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TRIBUNA

Sobre patrias democráticas y otros peligrosos oxímoron

Comentarios a un artículo de Clara Ramas

Juan Domingo Sánchez Estop 17/09/2018

<p>Imagen de campaña de Unidos Podemos.</p>

Imagen de campaña de Unidos Podemos.

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El artículo de Clara Ramas que comentamos aquí se titula Ocho claves para el patriotismo democrático que viene. Este artículo se integra dentro del esfuerzo de la dirección de grupos políticos populistas como Podemos por dar nueva legitimidad y lustre al término “patria”. Para ello se ha venido proponiendo que ese término adquiera, además de la tonalidad afectiva que ya añade a la idea de nación, contenidos progresistas, sociales y emancipatorios siguiendo el ejemplo de los populismos de izquierda de América Latina. El problema que se plantea con este término en España es triple: 1) por un lado, a diferencia de los países de América Latina, España no es un país ex-colonial sino un antiguo imperio, por lo cual la apelación a la patria tiene más una tonalidad de dominación que de emancipación; 2) a diferencia de Francia, que fundó con la Revolución una nueva nación teóricamente igualitaria, democrática y unitaria sobre los restos de los “países” en los que reinaba la monarquía absoluta, en España no triunfó revolución alguna, sino una de las más sanguinarias contrarrevoluciones, la dirigida por el general Franco, por lo cual las apelaciones a la patria son indisociables del Estado y de los lemas de sus aparatos represivos como la Guardia Civil, la Legión u otros cuerpos e institutos armados; 3) por último, el término patria es de difícil manejo en un contexto como el español en el que la pluralidad de nacionalidades y lenguas hace imposible una identificación sentimental universal y exclusiva como la que reclama para sí el significante patria. A pesar de las señaladas dificultades, no duda la autora en volver a proponer este significante a la izquierda española como elemento de aglutinación afectiva de un bloque hegemónico. Lo hace siendo consciente de todo lo anterior, aceptando por consiguiente la carga semántica y las asociaciones que el término ha adquirido en la reciente historia española. Ante un ascenso de los populismos de derechas que banalizan hoy el fascismo y su discurso, parece que según Clara Ramas, va siendo hora de que la izquierda recupere al menos en parte ese lenguaje para poder adquirir una posición hegemónica.

Frente al caos y la inseguridad provocados por la crisis, que no se distingue del propio régimen de regulación neoliberal, es necesario recrear “comunidad”

Y la autora lo hace mediante un texto sorprendente, que rompe las barreras antes existentes en la izquierda y realiza un extraordinario ejercicio de reapropiación de la retórica falangista para recuperar y resignificar el término “patria” como patria democrática, feminista, ecologista y centrada en los cuidados. Esta patria busca contraponerse al caos generado por el neoliberalismo, que es visto por la autora como fuente de desorden y no como un modo de regulación de las economías y sociedades capitalistas en el que vivimos desde hace más de cuatro décadas. Frente al caos y la inseguridad provocados por la crisis, que no se distingue del propio régimen de regulación neoliberal, es necesario recrear “comunidad”; la autora percibe en este empeño una cierta identidad entre sectores políticos abiertamente xenófobos y racistas y movimientos populares de resistencia a los efectos sociales del neoliberalismo. Resume Clara Ramas: “Construcciones políticas recientes de signo muy diverso tienen algo en común: frente a ese bloque neoliberal, tratan de refundar el lazo social y (re)construir un pueblo. Redefinir, pues, un sentido de patria”.

Esta comunidad (Gemeinschaft) era, para la sociología alemana de principios del XX y en concreto la de Ferdinand Tönnies, el término que se oponía a la sociedad individualista y egoísta basada en los intercambios comerciales a la que se reservaba el nombre de sociedad (Gesellschaft). La comunidad daba a esta última, sin llegar nunca a abolirla, un suplemento de alma, una tonalidad afectiva y un sentido colectivo. Frente al individualismo del mercado se yergue una comunidad que funciona como un todo orgánico dotado de una finalidad propia. El término comunidad, más allá de su uso liberal y vagamente socialdemócrata por Tönnies, que prefigura la problemática del ordoliberalismo alemán de postguerra, fue recuperado por el pensamiento nacional-socialista como Volksgemeinschaft, comunidad de pueblo basada en la raza.

Por otro lado, la autora hace gala de un idealismo radical en su método, coincidiendo en ello con otros escritores políticos españoles actuales. Este método abandona sistemáticamente toda perspectiva que tenga en cuenta la base material (al menos en este artículo, ya veremos en los siguientes) y se limita a una crítica moralizante de la realidad. El lugar de entenderla, prefiere ridiculizarla, lamentarla o maldecirla. Sin embargo, lo que se presenta como un caos y una "disolución" del vínculo social, como la desaparición de las identidades en la globalización, etcétera no dejan de ser unas relaciones sociales de producción bastante precisas que corresponden a la fase actual del capitalismo. Unas relaciones sociales de producción a las que corresponden modalidades específicas de la lucha de clases y formas específicas de configuración o recombinación de las identidades. Unas relaciones sociales de producción que solo existen ya dentro de una nueva geografía de la producción (nos lo están enseñando hoy mismo las luchas a escala europea de los trabajadores de Ryanair, pero antes las de los trabajadores de Uber, de los Sioux de Dakota, etc.), que la autora prefiere ignorar en lugar de pensar el modo de resistir a la explotación y la dominación en el marco material y geográfico existente.

A ello prefiere la autora un auténtico planteamiento hobbesiano en variante progre, en el cual la respuesta al caos y la inseguridad no es la organización de las resistencias sociales partiendo de la diversidad realmente existente, sino la creación de una auténtica palabra de mando, "patria", por la que un mando político enérgico enderece a cada uno de los países hacia su destino nacional, haciéndoles recuperar su identidad, más allá del “caos” y de la lucha de clases realmente existente. Se trata de regresar a una supuesta soberanía de los Estados como única base posible de la democracia, en un tiempo en el que esa soberanía solo existe en su aspecto represivo y ha perdido toda posibilidad efectiva de intervención sobre una base material que ya no está sometida al dominio territorial de ningún Estado.

El antagonismo de clases es sustituido por una oposición abstracta y binaria entre soberanía y "globocracia", pueblos y finanzas que recuerda mucho a la dicotomía  mussoliniana entre las "naciones proletarias"

Althusser hablaba con ironía de cierto marxismo que ve en la lucha de clases un enfrentamiento entre dos grupos humanos perfectamente identificados, equipados y hasta uniformados, como si fuera un partido de rugby o de fútbol. Esta ilusión se basa en el prejuicio sociológico que hace preceder las clases a su lucha, cuando las clases solo son el resultado de unas relaciones sociales concretas basadas en la expropiación y la explotación. La lucha de clases precede a las clases, lo cual abre naturalmente un gran margen para que estas tengan una composición harto compleja y contradictoria, como la que hoy conocemos. Muchos son hoy quienes frente a la complejidad de las nuevas formas de explotación y resistencia prefieren afirmar que la lucha de clases ha desaparecido por incomparecencia de las clases. Hay quien intenta hacer revivir a la clase obrera mediante una nueva versión del espiritismo, como la que propugna Daniel Bernabé en su panfleto contra la “diversidad”, pero Clara Ramas prefiere sencillamente ignorarla. El antagonismo de clases es sustituido por una oposición abstracta y binaria entre soberanía y "globocracia", pueblos y finanzas que recuerda mucho a la dicotomía  mussoliniana entre las "naciones proletarias" como Italia y las "naciones plutocráticas" de orientación cosmopolita. La solución propuesta va por el mismo camino: recuperar la patria, la soberanía, el sentido del Estado, eso sí en sentido “democrático”. Sin embargo, nada de eso habría chocado al pensamiento fascista, pues este se mueve, como nos enseñaba Jean-Pierre Faye en sus Lenguajes totalitarios, por unión de términos con sentidos contradictorios: “nacional-socialismo”, “revolución conservadora”, “nacionales de todos los países uníos” y –por qué no– “patriotismo democrático” puesto que, como sostiene Carl Schmitt, la democracia es la identidad entre gobernantes y gobernados y esta nunca es más pura que cuando existe una plena identificación con el mando, como la que el significante patria reclama. Sabemos desde Maquiavelo, Spinoza y Marx que la democracia se compadece mal con la estructura de mando separada que se llama Estado, aunque este se presente como una “comunidad de trascendencia” (Errejón) o como “unidad de destino en una patria común frente al desarraigo global”. La democracia tiende a eliminar la separación entre gobernantes y gobernados, pero no a través de la trascendencia y de la identificación con un representante o un mando, sino mediante la integración efectiva de la multitud en las instituciones políticas.

Podrá decirse que se trata sólo de ideas, pero esas ideas existen socialmente bajo la forma de palabras con una historia. Puede resultar ingenuo el idealismo de Bernabé, para quien el 11 de septiembre fue un choque de ideas y la historia reciente una lucha de ideas en la que destaca la oposición entre la idea de la diversidad y la, no menos idea, de la lucha de clases (pues tampoco este autor parece preocuparse mínimamente por lo que Marx llamaba "la base material"), pero Clara Ramos da un paso más y nos introduce deliberadamente en gigantomaquias de ideas que serían hoy ridículas si su cercanía al discurso abiertamente fascista no espantara.

Autor >

Juan Domingo Sánchez Estop

Es Escritor y filósofo independiente. Colabora con el Centre de philosophie de la ULB en Bruselas. Traductor de la correspondencia de Spinoza al español (Hiperión, 1986) y autor de numerosas publicaciones sobre Spinoza, Althusser y el materialismo. Es miembro del consejo de redacción de las revistas Décalages y Demarcaciones. Autor de La dominación liberal-Ensayo sobre el liberalismo como dispositivo de poder (Ciempozuelos, Tierradenadie, 2013, La Habana, Ciencias Sociales, 2015). Ex-miembro del círculo Podemos-Bélgica."

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14 comentario(s)

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  1. Mascarilla nasal

    A cayetano, es posible que “resignificar” sea discutir la representación, pero en el caso de la Patria española representación y contenidos van unidos. Así, por mucho que se discuta la representación, si sus contenidos -de fuerte raigambre franquista- se mantienen intactos, de poco servirá. Primero habría que empezar por cambiar su contenido: abolir la monarquía, cambiar de bandera y permitir el derecho a decidir o autodeterminación. Sobre el himno de Marta Sánchez mejor ni hablamos…

    Hace 2 años 6 meses

  2. Mig

    Ale, que si, Cayetano, adelante con tus referentes, Mao y Elon Musk. Patria y unidad de destino en lo universal, ya podéis andar todos los rojo pardos bien palotes y soltar la cháchara post moderna mal aprendida.

    Hace 2 años 6 meses

  3. cayetano

    A Mig y Mascarilla Nasal, adjetivos peyorativos gratuitos que no aportan nada a parte. Mascarilla facial dice algo interesante, "Mientras que la Patria este representada por...por mucho que se intente “resignificar” mantendrá su genuino tufo franquista." Date cuenta que resignificar es discutir la representación, si no intentas resignificar a la Patria, puede no sólo tenga tufo franquista, sino que incluso pueda abrirse camino el hedor y cobrar vida bajo un nuevo cuerpo de ultraderecha. Un cordial saludo.

    Hace 2 años 6 meses

  4. Mig

    Javierotti, lo que debes hacerse ignorar las pedanterias de la izquierda tricornio, que no hanaprendido nada desde sus glosas a Stalin y Mao.

    Hace 2 años 6 meses

  5. Mascarilla nasal

    Mientras la Patria esté representada por la bandera rojigualda, canturreada por Marta Sánchez, y reinada por un borbón con su sacrosanta y antidemocrática unidad indivisible, por mucho que se intente “resignificar” mantendrá su genuino tufo franquista.

    Hace 2 años 6 meses

  6. cayetano

    A Javierotti, a tus preguntas sólo cabe contestar según y depende. Planteas más un consejo personal que una posición política, y no puede contestarse políticamente. Personalmente no tengo elementos para aconsejarte, cada quien es cada cual y su contexto, incluso en el mismo sujeto no cabe una Revolución Francesa en el Paleolítico, por ejemplo. En cualquier caso, a nadie le deseo nauseas, ni urticarias, siento no serte de más ayuda. Un cordial saludo.

    Hace 2 años 6 meses

  7. Javierotti

    A Cayetano. Entonces ¿qué crees que debo hacer? Racionalizar una nueva identidad de la que carezco, borrar la propia experiencia vivida con, bajo,sin los patriotas, o tomarme alguna pastillita que me quite las nauseas y me evite la urticaria.

    Hace 2 años 6 meses

  8. cayetano

    A Javieroti, Patria ayuda a incrementar el sentido de pertenencia, impulsa la catarsis desde las izquierdas y traslada la lucha propositiva a la enunciativa, al propio lenguaje; favoreciendo la articulación de una mayoría social significada desde las izquierdas. Emoción y razón son integrantes del entendimiento, y creo que los términos políticos deben comprender esa relación. Pretender discursos racionales puros, "desmotivados", es harto complicado. Precisamente he elegido el término "desmotivados", para presentar firmemente su relación como pulsión de razón, aunque domine su presencia como pulsión de desazón. “Desazón” y “razón”, son la visión de un mismo elemento, equilibrado o no por sus emociones, impulsado en cualquiera de los casos por éstas. La emoción también es eticidad, expresión de sus valores, principios, y sus contradicciones. El término Patria significa comunidad de pertenencia, así patria chica es aquella que mejor define nuestra cultura, costumbres, forma de ver el mundo, es el espacio que ocuparía nuestro “clan”, nuestra gran casa u hogar. Reapropiarnos del término Patria, como comuneros de la misma, implica directamente renombrarla desde nuestras costumbres y formas de ver el mundo, cultura. Es trasladar la discusión sobre la realidad al lenguaje. Cuando Iglesias u otr@ referente de izquierdas dice Patria, revoluciona y discute su significado, el modelo de comunidad y país. Y no sólo desde la razón, también de la emoción, invocando el sentido de pertenencia a esa Patria por venir que pretende un pueblo, Gran Hogar del Gran Clan, que nos identifica como somos, racionales y emocionales . Además, la indignación transversal a la involución social por articular en mayoría social, necesariamente es más amplia que el gran club de los convencidos. Crisis significa catarsis, y debemos facilitar el tránsito reflexivo, establecer significantes que faciliten a las razones coincidir en esa común mayoría social, que permitan articularla. Con el término Patria puedes significar la misma comunidad estatal que propones para España. Pero aportando tres elementos: el sentido de pertenencia-emocional- que decías y tenemos aunque lo neguemos, somos humanos; facilitar la catarsis resignificativa a quién ya contaba con el sentido de pertenencia; y afrontar no sólo la lucha propositiva, sino también la enunciativa, trasladándola al lenguaje y sus significados.

    Hace 2 años 6 meses

  9. Javierotti

    Hay también un aspecto que no tiene en cuenta Clara Ramos ni el presente artículo. La apelación patriótica busca una respuesta emocional de adhesión, pero bien puede ser que, en el seno de la izquierda, resulte divisiva. A mi personalmente, me da repelús oír a Pablo Iglesias nombrar a la patria. Y en general además el escozor de la urticaria me hace ponerme en guardia. Salud.

    Hace 2 años 6 meses

  10. Siervo de la gleba

    Sin la publicación del libro de Daniel Bernabé “La trampa de la diversidad” todo el debate y séquito de artículos mayormente de una izquierda postmoderna (parlamentaria y extraparlamentaria) dolida en su ego, no se habría dado. Algún mérito tendrá el libro entonces cuando si algo queda claro de su contenido es el abandono de la cuestión material por parte de la actual izquierda institucional postmodernizada. Y en esa línea persevera el artículo de Clara Ramas, en más de los mismo, en sobrevalorar el plano simbólico a ver si ahora a base ingeniería léxica conjugada (“patriotismo democrático”, “comunidad transcendental” u horteradas similares) logramos un “sentido común” gramsciano que nos transforme a todos en seres ejemplares y tan comunitarios como los curas. Pero se olvida que quizá para entonces la precariedad laboral y la pobreza haya acabado ya con todo bicho viviente. Las “mentes pensantes” de Podemos no dan más de sí, están atascadas en postestructuralismo 4.0. Y el votante que no necesita ni dios, ni patria, ni rey, sino una Renta Básica Universal e Incondicional (RBU) que le garantice las necesidades básicas materiales, empieza a desertar.

    Hace 2 años 6 meses

  11. cayetano

    Más radical que Iñaki, aunque en la misma dirección, diría que los conceptos existen en tanto describen realidades o intereses, y lo que no se nombra ha perdido interés ergo no es (esa es la base del ostracismo). Cómo dice Iñaki si hay conceptos o palabros con potencia de articular discursivamente, que se quieran resignificar disputando el significado al viejo significante, es cuestión de ver si cumple o no la misión, mejor o no que otros significantes. La utilización del término patria por la izquierda, la española también, no es novedoso por mucho que se insista. La proclama ¡PATRIA O MUERTE! ¡VENCEREMOS! es vieja. Así como la negación de patriotismo a la derecha española, patriotismo de cartera o patria en la billetera, o que para la Generación del 27 en el exilio fuera tema recurrente la patria perdida… Enseñan más bien, como la apropiación del término patria por la losa franquista, consiguió resignificarla exclusivamente, hasta el punto que daba repelús, decir Patria o España con independencia de la noción que tuvieras sobre la misma, si eras de izquierdas. Cosa que no le ocurría a Dolores Ibárruri (La Pasionaria) cuando finalizaba así la despedida a los brigadistas internacionales: > Precisamente de lo que nos habla Clara es de discutir, disputar esa significación de Patria. ¿Qué sentido u oportunidad tiene? Se le antoja útil para recorrer mejor la transversalidad de la Crisis que atraviesa a: trabajadorxs postfordistas, asalariad@s o por cuenta propia, precariad@ o no, jubilad@s, o clases medias o profesionales liberales, o cualquier identidad de entre la diversidad que es también sustancialidad de vida. Para en ese recorrido transversal que causa la involución social en todos ell@s, y ante los nuevos valores o propuestas en pugna, podamos articular a dicha mayoría social y variopinta en torno a un modelo de sociedad, de país, que se hace patria al interiorizarlo como propio. Un sentido de patria que recoja las comunes condiciones de vida e intereses, de la diversidad material e identitaria, que recorre transversalmente a la sociedad por mor de la Involución social que sigue significando la Crisis, pese al crecimiento económico. José Félix Tezanos, actual presidente del CIS e ideólogo del PSOE, hace ya alguna década escribió “la sociedad dividida”. En ella analizaba la evolución social a que estamos asistiendo, y no encontraba forma humana de dar respuesta a las contradicciones y diferencias que identificarían a las “clases populares” (y describió, anticipándose, con bastante precisión), siendo de genialidad anticiparlo por el año 2.001 –el de la Odisea por el Espacio-, desde una perspectiva progresista. Luego pergeñaba un futuro bastante oscuro, del que está por ver, si nos hemos librado. De lo que se trata (al respecto de la materia en debate) es de encontrar el concepto o palabro que signifique un proyecto de país, con el que articular a la mayoría social –por ende transversal en lo sustancial sea material o identitaria- en base a sus condiciones de vidas, por diversas y diferentes que sean (incluyendo razas, culturas, géneros, estilos de vida o expresión plástica de rebeldía…, y lugares ocupados en el proceso de producción e intercambio). Ese modelo de País, que reúna los intereses comunes frente a la Crisis y sus consecuencias, así como propuestas que articulen tal amplitud de alianzas, para lo que un concepto de Patria reapropiado desde el pueblo, puede ser útil. Utilidad que se extiende, porque no decirlo también, al imprimir más fuerza catártica a la transversalidad de origen socio-económico o cultural, que ya supone una Crisis. Facilitando el tránsito a sectores sociales antes renuentes, pero que ahora comparten los efectos perniciosos de la involución social, y que también por ello, ante el vacío de respuesta pueden ser atraídos por la ultraderecha. Ese concepto de Patria es útil para articular la significación que reúna en su entorno a una mayoría social variopinta, pero que sufre la involución de la Crisis. Y ello desde la pretensión de recuperar la seguridad solidaria del significado de comunidad, esa comunidad cuya demolición está alentando el auge de la xenofobia aporofóbica y a la ultraderecha. Podría darse el caso, que como se apropiaron del término Patria y lo significaron desde el franquismo español y la derecha, se apropiaran también del término comunidad. De tod@s depende, que por la dignidad de la comunidad nos reapropiemos del término patria, resignificándolo en el imaginario popular y desplegando su fuerza articuladora. Siguiendo el razonamiento del inicio del comentario de Iñaki, si alguien tiene un significante que pueda servirnos mejor al objeto de articular los intereses comunes de tan variopinta mayoría social, adelante, que lo proponga. De momento, el debate servido sobre el término patria democrática, que en patria sin apellidos dejaría, pues apellidar significa ser categoría de otra, y no ganar la disputa. De forma que o es Patria o hemos perdido la resignificación antes de disputarla. Cómo decía el debate servido sobre el término, nos ha llevado a discernir sobre qué mayoría a de reunir y en base a que realidades, inquietudes e intereses (aunque vagamente). También aprovecharía para aclarar que dicha articulación de mayoría social, no se dará por voluntarismo de colectivo alguno, aunque sea necesario, sino por imbricación y acompañamiento de dichos sectores sociales potencialmente aliables entre sí por los colectivos o formaciones. De manera, que la responsabilidad no cae sobre superhéroes, sino que los dirigentes y partidos también son hijos de cada tiempo, o contexto social.

    Hace 2 años 6 meses

  12. Iñaki

    Los conceptos dejan de "existir" en el mismo momento en el que las palabras que los definen dejan de ser utilizadas. Lo que no se nombra, no es. Esta evidencia lingüística, describe muy bien un aspecto de nuestra humanidad. Ahora bien, como hay determinadas palabras que son muy útiles para determinados discursos, quienes las utilizan tratan de resignificarlas (siempre, cada hablante lo hace) para que encajen en su verdad discursiva. Si la izquierda cree que no hay fronteras, patrias ni naciones, deberá dejar de utilizar esos términos, obviarlos. Y como primera consecuencia, cada uno de los que se denominen y piensen izquierdistas deberán acogerse al estatuto de apatridia. No digo que no pueda hacerse. Pero no veo yo a muchos renunciando a los privilegios de su pasaporte. Y si la izquierda cree en la democracia, tendrá que dejar de utilizar términos como representante, mayoría, diputado, gobernante. Evidentemente, la primera consecuencia sería negar la elecciones representativas y corresponsabilizarnos todos de las leyes mediante referendos. Pero sigue habiendo mucho aristócrata queriendo tutelar al pueblo (negando así que el resto de ciudadanos sean iguales a él mismo).

    Hace 2 años 6 meses

  13. Juan Modesto Casamayor Garcia

    Va de patria, patriotas patriotismo este, mí, comentario: Según búsqueda personal en diccionario. Patria: 1. País o lugar en el que se ha nacido o al que se pertenece por vínculos históricos o jurídicos 2. Lugar o comunidad con la que una persona se siente vinculada o identificada por razones afectivas. Patriota: 1-Persona amante y defensora de su patria (fueron muchos los patriotas que murieron en la guerra). Patriotismo: 1- Cualidad de patriota.("la nueva realidad les exigía anteponer su patriotismo y su convicción cívica a cualquier otro privilegio inmediato") Ahora pasare a escribir que significado tienen para mi las anteriores palabras (repito es mi opinión no deben coincidir con la de nadie ni tampoco crear escuela). Patria, patriota, patriotismo son conceptos que han usado, y siguen usando los seres humanos para dar justificación creíble a las peores atrocidades que han cometido los seres humanos contra otros seres humanos a lo largo de la historia conocida, tanto escrita como verbal, del desarrollo socio político de la humanidad. Ejemplos de esto que expreso anteriormente hay millones yo solo quiero proponer uno bastante reciente:. Lunes 6 de agosto 1945- arma nuclear Little Boy fue soltada sobre Hiroshima matando (yo digo asesinando) a 160000 personas inocentes, civiles, ancianos, niños y mujeres por el solo echo de vivir en Japón. El señor presidente de los Estado Unidos de América Harry S Truman, quien ordeno este ataque, es considerado como un gran patriota y que este ataque fue un acto de patriotismo en defensa de su patria (Estados Unidos de América). ¿Os parece patriota, acto de patriotismo por la patria? A mi solo me parece lo que es realmente: Una gran barbarie, atrocidad, y asesinato sin sentido ni razón, pero muy, mas, mucho acto de patriotismo de un patriota para con la patria. Cada persona que haya dedicado un minuto a leer esto seguramente tendrá otros acto atroces cometidos por patriotas insignes en nombre de la patria y el patriotismo, tan o mas representativos de lo que he querido reflejar aquí yo. Concluyendo, me hace sentir terror escuchar en personas que defienden los DDHH la igualdad, libertad, solidaridad e internacionalismo, las palabras patria, patriota, patriotismo; pues inexorablemente me recuerdan actuaciones de los seres humanos, como el ejemplo que he puesto, siempre en nombre de estas tres malditas (para mi) palabras. Y grito con más fuerza: “VIVA EL INTERNACIONALISMO ENTRE LOS PUEBLOS”. Juan M Casamayor Garcia.

    Hace 2 años 6 meses

  14. zyxwvut

    Ya puede repetir varias veces Daniel Bernabé en su libro "La trampa de la diversidad" que no está criticando la diversidad, sino su uso para fragmentar el conflicto social; ya puede explicar a lo largo del libro que no se puede volver a la situación de las clases sociales anteriores a la hegemonía neoliberal. No sirve de nada. El autor de este artículo pasa de la crítica de brocha gruesa al texto de Clara Ramos al insulto directo, aunque no venga a cuento, al libro de Bernabé; escribe: "Hay quien intenta hacer revivir a la clase obrera mediante una nueva versión del espiritismo, como la que propugna Daniel Bernabé en su panfleto contra la “diversidad"". Es evidente que es imposible pedir un debate razonado en base a lo que realmente se ha escrito. En su lugar predomina la descalificación sumaria, el adjetivo grueso y la burla inventada. Luego se pone un imponente curriculo y ya está. Una contribución más al "debate".

    Hace 2 años 6 meses

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