1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Memoria y justicia

Un manifiesto para avanzar en la inacabada normalización de Euskadi

A punto de cumplirse 10 años del cese definitivo de la violencia por parte de ETA, más de 350 personalidades reclaman al Gobierno acabar con la dispersión y abrir espacios para la elaboración de una memoria compartida

Gorka Castillo Madrid , 14/02/2021

<p>Concentración contra la dispersión de los presos de Eta en la localidad alavesa de Agurain en 2016.</p>

Concentración contra la dispersión de los presos de Eta en la localidad alavesa de Agurain en 2016.

Etxerat

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Memoria y justicia en Euskadi. Para cerrar las heridas que permanecen abiertas y avanzar en la convivencia. Sin venganzas ni omisiones. Más de 350 personalidades de todo el Estado han firmado un manifiesto donde instan al Gobierno de coalición a dejar atrás los viejos códigos de excepcionalidad penitenciaria aún vigentes contra los miembros de ETA y a apostar por la profundización en el respeto a los derechos humanos. De todos. También de las personas condenadas por delitos de terrorismo “que continúan cumpliendo penas en centros alejados de sus lugares de origen” pese a que la banda cesó su actividad hace una década y desapareció en 2018. Y para ahondar en esta línea apelan a fórmulas de reconciliación aplicadas con éxito en países sacudidos por violencias aún más espeluznantes que las padecidas en España durante más de medio siglo. 

El texto, titulado “Por un nuevo camino sin retorno”, está firmado por figuras conocidas del mundo del cine como el actor Sergi López y el director de Patria, Aitor Gabilondo, altos funcionarios internacionales como Federico Mayor Zaragoza, políticos como Eduardo Madina, movimientos sociales como la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, escritoras, músicos, periodistas, sindicalistas y víctimas del terrorismo tanto de ETA como de los GAL. “No se trata de establecer una equívoca ecuanimidad sobre la violencia en Euskadi sino de reconocer que hoy no existe ninguna razón objetiva para que este tema siga siendo utilizado como arma arrojadiza en la política española. La excepcionalidad del alejamiento se enfrenta a la jurisprudencia dictada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) y a los principios de reeducación, reinserción y resocialización que consagra la propia Constitución”, afirma una de las personas que ha participado en su elaboración. “Lo importante es que el manifiesto ha logrado comprometer a gente de distinta procedencia, profesiones e ideologías alrededor de los derechos humanos”, sentencia.

A pesar de las devastaciones causadas por tantos años de violencia en el País Vasco, Haritz Aranburu y María Jauregi son dos ejemplos de lucidez y entendimiento. Su pasión por la palabra les llevó a romper con los muros del miedo que dividió a la sociedad durante décadas. Haritz es hijo de Eugenio Aranburu ‘Txo’, miembro de la Mesa Nacional de Herri Batasuna que se quitó la vida en 1997 antes de ser encarcelado. María es hija de Juan María Jauregi, militante socialista y exgobernador civil de Gipuzkoa que en 2000 fue asesinado en Tolosa por un comando de ETA. Ambos forman parte de lo que algunos ya denominan “primera generación sin violencia” –al no haberla vivido en su etapa adulta–, jóvenes marcados por un pasado traumático que decidieron reencontrarse con su memoria para encarar los abismos que les abrió la historia. Es cierto que ahora que ETA no existe parece todo más fácil pero María y Haritz, que se conocieron en 2018, hablan ahora reunidos por CTXT de la importancia que tiene la reflexión individual para trascender los prejuicios políticos que se han forjado y reforzar la humanidad de cada persona. Con su nombre y su forma de pensar. 

Para Haritz, los derechos humanos están por encima de ideologías y colectivos. “Si hay una cosa que me incomoda es que mi opinión solo tenga validez por lo que he sufrido. Pero el sufrimiento no es lo que nos legitima para poder hablar de todo esto. Lo que de verdad nos legitima es cómo lo hemos procesado y qué hemos sentido individualmente a lo largo del tiempo. Creo que esta tragedia necesita de más humanidad para superarse. Dar a la persona el valor que merece, no por su militancia política. Yo estoy orgulloso de mi padre y no me agrada que se utilice su nombre para añadir más sufrimiento del que ya hay. Lo hacen todos por intereses de partido y eso no contribuye a construir la convivencia”, reflexiona con una serenidad admirable. 

Por su parte, María habla del perdón y afirma que nunca sintió la necesidad de que nadie se lo pidiera aunque dos miembros del comando que asesinó a su padre lo hicieran en su día a título individual. En todo caso, insiste, habría que pedírselo a toda la sociedad “porque además de ETA,  también el gobierno socialista debería hacerlo por su implicación en la guerra sucia del GAL”. Desde el fin del terrorismo, con la disolución de ETA, hace casi tres años, partidos como el PP han venido fomentando una suerte de jerarquía entre las víctimas en función de su adscripción política. Es algo que a María le perturba. Quienes apoyaron los encuentros restaurativos en la cárcel de Nanclares, suspendidos en 2012 por Mariano Rajoy, son tratados de manera diferente. A veces son subestimados con desdén. Como otra condena. 

El último capítulo acaba de escribirlo el diputado popular en la Asamblea de Madrid, Daniel Portero, también víctima del terrorismo, que no ha dudado en escribir en las redes sociales mensajes lacerantes contra la madre de María, Maixabel Lasa, por defender manifiestos como “Por un nuevo camino sin retorno”. Y María, que no se resigna a que el dolor solo pueda escribirse desde la misma óptica, opta por echar el telón de la indiferencia sobre el asunto como la mejor manera de vivir el presente y mirar hacia el futuro con optimismo. “Es que no hay una forma única de ser víctima como tampoco existe uniformidad en el pensamiento político de las víctimas del terrorismo. Es lógico, normal. Lo único que exigimos es respeto por nuestra forma de pensar que, como víctimas que somos, es tan digna como las suyas. Defendemos los derechos humanos para todas las personas y, por supuesto, preservamos la memoria de mi aita (padre, en euskera). Los insultos no merecen la pena comentarlos, pero la mentira sí”, expone con su voz suave y sin un ápice de resentimiento. 

Sin embargo, los renglones de un relato compartido no terminan de enderezarse. A punto de cumplirse el décimo aniversario del “cese definitivo de la actividad armada” por parte de ETA, la asunción del dolor causado continúa navegando por agitadas controversias que marcan el curso de los pasos. Heridas profundas que se reabren con declaraciones como las que pronunció hace unas semanas la portavoz de EH Bildu en el Parlamento vasco, Maddalen Iriarte, matizando en una entrevista que la justicia o injusticia de los actos cometidos por la banda “dependerá del relato que cada uno haga” de aquellos brutales años. Sus palabras cayeron como un jarro de agua fría sobre muchos colectivos y muchas víctimas que aún tratan de asimilar el dolor inmenso que les produjo aquella cruenta y estéril lucha. 

Desde la llegada de Sánchez a La Moncloa se han realizado 158 movimientos, una cifra todavía alejada de los 190 acercamientos que propició el Gobierno de Aznar entre 1998 y 1999 

“La izquierda abertzale sigue tratando de eludir el debate central de su verdadera y sincera autocrítica”, estima Txema Urkijo, asesor de la Dirección de Atención a Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco entre 2006 y 2012 y uno de los impulsores de los encuentros restaurativos en la cárcel alavesa de Nanclares. “Reconocer el dolor causado se ha convertido casi en un formalismo objetivo. Y me  parece muy bien que lo hagan pero hay que exigirles más. A lo mejor deberían decir a las víctimas que ellos tuvieron parte de responsabilidad en su sufrimiento. Creo que ese sería un paso importante pero desligado de las vulneraciones de derechos humanos que el Estado también ha cometido”, sostiene una de las personas que con más firmeza trabajó por el reconocimiento público de todas las víctimas cuando ocupó la Dirección de Derechos Humanos del ejecutivo autonómico. “ETA no debió de existir nunca. Esa es la premisa. Y eso no excluye que un ministro del Interior deba de ir un día a Intxaurrondo para reconocer que también el Estado causó sufrimiento y cometió errores. Que aquello estuvo muy mal y pida perdón. Ya sé que ahora parece ciencia ficción pero…”, apunta Urkijo, que también ha firmado el manifiesto.  “Me parece importante que hoy se estén realizando traslados de presos, independientemente de que hayan firmado o no papeles, de que sean duros o blandos, pero aún queda mucho camino por recorrer”, reconoce.

De los 197 presos de ETA actualmente en prisión, 84 ya cumplen sus condenas en cárceles vascas o en centros penitenciarios limítrofes con Euskadi y Navarra. Desde la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa se han realizado 158 movimientos, una cifra todavía alejada de los 190 acercamientos que propició el Gobierno de Aznar entre 1998 y 1999 y que misteriosamente han sido suprimidos del discurso oficial del PP cuando ataca la política penitenciaria del ejecutivo de coalición. “Recomponer los puentes que se rompieron durante la etapa violenta va a requerir, en mi opinión, de dos variables. Por un lado, debemos hacer un tratamiento real y acordado en el caso de las víctimas, de todas las víctimas y de todas las violencias que hubo, de tal forma que se deje de utilizar políticamente su dolor. Y en segundo lugar hay que tener muy en cuenta la situación en las cárceles. No solo de los presos sino también de sus familiares, que son los que sufren directamente los largos viajes. Son las dos asignaturas que aún tenemos pendientes para avanzar hacia la deseada convivencia”, certifica Joseba Azkarraga, portavoz de Sare, la red ciudadana que, desde 2015, trabaja a favor del acercamiento al País Vasco de los presos que siguen encarcelados lejos de sus lugares de origen. 

Artífice de la excarcelación y reinserción de un centenar de miembros de ETA pm en la década de los ochenta, Azkarraga observa con pesadumbre que sigue existiendo una comprensión parcial de los derechos humanos en España. “Denuncian los cometidos por ETA, que numéricamente son los más cuantiosos, pero no los defienden cuando las vulneraciones la ejercen quienes comparten su misma ideología. Me refiero a la violencia de Estado, a los grupos de extrema derecha, grupos antiterroristas, a la Guardia Civil y las torturas que han cometido”, indica. Según cifras aportadas por Sare, además de las 829 víctimas causadas por ETA desde 1975, hay más de 200 muertos y 5.000 casos de tortura detallados que esperan salir del silencio en el que se encuentran relegados. 

El TEDH ya ha condenado al Estado español hasta en 11 ocasiones por no haber investigado de forma “exhaustiva y eficaz” las denuncias por maltrato interpuestas por detenidos. La última, en enero. Es la sexta vez que falla contra una actuación del Juzgado de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional cuando su titular era el actual ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. “Las torturas han sido una realidad que siempre nos han negado. Nos acusaban de mentir y rápidamente relegaban la cuestión. Los jueces, los políticos y los medios de comunicación. No importaba”, afirma la madre de un expreso que prefiere no ser identificada. Su hijo estuvo cinco años en la cárcel gaditana de Algeciras, tres en Picassent, otros tres en Navalcarnero y concluyó su condena en el centro alavés de Zaballa. Si el objetivo de la política de alejamiento era incrementar la presión sobre el colectivo de presos para debilitar a la banda, la consecuencia ignorada durante sus 31 años de vigencia es que también provoca graves daños a sus familiares. “Para nosotros es algo muy duro. Al principio no eres consciente de los esfuerzos que conlleva hacer desplazamientos tan largos, de 2.000 kilómetros para estar unos minutos con tu hijo, algunos van con niños pequeños, otros con gente mayor. Todos con esa preocupación de la responsabilidad a cuestas. Y sin saber lo que te encontrarías al llegar porque, a veces, nos cambiaban el horario de visita y no nos dejaban entrar. O los cacheos. Luego está la situación de los que están enfermos dentro de la cárcel. Eso siempre me impactó porque veía a sus familiares y no me podía ni imaginar lo que estaban pasando”, admite esta mujer que agradece el apoyo que recibió por parte del colectivo Etxerat, la asociación que agrupa a los familiares de presos, que le ayudó a sobrellevar la soledad y afrontar el trance durante décadas. “No pretendo dar pena a nadie, pero la realidad es que ETA no existe desde hace tres años y seguimos esperando que se cumpla la ley penitenciaria. Que pongan fin a la dispersión y en libertad a aquellos que sufren enfermedades graves”, sentencia.  

Entre la incomprensión y la culpa suele filtrarse siempre una herramienta que a veces pasa desapercibida para edificar el futuro: el poder de la cultura. Con ella se acotan las divergencias porque abre las miradas. “Es un instrumento maravilloso para seguir haciendo pedagogía y reencontrarse en el País Vasco”, asegura el cineasta Aitor Merino, cuya firma es una de las que encabeza el manifiesto. Merino destaca la importancia del texto por tratarse de una iniciativa abierta a todos los ciudadanos del país y porque reduce espacios a la desmemoria que siempre ha acompañado a un conflicto encorsetado por el relativismo y la revancha. Y sabe de lo que habla. Él fue de los primeros en reclamar un debate profundo sobre las violencias practicadas en el País Vasco en los años del plomo y sufrió el cierre de filas decretado contra todo aquello que retratara algo de humanidad en el mundo abertzale. En septiembre de 2013, dos años después de que ETA anunciara su alto el fuego definitivo, estrenó en el Festival de Cine de San Sebastián Asier eta biok (Asier y yo), un documental sobre su vieja amistad con el exmilitante de ETA Asier Aranguren. Una historia personal tratada a flor de piel, con la humanidad que soportan hasta las contradicciones. 

Y tuvo que mover el cielo y la tierra para que la cinta no desapareciera de las carteleras tras una campaña mediática corrosiva contra él pero, sobre todo, contra los responsables del certamen donostiarra por proyectarla. “Los amigos de ETA llegan a los cines”, tituló el diario La Razón. “Un premio en casa de Bildu”, sentenció el rotativo, hilando la inmoralidad de su contenido, un relato íntimo que al diario le pareció una herejía deleznable, con supuestas presiones políticas para su exhibición. “A raíz de esto, nos cerraron muchas puertas por la temática y el enfoque de la película. Tuvimos problemas para encontrar distribuidores fuera del País Vasco y de Catalunya. Hubo llamadas del Ministerio de Asuntos Exteriores a la organización del Smithsonian Folklife Festival de Washington DC para que en la edición de 2016 no lo programaran, algo que afortunadamente no sucedió”, recuerda. Algunas voces reconocen que este comportamiento no fue una excepción durante los tiempos de ETA. Muchos no olvidan la polémica que causó la inmersión en este conflicto de Julio Medem con su documental La pelota vasca, la piel contra la piedra. Lo más suave que le dispensaron sus más acerados críticos fue el de ser cómplice de uno de los grupos terroristas más sanguinarios del planeta. 

– “Hay cosas a las que no se pueden poner palabras”

– “Sí, tener una hija”

– “Que asesinen a tu madre”

– “Verla nacer, abrazarla”

–“Querer abrazarla y no poder”

Este diálogo es un fragmento de Rescoldos de paz y violencia. Trilogía sobre la violencia y el proceso de paz en el País Vasco, la conmovedora obra teatral donde María San Miguel aborda de forma descarnada el difícil reto de la reconstrucción de las almas rotas en Euskadi. El espectáculo se vuelve, por momentos, demoledor. Acaso porque encara sin anestesia un pedazo de la verdad que dejó aquel desastre, con sus luces y sus sombras. Y lo hace de la única manera posible: con dos actores frente al público, dos discursos irreconciliables sobre la pérdida de un padre a manos de los GAL y de una madre a manos de ETA, y la búsqueda de una puerta de salida. María San Miguel asegura que su vida “también está marcada por la actividad terrorista y la violencia practicada en el País Vasco”. 

Aunque pueda parecer un desafío para una vallisoletana de 35 años, las tres piezas de esta obra son fruto de la comprensión que le proporcionaron diez años de investigación y entrevistas. “Hay un deseo de olvido. Todo lo que nos pilla lejos y ya ha pasado es como si no importara ya. Pero sin memoria no podemos avanzar. Y usar a ETA por fines políticos contribuye a la desmemoria porque crea una verdad peligrosa. Estamos generando una sociedad cada vez más punitiva como elemento vertebrador en lugar de educar en cultura de paz y derechos, que es nuestro deber como sociedad, incluso a aquellos que vulneraron los derechos humanos”, afirma San Miguel. “Y por eso también he firmado el manifiesto”, remacha. 

La herida que dejó el terrorismo y la violencia no se ha cerrado todavía. La cuestión que se plantea ahora, como dice la escritora Edurne Portela, es qué tipo de cicatriz dejará. En la piel de la sociedad vasca y en la de todas las personas que sufrieron. “Si realmente hablamos de una reparación justa, de avanzar hacia una verdadera convivencia, todos debemos ser parte de ese diálogo. En igualdad de reconocimiento y de derechos. La discusión ética sobre la deslegitimación de la violencia es una cosa distinta a la legalidad o no de ciertas medidas penitenciarias excepcionales que se siguen aplicando. Es que hoy ni siquiera tiene un marco donde sostenerse”, alega la autora de El eco de los disparos, un ensayo brutal sobre la violencia de ETA y sus secuelas escrito cinco años después del cese definitivo de la lucha armada. “En todos estos años se ha producido un progreso en el debate público en Euskadi, pero en el resto del Estado no se habla de este asunto y si lo hacen es en la lógica de la beligerancia, del contigo o contra ti, sin aceptar que hay muchos matices en esta historia”, explica. En todo caso, añade Portela, si algo le ha sorprendido del manifiesto es encontrar firmas reconocidas, además de la suya, que hasta ahora no han sido participes de este debate. “Que gente como Aitor Gabilondo, que acaba de dirigir una serie como Patria, y otras muchas personas se hayan sumado a esta iniciativa indica que hay un intento en todo el país por normalizar estos temas y perder el miedo a que puedan joder tu carrera”, concluye.

Memoria y justicia en Euskadi. Para cerrar las heridas que permanecen abiertas y avanzar en la convivencia. Sin venganzas ni omisiones. Más de 350 personalidades de todo el Estado han firmado un manifiesto donde instan al Gobierno de coalición a dejar atrás los viejos códigos de excepcionalidad penitenciaria aún...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí