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Documentos CTXT

“¿Cuál es la diferencia entre Ucrania y Palestina?”

Discurso del presidente de Colombia en la Asamblea General de la ONU el 19 de septiembre de 2023

Gustavo Petro 21/09/2023

<p>Gustavo Petro, durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU del 19 de septiembre de 2023. / <strong>Naciones Unidas</strong></p>

Gustavo Petro, durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU del 19 de septiembre de 2023. / Naciones Unidas

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Pasé por Santiago de Chile hace una semana –desde ahí viene mi viaje– para conmemorar los 50 años de un golpe brutal, homicida, sanguinario, contra el presidente Salvador Allende.

Luego llegué a mi país, a un barrio popular de Medellín, donde antes la mafia seducía jóvenes, para entregarles la posibilidad de aprender programación de computadores.

Luego llegué a La Habana, a un país injustamente bloqueado, al que un presidente de mi país sugirió, y lo logró, que se incluyera en la lista de países terroristas, solo porque había ayudado a hacer la paz en Colombia.

Y ahora vengo aquí, compañeras y compañeros, a leer este discurso. En este año que ha pasado desde el último discurso que di en Naciones Unida, no hemos visto sino profundizar lo que los ricos reunidos en Davos llamaron la poli crisis. 

La guerra sigue, el hambre continua, la recesión aumenta y la crisis climática ha mostrado sus dientes como nunca llevándose decenas de miles de vidas y calentando las tierras y los mares como nunca. Ha sido un año en que la humanidad ha perdido y ha avanzado sin titubeos los tiempos de la extinción.

Todas estas crisis son en realidad una. La crisis de la vida. Pareciera que la dirigencia mundial se hubiera enemistado con la vida.

El éxodo de los pueblos hacia el norte mide con exactitud la dimensión del fracaso de los gobiernos

La crisis de la vida se expresa en un indicador aterrador. Ha iniciado desde los rincones más alejados del planeta, desde los últimos lugares una marcha silenciosa de gentes de culturas diferentes que se mezclan en los caminos, como en una pintura de infinitos matices; los colores se van mezclando en una marcha incontenible, una multitud de todos los colores avanza por trochas, por mares, por selvas. Va configurando una especie de obra de arte en el lienzo de la tierra, un fluido de tonos, sonidos, de vestimentas diferentes y culturas se amalgaman sin perder sus inicios en una gran marcha del sur al norte: es el éxodo de la humanidad que ha comenzado. Hoy son decenas de millones, mañana según la ciencia, en el año 2070 habrán alcanzado tres mil millones, huyendo de sus lugares queridos porque serán inhabitables.

En mi patria, el país de la belleza: Colombia, el país de la explosión de la vida, en ese 2070 solo quedaran desiertos. Los pueblos irán al norte, ya no atraídos por las lentejuelas de la riqueza, sino por algo más simple y vital: el agua. Como desde los inicios milenarios de la humanidad, los pueblos irán a donde queda algo de agua líquida. Hacia el norte. Miles de millones que desafiarán ejércitos y cambiarán la Tierra.

El éxodo de los pueblos hacia el norte mide con exactitud la dimensión del fracaso de los gobiernos. Este año que ha pasado ha sido un tiempo de derrota de los gobiernos, de derrota de la humanidad. Ha crecido el éxodo en las fronteras.

Han puesto perros, galgos, a correr tras inmigrantes, han puesto gente a caballo a perseguir, con látigos en las manos, con cepos y cadenas, han construido cárceles, tanto han crecido en el odio al extranjero, al extraño, que las cárceles las han puesto en el mar para que no pisen los hombres y mujeres del sur las tierras de los blancos, que aún se consideran la raza superior y, nostálgicos, reviven en sus elecciones al líder que lo decía y mataba por ello a millones.

El éxodo ha crecido en este año mostrando como avanza la crisis de la vida.

Pero mientras el reloj ha avanzado en los minutos que definen la vida o la muerte en nuestro planeta, en lugar de sentarnos a detener el tiempo y dialogar sobre cómo defender la vida para después, gracias a profundizar en saberes, expandirla en el universo; decidimos perder el tiempo matándonos entre nosotros.

Se olvidaron que las razones que se expresan para defender a Zelensky son las mismas con las que se debería defender a Palestina

Para cumplir los objetivos de desarrollo sostenible, hay que cesar todas las guerras. No estamos pensando en cómo expandir la vida en las estrellas sino como acabarla en nuestro planeta. Nos hemos dedicado a la guerra. Nos han convocado a la guerra.  A Latinoamérica la han llamado para entregar máquinas, hombres para ir a los campos de combate. Se olvidaron que a nuestros países los invadieron varias veces los mismos que hoy hablan de luchar contra invasiones. Se olvidaron que por petróleo invadieron a Irak, a Siria, a Libia. Se olvidaron que las razones que se expresan para defender a Zelensky son las mismas con las que se debería defender a Palestina. Se olvidaron que, para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, había que cesar todas las guerras. Pero ayudaron a prender una porque al poder mundial les convenía en sus juegos de tronos, en los juegos del hambre; y se olvidaron de acabar la otra porque al poder no le convenóa acabarla. ¿Cuál es la diferencia entre Ucrania y Palestina? ¿No es hora de acabar ambas guerras, y otras, y aprovechar el corto tiempo para construir los caminos para salvar la vida en el planeta?

Como presidente de Colombia, el país de la belleza, que un grupo dentro de la humanidad, de millones de obreros, de mujeres del barrio popular, de indígenas y negros, de gentes del campo y del martillo, de juventudes de todos los colores decidió elegir en mayoría y hacerme hablar aquí ante ustedes, les propongo acabar la guerra para tener el tiempo de salvarnos.

Les propongo que Naciones Unidas auspicie cuanto antes dos conferencias de Paz, la una sobre Ucrania, la otra sobre Palestina, no porque no haya otras guerras en el mundo, como en mi país, sino porque enseñarían hacer la paz en todas las regiones del planeta, porque ambas y solo ambas acabarían la hipocresía como práctica política, porque podríamos ser sinceros, virtud sin la cual no seremos los guerreros de la vida. 

La generación que hoy debe decidir y actuar cuanto antes para superar el enorme huracán que se ha desatado contra lo viviente, desde las oscuras pero poderosas cloacas de la codicia, del huracán del capital que solo mira la ganancia y que se ha engullido el planeta y la base misma de la existencia.

Les propongo acabar la guerra para defender la vida de la crisis climática, la madre de todas las crisis.

Esta cumbre se ha construido para evaluar las metas de los Objetivos del Desarrollo Sostenible establecidos por los gobiernos para el 2030. Pues es fácil hacer una evaluación. Esos Objetivos de Desarrollo Humano no van a ser alcanzados, estamos lejos de alcanzarlos, hemos retrocedido. A los Objetivos de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, yo los llamo más simplemente Justicia Social y Ambiental.

La Justicia Social no será alcanzada por la humanidad para el 2030, porque lo que se ha sembrado es la injusticia en el planeta.

La injusticia por volver la vacuna contra la enfermedad que mataba, un mercado, al concentrarla en los países ricos. América Latina puso el 30% de los muertos por covid cuando solo es el 6% de la población mundial. Quien dijo que la salud tenía que ser un negocio y no un derecho. Murieron centenares de miles de viejos y de gentes porque la vacuna fue una mercancía y no un bien de la humanidad.

Incumplieron su propia promesa de financiar la adaptación al cambio climático, no tienen cien mil millones de dólares para entregar a los países y defenderse de inundaciones, tormentas y huracanes, pero si los tienen en un solo día para que se maten rusos y ucranianos entre sí. 

Ahora no se necesitan cien mil millones, se necesitan tres billones de dólares para superar la crisis climática y la cuenta asciende en cada segundo de la tierra.

Los países del mayor poder de la historia de la humanidad han pasado a las drogas de la muerte: al fentanilo

Sembraron injusticias señores y por detener a campesinos cultivadores de cannabis y hoja de coca, en vez de enfrentar la soledad  en que viven las juventudes de sus propios países, los países del mayor poder económico y militar de la historia de la humanidad han pasado a las drogas de la muerte: al fentanilo.

Querían una guerra contra las drogas de la juventud rebelde que se opuso a la guerra del vietnam: la marihuana y el LSD de los hippies y terminaron por conducir a su sociedad a la droga del neoliberalismo y la competencia, la droga del yuppie de Manhattan: la cocaína, y encerraron a millones de negros y latinos en frías cárceles privatizadas, y murió un millón de latinoamericanos asesinados y se destruyeron democracias en nuestra América, nunca cogieron preso al yuppie de Manhattan, y ahora se enfrentan al gran resultado de la prohibición de las drogas: el fentanilo que ya no mata 4.000 sino 100.000 jóvenes al año en los EEUU.

Sembraron injusticias, señores, la peor de todas condenar a la humanidad a la guerra.

Por eso hoy el balance de la justicia social en el mundo es tan malo. El problema es que este no era un asunto de socialistas, de progresistas, sino que era un asunto en donde se iba el tiempo de la vida en el planeta.

Les propongo, como presidente del país de la belleza, para recuperar el tiempo perdido dos simples cosas: acabar la guerra y reformar el sistema financiero mundial.

De las conferencias de paz de Ucrania y Palestina, debemos salir a construir una reforma que ya debatimos allá en la selva amazónica donde el rio más grande de la tierra, que ha cruzado la selva más grande de la tierra, se junta con el mar, y la discutimos en Brasilia. 

Y fuimos hasta Kenia a juntarnos con los hermanos pueblos del África negra, de donde venimos en tiempo de otra de las grandes injusticias del poder: la esclavitud, y nos fuimos a Paris, para ver si aun multitudes gritan por la libertad, la igualdad y la fraternidad, y fuimos a Washington a hablar con el presidente y mirar si volvemos a encontrarnos los pueblos del norte con los del sur de las Américas, recordando que antaño, hace más de dos siglos nos encontramos en la historia para hablar de libertad, de igualdad y de República. 

Y hablamos en todos los tonos sobre ir a la raíz del problema de la crisis climática, y a su solución. Si el capitalismo fósil no tiene financiación, morirá. Duros serán sus estertores, pero es necesario para que exista una humanidad y una naturaleza y una vida.

Habrá que financiar el capitalismo descarbonizado, pero, desde ya sabemos, que el capital verde se moverá solo donde haya ganancia, esa es su ley, y es estrecho su marco para abarcar la descarbonización de todo el mundo. 

Se equivocan quienes desde los gobiernos y el poder aún creen que la crisis climática, la de la vida se superará con algunos créditos a “bon marché”, ilusos proponen que los países de la tierra que ya están sobre endeudados por la enfermedad y la codicia puedan adquirir más créditos para superar un problema que solo las chimeneas del norte produjeron. No se puede superar la crisis de la vida, la mega crisis con más endeudamiento.

La mega crisis de la vida se resuelve con una democracia que alcance el nivel global

La financiación de la vida, el fluido de medicamentos que debe ser introducido en las venas de las economías y sociedades del mundo para acometer el reto de dejar el carbón y el petróleo debajo de la tierra, en sus lugares que son las verdaderas venas de la tierra como Roberto Cobaría, el indígena u’wa, le decía al mundo hace 30 años; sacar el petróleo, decía, era sacar la sangre de la tierra y por ello la vida moriría. 

La mayoría de la inversión para descarbonizar la economía del mundo provendrá de los fondos públicos, del esfuerzo de las sociedades, de juntar los estados para juntar la humanidad, que ahora llaman el multilateralismo, de gobernar la tierra con la mirada de la democracia y no con la mirada del imperio. Los imperios no sirven para salvar la vida sino para desatar las guerras. La mega crisis de la vida se resuelve con una democracia que alcance el nivel global. Una democracia más profunda que no debe temer a articular los estados y las sociedades y planificar el gran Plan Marshall de la revitalización del planeta.

El mercado nos ayudará algo, pero no se le puede pedir soluciones a un mecanismo que se queda sin humanidad cuando fue este mecanismo el que produjo el problema. Fondos privados sí, pero serán limitados por su propia lógica; el esfuerzo a hacer vendrá de los fondos públicos y estos están hoy debilitados por la deuda.

La gran batalla de nuestra generación: defender la vida para nuestros hijos y nietos solo se puede financiar a cabalidad desde lo público, desde lo de todos y todas. 

Quizás a muchos no les guste, pero que resuene de nuevo el eco de lo público, del estado, de la humanidad, del multilateralismo, es decir que resuene la palabra cambio porque para salvar la vida es fundamental.

Salvar la vida requiere una época de cambio, y es urgente. Cambio y vida hoy son sinónimos. Hoy las juventudes de todos los colores para poder vivir deben levantar las banderas del cambio, de la transformación, de una nueva humanidad.

La economía descarbonizada será, no lo dudo, una economía más humana y justa

Es la democracia, no los autoritarismos que cada vez se parecen más a los nazis. Es la democracia mundial, es el planificar, es la potencia de los estados esta vez encarados no frente a la guerra sino hacia los planes de vida. Planificar la transición hacia la economía descarbonizada y financiarla. La economía descarbonizada será, no lo dudo, una economía más humana y justa.

Por eso este presidente del país de la belleza les propone reformar el sistema financiero mundial, el FMI, la banca multilateral, acabar los bloqueos económicos y guiar los fondos del capital privado.

Quiero que mis nietos, que hoy son bebés, puedan vivir alejados del apocalipsis y de los tiempos de la extinción

Si se reduce la deuda de todos los países, pagándoles a los dueños de la deuda sus acreencias, con una emisión del FMI de Derechos Especiales de Giro, habrá un descenso de la deuda pública mundial y un incremento real de los presupuestos y fondos públicos. Así podremos financiar el Plan Marshall por los Objetivos del Desarrollo Sostenible, la justicia social y ambiental en el planeta, el plan para superar, mitigando y adaptando, la crisis climática que es la crisis de la vida.

Es revivir a Keynes globalmente después de su olvido. El viejo sabio ya lo decía, y a otros sabios anteriores a él e igualmente olvidados que lo habían expresado en la profundidad de las ideas.

Qué bonito horizonte en medio de la tempestad y las oscuridades del hoy, horizonte que sabe a esperanza. 

El objetivo de la vida y de la justicia se alcanza por los caminos de la democracia global y de la revalorización de lo público, de lo común, se alcanza por el camino de lo de todos y de todas.

Quiero que mis nietos que hoy son bebés: Luna, Victoria y Luka, puedan vivir alejados del apocalipsis y de los tiempos de la extinción, quiero que vivan en los tiempos en donde el ser humano supo dejar de matarse en el planeta y logró, entendiéndose en su propia diversidad de las culturas, cumplir su misión: expandir el virus de la vida por las estrellas del universo.  

Gracias, muy amables.

Pasé por Santiago de Chile hace una semana –desde ahí viene mi viaje– para conmemorar los 50 años de un golpe brutal, homicida, sanguinario, contra el presidente Salvador Allende.

Luego llegué a mi país, a un barrio popular de Medellín, donde antes la mafia seducía jóvenes, para entregarles la posibilidad...

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Autor >

Gustavo Petro

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