1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

El escándalo del cáncer en Irlanda y la privatización de la sanidad

Una auditoría reveló que la pruebas de detección de cáncer de cuello de útero subcontratadas por la Sanidad irlandesa dieron cientos de falsos negativos. El Instituto Nacional de Salud optó por no decir nada a las pacientes. Ya hay 18 muertas

Erica X Eisen (The Baffler) 26/06/2019

<p>Carcinoma de células escamosas de cuello uterino.</p>

Carcinoma de células escamosas de cuello uterino.

Manuel Medina (Flickr) / Dominio público

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Hemos fundado la Asociación Cultural Amigas de Contexto para publicar Ctxt en todas las lenguas del Estado. La Asociación es una entidad sin ánimo de lucro que también tiene la meta de trabajar por el feminismo y la libertad de prensa. Haz una donación libre para apoyar el proyecto aquí. Si prefieres suscribirte y disfrutar de todas las ventajas de ser suscriptor, pincha aquí. ¡Gracias por defender el periodismo libre!

En 2014, aquejada de los sangrados que tenía entre los periodos menstruales y después del coito, Vicky Phelan fue al ginecólogo antes de la revisión que tenía programada y le informaron de que padecía cáncer de cuello uterino: los exámenes detectaron un tumor primario del tamaño de una pelota de golf, así como múltiples metástasis en los ganglios linfáticos. Por otra parte, Phelan, de cuarenta y pocos años y madre de dos hijos, trabajaba en un centro de alfabetización en una universidad de Waterford y gozaba de buena salud: no fumaba, bebía con moderación y había participado en maratones. El agotador tratamiento que le recomendó su médico incluía una histerectomía, así como radiación y quimioterapia, al final del cual parecía que el cáncer había remitido.

Sin embargo, menos de tres años después, a causa de un dolor persistente en la parte baja de la espalda, Phelan volvió al médico y, como se temía, le dijeron que los tumores habían vuelto –con la diferencia de que el pronóstico ahora era mucho peor que la primera vez–. En una entrevista con RTÉ, el servicio nacional de radiodifusión de Irlanda, Phelan explica cómo tuvo que esperar a que su hija pequeña estuviera en la cama para darle la noticia a su madre: el médico le había informado de que el cáncer era terminal.

Durante su segundo ciclo de tratamiento, el médico de Phelan le transmitiría otra noticia bomba: una prueba para la detección del cáncer de cuello uterino, que le habían realizado muy anteriormente y a la que le habían dado el visto bueno, había sido procesada erróneamente, le informaba ahora –y el organismo público encargado de gestionar la prueba, el Instituto Nacional de Salud (HSE, por sus siglas en inglés), lo sabía desde hacía mucho tiempo pero no le había informado–. La prueba incorrecta era de 2011, años antes del primer diagnóstico de Phelan. Ahora su médico predecía que solo le quedaban unos meses de vida.

En abril de 2018, el veredicto del proceso judicial contra el laboratorio que procesó erróneamente la citología de Phelan concluyó con un acuerdo de 2,5 millones de euros a favor de Phelan y –gracias a su negativa a firmar un acuerdo de confidencialidad, como estipulaban anteriores propuestas de acuerdo– finalmente estalló como uno de los mayores escándalos de la historia reciente de Irlanda: la revelación de que una auditoría llevada a cabo en 2014 había descubierto que 221 mujeres irlandesas recibieron falsos negativos de pruebas de detección de cáncer de cuello de útero procesadas incorrectamente, que el Instituto Nacional de Salud no se lo había comunicado a la mayoría de las mujeres afectadas y, lo más grave, que continuó manteniendo su relación con los laboratorios que habían ocasionado dichos resultados erróneos.

las decisiones que llevaron a la oleada de pruebas defectuosas fueron adoptadas a pesar de las reiteradas advertencias de expertos y abogados

Si se detecta en las fases iniciales, la probabilidad de sobrevivir cinco años al cáncer de cuello uterino es del 92%, una cifra que se desploma en cuanto los tumores empiezan a extenderse; cuando la demanda de Phelan dio a conocer el escándalo, el cáncer de muchas de las mujeres afectadas estaba mucho más desarrollado que cuando se sometieron a los chequeos. Hasta la fecha, han muerto dieciocho de las mujeres identificadas en la auditoría.

Después del anuncio del veredicto, la noticia ocupó los medios de comunicación irlandeses durante meses, en los que cada semana que pasaba parecía dar un nuevo giro en la saga, ya fuera la dimisión de otro funcionario del Instituto Nacional de Salud, un avance en las múltiples acciones legales que había generado la situación o la noticia de que la cifra de 221 casos conocidos podía estar muy por debajo del alcance total de la crisis. (Dicha cifra únicamente representa el número de falsos negativos hallados en una muestra de pacientes que posteriormente se diagnosticaron con cáncer de cuello uterino, lo cual significa que podían haberse producido más fallos en los chequeos tanto fuera de la muestra de pacientes diagnosticadas como entre el muestreo de mujeres que nunca recibieron un diagnóstico). El anuncio de que un equipo británico de citólogos revisaría los chequeos de todas las irlandesas que habían sido diagnosticadas con cáncer de cuello uterino desde 2008, en un intento de disipar los temores generalizados, fue ante todo la constatación involuntaria del hecho de que la confianza de los ciudadanos irlandeses en su sistema sanitario ha alcanzado el cero absoluto.

Sería reconfortante describir las decisiones que llevaron a la oleada de pruebas defectuosas como si se tratara de una serie de errores nefastos y sumamente lamentables; de hecho, fueron una serie de medidas llevadas a cabo de forma deliberada y adoptadas a pesar de las reiteradas advertencias de expertos y abogados. Esta serie de medidas, y su lógica basada en la sanidad privatizada y rentable, tiene implicaciones que van mucho más allá del Estado de Irlanda.


El gobierno irlandés ofrece citologías cervicovaginales de forma gratuita a las mujeres de entre veinticinco y sesenta años a través de un programa de prevención del cáncer conocido como “CervicalCheck”. Comenzó como un programa piloto más reducido en 2000 y se lanzó a nivel nacional en 2008. Un problema importante que afectó al programa irlandés de prevención del cáncer fue su dificultad para tramitar rápidamente el volumen de pruebas que tenía que llevar a cabo: más de un millón de mujeres entraban dentro de la franja de edad del programa, y el reducido número de laboratorios irlandeses autorizados para procesar las pruebas de CervicalCheck provocó que los tiempos de espera para recibir los resultados enseguida se dispararan. En lugar de centrarse en aumentar la competencia interna, por el contrario, el Instituto Nacional de Salud decidió buscar una solución fuera. Cuando la contratación externa de laboratorios en el extranjero, en un intento de mitigar el retraso, se tradujo en rápidos plazos de entrega, en 2008, el ente estatal decidió adjudicar dos contratos de mayor duración para el procesamiento de pruebas a empresas estadounidenses: Quest Diagnostics y CPL Labs, asociada a MedLab Pathology. Lo que había empezado como una medida provisional, rápidamente se convirtió en una parte integrante del programa de detección de cáncer de cuello uterino del Instituto Nacional de Salud.

Científicos preocupados de que la contratación externa ocasionara un desajuste de los sistemas médicos con consecuencias desastrosas enseguida dieron la voz de alarma. Irlanda y Estados Unidos llevan a cabo las pruebas de detección de cáncer de cuello uterino con calendarios distintos, lo cual genera diferencias en el modo en que los laboratorios de los respectivos países analizan sus resultados. En Estados Unidos recomiendan las citologías una vez al año, mientras que en Irlanda se recomiendan una vez cada tres o cinco años dependiendo de la edad de la mujer. En consecuencia, los laboratorios irlandeses utilizaban un método de “detección profunda” para observar las citologías, mientras que los laboratorios estadounidenses emplean un tipo de análisis más superficial que se suponía que se compensaba con la frecuencia de los exámenes. Para más inri, entre los dos países existen diferencias metodológicas en los sistemas de detección precoz, principalmente que los laboratorios irlandeses volvían a analizar cada prueba que resultaba negativa, mientras que los laboratorios estadounidenses solo lo hacía con una quinta parte de estos resultados negativos. Si las citologías irlandesas se enviaban a procesar a los laboratorios estadounidenses, se temía que las trataran como a las pruebas estadounidenses –lo cual, teniendo en cuenta la relativa infrecuencia de las pruebas de detección de cáncer de cuello uterino en Irlanda, fácilmente podía derivar en consecuencias desastrosas–.

Esta preocupación se manifestó incluso antes de que se hubieran adjudicado los contratos a largo plazo a los laboratorios estadounidenses. En 2007 –cuando la contratación externa de las pruebas todavía era una solución temporal–, empleados del Hospital Universitario de Cork identificaron dos casos de cáncer que Quest no había detectado, con lo que devolvieron al laboratorio una serie de pruebas para que volvieran a hacerlas, informó el Irish Medical Times. Parece que el artículo pasó inadvertido en el momento de su publicación. También hubo resistencia al traslado a laboratorios extranjeros por parte de aquellos que trabajaban en las iniciativas de salud pública estatal. El doctor David Gibbons, que presidía el grupo de citología e histología del Programa Nacional de Detección de Cáncer de Cuello de Útero, expresó sus dudas acerca del traslado a los centros de procesamiento estadounidenses en 2008. “Nuestros científicos examinaban entre veinticinco y treinta casos al día; los científicos estadounidenses examinaban entre ochenta y cien”, explicó en una entrevista con RTÉ –pero la velocidad que atrajo al Instituto Nacional de Salud, con un retraso cronificado, en realidad era una parte del problema–. Darle a las citologías irlandesas el tratamiento de “detección rápida” daría lugar a un repunte de falsos negativos, sostenía Gibbons, incluso probablemente hasta 1.000 por año, según sus cálculos iniciales. Hizo referencia a datos que mostraban que la tasa de detección de células precancerígenas era un tercio más baja en los laboratorios estadounidenses que en los laboratorios irlandeses. Tras manifestar su preocupación y hallar la oposición de Tony O’Brien (entonces director general del Servicio Nacional de Detección Precoz de Cáncer), Gibbons y un grupo de colegas científicos dimitieron en señal de protesta. Este gesto, también, pasó inadvertido: el plan de contratación externa siguió adelante.


Las predicciones de Gibbons y otros se confirmaron cuando CervicalCheck llevó a cabo una auditoría interna de sus casos en 2014: un control de calidad rutinario examinó aproximadamente 3.000 diagnósticos de cáncer de cuello uterino realizados en Irlanda desde 2008 y descubrió que algunas mujeres habían recibido falsos negativos de exámenes del programa CervicalCheck. Ninguna prueba médica es infalible y ningún técnico de laboratorio es inmune a los errores; no obstante, en este caso, el número de falsos negativos era notablemente superior al índice generalmente aceptado de entre el 5% y el 10% en el caso de las pruebas de Papanicolau. En este punto hubo un fallo crucial en la señal de advertencia. En lugar de transmitir a las pacientes afectadas la información desvelada por la auditoría, el gobierno eligió restringir la información a “fines únicamente educativos y formativos”. Las pruebas de Papanicolau irlandesas, durante y después de la auditoría, seguían enviándose al extranjero para su análisis.

El director general del Servicio Nacional de Detección Precoz de Cáncer admitió que conocía las acusaciones de fraude a la empresa Quest antes de seleccionarla

A partir de 2016, tras un aparente cambio de parecer, CervicalCheck comenzó a enviar los hallazgos de la auditoría a los médicos de las mujeres en cuestión; sin embargo, no hizo nada por ponerse en contacto con las pacientes directamente. El juicio Vicky Phelan sacó a la luz pública la correspondencia entre Kevin Hickey, médico de Phelan, y Gráinne Flannelly, entonces directora del programa médico preventivo CervicalCheck (dimitió inmediatamente después de la publicación de estos mensajes). En los mensajes, Flannelly sostiene que sencillamente no se debía informar a todas las mujeres afectadas por los resultados. La conversación entonces deriva en una discusión sobre a quién le corresponde informar a las pacientes de los errores de CervicalCheck en aquellos casos que “debían” informar. La pelea para escurrir el bulto entre los dos facultativos se prolongó hasta que, en septiembre de 2017, Hickey decidió informar a Phelan de los resultados de su auditoría. En el caso de al menos 162 mujeres, sin embargo, nunca se comunicó nada sobre la auditoría. Si Phelan no hubiera emprendido medidas legales contra CPL Labs, no está claro que esta información se hubiera dado a conocer en algún momento.


Lo que no ha aparecido en la mayor parte de la tormenta mediática alrededor del escándalo del cáncer de cuello uterino ha sido una reflexión acerca del modo en que los contratos adjudicados a laboratorios médicos estadounidenses ilustran hasta qué punto el Instituto Nacional de Salud estaba dispuesto a reducir costes a expensas de los ciudadanos irlandeses, así como el modo en que la utilización de laboratorios estadounidenses encaja en la tendencia más amplia dirigida a una “privatización paulatina” de la sanidad irlandesa en general. Incluso un simple vistazo al historial de litigios de Quest Diagnostics es suficiente para disparar las alarmas inmediatamente. Una demanda presentada en 2009 por un informante alegó que, entre 2000 y 2006, una de las filiales de la empresa fabricó y comercializó a sabiendas test defectuosos para determinar los niveles de la hormona paratiroidea y, por lo tanto, estafó al gobierno federal al suscitar reclamaciones falsas de Medicare. Las pruebas, empleadas principalmente en pacientes con diálisis, tendían a dar resultados altos; para combatir los niveles elevados detectados de PTH, los médicos recetaban inyecciones de vitamina D, que pueden causar calcificación en los vasos sanguíneos cuando se utilizan en exceso, e incluso requerían una operación para extraer la glándula paratiroidea, lo que obligaba a los pacientes a someterse a intervenciones médicas innecesarias y dolorosas. El acuerdo de 302 millones de dólares de la demanda es la cifra más alta que ha tenido que pagar un laboratorio de análisis médicos en relación a un producto defectuoso. En esa misma época, Quest resolvió otra demanda en la que se alegaba que presentó deliberadamente solicitudes de reembolso duplicadas por el procesamiento de miles de análisis de sangre durante un periodo de diez años, con lo que, una vez más, estafaba al gobierno federal. En un tercer caso, el laboratorio pagó 6 millones en un acuerdo por las acusaciones de que sus filiales habían ofrecido sobornos a médicos que usaban sus pruebas y renunciaban a los copagos de los pacientes que optaban por sus servicios; la demanda también alegaba que la empresa había alentado a los facultativos a solicitar pruebas innecesarias.

Estos casos recientes forman parte de un historial mucho más extenso de fraude y malversación –y los grupos de defensa de los pacientes plantearon este problema poco después del proceso de licitación que llevó a Quest a su contrato original en 2008, en el que presentaron a los funcionarios del estado detalles de los enredos legales de la empresa durante casi una década–. Sin embargo, a pesar de las repetidas acusaciones de que Quest había engañado en los programas de sanidad del gobierno en Estados Unidos, el Instituto Nacional de Salud no cambió de rumbo. Preguntado en 2008 sobre si conocía o no las acusaciones de fraude de la empresa antes de que seleccionaran a Quest para CervicalCheck, Tony O’Brien –el mismo hombre que desestimó las preocupaciones que expresaron Gibbons y sus colegas acerca del desajuste que había entre los sistemas de Irlanda y EE. UU.– admitió que sí. En cualquier caso, el plan de externalización de análisis debía seguir adelante, argumentó, porque los contratos que se habían redactado garantizaban que al gobierno irlandés no se le estafaría ningún dinero. (Se cree que, indirectamente, los acuerdos y procedimientos legales relacionados con el escándalo del cáncer de cuello uterino le van a costar al Estado cientos de millones de euros –y solo hablamos de los costes económicos–).

el desastre de la sanidad en Irlanda revela la imagen sombría de lo que ocurre cuando se combina la privatización con la falta de transparencia

Quizás no debería sorprender que la cantidad solicitada en la oferta de Quest para la contratación resultó ser significativamente inferior que la de sus competidores  –un tercio por debajo de la del laboratorio irlandés más barato, según Mary Harney, ministra de Sanidad e Infancia de 2004 a 2011–. Incluso más reprochable es lo que ilustran los recientemente publicados documentos de 2012 (cuando en un nuevo proceso de licitación se volvió a seleccionar a Quest), en los que el precio parecía ser el factor principal o incluso el único factor en la elección: “el precio más bajo” estaba marcado bajo “criterios de adjudicación”, no consta información alguna sobre otros factores.

El Instituto Nacional de Salud también anteponía los beneficios económicos al bienestar de los pacientes en sus negociaciones con CPL, el laboratorio que no detectó el carcinoma de células escamosas en la revisión que Vicky Phelan se hizo en 2011 (a pesar de que dicha empresa no ha sido acusada de la misma retahíla de acciones legalmente dudosas). CPL ofrece un sistema escalonado de opciones para la detección de cáncer de cuello uterino: el nivel más barato y bajo tiene un plazo de respuesta más rápido pero se sabe que es menos preciso, mientras que el nivel más alto, que lleva más tiempo y es más costoso, incluye pruebas para la detección del papiloma humano (VPH), una de las principales causas del cáncer de cuello uterino. Según un reciente estudio canadiense, las pruebas del VPH detectan casi un 60 % más precánceres que las revisiones regulares. Sin embargo, con su empeño en obtener resultados rápidos con bajo presupuesto, el gobierno irlandés hizo un grave sacrificio respecto a la calidad.

Otra preocupación inicial acerca de la subcontratación era que reducir la demanda de técnicos cualificados capaces de interpretar los resultados de CervicalCheck en Irlanda tendría unas consecuencias nefastas y generalizadas sobre las competencias de las instituciones médicas del sector público del país. Trasladar las pruebas al extranjero daría lugar a que los laboratorios irlandeses perdieran competencias para manipular las citologías, lo que afianzaría la dependencia en los laboratorios en el extranjero. La Asociación de Científicos de Laboratorios Médicos, un sindicato de científicos que trabajan en laboratorios públicos, se opuso a la propuesta de externalización desde el principio. Terry Casey, secretario general del sindicato, señaló una serie de obstáculos a los que se enfrentan los laboratorios públicos en sus intentos por superar la oferta de Quest y CPL, incluida la financiación inadecuada y el hecho de que el proceso de licitación debía finalizar antes de que la mayoría de los laboratorios públicos tuviera previsto recibir las acreditaciones con los requisitos previos. En el afán privatizador que caracterizó la época de Harney como ministra de Sanidad e Infancia, parece que el Instituto Nacional de Salud se dedicó a poner las cosas en contra de las propias instituciones médicas de Irlanda, y solo en el futuro próximo se verán claramente todas las repercusiones en las competencias citológicas del país.

El sector de la sanidad de Irlanda no es el único que se está alejando del modelo público: el tiempo transcurrido desde el colapso del Tigre Celta se ha caracterizado por la privatización en ámbitos tan diversos como la educación, el agua y la vivienda social “de un modo progresivo y a menudo furtiva, vacilante y gradualmente”, afirman Mary Murphy y Fiona Dukelow, autoras de The Irish Welfare State in the Twenty-First Century (El estado de bienestar irlandés en el siglo XXI). En las últimas dos décadas, las residencias de ancianos han pasado de ser mayoritariamente públicas a que en su mayoría tengan fines lucrativos, con la consiguiente disminución de la calidad al priorizar los márgenes de beneficios sobre el bienestar de los pacientes. De este modo, la serie de decisiones que llevaron en la externalización del procesamiento de CervicalCheck a un enormemente privatizado Estados Unidos, fue una medida emprendida de forma deliberada dentro del cruel cálculo neoliberal que se lleva a cabo diariamente en los sistemas sanitarios y otros sectores, no solo en Irlanda, sino en todo el planeta.

En mayo del año pasado, Trump firmó la ley conocida como “derecho a probar”, cuyo objetivo es permitir que los pacientes terminales accedan a medicamentos que no han recibido la aprobación de la Agencia del Medicamento de EE. UU. (FDA, por sus siglas en inglés). Escudándose en la protección de la salud y empleando un lenguaje atractivo acerca de los derechos de los pacientes y la defensa de los moribundos, varios comentaristas han señalado que la medida sienta un peligroso precedente para erosionar las competencias reguladoras de la FDA al presentarlo como un obstáculo para un tratamiento de calidad en lugar de para la aseguradora. Esto concuerda con el desprecio que muestra la administración hacia el concepto mismo de regulación, así como con el modo en que los pelmazos anti-FDA de la órbita de Trump han promovido diversas medidas tales como eliminar la Fase III de los ensayos clínicos y la evaluación de la eficacia de los medicamentos por parte de la agencia. En una época en la que incluso se atacan las barreras más modestas para evitar un descontrol farmacéutico en Estados Unidos, el desastre de la sanidad en Irlanda revela la imagen sombría de lo que ocurre cuando se combina la privatización con la falta de transparencia. Para la propia Irlanda, el escándalo es una lección sobre hasta qué punto hay cosas que no funcionan en el sistema sanitario irlandés y la consideración que muestra hacia sus pacientes –si el país llega a tomar nota–.

------------------

Este artículo se publicó originalmente en inglés en The Baffler.

Traducción de Paloma Farré.

Hemos fundado la Asociación Cultural Amigas de Contexto para publicar Ctxt en todas las lenguas del Estado. La Asociación es una entidad sin ánimo de lucro que también tiene la meta de trabajar por el feminismo y la...

El artículo solo se encuentra publicado para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autora >

Erica X Eisen (The Baffler)

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

2 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Tonelotto

    Interesante artículo sobre las consecuencias de maximizar el ahorro en sanidad y la privatización encubierta de los servicios. A modo de sugerencia, el artículo traducido mejoraría si se incluyeran todos los links que hay en el original (por ej. cuando se indica "según un estudio..." incluir siempre el link al estudio). Un saludo.

    Hace 2 años 1 mes

  2. c

    La sanidad privada , dado que es negocio y no todo está incluido, lo que hace es dar tratamiento "por si acaso" =enfermarte lentamente etc, o empeoralo para sacar tajada. Ya que siendo privada vive de beneficios que se dan si estas enfermo, no de curarte Pprivatizar es emppeorra el servicio, encarecerlo crear pprecariedad espplotacio y ppeligrosidad https://www.publico.es/sociedad/negligencia-medica-sanitas-debera-pagar-mayor-indemnizacion-negligencia-medica-impuesta-espana-3-3-millones-euros.html . ls recortes enriquecen a las solo 5 multinacionales que lo controlan centros y ademas explotan a sus obreros-etc : https://www.eldiario.es/sociedad/sanidad-privada_0_863014485.html LO que hace el PP y C$ solo se gasta I+D PUBLICO para lo que quieren las farmafias-PPRIVADAS, en estudios que a base de no usar aparatos adecuados o adecuadamente sale el resultado que a la farmafia le interesa

    Hace 2 años 3 meses

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí