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La colmena de cristal

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“Es cierto. La mayoría de la gente son otros. Sus ideas son las opiniones ajenas; su vida, una imitación; sus pasiones, una cita” (Oscar Wilde)

Ignacio Echevarría 24/03/2024

<p>El famoso gimnasta danés Jørgen Peter Müller posa en una imagen fechada hacia 1904. / <strong>Wikipedia</strong></p>

El famoso gimnasta danés Jørgen Peter Müller posa en una imagen fechada hacia 1904. / Wikipedia

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17.02.24

Ayer, con Bob y Mauro, fuimos a ver a Miguel Noguera. Era el “estreno” de la nueva temporada de su Ultrashow. Una hora y media de asombroso y carcajeante despliegue de palabrería: algo así como una instalación verbal milagrosamente sostenida en un difícil equilibrio por virtud de las leyes secretas del absurdo, por un sistema delirante de recapitulaciones y de digresiones sin sentido que sin embargo descubren de manera muy reveladora el mecanismo casi autónomo del lenguaje, su alucinante capacidad de discurrir sin decir propiamente nada. 

18.02.24

“Es cierto. La mayoría de la gente son otros. Sus ideas son las opiniones ajenas; su vida, una imitación; sus pasiones, una cita” (Oscar Wilde, De profundis).

André Gide conoció a Oscar Wilde, cuya influencia lo marcó, y en su diario, abunda sobre esto mismo en varias ocasiones: “Creo que los sentimientos auténticos son extremadamente raros, y que la inmensa mayoría de los seres humanos se contentan con sentimientos de imitación, que se imaginan que experimentan de verdad, pero que adoptan sin plantearse ni por un instante cuestionar su autenticidad. Se cree sentir amor, deseo, rechazo, celos, y se vive según un modelo corriente de humanidad que se nos propuso en la infancia”.

En la misma entrada del diario, siguiendo el hilo de este razonamiento, recuerda Gide cómo, durante la Gran Guerra, cuando comenzó a colaborar en un Hogar de Refugiados al que llegaban soldados heridos en el frente, él y su amigo Jean Schlumberger, cansados de flagrantes mentiras que propagaban los periódicos, trataban de obtener información de primera mano sobre los combates. “Les hacíamos preguntas a algunos de ellos con una curiosidad llena de angustia, preocupados de conseguir por fin relatos veraces. Recuerdo nuestro estupor al escuchar a aquellos soldados –de los que esperábamos por fin un testimonio verídico– recitarnos ingenuamente las mismas frases que cada día se podían leer en los diarios; frases que ellos evidentemente habían leído y que ahora usaban. No parecía en absoluto, ay, que sólo tomasen prestadas las fórmulas fáciles y las frases más o menos bien hilvanadas, palabras sonoras y que quizá podían impresionarles; también sus sensaciones, incluso sus emociones, habían aceptado aquel dictado, se sometían a él, y aquellas fórmulas que recitaban ni siquiera les traicionaban. Habían visto, sentido, experimentado conforme a ellas. Ninguno de ellos fue capaz de ofrecer la menor reacción original” (10 de febrero de 1929).

A la convocatoria del premio se presentaron este año nada menos que 136 manuscritos. Pese a lo cual el galardón ha ido a parar, ya es casualidad, ¡a un autor de Espasa!

23.02.24

Vaya por dónde. Luis García-Rey, autor de la editorial Espasa, ha obtenido el Premio Primavera de novela, que concede la editorial Espasa, por decisión de un jurado compuesto, entre otros, por David Cebrián, director editorial de Espasa, y los escritores Nativel Preciado y Antonio Soler, que ya obtuvieron en su día el mismo premio y fueron, por ende, publicados por Espasa. La nota de prensa informa de que a la convocatoria del premio se presentaron este año nada menos que 136 manuscritos procedentes de 36 países. Pese a lo cual el galardón ha ido a parar, ya es casualidad, ¡a un autor de Espasa! “Respecto a las temáticas –sigue informando la nota de prensa–, se han superado las referencias a la pandemia: predominan las cuestiones medioambientales, las tramas de noir rural, la novela histórica, el feminismo, la temática LGTBI, el maltrato infantil, la violencia de género o la guerra civil”. La novela premiada, según la académica y escritora Carme Riera, presidenta del jurado, es “un thriller que tiene que ver con la novela negra”, se sumerge en los “bajos fondos” y contiene guiños a la cultura cinematográfica. Se titula Loor, nombre de su protagonista, una agente de policía que sale de fiesta y al día siguiente se levanta abrazada al cadáver de la chica que conoció la noche anterior, una estrella de OnlyFans. Voy a por ella.

Por cierto: ¿no resulta mosqueante, en los últimos tiempos, la tendencia a convertir a policías, guardias civiles y mossos d’esquadra en protagonistas de novelas de éxito? Lorenzo Silva, Javier Cercas, el último Premi Josep Pla, ahora el Premio Primavera. Tesis para un doctorando en Letras: “El progresivo relevo del detective por el policía en la narrativa española contemporánea”. Apasionante, no digan que no.

27.02.24

En El País de hoy, remake del reportaje en que, hace justo un mes, se denunciaba el trato violento infligido por el director de cine Carlos Vermut a distintas mujeres con las que mantuvo relaciones sexuales. Desagradable olor a madera podrida, con tanto bosque aún por talar. ¿Habrá nueva entrega el 27 de marzo?

El prospecto editorial, del año 1875, se refería a la novela como “un cuadro aterrador, propio para apartar de crapulosa senda a la oveja descarriada” 

28.02.24

Me entero casualmente de que la primera traducción de Madame Bovary al inglés, muy tardía (de 1898, más de treinta años posterior a la publicación de la primera edición francesa), la realizó Eleanora Marx, ¡la hija de Karl Marx! Pero lo mejor de todo es que, al consultar el dato en Google, para certificarlo, me entero a su vez de que la primera traducción de la novela al castellano, a cuenta de un tal Amancio Peratoner, se tituló ¡¡Adúltera!! (las exclamaciones son del título, no mías). El prospecto editorial que anunciaba la traducción, del año 1875, se refería a la novela como “un cuadro aterrador, propio para apartar de crapulosa senda a la oveja descarriada” (sic).

Pocas veces se me ha hecho tan evidente la mirada con que los israelíes partidarios de Netanyahu contemplan a los palestinos. Como bichos: así los ven

29.02.24

Al poco de conocerse la matanza de más de un centenar de palestinos que esperaban un reparto de ayuda humanitaria, las autoridades israelíes han difundido un vídeo aéreo en el que la multitud desesperada rodea los camiones que traen los alimentos. Las imágenes impactan por la visión tan deshumanizada que ofrecen de esa misma multitud, que cobra toda la apariencia de una nube de hormigas en movimiento: 

Pocas veces se me ha hecho tan evidente la mirada con que los israelíes partidarios de Netanyahu contemplan a los palestinos. Como bichos: así los ven. Una plaga de hormigas a las que hay que aplastar. Seres sin rostro, sin individualidad, sin más propósito que el de amontonarse sobre la miga de pan caída al suelo. Qué delito puede haber en exterminarlos.

01.03.24

La expulsión de Savater de El País ha traído, como era de esperar, cierta cola. Ayer, Santiago Alba Rico publicaba una tribuna muy calibrada, que a momentos despedía ese aroma sutil de los ajustes de cuentas cuando se sirven fríos. Dos semanas antes, Juan Luis Cebrián, como era de esperar, desempolvaba su herrumbrosa armadura de caballero templario y salía a reivindicar al viejo compañero de batallas. Pero, ay, por debajo del yelmo se oía retumbar, como en una vieja lata, la voz cavernosa del carcamal sostenido con cuerdas sobre su montura. En su tribuna, Cebrián celebraba las glorias de su antiguo reino y de sus paladines, y volvía a la carga con esa vieja monserga del “intelectual colectivo”. Cuando –con buenas razones– se recuerda ese sonado artículo de José Luis López Aranguren del año 1981, se suele pasar por alto que su título era “El País como empresa e ‘intelectual colectivo’”. Con el “intelectual colectivo” no se sabe qué pasó, pero sí con la empresa, que el mismo Cebrián se ocupó de arruinar. Por lo demás, tiene interés reparar en qué nombres invoca para sustentar ese lábil concepto –Flores D’Arcais, Jorge Semprún, Savater, Javier Pradera, “junto con escritores como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Juan y Luis Goytisolo, Rosa Montero, Antonio Muñoz Molina y, más recientemente, Javier Cercas”– y de cuáles se olvida. A ver qué día encuentro el momento de volver sobre esto. En cuanto al artículo de Santiago Alba, sobrevuela una cuestión que siempre me ha interesado: la condición muscular de la inteligencia, que si no se ejercita se ablanda. La inteligencia es una facultad biodegradable. Una de las sorpresas de envejecer es ver convertidos en tontos a tantos que uno conoció –y admiró– siendo incluso muy inteligentes. ¿Qué pasó? Pues que se pensaron que con serlo unos cuantos años bastaba de una vez por todas, y no, qué va. Mantenerse inteligente, como mantenerse delgado o simplemente en forma, supone un esfuerzo que muchos descuidamos. Y quién no saca barriga con la edad. Hay que tener voluntad, y estar muy atento. Y a menudo ni con esas. Como bien dice Santiago Alba: “Nos puede pasar a todos”.

02.03.24

En su discurso pronunciado en el congreso de los socialistas europeos celebrado este sábado en Roma, Pedro Sánchez, recibido como una estrella, alerta de que “el alma misma de Europa está en riesgo”. Y al hacerlo invoca “el Estado del bienestar y la solidaridad entre pueblos”. ¿Así que Europa conserva su alma? ¿De verdad lo cree Sánchez? Tenía entendido que la vendió hace tiempo, si es que la tuvo alguna vez, lo cual ya es mucho decir.

03.03.24

“Si tantos halcones / la garza combaten, / ¡por Dios, que la maten!” (poema anónimo de la lírica tradicional castellana).

04.03.24

En el metro. Estoy sentado en una de las hileras de asientos arrimados a uno de los lados del vagón. Voy leyendo. Parada. Se abren puertas. Salen dos personas. Entra un hombre cetrino, aspecto desastrado, gorra de béisbol cubierta por la capucha de la sudadera. Lleva a la espalda una mochila enorme, una especie de petate. Se sienta a mi lado y yo, para hacerle sitio, me desplazo un poco –sólo un poco– horizontalmente. Por la forma en que me mira, comprendo que el hombre interpreta mi movimiento como un reflejo aprensivo. Con una mueca de desprecio se levanta y se cambia de asiento. Al llegar a la estación de destino me incorporo y me encamino hacia la puerta del vagón. Coincido con el hombre, que se acerca de frente. Para tratar de borrar el malentendido, esbozo una sonrisa amable, reparadora. Pero enseguida me percato de que, nuevamente, me interpreta mal. Esta vez piensa que mi sonrisa es condescendiente, despectiva. Me mira con ferocidad y, haciendo un pequeño aspaviento, que acompaña de un gruñido, se gira de golpe y sale del vagón por delante de mí.

Cuántos escritores (el genérico es aquí estrictamente masculino) no habrán trenzado su propia ambición con estas mismas imágenes

05.03.24

Leyendo la apasionante Saga de los intelectuales franceses de Françoise Dosse, cuyo primer tomo ha sido recientemente publicado por Akal, doy con este curioso testimonio de Raymond Aron, en sus memorias, sobre el joven Sartre: “La ambición, me dijo, se expresa en mí mediante dos imágenes: una es la de un hombre joven, con pantalones de franela blanca, el cuello de la camisa abierta, que se desliza como un felino de un grupo a otro en una playa, en medio de jovencitas en flor. La otra imagen es la de un escritor que levanta su copa para responder a un brindis de hombres con esmoquin, en pie alrededor de la mesa”. Cuántos escritores (el genérico es aquí estrictamente masculino) no habrán trenzado su propia ambición con estas mismas imágenes.

07.03.24

Una historia de la democracia española escrita desde el punto de vista de los sucesivos ministros de Cultura. Qué buen asunto para algún desocupado

Una historia de la democracia española escrita desde el punto de vista de los sucesivos ministros de Cultura. Qué buen asunto para algún desocupado. Ya sólo el listado de los ministros y ministras resulta elocuente: Pío Cabanillas, Manuel Clavero Arévalo, Ricardo de la Cierva, Íñigo Cavero, Soledad Becerril, Javier Solana, Jorge Semprún, Jordi Solé Tura, Carmen Alborch, Carmen Calvo, César Antonio Molina, Ángeles González-Sinde, ¡Máximo Huerta!, José Guirao, José Manuel Rodríguez Uribes, Miquel Iceta y Enest Urtasun. Un poema conceptual. Si sumamos a la lista los nombres de los titulares de Cultura cuando, en los gobiernos del PP, suprimieron el ministerio, la cosa adquiere tintes esperpénticos: ¡Esperanza Aguirre!, ¡Mariano Rajoy!, Pilar del Castillo, ¡José Ignacio Wert!, Íñigo Méndez de Vigo… Un auténtico container político, ya ven. El más duradero de los ministros ha sido Javier Solana: casi seis años, antes de que este antiguo detractor de la OTAN se pusiera al frente de ella y jugara a las batallitas bombardeando Kosovo sin la autorización de la ONU. (¡Ah, si le dejaran a Borrell!) El más efímero: Máximo Huerta: sólo siete días al frente del ministerio: toda una performance. La media de permanencia en el ministerio apenas supera el año y medio, lo que por sí solo es indicativo del alcance que en la democracia española han tenido lo que cabe entender, muy vitriólicamente, como “políticas culturales”.

09.03.24

“¡Su aspecto era adorable! ¿Por qué no podía yo vivir así, y así acabar mis días? ¡Justo dueño de nuestras penas y alegrías!, grité. ¿Por qué razón no puede uno tomar asiento aquí, en el regazo de la dicha, y bailar, y cantar, y rezar sus oraciones, e ir al cielo en compañía de esta doncella avellanada?” (Laurence Sterne, Tristram Shandy, XLIII, 7).

10.03.24

CTXT publica hoy una interesante entrevista de Gorka Castillo a Jesús Ceberio, exdirector de El País. El pretexto es la publicación de su libro La llamada (Debate), en el que al parecer da vueltas a todo cuanto conllevó la Gran Mentira del PP en torno a la autoría de los atentados de Atocha y cómo una llamada personal de Aznar a los directores de los principales periódicos españoles decidió los titulares que llevaron en la edición del día siguiente. Parece lógico que Ceberio haya dado vueltas y más vueltas a cómo pudo ser que un periódico del relieve y la representatividad que tenía entonces El País acatara la versión oficial. A la pregunta de si considera un error haber aceptado sin contrastarla esa versión, responde con honestidad: “A mí me toca admitir un grave error de cálculo. Un grave error profesional”. Es el punto álgido de la entrevista, que antes y después de que Ceberio pronuncie estas palabras se dedica sobre todo a invocar atenuantes de ese error garrafal y echar pelotas fuera. Gorka Castillo: “Volviendo otra vez al papel de la prensa en España, ¿cree que estuvo a la altura de las circunstancias, al menos hasta la celebración del juicio en 2007?”. Esta pregunta clave queda sin respuesta. Y sin embargo es la única que hoy urge plantear, dado que nada invita a pensar que los mismos medios que –con todos los atenuantes que se quiera– obedecieron sin resistencia los dictados del poder reaccionaran en la actualidad distintamente. Ni los medios ni toda la pléyade de escritores, intelectuales y opinadores que –también ellos amparados por todo tipo de atenuantes que excusan y justifican su proceder– entonaron al unísono la misma cantinela, transida, como es lógico, de dolor, rabia y perplejidad. Hacia el final de la entrevista, Ceberio invoca un artículo relativamente reciente de Antonio Muñoz Molina, “La era de la vileza”, en el que éste atribuye la duda permanente que se ha instalado en nuestra vida política a dos mentiras fundacionales: “Una, la de las armas de destrucción masiva en Irak, la foto de las Azores, la participación de España en aquella guerra; la otra es la de la autoría de ETA en el atentado del 11-M. A partir de ahí, se introdujo la peligrosísima teoría sobre la legitimidad de un gobierno que está degradando la democracia”. ¿Y la trama de los GAL? ¿Eso no cuenta? ¿Y la estafa de la OTAN? ¿Alguien se acuerda del artículo publicado por Muñoz Molina el 12 de marzo de 2004? (“Con plomo en las entrañas”, se titulaba, reléanlo). ¿Nos acordamos de los bochornosos ripios que por doquier prodigaron unos y otros? “No hay palabras…”, “Ningún diccionario incluye la palabra adecuada…”, “Esas palabras no existen”… Si así era, ¿por qué no callarse? Pero no. Con motivo de cumplirse el décimo aniversario del atentado de Atocha, jalonado –como el de mañana– por toda suerte de despliegues informativos y opinativos, escribí una columna en la que trataba de explicarme las razones del “hueco en blanco” (como lo calificó Antonio Lucas) que el atentado había dejado en la cultura española, en la que se pueden contar con las dos manos los libros y películas que se remiten a ese acontecimiento traumático para toda la sociedad española. Terminaba así: “Me pregunto cuántos de esos escritores, artistas e intelectuales han vuelto luego sobre sus palabras de esa hora primera, cuántos han reflexionado públicamente sobre sus reflejos en aquellos momentos, sobre su actuación. Y si los pronunciamientos impulsivamente hechos aquel día, el ruido verbal y emocional con que tantos amplificaron el ruido de las bombas, no se cuentan entre las razones profundas (¿traumáticas?) de la sospechosa afasia que parece padecer la cultura española en relación al 11-M”. Pasados otros diez años, sigo haciéndome las mismas preguntas (veo que El Salto ha vuelto sobre la cuestión). En cuanto a Ceberio, en la entradilla de la entrevista dice Castillo que durante los trece años (1993-2006) en que fue director de El País hubo de afrontar “los retos que para la prensa escrita supuso la llegada de internet y la obligación de seguir progresando sin perder el prestigio ganado”. Más allá de la famosa llamada, me pregunto si salió airoso. 

  

Portada de El País el 12 de marzo de 2004. 

11.03.24

Edredones que pasan por vestidos, cortes indescifrables, colores alarmantes, las variantes más incómodas y deprimentes de los siempre horripilantes “palabra de honor”

Que el apuro que me produce confesarlo me sirva de penitencia: cultivo la inofensiva perversión de, el día siguiente de las galas del cine, ojear con delectación las galerías de fotos en que los invitados posan antes o después de desfilar por la alfombra roja, nunca sé. Es el momento de lucir en todo su esplendor el atuendo que algún o alguna estilista desalmada les ha endosado. Con poquísimas excepciones, se tiene ocasión de asistir a un verdadero “monstruario”. Hombres y mujeres disfrazados de manera extravagante, en lo que parece ser una competición no tanto de horterismo y de mal gusto como de “a ver a quién le sienta peor”. Edredones que pasan por vestidos, cortes indescifrables, anatomías desordenadas, colores alarmantes, tacones hechos de abismo y tropiezo, las variantes más incómodas y deprimentes de los siempre horripilantes “palabra de honor”. Diríase que se trata de una procesión de sambenitados expuestos al escarnio público. En muchos casos, uno se pregunta cómo se las arreglará la víctima en cuestión para sentarse en su butaca con todo ese tinglado a cuestas. ¿Y a cuento de qué esta humillante tradición? Toda la bobería que rebosa el mundo del cine encuentra aquí su expiación. ¿Para cuándo un Me too en el que se empiece por fin a denunciar que “a mí también me tomaron el pelo”? 

En medio de esa ceremonia del kitsch y del aburrimiento que es la gala de los Óscar, un rayo de dignidad. El Óscar a la mejor película extranjera ha recaído este año en La zona de interés, del británico Jonathan Glazer. Este sube al escenario visiblemente nervioso y, con las manos temblequeantes, lee un papel que lleva preparado. Es la única intervención que recuerda –lo hace con ecuánime contundencia– el conflicto de Gaza y los horrores que conlleva. La respuesta son unos tímidos aplausos por parte de la acobardada concurrencia, sin duda preocupada de que ninguna cámara testimonie un gesto de aprobación.

12.03.24

Leo que, en su discurso de ayer en memoria de los atentados del 11-M, Felipe VI dijo de las víctimas que constituyen “una referencia ética”. No contento con eso, añadió que son “quienes mejor representan la grandeza de la democracia y su fortaleza”, y que “simbolizan la permanente necesidad y compromiso de defensa de la libertad y del Estado de derecho”. No dudo de las buenas intenciones de tamaño despropósito, pero me pregunto en qué demonios estaría pensando el redactor del discurso cuando se le ocurrió escribir estas extravagancias. Estaría bien que en circunstancias como éstas se evitaran las mondas retóricas y, pues es difícil decir nada, al menos abstenerse de decir sandeces. Todo mi pesar por las víctimas del terrorismo, pero sería preferible no confundir el memorial de un atentado con el monumento a un héroe de la patria o al soldado desconocido. 

13.03.24

“En realidad sólo muy pocas veces nos expresamos con propiedad, y muchas otras hablamos con inexactitud. Pero se entiende lo que decimos” (san Agustín, Confesiones).

14.03.24

Polla, nabo, morcilla, garrote, tranca, palote... Los eufemismos que suelen emplear los hombres para nombrar el pene sugieren a menudo un tamaño grande

Polla, nabo, morcilla, garrote, tranca, palote... Los eufemismos que, sobre todo al hablar entre sí, suelen emplear los hombres para nombrar el pene sugieren a menudo un tamaño grande, cuando no, directamente, su estado erecto. Pobrecillos. Qué diferencia con el modo tan preciso y desinhibido con que, en una ya vieja entrevista, el feroz Fogwill se refería a su propio pene cuando, después de nadar, se lo miraba en el vestuario: un cacahuete.

17.03.24

Las autoridades europeas –incluida nuestra triste ministra de Defensa, Margarita Robles– vienen desplegando durante las últimas semanas una formidable batería de declaraciones y de alertas sobre el peligro que representa la Rusia de Putin y la necesidad de un masivo rearme europeo. A nadie con dos dedos de frente se le escapa que se trata de una campaña destinada a amedrentar a la ciudadanía y acallar eventuales protestas por las desorbitadas cantidades que se van a destinar a la compra y fabricación de armas. Pero lo más repugnante es la retórica que sugiere –como hace Charles Michel, presidente del Consejo Europeo– que “si queremos la paz, debemos prepararnos para la guerra”. La tribuna así titulada, publicada hoy en El País, constituye una síntesis programática, repleta de falsas evidencias, de las supuestas motivaciones y de las subrepticias intenciones de estos planes de rearme. Habiendo dedicado varios años a la edición de la obra de Rafael Sánchez Ferlosio, prácticamente no hay día que no me acuerde de él y de la dimensión profética de tantos de sus escritos sobre la guerra y sus mecanismos. No puedo dejar de imaginarme el interés y el espanto con que hubiera seguido el curso de los acontecimientos relativos a la guerra de Ucrania (como a la masacre de Israel), semejantes a aquellos con los que siguió las dos guerras de Irak. Y creo saber perfectamente con qué argumentos hubiera replicado a las palabras de Michel y los suyos. Los encontramos esparcidos por doquier en el tercer tomo de sus ensayos completos, titulado Babel contra Babel (Debate), dedicado casi enteramente a la guerra, de lectura obligatoria. Y más particularmente, por lo que respecta a las retóricas del rearme, en La guerra empieza en la fragua (conferencia del año 2007) y en un hermosísimo texto de título muy elocuente: Cuando la flecha está en el arco tiene que partir, del año 1988. Acojona leerlo en la actualidad –como tantos otros artículos recogidos en ese libro–, tanta es su pertinencia para las circunstancias del presente. Se refiere allí Ferlosio a la Iniciativa de Defensa Estratégica impulsada durante la Guerra Fría por Estados Unidos, y observa cómo, dadas las dimensiones fabulosas del capital invertido, sus responsables estimaban imprescindible alcanzar un punto de “no retorno” que impidiera echar marcha atrás a la iniciativa, lo cual dejaría sin sentido tamaña inversión. “Supongo que el ‘punto de no retorno’ que se desea alcanzar –escribe Ferlosio– estará determinado por el volumen del capital invertido en el proyecto, en el sentido de que a partir de una determinada cifra la renuncia al proyecto no pueda ser económicamente reabsorbida, al menos con un grado todavía soportable de pérdidas o no ganancias, sin conllevar una mayor o menor catástrofe económica. Mientras el interés del capital inversor no esté comprometido con el proyecto IDE hasta ese ‘punto de no retorno’ en que cualquier desistimiento comporte una amenaza sustancial de ruina, las distintas ideas, teorías, obsesiones, doctrinas, caprichos u opiniones políticas o geoestratégicas sobre el asunto tendrán todavía alguna fuerza en el porvenir del proyecto. Es decir, mientras el ilusorio o real fin objetivo del proyecto IDE en cuanto tal pueda tener, de un modo u otro, apasionada o desapasionadamente, etcétera, la última palabra, el porvenir del proyecto en cuestión no está asegurado. Cuando, como propugnan los más puros principios del liberalismo económico, no sea ya el interés público y objetivo del producto final (la defensa estratégica) lo que, como beneficio colectivo de la entera sociedad, tenga la primacía en las consideraciones decisorias, sino el interés privado de los inversores maximizadores comprometidos con el proyecto, entonces éste estará plenamente asegurado. Así, cualquiera que fuese el origen de la Iniciativa de Defensa Estratégica (la paranoica obsesión de un sector de opinión política, la búsqueda de un aumento en el sentimiento narcisista del propio poder, una preocupación más o menos delirante por la defensa nacional, la deformación funcionalista de los expertos en tecnología armamentista o en geoestrategia, que les hace buscar lúdicamente complacencias ajenas a cualquier ponderación de verosimilitud), una vez que, rebasado ese ‘punto de no retorno’, su motivación quedase desplazada de modo dominante al interés particular, con arreglo a las exigencias del mercado, habría quedado definitivamente excluido cualquier cambio de sus propios impulsores”. 

20.03.24

La comunidad judía de Hollywood publica una carta en la que execra las palabras de Jonathan Glazer en los Óscar. Qué deplorable. Me reconforta leer hoy mismo el sensato artículo que sobre la película de Glazer publicó Naomi Klein en The Guardian hace una semana.

21.03.24

Una amiga me enlaza este vídeo colgado en YouTube, toda una rareza. Se trata de una grabación de 1911 en la que se ve al gimnasta danés Jørgen Peter Müller (1866-1938) realizando una tabla de ejercicios. Hoy nadie se acuerda de Müller (con ese aspecto entre Nietzsche y coronel prusiano), pero en su día gozó de una fama mundial gracias a Mi sistema, un folleto con recomendaciones para mantenerse en forma que fue pionero de tantos otros que hoy prosperan y abarrotan los gimnasios. Que me acuerde yo de él tiene que ver con Franz Kafka y el dato no muy conocido de que fue un ferviente seguidor de las recomendaciones de Müller. Imaginémonos ahora el cuerpo larguirucho y delgadísimo de Kafka desnudo ante la ventana abierta de su habitación en Praga, poniendo en práctica los mismos ejercicios que en el vídeo realiza Müller. Por cómico que resulte, así ocurrió durante más de una década. Lo asegura Reiner Stach en su monumental biografía del escritor (Kafka, Acantilado): “Nadie podía creer en serio que la atlética figura de Müller se debía a unos pocos minutos de gimnasia al día (de hecho, practicaba varios deportes de manera intensiva), pero la idea de convertir el propio cuerpo en superficie publicitaria y atraer a futuros adeptos con una imagen ideal inalcanzable para ellos era tan nueva y rompedora que la expresión ‘hacer Müller’ pronto circuló como sinónimo de ‘hacer gimnasia’. Müller […] sabía conectar con el discurso de la reforma vital y a la vez emplearlo como caja de resonancia de sus propias ideas: completaba su programa con ejercicios respiratorios y baños bien templados, hacía Guiños higiénicos (1907) y fanfarroneaba con la felicidad que procuraba una forma de vida natural. Sin duda Kafka no tenía gran cosa que hacer con esa moral de profesor de gimnasia; pese a lo cual, los ejercicios de Müller le parecieron tan beneficiosos que pronto los convirtió en férrea costumbre y se atuvo a ellos durante más de una década” (p. 431-432). Poco antes escribe el mismo Stach: “Quince minutos diarios, afirmaba Müller, debían bastar para conseguir un cuerpo sano, fuerte y resistente; y para sustentar esa asombrosa tesis él mismo presentaba en innumerables actos públicos no sólo sus ejercicios gimnásticos, sino también su resultado: su propio cuerpo, como elaborada escultura de máxima flexibilidad. Así lo hizo también en noviembre de 1906 en Praga, en la repleta sala de los espejos de la Deutsche Haus, en presencia de profesores y otros dignatarios y ante los ojos de numerosas representantes del ‘mundo de las damas’. Es improbable que Kafka dejara escapar ese acontecimiento: un conferenciante en traje de baño, con las ventanas de la sala abiertas de par en par; algo impensable una década antes, y prueba viviente de que la idea de la autonomía del cuerpo ya había penetrado en la cultura cotidiana” (p. 431). 

Así que ya sabemos: una de tantas maneras –y no la menos recomendable– de homenajear a Kafka en su centenario bien puede consistir en “hacer Müller”, para lo cual este vídeo es todo un regalo. De nada.

17.02.24

Ayer, con Bob y Mauro, fuimos a ver a Miguel Noguera. Era el “estreno” de la nueva temporada de su Ultrashow. Una hora y media de asombroso y carcajeante despliegue de palabrería: algo así como una instalación verbal milagrosamente sostenida en un difícil equilibrio por...

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Autor >

Ignacio Echevarría

Es editor, crítico literario y articulista.

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