1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

La familia entrampada

El coste de una universidad pública americana se ha triplicado desde 1987, y gran parte de ese aumento tuvo lugar después del 2000. La industria para la financiación de los estudios se aprovecha del amor a los hijos

Robin Kaiser-Schatzlein (The Baffler) 20/11/2019

<p>Universidad de Virginia, Estados Unidos. </p>

Universidad de Virginia, Estados Unidos. 

Mark Lagola

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

A principios de la década de 2000, Patricia Walsh se encontró en un aprieto cuando ella y su marido tuvieron dos hijos. Walsh trabajaba como profesora en Florida y sabía que, con su exiguo salario, nunca sería capaz de pagar directamente la universidad de sus hijos. Sus hijos no tendrían la misma oportunidad que tuvo ella de ir a una universidad asequible cuando pagó una matrícula interestatal para ir a Rutgers décadas atrás. Por ese motivo, Walsh se sintió comprensiblemente atraída por un programa que ofrecía el estado de Florida: la posibilidad de que los padres prepagaran la matrícula de universidades estatales a precios actuales para sus hijos todavía jóvenes. Era una extensión de los populares programas de ahorro 529 con ventajas fiscales, que permitían a los padres depositar dinero en vehículos de inversión para pagar la futura matrícula de sus hijos.

Como la educación universitaria ha terminado entendiéndose como un imperativo económico para tener éxito, se les anima a considerar que sus hijos están destinados a estudiar desde una edad muy temprana

Hoy en día los padres se enfrentan a una especie de obligación moral de creer en la brillantez del futuro de sus hijos. Como la educación universitaria ha terminado entendiéndose como un imperativo económico para tener éxito, se les anima a considerar que sus hijos están destinados a estudiar en la universidad desde una edad muy temprana, mucho antes de que ofrezcan cualquier prueba que lo demuestre o lo desmienta. Como explica Caitlin Zaloom en su importante nuevo libro, Endeudado: cómo las familias consiguen ir a la universidad cueste lo que cueste [Indebted: How Families Make College Work at Any Cost]: “Los programas de inversión universitaria como el 529 y la matrícula prepagada se basan en parte en la idea de que los padres deben creer; deben considerar que el potencial de sus hijos es sagrado”. Y si los padres tienen que creer en sus hijos, entonces se deduce que tienen que pagar.

Pero imagina tener que explicarle los diferentes planes 529 y otros métodos bizantinos de ahorrar dinero para pagar la universidad a un ciudadano estadounidense de la década de 1950. Tendría un montón de preguntas: ¿por qué es necesario comenzar a ahorrar cuando tu hijo todavía es un bebé? ¿En serio es tan caro? ¿No sería más fácil que pasaran de la universidad y encontraran un trabajo bien pagado a través del sindicato? ¿Por qué carajo incentiva el gobierno que destines dinero a la bolsa? ¿Acaso no supone eso desviar un dinero que puede resultarle útil a la familia hacia un sector de los servicios financieros mayormente inútil? ¿Y por qué los padres son responsables de pagar la educación de sus hijos, no se encarga de eso el gobierno? Calla, no derogaste la ley Glass-Steagall, ¿no?

Para Walsh, unas matrículas por las nubes no dejan mucho tiempo libre para hacerse esas preguntas. El coste medio de acudir a una universidad pública durante 4 años se ha más que triplicado desde 1987, y una gran parte de ese aumento tuvo lugar después del año 2000. Esto dio pie a que proliferara un enorme y omnipotente complejo industrial para la financiación de los estudios, que rebosa de productos financieros que surgieron como ratas de un montón de basura para ayudar a que las familias pagaran por la educación de sus hijos. Además de los 529, existen créditos directos PLUS, privados y federales, para padres. La Solicitud Gratuita de Ayuda Federal para Estudiantes (FAFSA, por sus siglas en inglés), que se cuela en la vida privada de las familias y emite juicios abstractos sobre su salud financiera, se ha convertido en una obligación rutinaria para todos los estudiantes que quieren cursar estudios universitarios, pero que no son ricos. FAFSA utiliza algo llamado la contribución familiar esperada (un cálculo que se explica en un documento de 36 páginas) para dictar cuánto exactamente deberían gastarse en la educación de sus hijos. El libro Endeudado revela cómo FAFSA privilegia a las familias nucleares en un primer matrimonio que tengan sueldos estables, algo que cada vez es más raro ver en Estados Unidos.

Todo esto podría describirse como la financierización de la familia. Zaloom sostiene que todo esto comenzó durante la posguerra, cuando el gobierno federal de EE.UU., que tenía la esperanza de ganar la Guerra Fría estimulando la propiedad privada, dio prioridad a conceder hipotecas a los potenciales compradores de viviendas de la nueva clase media, lo que resultó ser genial para el consumo y mejor incluso para los bancos. Luego, cuando los sueldos comenzaron a estancarse a comienzos de la década de 1970, el plan 401(k) introdujo un nuevo elemento de mentalidad financiera en la familia: las jubilaciones ya no se gestionarían mediante fondos de pensiones, sino que serían los individuos quienes lo harían, puesto que ahora tendrían que decidir no solo cuánto dinero querían ahorrar para la jubilación, sino cuándo. ¿Comprar una casa en un barrio mejor con mejores escuelas, o llevar a sus hijos de vacaciones, o ahorrar prudentemente para la jubilación? Los imperativos de las finanzas, es decir, invertir hoy producirá recompensas exponenciales mañana, cambiaron fundamentalmente la manera en que las familias tomaban sus decisiones. 

La ley de enseñanza superior que promulgó Lyndon Johnson en 1965 instauró la beca Pell para los estudiantes con menores ingresos y aumentó la financiación de las universidades

El mismo efecto se produjo con el deterioro del apoyo federal a la educación superior. La ley de enseñanza superior que promulgó Lyndon Johnson en 1965 instauró la beca Pell para los estudiantes con menores ingresos y aumentó la financiación de las universidades, incluidas las escuelas que históricamente educaban a estudiantes negros. Pero apenas 16 años después, el gobierno dejó claro que ya no invertiría en la educación universitaria con el régimen de austeridad que impuso Ronald Reagan; se aplicaron recortes más severos a la ayuda estudiantil que a cualquier otro programa federal. Zaloom cita al director general de presupuestos de Reagan, David Stockman, con una frase que pronunció en 1981: “No comparto la idea de que el gobierno federal esté obligado a financiar becas generosas a cualquiera que quiera ir a la universidad. Si la gente quiere ir tanto a la universidad, entonces tendrán la oportunidad y la responsabilidad de financiárselo ellos mismos”. Esta fue la nueva y audaz época neoliberal, en la que los individuos serían económicamente responsables de desarrollar su propio capital humano, antes incluso de alcanzar la madurez. Poco importaban todos los beneficios que el país había cosechado de una clase móvil y próspera de graduados universitarios durante las anteriores décadas. Los ahorros personales en relación con el ingreso para esa generación alcanzaron, en 1975, un elevadísimo 17,3 %. En 2005, esa cifra tocó fondo en un pésimo 2,7 %; hoy día, se encuentra un poco por encima del 8 %. Una generación había ascendido a una posición mejor y estaba tirando de la escalera hacia arriba cuando llegó a lo más alto. Una nueva generación, con más deudas y menos ahorros, había nacido. 

“Durante la década de 1990”, explica Zaloom, “los bancos y el gobierno federal se pusieron de acuerdo en que la deuda era la manera en que los estudiantes deberían financiar la educación universitaria”. A medida que aumentaba el coste de la universidad, como los alquileres y los precios de la insulina, muchos de nosotros creíamos imaginar el motivo (la codicia), aunque no existiera una explicación satisfactoria y única a este fenómeno, lo que hizo que fuera más difícil combatirlo. Mientras tanto, los bancos se enriquecieron cada vez más y, como los culturistas, se hincharon hasta alcanzar un tamaño inquietantemente grande. Los créditos estudiantiles participaron en esos negocios rápidos que, como las hipotecas, se troceaban y agrupaban en bonos con los que se comerciaba en todo el mundo. En 2005, el Gobierno de EE.UU. también hizo que fuera casi imposible cancelar la deuda de los créditos estudiantiles públicos o privados por bancarrota, lo que multiplicó las ganancias de las empresas financieras, que se liberaron de la responsabilidad de tener en cuenta la capacidad del solicitante para devolver el crédito. Cuando finalmente la crisis financiera de 2008 corrió el telón que ocultaba la temeridad de los grandes bancos, el gobierno federal se hizo cargo de una parte considerable de los préstamos estudiantiles. Pero como todos sabemos, nada cambió en realidad: el enorme fondo de la deuda relacionada con la universidad sigue estando gestionado por un sector financiero básicamente inalterado.

Para Patricia Walsh, la financierización de la familia significó aprovecharse de un extraño programa que básicamente era una opción de compra sobre el futuro de sus hijos. En el caso de su hija Maya, mereció la pena en el sentido tradicional. Maya fue una buena estudiante que ganó premios, consiguió un trabajo durante la universidad y se graduó con una deuda relativamente baja. En cambio, el hijo de Walsh fue una historia completamente diferente. Fue a la universidad, pero después de varios años de bajo rendimiento, finalmente dejó de apuntarse a las clases. Al meditar sobre la carrera académica de su hijo, Walsh admite que era evidente incluso en el instituto que los estudios no le interesaban. 

En 2005, el Gobierno de EE.UU. hizo que fuera casi imposible cancelar la deuda de los créditos estudiantiles públicos o privados por bancarrota, lo que multiplicó las ganancias de las empresas financieras

Walsh tuvo otro revés adicional cuando su hijo era todavía un adolescente, y su marido abandonó a la familia y les dejó con una deuda de 400.000 dólares. Ella tuvo que vaciar su fondo de pensiones para pagarla, lo que evidencia otro aspecto de la financiación estudiantil que a menudo pasa desapercibido: ahorrar para el futuro no crea estabilidad, sino que depende de ella. De las familias que esperan pagar la universidad (o que ya están pagándola), menos de un 10 % utiliza los planes 529 u otras cuentas de ahorros universitarias, y la gente que se beneficia de estos programas con ventajas fiscales posee 25 veces los activos medios de aquellos que no los usan, de 2012 en adelante. Pero los padres que no utilizan los planes 529 (a menudo porque no se lo pueden permitir) reciben no obstante el mismo mensaje: tienes que ahorrar para pagar la educación futura de tu hijo de una manera u otra. Su sustento depende de ello.

El gobierno de Obama, como sospechaba que algo no olía bien en estos planes, intentó abolir los 529, pero Nancy Pelosi y John Boehner, esos paladines bipartidistas y aguerridos defensores del privilegio de las clases altas, aparecieron para suspender la ejecución. Trump, mientras tanto, ha ampliado los 529 y ha hecho que sus fondos puedan ser utilizados en instituciones privadas. Los activos que se invierten en estos programas rondan los 250.000 millones de dólares, generan unas formidables sumas para la industria de los servicios financieros y sustrajeron más de 2.000 millones de dólares de potenciales ingresos tributarios, solo en 2014.

La idea de que lo prudencial es ahorrar para la educación de tus hijos suena razonable desde una perspectiva abstracta, pero ese énfasis en la responsabilidad personal encubre un proyecto político regresivo, que extrae riqueza de las familias más vulnerables y privilegia a aquellos que menos tienen que perder. Como escribe Zaloom: “El mandato moral de tener que planificar ofrece ventajas a los que tienen estabilidad (sobre todo los que poseen riqueza) y se las niega a los que no la tienen”. De esta manera, los planes redistribuyen no solo riqueza, sino integridad moral, hacia arriba. La configuración de la industria para la financiación de los estudios implica no solo que las familias pueden y deben cargar con el coste de la universidad, sino también que cuanto más se ajusten al molde de familia ideal que establece la industria (que sospechosamente se parece a una familia blanca y rica), mejor estarán. El crecimiento del complejo industrial para la financiación de los estudios es el complemento perfecto para una tecnocracia social y excluyentemente conservadora. 

En una serie de útiles comparaciones, Zaloom demuestra que esta lógica de financiar la universidad solo se aplica en los Estados Unidos. El gobierno sueco reconoce explícitamente que la matrícula de un estudiante está única y exclusivamente a su cargo, no al de la familia. Y como es ridículo esperar que alguien que se encuentra al final de su adolescencia tenga los fondos necesarios para pagar sus estudios, el gobierno garantiza que la universidad será asequible y controla de cerca las deudas en las que incurren los estudiantes, sobre todo como consecuencia de sus gastos de manutención. Aunque los estudiantes suecos todavía se gradúan con una deuda media de 21.000 dólares, según un reportaje del New York Times, las condiciones de sus préstamos son generosamente largas, los intereses muy bajos y los graduados pagan mucho menos que los estadounidenses cuando están empezando sus carreras profesionales. En Alemania, la universidad es gratis para la mayoría y solo un 20 % más o menos de los estudiantes se gradúa con deudas, según afirma Zaloom. Y aunque el gobierno alemán sí espera que las familias colaboren con los gastos universitarios, la deuda estudiantil está vinculada a los ingresos, no tiene intereses y se perdona después de 20 años. Dicho de otro modo, en otros lugares la universidad no se considera una oportunidad para explotar los vínculos familiares en beneficio de la gigantesca industria de los servicios financieros que concede y gestiona los créditos.

Zaloom cita a la teórica política Nancy Fraser, que ha explicado cómo el sistema económico estadounidense “se aprovecha” del trabajo y el tiempo que invierte una familia en favor de sus hijos y “les concede cero valor monetario”. Este es un análisis convincente, aunque en este caso no sea totalmente acertado: la industria de los créditos estudiantiles reconoce ese valor y lo convierte en coste. Esa es la esencia de la familia financierizada, cuyo amor se explota por dinero.

--------------------


Robin Kaiser-Schatzlein 
es un periodista que escribe sobre asuntos económicos. Puedes seguirlo en Twitter @robinsreport.

Traducción de Álvaro San José.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en The Baffler.

Ya está abierto El Taller de CTXT, el local para nuestra comunidad lectora, en el barrio de Chamberí (C/ Juan de Austria, 30). Pásate y disfruta de debates, presentaciones de libros, talleres, agitación y eventos...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Robin Kaiser-Schatzlein (The Baffler)

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí