1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Análisis / La transición educativa (II)

¿Qué pasó en las escuelas la última vez?

Maestros y movimientos sociales se organizaron en los años setenta y ochenta para hacer las cosas de otra manera. Tras el 15M, se atisba una nueva transición a la que se suman hoy madres, padres y alumnos

Jorge Gaupp 12/04/2017

<p>Portada del número 19 de la revista Aula Libre. Abril-mayo 1981.</p>

Portada del número 19 de la revista Aula Libre. Abril-mayo 1981.

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Necesitamos tu ayuda para realizar las obras en la Redacción que nos permitan seguir creciendo. Puedes hacer una donación libre aquí

-----------------------------------------------------------------------------------------------------

[Este artículo es continuación de: La transición educativa (I): ¿Qué está pasando en las escuelas?]

La Transición española empezó en 1975, con la muerte de Franco. O quizá no. Cuentan que las revueltas estudiantiles, la presión laboral, las experiencias de otras formas de vida o el ávido intercambio de libros prohibidos empezaron antes. Pero la historiografía ha tendido a fijarse en los grandes personajes, los grandes momentos y las grandes instituciones. ¿Qué pasa entonces si resulta que miles de pequeños grupos de maestros se organizaron en los años setenta y ochenta para hacer las cosas de otra manera, para cambiarse e intentar cambiar un país? Que apenas se sabe ya. El mismo fenómeno también ocurre hoy en día, a tiempo real, con la política-espectáculo: es más fácil para cualquier persona estar al día de un pequeño cambio en la relación Susana-Pedro o Íñigo-Pablo que de un gran cambio en las escuelas de su región.

Y es que un cambio grande pero que tarda algunos años, o sea, una transición, ya ha empezado en las escuelas desde 2012 al margen de cualquier movimiento parlamentario, según ha intentado demostrar la primera parte de esta serie. ¿Por qué en 2012? Para los educadores más jóvenes el 15M de 2011 es importante. Muchos de los entrevistados recibieron en ese momento una educación no reglada en las plazas, que compararon con la recibida en la escuela. Marina Gamarra, por ejemplo, cuenta que decidió colaborar con la escuela libre Nono de Mallorca después de cuestionárselo todo a partir de aquel movimiento. Otros filmaron escuelas de Latinoamérica y España en 2012 para crear uno de los documentales más vistos de la historia de YouTube, al que siguieron otros. O empezaron a compartir experiencias en foros, en redes sociales y fuera de ellas. Daragh McInerney, organizador del encuentro de Alternativas Educativas desde 2008, cuenta cómo desde septiembre de 2011 la asistencia se triplicó.

Pero lo más curioso es que el 15M se organizó, además, de una manera muy similar a la de las escuelas libres o democráticas: con mecanismos que permiten dar voz a todas y resolver conflictos mediante la escucha activa y la búsqueda de consensos. No es la primera vez que esto pasa. Estos mecanismos y saberes colectivos conectaron movimientos sociales y escuelas ya en la otra Transición, la de los años setenta y ochenta: en aquella época se llevó a cabo una impresionante experiencia de transformación en las escuelas que no solo acabó ciertamente diluida, sino también borrada de la historia y fuera del debate educativo, pues a falta de esos grandes eventos, instituciones o personajes, apenas se ha investigado.

Años setenta: escuelas autogestionadas y la voz infantil

A principios de los setenta, un millón de niños carecían de una escuela. Además solía costar, como mínimo, entre 300 y 400 pesetas, escribe Jaume Carbonell, histórico cofundador y director de la revista clave de la época Cuadernos de pedagogía. El adoctrinamiento, el autoritarismo y los castigos físicos eran, salvo excepciones, la tónica general, cuyo caso extremo lo sufrían cientos de miles de niños en los terribles “internados del miedo”, investigados recientemente por Montse Armengou y Ricard Belis. Es por ello que, al calor de los movimientos vecinales que reclamaban infraestructuras y servicios públicos por todo el Estado, surgieron espontáneamente docenas de escuelas experimentales.

Tras varios años activo, el proyecto de la escuela Sóller fue sin embargo desmantelado de la misma manera que hoy pueden morir proyectos alternativos en la escuela estatal

Diego Fernández, investigador y voluntario de La Prospe (una de las pocas escuelas populares que sobreviven hoy en Madrid), calcula que habría un mínimo de 35 escuelas de este tipo en los años setenta en la ciudad. “Y no eran pequeñas. En la escuela de Oporto, por ejemplo, llegaron a contar 400 alumnos en un año”. La Prospe, creada en 1973, pronto tomó de Latinoamérica la filosofía y prácticas de Paulo Freire, basadas en un diálogo humano entre educador y estudiante, en lugar de una educación “bancaria” en la que un profesor considerado como sabio absoluto deposita contenidos en la mente de un estudiante “ignorante absoluto y pasivo”.

El proceso de lucha por escuelas de tod@s y para tod@s en aquella época es muy interesante, por cómo se parece y a la vez se diferencia de las luchas actuales en la educación hoy. Un ejemplo importante fue el de la Escuela Sóller (Barcelona), documentado por Javier Morrás: madres y padres, enseñantes y alumnos reclamaron primero a la Administración la gratuidad de la escuela estatal del distrito, la disminución de la ratio profesor-alumno, la mejora de la calidad de la enseñanza y la autonomía del centro. Al constatar la pasividad de la Administración frente a estas demandas, ocuparon un edificio del barrio y comenzaron a dar clase con maestros voluntarios, a la vez que luchaban por el reconocimiento oficial de la escuela a través de concentraciones enmarcadas en la lucha por otras infraestructuras.

Una vez que esto se logró, empezó una dura batalla porque la comunidad educativa mantuviera la gestión de la escuela. Y es que los movimientos vecinales no sólo reclamaban una escuela, sino que también querían participar en su diseño, influidos por corrientes socio-pedagógicas como las de Decroly, Piaget, Neill o Freire y por la memoria, aún viva, de los maestros republicanos y libertarios supervivientes de los años treinta. Al fin y al cabo, este país era el de las experiencias pioneras en Europa en escuela centrada en el alumno, como la Escuela Moderna de Ferrer i Guardia desde 1901 o la Institución Libre de Enseñanza desde finales del siglo XIX.

Pero al ministerio no le cuadraba que fueran los vecinos, y no el Estado, quienes controlaran qué ocurría en sus escuelas, e intentó expulsar a los maestros que ya enseñaban y rendían cuentas a su comunidad para sustituirlos por otros “oficiales”, en su gran mayoría de formación netamente franquista. En el caso de la escuela Sóller los vecinos se organizaron para impedirlo. Primero ocuparon durante días el Ayuntamiento de Barcelona, después la sede de la Inspección del Ministerio de Educación y más tarde incluso el Parlamento de Cataluña, hasta que lograron contratos de función pública para todos sus maestros. Al parecer, la lucha de otras escuelas, como La Pegaso o la Ferrer i Guardia en Barcelona, no fue muy diferente, ni tampoco la de La Prospe en Madrid.

En los años ochenta muchas escuelas populares pasaron a ser estatales, a medida que se construían en los barrios

Tras varios años activo, el proyecto de la escuela Sóller fue sin embargo desmantelado de la misma manera que hoy pueden morir proyectos alternativos en la escuela estatal: “Los maestros que habían resistido serían nombrados de oficio en centros de la provincia lo más distantes posible unos de otros”, prosigue Morrás. Ni las recurrentes huelgas de los interinos de entonces, llamados profesores no numerarios en secundaria, lograron frenar ese trasiego constante de profesores jóvenes. Un 50% de los profesores de BUP y FP y un 30% de los maestros de primaria rotaban cada año, calcula Carbonell.

Y es que la lucha por mantener a los maestros jóvenes en los centros era también una lucha por la manera de aprender. Estas escuelas supusieron “un verdadero trabajo de renovación pedagógica adaptada al barrio, se trataba de una pedagogía activa que tenía en cuenta el estudio del entorno: salidas por la ciudad, colonias escolares, material didáctico elaborado por el centro…”, indica Morrás. La presencia de estos maestros comprometidos facilitaba que las decisiones educativas y organizativas las tomaran también familias y alumnos.

Y aquí es donde aparece un elemento sorprendente de la época: el nivel de protagonismo que llegaron a tener niños y jóvenes. “Poder juzgar a los profesores como ellos nos juzgan a nosotros”, “poder elegir al tutor nosotros mismos”, “derecho a opinar y plantear las cosas sin que nos corten”, “derecho a que los profes traten de entender nuestros problemas” o “ser tratados como personas” eran algunas de las reivindicaciones que recogía la revista Aula Libre en 1979 de una clase de 7º (11-12 años). La democracia profunda que aún se soñaba en los setenta también se buscaba para las escuelas.

“Reflexionad: no deberíais alborotar con un profe antes de haberos asegurado de que es irremediablemente pesado y que no existe la menor posibilidad de hacerlo cambiar”, decía en 1979 El libro rojo del cole, un texto escrito en Dinamarca y que, recién traducido, incitaba a los estudiantes a comportarse en las aulas como ciudadanos de pleno derecho y a informarse sobre temas tabú como el sexo o las drogas. Lo sorprendente no es que la edición fuera secuestrada y el editor encarcelado por Ricardo de la Cierva, el historiador franquista que ejercía de ministro de Cultura, sino que al mismo tiempo el libro fuera promocionado, no sin polémica, por una administración pública: el Ayuntamiento de Madrid de Tierno Galván. Programas para niños como La bola de cristal, hoy tan extraños a nuestros ojos, quizá no hubieran sido posibles en otro ambiente social y cultural.    

Contraportada en castellano del Little Red Schoolbook, de S. Hansen y J. Jensen.

Contraportada en castellano del Little Red Schoolbook, de S. Hansen y J. Jensen.

Años ochenta: ilusión en la pública y burocracia

En los años ochenta muchas escuelas populares pasaron a ser estatales, a medida que se construían en los barrios. En ellas, los maestros comprometidos siguieron usando sus técnicas como el trabajo con la imprenta escolar, la elaboración de materiales de trabajo en el aula, el texto libre o el texto colectivo. “Los libros de texto fueron, como mucho, un material más de trabajo, mientras que la biblioteca del aula se convirtió en un recurso central de la vida escolar”, escribe el maestro de primaria jubilado Julio Rogero. “En esos centros teníamos un modelo de gestión colectiva y la organización implicaba el protagonismo de todos los miembros de la comunidad educativa, con fórmulas imaginativas que duraron el tiempo suficiente para mostrar que hay posibilidades de organización autogestionada y autocreativa, que las leyes posteriores han ido eliminando”, continúa. Chema Salguero, jefe de estudios del IES Juan de la Cierva (Madrid) y ganador de varios premios a la innovación educativa, cuenta cómo en su escuela de Leganés pudieron circunvalar la legislación para formar, por ejemplo, una dirección colegiada y equipos docentes.

Internet y las redes sociales, según la mayoría de las personas entrevistadas, juegan un papel fundamental para permitir a las iniciativas transformadoras darse a conocer, prosperar y replicarse

Todo esto fue posible gracias a los Movimientos de Renovación Pedagógica como Acción Educativa o Movimiento Cooperativo de Escuela Popular. En los años ochenta alcanzaron su cénit, con al menos 27.000 participantes en 1982, que se juntaban cada año en vacaciones para formarse sin ningún incentivo desde la Administración. En esos encuentros “los asistentes discutían apasionadamente acerca de las ideas y propuestas para desmantelar la escuela franquista (…), tomaban contacto con las experiencias más innovadoras y escuchaban con avidez la voz de maestros y pedagogos extranjeros (…) con idealismo, ilusión de futuro, militancia intensa y la convicción en la importancia de la educación como motor del cambio político y social”, relata Carbonell. El movimiento consigue una notable repercusión y apoyo popular a pesar, eso sí, de sus “contradicciones, derivas corporativistas y divisiones internas”. Hoy en día “estos movimientos continúan, pero va mucha menos gente”, señala Salguero.

También fueron estos los años de dominio del PSOE, que entró en diálogo con estos movimientos y más adelante les prestó apoyo financiero. Pero no accedió a gran parte de sus demandas. Entre ellas, las que se revelaron como claves para mantener la educación activa, es decir, que “el ascenso [y estabilidad] de los maestros se basara en publicaciones y participación en proyectos de renovación pedagógica en lugar de antigüedad y cargos; que los programas de estudio fueran orientativos solamente; (…) que la supervisión estimulara la innovación pedagógica en lugar de asegurar el control administrativo y que las relaciones sociales en las escuelas se arreglaran mediante asambleas”, según cuenta Tamar Groves en su tesis doctoral. El entonces ministro de Educación, José María Maravall, “exigió que estos movimientos reconocieran el mandato político democrático, advirtió que no había soluciones mágicas y manifestó que había que tomar en cuenta la situación económica y la relación de fuerzas en el país”, prosigue Groves.

En este contexto, la enorme cantidad de maestros jóvenes que se fue incorporando a finales de los ochenta muchas veces no llegó a entrar en contacto con los movimientos pedagógicos, más bien al contrario, pues los procesos de formación inicial no parecían ser mucho más efectivos que los actuales: "Las prácticas no son tanto un momento de la carrera donde uno pone en ejercicio aquellas consecuencias pedagógicas que has extraído, para poderlas corregir, ampliar con ayuda de un compañero, sino que se convierten en una pesadilla del paso por una escuela de Magisterio, donde el alumno de prácticas se ha de convertir en la sombra del profesor correspondiente, (…) teniendo que observar, en muchos casos, cómo los golpes, las humillaciones y las discriminaciones a los alumnos se suceden”, se quejaba un recién graduado en 1981.

En cualquier caso, en los años noventa la renovación pedagógica a gran escala está ya finiquitada y averiguar los porqués es algo que aún merece una investigación profunda. Lo que sí sabemos es que el contexto actual no es el mismo. Para Soren Hansen, el único autor vivo de El libro rojo del cole, “las cosas están mucho peor que en los setenta”. “Antes, al menos podías ver lo que estaba mal en educación; hoy, los alumnos se han convertido en productos, y tienen que rendir para el sistema”, decía en una entrevista en The Guardian. Aunque no se refiera concretamente al contexto español, sí es cierto que hoy por aquí también hay más burocratización en la escuela convencional que en los setenta: cada cual tiene más fijamente asignados su papel e intereses en la sociedad, muy vinculados a lo profesional e incentivados por la Administración: el profesor de instituto, por ejemplo, muchas veces vive en un mundo separado al del maestro de primaria, el alumnado o sus familias, cuenta la maestra madrileña Johanna Acero.

Pero no todo está peor. Si antes las técnicas de educación activa en España eran saberes vinculados a teorías políticas y activismo social diverso (desde anarquistas a cristianos de base), hoy muchas de ellas también reciben el apoyo de disciplinas universitarias establecidas como la psicología o la pedagogía. Además, si la iniciativa pedagógica en los setenta la llevaban los maestros y los movimientos sociales, hoy a ellos se suma una potente demanda de madres, padres y alumnos no necesariamente militantes. En Barcelona, las familias incluso se han organizado a través de la plataforma Volem una Escola Activa. Internet y las redes sociales, según la mayoría de las personas entrevistadas, juegan un papel fundamental para permitir a las iniciativas transformadoras darse a conocer, prosperar y replicarse.

Por otra parte, la población en la península es hoy más rica pero también más desigual. Y más diversa, lo cual es clave, pues si en los ochenta la pública se concebía como una suerte de escuela nacional, hoy hay fuertes intentos para que los nativos elijamos la escuela concertada para que la pública sea estigmatizada como la de los extranjeros/pobres. Y aquí lo que demuestran experiencias escolares como la del colegio Joaquim Ruyra en Barcelona o el Núñez en Madrid es que lo que puede ser un difícil desafío para un centro convencional (que haya muchos extranjeros en un centro), deja de serlo para una escuela activa. Más bien al contrario, pues hay estrategias pedagógicas que saben convertir una mayor riqueza cultural en una mayor riqueza formativa y humana. Algo que puede tener resultados importantísimos para el actual contexto social europeo, como la capacidad de crear y extender modelos de convivencia, apoyo mutuo y apertura hacia el otro en barrios arrasados por el odio al vecino.

¿Hacia dónde irá esta nueva transición educativa? ¿Correrá la misma suerte que la primera? La tercera parte de esta serie trazará tres caminos posibles, desde su muerte prematura a una transformación total del país como la que se llegó a soñar en los setenta.

----------------------------------

Jorge Gaupp es estudiante de doctorado en estudios culturales hispánicos en la Universidad de Princeton. Escribe una tesis sobre Vida y cultura libertaria en España a inicios del siglo XX.

NOTA: Agradezco a Germán Labrador sus valiosas críticas y aportes a este texto, que lo han mejorado enormemente.

Necesitamos tu ayuda para realizar las obras en la Redacción que nos permitan seguir creciendo. Puedes hacer una donación libre aquí

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Jorge Gaupp

es politólogo, doctor en Filosofía y Letras Hispánicas por la Universidad de Princeton

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí