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Procesando el yuyu

Pabernosmatao

Por ahora, me tienta el optimismo. Más si pensamos que Junts es un partido vertical, creado para establecer una solución personal para sus promotores. Solución que, zas, puede haber llegado sorpresivamente

Guillem Martínez 27/07/2023

<p>El Gobierno en el primer Consejo de Ministros después de las elecciones de 2019. / <strong>Pool Moncloa-</strong><strong>Fernando Calvo.</strong></p>

El Gobierno en el primer Consejo de Ministros después de las elecciones de 2019. / Pool Moncloa-Fernando Calvo.

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1- Lo que aquí sigue es una serie de observaciones sobre lo que ha pasado el 23J. Y, más importante, sobre lo que no ha pasado. Y, aún más importante, sobre lo que podría pasar.

2- Feijóo ha ganado las elecciones, pero ha perdido absolutamente todo lo demás. Esta boutade explica el PP desde su refundación, en los noventa. Su riesgo. Un riesgo apurado, sobrepasado, el 23J.

3- El PP, su riesgo: el PP era un partido ultranacionalista –era más cosas, pero ser eso le ayudaba a no establecer diálogo con nadie–, que elaboró una idea de nación autosuficiente, intransigente, que le abocaba a carecer de aliados. Solucionaba ese marrón con hegemonía, que recolectaba a través del fake, propaganda emitida como información en los medios, convertida, por tanto, en agenda. El PP es, así, el primer y más antiguo partido de Guerra Cultural en el Estado. Y el que arrastra desde hace más tiempo el gran problema de los partidos de Guerra Cultural: la aludida ausencia de aliados, la soledad. Ese marrón llegó a ser tan acuciante que, para tener un amiguito, el PP –como Gepetto– se fabricó uno con el que poder pactar: Vox. Vox, ese único amigo, se ha estrellado en estas elecciones, convirtiéndose, en ese trance, en un lastre, un objeto inservible, tal vez para siempre. En democracia gana quien puede dialogar con más partidos. Y ese no es, ni será, el caso del PP. Puede no serlo en mucho tiempo –no se pierdan el punto 9–.

En democracia gana quien puede dialogar con más partidos. Y ese no es, ni será, el caso del PP

4- Es importante –y determinante– saber por qué el PP ha ganado-y-perdido las elecciones. Por tres motivos: a) ha provocado miedo, b) ha mentido por encima de sus posibilidades, y c) se ha creído su propia propaganda. Las cosas a), b) y c) determinan, me temo, el futuro inmediato del PP.

5- Sobre a). Es importante que Feijóo haya dado miedo, en tanto Feijóo era la opción PP con menos miedo. Lo que limita las posibilidades de Ayuso, que fuera de MAD es un personaje de peli de terror. Meditación: por lo que sea, los barones del PP pueden, en su terruño, invisibilizar a sus muertos en el armario. Feijóo, así, puede eludir su relación con un narcotraficante en Galicia, y Ayuso, en MAD, esa ciudad tan grande, puede no toparse nunca con sus 8.000 cadáveres. Pero, por lo que sea, esos muertos locales, invisibles, son vistos por todos –y con, lo dicho, mucho miedo– en unas generales. Lo que indica que hay un sujeto colectivo que, en las generales, ve lo que, por lo visto, se obvia en las autonómicas. Este resquicio de ética colectiva es una sorpresa agradable. Esta ecuación del miedo explica también que, a corto plazo, tal vez a medio plazo, Feijóo tiene su puesto de trabajo asegurado, en la imposibilidad de ser sustituido por Ayuso, El Miedo. El futuro líder del PP deberá venir, a su vez, de la mano de algo improbable: una autolimitación del rol de Ayuso, El Miedo, su renuncia definitiva a asustar a toda España en unas generales.

6- Sobre b). Como en 2004, el PP ha perdido por su uso intenso de la mentira. Lo que permite saber lo que pasará ahora. Pasará lo mismo que en 2004. Nada. Incluso es posible que accedamos a una/otra nueva Edad de Oro de la mentira. Importante, y novedad inquietante: en esta emisión de mentiras puede participar el PPE, como ya ha hecho, aduciendo que Feijóo, sin apoyo alguno en el Congreso, dispone de “un mandato claro” para gobernar tras el 23J. Lo que tiene guasa. En todo caso, las mentiras, las inexactitudes, parece que, en un primer momento, irán por esa dirección. La dirección de presionar al PSOE para que apoye un gobierno PP. Con el tiempo, esta vía se irá llenando de premios imprevistos para el PSOE. Y, luego, de castigos. Si todo esto falla –es más que posible que falle, o punto 9–, el PP podría optar por una vuelta redoblada al miedo y a la mentira. O, glups, por el silencio y la serenidad, aka tamayismo, nunca descartable.

Las encuestas que pagó como propaganda fueron consumidas por ellos mismos como información

7- Sobre c). Sorprendentemente, el PP se creyó su propia propaganda. Las encuestas que pagó como propaganda fueron consumidas por ellos mismos como información. Lo que es un fallo garrafal, pero frecuente en los partidos de Guerra Cultural, esas ollas de grillos. Resulta cómico, hasta que uno recuerda que eso pasa, incluso, en todos los barrios. Lo que explica que debe ser algo humano. Exemplum: el 28M, los partidos del Gobierno de coalición cometieron ese mismo error. Creerse su propaganda, consumir su propia droga, como los camellos con una baja esperanza de vida. El 28M, que nos llevó al 23J, aquellas elecciones locales y autonómicas, transformadas por el PP en unas generales, las izquierdas defendieron el éxito absoluto de su gestión. Con peligro de su vida, comieron su droga, y despreciaron la inflación, el hecho de que los sueldos reales fueran cuatro o cinco puntos más bajos –lo que no es mucho, sino muchísimo; un fracaso–, y el hecho de que eso duele sobremanera.

 El bloque de izquierdas ha hecho lo insospechado. Ganar perdiendo. El PSOE sube casi un millón de votos. Sumar, ese experimento, finaliza bien

8- El bloque de izquierdas ha hecho lo insospechado. Ganar perdiendo. El PSOE sube casi un millón de votos. Sumar, ese experimento, finaliza bien. Salva los muebles, pierde siete diputados y 700.000 votos. Esto es, deja de perder un millón de votos por comicio, e invierte, con ello, la ulterior dinámica de UP. Crea una nueva estabilidad, un momento cero desde el que evaluar el éxito o el fracaso futuro. Sus resultados, en todo caso, han sido empañados por dos importantes variables. Variable a) el voto útil. En un momento de polarización, el PSOE se ha llevado muchos votos. Por eso mismo, se podría haber llevado más votos. Todos, incluso, como en 2008. No ha sido así. Variable b) la hostilidad de Podemos. Sus líderes, mediáticos, no han solido nombrar a la bicha –Sumar– en campaña. Algunos –Montero– han participado, incluso, en actos de campaña de ERC, otra joya/partido de Guerra Cultural. Tras las elecciones, Podemos parece haberse incorporado extraordinariamente rápido a las dinámicas de la Guerra Cultural. En un análisis pichí-pichí de los resultados, Podemos critica a Sumar por haber escondido el feminismo en campaña, lo que –por ecuaciones chungas de Guerra Cultural– establece que el feminismo es un fenómeno que pertenece a una sola persona. A pocos días del 23J, Podemos, a su vez, “avisa” –lo que es un palabro muy raro, de portero de fincas– sobre su autonomía. Podemos son cinco diputados, sin organización, e irá, así lo anuncia, a su bola. Lo que puede ser a) nada, o b) –ya veremos– una inestabilidad en la Fuerza. La Fuerza es algo más grande que Sumar. Es el milagro de la pasada legislatura, que se pretende reeditar en esta.

9- La Fuerza es, paradójicamente, un logro pasado de Pablo Iglesias. Mientras Sánchez buscaba estabilidad gubernamental en C’s, el vicepresi Iglesias construyó, con la mayoría de la moción de censura a Rajoy, una estabilidad alternativa. Se trata de algo importante: izquierdas y no izquierdas, si bien plurinacionales, deciden entenderse formando, en ese trance, algo estable en su inestabilidad, que agrupa la mayor mayoría posible en el Congreso, y que va y se parece al país real. Durante la campaña, el PSOE, ese mamífero colectivo que tradicionalmente se debe a sí mismo, ha apostado por el gobierno de coalición y por esa mayoría en todo momento. Lo que no deja de ser, históricamente, exótico. El futuro de ese gobierno depende de dos variables: a) y b), como ya habrán sospechado.

10- Siendo a) la capacidad para que, desde la correlación de fuerzas y el buen rollo con la Comisión –dos cosas que lo dificultan todo–, el futuro gobierno idee accesos a la intervención en el mercado, que es lo único, me temo, que podría parar a la extrema derecha en posteriores emisiones. Si no lo construyes, ella vendrá. Pero, claro, para ello b) el gobierno debería serlo. Superar la investidura. Para lo que serían necesarios los votos, o la abstención en segunda votación, de Puigdemont.

11- El apoyo de Puigdemont a la Fuerza supone un chollo-bollo para Puigdemont. A saber. Serían cuatro años de apoyo y de recompensas por ello. Un vasco, en ese trance, conseguiría levantar a Sánchez una copia mejorada de Euskadi, a escala 1:1, en Marte. Pero ese no es el caso de Puigdemont. Ni, tan siquiera, de su tradición.

12- La última vez que algo parecido a Junts –esto es, CiU– negoció con éxito con un gobierno, fue cuando ZP. Esto es, hace mil años. Tras negociar cargarse regiones novedosas del Estatut de 2006 –se dice rápido–, lo último que CiU negoció fue, en 2010, su abstención en la dramática votación del Plan de Ajuste de ZP –recordemos, básicamente un plan de recortes con los que se sesgó el bienestar; sí, ZP es una metáfora del subpunto a) del punto 11–. CiU apoyó en las votaciones, posteriormente, el cambio postdemocrático con Rajoy. Pero en 2010, y con ZP, salvó a un Gobierno. Negoció a cambio de algo. Desde entonces, no se ha pactado nada. En ocasiones por incapacidad de Rajoy. Y en otras por incapacidad propia. Con Sánchez solo ha pactado ERC, no Junts. Puigdemont, de hecho, ha tenido problemas históricos con la disciplina. El 25-O de 2017, cuando por mediación de Urkullu/PNV se alcanzó un pacto con Rajoy, según el cual Puigdemont convocaría elecciones a cambio de que aquí no había pasado nada –esto es, a cambio de no seguir con la vía judicial–, Puigdemont no culminó –ante la mirada atónita de Urkullu, que buscaba la cámara oculta–, en tanto quería que ese pacto informal fuera por escrito. Ni la mafia, ni el Estado, ni el gato pactan por escrito, en fin, mirar para otro lado.

13- Puigdemont y Junts son dos fuentes de inestabilidad. Lo que puede dificultar el pacto. Hasta ahora, las decisiones de Puigdemont –dramáticas, como no convocar elecciones el 25-O, como emitir una DUI fake el 27-Oque imposibilitará en el futuro, por décadas, una DUI true; como optar por el exilio, el 30-O– han estado motivadas, más que por el análisis, por la escenografía, por el miedo a que el observador –el votante– sintiera desprecio hacia el observado. Y eso es lo que ha pasado posteriormente, a través de decisiones rarunas, como abandonar el Govern de coalición con ERC de manera unilateral, perdiendo en ese trance la más importante fuente de financiación de los cuadros de Junts, ese partido hoy sin cuadros, es decir, sin sueldos para cuadros. Lo que son indicios de que Puigdemont puede dificultar el pacto simplemente por incapacidad, por su propia dinámica. Por la dinámica de Junts, próxima al fake, a la Guerra Cultural, a la confusión, al exaltamiento y a las nuevas extremas derechas.

14- Pero, por lo mismo, la inestabilidad exhibida puede posibilitar lo improbable. Indicios a favor del pacto: a) los cambios electorales en Cat. El 23J, el PSC –1.200.00 votos– y Sumar –493.000 votos– fueron las primeras fuerzas. El procesismo –ERC y Junts, entre los dos 850.000 votos– fueron la cuarta y quinta fuerza, por debajo del PP. Un pacto sería una forma de rentabilizar, de revertir un tanto, este desastre, siempre que el procesismo asuma la nueva correlación de fuerzas. La b) guerra feroz, íntima, sin final ni decoro, entre Junts y ERC –y que moduló, absolutamente, el procés– podría decantarse hacia Junts –o darle cierta satisfacción, al menos– con un pacto. Más ahora, cuando ERC –su campaña consistió en un eslogan copiado de grupos ultraderechistas; fue el único partido de izquierdas en el Estado que no hizo campaña contra la extrema derecha, cat y esp, sino contra Sumar; por cierto, parece que, pese a esa campaña dura, teatral, de ERC, ya está cerradito el Tripartit en el Ajuntament de BCN, con PSC, Comuns y, claro, ERC– da muestras de estar dispuesta a volver a perder frente a Junts. Por ejemplo, el discurso. Por otra parte c) un pacto conferiría a Puigdemont y a Junts algo de lo que carece: utilidad, resultados. Más ahora, cuando el paréntesis belga parece llegar a su fin, a medio plazo.

15- Junts habla de amnistía y referéndum como condiciones innegociables para un pacto. Pero, recordemos, el procés consistió en eso, en crear grandes objetos de negociación para luego negociar otras cosas. Puede ser útil recordarlas: reconocimiento como nación, nueva financiación y blindaje de competencias. Ante Bobo Craxi, en octubre del 2017, Puigdemont confesó que firmaría por la vuelta al Estatut de 2006. Esto puede ser una guía de las negociaciones, a las que se podrían agregar otras vías de investigación: solución rapidita a la situación de los políticos exiliados en Bélgica, solución al caso Borràs, pendiente de sentencia firme por mangoneo, solución vital para una persona, o para una serie de conjuntos de personas, solución para los casos pendientes de juicio –no son los 3.000 que dice el procesismo, pero sí que son muchas personas anónimas, engañadas por el procesismo y represaliadas, de manera llamativa, por el Estado–, o una solución para el catalán en el ámbito europeo –su reconocimiento como lengua oficial, vamos–.

16- En general, en este caso, y por ahora, me tienta el optimismo. Más si pensamos que Junts es un partido vertical, creado para establecer una solución personal para sus promotores. Solución que, zas, puede haber llegado sorpresivamente. Espero, aunque no existan precedentes, que no acometan esta posibilidad en modo majara.

17- Ya les iré hablando. Me temo que en breve no va a haber otro tema. Salvo tamayazo.

1- Lo que aquí sigue es una serie de observaciones sobre lo que ha pasado el 23J. Y, más importante, sobre lo que no ha pasado. Y, aún más importante, sobre lo que podría pasar.

2- Feijóo ha ganado las elecciones, pero ha perdido absolutamente todo lo demás. Esta...

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Autor >

Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo), de 'Caja de brujas', de la misma colección y de 'Los Domingos', una selección de sus artículos dominicales (Anagrama). Su último libro es 'Como los griegos' (Escritos contextatarios).

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2 comentario(s)

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  1. Luis Felipe Sellera Ramos

    8 bis. Donde dice " b) la hostilidad de Podemos. Sus líderes, mediáticos, no han solido nombrar a la bicha –Sumar– en campaña.", debería decir: "b) no sé por qué hablo de oídas de esto ya que ni he participado siendo militante de Podemos directamente en la campaña en las calles, montando mesas, repartiendo propaganda, colocando carteles, siendo apoderado hasta la madrugada del 24J, todo ello de Sumar, ni tampoco soy militante de Podemos con un profundo sentimiento de maltrato injustificado por parte de quien se supone que debería ser mi aliado."

    Hace 1 año 6 meses

  2. Hectormm

    Divertido artículo y que galimatías! He batido mi propio récord de tiempo dedicado a ello. 

    Hace 1 año 6 meses

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