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NURIA SÁNCHEZ / PROFESORA DE FILOSOFÍA

“La pobreza es una amenaza que nos chantajea a todos”

Esmeralda R. Vaquero 23/10/2019

<p>La profesora Nuria Sánchez. </p>

La profesora Nuria Sánchez. 

Laura Hurtado

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Nueve de la tarde. El centro de Madrid es un hervidero de coches, luces y transeúntes que caminan de un lado a otro. Un gran tiovivo gira alegre junto a la glorieta de Atocha. En una esquina del paseo del Prado,  sentada en la acera junto a su perro, una pareja de unos 40 años pide para subsistir. Frente a sus cuerpos se despliegan dos carteles. Uno dice ‘Para comer’; el otro, ‘140 millones para las elecciones’. Cientos de piernas casi les rozan al pasar.

Al día siguiente de esta habitual escena urbana, conversamos por teléfono con Nuria Sánchez Madrid (1973), profesora de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Recientemente ha participado en una mesa-debate sobre la ‘aporofobia’ (rechazo a las personas pobres), dentro del Festival de Filosofía Extramuros, organizado por la Asociación Deconstruye. El término  lo creó la catedrática de Ética y Filosofía Política, Adela Cortina. Durante el debate aparecieron cuestiones como los prejuicios, la disminución de los vínculos o la falacia de la ‘meritocracia’, que atribuye lo que tenemos al justo resultado del esfuerzo. 

El discurso de Nuria Sánchez es lúcido y reviste cierta complejidad, aunque resulta comprensible. Tiene facilidad para relacionar causas y efectos de cuestiones diversas. Es calmada. Sus ideas escarban en lo profundo. Cultiva el pensamiento crítico.  Y desprende amor por la sabiduría.

Adela Cortina relaciona la aporofobia con un componente biológico del ser humano. ¿No puede resultar en parte culpabilizadora esa teoría?

Cortina intenta encontrar unas bases biológicas del rechazo al otro, al diferente, al vulnerable, exponiendo que en nuestro cerebro hay fuertes tendencias a la protección de lo propio. La colaboración se aprende pero la violencia surge porque buscamos la supervivencia. El posicionamiento de Cortina aspira a encontrar relación entre componentes neurológicos y sus potencialidades éticas. Por eso busca relacionar al otro, a la otra, como una amenaza. Cuando el otro me atemoriza, las emociones son negativas y poco constructivas.

¿Y el aprendizaje entonces dónde queda?

Las emociones que no son aprendidas no tienen ninguna expectativa social. Con independencia de cómo nos constituyamos instintivamente, somos, como dice René Girard, seres imitativos y eso se ve en las prácticas. Si no fuera así, el peso de las redes sociales, por ejemplo, no sería el que es. César Rendueles dice con razón que hay una red sociofóbica, hemos olvidado hacer cosas conjuntamente y nos hemos desplazado a una movilidad colectiva corpórea. Somos seres muy plásticos y hasta podemos llegar a perder lo que nos vuelve humanos.

Esa alusión a la otredad puede destilar cierta lejanía. Parece que hablamos de pobreza como si fuera algo que les pasa a los demás cuando es una realidad que podemos vivir y, de hecho, vivimos una parte generosa de la población. 

César Rendueles dice con razón que hay una red sociofóbica, hemos olvidado hacer cosas conjuntamente y nos hemos desplazado a una movilidad colectiva corpórea

Cuando hablamos de pobreza solemos pensar, más que en precariedad, en esa población que no tiene más de un euro al día, visualizamos una pobreza que es nacer en África, Latinoamérica y en entornos desestructurados. Pero la pobreza se ha instalado en nuestra sociedad neoliberal como una situación de la que se espera que cada sujeto escape continuamente. Para nosotros/as la pobreza es algo que no te abandona nunca, el fantasma de convertirme en un fracasado siempre está presente. Los propios gobiernos no hacen nada para eliminar la circulación de este mensaje. La pobreza nos puede parecer una proyección del otro pero ha calado como amenaza. En España ha penetrado en la sociedad. Cuando hablamos del otro pobre o de la otra estamos hablando de nosotros mismos, la proyección del diferente es muy instructiva. La pobreza no es una cuestión de salud pública, que se puede resolver, es una amenaza que nos chantajea a todos, a todas, aunque siempre se pueden reconocer niveles. No es lo mismo no llegar a fin de mes o no irte de vacaciones en verano que no poder vivir o no poder proyectar un horizonte vital. Es necesario que autoanalicemos la presencia o ausencia de la sobriedad en nuestras vidas, el decrecimiento, el desarrollo sostenible, el modelo de consumo que hemos adquirido.

El VIII informe Foesa elaborado por Cáritas  revelaba en junio que en España hay 8,5 millones de personas en exclusión social. La cifra es un abismo.

El sistema actual, con mecanismos financieros que dirigen nuestras vidas, produce pobreza y lo hace de manera asombrosa y causante de sufrimiento porque por mucho que tengas un trabajo, un contrato, puedes ser pobre. Y eso es una evidencia que rompe un relato que la familia nos trasladó. El “si tienes un trabajo no serás pobre” ya no es así. Más de la mitad de tu salario, por ejemplo, se lo puede llevar un banco, por una decisión que puede ser comprar un piso que no puedes pagar. Me gustaría hacerle a la gente la pregunta: ‘¿A dónde se va su dinero?’ La respuesta sería muy impactante. Que tu salario no es tuyo es una evidencia que rompe, quebranta, porque no estamos preparados para esta nueva esclavitud y para percibirla como tal. Y de esto se sigue que vivimos en un sistema de producción en el que la perspectiva de salvación de la pobreza no es ideológicamente funcional, sino que es ese riesgo al que te enfrentas si las cosas no te salen bien. Ya no es ese horizonte de penuria del que queremos salir y que está muy condicionado por la fortuna, como la familia de la que procedes o el entorno en el que has crecido, sino que es algo que te espera como castigo si no haces las cosas bien, si no te rodeas del ambiente propicio, si no sabes arriesgar a tiempo. Esta situación de tensión permanente crea patologías: el síndrome de quemarse por el trabajo, depresión… y de ahí para arriba. Se induce a las personas a que compitan entre ellas, llevándolos a posiciones donde la pobreza es una amenaza. Es un darwinismo social maquillado.

¿Existen diferencias históricas en cuanto al abordaje del empobrecimiento?

los más débiles han estado al albur de la voluntad de los poderosos. Desde el punto de la vida social, los obreros, los braceros, no tuvieron alternativa para elegir otro tipo de actividad profesional

La pobreza no siempre se ha percibido de la misma manera. La situación sería que tienes que enfrentarte con la cobertura de necesidades esenciales y no tienes medios o recursos para ello. Esta situación de vulnerabilidad, de exposición, expropiación, no siempre ha recibido la misma respuesta de las comunidades sociales. En ámbitos históricos las redes de solidaridad ligadas a la familia, a la tribu, siempre han sido las encargadas de apoyar a las personas más débiles. Por otro lado, los más débiles han estado al albur de la voluntad de los poderosos. Desde el punto de la vida social, los obreros, los braceros, no tuvieron alternativa para elegir otro tipo de actividad profesional. Y esto tiene que ver con la pobreza. En el pasado nos encontramos con un claro interés por abusar y explotar la fuerza de trabajo de los pobres, era la pieza más débil y más expuesta a padecer maltratos.

Si a ese gran término ‘pobreza’ le sumamos otros condicionantes como ser mujer, ¿la situación se complica aún más?

El sesgo de género es fundamental y los teóricos del marxismo se han interesado poco por ello. Se ha revisado poco la división sexuada del trabajo y sus efectos, las situaciones de extrema injusticia social en la que se encuentran mujeres. El pensamiento de izquierdas ha naturalizado mucho que siempre va a haber familias, una familia nuclear heterosexual, donde una mujer se las va a ingeniar para hacerlo todo. Por mucho que el sistema económico haya disparado la distancia entre el mundo del trabajo y la esfera privada, ese terreno oscuro donde está el cuidado de los mayores y de los descendientes está repleto de mujeres que han sido expulsadas de la actividad económica, incluso civil, y eso las invisibiliza. Todavía hay mucha gente que se sorprende cuando les dices, como expone Silvia Federici, que en un sistema neoliberal capitalista la vida de las personas cuya existencia transcurre en la satisfacción de cuidados podría mejorar concediendo a esas personas, en su inmensa mayoría mujeres, un salario. El dinero en nuestra sociedad es expresión del deseo y aquello a lo que no se le dedica dinero es porque no interesa. En una sociedad donde nos dedicamos a financiar tejido de las empresas o de partidos políticos, que se diga que nos desentendemos de los cuidados porque eso pertenece a lo privado es tremendamente violento y destructivo. Una sociedad que piensa así contiene en su interior pulsiones feudales. Ser pobre es terrible, pero ser mujer pobre y tener ascendentes y descendentes a cargo es una tragedia.

El pasaporte es de una violencia terrible, la movilidad física sin necesidad de enseñar un pasaporte es un derecho que no se le puede negar a nadie

¿Ocurre algo similar con la población migrante?

Está relacionado con ese feudalismo. Hay partidos que nos aproximan a los escenarios más retrógrados del pensamiento conservador. En nuestras sociedades siguen habitando mitos, percepciones prejuiciadas. La relación con el colectivo migrante no es ajena, es una de las ocasiones en que una sociedad se pone a prueba. El migrante es el otro, la otra, esa que tiene costumbres que no son las tuyas. No hay sociedad multicultural perfectamente armoniosa. En esa integración siempre va a haber ‘puntos ciegos’, como los denomina Fernando Broncano. La integración de las personas migrantes no va a dejar de tener incidencias nunca. Es el marco del Estado-nación, que ya Hannah Arendt reconoció como espacio anticuado. De esto tenemos mucha experiencia en el siglo XX, con distintas actuaciones donde se marca el ‘yo soy más Estado que tú’. Es una sociedad ingenua y narcisista en la que se  nos llena la boca con el cierre de fronteras y territorios. Wendy Brown ha criticado el fortalecimiento de los Estados-nación y el agudizamiento de sentimientos nacionalistas, de pertenencia, que buscan seleccionar a la población legítima auténtica de la inauténtica. Que hoy estemos hablando de esto en lugar de buscar fórmulas para hacer frente a la interdependencia, o que no ahondemos en conceptos como la fraternidad, llama la atención. El pasaporte es de una violencia terrible, la movilidad física sin necesidad de enseñar un pasaporte es un derecho que no se le puede negar a nadie. A teóricos del siglo XVIII ya les parecía natural. Da pena que en las sociedades actuales la soberanía sea más importante. 

¿Qué opina de la Renta Básica?

Son muchos los teóricos que desde los años 70 vienen desarrollando este tipo de propuestas. Como sostiene David Casassas, no se trata de que la mayoría de la población viva ‘de gorra’, sino de cambiar el chip. La Renta Básica nos concede estrategias y medios para poder decidir la vida laboral queremos llevar, o para tomar decisiones que de otra forma no podríamos ejecutar. Lo asocio a un horizonte de expectativas mínimamente digno, es un instrumento económico interesante para devolver los derechos que nunca tendrían que haber desaparecido. Sin una cuantía que te permita sobrevivir, sin un colchón económico, no puedes incluir ningún derecho y solo te queda acudir a un mercado laboral que te va a hacer trizas. 

Desencanto, desigualdad, indignación…Estos elementos estaban presentes en la antesala del 15-M. ¿Es la situación actual un caldo de cultivo para otro movimiento como este?

Ojalá, pero de momento lo que estamos consiguiendo es que la derecha se movilice socialmente, mientras se deprimen y disgregan trabajadores y trabajadoras, la clase media más expuesta a la vulnerabilidad o la población migrante que puede votar. Vox es un partido populista, pero defiende privilegios de una clase que se siente postergada. Ojalá este panorama fuera la antesala de un nuevo 15M, que fue transversal desde el principio. La situación donde nos ha instalado la política del espectáculo es de lógica de trincheras, y aquí gana la derecha, pero la peor derecha, no una derecha centrista que ahora está desaparecida. Mientras, la izquierda se pelea y fragmenta. Quien opta por un voto más progresista está indignado, y sí, eso es lo que puso en marcha 15M, pero hasta el momento lo que ha propiciado es la suma de las derechas. Ojalá en la izquierda surgiera algún/a líder que pudiera reunir a la sociedad española y que trabajara la transversalidad. Está ganando el conservadurismo más atroz, incluso en las capas más bajas.

Autora >

Esmeralda R. Vaquero

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