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Tribuna

¿Es el género, es la familia o es el machismo?

La interpretación que ha hecho el Tribunal Supremo de la Ley de Violencia de Género puede dar argumentos a sus enemigos

Miguel Pasquau Liaño 9/01/2019

<p>El juego machista</p>

El juego machista

Malagón

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La sentencia del Tribunal Supremo dada a conocer el martes fija doctrina jurisprudencial en el sentido de entender que todo acto de agresión de un varón a una mujer “con ocasión de una relación de pareja” constituye violencia de género, y por tanto es merecedor de un plus de penalidad respecto de las mismas conductas cometidas por mujeres contra varones, incluso en el caso de agresión recíproca. No estoy seguro de que esta sea una buena noticia para la integridad y resistencia de la legislación sobre la violencia de género frente a los ataques a los que se le está sometiendo desde algún sector de la opinión pública y de la política: si se fijan, la sentencia da la razón a quienes sostienen que la ley da un trato desigual a actos semejantes de violencia por la sola razón del sexo del agresor y de la víctima. A quienes nos quita la razón es a quienes hemos defendido que la ley no castiga más al hombre que a la mujer, sino a la agresión objetiva y subjetivamente machista frente a la agresión sin más. Para el Supremo no hace falta machismo, porque entiende que para ley toda agresión de un hombre a su mujer pareja, en cualquier circunstancia, es… machista.

Tres posturas sobre los delitos de violencia de género

En las discusiones habitualmente sostenidas sobre este asunto, suelen cruzarse tres opiniones, que intentaré exponer sucintamente y sin trampas.

1) Una de ellas consiste en que el fundamento de la agravación que la ley establece sobre la conducta agresiva del varón está en la desigualdad estructural y en el mayor reproche objetivo que comporta la violencia del varón sobre la mujer, de tal modo que si se está en el ámbito de una relación de pareja (para algunos incluso al margen de la pareja), dicha agresión es siempre y necesariamente expresión objetiva de dicha desigualdad, lo que justifica que baste con la concurrencia de ese elemento objetivo (pareja, agresión, varón a mujer) para entender cometido el delito agravado. Debajo de esta tesis hay un principio de política criminal, es decir, de utilización del Derecho penal para conseguir la reversión de prácticas sociales “estructurales” y no anecdóticas. Tal planteamiento, con algunos votos particulares, fue declarado no contrario a la constitución por la sentencia del Tribunal Constitucional 59/2008, de 14 de mayo, al concebir dicha norma penal como una opción posible del legislador al valorar la gravedad objetiva de unas conductas y otras por razón de su inserción en una "pauta cultural" que hace a la agresión especialmente lesiva.

2) La postura inversa entiende que lo específicamente reprochable es la violencia en el ámbito intradoméstico, y no la violencia de género, de manera que sólo tiene sentido un factor de agravación por el hecho de existir relaciones familiares o cuasifamiliares entre agresor y agredido, con independencia del sexo de uno y de otro. Esta percepción, que prácticamente reduce la violencia de género a una especie de agravación por parentesco, convierte en irrelevante por completo la cuestión del sexo de agresor y víctima, al considerar que un bofetón, una patada, un empujón o un bocado  tienen exactamente la misma relevancia penal ya lo cometa un varón sobre una mujer, una mujer sobre un varón, un varón sobre otro varón, o una mujer sobre otra mujer, ya exprese o no un ánimo de dominación o jerarquía dentro de la pareja.

3) Una tercera postura es la que parte de la premisa de que una misma agresión sólo puede recibir mayor castigo penal (al margen de las agravantes genéricas previstas en el código penal, como alevosía, abuso de superioridad, parentesco, etc.) si hay algo que la diferencia de otras, y si esa diferencia es individualmente reprochable al agresor. Así, por ejemplo, una motivación o finalidad machista (es decir, el acto violento como expresión concreta de dominio y superioridad del varón, por ser varón, sobre la mujer, por ser mujer), o racista (la agresión a una persona por el hecho de ser de una raza determinada y minoritaria), y en general la violencia ejercida como modo de evidenciar el desprecio a determinada pertenencia  o condición de la víctima de mayor exposición al riesgo de violencia (“por ser homosexual” en un contexto de heterosexualidad, “por ser” indigente, etc.). En tales casos, la pertenencia de la víctima al grupo o condición especialmente vulnerables (desde un punto de vista objetivo) y la intencionalidad de subrayar o hacer valer el desprecio o sometimiento (desde el punto de vista subjetivo), merecen una agravación penal por su mayor reproche social.

Los límites del derecho penal como instrumento compensatorio al servicio de políticas de igualdad

El primer planteamiento es comprensible tal y como se formula en sí mismo: el legislador puede adoptar medidas discriminatorias (es decir, compensatorias) para perseguir fines de igualdad, u otros cualesquiera ampliamente sostenidos en una sociedad. Se enfrenta, sin embargo, a una objeción importantísima: ¿es el derecho penal un instrumento adecuado para dichas políticas? Claro que lo es, se dirá: cada uno de los preceptos del código penal persigue la protección de determinados derechos o bienes jurídicos, y tiene por tanto carácter instrumental. Sin embargo, el derecho penal, por su propia naturaleza, tiene determinados límites infranqueables: uno es el llamado “derecho penal de autor” (mayor castigo de una conducta en atención a la persona, o la categoría a la que pertenece la persona del agresor), otro es el principio de culpabilidad (según el cual no cabe castigar por un delito, ni tampoco incrementar la pena, si no es por algo que pueda reprocharse al sujeto en concreto), y otro, relacionado con los anteriores, es el carácter individual de la responsabilidad penal, según el cual uno no puede ver empeorada su responsabilidad por lo que hagan o hayan hecho otros, por presumirse de manera automática (es decir, sin posibilidad de prueba en contrario) que uno está repitiendo o reproduciendo lo que otros hacen o han hecho.

Aquí es donde está el problema, y aquí es donde la sentencia del Tribunal Supremo va a relanzar el debate sobre el fundamento de la penalidad específica de la violencia de género. Sin la apreciación en el caso concreto de un componente machista de la agresión, y sin la posibilidad de que el acusado acredite la inexistencia de dicho componente, el mayor castigo propio de la violencia de género se hace depender de una circunstancia no elegida e independiente de su voluntad: el sexo. El razonamiento, planteado de manera cruda, puede parecer perverso, pero parece ser el que el Tribunal Supremo atribuye a la ley: como por lo general cuando un varón agrede a su pareja mujer lo hace como expresión o manifestación de la superioridad estructural del varón sobre la mujer en una cultura aún no desprendida completamente del machismo, cada vez que un varón agreda a su pareja mujer vamos a considerar que lo está haciendo como macho contra hembra, y no como persona varón contra persona mujer, siendo irrelevante el resto de circunstancias de la agresión: por ejemplo, que la haya iniciado la mujer por razones vituperables (como que una torcedura del tobillo del marido frustre el plan de viaje que tenía la mujer, o por odio a la nariz de su marido); o porque la mujer/madre, machista ella, haya agredido gratuita y despreciativamente a una hija común menor porque ésta reivindique igualdad de trato con su hermano varón; o porque la mujer, junto a dos amigos comunes, se burlen de sus opiniones políticas y él arremeta contra todos (por poner ejemplos en los que es fácil presumir que no existe ni un ápice, ni un resto de agresión de tipo machista).

Naturalmente, el varón en los casos expuestos ha cometido una conducta reprochable: agredir físicamente. Eso sí depende de él y no le viene impuesto (si así fuera, estaríamos en el caso de una eximente). Pero en los casos expuestos como ejemplo, su culpabilidad se proyecta sobre la agresión en sí, resultando absolutamente anecdótico el sexo de la persona agredida. El “por ser mujer”, en vez de tratarse de una intencionalidad o motivación especialmente reprochable a ese agresor en concreto, se convierte en un blindaje especial y automático, es decir, en un privilegio: se le protege más, “por el solo hecho ser mujer/pareja”.

He de aclarar algo importante para el debate de estos días: en el orden administrativo (de fomento, de prestaciones sociales, de apoyo a asociaciones de víctimas, etc.) es perfectamente legítima una protección especial y diferenciada por clases o categorías, como instrumento de una política de igualdad; pero creo que en el orden penal ello tiene un reverso más que cuestionable, en tanto que supone una pena, o una agravación de la pena, desligada del reproche y de la culpabilidad al individuo en concreto. Dicho de otro modo, cabrían medidas de protección especial (prestaciones, etc.) para mujeres víctimas, pero no cabe una mayor pena por la sola condición sexual de la víctima, exactamente igual que no cabe una mayor pena porque la víctima sea un ecuatoriano rico, si le agrede un mendigo español por haberle dado una patada a la cesta en la que guardaba las monedas que había recaudado en la puerta de la iglesia. Lo que no vale, creo, es fijar condenas mayores por razones “abstractas”, es decir, adjudicar al individuo concreto el reproche acumulado de conductas de otros, que sólo tiene en común la pertenencia al mismo grupo, como si todo aficionado del Atlético de Madrid que agreda a otro del Deportivo de La Coruña deba soportar una especie de IVA penal como consecuencia del asesinato de Jimmy en el Manzanares.

Pero no todas las violencias intradomésticas son iguales

El segundo de los planteamientos (el componente machista es irrelevante, lo único que importa es que la víctima, mujer o varón, sea pariente, o que la agresión se produzca en el ámbito familiar y doméstico) es respetuoso con las características del derecho penal, pero renuncia deliberadamente a algo tan legítimo y socialmente aceptado como castigar más duramente conductas socialmente consideradas más graves. El sexo o la raza pueden ser en sí mismas circunstancias neutras para valorar una conducta, pero la intención de discriminar, someter o abusar de una persona en atención a su pertenencia a un grupo o a una condición personal que objetivamente está en situación de desigualdad merece un reproche especial.

Es importante aclarar el matiz discriminatorio, que escapa a los defensores de una “tarifa plana” en la dosificación penal de todas las agresiones: la intención machista es más vituperable penalmente que la hipotética intención feminista en una agresión, al menos en el momento presente, porque, ahora sí, existe una desigualdad estructural y una cultura que como sociedad estamos empeñados en corregir. Pero no la podemos corregir condenando siempre y automáticamente más al varón, sino cuando éste agrede para hacer valer esa desigualdad, ese dominio, o esa cultura de apropiación y sojuzgamiento que queremos corregir. Dicho de otro modo, el elemento objetivo (varón agrede a mujer) es relevante cuando concurre el elemento subjetivo en la agresión (“por ser mujer”), y, del mismo modo, el elemento subjetivo sólo es relevante si concurre el elemento objetivo señalado por el legislador como más grave: por eso agredir al marido “por ser hombre” no tiene más reproche que la agresión en el ámbito doméstico, sin llegar a ser violencia de género. La equiparación o el empeño en no ver la diferencia es tanto como decir que el machismo violento es algo penalmente neutro e irrelevante.

Una conclusión apesadumbrada, y una confidencia

Las consideraciones expuestas me llevan no tanto a criticar técnicamente la sentencia del Tribunal Supremo  (que no se ha pronunciado sobre lo que “debe ser”, pues no es legislador, sino que sólo ha interpretado lo que “la ley quiere y dice”), sino más bien a concluir con pesadumbre que, en vista de esa interpretación, tiene sentido plantearse una reforma legal. Habría preferido que se hubiese interpretado la ley como propone algún voto particular (es decir, excluyendo el automatismo y exigiendo el matiz machista, o admitiendo la posibilidad de acreditar su inexistencia en el caso concreto), pero puesto que el Tribunal Supremo se ha pronunciado en sentido contrario, la mejor defensa de la existencia de tipos especiales para la violencia “machista” pasaría por exigir legalmente esa intencionalidad o matiz machista en el caso concreto. Lo contrario no hará sino suministrar (¡innecesariamente!) argumentos a quienes sostienen la tesis de que todas las violencias son iguales.

Quiero terminar con una confidencia.

Hace bastantes años, cuando llevaba muy poco tiempo en la carrera judicial, asistí en Sevilla a un curso de formación para jueces destinados en Andalucía. Uno de los ponentes (juez) disertó sobre la Ley Integral de Violencia de Género, que acababa de aprobarse. El ponente era radicalmente contrario a la filosofía de la ley. Se suscitó la cuestión de si para que hubiese violencia de género era  precisa la intencionalidad machista, o si ésta había de presumirse en todo caso, automáticamente, puesto que la ley se expresaba en términos ambiguos (un acto de agresión “como expresión de la superioridad del varón”). El ponente dijo, creo que literalmente, lo siguiente: “Lo que debemos hacer es interpretar la ley de la manera más estricta y automática posible: así la haremos reventar”. El Tribunal Supremo ha seguido su criterio, aunque estoy seguro de que no movido por el mismo objetivo.

La sentencia del Tribunal Supremo dada a conocer el martes fija doctrina jurisprudencial en el sentido de entender que todo acto de agresión de un varón a una mujer “con ocasión de una relación de pareja” constituye violencia de género, y por tanto es merecedor de un plus de penalidad respecto de las mismas...

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Autor >

Miguel Pasquau Liaño

(Úbeda, 1959) Es magistrado, profesor de Derecho y novelista. Jurista de oficio y escritor por afición, ha firmado más de un centenar de artículos de prensa y es autor del blog "Es peligroso asomarse". http://www.migueldeesponera.blogspot.com/

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11 comentario(s)

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  1. Hec

    @Cleopatra Hipatia Vuelve a la cueva feminazi o al blog de Barbihijaputa!!! CTX precisamente es progre y feminista de lejos. No sé a que llamas "terrorismo machista"; díselo a los menores asesinados por sus madres (57 en 2018), "terrorismo feminista, matriarcal"=? La violencia de género no existe.

    Hace 3 años 10 meses

  2. Roberto

    Si una ley que dice en su preámbulo buscar la igualdad de derechos, pero en su desarrollo articular se centra en el castigo más estricto, está claro que esa ley es una falsedad. Algo tan común como redactar una ley que en su preámbulo dice luchar contra el monopolio energético, y que su desarrollo articular se limite a modificar los bonos sociales (de tal forma que se acaban restringiendo, de aquí su gigantesca hipocresía), en lugar de atacar las sobradamente demostradas manipulaciones en las subastas energéticas, que es donde realmente se encuentra el fraude. Entonces, tenemos que la chica, como no expresó de manera literal expresa su rechazo a las múltiples penetraciones y demás agresiones sexuales cometidas por La Manada, no sufrió violaciones (Alguno incluso se jacta de que, por tanto, disfrutó. Sin comentarios.). Y, por otra parte, como ninguno de esos entes tiene una relación afectiva con ella, tampoco ha sufrido violencia de género. La literalidad en la interpretación textual ya ha destruido una vida, ¿qué cantidad de vidas destruidas se considerarán necesarias para "hacer reventar" esas leyes falsas? Mezclar la política, la política nociva, con la gestión pública puede acarrear la construcción de monstruos de muy difícil deconstrucción. Los gestores públicos deberían tener más prudencia.

    Hace 3 años 10 meses

  3. Aramis

    Hoy toca mercado medieval de perspectivas judiciales ... y además ... ¡SIN TRAMPAS!... afirmación del articulista tan preocupante como imposible puesto que hasta el propio John Stuart Mill afirmaría que la «trampa» es la esencia misma de todo mercadeo. Sin embargo, en el artículo el autor nos da a elegir entre tres supermercados jurídicos de amplio espectro y tradición; EL GÉNERO, LA FAMILIA y EL MACHISMO… Y con las maravillas malabares del artículo nos propone ejercitar músculo con la última creación del Tribunal Supremo en forma de sentencia 677/2018. Alumbramiento con el que nos muestra –una vez más–, que el Poder Judicial Español no sólo es supremo sobre los otros dos poderes altamente judicializados, sino que también se atribuye el Poder Moral mediante la práctica de lo que con gran conocimiento el autor denomina «política criminal» para revertir «prácticas sociales estructurales»… ¡MON DIEU!... magistrado Pasquau… ¿lee usted lo que escribe?... ¿Puede usted acreditar con verosimilitud que la violencia intradoméstica tiene carácter estructural en la familia española, o difunde usted un «fake news»?... Entiendo que ni tan siquiera como concepto probabilístico es aceptable este punto de partida en su análisis, toda vez que parece confundir usted lo anómalo con lo estructural cavando la primera ¡TRAMPA! dialéctica. Foso por el que el artículo nos transporta de inmediato por la feria argumental subidos al tren de la bruja para transitar –entre escobazos y esperpentos jurídicos, revestidos de acrobacias dialécticas–, hacia el Olimpo de las voluntades y las categorías jurídicas decimonónicas. Viaje panorámico que finalmente estaciona, con severo mareo, en terminal de pesadumbre y revelando una confidencia. Así mientras el mareo es constante, la pesadumbre es de nota puesto que según revela Pasquau el TS «…no se ha pronunciado sobre lo que “debe ser”, pues no es legislador, sino que sólo ha interpretado lo que “la ley quiere y dice”…»… Bromas aparte el magistrado Pasquau certifica aquí que el TS «sólo ha interpretado lo que la ley ¡QUIERE! y dice». Es decir; que la ley tiene «quereres», que además el TS «interpreta» !!!... ¡MON DIEU!... como para no estar apesadumbrado!!!... El magistrado se ha cargado todo el Derecho positivo de ¡un plumazo! adentrándonos, de paso, en el sarcófago del oscuro mundo de los Tribunales del Santo Oficio. Los que no persiguen hechos sino voluntades de aquellos cuerpos (autor impío) que encarnan las oscuras voluntades del demonio. Voluntad perversa constitutiva de la esencia misma del pecado convertido en esencia pura del delito y materia de la política criminal. Es decir; que contrariar la voluntad de la Ley –de Dios; aquello que Dios quiere–, debe ser la sustancia misma de «los quereres» del Código Penal que interpreta el TS. Sustituyendo el concepto de Dios por el concepto de Poder supremo tenemos la versión láica de esta misma doctrina ancestral. Está claro que la ilustración jamás llegó a España toda vez que las palabras de Unamuno a Millán Astray aún resuenan en Salamanca. Tampoco parece que llegara el Derecho positivo por cuanto la esencia de la confidencia de Pasquau muestra asimismo la gran TRAMPA del Derecho español; la impostura del Poder Judicial cuando convierte su propia voluntad en decisión para resolver los conflictos. Por ejemplo; ejercitando la simple voluntad de elección entre el «derecho penal de autor» o el «derecho penal de hecho», el mismo juez abre la barbería jurisdiccional dando libre albedrio a su arte de cortar el pelo del justiciable; bien a navaja, o bien a tijera. Así pues, si elige el «derecho penal de hecho» el punto de mira debe situarse sobre la realidad objetiva de los hechos (Derecho positivo; 5 muchachos penetrando una muchacha: Violación.), mientras que si elige el «derecho penal de autor» lo sitúa en el mundo psicológico de las voluntades (Derecho «natural»; el impulso natural de la llamada sexual; agresión.). La trampa consiste en que no hay crimen sin autor, como no hay pecado sin pecador. Y si desconocemos los valores esenciales de la ilustración es cuando toda causalidad jurídica requiere, en el mundo del derecho español, del ridículo plus de una acción evidente, patente, flagrante y clamorosa que además supere la «sana crítica» de la valoración del juez que quita y pone conciertos de voluntades según convicción. Dicho en términos jurídicos el juez establece dolo si atribuye voluntad y establece la culpa si no atribuye voluntad. Consecuentemente cuando el método de atribución de voluntades es pura metafísica, la cuestión es; ¿qué artefacto tan potente es la voluntad para que nuble la pura y simple realidad de los hechos? … Lejos de ser una pregunta baladí, su respuesta identifica el núcleo central de la in–justicia del Poder Judicial Español (recuérdese La Manada, Juana, los titiriteros, etc, el process, etc). Sólo hay que mirar al trasluz de la jurisprudencia para ver el imperio de la arbitrariedad. En este sentido cuando la inquisición albergaba dudas acerca de si una «transgresión» había sido intencional, la «voluntad» constituía un plus de gravedad del delito, mientras que si la transgresión se declaraba involuntaria la gravedad decaía. La duda se resolvía mediante lo que se denominaba «un examen riguroso», término técnico que implicaba literalmente la tortura. La inquisición partía, ya desde mucho antes de 1633 (año en que condenó a Galileo), de la firme convicción de que todo buen católico nunca haría voluntariamente nada que la Santa Iglesia hubiese prohibido. ¿Qué ha cambiado?... Puede que las formas de tratar al cuerpo se hayan suavizado bajo la fórmula laica de la prisión preventiva. Aunque si bien la voluntad (el clásico «a sabiendas»), es todavía uno de los oscuros elementos determinantes del Derecho español. En cuanto AL GÉNERO, no cabe duda de que la sentencia 677/2018 del TS, es perniciosa porque es moralmente incongruente al hacer la distinción de sexo. Discriminación que destruye toda lógica social consuetudinaria, produciendo el efecto, claramente incendiario, de suministrar gasolina a los pirómanos que claman por la indefensión de los privilegios del macho ibérico tan característicos del viejo régimen franquista. Consecuentemente la sentencia del TS es, en sí misma, tramposa, además de «política», lo que le da el impacto mediático que ha tenido, y tiene. Tanto nuestro estimado magistrado autor de este artículo como el propio TS no se mueven en el mundo sublunar de los hechos ocurridos, sino que se elevan más allá del agujero de ozono para adentrarse en el oscuro terreno del derecho psicológico de las voluntades («…Así, por ejemplo –señala Pasquau–, una motivación o finalidad machista (es decir, el acto violento como expresión concreta de dominio y superioridad del varón, por ser varón, sobre la mujer, por ser mujer)…» ¿Si el varón no es varón ni la mujer es mujer; qué son entonces? ... De esta forma el autor nos adentra ahora en la cueva de los monstruos de la criminalística judicial española donde nos enseña la cueva del aquelarre de Zugarramurdi donde la figura del macho cabrío endemoniado engatusaba la mujer bipolar mitad virgen, mitad bruja. Y aunque esta mujer concreta de la sentencia 677/2018 parece que le arreó debida estopa a su marido díscolo, la justicia española no entra en detalles y sigue el guión de la sacra dualidad sublunar del macho demoníaco versus la virgen inmaculada. Queda, pues, clara la óptica machista del TS. ¡Pura gasolina para incendio de la cueva! («…el mayor castigo –argumenta Pasquau–, propio de la violencia de género se hace depender de una circunstancia no elegida e independiente de su voluntad: el sexo.»…) La trampa aquí del magistrado Pasquau es la falacia de la voluntad asexuada: ¿Existe individuo humano alguno en la naturaleza que tenga voluntad y no tenga sexo?... En cuanto a LA FAMILIA Pasquau usa el concepto sólo en las dos dimensiones de «ámbito doméstico» (dominio territorial, o moira) y «grupo de parientes» (clan dinástico). Y sobre ambas dos gravita como entimema la sombra del pater familias, el ídolo de «autoridad» más consolidado del Derecho Romano, y amuleto superstar del MACHISMO. Consecuentemente estimo que lejos de arrojar claridad sobre la cuestión de fondo Pasquau ayuda a descoyuntarla de forma tan ortodoxa como Robert François Damiens fue ejecutado, el 28 de marzo de 1757, en la plaza de Gréve ante la puerta principal de la Iglesia de París.

    Hace 3 años 10 meses

  4. Aramis

    ¡Hoy toca mercado medieval de perspectivas judiciales!... y ... ¡SIN TRAMPAS!... afirmación del articulista tan preocupante como imposible puesto que hasta el propio John Stuart Mill afirmaría que la «trampa» es la esencia misma de todo mercadeo. En esta entrega el autor nos da a elegir entre tres supermercados jurídicos de amplio espectro y tradición; EL GÉNERO, LA FAMILIA y EL MACHISMO. Y en las maravillas malabares del artículo ejercitamos músculo con la última creación del Tribunal Supremo. Alumbramiento que nos muestra –una vez más–, con la sentencia que el Poder Judicial Español no sólo es supremo sobre los otros dos poderes altamente judicializados, sino que también se atribuye el poder moral mediante la práctica de lo que con gran profundidad el autor denomina «política criminal» para revertir «prácticas sociales estructurales»… ¡MON DIEU!... magistrado Pasquau… ¿lee usted lo que escribe?... ¿En la familia española es estructural la violencia intradoméstica?... Entiendo que ni tan siquiera como concepto probabilístico es aceptable este punto de partida en su análisis, toda vez que confunde usted lo anómalo con lo estructural cavando la primera ¡TRAMPA!. Foso que nos transporta de lleno al tren de la bruja para transitar entre escobazos y esperpentos jurídicos, revestidos de acrobacias dialécticas, hacia el Olimpo de las voluntades y las categorías jurídicas decimonónicas. Tren que finalmente estaciona con severo mareo pesadumbre y una confidencia. Así mientras el mareo es constante, la pesadumbre es de nota puesto que según revela Pasquau el TS «…no se ha pronunciado sobre lo que “debe ser”, pues no es legislador, sino que sólo ha interpretado lo que “la ley quiere y dice”…»… Bromas aparte el magistrado Pasquau certifica aquí que el TS «sólo ha interpretado lo que la ley QUIERE y dice». Es decir; que la ley tiene «quereres», que además el TS «interpreta» !!!... ¡MON DIEU!... como para no estar apesadumbrado!!!... Pasquau se ha cargado todo el Derecho positivo de ¡un plumazo! adentrándonos, de paso, en el sarcófago del oscuro mundo de los Tribunales del Santo Oficio. Los que no persiguen hechos sino aquellos cuerpos que encarnan las oscuras voluntades del demonio, constitutivas de la esencia misma del pecado convertido en esencia pura del delito y materia de la política criminal. Es decir; contrariar la voluntad de la ley de Dios; aquello que Dios quiere es la sustancia misma del Código Penal. Sustituyendo el concepto de Dios por el concepto de Poder supremo tenemos la versión láica de esta misma doctrina ancestral. Está claro que la ilustración jamás llegó a España toda vez que las palabras de Unamuno aún resuenan en Salamanca. Tampoco parece que llegara el Derecho positivo por cuanto la esencia de la confidencia de Pasquau muestra la gran TRAMPA del Derecho español; la impostura del Poder Judicial cuando convierte su propia voluntad en decisión para resolver los conflictos. Por ejemplo ejercitando la simple voluntad de elección entre el derecho penal de autor o de hecho, el mismo juez abre la barbería jurisdiccional dando libre albedrio a su arte de cortar el pelo del justiciable; bien a navaja, o bien a tijera. Así pues, si elige el «derecho penal de hecho» el punto de mira debe situarse sobre la realidad objetiva de los hechos (Derecho positivo), mientras que si elige el «derecho penal de autor» lo sitúa en el mundo psicológico de las voluntades (Derecho «natural»). La trampa consiste en que no hay crimen sin autor, como no hay pecado sin pecador. Y si desconocemos los valores esenciales de la ilustración es cuando toda causalidad requiere, en el mundo del derecho español, del ridículo plus de una acción evidente, patente, flagrante y clamorosa que además supere la «sana crítica» de la valoración del juez que quita y pone conciertos de voluntades según convicción. Dicho en términos jurídicos el juez establece dolo si atribuye voluntad y establece la culpa si no atribuye voluntad. Consecuentemente cuando el método de atribución de voluntades es pura metafísica, la cuestión es; ¿qué artefacto tan potente es la voluntad para que nuble la pura y simple realidad de los hechos? … Lejos de ser una pregunta baladí, su respuesta identifica el núcleo central de la in–justicia del Poder Judicial Español (recuérdese La Manada, Juana, los titiriteros, etc, el process, etc). Sólo hay que mirar al trasluz de la jurisprudencia para ver el imperio de la arbitrariedad. En este sentido cuando la inquisición albergaba dudas acerca de si una «transgresión» había sido intencional, esa «voluntad» se trataba como un plus de gravedad del delito, mientras que si la transgresión se declaraba involuntaria la gravedad decaía. La duda se resolvía mediante lo que se denominaba «un examen riguroso», término técnico que implicaba literalmente; tortura. La inquisición partía ya desde mucho antes de 1633 (año en que condenó a Galileo) de la firme convicción de que todo buen católico nunca haría voluntariamente nada que la Santa Iglesia hubiese prohibido. ¿Qué ha cambiado?... Puede que las formas de tratar al cuerpo se hayan suavizado bajo la fórmula laica de la prisión preventiva. Aunque si bien la voluntad (el clásico «a sabiendas»), es todavía uno de los elementos determinantes del Derecho español. En cuanto AL GÉNERO, no cabe duda de que la sentencia del TS es perniciosa porque es moralmente incongruente al hacer la distinción de sexo. Discriminación que destruye toda lógica social consuetudinaria, produciendo el efecto, claramente pernicioso, de suministrar gasolina a los pirómanos que claman por la indefensión de los privilegios del macho ibérico tan característicos del viejo régimen franquista. Consecuentemente la sentencia del TS es, en sí misma, tramposa, además de «política», lo que le da el impacto mediático que ha tenido, y tiene. Tanto el autor de este artículo como el propio TS no se mueven en el mundo sublunar de los hechos ocurridos, sino que se elevan más allá del agujero de ozono para adentrarse en el oscuro terreno del derecho psicológico de las voluntades («…Así, por ejemplo –señala Pasquau–, una motivación o finalidad machista (es decir, el acto violento como expresión concreta de dominio y superioridad del varón, por ser varón, sobre la mujer, por ser mujer)…» ¿Si el varón no es varón ni la mujer es mujer; qué son entonces? ... De esta forma el autor nos adentra en la cueva de los monstruos de la criminalística judicial española donde nos enseña el teatro del aquelarre de Zugarramurdi del macho cabrío endemoniado versus la mujer bipolar virgen/bruja, y aunque esta mujer concreta le arreó su debida estopa a su marido díscolo, la justicia española no entra en detalles y sigue el guión de la sacra dualidad invertida; macho malo–virgen inmaculada. Queda, pues, clara la óptica machista del TS. ¡Pura gasolina para incendio del teatro! («…el mayor castigo –argumenta Pasquau–, propio de la violencia de género se hace depender de una circunstancia no elegida e independiente de su voluntad: el sexo.»…) La trampa aquí es la falacia de la voluntad asexuada: ¿Existe individuo orgánico alguno en la naturaleza que tenga voluntad y no tenga sexo?... En cuanto a LA FAMILIA Pasquau usa el concepto sólo en las dos dimensiones de «ámbito doméstico» y «grupo de parientes». Y sobre ambas dos gravita como entimema la sombra del pater familias, el ídolo más consolidado del Derecho Romano, y amuleto superstar del MACHISMO. Consecuentemente estimo que lejos de arrojar claridad sobre la cuestión de fondo Pasquau ayuda a descoyuntarla de forma canónica tal y como Robert François Damiens fue ejecutado, el 28 de marzo de 1757, en la plaza de Gréve ante la puerta principal de la Iglesia de París.

    Hace 3 años 10 meses

  5. el que no es ni blanco ni negro

    Es muy de agradecer que CTXT publique un artículo como este, donde al menos se dejan puertas abiertas, se demuestran las carencias de la ley y se reflejan cuales son sus puntos débiles y su (inapelable) asimetria legal. De nosotros está la decisión si admitimos dicha asimietría en pos de una "discriminación positiva" que supuestamente favorecería a las mujeres maltratadas (muy supuestamente en mi opinion) o cambiamos esos puntos para que la ley sea realmente constitucional sin prejuicio de las medidas de protección que (estas si que si) son altamente necesarias para las mujeres. Mas allá del simple debate, es necesario reflejar que para que en un periódico de izquierdas (aunque uno bastante plurar, como es CTXT) poner sobre la picota aspectos de la LIVG es bastante valiente e incluso arriesgado, cuando hay sectores enteros que viven de dicha ley dispuestos a las mayores barbaridades intelectuales para defenderla. A lo mejor, solo a lo mejor, la salida de VOX ha puesto en la mesa bien este debate, necesario y hasta ahora completamente aparcado debido a las presiones de dichos sectores. Gracias de nuevo CTXT.

    Hace 3 años 10 meses

  6. Cleopatra Hipatia

    Absolutamente vergonzoso el blanqueado al terrorismo machista desde este medio, es que ya ni os cortais. Que será lo siguiente, pedir el voto a VOX y que nos puedan asesinar gratis? Habéis perdido una lectora asidua y me tengo que miles más.

    Hace 3 años 10 meses

  7. Alejandro Gallardo Pérez

    A la ley lo único que le hace falta es ampliar su ámbito a cualquier tipo de víctima sin distinción de sexo. Misteriosamente aunque las mujeres estarían igual de protegidas que ahora, las feministas se oponen, no permiten que que ningún otro ser humano las iguale en derechos y mucho menos las supere. Soy de izquierdas pero esque en esto VOX tiene la jodida razón (en esto y poco más ojo).

    Hace 3 años 10 meses

  8. CeX

    España es el país donde se viola sistemáticamente la Constitución, que dice que somos todos iguales ante la ley. Fuera desigualdades ante la ley, del tipo que sean. Fuera desigualdades ante la ley, sanidad, educación, impuestos, etc por vivir en un sitio u otro de España. Todo este montaje es un fraude de ley y nulo de pleno derecho porque la Constitución está por encima.

    Hace 3 años 10 meses

  9. CeX

    Las personas no tienen género; lo tienen las cosas. Las personas tienen sexo.

    Hace 3 años 10 meses

  10. c

    Todo lo que sea derecho feminista y proteger a la mujer, ante la violencia especialmente, es ya un argumento para ls machistas . ¿ que otra cosa puede ser si es violencia a una mujer de parte d eun hombre cuando la sociedad esta creada para beneficio de ls violentos y machistas ...otra cosa es que haya hembristas y lelos... ....Si vamos a dejar como estan las cosas de mal , "por si acaso" les damos argumentos, es de paranoia...

    Hace 3 años 10 meses

  11. Casio

    A mí la sentencia tampoco me ha gustado nada, efectivamente da argumentos a VOX y su nuevo amigo en este asunto el PP. HAy que reformar la ley, pero mantenerla en sus contenidos garantistas y de derechos de las maltratadas

    Hace 3 años 10 meses

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