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Meloni

Meloni, la otra alarma

Da la impresión de que nos empeñamos más en detectar el retorno del fascismo histórico que en desenmascarar los nuevos rostros del Ur-Fascismo y aprender su neolengua

Gorka Larrabeiti 17/09/2022

<p>Meloni interviene en el Meeting de Comunión y Liberación en Rímini.</p>

Meloni interviene en el Meeting de Comunión y Liberación en Rímini.

Fratelli d'Italia / Youtube

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Justo debajo de casa, donde antes había un taller de reparación de coches de una marca alemana, hoy hay un mercatino dell’usato, una especie de rastro donde se compra y se vende de todo, de muebles a libros, martillos, jarrones, sierras, cuadros. El local está dotado –cómo no– de una alarma de seguridad. La cosa es que, sin motivo, la alarma se suele disparar a menudo. Tan a menudo que los vecinos nos hemos acostumbrado sin remedio a una tortura que nos parece ya de adorno.

Hace dos días en Italia sonó fuerte otra alarma. La lanzó Enrico Letta, secretario del Partido Democrático, quien avisó de que estábamos ante un escenario de pesadilla, pues si la derecha alcanzaba el 43% de los votos, gracias a la ley electoral, la coalición Meloni-Salvini-Berlusconi disfrutaría del 70% de la representación parlamentaria, lo cual permitiría incluso modificar la Constitución hacia un presidencialismo. Letta tiene razón: la cosa da miedo. Faltan poco más de dos semanas –las elecciones se celebrarán el 25 de septiembre– para una remontada que se ve imposible. Ganará Meloni seguramente. Sondeos reservados le dan hasta un 30%. El problema es que el PD ha planteado la campaña electoral como una alerta atizando una emoción negativa: el miedo. Miedo a vivir en un país a lo Putin, Orbán, Moraweicki. Miedo a la bancarrota. Miedo a la regresión. La duda es si el cuerpo electoral entiende que esos gritos –all’arma, all’arma– son efectivamente de guerra o si más bien los oye absteniéndose de toda actuación, igual que oímos en mi escalera la turrada del mercatino de debajo.

¿Hay o no un peligro fascista en Italia? Pues sí y no. No, en cuanto que se lee que algunas grandes carteras –Economía, Transición Ecológica– las habría pactado ya Meloni con Draghi, de manera que no habrá grandes cambios en los ejes estratégicos de Italia. El atlantismo y el respeto de las reglas económicas que impone la UE están fuera de toda discusión. Con una inflación disparada y el maná europeo del PNRR (Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia) aún por llegar, el margen de actuación de Meloni en los asuntos de Estado será mínimo, por no decir nulo.  Y sí, puesto que el campo de batalla impuesto es ya el terreno identitario de la nueva extrema derecha 2.0 tan bien descrita por Steven Forti. Asistimos a días frenéticos de blanqueamiento y ennegrecimiento del pasado de Giorgia Meloni. Sin embargo, no parece que vayan a movilizar especialmente ni que sean motivo nuevo de escándalo en el arco de un ventenio de revisionismo histórico descarado.

Giorgia Meloni forma parte –hoy, no ayer– del movimiento National Conservatism, que, a partir de 2019, empezó a celebrar con regularidad conferencias a ambos lados del Océano

Los 14 síntomas del fascismo eterno de Eco los percibimos alto y claro desde hace mucho. Es verdad, como dice Alba Sidera, que en Italia hay un “fascismo persistente”. Puede ser, como ella misma sostiene, que falte contrarrelato y periodismo antifascista. Ahora bien: a veces da la impresión de que nos empeñamos más en detectar el retorno del fascismo histórico que en desenmascarar los nuevos rostros del Ur-Fascismo y aprender su neolengua. Giorgia Meloni forma parte –hoy, no ayer– del movimiento National Conservatism, que, a partir de 2019, empezó a celebrar con constancia y regularidad una serie de conferencias a ambos lados del Océano. Esos eventos cuentan con presencia y participación institucional transatlántica a todos los niveles: gubernamental, universitario, político, eclesiástico, mediático… Meloni intervino en 2020, junto con Orbán y Marion Marechal entre otros, en el convenio que celebró en Roma con una ponencia titulada “Dios, Patria y Familia”. Una de las lumbreras más destacadas de ese evento fue el filósofo israelí Yoram Hazony, presidente del Instituto Herzl y de la Fundación Edmund Burke, así como autor de La virtud del nacionalismo o del reciente Conservatism: A Rediscovery. Durante su intervención, Meloni regaló esta flor a Hazony: “Querido Yoram: tu libro levantará gran escándalo en Italia y yo pienso contribuir a ello, pues pretendo citarlo a menudo”. El modelo político ideal que propone el querido Yoram es Israel, pero no el actual, no, sino el antiguo Reino de Israel.

El 15 de junio de este año se publicó la Declaración de Principios del National Conservatism. Tampoco sonaron alarmas. Pocos estudiosos conocen a sus autores. La Declaración adopta la bíblica forma del Decálogo. Cito los puntos principales: 1 Independencia nacional. 2 Rechazo del Imperialismo y del Globalismo. 3 Gobierno nacional. 4 Dios y la Religión Pública. 5 El Imperio de la Ley. 6 Libre Empresa. 7 Investigación Pública. 8 Familia y niños. 9 Inmigración. 10 Raza.

No sé a ustedes, pero a mí me preocupa mucho más la discreción, el ímpetu, la coherencia y la potencia que veo en esta suerte de nacionalcatolicismo global ultracapitalista que la nostalgia y el frikismo de esas pocas camisas negras, esos folklóricos saludos romanos y esos caras al sol, que también dan cosa, pero menos. Traduzco este pasaje del punto cuarto de la mencionada Declaración para que vean qué rápido podemos volver al Estado confesional, la teocracia o el Antiguo Régimen si les dejamos.

4. “Dios y la Religión Pública. Ninguna nación puede durar mucho tiempo sin la humildad y la gratitud ante Dios y el temor de su juicio que se encuentran en la auténtica tradición religiosa. Durante milenios, la Biblia ha sido nuestra guía más segura, alimentando una adecuada orientación hacia Dios, a las tradiciones políticas de la nación, la moral pública, la defensa de los débiles y el reconocimiento de todo aquello considerado con acierto como sagrado. La Biblia ha de leerse como la primera entre las fuentes de una civilización occidental compartida en escuelas y universidades, y como la herencia legítima de creyentes y no creyentes por igual. Donde exista una mayoría cristiana, la vida pública debe estar arraigada en el cristianismo y su visión moral, que debe ser honrada por el Estado y otras instituciones tanto públicas como privadas”.

Ayer en Italia se habló de la serie de dibujos animados Peppa Pig. Fratelli d’Italia solicitó formalmente a la RAI censurar un episodio en el que salían dos mamás

Patriotismo y coraje, honor y lealtad, religión y sabiduría, congregación y familia, hombre y mujer, el sabbath y lo sagrado, razón y justicia: esos son los valores cristianos que tanto repite Meloni y que pueblan el texto. Varios teólogos conservadores, británicos y estadounidenses, respondieron con tono conturbado señalando que la “caridad”, “amistad”, “compasión” o “amor”, o sea, la esencia del Evangelio, brilla por su ausencia en el documento.

Ayer en Italia se habló de la serie de dibujos animados Peppa Pig. Fratelli d’Italia solicitó formalmente a la RAI censurar un episodio en el que salían dos mamás. “La familia es la natural, la de un hombre y una mujer. Es obvio que ese modelo que se presenta en Peppa Pig como normal, no lo es. No lo considero una familia”, dijo un tal Filippo Bianchi, concejal de FdI en Bérgamo. Las guerras culturales de la democracia iliberal están aquí y –esas sí– son el nuevo fascismo. Aborto, libertad de cátedra, libertad sexual serán las próximas batallas que impondrá Meloni en detrimento de la única gran cuestión –el cambio climático– ausente por cierto y por completo en la campaña electoral. Para colmo, Meloni, cristiana-madre-italiana, evita siempre polemizar con el Vaticano, con lo que esta vez no contaremos con las llamadas al orden que llegaban del otro lado del Tíber a Salvini, el cual, a su vez, ha publicado muy a la desesperada un “Credo” que ya no se cree nadie y que puede convertirse en su tumba electoral.

Hace dos semanas Giorgia Meloni fue la más aplaudida en el mitin anual que se celebra en Rímini de Comunione e Liberazione. Seguro que se ganó buenos votos católicos. Claro que, como Meloni es tan fascista, esa alarma no nos vale, ni nos suena.

(Por cierto, los de Forza Nuova, cuyo pedigrí fascista nadie negará, acusaron a Meloni de traidora, de Badoglio, de otanista y de draghiana.)

 

Justo debajo de casa, donde antes había un taller de reparación de coches de una marca alemana, hoy hay un mercatino dell’usato, una especie de rastro donde se compra y se vende de todo, de muebles a libros, martillos, jarrones, sierras, cuadros. El local está dotado –cómo no– de una...

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