1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

LA CRISIS ES UNA MIERDA III

Por qué la crisis no tiene solución

El capitalismo ha llegado a su madurez y parece gripado de éxito. Este es un factor rara vez tenido en cuenta, pero en el que radica seguramente el centro de la crisis arrastrada desde 1973 y que estalla con nuevas formas en 2008

Emmanuel Rodríguez 7/10/2022

<p>El 1%</p>

El 1%

La boca del logo

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

La lengua han dispone de un ideograma para nombrar algo aproximado a nuestro concepto de crisis: 危机. En chino mandarín se pronuncia wēijī. Como ocurre en tantos otros casos, el término es lo suficientemente polisémico como para designar una situación de crisis, de peligro, de incertidumbre y también de posibilidad. No es, por eso, una completa arbitrariedad que en medios anglófonos se traduzca a la vez como crisis y oportunidad.  

En efecto, multitud de libros de autoayuda y de negocios dirigidos a emprendedores sin mucha imaginación ni tampoco lecturas nos hablan incesantemente del wēijī como oportunidad de inversión, de mejora, de descubrimiento de tus “zonas erróneas”, etc. Y sin embargo, ¿es la actual crisis realmente una oportunidad? ¿Es la crisis energética empujada por la guerra de Ucrania y el cierre del gas ruso un acelerador de la transición ecológica? ¿Constituye la presión sobre los materiales, la ruptura de las cadenas logísticas y todo lo que tratamos en los dos última entregas de La crisis es una mierda un verdadero impulso para transitar hacia otras formas economía y de sociedad más sostenibles, basadas en circuitos de comercio corto, o al menos a mucha menor escala que los de la fábrica global? ¿No sería esta crisis el definitivo empujón hacia un capitalismo verde que reconciliara el debido respeto y equilibrio de nuestra cada vez más precaria ecología con los todavía holgados niveles de bienestar de Occidente? 

Desde los años ochenta hasta la crisis de 2008, intelectuales renegados de su pasado izquierdista preferían el término mucho más neutro de “economía de mercado”

Nuestro sistema económico tiene una relación compleja, por no decir problemática, con las crisis. Tanto es así que hasta hace poco, solo aquellos acostumbrados a tratar con dinero (especuladores, ejecutivos, empresarios, etc.) se atrevían a llamarlo por su nombre: capitalismo. Desde los años ochenta hasta la crisis de 2008, intelectuales renegados de su pasado izquierdista preferían el término mucho más neutro de “economía de mercado”, repitiendo como papagayos esa utopía de la ciencia económica clásica: aquella de una economía autorregulada por la magia de la oferta y la demanda y donde las crisis eran el resultado de las malas praxis políticas y de los residuos de “totalitarismo” de unas democracias incompletas. 

Más allá, no obstante, del efectismo ideológico, lo cierto es que las grandes crisis son recurrentes: 1873, 1929, 1973, 2008. Y que incluso las cabezas pensantes del conformismo capitalista han tenido que dedicar cientos de miles de horas a su análisis y a su estudio para lograr entender cómo el mecanismo de la crisis está inscrito en el crecimiento capitalista. Así lo hizo Keynes y también el austriaco Schumpeter, maestro, colega y amigo de los que luego serían los neoliberales más destacados (Von Mises, Hayek, etc.). 

Para Schumpeter resultaba evidente que el crecimiento económico se producía en ondas expansivas y contractivas. En las décadas de 1930 y 1940, en las que elaboró su teoría, disponía ya de suficiente material histórico y estadístico como para reconocer este proceso. La historia económica desde finales del siglo XVIII se sucedía en fases de unos 40-50 años, en las que un periodo de rápido crecimiento, empujado por nuevas tecnologías, innovadoras formas de organización del trabajo y mercados emergentes, era seguido por otro de maduración que conducía a la crisis. Estas crisis producían lo que el austriaco llamaba “destrucción creativa”. Las crisis se correspondían con una situación en la que multitud de empresas no conseguían la rentabilidad suficiente para ser viables y se veían abocadas al cierre, dejando por el camino gran cantidad de capital inutilizado y millones de brazos parados. Se trataba, en todo caso, de un lapso, quizás cruel y abrumador, pero breve y necesario. La épica empresarial salía al rescate del austriaco y reducía las crisis a episodios temporales: una nueva generación de empresarios innovadores inventaría nuevos productos, nuevas formas de organización, encontraría nuevos mercados, etc., obteniendo gracias a ello “rentas extraordinarias de innovación”, que relanzarían el ciclo económico. 

Nuestra economía y con ello nuestra sociedad está gobernada por esta sencilla ley de hierro: el capital está obligado a producir más capital

Schumpeter, como por lo general todo capitalista con algo de capacidad para racionalizar la actividad económica, no se engañaba acerca del motor interno que gobierna el crecimiento y las crisis. Nuestra economía y con ello nuestra sociedad (que es siempre una sociedad económica) está gobernada por esta sencilla ley de hierro: el capital está obligado a producir más capital. En otras palabras, si el capital, en cualquiera de sus formas (dinero, máquinas, inmuebles), se detiene, empieza a perder valor; lo que quiere decir que es menos empleable en la obtención de nuevo capital. En lo que se refiere a las formas intermedias en las que el capital se convierte en distintos bienes y servicios para producir capital ampliado, poco importa si se trata de automóviles eléctricos, libros de una exquisitez y sofisticación propias de otros tiempos, o chocolate elaborado con el cacao producido gracias al trabajo de niños y adolescentes tullidos en la cuenca del río Congo. Lo fundamental es que el capital genera un rendimiento, una masa de capital que es superior a la invertida y consumida en ese proceso. La ley del capital es la acumulación de capital. Y en esta suerte afirmación tautológica nos vemos todos sumergidos. 

Por eso para cualquier capitalista consciente, como el mismo Schumpeter, el problema en la crisis no es el desempleo o la miseria social. El problema es que la inmensa masa de capital acumulado encuentre alguna forma de rentabilizarse, de contribuir a una mayor masa de capital. Como se ve, no se trata de un problema de escasez, sino de una sobreabundancia de medios que no se logra emplear en nada “útil”, en nada que produzca valor. El gran problema del capital es, pues, el de la sobreacumulación de capital. Y para resolver este problema es necesario, paradójicamente, que una parte de ese capital se devalúe y se destruya periódicamente: destrucción creativa.  

Por volver a nuestra pregunta inicial, ¿es la actual crisis, la iniciada en 2008, en tanto crisis de la globalización financiera y comienzo de un colapso de la ecología mundo asociada, una oportunidad? La respuesta de alguien fiel a Schumpeter, a Keynes o incluso a Marx sería claro que sí, siempre y cuando se lograra por cualquier medio dar salida a una parte del capital excedente en una nueva ordalía de inversiones rentables. Por extraño que parezca en el hecho de que se forme una nueva generación de empresarios innovadores, se relance la demanda pública, estalle una gran guerra que destruya gran parte del capital existente, o asistamos a una combinación de todos estos factores (como generalmente ha ocurrido históricamente), es donde se juega el futuro del capital y también de nuestra civilización. 

La promesa de la transición verde no implica más que una sustitución de magnitudes, pasarían de las viejas industrias contaminantes a las nuevas verdes

En los últimos 15 años de crisis, colorear de verde y de rosa nuestra economía ha sido la gran apuesta para salir de la crisis, por lo general, sostenida por una nueva generación de políticos progresistas. La promesa de una rápida aceleración de la transición energética no se reducía únicamente a facilitar la vida en el planeta y evitar el riesgo de una serie de cambios irreversibles en el mismo. La promesa de un capitalismo verde era la promesa de una solución capitalista a la crisis capitalista. La transición impulsaría gigantescas inversiones en energías renovables, la electrificación de la economía, la descarbonización, etc. Estas inversiones impulsarían el empleo y a su vez los ingresos fiscales, de un Estado más intervencionista y con vocación social. A su vez, el control de capitales, la desglobalización parcial y la creciente autonomía del Estado, permitirían sellar un nuevo pacto social de integración de las mayorías proletarizadas y precarizadas. Las inversiones requeridas para la transición ecológica empujarían, en definitiva, la rentabilidad del capital y también nuevas capacidades de integración social. Con los matices que se quiera, y con las mismas ilusiones de superación del capitalismo por la vía del Estado social industrial, el Green New Deal ha sido una de las formulaciones más acabadas de este proyecto.  

Desde esta perspectiva, solo faltaría voluntad política (por parte de la sociedad y de sectores del Estado) e inteligencia (también de una parte del capital). El problema de esta hipótesis, como la de cualquier otra vía de renovación de un ciclo de acumulación a través de una nueva generación de industrias, formas de organización y nuevos mercados (al modo del capitalismo innovador de Schumpeter) no está en una presunta relación de fuerzas desfavorable a los nuevos progresistas verdes. Hay algo en la propia historia económica, en la fuerza y en la dinámica del capitalismo reciente que desmiente esta posibilidad.  

Tomemos un caso ya analizado en CTXT. En febrero de 2021, el Gobierno español, por iniciativa de la Unión Europea, publicó el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC). El Plan español ha sido considerado el más ambicioso de todos los presentados a las autoridades europeas. Para 2030, el país debería alcanzar una cuota de renovables del 42 % sobre el uso de energía final y del 74 % en producción eléctrica. Además se preveía que 4,5 millones de los vehículos en circulación fuesen eléctricos. En conjunto se calculaba una inversión anual para los próximos diez años de alrededor del 1,5 % PIB anual. En términos de empleo, se estimaba que todo el sector de renovables alcanzaría los 120.000 empleos, gracias a la instalación de 90.000 MW de renovables. Hacia 2030, el número de empleos en toda la nueva economía verde podría acercarse al medio millón. Cifras espectaculares, pero que palidecen si se consideran en términos estrictamente económicos. Tanto en volumen de inversión como de empleos, la promesa de la transición verde no implica más que una sustitución de magnitudes, que con volúmenes parecidos, pasarían de las viejas industrias contaminantes a las nuevas verdes. El 1,5 % de inversiones del PIB y el abultado medio millón de empleos que apunta el PNIEC corresponden con las cifras parecidas que requiere el simple mantenimiento y renovación de las viejas industrias de producción eléctrica por hidrocarburos, cogeneración, extracción y refino de petróleo, etc. Por paradójico que parezca, la transición verde no es una solución verde. Y puede que esto sea menos una buena noticia que una razón más para el retardo de unas inversiones que no garantizan grandes rentabilidades. 

En muchas ocasiones la suerte de las grandes empresas tecnológicas se debe a su capacidad de obtener una posición de casi monopolio en algún sector

Cójase, ahora, por ejemplo, cualquier rama industrial de vanguardia (biotecnología, renovables, inteligencia artificial, nuevos media). En prácticamente todas encontramos problemas repetidos de baja rentabilidad, elevada inversión, excesiva competencia y acortamiento del ciclo de producto. El caso paradigmático es el del hardware informático o el de los fármacos. En ambos casos, encontramos una rápida aceleración de la innovación y de la velocidad del ciclo de negocio asociado a productos que apenas compensan las inversiones requeridas. La taylorización de la investigación y la eficiencia industrial imprimen una enorme velocidad en la renovación de los productos y un rápido abaratamiento de los costes, acompañados de un exceso de capacidad industrial. Es corriente, así, que los mercados se saturen antes de que sea posible el retorno de la inversión cuando llega la siguiente generación de productos innovadores. En el caso de los fármacos, solo las patentes sostenidas durante años y los precios abusivos pagados por los sistemas públicos de salud permiten salvar la industria.  

Se puede analizar también la posición de las grandes corporaciones tecnológicas estadounidenses: Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Tesla, Facebook. Se trata de empresas gigantescas, altamente diversificadas, con producciones que implican tanto dispositivos físicos como complejos sistemas de código, con beneficios sostenidos, con capitalizaciones bursátiles que entre las cinco mayores se acerca a los 10 billones de dólares y con inversiones en I+D de cada una de ellas similares a las de Estados ricos como Alemania o Reino Unido. Nada puede hacer sospechar aquí qué trampa pueda haber detrás de esta imagen de un capitalismo dinámico y emprendedor. Sin embargo, conviene hacer un par de precisiones. En demasiadas ocasiones la suerte de estas empresas se debe a su capacidad de obtener una posición de casi monopolio en algún sector ya existente. Es el caso de Amazon, que llega a concentrar una parte creciente de la venta minorista online gracias a sus aplicaciones de venta y a sus servicios logísticos, pero sin que se puede considerar que Amazon lidere un sector económico nuevo, emergente o innovador. Y lo mismo se podría decir de Uber, Airbnb, etc.  

En conjunto podríamos decir que el capitalismo se ha vuelto demasiado eficiente como para seguir sosteniendo sus premisas

Por otra parte, la abultada capitalización bursátil y el exceso de innovación de estas empresas no tiene una correspondencia clara en lo que se refiere a su facturación y beneficio. Estos gigantes omnipresentes en nuestras vidas son muchas veces de un tamaño inferior o parecido, en cuanto a ingresos y beneficios, al de empresas tradicionales como petroleras, productoras de automóviles o distribuidoras minoristas. La promesa con la que el mercado premia su valor no corresponde con su facturación efectiva, ni con sus beneficios reales. 

En conjunto podríamos decir que el capitalismo se ha vuelto demasiado eficiente como para seguir sosteniendo sus premisas. Se produce demasiado rápido y demasiado barato como para que las innovaciones tengan el tiempo suficiente para rentabilizarse. La producción escala excesivamente rápido y es empujada por demasiadas empresas como para generar ciclos de negocio autosostenidos. Todo ello genera una rápida carrera por la innovación entre demasiados actores económicos. El exceso de capital no encuentra, por eso, formas de rentabilidad suficientes y se acumula en los mercados financieros produciendo burbujas recurrentes. El número de empleos globales en la producción industrial se estanca e incluso hay síntomas de que decrece. Por si esto fuera poco, las grandes líneas de crecimiento empresarial solo resultan exitosas cuando dan lugar a formas de monopolio sin precedentes históricos. En muchos casos, como el de Amazon, estas empresas no producen, por lo general, nuevos mercados y nuevos productos como mecanismos de concentración de la intermediación comercial. 

La guerra puede aparecer de nuevo como una verdadera salida en medio del caos geopolítico y geoeconómico

En cierto modo, el capitalismo ha llegado a su madurez y parece gripado de éxito. Este es un factor rara vez tenido en cuenta, pero en el que radica seguramente el centro de la crisis capitalista arrastrada desde 1973 y que estalla con nuevas formas en 2008. También explica la propensión a la financiarización (a la rentabilización directa en los mercados sobre la base de expectativas y no de la producción de bienes y servicios) del capitalismo actual. Y de igual modo, apunta a que la transición verde, aun si fuera posible en todos sus aspectos técnicos, se va a ver retrasada no por falta de medios y capital, como por su escasa rentabilidad.  

Quizás por ello, en la dinámica social de la crisis, la transición verde, ni siquiera en los escenarios más ambiciosos, va ser suficiente como solución capitalista a la crisis capitalista. Dos consecuencias resultan de todo lo dicho. La primera es que la guerra puede aparecer de nuevo como una verdadera salida en medio del caos geopolítico y geoeconómico: Ucrania nos alerta de una situación que puede generalizarse. La segunda es que cuando el capital no encuentra rentabilidad, el empleo se vuelve cada vez más redundante, y por eso nos encontramos en una situación de relativa abundancia de empleo, pero solo en los servicios y por medio de trabajos precarios, mal pagados y poco productivos. De estas dos cuestiones hablaremos en las próximas entregas de La crisis es una mierda.

La lengua han dispone de un ideograma para nombrar algo aproximado a nuestro concepto de crisis: 危机. En chino mandarín se pronuncia wēijī. Como ocurre en tantos otros casos, el término es lo suficientemente polisémico como para designar una situación de crisis, de peligro, de incertidumbre y...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Emmanuel Rodríguez

Emmanuel Rodríguez es historiador, sociólogo y ensayista. Es editor de Traficantes de Sueños y miembro de la Fundación de los Comunes. Su último libro es '¿Por qué fracasó la democracia en España? La Transición y el régimen de 1978'. Es firmante del primer manifiesto de La Bancada.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

1 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. fguardo

    No se si alguien leerá esto, pero solo una observación: los grandes beneficios obtenidos por Amazon y del que dependen la mayoría de sus resultados bursátiles no provienen de su plataforma comercial, sino de su vasta infraestructura de comunicaciones de fibra óptica, servidores, IA y otras tecologías, que permiten a Amazon y otras Compañías tecnológicas presentarse a las convocatorias de multimillonarios proyectos ofertados por el Departamento de Defensa.: - https://www.businessinsider.es/google-microsoft-amazon-tiene-miles-contratos-ejercito-674535

    Hace 1 mes 18 días

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí