1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

fronteras

¿Dónde están las movilizaciones contra la masacre de Melilla?

No paramos de gritar “que viene el fascismo”, pero las políticas criminales en la frontera vienen de la Unión Europea y ya están aquí

Nuria Alabao 3/07/2023

<p><em>Frontera</em>. /<strong> La boca del logo</strong></p>

Frontera. / La boca del logo

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

Junio ha sido un mes especialmente cruento con las personas que tratan de llegar a Europa a través del Mediterráneo. El barco que naufragó delante de la costa griega dejó un saldo de ochenta cadáveres y más de quinientos desaparecidos –que en el mar equivalen a muertes casi seguras–: una de las mayores tragedias de la historia de la frontera sur.

Una niña y un hombre murieron y 34 desaparecieron cerca de Canarias en el naufragio de una patera. Otras 1.800 personas han fallecido oficialmente en el Mediterráneo en lo que va de año, pero podrían ser muchísimas más. Las cifras bailan. Los datos anuales suman varios miles más, de año en año.

Y aquí es donde normalmente dejamos de leer, donde a veces se vuelve insoportable o cuando ya no queremos saber. ¿Escapa a nuestra capacidad de comprensión? ¿Es que no se puede hacer nada? ¿O es el precio a pagar si queremos proteger “nuestra forma de vida”?

“Junio ha sido un mes especialmente cruento con las personas que tratan de llegar a Europa a través del Mediterráneo”. Esta podría ser una frase periodística al uso, impersonal, que evita señalar responsables para todos esos muertos. Como si las fronteras fuesen un fenómeno natural, un huracán o una inundación, como si no hubiese culpables, como si esas muertes fueran inevitables. Algunos testigos acusan a la guardia costera griega de haber intentado remolcar el pesquero para alejarlo de tierra. En cualquier caso, no se les prestó ayuda con una celeridad suficiente para evitar todas estas muertes. La patera naufragada en Canarias pidió auxilio a España, pero Salvamento Marítimo la denegó escudándose en que navegaba por aguas territoriales marroquíes y dejó a sus sesenta ocupantes –entre ellos niños– hacinados sin víveres, con los pies ya en el agua durante doce horas más. Estos últimos años hemos visto también cómo se dispara o se golpea directamente a estos migrantes, incluso en el mar. Recordemos la tragedia del Tarajal. Estas prácticas criminales no son “excesos”, son la normalidad de la gestión militar de la frontera, un negocio para las industrias de seguridad y armamentística. Tienen responsables políticos y un marco político europeo que las impulsa y las dirige.

Contra todo ello se han movilizado estos días miles de personas en varios puntos de Grecia, mientras los hechos inmediatos que han provocado esta protesta masiva se perdían en la prensa ante la emergencia de un hecho más “relevante”: cinco millonarios se habían perdido en un submarino mientras hacían turismo. ¿Por qué en España no hay movilizaciones tan masivas contra la gestión fronteriza cuando se están produciendo casos escandalosos?

Este junio se cumplía un año de la masacre de Melilla, donde murieron al menos 23 personas, la mayoría de ellos refugiados de la guerra civil sudanesa, mientras trataban de saltar la valla que separa la excolonia española de Marruecos. Hay organismos de derechos humanos que elevan la cifra a 37, a los que se suman los más de 77 desaparecidos, que podrían estar muertos también. Para que estas personas que huyen de conflictos armados puedan pedir asilo, al que tienen derecho según la legislación española, deben saltar la valla de Melilla, porque la oficina habilitada para ello está al otro lado y no hay ninguna otra forma de llegar. Al menos trescientos de los migrantes que vivieron esta tragedia han sido condenados además a penas de cárcel en Marruecos, según la Asociación Marroquí de Derechos Humanos. Ya sabemos, es culpa del marco de las “mafias”, de las que se dice que “hay que proteger a los migrantes”, y por el que luego pueden acabar condenados como criminales. Pero es la frontera la que crea las mafias, el hecho de que no haya formas legales de migrar o de pedir asilo. Seis millones de refugiados de la guerra de Ucrania se encuentran ahora en distintos países de Europa. El trato ha sido completamente diferente.

Las imágenes de la tragedia de Melilla son realmente brutales, tanto por los gases que se arrojan sobre los migrantes y que provocaron la avalancha, como por los policías marroquíes golpeando a los malheridos –o quizás ya muertos–, los cuerpos machacados apilados unos encima de otros y atados, o las ambulancias –a uno y otro lado– que no prestaron ninguna ayuda a los heridos. Fue brutal incluso para algunos de los guardias civiles que estaban allí, entrenados psicológicamente para enfrentar estas situaciones, cuya subjetividad está moldeada para obedecer órdenes, para pensar que están salvando a la patria, que están defendiendo a la ciudadanía. Incluso para ellos fue atroz y así lo han expresado algunos, a pesar de la prohibición de hablar, en un reciente reciente reportaje de Público y la Fundación PorCausa.

“Al principio, los marroquíes los mataban o los medio mataban ahí mismo. Uniformes llenos de sangre, todo lleno de sangre, lo peor que he podido vivir, salvaje, lo demás es que ni se acerca”. Así describe la operación uno de los guardias civiles entrevistados. En un mensaje de WhatsApp que circuló por sus grupos esos días, otro agente señalaba: “Lo peor no son los palos o las piedras, lo peor es el hambre, la desesperación”. O la persecución de algunas mujeres por los agentes marroquíes. A una, “le estaban tirando del brazo para ver si la violaban y la dejamos pasar. Era salvaje, cada vez que lo recuerdo se me ponen los vellos de punta. Eso era una guerra y nosotros no sabíamos que íbamos a la guerra”.

“El peor momento es el de después de la actuación en frontera, cuando te quedas solo. Pasas de los chillidos al silencio. Te quitas el uniforme y ves la sangre”, relata el agente, quien asegura que algunos de sus compañeros sufren cuadros de ansiedad y otros trastornos psicológicos debido a ese trabajo, y agrega que sus superiores no saben cómo reducir el número de suicidios. Para evitar ese malestar, los agentes rotan cada veintitantos días. “No entré en la Guardia Civil para esto”, concluye.

Un documental internacional coordinado por Lighthouse Reports –que acompaña este artículo– demuestra que agentes marroquíes cruzaron la valla de Melilla y golpearon a migrantes en suelo español, algo que confirma el propio Defensor del Pueblo, con el objetivo de devolverlos en caliente. El documental prueba también que al menos hubo un muerto en territorio español y también los abusos protagonizados por guardias civiles. Es decir, deja muy claro la responsabilidad española en los hechos, las ilegalidades, que no son sino “fallos” en el intento de España de externalizar la brutalidad policial de su frontera sur al matón marroquí para poder lavarse las manos de cualquier cosa que suceda. (De las muertes innecesarias, la falta de asistencia, los presos, los desaparecidos.) Todo para que las vulneraciones de derechos humanos más descarnadas ocurran en otros sitios y nosotros podamos seguir disfrutando de la ficción democrática con su correspondiente fantasma: “Que viene la ultraderecha”.

 

En su día, el presidente Pedro Sánchez respaldó completamente la actuación de Marruecos y apoyó las devoluciones en caliente que realizó la Guardia Civil en aquel momento, cuya legalidad está en entredicho, aunque se encuentren respaldadas por la llamada ley mordaza. La infame ley antidemocrática del PP que el propio Gobierno de Pedro Sánchez se comprometió a derogar antes y después de formar el ejecutivo. Una promesa olvidada. Hasta el día de hoy ninguna autoridad española ha asumido responsabilidad sobre estos hechos. Se ha pasado página. De hecho, como señalaba en un tuit Helena Maleno, activista de derechos humanos perseguida por Marruecos, el número de víctimas en las fronteras se ha disparado durante esta legislatura. Tampoco hemos exigido con suficiente contundencia estas responsabilidades.

Lo que la extrema derecha enuncia lo hacen ya las fronteras

Estos días de aplanamiento de los discursos y los horizontes que impone la contienda electoral, algunos dirán “que no es el momento”, que lo que viene “puede ser peor”, que hay que cerrar filas. Pero no formamos parte de ningún ejército y para muchos su realidad cotidiana ya es insoportable, como lo es la realidad de las fronteras destinadas a proteger un sueño europeo de “integración” que se desmorona. Y si ahora no es el momento, ¿cuándo? Ante las muertes en la frontera sur, el momento es siempre ahora. No queremos a fascistas en el gobierno, pero eso empieza por no legitimar estas prácticas, justificarlas o esperar momentos más “oportunos” para la crítica. Empieza por dejar de mirar para otro lado.

Ante las imágenes apabullantes, las pruebas, las declaraciones, el nivel de violencia, ¿dónde están las movilizaciones contra la masacre de Melilla? ¿Dónde se está exigiendo que España rescate a las embarcaciones a la deriva para evitar más muertes? Es difícil no pensar que los mismos que nos piden que callemos las críticas forman parte del conjunto de personas que, aunque sea por ideología, deberían estar más concernidas por estas muertes. Es decir, probablemente el propio hecho de contar con un gobierno “progresista” –en el que estaba incluido Unidas Podemos–, uno que salió de las entrañas del ciclo 15M, es el mejor elemento desmovilizador en este caso. Si esto mismo hubiese sucedido bajo el mando de PP y Vox, estaríamos clamando al cielo de indignación. La institucionalización del ciclo 15M nos ha dejado un claro clima general de apatía y pérdida de horizontes emancipadores más allá de lo electoral.

Tampoco podemos olvidar algo de fondo que está presente de una u otra forma: nos estamos acostumbrando a lo intolerable, las vidas de los migrantes que mueren tratando de llegar a Europa son el “precio que hay que pagar”, el “sacrificio necesario” para proteger “nuestra forma de vida”. Los partidos progresistas no dirían algo así en público, sino que “luchan contra las mafias” o contra el “efecto llamada”. Hablan de inmigración ordenada y no de que “no cabemos todos”. O de que “las condiciones laborales en nuestro país tienen que ser mejoradas” antes de facilitar la regularización de los migrantes sin papeles, como hace Yolanda Díaz. Es decir, comprando el marco reaccionario de que las condiciones laborales están reñidas con la llegada de migrantes, cuando el problema de fondo es la falta de organización sindical y la escasa capacidad de los sindicatos para oponerse al poder del capital.

De una manera u otra, los discursos contra la inmigración de las extremas derechas han impregnado nuestra subjetividad –más allá de su propio electorado–. Los ultras dicen lo que no queremos reconocer que pensamos o ponen en el foco sobre lo que ni siquiera queremos pensar. Los informativos cuentan las vidas de aquellas víctimas que consideramos inocentes, de las que conocemos nombres y circunstancias. Algunas de estas muertes provocan concentraciones de repulsa porque en el fondo “es algo que podría pasarnos a nosotras”. De los refugiados, que mueren por cientos o miles a causa de la violencia policial en la frontera –o abandonados en las prisiones o CIE–, no sabemos ni sus nombres. “Los ves y son de mi edad más o menos, tíos con los que podría estar jugando al fútbol”, dice uno de los guardias civiles entrevistados sobre los jóvenes a los que golpeó en Melilla. Él lo ve claro, ve que la distancia es ficticia, que somos lo mismo, que podrían ser nuestros amigos. ¿O no?

Esta desmovilización, esta permisividad con las muertes provocadas en Melilla tiene que ver con no querer mirar la fosa común del Mediterráneo, con el miedo de las clases medias –pero también populares– a que todo vaya a peor cuando la crisis acecha. A más crisis, menor afectación por las desgracias ajenas, incluso las brutales. Cuanta más crisis, más miedo y menos derechos humanos. Es aquello que la antropóloga Rita Laura Segato llama pedagogía de la crueldad, o acostumbramiento a la pérdida. A medida que el capitalismo acelera su crisis, necesita cada vez más de un gobierno de excepción para dejar caer a más y más personas y que eso no produzca ningún tipo de reacción. Si en la primera década del milenio Didier Fassin hablaba del gobierno a través de “la razón humanitaria”, esa que transformaba la injusticia y la explotación en términos morales y de sufrimiento personal como una forma gestionar los conflictos sociales, tras la crisis del 2008 los nuevos miedos que surgieron al desplome de las clases medias y la emergencia de las extremas derechas europeas, cada vez es menos necesario disfrazar la dominación y la violencia que la acompaña. No es necesario ya hablar de derechos humanos, columna vertebral de esa imagen de una Europa –o un Occidente– civilizados que nos hizo creernos superiores al resto para permitirnos legitimar nuestra preeminencia y sostener nuestra forma de vida sobre la explotación de otros cuerpos y territorios. Hoy la violencia es cada vez más descarnada y brutal y precisa menos disfraces ideológicos. Este es nuestro verdadero paisaje moral construido sobre un Mediterráneo alfombrado de cadáveres.

Junio ha sido un mes especialmente cruento con las personas que tratan de llegar a Europa a través del Mediterráneo. El barco que naufragó delante de la costa griega dejó un saldo de ochenta cadáveres y más de quinientos desaparecidos –que en el mar equivalen a muertes casi seguras–: una de las mayores tragedias...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autora >

Nuria Alabao

Es periodista y doctora en Antropología Social. Investigadora especializada en el tratamiento de las cuestiones de género en las nuevas extremas derechas.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí