1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

Encuentro ciudadano con la alcaldesa Colau

Vecinos e instituciones exponen su fragilidad en un acto celebrado en una escuela municipal donde se aprecia un giro en la defensa de lo común, un nuevo tipo de propiedad de las cosas públicas, que en Barcelona parece haber enraizado

Guillem Martínez Barcelona , 14/02/2016

<p>Ada Colau, en la reunión con los vecinos del barrio de Gràcia.</p>

Ada Colau, en la reunión con los vecinos del barrio de Gràcia.

Ajuntament de Barcelona

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Trobada amb l'Alcaldessa a La Vil·la de Gràcia, donde Trobada es encuentro, y donde Gràcia y Alcaldessa merecen sendos párrafos, a saber: a) y b).

Gràcia, o La República Federal de Gràcia, es una especia de Montmartre. Es Barcelona, pero se comporta con otro estado de ánimo, más autosuficiente. Un poco como todos los barrios que dejaron de ser municipios independientes para integrarse en Barcelona, a finales del XIX. Barcelona es, en fin, una Confederación Interlestelar de barrios, con vidas diferentes, como atestigua también que tengan muertes diferentes. Unos, por ejemplo, mueren de risa: entre el barrio más rico y rubio y el más pobre y oscuro hay una diferencia en la esperanza de vida de hasta 9 años. La brecha --y, por lo que se ve, las mechas-- ha aumentado con la crisis. En el laboratorio de la República Federal de Gràcia se han creado conceptos que han dado la vuelta al mundo mundial. Aquí, en la Plaça de la Virreina, cuando era el Palacio de Verano de la Virreina del Perú y, en 1823, el cuartel general de las tropas francesas --tras la invasión de los 100.000 Hombres de Negro--, se depuró el concepto charnego --entonces, hijo de francés invasor y catalana--. Unos metros al lado, en la calle Verdi, Marsé sitúa, por cierto, sus charnegos2.0, niños razonablemente felices y gamberros y ocurrentes, que ríen con la boca llena de dientes hasta que Barcelona les da la Gran Hostia.

En 1835, en el secano que había entre Barcelona y Gràcia, se urbaniza el Paseo de Gràcia, una calle espectacular en la que proliferan locales dedicados a un nuevo fenómeno: el ocio. Son montañas rusas, museos de cera truculentos, jardines cursis, que introducen entre Barcelona y Gràcia un nuevo concepto: el romanticismo, las pasiones fuertes como fin en sí mismas. Gràcia compra la idea y vive un siglo XIX apasionado, en el que descubre la ópera --el gran qué romántico en Barcelona; la primera pieza de Wagner que suena en la Península la canta un coro obrero de Gràcia--, el anarquismo y a su primo, el Republicanismo Federal. En 1870 protagoniza una revolución republicano--federal en la que nace un símbolo: la Campana de Gràcia, una campana del --creo que-- único campanario civil de la Península, que estuvo sonando, tañida por una anciana canija --la primera señora de Gràcia documentada--, durante tres días, entre obuses, llamando a la Revolución. Hoy en día nadie recuerda esa campana, ni a esa vieja, ni, snif, la República Federal. En otro orden de cosas, Gràcia se aplicó a la quema de conventos con cierta afectividad en 1909, sufrió en 1937 el primer bombardeo sobre población civil en Barcelona, y, desde el siglo XIX, cada verano sus vecinos organizan unas fiestas que consisten en decorar sus calles. Molan, pero cada noche suben los de Barcelona y la lían con su mayor esperanza de vida.

Por lo demás, Gràcia es un barrio con ese afrancesamiento macarra de Barcelona, deprimido, con su pequeño comercio clausurado, sometido a la industria del turismo y del ocio, lo que hace que algunos de sus vecinos tengan que desplazarse, pues ya no se pueden pagar un piso en Gràcia, de manera que todos lo que les he explicado en este párrafo desaparecerá como una lágrima en la lluvia, es tiempo de morir, etc.

Sobre b), la Alcaldessa, no es otra que Ada Colau. La lista Barcelona en Comú ganó las pasadas elecciones en Barcelona --y en Gràcia--. De manera evidente y épica pero, a la vez, precaria. Gobierna en minoría y sin ningún acuerdo de legislatura. Es decir, a pelo, esa aventura penalizada en la cultura e información política local. La hipótesis inicial de la candidatura --ganar para cambiarlo todo-- se ha confirmado, pero a la baja y con menos rotundidad. La sensación de victoria y de empoderamiento, novedad que se vivió en tiempo real en las calles desde 2011, y que en Barcelona se materializó en el triunfo municipalista, tampoco es tan certera, en fin, cuando se pasa de las calles a las instituciones, esas máquinas en las que las victorias o las derrotas siempre son más ambiguas. El paso del activismo a la institución, por otra parte, siempre crea contradicciones. La mayor es que tanto el activismo como la institución son dos formas diferentes de medir el tiempo. El Ajuntament, en algunos tramos, ha estado épico y ha realizado medidas recias --la moratoria de hoteles; los hoteleros son un gran lobby en Barcelona/son nuestro IBEX--. En otros, aspectos, ha ido más lento y con un lenguaje/tiempo más institucional. La PAH, hace meses, emitió un comunicado quejándose de la lentitud en la aplicación de medidas para la cosa vivienda. El Ajuntment respondió que hacía lo que podía, y que la PAH debía seguir haciendo lo que debía. Por ejemplo, quejarse y dar la brasa. Este fair-play entre activismo y postactivismo institucionalizado parece ser el estado actual de la cuestión. No puede durar mucho. Hay prisa. Es decir, la crisis no ha amainado. Y conforme se va accediendo a las instituciones, se va descubriendo que la instancia de solución, en instituciones sin soberanía --todas, en fin, en España--, es Europa, ese sitio al que no se sabe aún cómo acceder. Ni siquiera, si tiene acceso. Al parecer, se intenta acceder por la vía artesanal. Por hegemonía electoral, ganando todos los tramos anteriores a la casilla europea. Ese puede ser el sentido del anuncio del paso de Barcelona en Comú a partido nacional catalán, que podría agrupar, incluso, y aparte de nuevos sujetos políticos, más izquierdas y más antiguas de las previstas. El partido, de confirmarse su existencia, podría ser líder en Catalunya, y podría suponer un cambio de agenda importante, si pensamos que el grueso de partidos locales en Catalunya viven consagrados al aplazamiento de la agenda hasta la independencia y, el resto, al aplazamiento de la agenda, para priorizar combatir esa independencia que, por otra parte, se dilata en el tiempo más de lo que la propaganda puede justificar. La vinculación de esta nueva izquierda con proyectos como el Plan B para Europa --aún en estadio latente--, modulado por Varoufakis, puede dibujar un poco el itinerario que se está prefigurando desde la victoria de los Comunes en Barcelona. 

Aparte de esto, se me ocurren dos diferencias entre el cambio municipalista en Barcelona y en Madrid. La primera es que la presión mediática es menor. Los medios, públicos y concertados, no se aplican al nuevo consistorio con la efectividad con la que se aplican en Madrid. No ha habido casos Zapatas. Porque Ada Colau no ha sido ambigua y no ha dado pie a ello --un indicio de que la lista municipalista barcelonesa, a diferencia de la de Madrid, viene vertebrada más por el activismo que por la política--, y porque los medios no pueden liarla con la frescura y bestialidad con la que la lían en Madrid. No, por supuesto, por falta de ganas. Aquí hay otros mitos --la cohesión social es uno; se supone que los catalanes somos civilizados a nivel Jedi, por lo que solucionamos nuestros problemas por telequinesis, sin llegar a las manos; no ha ocurrido jamás, pero ese mito/majismo impide ciertos excesos del tertulianismo telúrico, similar en Barcelona y Madrid--. Por otra parte, la derecha local --salvaje, racista, clasista, quizás más incluso, si cabe, que su homónima madrileña; el día de la derrota de CiU en las municipales, en el local electoral de los convergentes no dejé de escuchar improperios a la Internacional Charnega, que se había hecho con el poder, violaría a sus hijas y asaría sardinas en el salón; era, en fin, la vuelta de la FAI-- tiene sus casticismos, a los que es fiel. Uno de ellos es que, a diferencia de la derecha española, la catalana es más sofis, no grita ni --aunque la historia no le dé la razón-- dispara a la nuca. Lo que le impide fabricar su mismo periodismo. Otro impedimento es el despiste. Los medios, públicos y concertados, aún no han calado la cosa. En Comú --en una novela de Barcelona, se tarda, lo dicho, dos de los tres actos--. Aún no tienen claras ni codificadas formas de lógica y de funcionamiento, que no vienen de los partidos, sino de los movimientos. Exemplum: el acceso a los cargos y a la responsabilidad vienen de la confianza personal y recíproca, algo usual en los movimientos, y que aún no ha adquirido costumbre y lectura política. Otros impedimentos para fabricar información española al uso es que, materialmente, no se puede. El periodismo gubernamental vive consagrado a la emisión de propaganda Procesista, quizás ya en fase declive. Y no puede abrir más frentes, y menos éste, sin caer en la contradicción. Recordemos aquí que el actual Govern quiere dibujarse como social y antirrecortes, por lo que no puede empantanarse con otro gobierno, en este caso municipal, efectivamente social y antirrecortes, no al menos  sin perder mucho y ganar poco. No tengo la menor duda de que la derecha nacionalista local --parecida en su pasado y, glups, en su futuro judicial a otras derechas nacionalistas hispanas-- irá a cuchillo con Colau y lo que representa. Lo hizo con el Tripartit, algo mas pequeño y con menos itinerario. Supongo que aún no ha llegado ese momento de las novelas de Marsé en el que la Barcelona rubia traumatiza, con una violencia inusitada, a los niños charnegos a los que se les ha reído la gracia, hasta ese momento, de saltarse las reglas invisibles del juego.

Por otra parte --y esta es la segunda diferencia Barcelona-Madrid--, el Ajuntament no sólo es una entidad saneada, con capacidad de ingresos y margen para los gastos --en Barcelona, así, se ha hecho un pequeño plan de choque contra la crisis--, sino que Barcelona es, por sí sola, algo descomunal, institucionalmente más parecido a un Estado que a una ciudad, un gran ente que posee rastros de cuando Barcelona --sin Ajuntament, esa cosa del siglo XVIII, y a través de  un Consell de Cent, una de las primeras instituciones predemocráticas europeas--, era una suerte de Ciudad-Estado, con más poder que otras instituciones de Aragón, como por ejemplo la Generalitat. Para acabarlo de liar, también posee los rastros acumulados de una institución que, desde que entraron las izquierdas, a principios del siglo XX, no ha parado de dotarse de opciones de las que carecía el Estado que la rodeaba. En la actualidad, Barcelona posee, por ejemplo, amplias competencias y capacidades, por ejemplo, en Sanidad y en Educación.

Este encuentro de Ada Colau con vecinos de la República de Gràcia se realiza, por ejemplo, en una escuela municipal. Lo que tiene miga. Las escuelas municipales de Barcelona son una seña de identidad potente de todo esto que les contaba en el anterior párrafo. Cuando los malos se pelaron a Ferrer i Guàrdia --no tanto por pedagogo como por editor; su editorial, La Escuela Moderna, no sólo facilitaba textos a muchas escuelas libertarias de la Península, sino que editaba publicaciones como La Huelga General, revista que introdujo esa idea, en su momento terrorífica, del sindicalismo francés en España; piensen en Ferrer i Guàrdia siempre que hagan huelga general, ese costoso regalo que nos hizo--, el Partido Republicano Radical, con representación municipal, abogó por que el Ajuntament se hiciera cargo de los restos pedagógicos de la Escuela Moderna, creando una red de escuelas municipales laicas y racionalistas, que en breve fueron el modelo de la futura escuela republicana catalana, y la revolución pedagógica de los años 20 y 30. El municipalismo barcelonés, en fin, posee rasgos de dieta equilibrada y completa. Por eso, tal vez, la ciudadanía espera tanto de él. 

Rayos, me he enrollado tanto con Gràcia, con Colau, con En Comú, con el Ajuntament, que llego tarde al encuentro/trobada. En la puerta de la Escola Violant d'Hongria me encuentro con Gonçal, un viejo conocido, joven ciudadano de Gràcia, arquitecto, padre y anarquista. El 15M --supresión coyuntural de la ideología para dar paso a asociaciones con un máximo común divisor democrático-- ha supuesto, en fin, la reentrada en la política de ciudadanos que estaban en sus Quimbambas. Gonçal, presi o algo así de la Asociación de Familias de la escuela, me enseña en un plis-plas la escuela, como quien enseña algo propio. Desde la crisis, las escuelas han dejado de ser propiedad de los funcionarios y de los padres frikis, para serlo un poco de todos. Decenas de carteles contra los recortes, colgados en las paredes, pintados por alumnos, padres, profes y señoras de la limpieza, atestiguan este giro, una metáfora de lo que significa la defensa de lo común, un nuevo tipo de propiedad --al menos, espiritual-- de las cosas públicas, que en Barcelona parece haber enraizado. Las cosas --la Sanidad, la Enseñanza, los servicios...-- ya no son percibidos como propiedad sólo del Estado, ese bicho que no supo defenderlas, sino de la sociedad. El resultado se parece un tanto a la propiedad colectivizada, ese recuerdo positivo en Barcelona. En parte porque tampoco existe por escrito.

El gimnasio de la escuela está repleto. Presidiendo el acto está el equipo municipal, con Ada Colau. En el público, de todas las edades, priman, diría, las mujeres. Diversos miembros de la candidatura Barcelona En Comú --supongo que ahora trabajarán para el Ajuntament-- van por la sala, con un micro en la mano, cediendo la palabra a quien la pide. La ciudadanía --de algo ha servido tanta reunión en el cole, en el hospital, en el trabajo, en la plaza-- habla con agilidad, sin eternizarse, al turrón. Les resumo algunas intervenciones del público.

Se ha hablado mucho de cacas de perros. Propietarios de perros, y usuarios de sus cacas, han estado debatiendo sobre la disciplina. Se ha hablado de mendigos. Antes de la crisis no había ni media docena. Ahora hay cerca de un centenar. Algunos, según informan los vecinos, son depositados y retirados, cada mañana y cada noche, por mafias. Se habla de árboles. Un señor se levanta: "Barcelona es una ciudad acogedora. ¿Qué está haciendo al respecto de los refugiados". Una madre joven pide ayuda económica para los padres que se juntan y forman guarderías, "que, en el fondo, son escuelas libres". Una señora se queja del aparcamiento. Un señor: "El verano pasado fue muy difícil dormir por el ruido". Varios ciudadanos culpan del ruido a los turistas. Una señora: "No son turistas. Los turistas no cantan, a las 4 de la madrugada, Tengo--un--tractor--amarillo". Una mujer se queja de los apartamentos turísticos. Otra mujer, mientras amamanta a su hijo, explica que es propietaria de unos apartamentos para turistas, y que el problema son los apartamentos ilegales. Una joven pregunta si han sido eliminados, como se dijo, los destacamentos, o como se llamen, de antidisturbios de la Guardia Urbana. Una mujer explica que han chapado el centro de atención primaria de la calle... no se acuerda. Todos los vecinos gritan: Carrer Quevedoooo. Recupera el hilo. Que si se puede transformar lo de la calle Quevedo en equipamientos. Una señora de Gràcia --pelo blanco, recién salido de la pelu-- explica que los autobuses van mal, y que para ir a ver a su hermana, en Barcelona, tiene que ir vía el Potosí. Otra. Que hay mucho ruido de noche. Una señora de Gràcia: "No me gusta ir a la policía, porque la mayoría de problemas los podemos solucionar entre nosotros. Por eso pido un lugar en el que escribir y hablar de problemas a los que no sabemos entrar en Internet. También nosotros podemos solucionar cosas, sin políticos". Una mujer se queja de que la T-12 --un billete gratuito de metro y autobús para niños-- no llegue hasta el fin de la enseñanza obligatoria: "Qué menos que pagarles el billete al cole". Un señor: "¿Abrirán un polideportivo con piscina?". Una mamá: "Los libros de texto son una mafia". Una joven pregunta por el sueldo de Colau.

El acto no es una ampliación de la democracia. Aquí no se vota nada. No creo que sea propaganda, pues la ciudadanía pregunta lo que quiere, en ocasiones con desconfianza, cara de póquer o con abierta hostilidad, como se acostumbra a aludir al poder en los barrios populares de Barcelona. La alcaldessa responde lo que sabe, remite la respuesta a otras personas, o canaliza temas hacia la sede del distrito. Es, por tanto, una mezcla de acto informativo y de acto comunicativo, en el que varios grupos intentan comunicarse, no necesariamente acerca de lo mismo. Colau aprovecha este contacto, sin intercesión de medios --por lo que sea, la nueva política parece querer puentear a los medios, salvo a los más directos y populares--, para explicar limitaciones de la realidad política, para explicar ese tiempo lento que son las instituciones. También anima a la protesta contra la lentitud y las decisiones erróneas. Quizás, la gran opción de un rupturismo encallado en la minoría y el tempo institucional, sometido a leyes como la Ley Montoro --que, según dice Colau en el acto, impiden la contratación de personal, por ejemplo, para detectar apartamentos ilegales--, es prolongar el conflicto, y con él cierto contacto de proximidad con el Ajuntament, hasta mejores resultados electorales. O hasta un cambio que pueda venir de otro sitio.

El Régimen y sus partidos, en fin, están más en precario de lo que parecen. Parece que el periplo hasta que haya cambios y desapariciones reales puede ser largo. O corto y sorpresivo. No se sabe a ciencia cierta en una sociedad cuyos medios de comunicación tienden a hablar antes de lo que debería pasar que de lo que pasa.

Una de las últimas intervenciones es la que mejor condensa el acto. Un joven toma la palabra. Tiene dificultades para hablar. "Soy un discapacitado (...) Me han dado de comer incluso lentejas con huesos roídos. Ahora quieren que vaya a un piso tutelado. Pero yo allí me sentiría enjaulado. Y quiero cuidar a mi madre. Es vieja. Ningún pensionista tendría que ir a una residencia, donde también se sentiría enjaulado".

Es decir, este acto, esta manera en la que un barrio y un ajuntament verbalizan sus problemas --diferentes, por otra parte, y con tiempos diferentes-- tiene que ver con personas frágiles. E instituciones frágiles. 

Trobada amb l'Alcaldessa a La Vil·la de Gràcia, donde Trobada es encuentro, y donde Gràcia y Alcaldessa merecen sendos párrafos, a saber: a) y b).

Gràcia, o La República Federal de Gràcia, es una especia de Montmartre. Es Barcelona, pero se comporta con otro estado...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Guillem Martínez

Es autor de 'CT o la cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española' (Debolsillo), de '57 días en Piolín' de la colección Contextos (CTXT/Lengua de Trapo) y de 'Caja de brujas', de la misma colección. Su último libro es 'Los Domingos', una selección de sus artículos dominicales (Anagrama).

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí