1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

  308. Número 308 · Mayo 2024

  309. Número 309 · Junio 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

MATILDE MUÑOZ / Feminista y exmilitante del FRAP

“Creíamos que no se podía derrocar al franquismo sin un enfrentamiento total con él”

Ritama Muñoz-Rojas 21/03/2023

<p>Matilde Muñoz.</p>

Matilde Muñoz.

R. M. R.

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

Como tantos y tantos jóvenes que nacieron durante la dictadura, Matilde Muñoz (Madrid, 1948) comenzó su militancia en la Universidad. También, como tantos y tantos universitarios, fue derivando hacia organizaciones que estaban a la izquierda del Partido Comunista y, en su caso, la deriva terminó en el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota). Quizá haya más de uno que debería colocarse en los ojos alguna de aquellas gafas de pasta gorda y oscura que se usaban entonces para leer esta entrevista y digerir que, en aquellos años, militaban en las filas del FRAP cientos y cientos de personas de muy diversa procedencia. Unas veces, del movimiento estudiantil, como Matilde Muñoz, pero también del movimiento obrero, del movimiento vecinal o del feminismo. Podían ser personas que trabajaban en una fábrica, mujeres amas de casa, trabajadoras por horas en barrios ricos o también, y no fueron pocos, hijos de los que vivían en esos barrios ricos y caros de la ciudad. Al final, esas siglas terminaron vinculadas al término terrorismo; sin duda, las ejecuciones de aquel 27 de septiembre de 1975 contribuyeron a ello.

En esta entrevista, Matilde Muñoz habla con claridad de su militancia en el FRAP y también de la estructura de aquella organización; salen a relucir hechos que fueron determinantes, como la manifestación de un Primero de Mayo en que todo cambió, o su detención con tres días de torturas a manos de Billy el Niño en la Puerta del Sol de Madrid. Vivencias de primera mano sobre la lucha antifranquista en los tiempos más duros de la dictadura.  

Llama la atención sus antecedentes familiares. Porque usted procede de una familia muy conservadora.

Nací en 1948, y mi padre murió cuando tenía cuatro años. Mi padre era un fascista, presumía de que había hecho la guerra con la Legión Cóndor, que nunca había cogido un fusil, que siempre había llevado pistola y que limpiaba los pueblos después de que entraran las tropas de los sublevados; eso significaba que se dedicaban a coger y a entregar a los rojos; iban de casa en casa. Tenía el carné de la Falange y era además el jefe de casa, vivíamos en Madrid. 

Mi padre era un fascista, limpiaba los pueblos después de que entraran las tropas de los sublevados

Hoy casi nadie sabe lo que era el “jefe de casa”. 

El jefe de casa era un señor que, en las ciudades, controlaba la vida de todos los vecinos, y reportaba a la policía. Están esas hojas en las que él escribe: “Hoy, el del cuarto D ha recibido la visita de un sobrino de Murcia; el sobrino se ha quedado dos semanas…”, por ejemplo. Llevaba el control de todo lo que hacían los vecinos. 

Y usted salió de izquierdas. 

Mi primera rebeldía fue por la discriminación que yo vivía en mi casa respecto a mi hermano mayor. Él tenía una libertad absoluta, y yo ninguna; siempre tenía que dar cuentas de adónde iba, con quién, y además a su servicio. Esa fue mi primera rebeldía y la que me hizo feminista desde muy pequeña. Mi hermano me pegaba palizas por rebelde, era la única manera que tenía de intentar corregirme. Era un fascista. Luego, en la Universidad, empecé a unir esa rebeldía con toda la cuestión política y, en seguida, empecé a militar en la FUDE (Federación Universitaria Democrática Española), que era la organización universitaria que había nacido con el Partido Comunista. Y por eso me tuve que ir de casa. Mi hermano me denunció, vino la policía y se llevó agendas, libros... Para castigarme me mandaron a un convento de clausura en Calatayud, y allí estuve seis meses. Volví a Madrid para examinarme, y ya me quedé. En aquel momento [final de los años sesenta], la mayoría de edad de las mujeres era a los veinticinco. Te podías casar a los veintiuno con el permiso de tu familia; intenté casarme con mi novio, pero no me dejaron. Recurrí a un abogado, a Ruiz Jiménez, para ver cómo podía independizarme de mi familia, y me dijo que no tenía nada que hacer. 

¿En qué consistía su militancia? 

En la Universidad hacíamos panfletos; teníamos una multicopista que habíamos quitado a un departamento de la facultad y la guardábamos escondida en la capilla. Mis primeros panfletos fueron para el concierto que hizo el cantante Raimon en la Facultad de Políticas y Económicas, a finales de los sesenta. Estábamos todo el día en asambleas; discutíamos sobre la línea que debíamos llevar; estaba la lucha contra el sindicato único vertical, y la cuestión era si reformarlo desde dentro, o no. Todo el día de movilizaciones, una detrás de otra; un correr con la policía detrás, pero también delante…. Porque yo también he corrido detrás de los grises. En la universidad, éramos una organización clandestina, nos movíamos con otro nombre al que llamábamos “nombre de guerra”. Parte de mi militancia también consistió en llevar y traer paquetes desde España a Turín. Estaba allí por una beca que me habían dado, gestionada por Enrique Tierno Galván. A veces pasaba por Ginebra, para hacer una entrega a un camarada. Parte del comité ejecutivo del PCE(m-l) vivía en Ginebra; nunca he sabido lo que había en esos paquetes ni los nombres de las personas con las que contactaba, pero tampoco lo preguntaba.

También perteneció a la Unión Popular de Mujeres. 

Era una organización de mujeres impulsada por el PCE(m-l). Teníamos un periódico que se llamaba Liberación; hacíamos trabajo en fábricas y en barrios. Yo estuve sobre todo en Palomeras Bajas [barrio del distrito Puente de Vallecas, en Madrid] con mujeres increíbles que trabajaban fregando escaleras, como ellas decían. En esa época empezaron los desahucios, y éramos las mujeres las que nos poníamos delante de la casa cuando llegaba la policía; parábamos los desahucios con nuestros cuerpos. Ahí estaba Juana Doña, que nos enseñaba muchísimas cosas de la guerra y de después; una mujer humana como pocas he conocido, cariñosa, tranquila, que iba siempre perfecta, impecable, arreglada de pies a cabeza. Dio la cara hasta el final, después de haber estado casi veinte años en la cárcel. 

En 1973, de cara a la manifestación del Primero de Mayo, el FRAP decidió que ya no íbamos a huir de la policía; íbamos a defendernos

Y también perteneció al FRAP desde el principio. ¿Qué fue el FRAP y por qué se fundó? 

El FRAP se funda institucionalmente en 1973, en una reunión en París, pero ya desde mucho antes se estaban formando comités pro FRAP. El FRAP era Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, en el que se incorporaron todas las organizaciones impulsadas por el PCE(m-l), como las organizaciones de barrio, de fábrica, de mujeres, los comités antifascistas y antimperialistas; también se incorporó la Unión Socialista Española (USE), de Álvarez del Vayo [político español socialista que, entre otras cosas fue ministro de Estado durante la Guerra de España], que fue nuestro presidente; la USE era una organización, muy pequeña, pero simbólicamente muy importante; Álvarez del Vayo era una persona, con mucho prestigio y mucha historia, que estaba en el exilio. 

Todo esto fue muy satisfactorio hasta 1973, que fue un año crucial para nosotros. De cara a la manifestación del Primero de Mayo en Atocha, el FRAP decidió que ya no íbamos a correr con la policía detrás; es decir, íbamos a defendernos; y la consigna fue que cada uno se llevara algún instrumento para defenderse de la policía. Hubo enfrentamientos directos, y murió uno de la político social acuchillado [la Brigada Político Social era la policía secreta de Franco, encargada de perseguir a los que luchaban contra la dictadura]. Aquello fue muy gordo; en la manifestación detuvieron a muchísima gente, pero después siguieron las detenciones por todas partes. 

Abro un paréntesis: cuando se funda el FRAP, en ese primer momento, ¿se habla ya de la lucha armada? 

Sí; nosotros creíamos que teníamos que llevar a cabo acciones y una era esa, a la que me acabo de referir, que en una manifestación no íbamos a salir corriendo, sino que nos enfrentaríamos a la policía. Y después vinieron el resto de acciones. En los seis puntos del FRAP estaba derrocar al franquismo a través de la acción revolucionaria. Y en aquel contexto, para nosotros era imprescindible que fuera armada; no creíamos que se pudiera derrocar al franquismo sin un enfrentamiento total con él; naturalmente, eso no pasó porque fuimos derrotados.

Hay una diferencia enorme entre lucha armada y terrorismo. Jamás hemos estado de acuerdo con poner una bomba

¿Una organización armada es lo mismo que un grupo terrorista?

No, yo siempre he explicado que nosotros no éramos terroristas. El concepto de terrorismo es otra cosa. Una cosa es crear un ejército popular, que era el objetivo del FRAP, y otra cosa es el terrorismo que tiene la idea y la concepción de que, a través de determinadas acciones violentas, tú debilitas al enemigo y así te fortaleces. Y con eso nosotros no estábamos de acuerdo en absoluto. Esas acciones no sólo no debilitaban al enemigo, sino que con ellas se impulsaba el terror del enemigo hacia nosotros. Hay una diferencia enorme entre lucha armada y terrorismo. Jamás hemos estado de acuerdo con poner una bomba en algún sitio. Es verdad que todos brindamos cuando Carrero Blanco saltó por los aires, pero, al mismo tiempo, estábamos muertos de miedo, porque los que estábamos en la cárcel pensábamos “a ver qué va a pasar ahora”. 

Además de aquel 1 de mayo del 73, ¿en qué se tradujo la lucha armada del FRAP? 

Después, hubo una organización de grupos armados. Es decir, de grupos que estaban absolutamente separados de la organización política, que tenían su propia lógica, dinámica y decisiones, y en los que estaba gente que se había prestado voluntaria para estar en esos grupos; nosotros les llamábamos grupos de combate; es verdad que murió un policía, dos policías, tres policías. Pero sobre todo fueron muchos robos de armerías; se robó mucho dinero en El Corte Inglés, de material para las imprentas, y de todo lo que necesitaba la organización, porque como no nos financiaba nadie, no llegaba dinero de ningún sitio; sólo teníamos las cuotas que pagábamos, y eso no daba para mucho; se necesitaba dinero para la gente que tenía que irse, ayuda para la gente que estaba en la cárcel, a las familias, a los liberados.

Es decir, que por un lado estaba el núcleo político que defendía la lucha armada, y luego estaban los grupos de combate. ¿Estaban conectados?

No, no en absoluto. Los grupos estaban completamente separados de la organización, sobre todo por razones de seguridad; es decir, de los que trabajábamos políticamente; yo nunca he estado en ninguno de esos grupos, pero estábamos de acuerdo en que existieran. También es verdad que en el momento en que se hicieron determinadas acciones, hubo gente que no estuvo de acuerdo, personas que pensaron que esos atentados eran contraproducentes; ahí hubo una discusión interna muy fuerte, y mucha gente se fue. 

Desde 1971 a 1973 puedo decir que éramos la fuerza con mayor número de activistas; no sé si de militantes, pero sí de activistas

¿Cuántos militantes tuvo el FRAP? 

Ni idea, no se puede saber; no nos conocíamos, éramos clandestinos; cada uno sabía lo que tenía cerca, pero de los demás no se sabía nada. Había mucha gente. Pero, honestamente, desde 1971 a 1973 yo puedo decir que éramos la fuerza con mayor número de activistas; no sé si de militantes, pero sí de activistas. Seguramente el PCE tenía más militantes que el FRAP, pero no tenía más activistas. Cuando ibas a un barrio, a una fábrica, a lo que fuera, lo que veías era gente del FRAP, las organizaciones del FRAP, los carteles del FRAP, las banderas del FRAP, las pegatinas. Ibas en el metro, y lo que veías era eso, porque nosotros estábamos moviéndonos todo el día. No sé de dónde sacábamos el tiempo, porque trabajábamos, teníamos una casa, familia y amigos, pero sacábamos tiempo.

Decía que el 1 de mayo del 73 fue una fecha trascendental para ustedes. ¿Qué pasó después? 

Después del Primero de Mayo del 73 se producen muchísimas detenciones; detienen no se sabe a cuánta gente, en la manifestación y después. Arrestaron a gente de sanidad, porque para esa movilización se habían creado una una serie de grupos que estaban preparados para atender a los que pudieran resultar heridos o golpeados, también dentro de los hospitales, por ejemplo, en la Fundación Jiménez Díaz. Allí el FRAP era muy fuerte, tenía mucha gente dentro y se había quedado un turno de confianza para atender a los que llegaran de la manifestación y hacer todo lo que fuera necesario sin meter a la policía en medio.

Veo que estaban muy organizados. 

Sí. La manifestación había sido convocada públicamente; nosotros estábamos organizados de manera que cada uno tenía una misión. Por ejemplo, todos los que estábamos en los activos no podíamos estar dentro la manifestación. Teníamos que evitar el riesgo de ser detenidos para poder coordinar a todos los grupos que actuaban dentro de la protesta como comandos; esto es, un grupo aparecía en un sitio concreto, otro grupo saltaba en otro sitio diferente. Todos esos comandos tenían una dirección de abogados y sanitarios; cada comando que aparecía en puntos distintos para avivar la manifestación sabía qué sitio tenía, en dónde se encontraban y qué tenían que hacer si pasaba algo. Cada uno sabía lo suyo y no lo de los demás. Cada comando tenía unas veinte o veinticinco personas. Eran los encargados de llevar banderas, todo eso.

Después de la manifestación detuvieron a cientos y cientos de personas. Hay que tener en cuenta que, por muy clandestinos que fuéramos, la policía nos seguía de cerca y su método era coger a uno y dejar a tres sin detener porque así les podía tener controlados y seguirles para ver con quién contactaban. Por mucho que nosotros nos protegiéramos, las caídas eran inevitables.

¿Cómo se protegían? 

En primer lugar, no sabíamos nada de las personas con las que militábamos. Pero al final, la gente se conoce, la gente de un barrio, de una fábrica o de la universidad se conoce. Todos teníamos un nombre falso, las citas nos las dábamos de una vez para otra; no teníamos que llevar las cosas apuntadas. Teníamos también las citas de seguridad, que consistían en que tenías que pasar por un determinado sitio todos los días a una determinada hora, y así se sabía que se podía contactar contigo. Teníamos normas de comportamiento y también teníamos un código de vestimenta, que no estaba escrito, pero que seguíamos; nosotras íbamos todas muy monas vestidas, nada de ir en plan roja, no. Incluso a las manifestaciones, si podíamos ir con taconcitos y con faldita, pues mucho mejor, porque llamábamos menos la atención. No destacar, pasar desapercibido. En momentos de peligro, dejabas de ver a tu familia y a tus amigos, y te ibas de tu casa por seguridad. Estabas siempre dispuesta a hacer lo que fuera para defenderte y para defender a los de tu alrededor.

¿Cómo fue su detención? 

En el 73, después de ese Primero de Mayo, todo fue un desastre increíble, porque la gente se había quedado suelta, los grupos se habían quedado sin contactos y no sabían qué hacer; una cosa tremenda, porque no era solo la gente que detenían, es que a su alrededor había todo un mundo en peligro. Hubo gente que se fue por su cuenta, otros no; pasó de todo; se desorganizó todo, aquello fue la debacle. Pero, a través de todos estos mecanismos que teníamos, empezamos a contactar a la gente. Yo me quedé encargada en el comité de organización que se ocupaba de ir conectando, recogiendo y reorganizando a la gente que se había quedado descolgada después de las detenciones del Primero de Mayo. Eso duró muy poco, porque el 1 de septiembre me detienen junto a otros compañeros en una cita que teníamos en la calle; nos cayeron encima no sé cuántos secretas; nos metieron en un taxi; yo intenté salir corriendo, me agarraron del vestido, y me lo rompieron. Nos llevaron a la Puerta del Sol [a la Dirección General de Seguridad] y nos quitaron todo lo que llevábamos. Y yo, encima, sujetándome la falta para no enseñar las bragas.  Nos metieron en las celdas, que estaban abajo, sin luz, solamente una bombilla encima de la puerta; la puerta, de hierro, con una ventanita enana, y una cosa de cemento con una manta repugnante encima y nada más. 

Billy el Niño me llenó la cara de bofetadas hasta que empecé a sangrar por la boca y la nariz, y entonces ya se cansó

Yo sentía pasar a camaradas detenidos; la que habían detenido conmigo se puso a cantar canciones rojas a todo volumen. Enseguida me llevaron arriba; tú no veías luz exterior, porque uno de los objetivos era que perdiéramos completamente el sentido del tiempo.  El recibimiento fue en un despacho completamente a oscuras. Allí, Billy el Niño, sin preguntarme cómo me llamaba ni nada, me llenó la cara de bofetadas, de un lado a otro, hasta que empecé a sangrar por la boca y la nariz, y entonces ya se cansó. A partir de ahí, empezaron los interrogatorios en habitaciones siempre a oscuras, con un flexo en una mesa. Tenían un álbum lleno de fotos que te iban enseñando para que reconocieras a alguien; yo no reconocí a nadie. Luego me propusieron que si colaboraba con ellos me dejarían libre, que sólo tenía que seguir haciendo mi vida y contactando con la gente del partido. Y lo otro era todo amenazas, que no iba a salir viva… Me pusieron corrientes eléctricas en los pies, me tuvieron de pie varias horas, tiesa sin apoyarme en nada, y si doblaba las rodillas me daban con una vara. El policía que estaba conmigo estaba hasta el moño, yo creo que estaba más cansado que yo. La humillación es continua, te hacen sentir que no eres nada, que estás en sus manos, que van a hacer de ti lo que les dé la gana. Así se pasaron los tres días; luego nos llevaron a las Salesas [en la plaza de las Salesas de Madrid estaba el Tribunal de Orden Público], nos tomó declaración un juez, le dije que me habían torturado y dijo: “Sí, sí, todos llegáis con esta historia”. 

Y de las Salesas, a la cárcel. 

Llegué a la cárcel de Carabanchel tres días después de la detención y aquello fue maravilloso. Ahí estaban tus compañeras que te recibían con besos, con abrazos. La zona de mujeres era el psiquiátrico, porque estaba donde el antiguo hospital. Allí no había celdas de aislamiento. Me pude duchar, cambiar de ropa, porque yo seguía con mi vestido roto, naturalmente. Estuve seis meses, hasta que me dieron la libertad provisional. Al salir, estábamos un periodo sin hacer nada de militancia, en un periodo que nosotros llamábamos de cuarentena. Y luego, en el verano del 74, me mandaron a Italia, como representante del FRAP.

Estaba allí cuando se produjo la ejecución de cinco personas, el 27 de septiembre de 1975. 

En el 75 empezaron las primeras penas de muerte, que no solamente eran para los del FRAP; era también para Eva Forest, a la que acusaban de haber colaborado en la organización del atentado a Carrero Blanco, era la mujer de Alfonso Sastre; Lidia Falcón y toda una serie de personas a las que se acusaba de haber colaborado en la bomba de la calle Correos [atentado de ETA en septiembre de 1974; murieron trece personas y hubo cincuenta heridos]. Empezaron a pedir penas de muerte para todo el mundo. Y ahí empezamos a pedir solidaridad con los presos políticos. Logramos formar un comité unitario; estaban los partisanos que habían luchado en la guerra de España, estaba Sandro Pertini, que luego fue presidente de la República italiana. Durante un mes entero logramos que todos los días hubiera una manifestación delante de la embajada de España, en Roma. Al final se les conmutó la pena a todos, menos a cinco, tres del FRAP y dos de ETA. 

Y llegó aquel 27 de septiembre de 1975 en el que el régimen franquista ejecutó a cinco personas después de dos consejos de guerra. 

En ese momento hubo también una represión monstruosa, una desbandada general; gente que salió de la organización por miedo, porque vieron que ya se estaba hablando de palabras mayores. No se trataba de detención y tortura y ya, no; los militantes vieron cómo ejecutaron a compañeros a los que les hicieron dos consejos de guerra en los que no dejaron que se presentara ninguna prueba porque los abogados podían probar la falsedad de todo, pero no las admitieron. Fue una pantomima y fue un juicio militar al que no dejaron entrar a los observadores internacionales que nosotros llevábamos. Las acciones fueron reivindicadas por el FRAP, pero en el juicio no pudieron demostrar que fueran ellos. Pero los fusilaron igual. Fusilaron a nuestros camaradas sin demostrar su culpabilidad. 

¿Qué fue después de su vida? 

Me junté con un camarada del partido con el que he estado 45 años, con Ricardo Gualino, que estaba en la dirección del partido y pasó cuatro años en la cárcel. Ricardo y yo regresamos a España, y seguimos militando en el PCE(m-l), el FRAP ya se había disuelto. A mí me amnistiaron en el 77, pero a él le detenían cada dos por tres, con peligro de expulsión del país. Y nuestra casa era clandestina, solo sabía mi madre donde vivíamos. Así que en el 81 dijimos que ya estaba bien, decidimos salir del país y nos fuimos a Italia; se acabó la militancia. Fue duro. Pero sigo siendo activista. Es mi vida y es mi pasión.   

Como tantos y tantos jóvenes que nacieron durante la dictadura, Matilde Muñoz (Madrid, 1948) comenzó su militancia en la Universidad. También, como tantos y tantos universitarios, fue derivando hacia organizaciones que estaban a la izquierda del Partido Comunista y, en su caso, la deriva terminó en el FRAP...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autora >

Ritama Muñoz-Rojas

Periodista y licenciada en Derecho. Autora de 'Poco a poco os hablaré de todo. Historia del exilio en Nueva York de la familia De los Ríos Giner, Urruti'.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí