1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Los cinco elementos (III)

Tierra

Vista desde dentro, nuestra casa es marrón, verde, blanca, roja, negra… y, cada vez más, gris. La acumulación del capital es, de facto, expulsión de la tierra para los desfavorecidos y una falsa emancipación para los privilegiados

Yayo Herrero 13/08/2020

<p>Invernaderos en El Ejido (Almería).</p>

Invernaderos en El Ejido (Almería).

ANE

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Debe ser precioso ver la tierra desde fuera, pero yo solo la he visto desde dentro.

Dicen quienes la han visto desde el espacio que la tierra es, sobre todo, azul, que su visión sobrecoge. Una bolita azul y blanca, suspendida, silenciosa y frágil, que alberga la única vida que conocemos hasta ahora.

Parece que desde el espacio, las fronteras, los rascacielos, los monocultivos de soja, las autopistas, y las macrourbanizaciones son invisibles.

Vista desde dentro, la Tierra es marrón, verde, blanca, roja, negra… y, cada vez más, gris.

La Tierra es el tercer planeta del sistema solar. Gira alrededor del Sol en su movimiento de traslación y alrededor de sí misma en el de rotación.

En una cultura que, aún estando dentro, ha aprendido a mirar la tierra como si viviese fuera de ella, no extraña pisar solo cosas muertas

Se formó hace aproximadamente 4.500 millones de años. Mil millones de años más tarde, como una sorpresa, surgió la vida. Homo sapiens, nuestra especie, apareció en la Tierra hace algo más de 150.000 años. El modelo económico sagrado, basado en el crecimiento continuo y sin límites que pone en riesgo a muchos seres vivos en la Tierra, nació hace apenas doscientos años. El petróleo a gran escala se empezó a extraer hace cien. La biocapacidad de la Tierra se sobrepasó hace unos 35 años. El derretimiento completo del hielo ártico en verano llegará en treinta años.

Llamamos suelo a la tierra que pisamos.

Marta, una amiga de Ecologistas en Acción, es profe en un instituto de Madrid. Todos los años propone a su alumnado escribir la lista de lo que pisan durante uno o dos días. El resultado suele ser algo parecido a: alfombra, parquet, baldosa, asfalto, madera, empedrado, asfalto, mármol, parquet, plástico, asfalto, baldosa, alfombra, gres, madera, asfalto. 

Casi ninguna de las personas que han hecho el ejercicio se sorprenden por no haber pisado tierra viva en ningún momento. En una cultura que, aún estando inexorablemente dentro, ha aprendido a mirar la tierra como si viviese fuera de ella, no extraña pisar solo cosas muertas. En una cultura que no se reconoce parte de la tierra, lo vivo y lo muerto, a veces, es indistinguible.

Uno de los pilares del proyecto Madrid Nuevo Norte es la construcción de una zona verde de dieciocho hectáreas sobre el entramado de las vías de tren. Se instalará sobre una losa de hormigón. Creer que una alfombra verde sobre una losa de hormigón es naturaleza es un buen ejemplo de la confusión entre lo vivo y lo muerto.

La palabra humano está emparentado con humus, que significa tierra o suelo. Humano significa procedente de la tierra, del suelo. Nuestro propio nombre nos revela que, además de ser agua y aire, somos también tierra y suelo. En una cultura que no se siente terrícola, no se echa de menos caminar sobre el suelo vivo que le da nombre a nuestra especie.

Los suelos son uno de los ecosistemas más complejos que existen en la naturaleza y uno de los hábitats más diversos de la Tierra. Un entorno vivo donde habitan miles de millones de organismos que se alimentan unos de otros, se descomponen unos a otros, se regeneran unos a otros.

Los organismos del suelo interactúan con el aire y el agua. Son responsables del ciclo de los nutrientes, regulan la dinámica de la materia orgánica, la retención de carbono y las emisiones de gases de efecto invernadero; modifican la estructura física de los suelos y los regímenes hídricos, y refuerzan la vitalidad de las plantas. La interacción de los organismos del suelo entre sí y con las plantas y los animales forma una red compleja de actividad ecológica. Se llama red trófica edafológica.

Todos ellos, junto con las personas campesinas, crean, mantienen y regeneran la fertilidad de los suelos. La posibilidad de producir alimentos se apoya en esa densa red de relaciones.

La salud de los suelos es fundamental para el bienestar y la supervivencia humana. La agricultura tradicional –y ahora también la agroecología– se ocupa de producir alimentos y además nutrir y mantener la capacidad regenerativa del suelo. La agricultura industrial, sin embargo, trata al suelo como un contenedor muerto y vacío en el que se producen los alimentos. Lo que le hace falta al cultivo para crecer se aporta desde fuera, se sintetiza químicamente, usando petróleo y extrayendo nitratos y fosfatos de otros territorios. De este modo, la agricultura deja de ser una actividad cíclica y renovable para convertirse en una actividad industrial y extractiva más. Si se sigue destruyendo el sustrato vivo del planeta, en los próximos 20 o 30 años, solo por esta causa dispondremos de un 30% menos de alimento.

La economía convencional se ha construido como si la vida humana flotase por encima de la tierra y de los suelos, como si éstos no tuviesen su propia dinámica y fuesen ilimitados. Ha cortado ilusoriamente el vínculo que la une a la materialidad de la tierra. A una velocidad vertiginosa, en términos de historia de la vida, ha alterado los equilibrios sobre los que se sostiene la vida. La pérdida de la tierra se ha denominado desarrollo.

Si se sigue destruyendo el sustrato vivo del planeta, en los próximos 20 o 30 años, solo por esta causa dispondremos de un 30% menos de alimento

La tierra y los suelos sufren una creciente presión por la intensificación y la competencia para su explotación:  extractivismo,  agricultura y ganadería industrial, urbanización masiva, industria sin límites, residuos a gran escala, etc. Si sumamos la contaminación y el cambio climático, la degradación se extiende como un tumor: sequías, desestabilización de los equilibrios en las turberas, cambio en la humedad y composición de los suelos…

De entre los muchos efectos visibles, me impresiona especialmente la descongelación del permafrost, el subsuelo helado de las zonas más cercanas al círculo polar, como Alaska, Escandinavia, Siberia o Canadá. Treinta y cinco millones de personas que viven en ellas ven en peligro la estabilidad del suelo donde se asientan sus casas, donde pisan, donde viven. La tierra descongelada deja escapar enormes cantidades de metano, que realimentan el cambio climático, y enfermedades que quedaron atrapadas en los suelos hace mucho tiempo.

La contaminación del suelo supone la alteración de la superficie terrestre con sustancias químicas que resultan perjudiciales para la vida en distinta medida, poniendo en peligro plantas, animales, agua, personas.... No siempre puede solucionarse el problema, y a veces la degradación es irreversible.

Metales pesados, hidrocarburos, productos fitosanitarios, basuras, urbanizaciones a medio construir, ácidos, residuos de la minería, barriles de residuos radiactivos. Son los longevos subproductos de un desarrollo concebido de espaldas y en contraposición con la tierra. Son los bebés horrendos de la civilización, que diría la escritora Abi Andrews.

Julia Schulz-Dornburg realizó en 2012 un inventario fotográfico de las ruinas modernas que había sembrado la construcción especulativa en España. Paisajes-residuo de la burbuja inmobiliaria: carreteras a ninguna parte, pistas de esquí en territorios resecos, aeropuertos sin aviones. Cualquiera de los rastros es la materia prima de un sueño y el final de una pesadilla. Las ruinas se superponen a los cimientos.

¿Cómo se pudieron diseñar semejantes delirios, evidentemente destinados al fracaso? Y sobre todo ¿cómo no quedan anclados en la memoria para evitar que se reproduzcan?

Hace menos de quince días, leí en el periódico el anuncio del proyecto “Elysium City”, una enorme instalación de ocio en la Siberia extremeña.Una inversión milmillonaria que, según la prensa, impulsan un empresario sevillano, un exdirectivo de la compañía Disney y un primo lejano del rey Juan Carlos. La Junta de Extremadura ha admitido la solicitud y constituirá la comisión que deberá evaluar la propuesta en el plazo de un mes.

Contempla un parque temático que aún no tiene tema, un parque acuático de atracciones, un parque de eventos especiales, dos puertos deportivos en el pantano de García de Sola, un auditorio para eventos culturales y convenciones, un estadio de fútbol, un complejo deportivo con una pista cubierta para esquí, diecinueve hoteles (dos de cinco estrellas –uno de ellos con una torre de hasta 45 plantas–, tres de cuatro estrellas y catorce de tres). También habrá viviendas (edificios en altura, villas y casas unifamiliares pensadas para personas mayores). El complejo se completaría con 41 restaurantes y 106 bares y cafeterías.

Aunque los promotores han dicho que solo construirán cuatro, han solicitado permisos para la instalación de hasta treinta y tres casinos, por si se quedan cortos y luego hay que ampliar. Prometen unos treinta mil puestos de trabajo y animan a que los locales aprendan chino, ruso y otros idiomas.

El proyecto - al loro - se concibe como una ciudad sostenible: edificios inteligentes, vehículo eléctrico como medio de transporte, placas solares en tejados, sistemas de ciclo integral del agua, ecoparque para la gestión de residuos y una planta fotovoltaica de 30 megavatios para consumo propio… y se organizará una competición internacional de vehículos monoplaza eléctricos.

Para que sea viable, los promotores reclaman la conversión de la N-430 en autovía, que la N-502 sea de alta capacidad para acortar el viaje a Madrid y que en el futuro el AVE Madrid-Badajoz tenga un ramal desde Talavera de la Reina a Castilblanco. También proponen que la Junta de Extremadura lidere la construcción de un aeropuerto.

La tierra descongelada de las zonas más cercanas al círculo polar nos expone a enfermedades que quedaron atrapadas en los suelos hace mucho tiempo

¿De dónde vendrá el agua, el aire acondicionado, los minerales, la energía o los alimentos? ¿Pedirán agujeros negros en la legislación laboral como hizo Adelson en el frustrado Eurovegas? Eso no figura en la información sobre el proyecto.

Yemen padece hoy una hambruna feroz. Según Naciones Unidas, es la peor crisis humanitaria del planeta de los últimos cien años. Trece millones de personas están en riesgo de inanición. Los campesinos del norte del país han denunciado los ataques reiterados de la coalición liderada por Arabia Saudí sobre sus granjas, campos y cosechas, que impiden la agricultura local y envenenan la tierra con los productos tóxicos que bombardean.

Vicenç Fisás, en el libro Matar de Hambre, hace una relación de las formas en las que se arrebata el alimento: destruir y saquear tierra, expropiarla, atacar en épocas de siembra, dificultar el acceso a las tierras productivas, mantener tierra improductiva adrede, expulsión de campesinos y campesinas...

Un hilo directo une el hambre con la destrucción y la desposesión de la tierra.

En Mein Kampf, Hitler defiende que la política es el arte de llevar a cabo la lucha vital de un pueblo por su existencia en la tierra. La política exterior, dice, es el arte de asegurarle a un pueblo el tamaño y la calidad del espacio exterior que necesita. En la limitación del espacio vital, dice, radica la necesidad de la lucha vital. La estrechez del espacio vital en el que hoy vive el pueblo, dice, exige la conquista de nuevas tierras.

El mismo Hitler en su discurso del 13 de noviembre de 1930 afirmaba: “Todos nosotros intuimos que en un futuro lejano se cernirán sobre el ser humano problemas a cuya superación solo estará llamada una raza suprema por su condición de pueblo de amos que puede apoyarse en los recursos y las posibilidades de todo un planeta”.

Resulta brutal leerlo, pero más aún que sus exabruptos coincidan tan crudamente con la racionalidad económica vigente. Si cambiamos espacio vital por huella ecológica, los resultados son parecidos. Si toda la población del planeta viviese como la media de una persona en España, harían falta casi tres planetas. Lo que unos tienen de más, sale de la tierra que otros pierden.

Durante las tres últimas décadas se ha acelerado el desplazamiento de poblaciones campesinas y la formación de un proletariado sin tierra en países como México y la India; recursos que antes eran propiedad comunal están siendo privatizados y transformados en mercancías.

A partir de los ochenta, el capitalismo mundializado ha intensificado los mecanismos de apropiación de tierra, privatizaciones y explotación del trabajo humano. Los instrumentos financieros, la deuda, las compañías aseguradoras, y toda una pléyade de leyes, tratados internacionales y acuerdos constituyen una arquitectura de la impunidad que allana el camino para que complejos entramados económicos transnacionales, apoyados en gobiernos a diferentes escalas, despojen a los pueblos, destruyan los territorios, desmantelen la red de protección pública y comunitaria que pudiese existir, expulsen a la gente y a otros seres vivos del territorio y criminalicen y repriman las resistencias que surjan. Es otra forma de guerra.

Países ricos del Golfo Pérsico, Estados Unidos, economías emergentes asiáticas (como China, India o Corea del Sur), empresas transnacionales y entidades financieras, están comprando enormes extensiones de territorio de África y América Latina. Así, se aseguran el suministro de alimentos para las personas o para la ganadería industrial, agrocombustibles para transporte motorizado o fibras. Este acaparamiento implica la destrucción de economías rurales tradicionales y el destierro forzoso de sociedades campesinas y pueblos originarios.

Los territorios quedan divididos entre zonas de sacrificio –de extracción, producción y de recepción de residuos– y los espacios de consumo. Las personas se dividen entre las que están protegidas, en mayor o menor medida, por el poder económico político y militar divorciado de la tierra, y la población sobrante, desterrada y sin derechos.

La desmaterialización de Silicon Valley descansa sobre la explotación y la contaminación en los polos industriales de Shenzhen, y éstos sobre el extractivismo mineral y humano en las minas del Sur Global. Una red de relaciones económicas complejas que podríamos llamar pirámide trófica capitalocénica. Son relaciones parasitarias.

Marx relata cómo la acumulación originaria partió de los enclosures que arrebataron la tierra a los campesinos obligándolos, una vez desterrados, a convertirse en proletarios.

La acumulación del capital es, de facto, desposesión y expulsión para los desfavorecidos y la falacia de una falsa emancipación de la tierra para los privilegiados. A gran escala, la economía mundializada e industrializada es la ilusión de un despegue de la tierra. Un gran destierro colectivo y desigual. Perteneciendo inevitablemente a de la tierra, el Progreso nos ha enseñado a mirarla desde fuera y desde arriba. Nos ha enseñado a sentirla como un instrumento inerte e inagotable.

Países ricos del Golfo Pérsico, EE.UU., economías emergentes asiáticas, empresas transnacionales y financieras, compran enormes extensiones de territorio de África y América Latina

“No podemos intervenir en la rotación de la tierra”, se lamenta Delaura en Del amor y otros demonios. “Pero podemos ignorarla para que no nos duela”, le contesta el obispo. Podemos intentar hacer caso omiso de todo para que no nos duela: ignorar la Tierra, el cambio climático, la expulsión y la masacre de personas, animales, plantas y minerales.

En Naturaleza Muerta, el director chino Jia Zhangke cuenta el después de la construcción de la presa de las Tres Gargantas en China. La película está llena de matices y simbolismo. Destaca el color gris del paisaje, los pueblos y la gente. Solo aparece el color de la naturaleza en todo su esplendor cuando se muestra la parte de las gargantas que se ha preservado para los turistas. La vida como escaparate. Como la losa de hormigón alfombrada de Chamartín o los casinos sostenibles de Extremadura. Desarrollo.

Algunos pueblos originarios amazónicos dicen que las pesadillas tienen que ser narradas para que no se materialicen. Yo también lo creo. En una entrevista reciente, la filósofa Ana Carrasco-Conde decía: "el miedo es una de las emociones básicas y no conviene eliminarlo. (...) Hay que saber por qué tienes miedo, a qué tienes miedo. El miedo no debe hacer huir de las situaciones que aterran, tiene que ver con saber encararlas, analizarlas, entenderlas. (...) Tener miedo tiene que ver con el cuidado y la preocupación por el otro y por ti misma."

Las posibilidades de vivir vidas buenas sin que sea a costa de nadie pasa por reinventar la condición de terrícolas, de seres del humus, del suelo. Somos tierra. Muchas personas se organizan y viven haciéndose responsables de ella. 

Reivindican que la tierra pertenece a quien la trabaja y la cuida y no a quien le hace daño.

Los pueblos originarios, y en especial sus mujeres, defienden el territorio-cuerpo y el territorio-tierra porque, como dice Lorena Cabnal, en las guerras por el control de los pueblos y territorios, los cuerpos han estado amenazados constantemente y se vuelven también un territorio en disputa.

El Movimiento Sin Tierra en Brasil, Ende Gelände en Alemania, los movimientos en defensa de la soberanía alimentaria, de la agroecología y de la ganadería ecológica, las Green Guerrillas, el movimiento en defensa de la agricultura urbana, los movimientos en defensa de la vivienda y contra la especulación urbanística, las mujeres Chipko, el movimiento Cinturón Verde que impulsó Wangari Mathaii, el movimiento ecologista… Todos ellos hunden los pies en la tierra concreta. Unos porque están integrados por personas que nunca fueron desterradas y se niegan a serlo. Otros porque son conscientes de que para poder tener un futuro que no sea distópico, hace falta un aterrizaje forzoso en el suelo. Cada valle, cada monte, cada turbera, cada calle, cada plaza ,cada barrio importa.

La sostenibilidad pasa por aterrizar en la tierra y reconstruir lazos rotos con ella.

Vista desde fuera, la tierra es azul.  Vista desde dentro, es nuestra casa y hay que defenderla de lo gris.

----------

Los cinco elementos (I): Agua.

Los cinco elementos (II): Aire.


Debe ser precioso ver la tierra desde fuera, pero yo solo la he visto desde dentro.

Dicen quienes la han visto desde el espacio que la tierra es, sobre todo, azul, que su visión sobrecoge. Una...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Yayo Herrero

Es activista y ecofeminista. Antropóloga, ingeniera técnica agrícola y diplomada en Educación Social.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí