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TRANSICIÓN CULTURAL

10 medidas para las artes visuales

La agonía del sector se une a una necesidad de estipular un cambio de paradigma

Juan José Santos Mateo 17/05/2020

<p><em>Ventura de la Vega leyendo una obra en el Teatro del Príncipe</em> (1846).</p>

Ventura de la Vega leyendo una obra en el Teatro del Príncipe (1846).

Antonio María Esquivel

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Qué pena, coño, Uribes. Estoy más caliente que Juan Echanove. Más: porque yo no he visto una factura con más de tres ceros en mi vida.  De hecho, hay meses que no puedo con las tasas de la seguridad social. Esto demuestra dos cosas: que me equivoqué de profesión, y que este sector, el cultural, es tan variable como las temperaturas corporales de Echanove. 

Coño, Uribes ha prometido ayudas al sector cultural, tras los gritos desde los balcones y el auxilio de Hacienda. Tras declarar que es incompatible afrontar una pandemia con tratar de ayudar a que los trabajadores culturales puedan comer. Lo tenía difícil. Ser el peor ministro de la cartera más vilipendiada. Coño, Uribes. Que hasta Espe lo va a hacer mejor. Hasta Wert. ¡Hasta Máxim Huerta! De las ayudas a cultura, sólo un 0,9% van destinadas a las artes visuales. Y acerca de la anunciada prestación de desempleo a artistas que hayan trabajado por cuenta ajena al menos 20 días… ¿Algún artista visual tiene, ha tenido, o tendrá contrato con alguna empresa? ¿Dónde están las fábricas de obras de arte? ¿¡El polígono de arte conceptual? ¡Todos somos autónomos! Coño, Uribes, yo también soy capaz de anunciar subvenciones para unicornios.

La cultura representa, según datos del 2017, un 2,4% del PIB de España: 27.728 millones de euros. Que somos 700.000 ciudadanos

Es desesperante –porque uno pierde toda esperanza– leer los comentarios a las noticias que han reproducido las ayudas al sector. Los de la cultura somos unos vagos, unos chupópteros. Unos pesebreros, y, sobre todo, unos psoeobreros. La sombra de la ceja es más alargada que la del ciprés. En una sociedad fragmentada por la lógica de la mercancía, este distanciamiento es inevitable. De qué sirve explicar que la cultura representa, según datos del 2017, un 2,4% del PIB de España: 27.728 millones de euros. Que somos 700.000 ciudadanos. Que, obviamente, proveemos al Estado mucho más dinero del que recibimos. Que nuestra misión no es únicamente proveer al Estado, sino ofrecer una experiencia estética, emocional o reflexiva, a los ciudadanos. Que pagamos impuestos. Que trabajamos horas y horas a diario para recibir una paga puntual al cabo de meses sin sueldo (detrás de una exposición, un texto, una obra de arte, hay una labor creativa que no es remunerada). Que miles de trabajadores del arte (artistas, comisarios, críticos, montajistas, educadores) no pueden pagar la seguridad social. Que, aunque el sistema arte fuera establecido como tal en el régimen burgués, está mayoritariamente compuesto por proletarios que ganan, con suerte, para vivir en piso compartido y comer fideos instantáneos. 

Que esta situación de alarma y la posterior crisis van a acabar con nosotros.

La música callada, la soledad sonora

Otro oxímoron de los tiempos: el Ministerio de Cultura quiere a la cultura. Se ha reestructurado el gabinete . Los cambios son inquietantes; el más llamativo, la desaparición de la Subdirección General de Promoción de las Bellas Artes, que estaba dedicada a la potenciación del arte contemporáneo. Se empieza a deletrear la palabra dimisión por parte de algunas asociaciones, muchas de las cuales no nos han representado y no nos representan. Del lobby al hobby: consecuencia ineludible de abandonar la conciencia de gremio fiándonos de agrupaciones que no han pensado en todos, sino en ellos. Nuestra debilidad como colectivo ha de atenerse ahora a nuestra desprotección como individuos.

Hay una situación de emergencia precedida de una precariedad sempiterna, incentivada por la arraigada costumbre de que 'la cultura es gratis'

Pero la cabeza, el cráneo privilegiado de, coño, Uribes, no es el tema. De qué sirve cambiar de ministro, poner a otro colega, hacer parapente con Jesús Calleja, dar una pirueta con Nacho Duato, ser los Manolito Gafotas de Elvira Lindo o los alquimistas impacientes de Lorenzo Silva. Hay una situación de emergencia precedida de una precariedad sempiterna, incentivada por la arraigada costumbre de que “la cultura es gratis” frente al “monopolio de las grandes cadenas de producción, cuyos intereses tienen mucho más que ver con el capitalismo que con la cultura”, como se señalaba en este necesario artículo. Hay una urgencia latente, sí. Pero lo que convendría de verdad es mirar con prismáticos. Cambiar la forma de amparar, entender y de concebir la experiencia cultural. Planificar un Ministerio de Transición Cultural.

En este caso, me centro en el sector de las artes visuales. He pensado en algunas iniciativas que lanzo, como si fuera una carta a los Reyes Magos de Oriente, al buzón de CTXT, por si alguien quiere leerlas, y alguna es estimada como digna de empatía. Lo llamaré Un Decálogo Im-posible, primero, porque es uno, de los muchos que se pueden idear. Segundo, porque el Ministerio no tiene las atribuciones para generar dichos cambios y, más importante, porque esta transformación únicamente es viable si el 1% de las artes visuales (sí, nuestro ámbito también tiene su Forbes), es decir, los directores de museos, coleccionistas de terciopelo, cargos institucionales de alto nivel y artistas de Basel, deciden unirse a la corriente. Y eso, tristemente, nunca ha pasado. Para implementar estas medidas no es necesario aumentar el gasto presupuestario, sino reestructurarlo. Se obtendría liquidez eliminando, por ejemplo, la política de “muestras diplomáticas” en el exterior, pensadas para el canapenismo ilustrado de los señores empresarios y políticos paragüeros que fletan Picassos, Mirós y Goyas y Murillos como si fueran cromos de futbolistas; o aplicando una moratoria al encargo de rotondas a Cristóbal Gabarrón; Iniciando auditorías en negocios especulativos sospechosos y en fortunas de coleccionistas de paraísos fiscales. Que no nos cuelen otro caso IVAM.

Un Decálogo Im-posible

1.- Renta básica

Primero, ratificar el Estatuto de Artista aprobado en 2018 por unanimidad en el Congreso de los Diputados. Es la mejor forma de adaptar la legislación a nuestra actividad, reconociendo nuestra intermitencia, como existe en otros países y en otros sectores (como el agrario, donde se aplican correctores en sus cotizaciones para que puedan acceder a prestaciones de desempleo, debido a su estacionalidad). Una vez que los artistas, críticos, comisarios, educadores, y demás profesionales ligados a las artes visualesestemos legalmente identificados, aquellos que no alcancemos el salario mínimo interprofesional (menos de 12.000 euros al año) podremos optar a una renta básica que será de, al menos, el 75% del SMI, y del 100% en zonas rurales (así también combatimos la despoblación). En mi opinión, sí ha de estar sujeta a condicionalidad: a cambio, deberíamos o constatar que hay un trabajo constante, o realizar tareas relacionadas con el ámbito educativo (ver punto dos). Con ello no sólo podremos ayudar a que los agentes artísticos no estén sometidos a proyectos de corto plazo. Lograremos que no abandonen la profesión y que cambiemos este rumbo que parece inevitable: que la cultura va a ser pensada para ricos, y va a ser hecha por pobres.

2.- Pacto con Ministerio de Educación

Hay que transformar la canosa educación artística de este país. Basar nuestro modelo sectorial en una educación de prestigio. Propongo dos vías:

- Reestructurar la educación universitaria artística. Este punto exige consenso y un trabajo profundo de actualización de la malla curricular, con especial atención a la interdisciplinariedad y a nuevos formatos, y a la flexibilidad (que encuentre un acomodo al concepto einsteniano de Curiositas en la educación). Acabar con la precariedad del profesorado, y con figuras como los falsos profesores asociados. A tenor del abuso de la educación a distancia, establecer medidas para su regulación, y contra la colonización digital.

- Acuerdos con primaria y secundaria y enseñanza universitaria para que los agentes artísticos realicen talleres, proyectos didácticos, charlas y plataformas específicas enfocadas a los alumnos. También en las bibliotecas y los centros cívicos. Esta iniciativa mejorará la educación artística, la comprensión del arte contemporáneo, y proveerá al agente de otra vía de remuneración (o de acceso a la renta básica propuesta en el primer punto: a cambio de que imparta una actividad de este tipo al mes, obtendrá dicha renta).

3.- Reducción de IVA, otras medidas de alivio y estímulo

Reducir el IVA cultural para producciones, exposiciones, ventas, al tipo mínimo, asimilándolo al del ámbito educativo. Ajustar las tasas de autónomo dependiendo de ingresos. Ofrecer ayudas económicas para el pago de alquileres de talleres para artistas, alquileres para las galerías de arte y para los espacios de residencias artísticas en el país. Bolsas de viajes para residencias en el exterior, aumento de becas para estudios en el exterior.

4.- Transformación museal

No más museos. Sí, a la transformación de los actuales. Mayor participación de los agentes nacionales en el Museo Reina Sofía. Mayor participación de los agentes locales en museos de provincias. Alargamiento de la duración de las exposiciones temporales. Convertir espacios museísticos infrautilizados en talleres artísticos, en lugares destinados a organizaciones sociales, en paraninfos de asambleas culturales.

5.- Transición ecológica

De manera paulatina, incorporar las recomendaciones internacionales para que nuestros espacios culturales tengan algo más que conciencia ecológica; un funcionamiento racional. En sus sistemas de iluminación, en los montajes de muestras, en la adquisición de tecnología. En la medida de lo posible, reducir el transporte de obras de arte. Ante la necesidad de desplazamientos en el sector arte, ofrecer descuentos en el transporte ferroviario o con vehículos ecológicos, reduciendo el uso del avión.

6.- Priorización por sectores

Hay sectores que han sido, y siguen siendo, discriminados en el sector artístico: jubilados, clases bajas, minorías étnicas, extranjeros, mujeres. Establecer iniciativas de igualdad en el acceso de altos cargos y patronatos (quizás, cambiar el nombre “patronato”) para las mujeres. Partidas económicas específicas para extranjeros e instituciones gestionadas por inmigrantes. Apoyo a las pequeñas empresas culturales, a organizaciones artísticas sin ánimo de lucro, a asociaciones de disidencia. Generar acciones de acceso al arte entre las zonas más desfavorecidas, las más olvidadas por los intelectuales de la cultura. Como decía Terry Eagleton, “entre los estudiosos de la cultura, el cuerpo es un tema que está de moda, pero, por lo común, se trata del cuerpo erótico, no del cuerpo famélico[1]”. Incluir en el Estatuto del Artista a profesionales jubilados para que tengan acceso a facilidades y estímulos para poder recibir una pensión digna (si hablamos de precariedad entre los agentes culturales, imagínense qué va a ser –está siendo– de ellos una vez alcancen edad de jubilación, habiendo cotizado dos o tres suspiros anuales).

7.- Estímulos a la adquisición de obras de arte nacionales

¿Algo más que añadir?

8.- Comisión/Consejo de buenas prácticas

Se aprobó un Manual de buenas prácticas profesionales en las artes visuales por el Ministerio de Cultura en el 2008. Se agotó como el papel higiénico durante la pandemia actual. Porque se usó para lo mismo. Aumentaron los concursos públicos, por ejemplo. ¿Sirvió de algo? Nope. Los concursos públicos se amañan. El sector sigue padeciendo del nepotismo, el amiguismo, el privilegio del cortesano, el intercambio de favores debajo de la mesa, la compra/venta en dinero B, chanchullos en las altas esferas, ayudas económicas y subvenciones a repetidores, ferias como ARCO, cuyo jurado de selección está compuesto por galerías vengativas y/o agradecidas, censuras, cortes de cabezas y cortes de mangas. Urge, coño, Uribes, establecer una Comisión/Consejo de buenas prácticas apoyado en una legislación específica que multe, condene y controle esta miasma que es, en gran medida, la que se come los emolumentos de la base de la pirámide (que, por cierto, si desaparece, ¿dónde se va a sujetar el vértice, 1% del sector?). 

9.- Replantear nuestra participación en la Bienal de Venecia

El Pabellón Español de las dos bienales venecianas (de arte y de arquitectura) tiene sede fija desde 1922. Montañas de dinero se han destinado a mostrar obras de artistas españoles en una Bienal que es, cada edición, más elitista y menos prestigiosa. Además, qué carajo, ¡la ciudad se está hundiendo! Dicen que es el evento que pone a nuestro arte en el mapa. Oigan: que no estamos en el siglo XV. Que existe Google Maps. Ningún país de Europa se plantea abandonar la lujosa experiencia de la Bienal. Qué bonito sería por fin ser líderes en algo que no sean los datos del paro.

10.- Asesoría comunicacional

Uno de los grandes culpables de que los artistas sigamos siendo los “rojos de la ceja” es que la única información que les llega a los ciudadanos a través de los medios de comunicación es la última ocurrencia de Banksy, el último récord en una subasta, o las imaginativas creaciones de José María Cano. Si sólo me nutriera de telediarios obviamente concluiría que los artistas son un atajo de estafadores. Esto, coño, Uribes, tiene que cambiar. Van dos ideas:

- Asesoría comunicacional. Qué habría de malo si profesionales especializados en arte contemporáneo acudieran una vez al año a ofrecer un curso especializado de redacción de contenidos artísticos en medios generalistas, como en los informativos de Telecinco, por poner un ejemplo. Al que no sólo atendieran los redactores, sino los jefes de redacción, los editores, y los directores. Para explicar porqué es importante educar en el arte, hacer un esfuerzo por dar unos conocimientos básicos para entender el arte contemporáneo, cuál es su valor. Y cómo traducirlos de la mejor forma a la audiencia. A no recurrir constantemente a las polémicas, y destinar un pequeño hueco en la parrilla al arte honesto.

- Subvención a programas de contenido cultural. Una partida destinada a sufragar parte de los gastos para generar programas de contenido cultural dignos en televisiones privadas. La última entrevista que vi en una privada a una artista visual fue en Antena 3, a Daniela Ortiz, básicamente para que el Think Tank postcolonial la hiciera un roast en HD. Vean esa entrevista. ¿En serio no tenemos un problema comunicacional –más allá de un enraizado racismo–?

La nueva normalidad, la vieja rareza, no puede abocarnos a un mundo sin cultura. Al planeta de los simios. Porque no veremos a Charlton Heston en calzones llorando frente a una semienterrada Estatua de la Libertad. Será imposible porque no habrá nadie que haga estatuas, porque no habrá nadie que quiera pagar por ver películas, y porque no habrá nadie que haga una película. En el futuro todos, humanos y monos, nos tendremos que entretener rascándonos el ojete. Las artes visuales corren el peligro de dejar de ser vistas.



[1] Eagleton, Terry. Despues De La Teoria/ After the Teory. Debate Editorial. (2005). 

 

Qué pena, coño, Uribes. Estoy más caliente que Juan Echanove. Más: porque yo no he visto una factura con más de tres ceros en mi vida.  De hecho, hay...

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Autor >

Juan José Santos Mateo

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