fan una mica de vergonya aliena. Està tot per fer, però si s’imposa la “cultura” i els seus models de representació, quina necessitat hi ha d’escriure novel·les? Només cal escollir una claca (fer riota de independentisme també t’assegura un públic) i posar el pilot automàtic. No sé si serà un hivern cultural, però dibuixa una perspectiva depriment. 

El 15-M, com a tal, tampoc va produir novel·la. O no gaire. Va produir assaig. Això pot parlar més aviat d’una ruptura generacional. I d’allunyament de les humanitats. Un altre fet és que les cultures espanyoles són molt estadistes. Depenen de l’Estat, i dels mitjans de comunicació grans, moltes vegades estatals. A Catalunya, un lloc més petit, això ha estat més gran. Això explica que la cultura catalana només hagi tingut, darrerament, una direcció? 

J.A.: El que planteja el Gonzalo, em sembla, és fins a quin punt una cultura tolera i demanda discursos dissidents respecte de l’ortodòxia on pivota aquesta cultura. 

I jo afegeixo que si això és poc freqüent a Espanya, a Catalunya, menys. 

J.A.: El procés ha estat mil coses, i una de molt potent, i molt interessat, en part, ha estat la seva capacitat monumental de creació de comunitat nacional. Això es veu constantment. El sentiment de viure una experiència comunitària de manera agermanada. I, esclar, la figura del dissident, dins la comunitat, no mola. A més, el fervor amb el qual s’ha viscut l’experiència comunitària ha estat intensíssim, i per tant, el que es demanava era foc, més foc. Crec que el foc s’ha anat apagant, però la gent té nostàlgia d’haver viscut aquella experiència comunitària tan intensa. Nostàlgia de la flama. Em sembla que tots tres ens ho vam mirar des de fora, o si érem a dintre, no del tot. Però allò era transformador, i ha donat sentit, més comunitari que polític, a moltes vides. Hi ha un sistema, més comunicatiu que cultural, que reforça aquesta suficiència, aquesta dialèctica entre la comunitat i el discurs que li dona sentit, que en la seva última fase, des de l’octubre, viu de compartir la tristesa, que ara és molt densa i molt forta. I la tristesa és molt difícil de ser impugnada. 

¿Per què hi ha tanta gent a qui li irrita el que dius, Guillem, malgrat que a vegades hi estigui d’acord? Perquè sobre això, sobre el dolor que la comunitat junta, no se’n pot fer broma. No crec que això sigui exclusivament català. En tot cas, això dificulta que la cultura tingui la funció crítica tal com l’ha descrit el Gonzalo. 

G.T.: D’altra banda, el procés ha funcionat com una mena de Penèlope inversa: el que desteixia de dia ho reteixia de nit. El procés ha servit per evidenciar un munt de tensions amagades: entre la comunitat de parla catalana i la castellana, entre xarnegos i “fills d’espanyols” que ja estan tips de la paraula, entre Barcelona i les altres comarques, entre l’independentisme d’esquerres i el de dretes, entre les dues ànimes de la CUP, d’ERC, dels Comuns... Al matí es manifestava la tensió, i a la tarda es negava, perquè la força de cada posició depenia de mantenir certa ficció d’unitat. Amb la cosa ètnica ha fet angúnia: un únic poble quan convenia, i quan la meitat de l’“únic poble” no volia saber res de les iniciatives de la meitat independentista, llavors uns eren poble “veritable” i els altres, invasors nouvinguts...

J.A.: Jo crec que aquestes frases, més que al matí, es deien de matinada… 

G.T.: El que vull dir és que moltes d’aquestes tensions mentre va durar la pasta i la festa del crèdit alemany quedaven soterrades. La crisi econòmica va dividir la societat, no la cultura; les tensions culturals eren políticament insignificants abans de l’esclat del procés, una cosa per a especialistes. La divisió real comença quan una part de la societat, seguint el diktum d’una formació de dretes, assetjada per la corrupció, decideix subordinar els problemes de sanitat, d’educació, de pobresa infantil, de desallotjaments a un deliri: la formació de manera unilateral i sense violència d’un nou estat dins d’una UE que prou problemes té amb les nacions amb estat per donar joc a les nacions sense estat. Desnonaments, llistes d’espera, ascensor social destrossat... tot queda negat a l’espera del manà d’una independència en què no creien ni els polítics, com han reconegut i repetit al llarg de l’últim any. El Jordi va escriure un llibre decisiu sobre el paper irresponsable del polítics catalans i espanyols, però queda per escriure el dels intel·lectuals. No parlo dels mediàtics o mediatitzats, que són criatures ensinistrades, que prou feina tenen a entendre el que els demanen, parlo dels meus amics, i col·legues que respecto. Jo encara tinc molts dubtes pel que fa a aquesta qüestió... ¿Com es podien creure totes les ximpleries que deien sobre democràcia, xoc de legitimitats, que si un estat amb exèrcit tenia molta por, que si la UE ens ajudaria, que si treure 20 euros del caixer per descapitalitzar els bancs, que si enviar els meus tiets a ocupar aeroports? És un grau d’ignorància complicat d’assumir, en persones dedicades a l’estudi i la representació artística del món que les envolta. Tot això encara s’ha d’estudiar. Deliri? Irresponsabilitat? Pressió de grup? Por? Ganes de gresca? Qué hay de lo mío?

J.A.: No hem tingut tampoc La desfachatez intelectual d’Ignacio Sánchez Cuenca. I jo, ep, no estic disposat a pagar la factura de fer-la. Es podria fer un llibre sobre intel·lectuals del procés en aquest sentit? Sí. És el sistema cultural català prou transversal perquè es pugui fer sense pagar un preu massa alt? Passo la paraula. 

No sé vosaltres, però jo he sigut feliç, aquests anys. Volíem una cultura bel·ligerant, i des de 2011 a Espanya, i des del 2012 a Catalunya, hem tingut l’oportunitat de fer-la. La meva espina és que no ha funcionat. Sobretot a Catalunya, on més que bel·ligerància cultural hi ha hagut comunicació de masses. De fet, només he tingut un problema amb un autor català. Em muntava pollastres per Twitter. Fins que va accedir a un càrrec. No em consta, doncs, que tinguem intel·lectuals, una cosa pròpia de les cultures de masses. 

J.A.: Sobre 2011 i 2012. No sabem què passarà a Espanya, però en aquells anys semblava que la crisi que pateix la Segona Restauració podia tenir alguna dinàmica transformadora. Avui hem de ser molts escèptics sobre el canvi es pugui produir. Ve la tempesta. El reforçament del sistema, en bona mesura pel procés (que va crear un cert buit de poder) i per la consegüent reacció autoritària de l’Estat, ha permès un replegament del sistema que durant uns anys ha garantit la seva pervivència. 

A Catalunya sospito que passa una cosa diferent. Aquí la cosa no ha acabat tornant al principi. Hi ha indicis per pensar que la nova dinàmica que s’instal·li no sigui l’autonomia i que en la vida política catalana es consolidi una dinàmica diguem-ne peronista, com va dir Steven Forti. I això vol dir que correm el risc que siguem incapaços de pensar més enllà del procés. Tant si hi estàs a favor com o en contra. En el camp de l’assaig fa anys que la majoria dels llibres que generen debat parlen, a favor o en contra, d’aquest marc conceptual. Ens atrapa. Quedem inhabilitats per pensar d’una altra manera. Crec que això pot estar passant. I és molt difícil de revertir. És difícil pensar fora de la dialèctica procés sí o no. Hi ha professionals del procés. Jo, i prou pena fa, ho soc. Captius d’unes coordenades que són estèrils i que t’impossibiliten parlar del Brexit, posem per cas, sense pensar-lo com un replicant d’això nostre. El Monstre (el procés, no l’independentisme) s’ha enquistat a la cultura. 

G.T.: Abans parlaves de cultura bel·ligerant. Els intel·lectuals només poden ser bel·ligerants dins del seu propi marc. Jo el que he vist són intel·lectuals dins dels marcs oficials. Tertúlies de televisió, de ràdio... La incapacitat, o les poques ganes, de construir espais civils de debat suposa una manca de riquesa. Els marcs públics (o privats farcits de diners públics) estan al servei de l’agenda política, i posen uns intel·lectuals ensinistrats a favor i uns altres en contra, futbolització del pensament: els tigres amb els tigres i els leones amb els leones... no es pot parlar de bel·ligerància, sinó de discrepàncies pautades, espectacle per a grups ja definits. 

Tot està pautat? Hi ha gent fora de la pauta?

J.A.: Esclar que sí. La majoria de les bones novel·les són alienes a tot això. Serés, Puntí, Pagès... Ho és també el corrent de la nova narrativa femenina. De Rojals a Solà passant per Ramis o Ballbona. Et parlo d’allò que jo he llegit, eh! El fet que el sistema s’hagi compactat no exclou la qualitat i la riquesa. 

G.T.: Parlant de compactació, un tema inevitable és quina relació estableix la literatura catalana amb la literatura castellana que s’escriu al Barcelonès. És un tema inevitable, perquè els lectors en castellà no marxaran. És una tensió que no es pot resoldre aniquilant l’adversari. Com s’articula? Els escriptors d’esquerres ho tenen més senzill, tenen l’exemple de l’“escola de Barcelona”, que va teixir una complicitat política a l’entorn del desig d’una distribució millor de la riquesa i de les oportunitats. Uns escrivien en català, i uns altres en castellà, però hi havia una cooperació crítica, i estètica. Jo no tinc cap problema per llegir un escriptor en castellà, en català, en gallec o en asturià. En qualsevol cas, infinitament molt menys problemes que per llegir un escriptor etnicista o ridícul, criptoconservador o imbècil. Si la teva visió del món és d’esquerres, el problema lingüístic tendeix a ser irrellevant. Si ets un escriptor de dretes i poc dotat, la creuada lingüística et pot proporcionar una raó (penosa) de ser. 

Abans he dit “la literatura castellana que es fa al Barcelonès”, i vull remarcar que no era una boutade, penso que “la literatura castellana que s’escriu a Catalunya” és estadísticament irrellevant. De manera que la relació entre els dos idiomes literaris no té res a veure a Barcelona i a la resta del país. A Barcelona hi ha molta porositat per força, vivim a la mateixa ciutat, compartim editorial, agent (els que tenen agent), i ens llegim i som amics. Jo m’he enfotut del procés (que no de l’independentisme) per xarxes socials des de el primer dia, escric en castellà i he acabat editant i fent crítica en català, perquè has de fer un esforç gairebé sobrehumà per no participar. Ara, jo soc bilingüe, com tanta gent a Barcelona, però és possible que el bilingüisme sigui una ficció fora del Barcelonès, i que les dues comunitats (per dir-ho de manera força imprecisa) pugin ser impermeables a Girona, al Pallars o al Solsonès, ho ignoro. Però a Barcelona, aquesta “compactació” és molt complicada. Per la meva banda, almenys, no tinc el més mínim interès a deixar d’interessar-me pel que s’escriu en català i dir el que pensi sobre el que llegeixo, exactament amb la mateixa llibertat i afany d’intervenció amb la qual parlo del que s’escriu en castellà. 

Una de les conseqüències del procés és la pèrdua del consens social davant la llengua, que diria que s’ha trencat, i tindrà repercussions. 

J.A.: És un tema molt interessant. La impugnació del consens sobre la llengua va ser molt intensa durant els dies del fervor. Molt més que ara. La prova més evident a efectes polítics va ser el vot a C’s el desembre de 2017, que per sort no es tornarà a repetir. Va ser votat massivament per una part dels catalans que va sentir que el contracte social en relació amb la llengua s’havia trencat. I després del trencament no estaven disposats a acceptar d’una manera natural, com abans, de la immersió lingüística. Això no ha anat a més. I anirà a menys, en la mesura que a la realitat el conflicte s’ha temperat, s’han anat relaxant les zones de fricció. 

G.T.: Vaig publicar un article elogiant la immersió, un cas insòlit al món, del que haurien d’estar orgullosos els polítics espanyols i catalans. Es va llegir molt i em van felicitar moltíssim, catalanoparlants, castellanoparlants i switchs. Va tenir dues puntes de crítica: gent de Vox molt preocupada per la imminent destrucció de la cultura espanyola, i la sociolingüística Nostradamus que s’alimenta d’afirmar que tot i que el català té més parlants i lectors que mai, morirà d’aquí a uns mesos (jo pateixo que no passi a l’agost i ens agafi a tots vora el mar). Les dues cares de la mateixa moneda friqui. En condicions mentals normals és un conflicte insostenible, en les condicions prèvies a l’1-O, entenc que uns podien creure que els feien fora de Catalunya per parlar castellà, i els altres, que qui parla castellà era un obstacle per arribar a la independència... Però va ser una situació de tensió excepcional. La convivència de dues llengües pot generar tensions (en un entorn d’extraordinària riquesa), com quan un nen et tira una pilota a la platja, però la solució no passa per prohibir l’entrada al nen, sinó per resignar-se a compartir l’espai. 

Anem recollint. Us atreviu a fer, per al lector, un minut i resultat d’aquest moment cultural? 

J.A.: Per fer un discurs precís hauria de sentir l’últim disc dels Manel, snif, i encara no s’ha distribuït. 

Ja te’l canto jo: Avui he sortit de casa / he agafat l’autobús / he baixat de l’autobús. 

J.A.: Guillem Martínez no té ni idea de música. A casa segur que escolta Alaska i ens ho amaga. Fora conyes. No goso contestar. Només una idea: patim sovint perquè la xaladura banal de l’Institut de Nova Història imposi l’explicació no només sobre la catalanitat de Leonardo Da Vinci (era de Santa Coloma, tothom ho sap, potser era parent del Guillem), sinó sobre el present cultural català a partir de la idea fal·laç de l’ocupació. Com que aquesta avantguarda té ganes de ser bel·ligerant, sembla que té una presència al debat públic que en condicions normals no hauria de tenir. Ara bé, situem les coses al seu punt després de l’onada: no passa de l’escuma. Aquesta cultura unidimensional, que vol interpretar el que ens està passant i el que som només amb un punt de vista, és una proposta cultural sense cap recorregut. És el Monstre, i és buit. 

GT: Jo no ho sé. Això caldrà veure-ho, literàriament i culturalment. Aquesta és la gràcia, no? Tot està sempre començant. 







Autor >

Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Uno

    "Ara, jo soc bilingüe, com tanta gent a Barcelona, però és possible que el bilingüisme sigui una ficció fora del Barcelonès, i que les dues comunitats (per dir-ho de manera força imprecisa) pugin ser impermeables a Girona, al Pallars o al Solsonès, ho ignoro. " La comunitat castellanoparlant, aclapadorament majoritària a Barcelona, on no s'escolta el català fora dels circles exquisits d'en GT i on no es gaire recomenable parlar-lo, és efectivament impermeable. A Barcelona, a Girona i a tot arreu. La catalanoparlant, doncs va fent la viu-viu, amb éxit escarit. I a la mateixa Girona molts es mirarien amb extranyesa en Tarradellas, si tornés ara. "Què diu aquest paio?"

    Hace 1 año 6 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí