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LEGADO

Alice Milliat: la madre del deporte olímpico femenino

Se cumplen 100 años del nacimiento de la Federación Internacional de Deportes Femeninos. Creada por la activista francesa, su labor fue decisiva para la participación de las mujeres en los Juegos Olímpicos

Ricardo Uribarri 18/11/2021

<p>Alice Josephine Marie Million, más conocida como Alice Milliat, pionera del deporte femenino.</p>

Alice Josephine Marie Million, más conocida como Alice Milliat, pionera del deporte femenino.

France Olympique

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Cada nuevo deporte que se incorpora al programa de los Juegos Olímpicos debe incluir obligatoriamente competición masculina y femenina. Pero no siempre fue así. De hecho, hasta 1928 no participaron mujeres de forma oficial en la gran cita deportiva. Antes de ese año su presencia en el evento era testimonial y con carácter de exhibición. Contra esa situación luchó la francesa Alice Milliat, desconocida para el gran público, pero cuya lucha resultó fundamental para que las deportistas pudieran participar y demostraran sus capacidades. Hasta el punto de que hay quienes le conceden la misma importancia que al impulsor de los Juegos en la edad moderna, el barón Pierre de Coubertin.

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Alice Josephine Marie Million nació en Nantes, en mayo de 1884, en el seno de una familia de clase media. Su padre era empleado de banca y su madre costurera. Desde pequeña le gustó el deporte: la natación y el hockey fueron las dos disciplinas que más practicó. Una vez acabados los estudios primarios, se formó como maestra, y a los 20 años se casó con el comerciante Joseph Milliat, de quién tomó su apellido. Se fueron a vivir a Londres, donde ella empezó a practicar el remo. Tan bien se le dio que tiempo después se convertiría en la primera mujer en recorrer 80 kilómetros en el Sena en menos de 12 horas. El matrimonio solo duró cuatro años por la repentina muerte de él, pero durante ese tiempo viajaron por varios países. Esto, unido a su labor como au-pair en la capital británica en casas de familias adineradas, facilitó que Alice aprendiera hasta siete idiomas.

La Primera Guerra Mundial le pilló de vuelta en Francia, donde ejerció labores de traductora. En 1915 se convirtió en la presidenta de Femina Sport, uno de los primeros clubes deportivos solo para mujeres, fundado tres años antes, y que organizaría los primeros campeonatos de atletismo femeninos del país. En 1917 fue una de las impulsoras de la Federación de Sociedades Deportivas Femeninas de Francia, que también presidiría desde 1919. Nada más tomar el mando de la institución, presentó una solicitud ante el Comité Olímpico Internacional para que permitiera la participación de las mujeres en la prueba de atletismo en los juegos que se iban a celebrar en 1920 en Amberes, los primeros tras la contienda bélica. 

En 1915 se convirtió en presidenta de Femina Sport, uno de los primeros clubes deportivos para mujeres, que organizaría los primeros campeonatos de atletismo femeninos del país

Hasta aquel momento, la presencia de las mujeres en los Juegos Olímpicos modernos había sido residual. No hubo ninguna en la primera edición, celebrada en 1896 en Atenas. Y apenas participaron 22 cuatro años después en París y restringidas a dos deportes, el tenis y el golf. El impulsor del evento, Pierre de Fredy, más conocido como el Barón de Coubertin, era un hombre de su tiempo que, como tantos otros, no concebía que ellas practicaran deportes. De ahí sus frases: “Las mujeres solo tienen una labor en el deporte: coronar a los campeones con guirnaldas” o “El deporte femenino no es práctico, ni interesante, ni estético, además de incorrecto”.

Todo lo contrario defendía Alice, que argumentaba que si las mujeres habían demostrado su carácter y su fuerza trabajando en las fábricas y sosteniendo los países en la retaguardia durante la guerra, cómo no iban a poder competir en unas pruebas deportivas. Ante la negativa del COI a aceptar su petición, puso en marcha un encuentro internacional femenino de atletismo que tuvo lugar en Montecarlo en marzo de 1921. A él acudieron atletas de Francia, Gran Bretaña, Suiza, Italia y Noruega. La competición fue un éxito y atrajo la atención de mucho público, lo que la animó a dar un paso más grande. El 31 octubre de 1921 –se acaban de cumplir 100 años de aquel momento– crea en el número 3 de la rue de Varennes en París la Federación Internacional de Deportes Femeninos (FSFI). 

Bajo su paraguas organizó en agosto de 1922 en la capital francesa la primera edición de los Juegos Olímpicos Femeninos, en los que se reunieron 80 deportistas de Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Checoslovaquia y Suiza. Compitieron en 11 disciplinas atléticas y 20.000 personas asistieron a la única jornada de competición.

En 1926 llegó una segunda edición, celebrada en Gotemburgo con el patrocinio del rey de Suecia, Gustavo V Adolfo. En ella se duplicaron los países participantes, se pasó de un día de competición a tres y la repercusión fue enorme. En la presidencia del COI ya no estaba por entonces el barón de Coubertin, pero su sucesor, el belga Henri de Baillet-Latour, tenía la misma visión restrictiva sobre la presencia de las mujeres en los Juegos. Postura que también respaldaba el papa Pío XI. Sin embargo, el miedo a que se produjera una escisión en el mundo del deporte, debido a la relevancia que estaba cogiendo la competición impulsada por Milliet, provocó que la Federación Internacional de Atletismo, por iniciativa del COI, se ofreciera para acoger a la FSFI dentro de su seno, algo que Alice aceptó.

De esa manera, los Juegos de 1928 de Amsterdam fueron los primeros que contaron con participación femenina oficial en la prueba de atletismo. Aquello fue un paso adelante e incluso el COI invitó a Milliet a formar parte del jurado de las pruebas, pero aun así el concurso de las atletas estuvo restringido a cinco pruebas: 100 metros lisos, 800 metros lisos, relevos 4x100, salto de altura y lanzamiento de disco, lo que seguía contrastando con las 22 que había para hombres. Esa desigual situación provocó, por ejemplo, que la selección femenina de Gran Bretaña decidiera no competir en protesta por lo que consideraban una injusticia. El que en los 800 metros varias competidoras llegaran desfallecidas a la meta sirvió para que Coubertin y sus colaboradores presentaran un informe avalado por algunos médicos en el que se decía que ciertas pruebas eran perjudiciales para la mujer. Esto llevó a que los 800 metros estuvieran prohibidos para las atletas hasta los Juegos Olímpicos de 1960. El barón seguía defendiendo su postura: “Es contrario a mi voluntad que las mujeres hayan sido admitidas en un número de pruebas cada vez mayor. Sigo pensando que el atletismo femenino debería ser excluido del programa olímpico”. Todas esas circunstancias animaron a Alice a seguir manteniendo los Juegos Femeninos, que pasaron a denominarse Mundiales en lugar de Olímpicos por presión del COI. Se celebraron dos ediciones más: en 1930 en Praga y en 1934 en Londres. En esta última llegaron a competir 19 delegaciones y acudieron más de 6.000 personas al día a presenciar las pruebas. Milliat ya tenía previsto celebrar una quinta edición en Viena, pero en 1936 y con algunos problemas de salud, llegó a un acuerdo con la IAAF durante un congreso de la institución. Ella aceptó que los Juegos Mundiales Femeninos de 1938 no se celebraran y que se disolviera la FSFI a cambio de que se estableciera un programa de competición femenino para los Juegos, y que se reconocieran todas las marcas y los títulos de los Juegos Mundiales. A cambio, la Federación Internacional organizó el primer campeonato europeo de atletismo femenino en 1938 en la capital austriaca. A partir de 1946, después de la Segunda Guerra Mundial, el Europeo ya pasaría a ser mixto.  Milliat también defendió que para que el deporte femenino tomará impulso era imprescindible que las mujeres tuvieran derecho a votar. En una entrevista de 1934 a la revista Independent Woman,declaró que “los deportes femeninos se ven perjudicados en mi país por la falta de espacios para jugar. Como no tenemos voto, no podemos hacer que nuestras necesidades se hagan sentir públicamente ni ejercer presión en los sectores adecuados. Siempre les digo a mis chicas que la votación es una de las cosas por las que tendrán que luchar si Francia quiere mantener su lugar entre las demás naciones en el ámbito del deporte femenino”. Hay que recordar que hasta 1944 las mujeres no pudieron disfrutar de esa posibilidad en el país galo.

Milliat también defendió que para que el deporte femenino tomará impulso era imprescindible que las mujeres tuvieran derecho a votar

Alice vivió en París hasta su muerte en 1957 y fue enterrada con su madre en Nantes. Su legado fue quedando en el olvido con el paso del tiempo hasta que en los últimos años diversas instituciones han vuelto a ponerlo en valor. En 2016 se creó una fundación que lleva su nombre, siendo la primera institución europea de este tipo dedicada al deporte femenino. Su labor es acabar con las desigualdades entre mujeres y hombres en el mundo del deporte. Además, el departamento del Loire-Atlantique, donde nació, le ha puesto su nombre a una Casa de los Deportes, mientras que su capital, Nantes, le ha dedicado una residencia universitaria, y Sainte Luce Sur Loire, localidad de la misma región, tiene una calle que lleva su nombre. Otras ciudades francesas, como Burdeos, también la recuerdan con un centro deportivo.

Uno de los homenajes más significativos es el que le hizo este mismo año el Comité Olímpico francés el pasado 8 de marzo, el día Internacional de la Mujer, cuando colocó en su sede de París una estatua de Alice Milliat a escasos metros de una de Pierre de Coubertin. Las dos personas que tan diferentes visiones tuvieron sobre el olimpismo ahora comparten espacio y protagonismo en la casa de los deportes del país galo. Una prueba de la importancia que se otorga al trabajo de Milliat, a quién el organismo olímpico galo le dedica estas palabras en su página web: “Si Coubertin es la imagen paterna de los Juegos Olímpicos, Milliat podría ser reconocida, en Francia y en todo el mundo, como la madre del deporte olímpico femenino”.

Cada nuevo deporte que se incorpora al programa de los Juegos Olímpicos debe incluir obligatoriamente competición masculina y femenina. Pero no siempre fue así. De hecho, hasta 1928 no participaron mujeres de forma oficial en la gran cita deportiva. Antes de ese año su presencia en el evento era...

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Ricardo Uribarri

Periodista. Empezó a cubrir la información del Atleti hace más de 20 años y ha pasado por medios como Claro, Radio 16, Época, Vía Digital, Marca y Bez. Actualmente colabora con XL Semanal y se quita el mono de micrófono en Onda Madrid.

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