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Ángelo Néstore / Poeta, Artista y Editora

“Hay que llevar lo ‘queer’ a la poesía, pero también a la cola del Mercadona”

Juanpe Sánchez López 14/04/2024

<p>Ángelo Néstore. / <strong>OKARO</strong></p>

Ángelo Néstore. / OKARO

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Cuando Ángelo Néstore entra en tu vida, la zarandea, la cambia amablemente. La poeta y artista no binaria (él/elle/ella), nacida en Lecce (Italia) en 1986 pero residente en Málaga, es una de las figuras más importantes del panorama poético actual. Como escritora, con una trayectoria ya de fondo y con un ramillete de premios con libros como Actos impuros (XXXII Premio de Poesía Hiperión, 2017), Hágase mi voluntad (XX Premio de Poesía Emilio Prados, Pre-Textos, 2020) o el más reciente Deseo de ser árbol (V Premio Espasa, Espasa, 2022). Como editora, dirigiendo el sello Letraversal, ha hecho que vean la luz recientemente obras de voces que cuentan el relato de la poesía española contemporánea como Paula Melchor, Rodrigo García Marina, Juan Gallego Benot, Carla Nyman, Sara Torres, Elizabeth Duval o Juan Carlos Panduro. Como artista, expande lo poético hacia la performance teatral, la música y formando parte del proyecto drag de Pink Chadora, también poeta publicada en Letraversal y drag queen participante de Drag Race España. Su obra, repleta de una búsqueda incesante de la belleza lingüística y del cuestionamiento político, abre caminos y abre puertas. Versos como “El agua fría me trae a mi cuerpo, / escondo el pene entre las piernas. // Mamá, ¿a quién me parezco?” se quedan grabados en el corazón para siempre. Esta conversación es para mí una continuación de aquella que sobrevuela nuestra amistad y mi admiración profunda por Ángelo Néstore, que hace cuatro años decidió publicar mi primer poemario y cambiar mi vida para siempre, como ya hace con todas las vidas que toca su obra, su escritura, sus miles de brazos que tiende su vida propia para intentar conseguir un mundo mejor, más amable.

Desde el primer poema tuyo que leí, el precioso “E io chi sono?” que abre Actos impuros, sentí que uno de tus tantos entendimientos de la poesía es el de ver el poema como un lugar de acción donde se puede hacer que pasen cosas antes de que pasen en el mundo de fuera del poema.

Siempre he entendido el poema como un fracaso bello, un fracaso que tiene que ver con la pérdida de la relación entre lenguaje y productividad. ¿Qué puede hacer el lenguaje cuando lo alejamos de su función utilitarista, cuando no pretendemos obtener nada a cambio? El poema siempre es inútil y yo lo celebro. Celebro su marginalidad, su estar constantemente en el borde. No le pido a la poesía que nos salve, no quiero que nos cure. Lejos de cualquier expectativa o recompensa, de repente la palabra es capaz de llevar la imaginación hacia lugares utópicos, esa lejanía posible, y traerlos al presente. El poema, en potencia, enrarece el statu quo. Nos aleja de la necesidad constante de sentirnos productives. Hace sin hacer. Es lo más parecido a un conjuro.

En ese mismo poema la acción se produce para dibujar una nueva silueta del cuerpo del sujeto, que se mira frente al vaho del espejo tras una ducha, cuestionándose sobre la identidad, sobre las expectativas de género, sobre las promesas sociales que nos inculcan y que a veces queremos cumplir, otras veces no queremos cumplir y también muchas otras veces, simple y dolorosamente, no podemos cumplir. Tu poética es una poética del cuestionamiento a través de la belleza lingüística. 

Si hay algo que le agradezco a la poesía es que me hace dudar. Comulgo mucho más con los versos que me sugieren preguntas que con aquellos que se enrocan en respuestas. La pregunta siempre te coloca en un lugar en el que se incluye lo otro, favorece una actitud empática y, por tanto, abierta a lo excéntrico, a lo raro, a lo que no se ve. Y cuando unos cuerpos viven de una forma ex-céntrica, incómoda con el discurso dominante, tienden a buscar otros lugares donde poder nombrarse, relacionarse, hacerse y deshacerse. En ese sentido, la poesía es uno de los territorios más fértiles que conozco. De esa incomodidad nacen imaginaciones más radicales. La poesía es el lugar de las imaginaciones radicales.

En tu último poemario, Deseo de ser árbol, exploras una infancia llena de dudas, de estar entrando en la pubertad mientras se mira a los otros niños jugar al fútbol desde la ventana, escribes sobre un cuerpo lleno de esmalte. ¿Cómo convive el color fluorescente, el ansia de explotar en miles de emociones con el vivir mirando desde la distancia cómo ocurre lo-que-de-verdad-importa?, ¿hay en el libro un ejercicio de recuperación, de reparación?, ¿o eso es demasiado para pedírselo a un libro? 

Es prodigiosa la capacidad que tiene la poesía de manipular los recuerdos y de (de)generar nuevas realidades, especialmente para aquellas personas que hemos vivido una infancia queer, que no hemos llegado a ser algo parecido a un sujeto reconocible del todo o un sujeto de habla al completo. Nos hemos tenido que limitar, en muchas ocasiones, a contemplar desde una ventana el mundo ocurrir.

En ese sentido, el proceso de escritura y la posterior publicación de Deseo de ser árbol ha sido un ejercicio de reparación porque al expresar la incomodidad, también se colectiviza. La poesía te permite el lujo de vivir en una infancia constante porque dignifica y pone en valor la fantasía y la imaginación frente a la exigencia capitalista de la supremacía de lo material.

El poema que da nombre al poemario, “Deseo de ser árbol”, introduce una propuesta sentimental y vital: desearía ser árbol sin invadir los jardines de los demás, ser abrazado por alguien que desconozco, vivir de otra forma y para siempre en la boca de los demás con el zumo de mis frutos. ¿Por qué huir de ser humano?, ¿por qué un árbol y un bosque? ¿La poesía debe proponer mundos mejores o mundos donde queramos vivir?

Al principio le exigía mucho a la poesía y con el tiempo he aprendido a liberar el espacio poético de las demandas a las que estamos sometides en nuestra cotidianidad como cuerpos trabajadores. De hecho, mediante el verso, intento resignificar la relación que tengo con la infancia, una etapa en la que nuestro lenguaje y nuestro deseo es mucho más libre y poroso y que, con el tiempo, se educa y se orienta hacia territorios más estrechos, en los que todo lo relacionado con lo infantil asume connotaciones negativas. Soñar con ser un árbol o un perro, como hacía de pequeña, para mí significa, por un lado, señalar vidas que normalmente no entran en absoluto en nuestro discurso amatorio, vidas no humanas que siempre se han quedado en el “fondo de las fotos” y, por otro, resignificar la pasividad como un estado deseable y una postura vitalista de entrega a la otredad. El poema, entonces, se convierte en un motor para reorganizar la sensibilidad en otros puntos, colocándola en lugares a veces del todo inesperados.

El pensamiento queer inunda toda tu obra y sé, por la amistad que me liga a ti, que también inunda toda tu vida. En un sistema de opresiones –simplificando mucho– el grupo opresor no quiere ni le beneficia invertir tiempo en entender ni en producir marcos de entendimiento de los grupos oprimidos y son siempre estos los que tienen que invertir tiempo en encontrar las herramientas, los conceptos y las formas que expliquen no solo sus realidades sino que, además, sirvan para convencer al grupo opresor que existe una brecha que hay que subsanar y reparar. ¿Se cansa una de hacer pedagogía?

Para que exista la opresión es necesario que a los cuerpos oprimidos se les pueda reconocer y nombrar, sin llegar a entenderlos. Siempre he creído, en la línea de teóricas como Gracia Trujillo, que lo queer ha venido a ampliar los sujetos de los feminismos. Los pensamientos queer pueden resultar complejos porque, por una parte, las formas de existir son diversas y complejas per se, a pesar de que se nos trate de inculcar que sólo existen formas binarias y excluyentes de vivir y, por otra, porque la experiencia de opresión es móvil y nos atraviesa a todes de una forma u otra. Negar la convivencia de nuestro yo oprimido/opresor implica cerrarnos a conversaciones que podrían hacer de este mundo un lugar más alegre y bello. Además, hay un interés para que lo queer se quede en un territorio borroso y reducido. En ese sentido, creo que es importante intentar adaptar los discursos, llevar lo queer a la poesía, al teatro, pero también a la cola del Mercadona o a la residencia de ancianes. 

Lo que también es profunda e indudablemente queer es tu forma de entender la poesía, que desborda los libros y llega a un proyecto musical. Y, como en tu poesía escrita, la cantada también está fuertemente atada a una mira social crítica… 

Trabajar desde lo queer para mí implica necesariamente “deshacer el género”, en todos los sentidos de esta palabra que tantas resonancias tiene en español. Llevar el poema a territorios audiovisuales o escénicos me ha servido para renunciar al concepto de autoría única y permitir que otres artistas pudieran manipular mis textos desde distintas experiencias vitales y disciplinas y hacer de ellos una obra colectiva. Mi visión como autora siempre será reducida, entonces, ¿por qué no ampliarla, complejizarla, romperla? En el fondo, si se hace con amor, hacer añicos algo también significa multiplicarlo. 

También eres directora editorial de Letraversal. Sé –también por experiencia propia– que tu forma de vincularte con las autoras de tu editorial y de elegir los libros que forman parte del catálogo está bastante distanciada de unos vínculos meramente mercantiles.

El mundo de la edición siempre ha sido bastante opaco y, a falta de números oficiales, se basa fundamentalmente en la confianza que se instaura entre autore y editore. Para mí, todo proceso de creación artística es de lo más sagrado y le tengo un respeto inmenso a los manuscritos que recibo y que se convertirán en parte de la colección. Por eso, intento cuidarlos con mimo y, sobre todo, intento ser lo más transparente posible con las personas que han decidido compartir conmigo parte de su trayecto (no me gusta hablar de “mis autoras” porque yo no poseo nada ni a nadie). Desgraciadamente, los recursos económicos que se generan en el mercado editorial de la poesía independiente son escasos, pero eso no significa que no se tengan que repartir de una forma justa y honesta y la confianza siempre tiene que ser mutua. Por eso, mi política editorial es de adelantar los derechos de la mitad de la primera tirada, se venda o no se venda, porque confío en cada uno de los títulos que publicamos y porque me parece lo más honesto hacia el trabajo creativo de les demás. Me gusta pensar que Letraversal es una hoguera en la que cada una estamos equidistantes del fuego y vamos echando de vez en cuando una ramita para que todo el mundo reciba el calor. 

Al final también la edición es una forma de continuar la creación…

Por supuesto. Siempre he pensado que con Letraversal estoy escribiendo un libro con los libros de las autoras del catálogo. En cierto modo, es otro destello de la idea de creación colectiva que mencionaba antes cuando hablábamos de cómo el poema sale del formato libro.

¿Cómo piensas la edición de poesía dentro de un mercado editorial que está sumido en la continua y apabullante novedad? Está la idea, por un lado, de que la poesía es el espacio de lo detenido, donde todo va más lento, pero al final una editorial sigue siendo una empresa y tiene que encontrar su hueco, sus lectores fieles, su identidad de marca…

Como te decía antes, entiendo la edición como un proceso creativo y los míos suelen ser bastante caóticos. Por eso, el catálogo de Letraversal no nace en absoluto de un estudio sobre la identidad de la editorial sino de un impulso, una corazonada. En la performance poética que acabo de estrenar en el Teatro del Soho, SACRAMENTO, hablando de una anécdota de la infancia, decía que la forma más honesta de definir mi poética es afirmar que escribir poesía es como cagarse encima. Es algo que no puedes controlar o evitar porque coloca el cuerpo en tensión, lo incide y lo induce a una reacción involuntaria. Es algo que aplico también a la edición: cuando leo un libro que inaugura en mí una imaginación potencial distinta lo incluyo en mi calendario. Y es bonito ver cómo, con el tiempo, se ha creado de forma orgánica, una comunidad lectora y de libreras que confían en nuestros títulos. Esto hace que, por ejemplo, un libro que acabamos de publicar, Romero recién cortao’ de Juan Carlos Panduro, se haya colado en la lista de los libros de poesía más vendidos del país de El Cultural en las dos primeras semanas desde su nacimiento. ¡Y es un primer libro! Pensar que ese manuscrito que tanto me emocionó está llegando también a tantas lectoras me abruma. La confianza y el afecto que recibo constantemente son el huequito en el que me acurruco.

La forma más honesta de definir mi poética es afirmar que escribir poesía es como cagarse encima

Y, por si fuera poco, formas parte del proyecto drag de Pink Chadora, drag queen y concursante de Drag Race España y, ahora, también de su formato All Stars y poeta publicada en Letraversal. Más formas de crear, más formas de acompañar y de vincularse a otra forma artística. El drag está muy ligado también a la mira poética y al mirar desviado hacia las cosas. Y Pink Chadora y tú no estáis ligadas solo como está ligada la poesía y el drag sino que os unen muchas más cosas. La más importante, si no me equivoco: el amor.

[Aquí a Ángelo se le ponen lô ohô mohaditô]. Si soy la persona que soy se lo debo también a Martín (Pink Chadora), que siempre me ha apoyado en todo lo que he hecho y que ha sostenido cada verso, cada actuación, cada palabra. Tener ahora la posibilidad de formar parte de su proyecto artístico es precioso porque Pink Chadora me ha hecho descubrir un lado de mí que tenía adormecido. He descubierto que amar es también pegar piedras hasta las dos de la mañana en un traje que tiene más de diez mil cristales, es pensar en conceptos para el vestido de una pasarela de Drag Race partiendo de una categoría ¡o hasta escribir la letra de una rumba! ¡Con lo poco folclórica que soy yo me he visto en la habitación dando palmadas (spoiler: mal) mientras le escribía su nuevo single, “Muñecota!” 

Si repartieron la vergüenza / me pilló haciendo un mandao,

no tengo pelos en la lengua / pa’ los chulos y los cuñao.

Si hace unos meses el Ángelo del futuro me hubiese dicho que yo iba a escribir esto, no le habría creído. ¡Con lo intensita que soy yo! 

Además, creo que hay una relación muy fuerte entre drag y poesía y tiene que ver con el asombro y con el vínculo con la infancia. El arte drag tiene la capacidad de coger elementos cotidianos, como la vestimenta y el maquillaje, y colocarlos en otro lugar para asombrarnos, así como el poema hace con el lenguaje. Además, el drag, como la poesía, nos devuelve en cierto modo a la infancia, nos deja experimentar y cambiar, jugar a ser otre. Nos empuja hacia un deseo muy elástico porque queremos ser todo, muchas cosas a la vez, la fantasía es infinita. 

Y, por último, el 13 de marzo se publicó la Antología de Poesía Queer en Espasa, donde nos has reunido a diez poetas queer para hacer un libro que no es un canon sino unas pinceladas de lo que la gente se puede encontrar en el panorama. Editora, antologadora, cantante, compositora, un proyecto drag, poeta, escritora, amiga, madre de gatos… ¿queda tiempo para la vida?

Estoy muy entusiasmada con el proyecto de la antología de poesía queer que, como bien apuntas, no pretende esbozar un canon sino dejar constancia de unos momentos que forman parte de un relato actual y pensado en el contexto nacional, registrar la búsqueda del misterio, del estado deseante y de su libertad radical. De ahí, la selección de voces y poéticas que nos ilustran las aristas del deseo tanto en las formas como en los contenidos, sin olvidar la inclusión de las lenguas y literaturas minorizadas. 

Y sí, a veces, llevar todos estos trajes puede ser agotador, pero, convivo con una gata que nos ha elegido como familia y, como dice este poema de Pink Chadora:

#

A pesar de engañaros con mi voz o con mi gesto, 

a pesar de esconderme bajo otros ojos,

a pesar de no encontrarme en este pelo

o en este vientre, 

a pesar de cambiar mi forma,

mi tamaño, 

a pesar de estos anillos,

a pesar de las cadenas y las perlas,

a pesar de tapar toda y cada una de mis heridas 

mi gata hunde su corazón en mi regazo

y caliente empuja su sangre contra la mía.

#

Y esto me basta.

Cuando Ángelo Néstore entra en tu vida, la zarandea, la cambia amablemente. La poeta y artista no binaria (él/elle/ella), nacida en Lecce (Italia) en 1986 pero residente en Málaga, es una de las figuras más importantes del panorama poético actual. Como escritora, con una trayectoria ya de fondo y con un ramillete...

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Autor >

Juanpe Sánchez López

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