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Ausencia administrativa

Las colas del abandono

A finales de abril, las asociaciones vecinales de Madrid contabilizaban casi 60 despensas autoorganizadas. La de Bellas Vistas ofrece comida y bienes de primera necesidad a 300 familias de Tetuán, con más de 450 menores

José Luis Marín Madrid , 10/06/2020

<p>Dos mujeres esperan su turno para recibir alimentos en la despensa de Bellas Vistas. </p>

Dos mujeres esperan su turno para recibir alimentos en la despensa de Bellas Vistas. 

Maren Haeussermann

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Ni colas del hambre, ni colas de la miseria. Una despensa de alimentos no es otra cosa que la última consecuencia de un fallo sistémico, una concatenación de decisiones políticas erróneas en un país que lleva tiempo siendo incapaz de proteger a su población. Por eso no hay que dejarse llevar por el tópico: la miseria y el hambre se imponen como conceptos etéreos, sobrevenidos y coyunturales en tiempos de coronavirus. La desidia política y las costuras reventadas de un modelo social y económico construido de forma premeditada son, sin embargo, la realidad estructural y permanente. 

En el número cinco de la calle de Pedro Barrera, apenas unos metros más allá de la glorieta de Cuatro Caminos de Madrid, decenas de mujeres de origen migrante hacen cola de forma ordenada para recibir alimentos y bienes de primera necesidad para sus pequeños. ¿Hay más gente? Desde luego, pero este es el retrato terminado, el perfil dominante, de las personas que acuden a la Despensa Solidaria de Bellas Vistas en busca de sustento. “Vivo sola, estoy desempleada y solo cuento con el apoyo de mi madre, que sigue trabajando”, cuenta Isaury, una joven con gesto serio, poco después de recoger sus alimentos. “A mi marido le han hecho un ERTE, tenemos dos niños pequeños y pocas expectativas laborales”, asegura Paula –nombre ficticio–, otra de las mujeres que ha pasado por el dispensario. 

En Madrid la esperanza de vida varía hasta en diez años en función del barrio en el que vivas. Cuanta más renta, más lejos se llega en el calendario vital

Para los grandes especialistas del bulo xenófobo y la discriminación, aquí vienen los datos: según numerosos estudios, la población migrante aporta más al Estado de bienestar  de lo que recibe, entre otras razones porque hacen menor uso de los servicios sociales y acuden con menos frecuencia al sistema de salud. La fundación Foessa, constituida en 1965, con el impulso de Cáritas Española, señala en su último informe anual que existen varios factores que en España aceleran los procesos de exclusión: ser migrante, de origen extracomunitario, mujer… Si ellas son las que acuden a la despensa, es porque así lo dicta la realidad social y laboral del país. Esto último es fundamental: las mujeres siguen asumiendo la inmensa mayoría de tareas de cuidados en el hogar, tanto en los propios como en los ajenos. Y la pandemia ha golpeado con dureza extrema a un colectivo arrasado por la precariedad, donde se calcula que un tercio de las trabajadoras domésticas viven en la informalidad y donde no existen los mecanismos de desempleo y regulación temporal de empleo. 

Los que hablan de efecto llamada o de beneficiarse de las ayudas simplemente mienten. Ningún grupo de población, y menos los más desfavorecidos, se aprovecha espuriamente del sistema de bienestar. Entre otras razones porque este lleva tiempo reducido a la mínima expresión. 

***

La despensa de Bellas Vistas ofrece comida y bienes de primera necesidad a más de 1.300 personas. Aproximadamente, trescientas familias del distrito de Tetuán con más de 450 menores a su cargo.

Mientras se habla y teoriza torticeramente sobre la vuelta a la normalidad, la lista de personas en este banco de alimentos no para de crecer. “El teléfono suena todo el día. Tenemos unas veinte altas nuevas diarias, más o menos”, dicen en la organización. “Es la primera vez que venimos”, confirman varias personas que recogen las cestas en la puerta del dispensario.

El espacio, un local bajo que recibe luz gracias a un austero y pequeño patio interior ajardinado, lleva funcionando desde comienzos de abril gracias a la voluntad de la Asociación Vecinal Cuatro Caminos-Tetuán. En ella confluyen tanto el cura del barrio, que ha cedido el local de la parroquia Nuestra Señora del Encuentro, donde se realiza el reparto, como las cerca de 50 personas, todas voluntarias, que levantan la despensa con donaciones del sindicato MATS del Hospital de la Paz, Ferroviarios Solidarios, el Mercado Maravillas o aportaciones de particulares. 

Dos voluntarios preparan la entrega de alimentos.

Ninguno debería estar ahí. No en la región más rica del país y en la capital de un Estado europeo. En realidad, en ningún lado, pero en el marco de mínimos que nos han vendido, esto sería el episodio final. Salvo que no lo es: ya antes de la crisis del coronavirus, la desigualdad entre el 20% más rico y el 20% de la CAM era la más alta de España. En el núcleo urbano, la esperanza de vida varía hasta en diez años en función del barrio en el que vivas. Cuanta más renta, más lejos se llega en el calendario vital. 

Es complicado encontrar un ejemplo más nítido de esta desigualdad que el tramo de ciudad que atraviesa la calle de Bravo Murillo: a un lado de la calzada, donde se localiza la despensa de Bellas Vistas, la renta media por persona de las zonas que se extienden hasta los parques de Rodríguez Sahagún y La Ventilla rara vez supera los 13.000 euros anuales. Al otro lado, los ingresos de la población se van elevando hasta los cerca de 30.000 euros de renta anual que hay en las manzanas que rodean la calle de Orense.  

En la Comunidad de Madrid, el 85% de la exclusión se concentra en los grandes núcleos urbanos y un 38% de los hogares ha visto reducidos sus ingresos por la crisis

La despensa de Bellas Vistas tapa, como puede y junto a otras que han surgido en las últimas semanas, un problema que ha explotado con la llegada de la gran pandemia, pero que llevaba tiempo macerando. Así recuerdan las más de 60 asociaciones vecinales que se agrupan en las Redes de Cuidados de Madrid y que el pasado viernes 29 de mayo lanzaron un comunicado donde reconocían, de forma clara, que ellos son solo un parche. Uno admirable, pero que solo evidencia la ausencia y el colapso de las autoridades y la abolición de la política pública como forma de gobierno.

“Contacté hace cerca de un mes y medio con los servicios sociales, pero me acaban de decir que no cumplo los requisitos”, dice Isaury. “Hace unos 20 días que he escrito a los servicios del Ayuntamiento, pero no he obtenido respuesta aún”, asegura Paula. Jon, que acude a la despensa de Bellas Vistas con un carrito de bebé como bolsa de la compra improvisada, comenta que lleva esperando la respuesta de la administración tres o cuatro semanas.

Cesta de alimentos.

“Es comprensible el colapso de la Administración. Es la primera vez que ocurre algo así. Ahora bien, una vez se ponen a funcionar, hay medios y recursos tanto para ayudar como para reforzar las políticas públicas, pero no lo han hecho”, comentan en la despensa de Bellas Vistas, al tiempo que añaden: “No podemos ni debemos sustituir a los profesionales de los servicios públicos, que hacen un trabajo esencial con pocos recursos. Pero el problema viene de arriba, donde es complicado admitir políticamente que los primeros que se han puesto a funcionar son las asociaciones de vecinos”. 

Basta escalar un poco para comprobar la dejación gubernamental a la que se enfrentan las alrededor de 100.000 personas que reciben ayuda de primera necesidad en la ciudad-capital a través de las despensas solidarias, el Banco de Alimentos, las juntas de distrito o Cáritas. En una reciente entrevista con CTXT, Enrique Villalobos, presidente de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), donde se agrupan muchas de las despensas voluntarias de la ciudad, recordó que el Ayuntamiento de Madrid ha tardado cinco semanas en abrir los puntos presenciales de los servicios sociales en los barrios. 

En el consistorio se defienden asegurando que el Gobierno central bloquea el superávit de la ciudad y que ya han movilizado seis millones de euros para ayudas alimenticias. Pero lo cierto es que solo fue el pasado 8 de mayo cuando se anunció, casi dos meses después de que se declarara el estado de alarma y sin fecha para su puesta en marcha, el reforzamiento de los recursos y la plantilla de los Servicios Sociales. Varias asociaciones vecinales denunciaron que, a 26 de mayo, los portales de transparencia del Ayuntamiento apenas recogían contratos para alimentación y productos básicos por valor de 3,1 millones de euros, y que siete distritos de la capital no habían firmado ninguno

En una región donde el 85% de la exclusión se concentra en los grandes núcleos urbanos y donde un 38% de los hogares ha visto reducidos sus ingresos por la crisis, la premura y las cifras parecen a todas luces insuficientes. Tampoco resulta demasiado creíble que en un ayuntamiento con un músculo como el de Madrid no exista la capacidad para adaptar con carácter de urgencia inmediata los protocolos burocráticos y administrativos, para reforzar unos Servicios Sociales abandonados y desnudos desde hace tiempo o para crear un plan que vaya más allá de la caridad y las buenas voluntades. Sobre todo cuando han demostrado gran celeridad para anunciar importantes acuerdos publico-privados con grandes empresas al tiempo que se generaban resistencias con las asociaciones vecinales. 

La despensa de Bellas Vistas comenzó su labor durante la pandemia repartiendo menús diarios en coordinación con la Junta de Distrito. “Cuando decimos coordinación, decimos solo eso. Capitanear y poco más. No ha llegado ni un solo recurso económico”. Desde hace aproximadamente un mes, ante la lentitud y las tensiones, han tenido que seguir avanzando por su cuenta.

No son los únicos. A finales de abril, la FRAVM había contabilizado casi 60 despensas autoorganizadas en los barrios, donde solo en el 16% la administración actuaba con algún tipo de colaboración. Desde la plataforma aseguran que, en las últimas semanas, el número de bancos de alimentos y las personas que acuden a ellas ha aumentando considerablemente. 

Más recientemente, la plataforma la CuBa, que ofrece ayuda a más de 3.000 personas en Lavapiés, ha denunciado las trabas que desde el Ayuntamiento se han puesto para ceder algún espacio donde puedan continuar con los repartos. En la Casa Encendida, donde opera la Despensa Solidaria de Arganzuela, se asegura que la demanda de alimentos y productos de primera necesidad ha aumentado más de un 300% en las últimas tres semanas. 

En mitad del plan de desescalada, por fases, modificable, progresivo, etc., las colas en las despensas de Madrid crecen y se asientan como la paradoja del abandono institucional. Quizá la asimetría era realmente eso: filas interminables en los bancos de alimentos de una calle y terrazas a rebosar en la paralela.   

Ni colas del hambre, ni colas de la miseria. Una despensa de alimentos no es otra cosa que la última consecuencia de un fallo sistémico, una concatenación de decisiones políticas erróneas en un país que lleva tiempo siendo incapaz de proteger a su población. Por eso no hay que dejarse llevar por el...

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