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A la mierda el trabajo

El mercado laboral ha fracasado, como casi todos los demás. Ya no hay bastantes trabajos disponibles y los que quedan no sirven para pagar las facturas. ¿Y si el trabajo no es la solución, sino el problema?

James Livingston 16/12/2016

<p>Fotograma de <em>The Wall</em> (1982).</p>

Fotograma de The Wall (1982).

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Para nosotros, los estadounidenses, el trabajo lo es todo. Desde hace siglos, más o menos desde 1650, creemos que imprime carácter (puntualidad, iniciativa, honestidad, autodisciplina y todo lo demás). También creemos que el mercado laboral, donde encontramos el trabajo, ha sido relativamente eficiente en lo que a asignar oportunidades y salarios se refiere. Y también nos hemos creído, hasta cuando es una mierda, que trabajar da sentido, propósito y estructura a nuestras vidas. Sea como sea, de lo que estamos seguros es de que nos saca de la cama por las mañanas, de que paga las facturas, de que nos hace sentir responsables y de que nos mantiene alejados de la televisión por las mañanas.

Estas creencias ya no están justificadas. De hecho, ahora son ridículas, porque ya no hay bastantes trabajos disponibles y porque los que quedan ya no sirven para pagar las facturas, a no ser, claro está,  que hayas conseguido un trabajo como traficante de drogas o banquero en Wall Street, en cuyo caso, en los dos, te habrás convertido en un gánster.

Hoy en día, todos a izquierda y a derecha, desde el economista Dean Baker al científico social Arthur C. Brooks, desde Bernie Sanders hasta Donald Trump, pretenden solucionar el desmoronamiento del mercado laboral fomentando el “pleno empleo”, como si tener un trabajo fuera en sí mismo una cosa buena, sin tener en cuenta lo peligroso, exigente o degradante que pueda ser. No obstante, el “pleno empleo” no es lo que nos devolverá la fe en el trabajo duro o en el respeto de las normas o en todas esas cosas que suenan tan bien. Actualmente, la tasa de desempleo oficial en EE.UU. está por debajo del 6 %, muy cerca de lo que los economistas siempre han considerado “pleno empleo”, y sin embargo la desigualdad salarial sigue exactamente igual. Trabajos de mierda para todos no es la solución a los problemas sociales que tenemos.

En EE.UU. más de un cuarto de los adultos actualmente con trabajo cobra salarios más bajos de lo que les permitiría superar el umbral oficial de la pobreza

Pero no es que lo diga yo, para eso están los números. En EE.UU. más de un cuarto de los adultos actualmente con trabajo cobra salarios más bajos de lo que les permitiría superar el umbral oficial de la pobreza, y por este motivo un quinto de los niños estadounidenses viven sumidos en la pobreza. Casi la mitad de los adultos con trabajo en EE.UU. tiene derecho a recibir cupones de comida (el Programa Asistencial de Nutrición Suplementaria, SNAP por sus siglas en inglés, que proporciona ayuda a personas y familias de bajos ingresos, aunque la mayoría de las personas que tiene derecho no lo solicita). El mercado de trabajo ha fracasado, como casi todos los demás. 

Los trabajos que se evaporaron durante la crisis económica no van a volver, diga lo que diga la tasa de desempleo (el aumento neto en el número de trabajos creados desde 2000 se mantiene todavía en cero) y si vuelven de entre los muertos, serán zombis, del tipo contingente, de media jornada o cobrando el salario mínimo, y con los jefes cambiando tus horarios todas las semanas: bienvenido a Wal-Mart, donde los cupones de comida son una prestación.

Y no me digas que subir el salario mínimo a 15$ por hora es la solución. Nadie duda del enorme significado ético de la medida, pero con este salario, el umbral oficial de la pobreza se supera solo después de haber trabajado 29 horas por semana. El salario mínimo federal está en 7,25 $, pero para superar el umbral de la pobreza en una semana de 40 horas, habría que cobrar al menos 10$ por hora. Entonces, ¿qué sentido tiene cobrar un sueldo que no sirve para poder ganarse la vida, sino para demostrar que se tiene una ética de trabajo?

Pero, calla, ¿no es este dilema una fase pasajera más del ciclo económico? ¿Qué pasa con el mercado de trabajo del futuro? ¿No se ha demostrado ya que esas voces agoreras de los malditos maltusianos estaban equivocadas porque siempre aumenta la productividad, se crean nuevos campos empresariales y nuevas oportunidades económicas? Bueno, sí, hasta ahora. La tendencia de los indicadores durante la mitad del siglo pasado y las proyecciones razonables sobre el próximo medio siglo se basan en una realidad empírica tan bien fundamentada que es imposible desestimarlos como ciencia pesimista o sinsentidos ideológicos. Son exactamente iguales que los datos sobre el cambio climático: si quieres puedes negarlo todo, pero te tomarán por tonto cuando lo hagas.

Los economistas de Oxford que estudian las tendencias laborales nos dicen que casi la mitad de los trabajos existentes están en peligro de muerte como consecuencia de la informatización que tendrá lugar en los próximos 20 años

Por ejemplo, los economistas de Oxford que estudian las tendencias laborales nos dicen que casi la mitad de los trabajos existentes, incluidos los que conllevan “tareas cognitivas no rutinarias” (pensar, básicamente) están en peligro de muerte como consecuencia de la informatización que tendrá lugar en los próximos 20 años. Estos argumentos no hacen más que profundizar en las conclusiones a las que llegaron dos economistas del MIT en su libro Race Against the Machine (La carrera contra las máquinas), 2011.  Mientras tanto, los tipos de Silicon Valley que dan charlas TED han comenzado a hablar de “excedentes humanos” como resultado del mismo proceso: la producción cibernética. Rise of the Robots (El alzamiento de los robots), 2016, un nuevo libro que cita estas mismas fuentes, es un libro de ciencias sociales, no de ciencia ficción.

Así que nuestra gran crisis económica (no te engañes, no ha acabado todavía) es una crisis de valores tanto como una catástrofe económica. También se la puede llamar impasse espiritual, ya que hace que nos preguntemos qué otra estructura social que no sea el trabajo nos permitirá imprimir carácter, si es que el carácter en sí es algo a lo que debemos aspirar. Aunque ese es el motivo de que sea también una oportunidad intelectual: porque nos obliga a imaginar un mundo en el que trabajar no sea lo que forja nuestro carácter, determina nuestros sueldos o domina nuestras vidas.

En pocas palabras, esto hace que podamos exclamar: ¡basta ya, a la mierda el trabajo!

Sin duda, esta crisis hace que nos preguntemos: ¿qué hay después del trabajo? ¿Qué harías si el trabajo no fuera esa disciplina externa que organiza tu vida cuando estás despierto, en forma de imperativo social que hace que te levantes por las mañanas y te encamines a la fábrica, la oficina, la tienda, el almacén, el restaurante, o adonde sea que trabajes y, sin importar cuanto lo odies, hace que sigas regresando? ¿Qué harías si no tuvieras que trabajar para obtener un salario?

¿Cómo sería nuestra sociedad y civilización si no tuviéramos que “ganarnos” la vida, si el ocio no fuera una opción, sino un modo de vida? ¿Pasaríamos el tiempo en el Starbucks con los portátiles abiertos? ¿O enseñaríamos a niños en lugares menos desarrollados, como Mississippi, de manera voluntaria? ¿O fumaríamos hierba y veríamos la tele todo el día?

¿Cómo sería nuestra sociedad y civilización si no tuviéramos que “ganarnos” la vida, si el ocio no fuera una opción, sino un modo de vida?

Mi intención con esto no es proponer una reflexión extravagante. Hoy en día, estas preguntas son de carácter práctico porque no hay suficientes trabajos para todos. Así que ya es hora de que hagamos más preguntas prácticas: ¿Cómo se puede vivir sin un trabajo, es posible recibir un sueldo sin trabajar para obtenerlo? Para empezar, ¿es posible?, y lo que es más complicado, ¿es ético? Si te educaron en la creencia de que el trabajo es lo que determina tu valor en esta sociedad, como fuimos educados casi todos nosotros, ¿sentiríamos que hacemos trampas al recibir algo a cambio de nada?

Ya disponemos de algunas respuestas provisionales porque, de una u otra manera, todos estamos cobrando un subsidio. El componente de la renta familiar que más ha crecido desde 1959 han sido los pagos de transferencia del gobierno. A principios del siglo XXI, un 20% de todos los ingresos familiares provenía de lo que también se conoce como asistencia pública o “ayudas”. Si no existiera este suplemento salarial, la mitad de los adultos con trabajos a jornada completa viviría por debajo del umbral de la pobreza, y la mayoría de los estadounidenses tendría derecho a recibir cupones de comida.

Pero, ¿son realmente rentables los pagos de transferencia y las “ayudas”, ya sea en términos económicos o morales? Si seguimos este camino y continuamos aumentándolos, ¿estamos subvencionando la pereza, o estamos enriqueciendo el debate sobre los fundamentos de la vida plena?

Los pagos de transferencia, o “ayudas”, por no mencionar los bonus de Wall Street (ya que estamos hablando de recibir algo a cambio de nada) nos han enseñado a saber diferenciar entre la obtención de un salario y la producción de bienes, aunque ahora, cuando es evidente que faltan trabajos, hace falta replantear este concepto. Da igual cómo se calcule el presupuesto federal, nos podemos permitir cuidar de nuestro hermano. En realidad, la pregunta no es tanto si queremos, sino más bien cómo hacerlo.

Sé lo que estás pensando: no podemos permitírnoslo. Pues no es así, sí que es posible y no es tan difícil. Subimos el arbitrario límite de contribución máxima a la Seguridad Social, que ahora mismo está en los 127$, y subimos los impuestos a las ganancias empresariales, revirtiendo lo que hizo la revolución de Reagan. Con solo estas dos medidas se solucionaría el problema fiscal y se crearía un superávit económico donde ahora solo hay un déficit moral cuantificable.

Aunque claro, tú dirás, junto con todos los demás economistas, desde Dean Baker hasta Greg Mankiw, de derechas o de izquierdas, que subir los impuestos a las ganancias empresariales es un incentivo negativo para la inversión y por tanto para la creación de puestos de trabajo, o que hará que las empresas se vayan a otros países donde los impuestos sean más bajos.

En realidad, subir los impuestos a los beneficios empresariales no puede causar estos efectos.

Si te educaron en la creencia de que el trabajo es lo que determina tu valor en esta sociedad, como fuimos educados casi todos nosotros, ¿sentiríamos que hacemos trampas al recibir algo a cambio de nada?

Hagamos el camino inverso y vayamos hacia atrás en el tiempo. Las empresas son “multinacionales” desde hace ya algún tiempo. En las décadas de 1970 y 1980, antes de que surtieran efecto las rebajas impositivas que Ronald Reagan impulsó, aproximadamente un 60% de los bienes manufacturados que se importaban eran fabricados por empresas estadounidenses en el exterior, en el extranjero. Desde entonces, este porcentaje ha aumentado ligeramente, pero no tanto.

Los trabajadores chinos no son el problema, sino más bien la idiotez sin hogar y sin sentido de la contabilidad empresarial. Por eso es tan risible la decisión tomada en 2010 gracias a Citizens United (Ciudadanos Unidos), que sostiene que la libertad de expresión es aplicable también a las donaciones electorales. El dinero no es una expresión, como tampoco lo es el ruido. La Corte Suprema ha evocado un ser viviente, una nueva persona, de entre los restos del derecho común, y ha creado un mundo real que da más miedo que su equivalente cinematográfico, ya sea este el que aparece en Frankenstein, Blade Runner o, más recientemente, en Transformers.

Pero la realidad es esta: la inversión empresarial o privada no genera la mayoría de los trabajos, así que subir los impuestos a la ganancia empresarial no tendrá ningún efecto sobre el empleo. Has leído bien. Desde la década de 1920, el crecimiento económico ha seguido aumentando a pesar de que la inversión privada se ha estancado. Esto significa que los beneficios no sirven para nada, excepto para anunciar a tus accionistas (o expertos en compras hostiles) que tu compañía es un negocio que funciona, un negocio próspero. No hacen falta beneficios para “reinvertir”, para financiar la expansión de tu mano de obra o de tu productividad, como ha quedado claramente demostrado gracias a la historia reciente de Apple y de la mayoría de las demás empresas.

Eso hace que las decisiones en materia de inversión que realizan los directores ejecutivos de las empresas tengan solo un efecto marginal sobre el empleo. Hacer que las empresas paguen más impuestos para poder financiar un Estado del bienestar que permita que amemos a nuestros vecinos y que cuidemos de nuestros hermanos no es un problema económico, es otra cosa, es una cuestión intelectual o un dilema moral.

Cuando tenemos fe en el trabajo duro, estamos deseando que imprima carácter, pero al mismo tiempo estamos esperando, o confiando, que el mercado de trabajo asigne los ingresos de manera justa y racional. Ahí es donde está el problema, que estos dos conceptos van juntos de la mano. El carácter puede provenir del trabajo sólo cuando vemos que existe una relación inteligible y justificable entre el esfuerzo realizado, las habilidades aprendidas y la recompensa obtenida. Cuando observo que tu salario no tiene ninguna relación en absoluto con tu producción de valor real, o con los bienes duraderos que el resto de nosotros podemos utilizar y apreciar (y cuando digo duradero no me refiero solo a cosas materiales), entonces empiezo a dudar de que el carácter sea una consecuencia del trabajo duro.

Forjar mi carácter a través del trabajo es una tontería porque la vida criminal sale rentable, y lo que debería hacer es convertirme en un gánster como tú

Cuando veo, por ejemplo, que tú estás haciendo millones lavando el dinero de los cárteles de la droga (HSBC), que vendes deudas incobrables de dudoso origen a los gerentes de fondos de inversión (AIG, Bear Stearns, Morgan Stanley, Citibank), que te aprovechas de los prestatarios de renta baja (Bank of America), que compras votos en el Congreso (todos los anteriores), también llamado un día más en la rutina de Wall Street, mientras que yo tengo problemas para llegar a fin de mes aun teniendo un trabajo a tiempo completo, me doy cuenta de que mi participación en el mercado laboral es irracional. Sé que forjar mi carácter a través del trabajo es una tontería porque la vida criminal sale rentable, y lo que debería hacer es convertirme en un gánster como tú.

Por ese motivo, la crisis económica que estamos sufriendo también es un problema ético, un impasse espiritual y una oportunidad intelectual. Hemos apostado tanto por la importancia social, cultural y ética del trabajo, que cuando falla el mercado laboral, como lo ha hecho ahora de manera tan espectacular, no sabemos explicar lo que ha pasado ni sabemos encauzar nuestras creencias para encontrar un significado diferente al trabajo y a los mercados.

Y cuando digo “nosotros” me refiero a casi todos nosotros, derechas e izquierdas, porque todo el mundo quiere que los estadounidenses vuelvan al trabajo, de una u otra manera, el “pleno empleo” es un objetivo tanto de los políticos de derechas como de los economistas de izquierdas. Las diferencias entre ellos se basan en los medios, no en el fin, y ese fin incluye intangibles como la adquisición de carácter.

Esto equivale a decir que todo el mundo ha redoblado los beneficios asociados al trabajo justo cuando este está alcanzando su punto de evaporación. Garantizar el “pleno empleo” se ha convertido en el objetivo de todo el espectro político justo cuando resulta más imposible a la par que más innecesario, casi como garantizar la esclavitud en la década de 1850 o la segregación en la década de 1950.

¿Por qué?

Pues porque el trabajo lo es todo para nosotros, habitantes de sociedades mercantiles modernas, independientemente de su utilidad para imprimir carácter y distribuir ingresos de manera racional, y bastante alejado de la necesidad de vivir de algo. El trabajo ha sido la base de casi todo nuestro pensamiento sobre lo que significa disfrutar de una vida plena desde que Platón relacionó el trabajo manual con el mundo de las ideas. Nuestra manera de desafiar a la muerte ha sido la creación y reparación de objetos duraderos, puesto que sabemos que los objetos significativos durarán más que el tiempo que tenemos asignado en este mundo y que nos enseñan, cuando los creamos o reparamos, que el mundo más allá de nosotros, el mundo que existió y existirá, posee una realidad propia.

Detengámonos en el alcance de esta idea. El trabajo ha sido una manera de ejemplificar las diferencias entre hombres y mujeres, por ejemplo, cuando fusionamos el significado de los conceptos de paternidad y “sostén familiar”, o como cuando, más recientemente, intentamos disociarlos.  Desde el siglo XVII, se ha definido la masculinidad y la feminidad, aunque esto no significa que se consiguiera así, por medio del lugar que ocupan en una economía moral, en términos de hombre trabajador que recibía un salario por su producción de valor en el trabajo, o en términos de mujer trabajadora que no cobraba nada por su producción y mantenimiento de la familia. Por supuesto, hoy en día estas definiciones están cambiando a medida que cambia el significado de la palabra “familia” y a medida que se producen cambios profundos y paralelos en el mercado de trabajo, la entrada de la mujer es solo uno de ellos, y en las actitudes hacia la sexualidad.

El trabajo ha sido la base de casi todo nuestro pensamiento sobre lo que significa disfrutar de una vida plena desde que Platón relacionó el trabajo manual con el mundo de las ideas

Cuando desaparece el trabajo, la diferencia entre los sexos que produce el mercado de trabajo se diluye. Cuando el trabajo socialmente necesario disminuye, lo que un día se conocía como trabajo de mujeres (educación, atención sanitaria o servicios) es ahora nuestra industria primaria, y no una dimensión “terciaria” de la economía cuantificable. El trabajo relacionado con el amor, con cuidarse los unos a los otros y con aprender a cuidar de nuestros hermanos (el trabajo socialmente beneficioso) se convierte no sólo en posible, sino más bien en necesario, y no solo en el interior del núcleo familiar, donde el afecto está a nuestra disposición de manera rutinaria, no, me refiero también a lo que hay ahí fuera, en el vasto mundo exterior.

El trabajo también ha sido la manera estadounidense de producir “capitalismo racial”, como lo llaman hoy en día los historiadores, gracias a la mano de obra de esclavos, de convictos, de medieros y luego de mercados laborales segregados, en otras palabras, un “sistema de libre empresa” edificado sobre las ruinas de cuerpos negros o un entramado económico animado, saturado y determinado por el racismo. Nunca hubo un mercado libre laboral en esta unión de Estados. Como todos los demás mercados, este siempre estuvo cubierto por la discriminación legal y sistemática del hombre negro. Hasta se podría decir que este mercado con cobertura creó los aún hoy utilizados estereotipos sobre la vagancia de los afroamericanos mediante la exclusión de los trabajadores negros del trabajo remunerado y su confinamiento a vivir en los guetos de días de ocho horas.

Y aun así, aun así, aunque a menudo el trabajo ha significado una forma de subyugación, de obediencia y jerarquización (ver más arriba), también es el lugar donde muchos de nosotros, seguramente la mayoría de nosotros, hemos expresado de manera consistente nuestro deseo humano más profundo: liberarnos de autoridades u obligaciones impuestas de manera externa y ser autosuficientes. Durante siglos nos hemos definido a nosotros mismos de acuerdo con lo que hacemos, de acuerdo con lo que producimos.

Sin embargo, ya debemos ser conscientes de que esta definición de nosotros mismos lleva adscrita el principio productivo (de cada cual según sus capacidades, a cada cual según su creación de valor real por medio del trabajo) y nos obliga a alimentar la idea inane de que nuestro valor lo determina solo lo que el mercado de trabajo puede registrar, en términos de precio. Aunque también debemos ser conscientes de que este principio marca un cierto camino cuya consecuencia es el crecimiento infinito y su fiel ayudante, la degradación medioambiental.

¿Podemos dejar que la gente reciba algo a cambio de nada y aun así tratarlos como hermanos y hermanas, miembros de una preciada comunidad?

Hasta ahora, el principio productivo ha servido como principio real que hizo que el sueño americano fuera posible: “Trabaja duro, acepta las reglas y saldrás adelante”, o “cosechas lo que siembras, labras tu propio camino y recibes con justicia lo que has ganado con honradez”, u homilías y exhortaciones parecidas que se usaban para entender el mundo. Sea como sea, antes no sonaban ilusorias, pero hoy en día sí.

En este sentido, la adhesión al principio productivo es una amenaza para la salud pública y para el planeta (en realidad, estas dos cosas son lo mismo). Comprometernos con algo que sabemos imposible es volvernos locos. El economista ganador del Nobel Angus Deaton dijo algo parecido cuando explicó las anómalas tasas de mortalidad que se estaban registrando entre la población blanca que habita los Estados de mayoría evangelista (Bible belt) alegando que habían “perdido la narrativa de sus vidas”, y sugiriendo que habían perdido la fe en el sueño americano. Para ellos, la ética del trabajo es una sentencia de muerte porque no pueden practicarla.

Por esta razón, la inminente desaparición del trabajo plantea cuestiones fundamentales sobre lo que  significa ser humano. Para empezar, ¿qué propósito podríamos elegir si el trabajo, o la necesidad económica, no consumieran la mayor parte de las horas que pasamos despiertos y de nuestras energías creativas? ¿Qué posibilidades evidentes, aunque todavía desconocidas, aparecerían? ¿Cómo cambiaría la misma naturaleza humana cuando el antiguo y aristocrático privilegio sobre la ociosidad se convierte en un derecho innato del mismo ser humano?

Sigmund Freud insistía en que el amor y el trabajo eran los ingredientes esenciales de la existencia humana saludable. Tenía razón, por supuesto, pero ¿podría el amor sobrevivir a la desaparición del trabajo como compañero de buena voluntad que se necesita para alcanzar la vida plena? ¿Podemos dejar que la gente reciba algo a cambio de nada y aun así tratarlos como hermanos y hermanas, miembros de una preciada comunidad? ¿Te imaginas el momento en el que acabas de conocer en una fiesta a una persona extraña que te atrae, o estás buscando alguien en Internet, a quien sea, pero no le preguntas: “¿y, en qué trabajas”?

No obtendremos ninguna respuesta a estas preguntas hasta que no nos demos cuenta de que hoy en día el trabajo lo es todo para nosotros, y que de ahora en adelante ya no podrá ser así. 

_______________

Traducción de Álvaro San José.

James Livingston es profesor de Historia en la Universidad de  Rutgers en Nueva Jersey. Es autor de varios libros, el último No More Work: Why Full Employment is a Bad Idea (2016).

 

Este artículo se publicó originalmente en la revista Aeon.

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23 comentario(s)

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  1. Omar

    Necesitamos controlarnos a nosotros mismos utilizando los mismos mecanismos el libre mercado uso en contra de nosotros los trabajadores, por ejemplo por la competencia, si vemos una empresa paga bajos salarios no compremos sus productos o compremos productos a empresas que tengan ranking de mejor paga a sus trabajadoresy al resto por la competencia misma es decir por crear o forzar nuevos valores sociales en las empresas estas por adaptarse a este nuevo paradigma no les quede otra que aumentar los salarios para que les compremos sus productos.

    Hace 4 años 8 meses

  2. Omar

    Necesitamos controlarnos a nosotros mismos utilizando los mismos mecanismos el libre mercado uso en contra de nosotros los trabajadores, por ejemplo por la competencia, si vemos una empresa paga bajos salarios no compremos sus productos o compremos productos a empresas que tengan ranking de mejor paga a sus trabajadoresy al resto por la competencia misma es decir por crear o forzar nuevos valores sociales en las empresas estas por adaptarse a este nuevo paradigma no les quede otra que aumentar los salarios para que les compremos sus productos.

    Hace 4 años 8 meses

  3. Aco Amas

    "Ya no hay bastantes trabajos disponibles": hombre, la tasa de paro en muchos países occidentales se mantiene en torno al 6%...

    Hace 4 años 9 meses

  4. Robinson Ochoa

    Correcto, este es otro cambio que hay que tenemos pendiente, en la total renovacion de nuestra sociedad. Hay que pasar del "Trabajo" al "Aporte Social", ya que trabajo productivo hay muy poco, y si muchos tipos de trabajo de fricsion, como son los trabajos burocraticos. y ni hablar de los "trabajos" que son para destruir y/o esclavisar a la sociedad.

    Hace 4 años 9 meses

  5. Rasmaninof

    ¿Qué creen ustedes que podría pensar un biólogo si descubriera un tejido que gasta energía y no aparta nada? ¿Creen que se pondría nervioso?

    Hace 4 años 9 meses

  6. Jesús Díaz Formoso

    Así que el problema no está en los poderes privados exorbitantes, ni en la impunidad fiscal de los ricos, ni en las condiciones laborales, ni en la ausencia de garantía sindicales, ni en la extrema injusticia e impunidad del Poder Judicial, ni en la corrupción (sobre todo la del poder que ha de controlarla), ni en la falta aberrante de empleo público en sectores como la Dependencia, Sanidad, educación, o periodismo riguroso. El problema del capitalismo visto por un capitalista. CARLOS, certera tu diferenciación entre empleo y trabajo. Gracias. El pleno empleo es malo; pero, ¿para quien?

    Hace 4 años 9 meses

  7. José Luis

    Creo que las tesis de Christian Felber pueden encajar en la solución al problema propuesto. Economía del Bien Común. La única productividad significativa es la que revierte en todos, en lo Común (ojo, no confundir con lo Público frente a lo Privado). Y pienso que el autor defiende una RBU como parte de la solución, al menos inicialmente. Sólo hay que ver cómo ha salido la inteligentsia neoliberal al abordaje. Cambio de paradigma económico, amigos, aunque la ley de hierro de la oligarquía y sus mercenarios hará lo que pueda hasta donde pueda.

    Hace 4 años 9 meses

  8. Francisco

    La solucion es mas facil de lo que imaginamos y esta al alcance de la mayoria siempre que tomemos conciencia de nuestro poder y de nuestra armas: Para comenzar deberiamos dejar de reproducirnos como conejos, que solo sirve para aumentar nuestras necesidades y por tanto la riqueza del capitalista, que extrae la plusvalia del trabajo "barato" que ejecutan sus victimas supernumerarias de la clase trabajadora, cuya reproduccion en masa es el factor claque que sirve para aumentar nuestras penurias bajo el peso de la competencia entre nosotros mismos, que no acabamos de entender la naturaleza de nuestros problemas y por tanto nos privamos de uno de los intrumentos para la lucha por nuestra liberacion . Paremos de reproducirnos como ganado, tal como desea el capitalista, y veremos como la "ley de la oferta y la demanda" acabara por ponerles un freno al despotismo absoluto que ellos ejercen sobre todos nosotros, trabajadores pobres y nunca bienpagados, siempre sobre-explotados. " Todas las ruedas del mundo se pararan si tu poderoso brazo asi lo quiere" . Hombres y mujeres trabajador@s del mundo unios!

    Hace 4 años 9 meses

  9. teresa

    De acuerdo con lo que dice Carlos (primer comentario): "Necesitamos diferenciar entre empleo y trabajo.".

    Hace 4 años 9 meses

  10. Carlos

    Necesitamos diferenciar entre empleo y trabajo. El empleo es una actividad productiva que haces bajo la presión yel miedo de poder comer, beber, y básicamente para tener acceso a bienes y servicios. Aunque te gusten tus herramientas, por ejemplo una cámara si eres fotógrafo, lo que te hace feliz es cómo, cuando, para qué y por qué las aplicas. En el empleo lo haces todo cuando te lo dicen, y por el motivo por el que te lo dicen. El trabajo es una actividad productiva que haces a cambio de sentimientos positivos o recompensas que te hacen feliz. Por ejemplo la investigación científica, el arte, cuidar de los hijos, el activismo, el voluntariado, estudiar aquello en lo que estás interesado, etc. El artículo plantea que con el advenimiento de la inteligencia artificial y la destrucción de empleo u horas de empleo, no nos quedará nada más que hacer que mirar al techo o el ocio. Falso. Nos queda el trabajo.

    Hace 4 años 10 meses

  11. Unokepasaba

    Gran colacao mental. El rigor para otro día ya si eso.

    Hace 4 años 10 meses

  12. Ferrán

    Muy buen artículo. Recomiendo este que me hizo mucha gracia: http://www.colectivoburbuja.org/manuel-sanchez/trabajo-porque-es-lo-que-hay/

    Hace 4 años 10 meses

  13. Jaume

    Interesante artículo y enhorabuena por la traducción. Relacionado con este artículo recomiendo el libro "lights in the tunnel" de Martin Ford. Me pareció una visión práctica, interesante y positiva sobre el futuro del trabajo.

    Hace 4 años 10 meses

  14. Tino

    Excelente traducción. Me gustaría añadir que la productividad ha aumentado una enormidad, gracias sobre todo a Internet y a la colaboración. Desafortunadamente, los beneficion de ese tremendo incremento han ido a unos pocos individuos y los demás nos hemos quedado a dos velas. Pero cambiar el sistemas empieza por cambiar la propiedad intelectual. Imagínate que creas una empresas pequeña y trabajas como loco para poner en el mercado tu producto. Las grandes compañías tienen mil modos de arruinarte. Que si las esquinas de la pantalla son redondas (Apple), que si utilizas una solución de sentido común, protegida por una de sus patentees. Prepárate para gastar millones en abogados... En definitiva, sin un cambion de las leyes de la propiedad intelectual no hay nada que hacer. Eso o la rebelión. Un saludo desde los EE.UU. al borde del desastre. En fin, veremos...

    Hace 4 años 10 meses

  15. Toi

    quemasda, mas bien será música celestial para lo monárquicos.

    Hace 4 años 10 meses

  16. Arnau Rodríguez Illamola

    He escrito un comentario y no se publicó. Bueno, en resumdas cuentas: que o Faraonismo universal con esclavitud regularizada internacionalmente o Star Trek (desaparición de fuerzas políticas). Que el IA nos lleve a lo segundo o que nos sustituya por favor. La bajeza moral como especie está alcanzando cotas poco vistas en la historia humana... Te linkeo a http://drarnau.blogspot.com.es/

    Hace 4 años 10 meses

  17. Arnau Rodríguez Illamola

    Absolutamente de acuerdo. Una muy buena traducción. Aunque todo se base en deuda futura y por lo tanto en empobrecimiento del futuro y aunque la primera injusticia que destroza la sociedad es que el capitalismo tiene leytra pequeña en la que se sentencia que el valor viene dado por negocios claramente no registrados, sin imposiciones, de origen claramente criminal y delictivo moral y legalmente. Aunque el valor de la producción está ligado a la destrucción de sociedades, guerras, destrucción ecosistémica y destrucción de la Tierra al fin y al cabo, se podría describir el trabajo actual como una absurda competencia desleal entre el capitalismo y el capitalismo por falta de otra ideología "competente". En el pasado, la competencia entre comunismo y capitalismo nos hizo tener la posibilidad de vernos ridículamente empequeñecidos en el Universo, pero al quedar solo el capitalismo el resultado fue que nos redujimos moralmente. Aquí hay solo 2 destinos posibles, y no es ninguna broma, o un lugar sin fuerzas económicas o un faraonismo universal con esclavitud declaradamente legal internacionalmente. Espero que el IA nos lleve a Star Trek, de lo contrario, espero que nos sustituyan. porque estamos alcanzando picos nunca vistos de cinísmo, hipocresía, malas artes, ignorancia global y vergüenza a nivel de especie. Te linkeo a mi blog, dado que tenía planeada una entrada parecida a esta: http://drarnau.blogspot.com.es/

    Hace 4 años 10 meses

  18. Mentalmente

    Totalmente de acuerdo. El trabajo es el problema, no la solución. Desde la revolución industrial más. A ver si vamos entendiendolo. Me alegro de oir gente que es capaz de pensar por si misma y llegar a conclusiones obvias.

    Hace 4 años 10 meses

  19. pingüino

    quemasda has dicho: "Esto de no tener que trabajar es música celestial para la mayoría de los de izquierdas." Cuando recuperes tu cerebro, avisa

    Hace 4 años 10 meses

  20. Joanot47

    Hoy en visto un reportaje sobre los chinos y el trabajo. No es la primera vez que lo oigo, y por eso sé que muchos, demasiados, piensan que en España somos unos vagos porque trabajamos sólo 7 u 8 horas, tenemos vacaciones y descansamos los fines de semana. Eso sí, el sueño de todo chino es trabajar sin descanso, todo lo que se pueda, y acabar haciéndose rico. No se dan cuenta de que para que haya ricos ha de haber pobres. Se ven ricos colectivamente si trabajan muchas horas y no descansan... Da pena la revolución cultural, el socialismo y todo lo que deberían haber aprendido con estas ideas que se suponen fueron (son) omnipresentes en su cultura. Ya en el primer tercio del siglo XX, los anarquistas, socialistas y comunistas también, consideraban que si una sociedad se desprendía de todos los oficios que no producían, y la Humanidad se centraba en producir planificadamente, el hombre no necesitaría trabajar más de dos horas al día o sus correspondientes semanales, quizás algunos meses más u otros menos, centrándose en organizar una sociedad que primase el cultivo de la cultura, las artes, la investigación, el ocio productivo, las relaciones y la toma de decisiones colectiva para que nadie pudiese vivir ni decidir a costa de nadie. Ya Marx alertaba de que el trabajo no era libre, sino la esclavitud que obligaba a muchos a producir para que otros viviesen sin trabajar... ¿Es que a los chinos no les han explicado El Capital? El 1 de mayo 1886, en reivindicación de la jornada de 8 horas, se detuvo arbitrariamente a 7 anarquistas, tras una manifestación en Chicago, y acabaron siendo ejecutados. La burguesía de entonces clamava contra las 8 horas porque iban a hundir la economía y harían imposible e inviable la sociedad capitalista. Tras años de lucha, la jornada de 8 horas se ha convertido en un horario consolidado en las sociedades occidentales. Con las 8 horas, que se convirtieron en la jornada labnoral por excelencia, la sociedad humana ha conocido la era de mayor, progreso, riqueza y bienestar de toda la historia. Sin embargo, el progreso científico y técnico, la robótica, la informática, maquinarias cada vez más sofisticadas, etc, han ido dejando sin trabajo al proletariado, que se ha convertido en una legión que compite por trabajos intrascendentes dedicados al sector servicios, cuando la fórmula capitalista para mantener sus estructuras sin vaivenes erráticos sería muy sencilla: reducción horaria que incluyese a todos los trabajadores con un salario digno. En concreto y para ya, 35, o 30 horas con el salario de un empleado medio; unos 1200 € en 14 pagas. Si el progreso no incluye a todos estallará la rebeldía... o la indolencia... o la delincuencia generalizada. Eso es lo que nos espera por haber dejado de soñar.

    Hace 4 años 10 meses

  21. quemasda

    Esto de no tener que trabajar es música celestial para la mayoría de los de izquierdas.

    Hace 4 años 10 meses

  22. tatin

    jo!!

    Hace 4 años 10 meses

  23. Mario

    Emprender algo en la vida puede ser tan triste como esperanzador. Por un lado nos damos cuenta con claridad del chantaje que se nos hace desde esta sociedad y es que debes ganarte las castañas como sea si no quieres acabar en el paro, la pobreza y la exclusión social. Emprender no es una decisión libre, es una decisión valiente y de la que dependen muchos aspectos de nuestras vidas. Lejos de ser una mera canalización de una idea innovadora, de un proyecto de vida en el que creer, de un trabajo sobre el que articular nuestros deseos, es más bien una apuesta en un juego de poker. La tensión interna es la misma que la de un ludópata apostando dinero, solo que en nuestro caso apostamos algo más, incluso: Nuestro dinero, nuestro tiempo, nuestra imagen de nosotros mismos... Que fácil es obsesionarse trabajando en condiciones de absoluta precariedad, ese trabajo invisible no remunerado detrás de cada proyecto, en un afán por calmar ese monstruo interior, esa inseguridad que atraviesa tu vida en todos los niveles. Si todo va mal es el rechazo en tu familia, son otros tantos años en casa de tus padres, otros tantos meses en ese curro de mierda que se asemeja más a una dictadura que a una democracia, otras tantas vacaciones en casa, otro día sin comer. No nos jugamos cualquier cosa si no nuestra vida misma ya que cada vez que aceptamos la precariedad (física y mental) en nuestras vidas nuestros sueños se alejan, el tiempo pasa, y se debilita nuestra fuerza interior. El trabajo es hoy en día un medio de opresión interiorizado tanto como lo es la adicción en cualquiera de sus formas. Y es frente a este paisaje desolador, que de alguna manera llegamos a aceptar como normal, sobre la que se asentan discursos de sacrificio, competitividad y renunciar a tus sueños que impregnan el mundo emprendedor. Todo por el puto dinero. Son discursos pesimistas de agachar la cabeza, que brotan de las bocas de personas con poca estima de si mismas, con sueños rotos y frustración, con múltiples pérdidas en esta vida y con adicciones en las que caemos para compensarlas. Mal de muchos consuelo de tontos. Pues la verdad es que es todo mentira porque hay ejemplos de que sí se pueden hacer las cosas cooperando y de que emprender puede estar al alcance de todas. Y por eso es bonito cuando a pesar de todo una persona recupera su fuerza de espíritu, su capacidad de hacer frente a las adversidades y de reinventarse a si mismo, de reconocer sus traumas y sus fortalezas y de quererse a si mismo lo suficiente como para no dejar que sean factores externos los que controlen su vida, y se da cuenta del inmenso poder que está en su mano cuando se une con otras para hacer posible lo imposible. Solo no puedes, con amigos sí. Y este cambio depende de dos aspectos clave que son el mundo interno y el externo; la fortaleza interior y el entorno socio-económico. El aspecto externo es fundamental y tiene que ver con las redes de apoyos con las que una persona cuenta. Apoyo económico por ejemplo de tus padres y familiares, que siempre te pueden encontrar un curro, pagarte los estudios o comprar tus servicios. Contactos, amigos, conocidos con los que poder montar algo y conocer como estan las cosas. No todo el mundo puede emprender, no existe la igualdad de oportunidades, y una razón es porque mucha gente está en una situación económica de partida que le impide dedicar tiempo y esfuerzo a algo que no sea ganarse el pan de cada día. No tienen tiempo, no son libres de pensar, y así están millones en todo el mundo, con la cabeza al servicio de la supervivencia, tratando de llegar a fin de mes, o al final del día. Y esto es una vergüenza para toda la sociedad, ya que existe una verdadera abundancia de recursos y permitimos que nuestros iguales pasen penurias de todo tipo. A este respecto debemos hacer algo de forma colectiva y recuperar nuestra dignidad como pueblo. Todo esto tiene un efecto directo sobre el segundo aspecto que es el interno, es decir, la fortaleza interior, la fuerza de voluntad, la autoestima, el autoconocimiento y el amor propio. Esta cualidad es fundamental y depende en gran medida de uno mismo aunque es cierto que las circunstancias externas tienen un fiero empeño por acabar con nuestras capacidades internas. Hay casos de personas que en las peores circunstancias han mantenido su integridad personal y otras que en las mejores se han perdido por completo a sí mismas. Aquí es donde podemos hacer algo de manera individual y en nuestro entorno más cercano. Reconocer nuestras circunstancias vitales y adoptar una actitud activa y positiva. Sin esta voluntad de autogestionarse la vida uno mismo y ser libre, puedes llegar a convertirte en uno de los múltiples esclavos con pasta del sistema. Esas personas trajeadas, inmersas en adicciones de todo tipo, tratando al mundo tan mal como ellas se sienten tratadas. Esas típicas emprendedoras sin principios ni valores que se acumulan en las bolsas del mundo, en las corporaciones y en los gobiernos. Son igual de miserables sus vidas que las de aquellas que se pasan la vida trabajando para sobrevivir. Los méritos económicos es la que tanto elogia el discurso neoliberal obviando que las circunstancias vitales de las personas, es decir, su educación, sus apoyos emocionales, su nivel adquisitivo, su cultura... son determinantes en este momento para perder los valores cooperativos y adoptar una postura competitiva fruto de una visión fragmentada de la sociedad, individualismo, derivada del materialismo, el consumo y los excesos promovidos por las empresas ya que de ello se obtiene un gran beneficio económico a costa de aniquilar los recursos naturales del planeta, y al mismo tiempo de las carencias educativas fruto de un desmantelamiento de lo público que por supuesto responde a los intereses empresariales corporativos. Lo que trato de decir con todo esto es que cada vez que nos dejamos caer en el consumismo nos obligamos a caer en el trabajo precario y la pobreza. Y lo único que se opone a los intereses económicos de las grandes corporaciones y las personas que están al frente de ellas, la miseria, las guerras, el vacío de cada una de nosotras... es la solidaridad. Las luchas tradicionales han puesto el foco en la solidaridad en el trabajo, es decir, en los que luchan para sobrevivir y ha creado una imagen de los empresarios acorde a los valores que tenían por aquel entonces. Pero ahora hay dos tipos de emprendimiento posible y uno de ellos es quizá la apuesta más prometedora que tenemos como sociedad y como individuos para inaugurar una nueva era de abundancia, cooperación, paz y sostenibilidad. Se trata de la economía social y solidaria o economía del bien común, del emprendimiento con valores, cooperativo, de código abierto, y también de ejercer el poder de consumo, infravalorado tradicionalmente por las luchas obreras, y ponerlo al servicio de una nueva economía que asiente relaciones humanas duraderas basadas en el apoyo mutuo, independientes de los ciclos políticos. De nada vale salir a la calle y al día siguiente apoyar con nuestro consumo a las mismas corporaciones que ayer criticábamos. El emprendedor cooperativo se apoya en las redes que ya existen para definir su idea, encontrar compañeros, financiar, encontrar consumidores y poner en marcha su proyecto de vida y debe hacerlo con relativa calma y disfrutando del proceso, cuidando ante todo las relaciones entre las personas y a uno mismo para garantizar que se llega al fin deseado. Las prisas y la necesidad nos lleva a renunciar a menudo a nuestros principios y acabamos pareciendonos demasiado al resto de empresas capitalistas, jugando la misma partida de póker, porque quizá competimos en su mismo mercado, bajo las mismas dinámicas consumistas. Por ello es fundamental poner en valor nuestros productos y servicios y establecer relaciones más directas y de compromiso entre consumidoras y productoras. Bienvenidos al mundo del consumo consciente y colaborativo. El sistema capitalista es enormemente ineficiente debido a la centralización, burocratización y jerarquización de sus estructuras y está lleno de trabajos que no aportan nada a la sociedad. Es hora de poner a las personas en el centro de la economía y de superar los escollos que se interponen entre las ideas y los proyectos para que el dinero sirva a un fin más humano que el lucro. Un abrazo muy fuerte compañeras/os!!!

    Hace 4 años 10 meses

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