1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Batalla en los campus

Caza de brujas en Harvard

Un ataque coordinado de la derecha que combate la discriminación positiva provoca la dimisión de Claudine Gay, rectora de la universidad norteamericana

Sebastiaan Faber 9/01/2024

<p>Claudine Gay, durante la toma de posesión del cargo de rectora de la Universidad de Harvard, el 29 de septiembre de 2023.<strong> / Joshua Qualls</strong></p>

Claudine Gay, durante la toma de posesión del cargo de rectora de la Universidad de Harvard, el 29 de septiembre de 2023. / Joshua Qualls

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

“Esto no ha sido más que una escaramuza en una guerra más amplia que pretende minar la fe del público en los pilares de la sociedad norteamericana”, escribió el 3 de enero en el New York Times la politóloga Claudine Gay, un día después de dimitir de su puesto como rectora de la Universidad de Harvard, en el que ha durado apenas seis meses. Aprovechó su tribuna de despedida para lanzar un aviso: “Instituciones que gozan de la confianza del público –sean del tipo que sean, desde agencias de sanidad pública hasta organizaciones de noticias– caerán víctima de intentos coordinados para socavar su legitimidad y destruir la credibilidad de sus líderes. No habrá ninguna victoria singular, ninguna caída de ningún líder particular, que satisfaga el celo de los oportunistas que están promoviendo el cinismo con respecto a nuestras instituciones”.

Es más que evidente que la dimisión de la rectora de Harvard –una mujer afrocaribeña de 53 años nacida en Nueva York, hija de inmigrantes haitianos y educada en instituciones de élite– fue provocada por un ataque coordinado de la derecha. Para empezar, se le tendió una emboscada a principios de diciembre en una comisión del Congreso dominada por la diputada republicana Elise Stefanik, cuando Gay y dos rectoras más fueron interrogadas sobre supuestas expresiones genocidas y antisemitas en sus campus universitarios (que han vivido enfrentamientos intensos entre grupos propalestinos y proisraelíes). La trampa consistió en dos partes. Primero, la comisión asumió como antisemita toda expresión de apoyo a la población civil de Gaza o crítica a Israel. Segundo, presentó a las tres rectoras una situación hipotética que no se ha producido: ¿permitirían un llamamiento al genocidio judío en sus respectivos campus? Las respuestas matizadas de las rectoras –que habría que considerar el contexto antes de decidir las sanciones– fueron la excusa perfecta para que los diputados se encendieran en esa indignación tan típica de las guerras culturales. El escándalo no tardó en contagiar a los entornos de las propias rectoras, que se vieron obligadas a disculparse por sus testimonios; a los cuatro días, una de las tres, la de la Universidad de Pensilvania, presentó su dimisión. 

Es más que evidente que la dimisión de la rectora de Harvard fue provocada por un ataque coordinado de la derecha

Poco después, el activista conservador Chris Rufo puso en la diana a la rectora de Harvard, demostrando que Gay había copiado pasajes de otros sin atribución apropiada en su tesis doctoral (de 1997) y varios de sus artículos académicos posteriores. Las instancias de repetición –relativamente inocuas y, para muchos, más un síntoma de torpeza que de plagio como tal–  se descubrieron sometiendo la producción académica de Gay a un programa informático, con el único fin de poner en un aprieto a la rectora. Y en lugar de disimular sus objetivos y tácticas, Rufo se ha ufanado de ellos en público, presentándolos como un modelo a seguir. Después de conseguir que el escándalo del plagio se cubriera ampliamente en los medios conservadores, Rufo dijo que “sabía que, para conseguir mi objetivo, teníamos que introducir la narrativa en los medios de izquierdas”, según confesó en una entrevista en la revista Politico. “Emprendí una campaña … de bullying a mis colegas de izquierdas para que tomaran en serio la historia del escándalo académico más importante en la historia de Harvard”. “Por ahora”, agregó, “dada la estructura de nuestras instituciones, esta es una estrategia universal que la derecha puede emplear en la mayoría de los temas. […] Creo que hemos demostrado su posibilidad de éxito”.

Además de identificar la campaña en su contra como parte de una guerra cultural, en su tribuna del New Times, Gay se dedicó a defender su integridad como politóloga enfocada en los efectos de la entrada de minorías a cargos públicos. “No he tergiversado nunca mis resultados de investigación o presentado como propias las investigaciones de otros”, escribió. “Mis investigaciones presentaron pruebas concretas para demostrar que cuando miembros de comunidades marginadas ganan una voz significativa en los espacios del poder, esto abre una puerta donde antes solo se veían barreras. Y esto, a su vez, refuerza nuestra democracia”.

Pero hay una pregunta central que la rectora prefirió pasar por alto: ¿qué nos demuestra el éxito de este ataque con respecto a la vulnerabilidad de las universidades norteamericanas, incluida una institución privada como Harvard, cuyo patrimonio de más de 50 mil millones de dólares supera el PIB de países como Bolivia o Paraguay y cuyo prestigio mundial es, además, enorme? Irónicamente, muchos de los políticos y opinadores de derechas que vituperan contra Harvard y otras universidades de élite, incluida la diputada Stefanik, no dejan por ello de vanagloriarse de haber pasado por ellas. (Y no hace falta recordar cómo, en años recientes, han intentado aprovecharse de ese prestigio figuras tan pintorescas de la fauna ibérica como Pablo Casado o María Elvira Roca Barea.) ¿Por qué ha sido tan fácil derrocar a la máxima responsable de una institución tan poderosa?

Según la derecha y el sector de la izquierda que se autoproclama anti-woke, la causa principal de esa vulnerabilidad sería que las universidades han venido traicionando su tradicional respeto por el rigor, la verdad, el debate de ideas y el mérito académico en aras de valores buenistas como la diversidad, la equidad y la inclusión (DEI). Los síntomas de esa traición serían varios, desde la presencia cada vez mayor entre el profesorado y los cargos administrativos de personas no blancas, masculinas o heterosexuales –y, se insinúa, menos cualificadas–, hasta la imposición de una censura políticamente correcta y el hostigamiento de todo personal docente que se atreva a desafiarla, o la relajación de los estándares académicos y la consiguiente inflación de las notas.

La verdad es otra. Lo que ha debilitado las universidades norteamericanas es, por un lado, la crisis de su sistema de financiación –que ha incrementado, al mismo tiempo, el precio de las matrículas y la precariedad laboral del personal docente– y, por otro, su entrega a un modelo “marquetiniano”. Este modelo concibe la universidad como una empresa más, con su cultura y estructura interna correspondientes, y, en su proyección exterior, lo apuesta todo por la competitividad y la reputación. El razonamiento: cuanto mejor la reputación, mayor será la capacidad de atraer a los mejores estudiantes y profesores, y tanto más generosos serán los donantes. 

Pero el peso cada vez mayor que se da a la imagen pública en un mundo regido por las redes sociales –y en unas instituciones que dependen para gran parte de sus ingresos de los caprichos de donantes privados– ha hecho que las universidades y sus administraciones sean enormemente sensibles ante cualquier atisbo de daño reputacional. Esto no solo ha hecho más vulnerables a sus líderes, sino que ha repercutido en alumnos y profesores, que han visto limitadas sus libertades, sea la académica o la de expresión, por sus administraciones, como se ha vuelto a ver en las protestas por los bombardeos israelíes sobre Gaza. Al imponer estas restricciones, esas administraciones se han visto apoyadas por equipos legales cada vez más poderosos, cuyo único fin es limitar la responsabilidad legal de la universidad, y por juntas directivas cuyos miembros tienen poca sintonía con la comunidad académica. Pero en muchos casos son estas juntas las que nombran a los rectores. No es casual que cada vez menos rectores universitarios provengan de las filas del profesorado. Si los dos cometidos principales del puesto son recaudar fondos y proteger la reputación de la institución, tiene sentido que las juntas directivas no se fíen de los académicos. 

Si todo esto es relativamente nuevo, no lo son, de ninguna manera, las cazas de brujas contra las universidades norteamericanas y sus integrantes. Tampoco lo es que estas cazas de brujas invoquen el espectro de una especie de relajación de costumbres que corrompería al alumnado al mismo tiempo que alejaría a la universidad de su supuesta misión auténtica. Son ideas poderosas y persistentes porque se nutren de dos importantes tradiciones norteamericanas: el racismo y el antiintelectualismo. 

Los supuestos excesos denunciados por la derecha solo afectan han servido para demonizar la educación superior en su totalidad

Para quienes no viven en Estados Unidos es difícil apreciar la curiosa mezcla de populismo y elitismo que atraviesa a la sociedad. Por un lado, sigue siendo una de las culturas más abiertas e igualitarias de Occidente. Por otro, sus astronómicas desigualdades económicas y sociales han creado espacios de privilegio desmesurados. La tensión entre estos dos polos quizá sea más visible en el mundo universitario. Hay que recordar que el país cuenta con unas 4.000 instituciones que otorgan diplomas de grado, maestría o doctorado. Se trata de un grupo extremadamente diverso que incluye grandes universidades estatales, pequeños colleges privados (muchos de los cuales operan al borde del abismo financiero), universidades privadas riquísimas como Harvard, Yale o Stanford y muchos pequeños campus públicos que sirven a su propia región. Los supuestos excesos denunciados o ridiculizados por la derecha solo afectan a una pequeña parte de este amplio y accidentado paisaje; pero han servido para demonizar la educación superior en su totalidad, precarizar su personal, socavar la accesibilidad y, en el caso de las universidades públicas, amilanar a los profesores con leyes estatales que limitan su capacidad de organización sindical, su protección laboral, o lo que se les permite decir en clase sobre la historia de EEUU, las identidades de género u otros “conceptos divisivos”.

Si la derecha norteamericana tiene dificultades para aceptar que existen formas de racismo estructural en el país, es lógico que también rechace los intentos sistemáticos por diversificar el personal docente y administrativo. La idea de que la promoción de la diversidad esté reñida con el rigor –una idea asumida a pies juntillas no solo por la derecha sino por parte de la izquierda– es falsa. Lo que sí es verdad, como han demostrado investigaciones –rigurosísimas, por cierto– es que, históricamente, nociones vagas como “rigor” o “mérito” se han invocado una y otra vez en intentos desesperados por salvaguardar a la universidad no como un lugar donde se busque la verdad, sino como una institución hecha por y para las élites sociales. 

La derecha que ha logrado hacerse con la cabeza de Gay no está interesada lo más mínimo en los valores fundamentales de la vida universitaria

Como apuntó la socióloga Tressie McMillan Cottom, “cada vez que políticos, activistas e inversores se ponen de acuerdo en que Harvard vive una crisis relacionada con el mérito, significa que se está librando una batalla no por el rigor sino por el poder”. Así, a finales del XIX, se cuestionaba que las mujeres pudieran estudiar carreras “duras”; en los años veinte, se movilizó el concepto de “carácter” para excluir a alumnos judíos. “Ola tras ola de inmigrantes, minorías y otros grupos socialmente móviles en los Estados Unidos han experimentado una historia similar en Harvard”, escribió McMillan Cottom. “Cada lucha sucesiva por el alma de la universidad se disfraza de retórica sobre el mérito”.

Universidades como Harvard están atravesadas por profundas contradicciones, algunas francamente perversas. Muchas otras universidades menos pudientes también enfrentan graves desafíos que, estos sí, amenazan el futuro de la educación superior en Estados Unidos. Pero la derecha que ha logrado hacerse con la cabeza de la rectora Gay no está interesada en salvaguardar ese futuro, porque no le interesan lo más mínimo los valores fundamentales de la vida universitaria –la libertad de cátedra, la mirada crítica y relativizadora, el cuestionamiento del poder, el desarrollo de conocimientos no rentables–. Más bien sospecha de ellos.  

“Esto no ha sido más que una escaramuza en una guerra más amplia que pretende minar la fe del público en los pilares de la sociedad norteamericana”, escribió el 3 de enero en el New York Times la...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Sebastiaan Faber

Profesor de Estudios Hispánicos en Oberlin College. Es autor de numerosos libros, el último de ellos 'Exhuming Franco: Spain's second transition'

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. pipe49

    Lo que dice el Sr Faber en este artículo no concuerda mucho con lo que puede leerse en Jacobin en este otro https://jacobin.com/2024/01/claudine-gay-palestine-solidarity-elizabeth-magill-free-speech-higher-education-antisemitism. Puede ser que el corporativismo académico le haya jugado al Sr Faber una mala pasada, no sé.

    Hace 3 meses 15 días

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí