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protestas

Golpe por golpe

Hay quien dice que las calles están capitalizadas por los ultras. No es verdad. La disputa está abierta

Laura Arroyo 16/11/2023

<p>Manifestantes en las inmediaciones de la calle Ferraz durante la noche del 14 de noviembre, previa a la jornada de investidura de Pedro Sánchez. / <strong>RTVE</strong></p>

Manifestantes en las inmediaciones de la calle Ferraz durante la noche del 14 de noviembre, previa a la jornada de investidura de Pedro Sánchez. / RTVE

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“Responderemos golpe por golpe”, sentenció el domingo 12 de noviembre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ante miles de autodenominados “defensores de España”. Horas antes, el viernes para ser precisa, había registrado la derogación parcial de la ley trans y la ley de protección integral contra la LGTBfobia. No es casual que en un momento de efervescencia en el fascismo callejero –consecuencia del fascismo mediático, político, judicial, económico–, Ayuso decidiera dar su particular “golpe” a los derechos de madrileños y madrileñas. Un guiño con consecuencias concretas que se enmarca en un contexto de envalentonamiento “patriótico”, donde “patriota” es aquel que reacciona contra avances democráticos y, sobre todo, contra el voto expresado en las urnas. Una patria estrecha donde sólo valen los que “votan bien”. Una patria sin democracia.

Ayuso, que es más lista que Feijóo, lee el momento con rapidez y sabe que Vox puede cosechar mejor lo sembrado durante años en platós de televisión y la tribuna del Congreso, en la que Meritxell Batet permitió auténticas barbaridades por parte de los ultras mientras pedía, por otro lado, quitar la frase “cultura de la violación” del acta de sesiones. En los momentos de ebullición hay que saber calibrar los movimientos para no quemarse, pero sin quedarse fuera de la ola. Y lo hizo. Primero, rechazó tácticamente “la violencia”. Pero no lo hizo por principio, ojo, sino para posicionar un marco discursivo que la derecha mediática ya anticipaba: no son algaradas fascistas, sino manifestaciones donde hay infiltrados ultras. Golazo. 

El coro de tertulianos comprando ese marco tanto en la derecha mediática como en la progresía sólo ratifican que Ayuso tiene olfato (y poder). Mientras que en la derecha el mantra repetido es “no se puede decir que todos son fascistas, por unos cuantos violentos”, en la progresía optan por edulcorar el asunto diciendo “no se puede negar que hay una mayoría preocupada por la amnistía” sin presentar, claro, ninguna prueba de esa mayoría existente. Esto hace que se enfoquen en denunciar la violencia que vemos en las calles, pero siempre partiendo de que en realidad responde a un “ánimo social” (así, caído del cielo de manera natural) y que no se trata de todos, sino sólo de “algunos”. La pregunta es si se puede seguir defendiendo el carácter democrático en estas manifestaciones en que las arengas más repetidas son “Sánchez a prisión”, “Marlaska maricón”, “La valla a Melilla” o irrepetibles insultos machistas contra Irene Montero. La respuesta es no. Esas arengas, todas, son también violencia y de ellas no se desmarca nadie porque nadie las rechaza en ese bloque reaccionario que tiene en el PP a un alfil fundamental. Repito: fundamental. 

Ayuso, que es más lista que Feijóo, lee el momento con rapidez

Sin embargo, nos siguen diciendo que el Partido Popular es muy demócrata, que su esencia es conservadora pero no ultra y que Feijóo es un moderado. Como si repetir desde hace meses que has ganado las elecciones, desconociendo el sistema electoral del país que buscas gobernar, fuera moderación y respeto democrático. Como si no estuviéramos hablando del PP de la policía patriótica desde el Ministerio del Interior de Mariano Rajoy, del partido de los martillazos en ordenadores para destruir pruebas criminales o del Aznar de los Azores. Ya ni qué decir del partido de los pactos con Vox en cuanto municipio o comunidad autónoma ha hecho falta. Y eso en tiempos de Feijóo como presidente del PP. ¿Democrático? ¿Moderado? Que Feijóo prefiera hablar en un atril en la Puerta del Sol y Abascal ir a las algaradas –pero escapar de ellas en cuanto la cosa se complica– no los hace diferentes. Mismo discurso, mismas políticas, mismo golpismo. Ferraz y Puerta del Sol están muy cerca. 

En este contexto, la palabra “golpe” va adquiriendo protagonismo. Señal de nuestros tiempos, me temo. Hay quien puede pensar que hablar de “golpe” es demasiado. Tengo amigos muy respetables con quienes tenemos este debate hace días. Es verdad, concedo, que lo que vemos parece antes un festival de excentricidades que, por lo mismo, restan alarma. Soy de las que también se ha reído estos días. Lo confieso. La ola de memes en las redes sociales es un termómetro de la impresión que causan los avemarías en coro, los gritos de alguna cayetana de turno, la incapacidad de plantear un mensaje político de muchos de los que llevan la rojigualda en el cuello cual supermanesputodefensoresdeespaña, etc. Sí. Son ridiculizables. Pero cuidado: un ridículo con poder es un monstruo.

La ola de memes en las redes sociales es un termómetro de la impresión que causan los avemarías en coro

Intuyo entonces que el error está en querer definir si ya estamos viviendo un golpe en función de los cayetanos que ocupan el interés mediático como ninguna otra manifestación de las últimas semanas lo ha hecho (y las ha habido varias). El bloque reaccionario, en su versión callejera, es la punta del iceberg y, sobre todo, la consecuencia de una cadena de acciones de ese bloque. No es la caye borroka el problema, ni es sólo la caye borroka el fascismo. Créanme, ya quisiera que así fuera. Las migrantes que, como yo, intentamos pisar lo menos posible las calles de Madrid estos días, lo tendríamos más fácil para respirar porque, en efecto, se trataría de un “golpe” tan ridículo y chapucero que no alarmaría a nadie. Un ademán de golpe. Un golpito circense. Un preámbulo de alguna comedia que ni Molière habría podido redactar mejor. Pero ese es un diagnóstico errado.

La reacción en su versión callejera no es importante por sus sujetos desfilando en Ferraz, sino por el poder que esos sujetos ostentan en los otros espacios que no son la calle. Desde contar con todas las televisiones y radios a su disposición para publicitar su asonada golpista en versión putoalzamiento como gran vector del debate público, hasta los tíos, primos, padres o abuelos (ya sea sanguíneos o cercanos porque la clase siempre une) que tienen en el poder judicial, en el poder económico, en el poder político, en el poder castrense y hasta en la Casa Real.

Claro que vemos un intento golpista chapucero, pero eso no quiere decir que no haya golpismo. Eso quiere decir que la esperanza que tenemos los demócratas hoy radica en las debilidades del bloque de la reacción, pero no en nuestras fortalezas. Esa es una terrible noticia porque basta con que se articulen mejor o que cuenten con un mejor liderazgo (cuidado con Felipe VI) para que el meme deje de ser un meme. Y es verdad que hay quien dice que la Unión Europea de hoy no “permitiría” un golpe militar, pero ni falta que hace que sea militar y, por cierto, hablamos de esa misma UE que está permitiendo y avalando un genocidio en Oriente Próximo y que recibió con los brazos abiertos a la fascista Giorgia Meloni en Italia, si es que sirve para sostener la política internacional de sumisión a la OTAN en un contexto de régimen de guerra. ¿Podemos fiarnos de lo que aceptaría o no la UE que entiende que el conflicto catalán es local y punto? Permítanme dudar.

Es verdad también que el bloque del régimen se ha partido y esa fractura se debe a la propia crisis de régimen que no han sido capaces de cerrar. En esa ruptura hay una oportunidad republicana. Ahora tenemos a un bloque reaccionario enardecido que con la altisonancia intenta también disputar la interna en el bloque. Vox y el PP disputan por capitalizar el liderazgo en ese espacio. Todo indica que, aunque Abascal se haga cada día un par de fotos antes de irse a casa, será el PP quien nuevamente sea la pata fuerte del espacio. Aznar ha vuelto. Sin embargo, pese a esa fractura, insisto, el problema es la falta de una alternativa sólida que haga de esta oportunidad un momento político. Mientras las izquierdas siguen débiles por la operación de régimen que ha engendrado a una izquierda de régimen que será la que hoy se siente en el Consejo de Ministros de un gobierno que será del PSOE y no de coalición, son otro tipo de uniones las que se están dando en las coordenadas de la alternativa.

El poder mediático se encarga de que te enteres sólo de las manifestaciones cayetanas

Hay quien dice que las calles están capitalizadas por los ultras. No es verdad. Hay una disputa abierta. Mientras que en la última semana la caye borroka se ha movilizado en contra del resultado de las urnas, basta con ver las movilizaciones del último mes para ver que la disputa por la movilización social está ahí. Las sucesivas manifestaciones en apoyo al pueblo palestino han sido –y siguen siendo– multitudinarias y sostenidas en el tiempo. Y exceden las coordenadas madrileñas. La respuesta al “golpe” de Ayuso contra los derechos de las madrileñas y madrileños ayer tuvo también en la Puerta del Sol una respuesta contundente. La manifestación en defensa del pueblo saharaui fue también significativa. ¿Por qué asumimos entonces que nos han ganado las calles? Porque, entre otras cosas, el poder mediático se encarga de que te enteres sólo de las manifestaciones cayetanas.

Dice Sánchez Cedillo, agudo siempre en el análisis, que la suma cero de las derechas es una oportunidad para quienes las enfrentamos. Lo es. Pero matizaré una cosa. Me temo que no hay ya una suma cero. El nivel de efervescencia y de bestialización del bloque reaccionario –algo que no es excepción española, sino una lamentable norma de estos tiempos en todo el mundo– me hace plantear que nos encontramos ante un empate que para ellos resulta catastrófico, sí. Les evita poder consumar su golpe y deja todo en un intento golpista. Hay golpismo pero no hay golpe, de momento. Sin embargo, tampoco hay suma cero. No olvidemos que la reacción gana cuando impone su agenda y la hace hegemónica o, cuando menos, solidifica sentidos comunes en amplios sectores sociales. Lo que vemos ahora es un empate de dos a dos. El marcador, que es una suerte de termómetro social, se ha elevado. Ya no hay estabilidad siquiera entre ellos mismos. La incertidumbre y la elevación del tono y de las acciones anticipan nuevas fases para las cuales hay que prepararse. Sobre todo porque la legislatura recién empieza y todo indica que el “golpe por golpe” será la nueva normalidad.

“Responderemos golpe por golpe”, sentenció el domingo 12 de noviembre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ante miles de autodenominados “defensores de España”. Horas antes, el viernes para ser precisa, había registrado la derogación parcial de la ley trans y la ley de protección integral...

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