1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

tribuna

Felipe González: el agua que las derechas bendicen

La razón del éxito del expresidente del Gobierno entre las élites conservadoras es que desplegó unas políticas ultraliberales favorables a la banca y las grandes empresas y lesivas para los trabajadores

Eduardo Luis Junquera Cubiles 3/10/2023

<p>Felipe González en una rueda de prensa como presidente del Gobierno en 1986. / <strong>Pool Moncloa</strong></p>

Felipe González en una rueda de prensa como presidente del Gobierno en 1986. / Pool Moncloa

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

Camina Felipe González sobrado de coherencia. Aquello de “OTAN, de entrada, NO” ya no cuenta. Tampoco lo de “voy a crear 800.000 puestos de trabajo” para, luego, destruir 900.000 empleos en su primera legislatura. En su debe no está, naturalmente, el hecho de que concediera 5.944 indultos, algunos tan difícilmente comprensibles como el otorgado al expresidente cántabro del Partido Popular Juan Hormaechea, condenado por malversación de caudales públicos (los “servicios” prestados a la derecha son casi infinitos). También fue polémico, además de injustificable, el que recibió Jesús Gil, que después de ser condenado por estafa hubiera ingresado en prisión, tras vender una parcela embargada. Pero Felipe González es así y no tiene obligación alguna de dar explicaciones. Al fin y al cabo, digámoslo claro, es una cuestión de soberbia de este personaje, que es como el gallo, que piensa que el sol sale gracias a su canto. Destruyó decenas de miles de puestos de trabajo de calidad, los de la industria, previa superinyección de dinero público a diversas fábricas y factorías antes de su venta a manos privadas. Pero al rey Sol no podemos reprocharle nada, claro está. Es infalible. Nos regaló varias reformas laborales, y la de 1994 legalizó el trabajo esclavo al permitir la entrada en nuestro país de las empresas de trabajo temporal (ETT). Si consideran exagerada esta definición, les invito a hablar con personas que hayan sido contratadas por este tipo de empresas. 

No nos engañemos, el PSOE que reivindica Feijóo cuando dice “quiero al PSOE que fue” es el PSOE de González, el partido que siempre llevó a cabo políticas de derechas, en contraste con el Partido “Socialista” actual, obligado por primera vez desde la Transición a hacer políticas de izquierdas por el pacto de coalición con Unidas Podemos. “Es inevitable”, nos dijo González. “Lo hago por responsabilidad”, continuó. “Necesitamos modernizar la economía y hacerla más competitiva”, finalizó. Y muchos le creyeron. “Es un hombre de Estado”, nos decían sus imprescindibles cómplices de tropelías, muchos de ellos manchados de corrupción; será por eso que cuando lanzaba la moneda al aire siempre caía del lado de los intereses de la gran banca y los empresarios. 

Tampoco entenderemos nunca por qué González promovió un modelo de escuela concertada que resta recursos a la pública 

Tampoco entenderemos nunca por qué González promovió un modelo de escuela concertada que resta recursos a la pública y que, en el contexto europeo, solo existe en Bélgica. O por qué motivo jamás cuestionó durante sus 14 años de gobierno ni uno solo de los privilegios de la Iglesia Católica en España. Con justicia, todo esto debería considerarse incoherente para un político de izquierdas, pero el error está en nosotros, que somos unos necios incapaces siquiera de atisbar todo aquello que González ve y comprende con toda lucidez. Durante sus gobiernos, el paro nunca bajó del 16% e incluso, en 1994, se situó en el 24,55%, lo que no impide que permanentemente esté dispuesto a darnos lecciones acerca de todo. Hace año y medio, el exsecretario general de Comisiones Obreras Antonio Gutiérrez manifestó en la Cadena SER, al hilo del sempiterno deseo del expresidente de tutelar al pueblo español, que “González no tiene sentido del ridículo”, pero yo creo que su afán de protagonismo, disfrazado de responsabilidad y sentido de Estado, nace de los dos componentes más importantes de su base caracterológica: su insufrible vanidad y su insoportable soberbia.

Tampoco terminamos de entender por qué alguien que se define como socialista jamás haya apoyado ningún proyecto democrático de izquierdas en América Latina. Muy al contrario, González llegó a elogiar a Pinochet, diciendo “que respetaba más los derechos humanos que Nicolás Maduro”. Nunca rectificó estas palabras sobre el dictador chileno. Imagino que los más de 3.000 muertos y 40.000 víctimas que Pinochet llevaba a sus espaldas como muestra de su extraordinario respeto por los derechos humanos no eran para él razón suficiente. Hablando de América Latina, el gran aliado de González en la región es Fernando Henrique Cardoso, presidente de honor del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña). La nomenclatura, en este caso, no es determinante. En los estatutos del PSDB no se mencionan en ningún caso las palabras “izquierda” o “socialdemocracia”. El partido se define como una formación liberal de centroderecha y sus pactos siempre se han producido para sacar del poder al Partido de los Trabajadores, siendo la destitución de Dilma Rousseff, en 2016, en alianza con fanáticos evangélicos y con un Bolsonaro que dos años después alcanzaría la presidencia, el caso más relevante y grave.

Tampoco terminamos de entender por qué alguien que se define como socialista jamás haya apoyado ningún proyecto democrático de izquierdas en América Latina

Hablando de derechos humanos y del derecho a la memoria: desde 1986, los servicios secretos informaron a González de que el riesgo de involución del Ejército se había desvanecido. Era un buen momento para empezar a sacar a los muertos de las cunetas, atendiendo las reivindicaciones de las asociaciones de represaliados por el franquismo, pero para el exlíder del PSOE eso no pareció ser nunca una prioridad tan urgente como liberalizar la economía. La democracia española tiene una deuda moral con los desaparecidos durante la dictadura, y esto no tiene nada que ver con reabrir viejas heridas y todos esos tópicos absurdos.

González ha deslizado muchas veces, al menos de forma implícita, que para que España fuera gobernable y estable durante sus gobiernos era imprescindible permitir los desmanes del rey Juan Carlos y la familia Pujol, amén de uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia política de Europa: el esquema del 3% de CIU en Cataluña, comparable a nivel mundial con la red clientelar creada por el PRI en México, entre 1930 y 2000. Todo esto no fue sino una manera de decirnos que comparte con todos ellos su misma laxitud ética. Esto es lo que él llama “responsabilidad”, el cuento de siempre. De las tres cuestiones fue informado con profusión de detalles desde 1982 por el CESID. Si ese fuera el precio a pagar por vivir en democracia –que desde luego no lo es–, pediríamos a cambio, por lo menos, que se nos guiase sin disculpas y sin variar el rumbo un ápice hacia la tierra prometida de la socialdemocracia. Pero lo que sucedió fue justo lo contrario y donde González nos llevó fue a su paraíso neoliberal, y en muchos casos neoconservador, que supuso un infierno para millones de ciudadanos indefensos ante la desregulación y condenados a la precariedad. También por “responsabilidad”, se mantuvo absolutamente indiferente e inactivo ante la epidemia de corrupción que asoló su partido y sus diferentes gobiernos desde 1982 hasta su último día en Moncloa. De esa interminable cascada de corruptelas, tuvo la gentileza de decirnos cínicamente que se enteró por la prensa, exactamente lo mismo que declara Esperanza Aguirre acerca de la hedionda charca de ranas en que se convirtió la Comunidad de Madrid durante sus tres mandatos. Ellos son así: están por encima del bien y del mal.

Privatizando, que es gerundio 

En la conciencia de muchos españoles, Aznar ha permanecido como el gran adalid de la privatización, pero cuando el exlíder del PP llegó a la Moncloa, en 1996, el Estado solo conservaba un 21% de Telefónica; un 10% de Repsol; un exiguo 3,8% de Gas Natural; un 28,1% de Argentaria, la antigua banca pública; un 52,4% de Tabacalera; y el 67% de Endesa. El resto lo había privatizado el “socialista” Felipe González. Entre las mentiras enlatadas con las que el PSOE maquilla cualquier medida neoliberal, con el fin de enterrar todo debate, está esa que dice que el sector público español no era rentable, pero muchos catedráticos y expertos económicos a los que convenientemente se marginó en la época en que González gobernaba discrepan totalmente de esta afirmación y señalan que algunas empresas públicas sí lo eran. Cuando estafadores ideológicos como el expresidente tratan de incorporar al lenguaje político términos propios del neoliberalismo como “rentabilidad”, debemos responderle que la principal función de las empresas públicas es garantizar un servicio a los ciudadanos llevando, por ejemplo, el tendido eléctrico a todos los rincones del país, no ser rentables ni proporcionar ingresos al Estado. Mientras tanto, después de que nuestras propias autoridades se esforzasen por convencernos de que la construcción naval no era rentable y de que la política, como instrumento para proteger la industria, era innecesaria (Solchaga llegó a decir que el futuro de España, por razones climáticas, era convertirse en un país de servicios y que la mejor política de industria es la que no existe), comprobamos cómo se cerró 2017 para Alemania. Según datos de la empresa pública ICEX, que promueve la internacionalización de las empresas españolas y la inversión extranjera, Alemania cuenta con 3.300 empresas que operan en la construcción de cruceros, grandes yates, transbordadores y buques especializados, que dan trabajo a unas 300.000 personas y generan unos beneficios de 20.000 millones de euros anuales. Por cierto, el proceso de privatizaciones en España no se llevó a cabo con una ley específica reguladora, sino que cada operación formó parte de una única decisión gubernamental, lo que propició la opacidad.

La medida más brutal y dañina, que pervive hasta hoy, fue la decisión de dejar en manos de la banca privada la capacidad de financiar a los Estados

Pero de todas las medidas lesivas para la economía aprobadas por Felipe González, la más brutal y dañina, que pervive hasta hoy, fue la decisión de dejar en manos de la banca privada la capacidad de financiar a los Estados, disposición que consagró junto a otros líderes europeos en el Tratado de Maastricht. El contenido del Tratado nunca fue explicado a la población en un tiempo en el que la televisión pública apenas informaba de estas cuestiones y se limitaba a entretener a la sociedad con eslóganes estúpidos como el que decía que “España está de moda en el mundo”. ¿Les suena? El Tratado de Maastricht entró en vigor el 1 de noviembre de 1993 y ha sido modificado por los Tratados de Ámsterdam, Niza y Lisboa. Según su artículo 104, que es idéntico al artículo 123 del Tratado de Lisboa, “se prohíbe la financiación de las administraciones públicas a través de los bancos centrales de cada país”. El diseño de la política económica es responsabilidad del Banco Central Europeo (BCE), mientras que el poder de conceder dinero recae en la banca privada. España ha gastado desde la entrada en vigor del Tratado más de 970.000 millones de euros en intereses de deuda. Cada vez que escuchen aquello de “no hay dinero y los recursos son limitados”, recuerden que, gracias al Tratado, España paga cada día 100 millones de euros en intereses de deuda. Cada día. La derecha española no ha regalado un elogio a nadie a lo largo de su historia. Si ensalzan a Felipe González no es por esa estupidez de considerarle un “hombre de Estado”, sino por los privilegios que le debe la banca privada y porque jamás tocó una estructura de poder en España. ¿Desde cuándo acabar con un valioso y extenso sector público, liquidar la industria y legislar contra el trabajador a través de reformas laborales infames, que no estaban en el programa electoral del PSOE, es ser un hombre de Estado? 

José María Cuevas, presidente de la patronal de empresarios CEOE entre 1984 y 2007, llegó a decir: “Felipe González comparte las tesis de la CEOE sobre política económica y laboral”. El mayor “triunfo” del PSOE es habernos convencido de que no existía otro camino para España, hoy desigual, despedazada y precaria, que no fuera el que ellos trazaron al inicio de la Transición con Estados Unidos y con la Internacional “Socialista” de Willy Brandt, entregada por entero al capitalismo más brutal e insaciable, que es el que parió la crisis de 2008 por medio de la especulación inmobiliaria y la desregulación.

Tal vez por ello, González reserva sus declaraciones más solemnes y contundentes para defender al Estado, los intereses de los bancos y las grandes empresas y las políticas económicas de derechas. Ese lenguaje enérgico jamás lo utiliza para denunciar atropellos como los que sufrió la ciudadanía en 2011, cuando se reformó el Artículo 135 de la Constitución (una carta magna que él y casi todos nuestros políticos han pisoteado una y mil veces en varios de sus artículos) para dar prioridad al pago de la deuda por encima de cualquier otro gasto. La reforma impuso a nuestro país el deber de no endeudarse, algo muy sensato, pero no hizo distinción alguna sobre si el endeudamiento se producía para realizar inversiones en infraestructuras, para garantizar los servicios sociales o para cualquier otra inversión importante más allá de garantizar a la banca privada la recuperación de su dinero.

Cuando se aprobó la reforma, González no levantó la voz ni tampoco le escuchamos hablar de “fraude” o “chantaje” contra los españoles, tal como hace ahora ante una previsible investidura de Sánchez. Felipe González fue el único presidente de la historia de España que pudo transformar el país y convertirlo en una socialdemocracia al estilo de las que existen en el norte de Europa. Pudo hacerlo porque contó con tres mayorías absolutas entre 1982 y 1993 y, principalmente en el período 1982-89, porque tenía el apoyo del pueblo en las calles, algo que no ha podido decir ningún otro gobernante. No al menos en la misma medida.

Hace unos años Glez. se permitió decir que todo el que discrepe de él “no es socialista”, cosa que únicamente expresa alguien sobrepasado por su soberbia

No existió un giro neoliberal por parte del PSOE. El neoliberalismo era la única forma de gestión que contemplaba González, que para el socialismo español fue una figura similar a las de Schröeder en Alemania, Blair en Reino Unido, Carlos Andrés Pérez en Venezuela o Bettino Craxi en Italia: políticos que, pese a definirse como socialdemócratas, se dedicaron con esmero a aprobar políticas económicas de derechas y a desmontar los sectores públicos de sus países para entregarlos al sector privado. Cuando las políticas neoliberales son impuestas desde partidos pretendidamente izquierdistas es más fácil que la población las vea como inevitables y termine aceptándolas, pero no por ello se convierten en menos dañinas. González nos dio el mínimo común que existía en Europa: educación primaria obligatoria y un sistema de salud universal, y con ese bagaje se empecina en justificar el resto de su gestión neoliberal y neoconservadora.

No contento con todo esto, arrastró su cargo de expresidente por el barro entregándose en brazos de Gas Natural (la actual Naturgy), una forma de decirnos que si uno se empeña puede ensuciar aún más una carrera política dedicada a defender los intereses de los poderosos. En su engolada soberbia piensa que la multinacional catalana le contrató por su sabiduría y conocimiento geoestratégico, pero alguien cercano debería explicarle que estas empresas compran la agenda de teléfonos de los ex cargos públicos y su capacidad de abrir puertas y llegar donde los ciudadanos normales nunca llegamos.

González siempre está dispuesto a decirnos con ese aire de severa advertencia que “si metemos la pata la saquemos rápido”, pero tardó más de cinco años en sacarla de Gas Natural. Cosas de vivir en las alturas y acostumbrarse al culto a la personalidad que le dedican sus más cercanos. De la compañía energética catalana recibió más de 566.000 euros, a los que hay que sumar los más de 2,3 millones que ha cobrado como expresidente desde 1996, y el salario de oro que recibía como consejero editorial del grupo PRISA.

¿Saben por qué Felipe González es un protegido del sistema? Porque esa es la forma de decirnos que, si alguien como él, presuntamente socialista, ha llevado a cabo medidas neoliberales es porque no es posible gobernar con otras recetas que no sean las de derechas. No es cierto y está probado de forma empírica, pero, aunque lo fuera, tenemos derecho a soñar con un mundo más igualitario, sostenible, justo y humano, alejado del proyecto económico que siempre ha propuesto el expresidente: un paraíso derechista en el que nada regule y limite el poder de las empresas. González siempre ha utilizado el espantajo del comunismo para infundir miedo en la sociedad. Pertenezco a una generación, la de los nacidos en los años setenta, a la que dijeron que el comunismo nos lo quitaría todo y ese era el mayor de nuestros miedos políticos. Sin embargo, fue el capitalismo el que dejó a millones de ciudadanos de Europa y Estados Unidos en la estacada, sin casa y sin empleo. Lo contrario del neoliberalismo que Felipe González ha defendido siempre no es el comunismo ni ninguna opción totalitaria con la que tratan de atemorizarnos, sino la justicia social. Y es increíble que tengamos que defender esta obviedad.

En muchos encuentros con periodistas dóciles, Glez. deja caer que aún no comprendemos nada de las salvajes medidas económicas que propuso y aprobó, pero que más adelante las entenderemos y sabremos que estuvimos ante un profeta incomprendido. Y todo esto lo piensa en serio, no se trata de un farsante. Hace un par de años se permitió decir que todo el que discrepe de él “no es socialista”, cosa que únicamente puede expresar alguien sobrepasado por su soberbia e incapaz de aceptar de buen grado una fiscalización mínima. Yo no critico su edad, su inconmovible fe en las políticas neoliberales o su desmesurado egocentrismo que le impide tener una cierta sensación de ridículo. Lo que condeno en González es que, siendo un líder neoliberal y conservador hasta la médula, cuyas despiadadas políticas económicas pagamos todavía, tenga todavía la desfachatez de querer pasar a la historia como un dirigente de izquierdas. 

Camina Felipe González sobrado de coherencia. Aquello de “OTAN, de entrada, NO” ya no cuenta. Tampoco lo de “voy a crear 800.000 puestos de trabajo” para, luego, destruir 900.000 empleos en su primera legislatura. En su debe no está, naturalmente, el hecho de que concediera 5.944 indultos, algunos tan...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Eduardo Luis Junquera Cubiles

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

5 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. juanjosegr

    creo que Felipe González y adláteres ya se han pronunciado sobre la no renovación del CGPJ.

    Hace 6 meses 16 días

  2. juanjosegr

    Excelente artículo que para los que hemos sufrido las políticas de este mercenario es benigna, hay que ponerse en el lugar de quien ha perdido el trabajo y comprueba que los que pretendidamente le iban a solucionar su problema no solo se desentienden si no que de deja en la estacada. La soberbia con la que actuaban los ministros del PSOE, conscientes de su impunidad, contra los obreros que les habían votado y la absoluta falta de empatía de su administración para con los desempleados a los que nos trataban como ciudadanos de segunda después de haber propiciado nuestro desempleo. Era el despotismo ilustrao de unos señoritos que por fin habían encontrado su puesto para saquear a su antojo sin ninguna vergüenza, les veías engolados y suficientes proponiendo políticas que te perjudicaban con una frialdad digna del mayor sádico mientras que sus amiguetes les hacían la pelota en la bodeguilla y el con su habano en la boca se ponía a surcar el Azor, yate maldito de Franco, como si fuera algo natural, mucho asco hacia este personaje al que no deseo más que sufra todo el mal que ha producido, cosa imposible. Eso si ha dejado a su querida y a su prole bien arreglada y pertrechada. Sabremos algún dia sus posesiones y fortuna y de donde ha salido?, recordemos que el era abogado laboralista y vivía en un piso no muy lujoso del barrio de La Estrella y ahora debe tener posesiones para el y para sus descendientes, ¿ de donde saca para tanto como destaca Sr. González?. De la X mejor no hablar

    Hace 6 meses 17 días

  3. ivan-vallejo

    Enhorabuena por el artículo y el repaso al historial del Sr González. Hay un punto en el que no puedo estar de acuerdo: el PSOE no hizo la vista gorda con el emérito. Para que pudiera sacar todas las comisiones que sacó, le crearon una empresa pública para ello, pues el Rey no se presentaba en Arabia como freelance. Y le colocaron el CNI para ayudarlo en los trapicheos, más la judicatura (y la prensa va de soi, empezando por el grupo PRISA). Otro punto naif: CiU y el 3%. Por favor, lo que hacía Pujol es lo mismo que hacían y hacen AP/PP y PSOE, pero a mayor escala en el caso de los partidos estatales. Por qué España es el país del mundo con más km de alta velocidad después de China? Qué sobrecoste ha habido en esas obras? Qué empresas son las que más donan a PSOE/PP? Las mismas que salieron en lo de lo del 3% de CiU. Las donaciones a partidos estatales son desinteresadas? Las cláusulas del contrato del Castor, de recompra de las radiales de Madrid, las pusieron PP y PSOE por descuido? A Pujol le han sacado los colores por hacerse independentista (y me parece bien), pero no es un caso aislado, todo el sistema de partidos del 78 está podrido.

    Hace 6 meses 18 días

  4. juan-ab

    “¿Cuál es su opinión sobre Felipe González?” (pregunta El País) “Un hombre con el que no comparto muchas de sus ideas, pero bueno que fue clave en nuestro país”, responde con esa manera tan suya Yolanda Díaz durante aquellas “20 nombres y 20 respuestas” en El País (un documento imprescindible para conocer el paño que envuelve a esa persona política). ¿Qué clase de ignorancia, mejor dicho, qué clase de ambición política encarna esta mujer? ¿Cómo es posible que estemos de nuevo en riesgo ante semejante candidatura? Ateniéndonos a la gran estafa del trilero González (y un trilero siempre cuenta con su camarilla política, económica, mediática, etc) que tan bien desarrolla este preciso artículo de lectura obligada, y después de un paréntesis inaudito en la política española desde la transición (la desarrollada por Podemos, primero, y Unidas Podemos, después), ¿estamos ya en disposición de aceptar, una vez más, la vergonzosa servidumbre voluntaria, embobadas por un canto de sirena? Seréis capaces...

    Hace 6 meses 21 días

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí