1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

atentado

Niebla sobre el Báltico

Por qué la proliferación de teorías sobre los gasoductos Nord Stream distrae del principal sospechoso

Fabian Scheidler (Substack) 29/09/2023

<p>Atardecer de verano en el Mar Báltico tomada desde la costa de Letonia. <strong>/ Antonio Castillo Torija</strong></p>

Atardecer de verano en el Mar Báltico tomada desde la costa de Letonia. / Antonio Castillo Torija

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

Hace un año, tres de los cuatro ramales de los gasoductos Nord Stream 1 y 2 explotaron en el fondo del mar Báltico. Desde entonces han salido a la luz diversos reportajes sobre los presuntos responsables del mayor sabotaje de la historia reciente, y en torno a ellos ha crecido una maraña de especulaciones. Es hora de intentar desenredar esta madeja y comprobar la verosimilitud de los relatos.

Primero apareció, el 8 de febrero de 2023, el reportaje del periodista de investigación y premio Pulitzer Seymour Hersh, el cual, citando una fuente anónima, afirmaba que el responsable de los atentados era el Gobierno de Estados Unidos con el apoyo de militares noruegos. Después, el 7 de marzo, The New York Times –del que Hersh fue en su día reportero estrella– publicó su propia historia, que afirmaba que no había sido el Gobierno de Estados Unidos, sino un “grupo disidente proucraniano” el que había llevado a cabo los ataques utilizando un velero alquilado. Las fuentes, de nuevo, eran anónimas. Simultáneamente, el semanario alemán Die Zeit publicaba una versión más detallada, que remite en parte a la información facilitada por la Fiscalía General alemana.

Empecemos por la historia del velero, en la que expertos militares y periodistas han detectado numerosas incoherencias. Las autoridades suecas y alemanas encargadas de la investigación han señalado, en repetidas ocasiones, que únicamente un agente estatal podría ser responsable del crimen. El barco y las circunstancias no encajan ciertamente con el esfuerzo logístico de una operación militar compleja. Colocar cientos de kilos de explosivos bajo el agua obliga a izar equipos y localizar boyas. Realizar varias inmersiones que exigen horas de trabajo a 80 metros de profundidad requiere tiempos de descompresión extremadamente largos, de hasta varios días; el único modo de acortar estos tiempos es con una cámara de descompresión que, sin embargo, no cabe en el velero citado. Además, la popa elevada del yate lo hace inadecuado para que los buzos se lancen al agua con un equipo pesado y media tonelada de explosivos. El largo rodeo desde Polonia hasta Bornholm pasando por Rostock no tiene sentido –ni muchas cosas más–. 

Las autoridades suecas y alemanas encargadas de la investigación han señalado que únicamente un agente estatal podría ser responsable del crimen

Más allá de estas cuestiones logísticas, también hay otro punto crítico. Según la Fiscalía General alemana, en la mesa del camarote del velero se encontraron restos de explosivos, la única prueba concreta conocida hasta ahora. Sin embargo, cabe preguntarse por qué, si se suponía que los autores eran capaces de llevar a cabo una operación militar tan sofisticada, ni siquiera limpiaron el barco. Holger Stark, jefe del departamento de Investigación del semanario alemán Die Zeit, escribió: “Al parecer, los atacantes estaban bajo presión y no tuvieron tiempo suficiente para borrar su rastro”. El lugar del ataque está a cientos de kilómetros del puerto de Rostock, donde se devolvió el yate. ¿Cómo es que los autores no tuvieron tiempo de eliminar sus huellas en esta larga travesía? Además, las investigaciones de la Fiscalía no tuvieron lugar hasta enero, meses después de los atentados, tiempo suficiente para cubrir pistas o dejar otras nuevas. Y lo que es aún más importante: los expertos en explosivos y los investigadores han señalado en repetidas ocasiones que para destruir una estructura de hormigón y acero tan inmensa debieron emplearse explosivos submarinos de tipo militar. Este tipo de artefactos explosivos no se montan en la mesa de la cocina, sino que se envuelven de modo que adquieran gran impermeabilidad y normalmente no dejan rastro. 

De hecho, la discutible historia de los rastros de explosivos da cabida a una interpretación completamente diferente. ¿Podría tratarse de un rastro falso colocado de forma deliberada para distraer la atención de los verdaderos autores? Por ejemplo, Jeremy Scahill, cofundador de The Intercept, lo considera posible. Scahill, cuyas investigaciones sobre operaciones encubiertas ya han dado lugar a varias comisiones del Congreso de EE.UU., escribió con respecto a los rastros de explosivos: “O se trata de una operación increíblemente chapucera, una prueba de amateurismo total, o de una ‘pista’ dejada intencionadamente para intentar engañar”. 

Si se trata de una pista falsa, la pregunta es quién pudo dejarla y con qué intención. Según The New York Times, las pistas sobre la historia del velero procedían de funcionarios estadounidenses, que a su vez se basaban en fuentes de los servicios de inteligencia. El momento elegido tampoco es casual. Los funcionarios estadounidenses empezaron a difundir la nueva historia únicamente después de que el artículo de Seymour Hersh causara sensación en todo el mundo, desde el Bundestag alemán hasta el Consejo de Seguridad de la ONU. Estados Unidos estaba bajo presión, sobre todo porque las declaraciones que hizo el presidente Biden en febrero de 2022 diciendo que Estados Unidos pondría fin a los oleoductos estaban siendo revaluadas en todo el mundo. Scahill también escribió que la forma en que la información se filtró a The New York Times “recordaba a otros esfuerzos de fuentes anónimas de los servicios de inteligencia de EE.UU. por blanquear una narrativa bajo la apariencia de una primicia periodística”. En una entrevista añadió: “Creo que (...) hay miembros dentro de la comunidad de los servicios de inteligencia de Estados Unidos que están urdiendo esta historia, y lo están haciendo por una de estas dos razones: o bien para distraer la atención del informe de Hersh o porque es representativa de algún tipo de operación de engaño”.

El razonamiento de Scahill está respaldado por Steven Aftergood, que dirigió el Proyecto sobre el Secreto Gubernamental de la Federación de Científicos Estadounidenses de 1991 a 2021. Aftergood señala que la difusión de falsas narrativas alternativas con el objetivo de encubrir una operación “es una práctica establecida en operaciones militares y actividades de los servicios de inteligencia”. A menudo se denomina “encubrimiento y engaño”, afirmó.

La entrega de desinformación deliberada por parte de fuentes de los servicios de inteligencia a órganos de prensa, que luego la difunden sin crítica, no es, por desgracia, infrecuente en la historia de Estados Unidos. El caso más famoso es, por supuesto, el falso informe sobre las armas de destrucción masiva en Irak. En su momento, fue The New York Times el que otorgó a esta mentira trascendental la respetabilidad del periodismo de calidad. Un año más tarde, después de que cientos de miles de personas hubieran muerto en Irak, The New York Times se disculpó diciendo: “En retrospectiva desearíamos haber sido más combativos a la hora de reexaminar las alegaciones”. 

Desgraciadamente, en este caso tampoco se puede hablar de un análisis exhaustivo de la historia del velero. Julian Barnes, uno de los autores del artículo de The New York Times que se publicó el 7 de marzo, celebró en el pódcast del periódico que su equipo supiera ahora quién era el responsable de los atentados –aunque al final de la emisión dijo lo contrario. “Debo dejar muy claro que en realidad sabemos muy poco. Este grupo sigue siendo un misterio, no sólo para nosotros, sino también para los funcionarios del gobierno estadounidense con los que hemos hablado”. Y después añade una frase sorprendente: los funcionarios del gobierno estadounidense “saben que [el grupo] no está vinculado al gobierno ucraniano”. Pero, si este grupo es tan misterioso, ¿cómo se va a saber exactamente con quién no está relacionado? 

Un examen más detenido revela que la historia del velero es, en el mejor de los casos, bastante inverosímil y, en el peor, una pista falsa en la que han caído prestigiosos medios de comunicación. Esto no significa que no se deba seguir investigando. No es en absoluto imposible que el velero haya desempeñado algún papel, aunque no fuera el que se sospecha. Incluso si se trata de una pista falsa, podría conducir al verdadero culpable.

La historia de Hersh no ha sido probada ni refutada, y es aconsejable, como en cualquier caso criminal, estar abierto a giros inesperados

Y eso nos lleva a la historia alternativa de Seymour Hersh y a la cuestión de hasta qué punto es creíble. La única crítica concreta a sus declaraciones, más allá de los consabidos desmentidos del gobierno estadounidense y de la CIA, ha procedido hasta ahora del ámbito de la inteligencia de fuentes abiertas (Open Source Intelligence u OSINT, por sus siglas en inglés), es decir, de los recopiladores de datos que evalúan la información de libre acceso sobre el tráfico aéreo y marítimo. El artículo más citado al respecto es, con diferencia, el de Oliver Alexander. Un elemento central del artículo de Alexander es la afirmación de que las tesis de Hersh son inverosímiles porque, durante el periodo en cuestión, sobre el lugar de las detonaciones no se localizó ningún avión noruego P-8, que según Hersh lanzó el detonador de las bombas. Hersh ha señalado en repetidas ocasiones que la elusión y el engaño de la OSINT formaba parte de la planificación operativa y que, en cualquier caso, es habitual en este tipo de operaciones encubiertas. El propio Oliver Alexander afirma en su artículo que el rastreo de la OSINT puede eludirse técnicamente en los aviones P-8, lo que invalida su propio argumento. 

Hasta ahora, la historia de Seymour Hersh no ha sido probada ni refutada, y es aconsejable, como en cualquier caso criminal, estar abierto a giros inesperados. Sin embargo, Hersh cuenta con un sólido apoyo, una segunda fuente independiente, por así decirlo: las declaraciones del propio presidente de Estados Unidos. El 7 de febrero de 2022, Joe Biden anunció en una rueda de prensa en la Casa Blanca con el canciller alemán Olaf Scholz que Estados Unidos “pondría fin” al oleoducto si Rusia invadía Ucrania. No sólo fue llamativa la declaración en sí, sino también la reacción del canciller y, posteriormente, de casi todo el panorama mediático occidental: silencio. ¿No acababa de decir un presidente estadounidense que acabaría, por su cuenta, con una infraestructura crítica de un aliado? ¿No debería de haber provocado inmediatamente un debate sobre cuestiones de soberanía nacional? 

Incluso después de los atentados, se prestó poca atención a esta parte de la conferencia de prensa. No obstante, para cualquier investigador imparcial, Estados Unidos debería haber sido el principal sospechoso sólo por estas declaraciones. Para ello ni siquiera fue necesaria la confirmación de la subsecretaria de Estado Victoria Nuland –famosa por su declaración “Que se joda la UE”–, que después de los atentados comentó: “El gobierno de Estados Unidos se congratula de que Nord Stream 2 sea ahora un trozo de metal en el fondo del mar”, una extraña reacción ante uno de los casos más graves de terrorismo internacional de la historia reciente.

A pesar de la claridad de estas palabras, a día de hoy, las autoridades y los medios de comunicación de ambos lados del Atlántico rehúyen de forma visible las insinuaciones de que Estados Unidos pueda estar implicado. Esta conducta evasiva no sorprende en absoluto, porque lo que está en juego es enorme, tanto para Estados Unidos como para Europa. Si resulta que Estados Unidos efectivamente ordenó la destrucción de las infraestructuras de un aliado, el futuro de la OTAN podría estar en entredicho. No es de extrañar que la gente prefiera no tocar esta patata caliente. Sin embargo, precisamente por eso, es necesario que haya una comisión de investigación internacional independiente sobre Nord Stream. Los países de la OTAN que han investigado hasta ahora deben considerarse parciales.

----------------------
Este artículo se publicó originalmente en inglés, en Substack.

Traducción de Paloma Farré

Hace un año, tres de los cuatro ramales de los gasoductos Nord Stream 1 y 2 explotaron en el fondo del mar Báltico. Desde entonces han salido a la luz diversos reportajes sobre los presuntos responsables del mayor sabotaje de la historia reciente, y en torno a ellos ha crecido una maraña de especulaciones. Es...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Fabian Scheidler (Substack)

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí