1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Activismo

Un triunfo de los de abajo: el indulto de deudas universitarias en EE.UU.

La activista y cineasta Astra Taylor reflexiona sobre la medida anunciada a finales de agosto por Biden, que beneficiará a 43 millones de personas, un 13% de la población del país

Sebastiaan Faber 5/10/2022

<p>La activista y cineasta Astra Taylor en una imagen cedida por su editorial. </p>

La activista y cineasta Astra Taylor en una imagen cedida por su editorial. 

Haymarket Books

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Veinte mil dólares: esa es la cantidad que, de un día para otro, dejarán de pagar cada uno de los 27 millones de estadounidenses que había contraido una deuda universitaria con el Estado federal. Unos 16 millones de personas más recibirán indultos de menor cuantía, siempre y cuando ganen menos de 125.000 dólares brutos al año (solo un 5% de la pirámide ingresa más). Se estima que la medida anunciada a finales de agosto por el Gobierno del presidente Biden beneficiará a 43 millones de personas: un 13% de la población del país. Es la mayor cancelación de deuda educativa en la historia de Estados Unidos. 

La medida es muy llamativa porque la carrera política de Biden no se ha caracterizado, precisamente, por una simpatía hacia los deudores. Todo lo contrario: al viejo Joe se le ha conocido siempre como amigo de banqueros. Que el presidente, a sus casi 80 años, se dejara convencer para perdonar miles de millones de deuda se debe, en gran parte, a una campaña de presión política desde abajo que empezó hace una década en el parque Zuccotti de Nueva York, donde, durante dos meses, acamparon las y los indignados de Occupy Wall Street, lo más cercano al 15M que Estados Unidos haya conocido. Y si hay una protagonista en esta historia, es Astra Taylor, cineasta, escritora, música y activista. Taylor es cofundadora del Colectivo de la Deuda (The Debt Collective), un sindicato de deudores que lleva diez años trabajando para aligerar el sufrimiento causado por las deudas excesivas e injustas, cambiar la percepción social de lo que significa estar endeudado, y forjar una solución colectivista y política a un problema que suele plantearse en términos exclusivamente individuales y morales. 

Inspirado por el trabajo del antropólogo anarquista David Graeber (1961-2020), otra figura central en Occupy, en 2012 el Colectivo publicó un Debt Resisters’ Operations Manual (Manual de operaciones para la resistencia contra la deuda) y desde entonces ha recaudado dinero para comprar deudas en los mercados secundarios –donde un dólar de deuda morosa puede costar céntimos– con el único fin de perdonarlas. De esta forma, el Colectivo ha hecho desaparecer más de 32 millones de deuda (no solo universitaria sino también, por ejemplo, médica). Fue la presión del Colectivo la que convenció a Bernie Sanders y a Elizabeth Warren de incluir la cancelación de deudas universitarias en la agenda de las primarias presidenciales del Partido Demócrata, de forma que Biden no tuviera otro remedio que incluir el tema en su programa electoral. Desde entonces, las y los activistas del movimiento han mantenido una presión constante, que ahora ha dado sus primeros resultados concretos.

El problema de la deuda universitaria no es baladí. Colectivamente, los norteamericanos deben 1,73 billones de dólares, un 8% del PIB, de los que casi un 93% representa préstamos del Estado federal. Hay dos causas principales que explican el fenómeno. Primero, la subida de las matrículas, que entre 1963 y 2020 se multiplicaron por siete y medio (en centros públicos –es decir, sin contar universidades privadas como Yale, Harvard o Stanford– y ajustando con la inflación); segundo, el estancamiento relativo de las becas estatales disponibles para familias incapaces de pagar las matrículas. El resultado es que un número cada vez mayor de estudiantes universitarios se ha visto obligado a pedir préstamos cada vez más cuantiosos para costear una educación, considerada cada vez más indispensable en el mercado laboral –un mercado donde, por otra parte, los salarios también se han ido estancando–. En otras palabras, en lugar de concebir la educación superior como un bien y un servicio público, el gobierno norteamericano lleva medio siglo privatizando su financiación. Es una política similar a la sanitaria (unos 100 millones de norteamericanos deben unos 195.0000 millones de dólares en deuda médica) y la de infraestructuras (el total de la deuda automovilística asciende a unos 1,5 billones de dólares), lo que sin embargo no ha impedido que el propio gobierno federal haya acumulado una deuda pública astronómica que ronda el 135% del PIB. 

En una tribuna en el New York Times, el 6 de septiembre, Astra Taylor celebró la medida de Biden como una primera victoria importante en una lucha que solo acaba de empezar, y cuyos efectos prometen ser catalizadores. “La cancelación masiva de deuda educativa federal no solo les quitará un aplastante peso económico a decenas de millones de personas”, escribió, “sino que también les quitará un peso significativo de carácter emocional”. Este impacto psicológico, presagiaba, “puede tener implicaciones políticas en la medida en que animará a todas y todos los que se sientan abrumados por sus obligaciones financieras a movilizarse colectivamente”. Hablo con Taylor (Winnipeg, Canadá, 1979) una semana después.

Explica usted en el New York Times que Biden nunca antes se esforzó por aliviar el sufrimiento de los deudores, más bien al contrario. ¿Cómo interpreta este viraje? ¿De verdad ha “evolucionado” en su visión del tema, o simplemente ha cedido a la presión política en un momento donde veía erosionar sus apoyos a dos meses de unas elecciones cruciales?

Desde luego, yo no soy quién para saber qué ocurre en la mente del presidente. Pero soy escéptica. Digamos que no creo que haya tomado esta medida por su comprensión profunda de la crisis de la deuda. Los indicios en este sentido son bastante obvios. A las y los activistas que hemos estado en contacto constante con la administración, nos consta que esta estuvo dudando hasta el último minuto. Esto también explica la implementación francamente chapucera de la medida. Por ejemplo, nos dicen que los formularios oficiales para pedir el indulto no estarán disponibles hasta octubre, cuando se trata de algo sencillo que, con la pericia que tienen, podrían haber preparado ya. 

No creo que Biden haya tomado esta medida por su comprensión profunda de la crisis de la deuda

Además, se nota en Biden cierta falta de entusiasmo. Como sabemos, durante las primarias y la campaña, gracias a la presión de Sanders y Warren, se vio más o menos obligado a hacer promesas –prometió más, por cierto, de lo que acaba de anunciar– pero tan pronto como entró a la Casa Blanca se notó un cambio en su discurso. Por eso ha sido crucial la presión pública que le hemos seguido aplicando desde fuera, incluida la huelga de deudores que lanzamos desde el primer día. Poco a poco, nuestra coalición se fue ensanchando. También hubo presión interna: tenemos aliados en el Departamento de Educación. 

Al final, Biden comprendió que no tenía otra; perdía al electorado joven y sabía que tenía que hacer algún gesto para aplacar al ala progresista de su partido. Pero ¿sabes qué? Voy a ser optimista. No excluyo la posibilidad de que el presidente acabe aprendiendo algo, aunque sea a posteriori. Al ver cómo esta medida está impulsando su popularidad, sobre todo entre los jóvenes, puede que al final sí se produzca esa evolución ideológica que mencionabas.

No sería la primera vez. A veces es necesario que primero modifiquemos nuestra conducta para que después cambien nuestras ideas. 

Exacto. Como diría Slavoj Žižek, la ideología reside en lo que hacemos más que en lo que creemos. 

Que la gente esté endeudada no es ninguna señal de su fracaso personal ni mucho menos es una responsabilidad individual. Al contrario, representa un fracaso político

Hablando de ideología, desde el Colectivo, ustedes han intentado cambiar cómo se percibe el problema de la deuda, trabajando para que se deje de ver como un tema primordialmente individual y moral y, por tanto, como un motivo de vergüenza. 

De hecho, uno de nuestros mantras es “los deudores no tienen por qué disculparse”. La gente no está endeudada porque haya vivido por encima de sus posibilidades. Lo está porque se le ha negado lo necesario para vivir. Subrayamos la dimensión estructural del problema. La mayoría de las familias en este país están endeudadas. La mayoría de los norteamericanos mueren endeudados. Son deudas que se adquieren para financiar necesidades básicas: sanidad, educación, vivienda, transporte. Estas deudas, además, representan un rasgo estructural de nuestra economía. Que la gente esté endeudada no es ninguna señal de su fracaso personal ni mucho menos es una responsabilidad individual. Al contrario, representa un fracaso político que sigue sin resolverse porque se trata de un fracaso muy lucrativo para algunos. No es ningún fallo del sistema económico actual sino una parte integral de su diseño. Al mismo tiempo, sin embargo, la ideología de la deuda sigue siendo una ideología de la vergüenza. Y funciona: la gente asume sus deudas como una responsabilidad individual o, peor, como consecuencia de errores personales que pudo no haber cometido. Como si hubieran podido evitar endeudarse si hubieran sido más sensatos o responsables. Esto es una gran estafa basada en una moralidad falsa. Sin embargo, es una ideología omnipresente. No es casual que en muchos idiomas se use la misma palabra para denotar deuda y culpa. 

¿Cómo se puede convertir esta vergüenza en energía política?

Creo que el mismo peso de esa vergüenza hace que la gente esté deseando librarse de ella. Lo hemos visto muchas veces durante los últimos diez años: es enorme el alivio que siente la gente cuando le comunicamos desde el Colectivo que hemos sido capaces de cancelar sus deudas. Les ayudamos a comprender que la culpa no es suya. No cometieron ningún error al elegir una carrera sobre otra. No fueron una mala madre o un mal padre porque tuvieran que pedir prestado un adelanto de sueldo para dar de comer a sus hijos. Les ayudamos a comprender que el problema radica en una economía profundamente injusta: todavía hoy, una mujer afroamericana gana la mitad de lo que gana un hombre blanco. En un sistema así, ¿cómo diablos se espera que la gente llegue a fin de mes sin endeudarse? 

En otras palabras, ustedes invierten el relato moral.

Exacto. ¿Por qué son rescatados los bancos y no las familias hipotecadas? ¿Por qué son castigados los estudiantes, que solo hicieron lo que se les dijo que hicieran? 

Y van ganando terreno.

Ya lo creo. Para mí, una de las victorias más sonadas de esta última semana no solo ha sido el volumen de deuda cancelado, sino el número de personas que viene diciendo que con esto no basta. Que perdonar diez o veinte mil dólares no va a ser suficiente. 

Un cambio de perspectiva crucial.

Mucha gente creía que una medida como esta era simplemente imposible que se produjera. Que no la merecían. Ahora que se ha producido, han empezado a creer que merecen más. 

Los políticos del Partido Republicano, mientras tanto, están incrédulos, indignados.

Dicen: “Bueno, si las deudas universitarias se pueden cancelar sin más, ¿dónde vamos a parar? ¿También vamos a cancelar las deudas médicas? ¿No sería una medida más justa que esta, que privilegia a los estudiantes universitarios?” A lo que nosotros respondimos: “Tienen razón. ¡Normalicemos esa idea! ¿Por qué dejamos que la gente pierda sus casas por una deuda médica?” Poco a poco, estamos logrando agujerear la pared de la moralidad postiza que rodea el discurso sobre la deuda. Pero aún tenemos un largo camino por delante. En última instancia, buscamos un cambio aún más profundo: que la gente, en lugar de sentirse culpable por estar endeudada, comprenda que tiene derecho a una vida digna.

Choca ver hasta qué punto el Partido Republicano demoniza toda la educación superior, cuando la carrera universitaria se veía como una parte importante del sueño americano

En sus reacciones a la medida, la derecha va revelando sus cartas. A los pocos días de anunciarse, el diputado republicano Jim Banks advertía de que “mina una de las herramientas más efectivas para el reclutamiento militar, justo cuando los niveles de alistamiento están peligrosamente bajos”, refiriéndose al hecho de que, hasta ahora, una de las pocas formas de hacer que el gobierno te financie la carrera es servir en las Fuerzas Armadas. Otros han denunciado la medida como un regalo para estudiantes universitarios privilegiados, perezosos y egoístas que prefieren perder el tiempo en una carrera inútil a buscar un trabajo decente. Choca ver hasta qué punto el Partido Republicano está dispuesto a demonizar toda la educación superior, cuando la carrera universitaria se veía hasta hace poco como una parte importante del sueño americano. 

Están profundizando la polarización y su enemistad hacia el mundo educativo. Supongo que pretenden apuntalar una base electoral de votantes sin diploma universitario, o quizá convencer a los diplomados más ricos, los que no son elegibles para el perdón. Pero tienes razón: no deja de ser raro. 

Durante mucho tiempo, la derecha presentó la carrera universitaria como fundamento del sueño americano, precisamente para justificar la falta de igualdad económica en el país. Les permitía argumentar que los que ganaban menos deberían haberse esforzado más por educarse y mejorar su posición en el mercado laboral. Que la derecha haya abandonado esta argumentación y haya empezado a cuestionar el valor económico de una educación universitaria solo demuestra hasta qué punto está roto el sistema. Al mismo tiempo, están profundizando la guerra cultural antiintelectual y anti-woke

Para la izquierda, es un momento muy interesante para redefinir el debate y plantear cuál es el valor de una educación. ¿Es justo que las personas sin diploma universitario ganen menos que los que sí lo tienen? Nuestra posición es que todos tienen derecho a un salario digno –un living wage– y que todos deberían tener la oportunidad de recibir una educación. De ahí que la fase siguiente de esta parte de la lucha sea por una educación superior universal y gratuita. 

La crisis de la deuda universitaria afecta de forma particular a las poblaciones de color y de clase obrera

El argumento de que esta medida solo beneficia a un segmento determinado de la población, y no necesariamente al más desamparado, también podría ser una objeción desde la izquierda. ¿Ha habido críticas en ese sentido?

Mínimas, y ante todo de personas no activistas. Es que los datos son claros. El grupo más endeudado es el de las mujeres afroamericanas. En general, la crisis de la deuda universitaria afecta de forma particular a las poblaciones de color y de clase obrera. Y tiene sentido: muchos mecánicos también tienen una educación más allá de la secundaria. La gran mayoría de las personas afectadas cursaron carreras profesionales en centros públicos. Es esta gente la que ha formado el núcleo de nuestro Colectivo de Deudores. 

Los primeros sondeos indican no solo que la medida tiene mucho apoyo entre los votantes jóvenes y demócratas, sino que también se ve con simpatía entre votantes mayores y del Partido Republicano. 

También se entiende. Es una cuestión de memoria histórica. Muchos padres y abuelos recuerdan una época en la que una carrera universitaria era mucho más barata. Desde ese recuerdo, entienden que la situación actual no es de recibo. Digan lo que digan los líderes del Partido Republicano, la ciudadanía de a pie lo parece ver de forma diferente.

El debate en los años después de 2011 en España era si el 15M debía o no institucionalizarse y entrar a jugar dentro del sistema de partidos. En ese sentido, el 15-M y Occupy han tenido trayectorias diferentes.

Debo decir que fenómenos españoles como la PAH han sido una inspiración para nosotros desde el comienzo. Por otra parte, hay que recordar que el duopolio norteamericano dificulta fundar un tercer partido. Mi propia posición es que, si la izquierda está lo bastante organizada como para fundar un tercer partido, también lo estamos para capturar al Partido Demócrata que, como el Republicano, es una estructura muy hueca. Quiero decir que uno se puede presentar como candidato demócrata con la agenda que sea. Esto también significa que cualquier victoria de un candidato demócrata va a necesitar una presión constante de base, desde fuera de las instituciones.

¿Estamos presenciando la mayor victoria política del movimiento que nació con Occupy Wall Street en septiembre de 2011?

Me parece que sí. Nuestro objetivo entonces era cambiar la conversación. Durante todos estos años, hemos sido un catalizador que ha logrado revitalizar al Partido Demócrata. Las personas que fundaron Sunrise o los Justice Democrats eran adolescentes cuando Occupy, y aprendieron del movimiento. Todo ese activismo ha sido muy importante. Pero el hecho de que el presidente Biden haya acordado cancelar las deudas universitarias de millones de miembros de la clase trabajadora no tiene precedente.

Veinte mil dólares: esa es la cantidad que, de un día para otro, dejarán de pagar cada uno de los 27 millones de estadounidenses que había contraido una deuda universitaria con el Estado federal. Unos 16 millones de personas más recibirán indultos de menor cuantía, siempre y cuando ganen menos de 125.000 dólares...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Sebastiaan Faber

Profesor de Estudios Hispánicos en Oberlin College. Es autor de numerosos libros, el último de ellos 'Exhuming Franco: Spain's second transition'

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. fguardo

    Seis estados republicanos y una firma de abogados intentan frustar la iniciativa de condonar la deuda estudiantil. "La defensora de la condonación de la deuda estudiantil, la senadora Elizabeth Warren (D-Massachusetts), criticó a los republicanos el lunes por la demanda del partido para evitar que millones de deudores reciban lo que dicen es una condonación de préstamos estudiantiles que se necesita con urgencia".: https://truthout.org/articles/warren-student-debt-relief-lawsuit-shows-gop-prioritizes-profit-over-people/

    Hace 1 mes 22 días

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí