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EE. UU.

Toda la ira contra los que huyen de Siria

26 de los 50 Estados de EE.UU., todos republicanos a excepción de New Hampshire, han prometido que cerrarán la puerta a la entrada de refugiados sirios, aunque el asunto es competencia de Obama

Diego E. Barros Chicago , 18/11/2015

Malagón

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Es oficial. EE.UU. ha entrado nuevamente en la histeria del terror. Al menos la parte encabezada por los candidatos a la nominación del Partido Republicano. Los atentados cometidos en nombre del Daesh el viernes 13 de noviembre en París se han colado de lleno en la campaña. Mientras los demócratas intentan cerrar filas con el presidente, los republicanos han convertido al ISIS y, especialmente, a los refugiados sirios, en eje central de su estrategia de infundir miedo a los estadounidenses.

En la labor cuentan con la inestimable ayuda de la FOX. Basta una hora ante la cadena de Rupert Murdoch para convencerse de que la responsabilidad de lo ocurrido es ―no está claro en qué porcentaje― de Obama y, por supuesto, de las miles de personas que huyen de la guerra y del llamado Estado Islámico o Daesh. El Gobierno estadounidense se había comprometido a acoger a 10.000 refugiados pero desde el sábado, en una suerte de milagro de multiplicación bíblica, en palabras de Donald Trump la cifra inicial se ha convertido ya en “250.000”.

El primero en disparar contra los refugiados como fuente del peligro que “enfrenta América” fue el reverendo Mike Huckabee quien el sábado hizo un llamamiento para que la Administración desistiese “inmediatamente” de sus planes de traer a suelo americano a los refugiados para “evitar una clara amenaza terrorista”. La espita abierta por Huckabee se cerró el martes a media tarde cuando los congresistas republicanos en la Cámara de Representantes desafiaron a Obama a endurecer su estrategia contra el ISIS, al tiempo que prometieron desarrollar una legislación rápida para provocar la suspensión del reasentamiento de refugiados en EE.UU. La vía elegida es la negativa a destinar fondos para el programa de chequeo de datos de los solicitantes de asilo. Huckabee incluso conminó a Paul Ryan, nuevo portavoz de la mayoría, a dimitir si no desarrollaba la legislación con carácter de urgencia. Ryan dejó entrever el mismo martes que podría haber una votación al respecto esta misma semana.

Los refugiados se han convertido en cabeza de turco, sustituyendo en las mentes republicanas a los inmigrantes indocumentados, la mayoría de ellos hispanos de origen mexicano 

Poco importa que la totalidad de los atacantes de París identificados hasta el momento sean residentes en Europa, cuando no directamente ciudadanos europeos. Como en algunos países de la UE, los refugiados se han convertido en cabeza de turco, sustituyendo en las mentes republicanas a los inmigrantes indocumentados, la mayoría de ellos hispanos de origen mexicano. La cuestión ha llegado incluso a colocarse en el espectro religioso cuando otro candidato, el senador por Texas Ted Cruz, pidió directamente un “test de carácter religioso” para determinar que “solo los cristianos” puedan ser acogidos ya que, en su opinión, “está probado que no hay ningún riesgo significativo de que los cristianos puedan cometer ningún acto de terror”.

Un argumento muy bien pensado, especialmente si acudimos a las hemerotecas para ver lo ocurrido en suelo estadounidense en no pocas ocasiones: desde Oklahoma City en 1995 a la iglesia de Charleston este año. Por no mencionar, si se va más allá de EE.UU., el conflicto norirlandés o la matanza cometida por Anders Breivik en Noruega.

El hecho es que un total de 26 de los 50 Estados de EE.UU, todos republicanos a excepción de New Hampshire, han prometido que cerrarán la puerta a la entrada de refugiados procedentes de Siria. Lo cierto es que pese a las amenazas y discursos, los gobernadores no tienen potestad sobre un asunto (tanto inmigración como concesión de asilo) que compete directamente a Washington. Así lo estableció la Corte Suprema en la sentencia Hines vs. Davidowitz reconociendo al presidente “la supremacía del poder nacional en el campo general de las relaciones exteriores, incluyendo el poder sobre inmigración, naturalización y deportación, puesto de manifiesto en la Constitución”.

Por si acaso hay alguna duda, el presidente Obama tiene la autorización legal explícita para aceptar refugiados extranjeros en territorio estadounidense. Según la Ley de Refugiados de 1980, el presidente puede admitir a personas que se enfrentan a “persecución o a un temor bien fundado de persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas” en Estados Unidos. Su poder es particularmente robusto si se determina que existe una “situación de emergencia imprevista” como es la crisis de Siria.

Pese a carecer de argumentos legales, lo que sí pueden hacer los Estados es obstruir todo lo posible la puesta en marcha del programa federal de acogida por medio de recortes presupuestarios o creando un ambiente hostil hacia los beneficiarios

Pese a carecer de argumentos legales, lo que sí pueden hacer los Estados es obstruir todo lo posible la puesta en marcha del programa federal de acogida por medio de recortes presupuestarios o creando un ambiente hostil hacia los beneficiarios.

Por otro lado está el asunto colateral de que muchos de estos mismos Estados están disputando en la Corte Suprema la potestad del Gobierno federal sobre la inmigración, específicamente en lo relativo a la orden ejecutiva del presidente Obama que pretendía detener las deportaciones y que permanece paralizada desde hace meses en espera de fallo definitivo.

Desde la cumbre del G-20 en Turquía, Obama se mostró inusualmente molesto con el nuevo argumento republicano. “Cuando oigo a alguna gente decir que, bueno, tal vez deberíamos admitir a los cristianos, pero no a musulmanes, cuando oigo a los líderes políticos sugerir que habría que realizar una prueba religiosa a quien está huyendo de un país devastado por la guerra, cuando algunas de esas mismas personas provienen de familias que se beneficiaron de protección cuando huían de la persecución política, siento vergüenza”, dijo Obama. A nadie se le escapa en quién estaba pensando el mandatario al realizar la última afirmación. Tanto Cruz como Marco Rubio son hijos de personas que escaparon en su día de la Cuba castrista. Por otra parte, el gobernador de Luisiana ―uno de los primeros en anunciar el bloqueo de su Estado―, y hasta este martes candidato a la nominación, Bobby Jindal, antes conocido como Piyush, es hijo de inmigrantes procedentes de la India.

“Eso no es lo que somos. No ponemos test religiosos a nuestra compasión”, remachó Obama visiblemente molesto.

En un intento de conciliar su pretendida moderación con la mano dura que gusta a las bases del partido, Jeb Bush fue más allá y la mañana del lunes insistió en lo dicho el domingo: “La  creación de refugios seguros para los refugiados en Siria en vez de traerlos a los Estados Unidos”. Con anterioridad, el pequeño de los Bush había hecho un claro llamamiento a que EE.UU. se involucre de nuevo en una guerra abierta. En el histórico Meet the Press de la CBS, preguntado por el presentador Chuck Todd sobre  si su plan contra ISIS involucraría a “tropas estadounidenses sobre el terreno”, Jeb contestó: “Absolutamente”. El candidato, que se encuentra hundido en las encuestas que siguen liderando Trump y Carson, insistió en que EE.UU. debería idear un plan que funcionaría de la siguiente manera: tras el despliegue de fuerzas militares en Siria e Irak, “destruyes ISIS y construyes una coalición que reemplace esta amenaza terrorista para nosotros, Europa y la región. Se trata de construir una coalición para reemplazar con algo más amante de la paz (sic) que esta amenaza terrorista islámica”.

No sé si les suena.

Preguntado también sobre si llegado el caso la respuesta militar de EE.UU. “con sus aliados” implicaría enfrentarse a las fuerzas del presidente sirio Bachar al Asad, Bush remachó: “Necesitamos construir una coalición que pueda luchar contra ambos, Asad e ISIS, y dar a los refugiados un espacio seguro”.

Sin querer pisar el charco religioso se han mantenido Marco Rubio y Ben Carson. El primero, colocado en una prometedora tercera posición tras Trump y Carson, insistió en que EE.UU. no debería acoger a ningún refugiado sirio. Carson sacó a relucir al neurocirujano que lleva dentro para, el domingo en FOX, asegurar que acoger refugiados sirios es “un tremendo error”. “Traerlos aquí, bajos las actuales circunstancias, es una suspensión de nuestra inteligencia”, dijo, lo que en su profesional (suponemos) opinión “ignoraría la razón por la cual el cerebro humano tiene estos grandes lóbulos frontales, a diferencia de los animales…”, para seguir durante unos minutos con una clase de anatomía cerebral en horario matutino. 

Trump ha tenido nuevamente un fin de semana estelar. El sábado recuperaba el mismo razonamiento que ya había utilizado el pasado enero tras el ataque a la sede de la revista satírica Charlie Hebdo y en Texas, ante un auditorio entregado, aseguraba que la masacre de París podría haber sido de menores dimensiones cuando no directamente evitada si los parisinos pudieran llevar armas.

“Pueden decir lo que quieran, pero si tuvieran armas, si la gente hubiera tenido armas, si estuviera permitido”, explicó Trump a un auditorio que rompía en aplausos y gritos, “todo habría sido muy diferente

“Pueden decir lo que quieran, pero si tuvieran armas, si la gente hubiera tenido armas, si estuviera permitido”, explicó Trump a un auditorio que rompía en aplausos y gritos, “todo habría sido muy diferente”. Por supuesto, Trump exigió que se cierre el paso a la llegada de cualquier refugiado procedente de Siria al ser “una amenaza potencial”.

Lo cierto es que desde el 1 de octubre de 2011, EE.UU. ha aceptado ya a 2.159 refugiados sirios, según el Departamento de Estado, tras un proceso que dura un mínimo de dos años. Los Estados que más personas han recibido son Texas, California, Michigan, Arizona e Illinois. Todos, a excepción de California, republicanos que ahora dicen negarse a acoger a ningún refugiado. En cualquier caso, estas cifras son infinitamente pequeñas comparadas con el ingente número de personas que recibirá, por ejemplo, Alemania. Según su propio gobierno, a finales de año contará entre su población con hasta un millón de refugiados expulsados por el conflicto sirio.

Tanto Trump como el resto de candidatos han atacado duramente la estrategia seguida por el presidente de EE.UU. acusándolo de “blando”. Desde Turquía, Obama advirtió de que ante el ISIS no estamos frente “una guerra convencional” “Le haremos el juego si actuamos como si se tratara de un Estado, usando tácticas militares diseñadas para combatir a un Estado que ataca a otro”.

Frente a las voces, como la de Jeb Bush, de quienes piden una “mayor implicación” del Ejército estadounidense en la zona, los candidatos demócratas que todavía quedan en liza ―Bernie Sanders, Martin O'Malley y Hillary Clinton― coincidieron en indicar que EE.UU. no se debe quedar al margen del conflicto en Siria contra ISIS, pero tampoco “actuar como si fuera una guerra estadounidense”, en palabras de Clinton.

Obama se volvió a mostrar reticente. Un despliegue masivo de tropas “sería un error”, dijo. Requeriría, como nos ha enseñado la historia desde 2001, quedarse durante años, y abriría la posibilidad de una reacción en espiral que nos permitiría invadir cualquier país —el presidente citó Yemen— si de allí surgiese otro ataque terrorista.

No obstante, lo cierto es que la estrategia “de contención” diseñada por la Administración Obama hace meses no ha supuesto avances visibles. Además, el presidente es presa de su propio error de cálculo y se ha tenido que comer en más de una ocasión sus propias palabras al insistir en que “no habría tropas estadounidenses sobre el terreno” contra Daesh.

Enfangado en guerras interminables y heredadas, Irak y Afganistán, el pasado octubre y contra lo dicho, volvió a retrasar la retirada de los uniformados de territorio afgano donde EE.UU. aún conserva unos 10.000 efectivos que combaten contra lo que queda de Al Qaeda y los talibanes. Asimismo, a día de hoy, EE.UU. mantiene a unos 3.500 ―400 enviados en junio― militares en Irak mano a mano con el Ejército iraquí. En Siria, además de bombardeos, Obama ha anunciado ―significativamente, después de la intervención directa de Rusia en la zona― el despliegue de 50 asesores militares para ayudar a los rebeldes moderados, es decir, opuestos al régimen de Bachar al Asad y al ISIS.

A nadie se le escapa que, en terminología militar, cuando se habla de “asesores” se trata en realidad de “fuerzas especiales” que, en caso de llevar a cabo operaciones, quedan siempre fuera del foco público.

Tampoco ayuda, claro, el error de bulto cometido al principio de su mandato ya convertido en todo un pecado original: un presidente de EE.UU, aceptando un Premio Nobel de la Paz.  

Es oficial. EE.UU. ha entrado nuevamente en la histeria del terror. Al menos la parte encabezada por los candidatos a la nominación del Partido Republicano. Los atentados cometidos en nombre del Daesh el viernes 13 de noviembre en París se han colado de lleno en la campaña. Mientras los demócratas...

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Autor >

Diego E. Barros

Estudió Periodismo y Filología Hispánica. En su currículum pone que tiene un doctorado en Literatura Comparada. Es profesor de Literatura Comparada en Saint Xavier University, Chicago.

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1 comentario(s)

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  1. Grettel

    https://www.facebook.com/guecomumex/videos/1107972825887295/

    Hace 7 años

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