1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

cambios básicos

Otelo y la guerra

El alto el fuego y el éxito de las negociaciones deben ser el objetivo inmediato para Ucrania, pero el mundo debe afrontar un imperativo mayor: no sólo frenar a los intrigantes superpoderosos, sino lograr su total destierro de la escena mundial

Victor Grossman Berlín , 1/10/2023

<p><em>Otelo y Desdémona</em> (1881). <strong>/ Muñoz Degrain </strong></p>

Otelo y Desdémona (1881). / Muñoz Degrain 

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

La guerra en Ucrania, una tragedia horrible para el pueblo de ese desdichado país, funesta también para muchos jóvenes rusos y una potencial amenaza para el mundo entero, con bruñidas armas de todo tamaño y poder destructivo esperando en silos o submarinos un desliz, un error garrafal, una provocación. Las trágicas consecuencias adicionales son las nuevas escisiones en los débiles y divididos movimientos pacifistas y de izquierdas de todo el mundo. ¿Quién debe cargar con la culpa? Para muchos la respuesta es evidente. Para otros, la disputa interna continúa.

Como uno de los martirizados por semejante tormento, mis antecedentes librescos me traen a la mente una tragedia escénica, una de las más memorables. ¿Es posible un paralelismo? El apuesto general africano Otelo, aunque profundamente enamorado de su bella y joven esposa veneciana Desdémona, utiliza sus robustas manos para estrangularla, un crimen espantoso. Sin embargo, escena a escena, Shakespeare nos muestra cómo su astuto enemigo Yago conspiró para provocar esta tragedia, engañando a todos a su alrededor para hacer creer a Otelo que su Desdémona traicionaba su amor. ¿Las intrigas de Yago absuelven a Otelo? No. Sin embargo, revelan dónde se concentra realmente la culpa: el odio, la codicia, los celos y la simple maldad de Yago, unidos a una astuta habilidad para disimular y engañar. “Pero colgará de la manga de mi ropa mi corazón”, resuelve Yago. “No soy lo que soy”.

¿Puede una pura coincidencia –un cambio de dos letras en el nombre de Yago– llevarnos al espíritu confabulador que tejió la red que Vladímir Putin rasgó en febrero de 2022? Ciertamente no es Otelo, y Zelenski tiene cero similitudes con Desdémona. Pero, ¿y la OTAN? ¿No ha sido su papel una larga serie de intrigas, engaños y violencia como la de Yago? ¿No se centró desde el principio en derrotar a la URSS, que para el presidente Reagan era “el centro del mal en el mundo moderno”?

Un artículo del periódico The Hill, de Washington, describía los métodos clave utilizados para derrotar a este “imperio del mal”: “...el apoyo encubierto al movimiento Solidaridad en Polonia, un aumento de la diplomacia pública en favor de la libertad a través de instrumentos como la Fundación Nacional para la Democracia, una campaña mundial para reducir el acceso soviético a la tecnología punta occidental y una operación para perjudicar a la economía soviética al provocar la bajada del precio del petróleo y limitar las exportaciones de gas natural a Occidente”. Esta “declaración secreta de guerra económica” obligó a la URSS, que aún no se había recuperado totalmente del inmenso daño causado por los invasores fascistas durante la Segunda Guerra Mundial, a gastar unos 8.000 millones de dólares anuales para esquivar el golpe.

Sin embargo, la ofensiva tuvo éxito. George H. W. Bush anunció: “Durante más de 40 años, Estados Unidos lideró Occidente en la lucha contra el comunismo y la amenaza que suponía para nuestros valores más preciados. (...) La propia Unión Soviética ya no existe. Es una victoria para la democracia y la libertad…”.

No obstante, poco después de agradecer cortésmente a Mijaíl Gorbachov “su intelecto, visión y coraje” por su contribución a hacer posible esta victoria, el favor de Estados Unidos cambió y apoyó al hombre que utilizó tanques contra la Duma elegida para echar a Gorbachov y hacerse con el poder. Bush dejó claros sus principios futuros: “Nos ha alentado y animado el compromiso del presidente Yeltsin con los valores democráticos y los principios del libre mercado, y esperamos trabajar con él”.

Yeltsin fue un jefe de Estado débil y condescendiente que abrió las puertas de Rusia a capitalistas de todas partes

El capítulo histórico de la Guerra Fría parecía cerrado. En enero de 1990, Genscher, ministro de Asuntos Exteriores de Alemania Occidental, declaró que “los cambios en Europa Oriental y el proceso de unificación alemana no deben conducir a un ‘menoscabo de los intereses de seguridad soviéticos’. Por lo tanto, la OTAN debería descartar una ‘expansión de su territorio hacia el Este... más cerca de las fronteras soviéticas’”. El 10 de febrero, el canciller Kohl prometió que, si los soviéticos aprobaban la unificación alemana, la OTAN no se expandiría hacia el Este. El secretario de Estado James Baker aseguró tres veces al ministro de Asuntos Exteriores Shevardnadze que “no se expandirían ni un milímetro” y le dijo a Gorbachov que “... para otros países europeos también es importante tener garantías... ni un milímetro de la actual jurisdicción militar de la OTAN se extenderá hacia el este”.

Sin embargo –sombras de Yago–, esta promesa no se puso por escrito, no hubo firmas. Al cabo de un año, el ministro de Asuntos Exteriores de Polonia visitó la sede de la OTAN y el presidente Lech Walesa declaró que Polonia quería “una Europa segura, garantizada por la OTAN”. En marzo de 1992, el secretario general de la OTAN Manfred Wörner aseguró a Polonia que “la puerta de la OTAN está abierta”. En 1999, Chequia, Hungría y Polonia ingresaron en la OTAN, y posteriormente, en 2004, lo hicieron Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania, Eslovaquia y Eslovenia.

Yeltsin fue un jefe de Estado débil y condescendiente que abrió las puertas de Rusia a capitalistas de todas partes (a los rusos se les llamaba oligarcas). En 2000, a la población le habían robado miles de millones y la economía estaba al borde del colapso total, hasta que un nuevo y duro gobernante asumió el poder. Vladímir Putin rescató la economía en el momento justo y se propuso elevar a Rusia del tercer nivel al que había sido degradada y recuperarla como gran potencia.

En febrero de 2007, en Múnich, Putin recordó las promesas de “un milímetro” y cuestionó “las llamadas bases estadounidenses flexibles y de primera línea con hasta cinco mil hombres en cada una de ellas. Resulta que la OTAN ha puesto sus tropas de vanguardia en nuestras fronteras. Creo que es obvio que la expansión de la OTAN no tiene nada que ver con garantizar la seguridad en Europa. Por el contrario, representa una grave provocación que reduce el nivel de confianza mutua. Y tenemos derecho a preguntar: ¿Contra quién va dirigida esta expansión? ¿Y qué ha sido de las garantías que nuestros socios occidentales otorgaron tras la disolución del Pacto de Varsovia? ¿Dónde están hoy esas declaraciones? Nadie se acuerda de ellas”.

El plan de expansión para rodear, económica y militarmente, a la Rusia europea se centró en Ucrania. Ya en 2008, en un telegrama secreto dado a conocer por Julian Assange, el embajador estadounidense en Moscú, William Burns, enviaba una clarividente advertencia a Washington:

“Tras una primera reacción silenciosa a la intención de Ucrania de buscar un Plan de Acción para la Adhesión a la OTAN en la cumbre de Bucarest, el ministro de Asuntos Exteriores Lavrov y otros funcionarios han reiterado su firme oposición, subrayando que Rusia vería una mayor expansión hacia el Este como una potencial amenaza militar”.

“La ampliación de la OTAN, en particular a Ucrania, sigue siendo una cuestión ‘emocional y neurálgica’ para Rusia, pero las consideraciones de política estratégica también subyacen a la fuerte oposición al ingreso en la OTAN de Ucrania y Georgia. En Ucrania, estas consideraciones incluyen el temor a que la cuestión pueda dividir el país en dos, provocando violencia o incluso, según algunos, una guerra civil, lo que obligaría a Rusia a decidir si interviene”, decía el telegrama.

Burns fue ascendido; ahora dirige la CIA. Pero su sabia advertencia fue deliberadamente desoída.

Esto quedó meridianamente claro cuando Victoria Nuland, la asesora derechista de Hillary Clinton, empleó al menos 5.000 millones de dólares para organizar una oposición al gobierno electo de Ucrania y después derrocarlo en un sangriento golpe de Estado que tuvo lugar en febrero de 2014. Una llamada de teléfono pirateada reveló que incluso había elegido al próximo jefe de gobierno –en colaboración con bandas de hombres armados, muchos de los cuales llevaban símbolos nazis, algunos saludaban a Hitler y todos honraban a su héroe muerto Stepan Bandera, que había instado y dirigido el asesinato de miles de rusos, judíos, polacos y húngaros en 1941–.

En marzo de 2016, el experto periodista australiano John Pilger advirtió de que el gasto en ojivas nucleares “aumentó más bajo el gobierno de Obama que bajo el de cualquier otro presidente estadounidense... En los últimos dieciocho meses está teniendo lugar la mayor acumulación de efectivos militares a lo largo de la frontera occidental de Rusia desde la Segunda Guerra Mundial y liderada por Estados Unidos. Desde que Hitler invadió la Unión Soviética, las tropas extranjeras no habían representado una amenaza tan evidente para Rusia”.

¿Existe un solo ejemplo en el que el “nuevo orden” de Washington haya aportado mejoras y no nuevos sufrimientos?

“Ucrania se ha convertido en un parque temático de la CIA. Tras haber orquestado un golpe de Estado en Kiev, Washington controla eficazmente un régimen vecino y hostil a Rusia: un régimen literalmente podrido de nazis. Destacadas figuras parlamentarias... alaban abiertamente a Hitler y piden la persecución y expulsión de la minoría rusoparlante... En Letonia, Lituania y Estonia –vecinas de Rusia– el ejército estadounidense está desplegando fuerzas de combate, tanques y armamento pesado”.

De hecho, las primeras medidas adoptadas por el nuevo gobierno de Kiev, respaldado por Estados Unidos, fueron suprimir las zonas rusoparlantes del país –lo que provocó la escisión de Crimea y la región de Donbás, y la guerra civil–. Y aunque no fue posible una rápida adhesión a la OTAN, en las fronteras meridionales de Rusia se llevaron a cabo una serie de maniobras navales y militares a las que se sumaron la mayoría de los miembros de la OTAN.

En febrero de 2022, tal y como había advertido el embajador Burns, Rusia se sintió obligada a intervenir. Una decisión aterradora, con resultados terribles y sangrientos. Debo condenar a Putin, al igual que el público culpa a Otelo. ¿Pero debe alabarse a Yago?

¿Cuál es el objetivo de quienes financian, apoyan y controlan en gran medida a los dirigentes de Kiev e instan a luchar hasta la victoria? El presidente Biden, en una reunión de la Business Roundtable (rueda de negocios) de la élite estadounidense más rica, declaró: “Va a haber un nuevo orden mundial y tenemos que liderarlo. Tenemos que unir al resto del mundo libre para hacerlo”.

Nobles sentimientos, invocados en infinidad de variaciones por casi todos los presidentes, especialmente cuando Estados Unidos estaba implicado en una rebelión, un conflicto, un cambio de régimen, un bloqueo o una intervención militar directa. No, al hojear mis libros de historia, no encuentro un solo caso en el que tales acciones por parte de EEUU y su protectora OTAN hayan fomentado en modo alguno un mejor “nuevo orden mundial” –u otra cosa que no fuera muerte y destrucción, caos, miseria, nuevos gobernantes corruptos: Irán, Guatemala, Haití, República Dominicana, Brasil, Bolivia, Argentina, Honduras, Irak, Congo, Ghana, Libia, de forma más dramática en Chile, de forma más prolongada contra Cuba, de forma más catastrófica en Vietnam, y quizá de forma más amarga en décadas de apoyo al apartheid en Sudáfrica y al “asentamiento” forzado de Palestina–. ¿Existe un solo ejemplo en el que el “nuevo orden” de Washington haya aportado mejoras y no nuevos sufrimientos? ¡No se me ocurre ninguno!

Más allá de Otelo, en el escenario mundial, veo tres descomunales amenazas que ponen en peligro no sólo al pueblo de Ucrania y muy probablemente a Rusia, sino a todos nosotros, en todas partes. En primer lugar, la catástrofe climática, el aumento de las temperaturas que se extiende desde el Ecuador hasta los polos y, con ellas, la desaparición de islas, el retroceso de las costas, la extinción de la fauna y la flora, la desesperación de poblaciones enteras enfrentadas a sequías, inundaciones, incendios y huracanes.

Las empresas perforadoras y comerciantes de combustibles fósiles son los que más han envenenado el mundo, desde el Ártico hasta el Golfo de México

En segundo lugar, en respuesta al empeoramiento del nivel de vida de millones de personas provocado por la debacle medioambiental, por guerras como la de Ucrania, por las tergiversaciones derivadas del comercio mundial y por unos movimientos obreros débiles cuya resistencia se ve limitada por la falta de una izquierda activa, incorrupta y multipolar, existe el peligro creciente del fascismo salvaje. Esto se hizo demasiado evidente en Washington en enero de 2021, es visible en la creciente fuerza de la Alternativa para Alemania (AfD), se refleja en las elecciones en Francia, Italia, Escandinavia, Austria y otros lugares.

En tercer lugar, la amenaza más desafiante, aunque demasiado a menudo se pasa por alto o se ignora: el peligro de un conflicto atómico y una conflagración mundial. Con la creciente confrontación militar y el miedo de ambas partes a la derrota, un simple error de juicio, un misil errado, quizá una provocación local, podría poner en marcha una cadena que condujera a la catástrofe total.

Estoy convencido de que detrás de las tres amenazas se esconde un número cada vez más decreciente de grupos obscenamente ricos de multimillonarios en el mundo. Sea cual sea el campo que examinemos, encontramos un puñado de empresas que lo dominan. Cinco o seis fabricantes de automóviles, cinco o seis desarrolladores farmacéuticos, un número aún menor de monopolios de semillas y herbicidas, algunos cineastas poderosos, zares de la prensa y barones de la televisión, incluso entre los editores de libros. Quizá existan unas cuantas docenas de estos poderosos grupos.

Tres son especialmente alarmantes. Las gigantescas empresas perforadoras, comerciantes y transportistas de combustibles fósiles, que llevan más de un siglo horadando y extrayendo sin piedad, son los que más han envenenado el mundo, desde el Ártico hasta el Golfo de México, desde las selvas amazónicas hasta el delta del Níger –al tiempo que sobornaban a los hambrientos jefes de los medios de comunicación para que les ayudaran a embaucar a millones de personas en la creencia de que los daños climáticos que causan no tienen lugar–.

Potencialmente aún más peligrosa es la especie de brujería de Silicon Valley, dominado por Apple, Microsoft, Amazon, Twitter/X, Facebook, Google, que influye cada vez más en nuestras compras, nuestro entretenimiento, nuestra vida social (o la falta de ella), nuestros patrones mentales, con un control creciente de nuestras compras, preferencias, movimientos, que ejercen incluso en nuestras salas de estar y dormitorios con cosas como Alexa. También de nuestras decisiones políticas. ¡Y la IA amenaza con algo mucho peor!

Sin embargo, aún más temibles son los fabricantes de armamento. Dominados por seis o siete empresas en Estados Unidos, a las que se suman los fabricantes de máquinas asesinas en otros países, siendo los alemanes, como Krupp o Rheinmetall, los que tienen los historiales más largos y feos. Estas empresas, para mantenerse en la cima y complacer a sus especuladores, deben producir cada vez más. Cuando los almacenes y hangares de armas están llenos, su contenido debe utilizarse para hacer sitio para más; ¡las fechas de caducidad y las advertencias de obsolescencia también exigen actuar! Dichos fabricantes nunca pueden favorecer soluciones pacíficas; ¡serían su perdición!

No puedo aceptar la falta de claridad sobre quién causó y precipitó realmente la tragedia. Putin no es un ángel, ni un héroe, ni un Otelo

Estos grupos dirigentes de aquellos que son inmensamente ricos –entre los cuales hay algunos oligarcas rusos y chinos– están influyendo, dominando o controlando las mentes y las acciones de los gobiernos de todo el mundo. Son ellos quienes engañan y desafían en cuestiones climáticas, son ellos quienes, aunque rara vez recurren al fascismo genuino –todavía–, a menudo mantienen en reserva sus feos cometidos y métodos, no demasiado manifiestamente. Sin embargo, cuando el empeoramiento de las condiciones de vida o una mejora de los organizadores provocan una resistencia creciente o incluso una rebelión desde abajo, poniendo en peligro un flujo fluido de beneficios o incluso su fin, esas reservas, puliendo impacientemente sus armas y sus conexiones, permanecen a la expectativa entre bastidores.

Lo que me lleva de nuevo al escenario, a Otelo y a Yago. Vuelvo a insistir: nunca aprobaré el asesinato, por muy motivado que esté, ni la matanza y la destrucción en un país vecino, salvo en defensa propia. Y Shakespeare deja morir a Otelo, matándose a sí mismo en una forma de retribución.

Sin embargo, tampoco puedo aceptar la falta de claridad sobre quién causó y precipitó realmente la tragedia. Putin no es un ángel, ni un héroe, ni un Otelo. No obstante, creo que está motivado principalmente por el deseo de defender a Rusia contra el cerco, la asfixia seguida del servilismo o el desmembramiento, el destino de una Yugoslavia insubordinada no hace tanto tiempo. Quizá tenga en mente el destino de los hombres que desafiaron el afán de hegemonía mundial de Washington: el infarto de Milošević en la celda de una prisión, la muerte de Allende, la tortura y disolución en ácido de Patrice Lumumba, la castración y ahorcamiento público del afgano Najibullah, el ahorcamiento de Saddam Hussein, el asesinato y arrojamiento al mar del cadáver de Osama bin Laden, el asesinato por sodomía de Muammar Gaddafi.

El mundo necesita echar el telón en esta confrontación, cada vez más peligrosa en Asia Oriental

Hasta que comenzó la guerra contra Ucrania la mayor parte de la violencia en el mundo era producto de las intrigas, las agresiones, las armas manejadas y controladas por esas poderosas corporaciones que mantienen un control tan férreo de congresistas y senadores –la mitad de ellos millonarios–, de las mayorías del Tribunal Supremo, casi siempre de la Casa Blanca, también del Pentágono, la CIA, la NED, el FBI y decenas de instituciones. Son ellos, un número minúsculo, menos del 0,1%, cuya riqueza supera la de la mitad de la población mundial, pero que nunca quedarán saciados. Quieren gobernar el mundo entero.

Quedan dos grandes barreras, dos grandes países que les bloquean el paso. No son los modelos utópicos e impecables con los que algunos soñamos alguna vez; también requieren una serie de cambios y mejoras básicas. Pero no dejan de ser barreras, barreras duras, provistas de armas satánicas.

El mundo necesita echar el telón en esta confrontación, cada vez más amenazadora en Ucrania, cada vez más peligrosa en Asia Oriental. Independientemente de las diferencias, debe detenerse –no de forma sangrienta como en la tragedia de Shakespeare, sino con alguna forma de distensión, por muy reticentes que se muestren ambas partes–.

Este alto el fuego y el éxito de las negociaciones deben ser el objetivo inmediato y urgente del mundo. En última instancia, debe afrontar un imperativo de mayor consideración: no sólo frenar a los intrigantes superricos y superpoderosos –puesto que son una fuente anticuada pero constante de peligro y consternación–, sino lograr su total destierro de la escena mundial.

--------------------------

Este artículo se publicó originalmente en inglés en el blog del autor

Traducción de Paloma Farré.

La guerra en Ucrania, una tragedia horrible para el pueblo de ese desdichado país, funesta también para muchos jóvenes rusos y una potencial amenaza para el mundo entero, con bruñidas armas de todo tamaño y poder destructivo esperando en silos o submarinos un desliz, un error garrafal, una provocación. Las...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Victor Grossman

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí