1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

  308. Número 308 · Mayo 2024

  309. Número 309 · Junio 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

MEMORIA HISTÓRICA

Dos aviones, una bala y, quizá, otro avión

Sobre la función estratégica que desempeñó la Cruz Roja durante la Guerra Civil y los impedimentos para que actuase en el ‘bando nacional’

Víctor Sombra 27/04/2024

<p>Vista general de la Fosa II en el cementerio de las Matanzas de Paracuellos. En segundo plano, la ermita y, al fondo, la gran cruz visible desde el aeropuerto de Barajas. / <strong>SanchoPanzaXXI</strong></p>

Vista general de la Fosa II en el cementerio de las Matanzas de Paracuellos. En segundo plano, la ermita y, al fondo, la gran cruz visible desde el aeropuerto de Barajas. / SanchoPanzaXXI

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

AIRBUS A320

El caso Henny, libro del historiador Sébastien Farré1, arranca con el aterrizaje en Barajas de un avión procedente de Ginebra. “A la derecha de nuestro avión aparece, al final de la pista, una gran cruz blanca de varias decenas de metros de longitud. Está dibujada sobre la ladera de un valle rocoso. Esta marca en el paisaje apenas provoca reacción alguna en los millones de pasajeros que pasan por este aeropuerto, si acaso suscita indiferencia. Para la mayoría de los turistas esa señal probablemente evoca el fuerte sentimiento católico de la sociedad española o un eventual homenaje a los desaparecidos en alguna catástrofe aérea”. Me da la impresión de que somos muchos, no solo turistas, los que hemos hecho una reflexión parecida, entre apresurada y desatenta, tras avistar esa cruz que parece de tiza por la ventanilla del avión, en mi caso un AIRBUS A320 procedente también de Ginebra. 

El caso Henny relata cómo encaró el Comité Internacional de la Cruz Roja el inicio de la Guerra Civil y la masacre de Paracuellos

Nada que ver. La cruz es tan visible como oculto ha quedado lo que señala: el lugar en que fueron enterradas las víctimas de las matanzas de Paracuellos en el invierno de 1936. Esa cruz apunta por tanto al cerco de Madrid en el principio de la Guerra Civil española: los militares alzados en armas acaban de vadear el Manzanares y el frente de la Ciudad Universitaria se hace cada vez más inestable, con algunas avanzadillas de tambores que llegan a superar el Parque del Oeste hasta alcanzar la Plaza de España, e incluso la Gran Vía. El “no pasarán”, la llegada de las Brigadas Internacionales y la resistencia popular salvarán in extremis la situación, pero entretanto el Gobierno se traslada a Valencia y crece el temor por el riesgo que entrañan las cárceles más cercanas al frente, en las que se hacinan cientos de simpatizantes de los sublevados. La cruz blanca señala el lugar de la ejecución sumaria de muchos de esos prisioneros durante los meses de noviembre y diciembre de 1936 y el de su enterramiento, primero en fosas comunes, luego, una vez acabada la guerra, en el Santuario de los Mártires de Paracuellos.

El caso Henny relata cómo encaró el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) el inicio de la Guerra Civil y la masacre de Paracuellos. Lo hace a partir del breve periplo del primer delegado del CICR en el Madrid cercado por los militares. Georges Henny, que acababa de terminar su residencia en el Hospital Cantonal de Ginebra, fue nombrado adjunto al delegado general para España, Marcel Junod. A diferencia de su jefe, que llevaba a cabo sus tareas desde el País Vasco francés, Henny se instalará en Madrid y se hará cargo de poner en marcha una oficina que funcionará a pleno rendimiento durante la guerra. El joven médico llegó a Madrid el 15 de septiembre de 1936. Tenía 29 años. Nunca había estado en España ni hablaba español. Tres meses después fue repatriado por carretera, tras ser derribado el avión con el que trató de abandonar la ciudad unos pocos días antes. 

Un periplo corto y un delegado anodino, del que apenas se conservan trazas en los archivos del CICR o de las instituciones españolas. Y sin embargo, Henny desempeñará un papel decisivo en la puesta en marcha de las operaciones humanitarias del CICR en el Madrid de la Guerra Civil. 

La enorme cantidad de refugiados (entre 7.000 y 10.000) influyó en el desarrollo de las operaciones humanitarias y la consolidación del derecho internacional

En los meses que siguieron al levantamiento militar miles de personas se refugiaron en las delegaciones diplomáticas de la capital.  Se trataba de militares, empresarios, políticos, religiosos, profesionales, personas cercanas a los sublevados o que podían ser considerados como tales, en un ambiente de tensión máxima por los bombardeos sobre la población civil y la cercanía del frente. La enorme cantidad de refugiados (entre 7.000 y 10.000) en las embajadas y la duración de la protección que se les otorgó, que, en algunos casos se extendió casi hasta el final de la guerra, influyeron poderosamente tanto en el desarrollo de las operaciones humanitarias del CICR como en la consolidación de los principios de derecho internacional relacionados con la inviolabilidad de las legaciones diplomáticas y la inmunidad de su personal. 

Ante la suspicacia de las autoridades republicanas, que hacían frente a una población soliviantada por los bombardeos, el CICR apoyó la evacuación de los refugiados de las embajadas, una buena parte de los cuales, una vez cruzada la frontera francesa, la volvían a cruzar en otro punto para integrarse de un modo u otro en el esfuerzo militar del bando sublevado. En esta actividad el CICR colaboró estrechamente con una red de diplomáticos de países neutrales, la mayoría de los cuales simpatizaba con el bando de los militares rebeldes. Esta red se dedicaba también a ayudar a escapar a personas escondidas en distintos lugares de la ciudad, lo que incrementaba la desconfianza republicana hacia sus miembros y, por extensión, hacia el delegado de Cruz Roja que trabajaba con ellos.     

Henny puso especial énfasis en las tareas relativas a la información y la localización de los desaparecidos, así como en la atención a los prisioneros de las cárceles de Madrid, que recibían medicamentos, ropa y alimentos a través del CICR. Tal y como señala Farré, “la identificación de las personas desaparecidas, las listas de prisioneros, su lugar de encarcelación, y, de una forma general, el desarrollo de contactos con la administración de prisiones constituyen una apuesta significativa para las familias pero también para las redes de solidaridad clandestinas que poco a poco se han ido poniendo en pie”. 

En estrecha relación con todas estas tareas, el CICR se ocupará, con desigual fortuna, de organizar intercambios de prisioneros entre los dos bandos. 

El CICR era heredero de una concepción elitista del trabajo humanitario, que se reflejaba en sus órganos de dirección, copados por nobles y grandes fortuna

Pese a que el CICR trataba de reivindicar la neutralidad como seña de identidad frente a organizaciones vinculadas a movimientos políticos como el Socorro Rojo, este rasgo de se veía comprometido doblemente, tanto por factores internos como externos.  El CICR, al igual que las sociedades nacionales de la Cruz Roja, era heredero de una concepción elitista del trabajo humanitario, que se reflejaba en sus órganos de dirección, copados por nobles y grandes fortunas. Además el CICR era muy cercano al Gobierno suizo y actuaba a menudo como un instrumento de una política internacional marcadamente conservadora y anticomunista. Esto se puso de manifiesto en distintas circunstancias, por ejemplo, en los intercambios de prisioneros que se organizaron en el País Vasco en el que el CICR tomó siempre como interlocutores a representantes católicos del nacionalismo vasco (PNV) en detrimento de las autoridades laicas de la República. 

Los factores externos comprometieron aún más la neutralidad del CICR. Aunque a regañadientes, el Gobierno de la República aceptó que Henny y otros delegados del CICR cumplieran sus cometidos. Sin embargo, pese a las garantías formales recibidas, la mayor parte de los delegados enviados a la zona nacional no pudieron cumplir su tarea y en algunas ocasiones ni siquiera se les permitió instalarse en las ciudades asignadas. El clasismo y conservadurismo de la CICR no eran tales a los ojos rebeldes: sus actividades fueron obstaculizadas y a veces directamente impedidas. Militares golpistas como Queipo de Llano tacharon al CICR de instrumento del comunismo y la francmasonería y llegaron a detener a sus delegados. La prensa golpista se sumó al acoso contra el CICR y centró sus ataques en el delegado general para España, Marcel Junod, al que calificaban reiteradamente de masón, lo que le hacía acreedor de la conspiranoia genocida de los alzados, que convertía a masones, judíos y protestantes en blanco de represalias por el solo hecho de serlo.  

La consecuencia de este desequilibrio será la indefensión de los presos y perseguidos republicanos, la falta de información sobre desaparecidos y ejecutados en el bando nacional, frente al fuerte apoyo a la evacuación de los refugiados en Embajadas, el sostén a los presos en cárceles republicanas y la documentación, a menudo minuciosa, de las víctimas de ejecuciones extrajudiciales en la capital controlada por la República. 

POTEZ 54

El 8 de diciembre de 1936 Henny se disponía a regresar a Ginebra. Aunque llevaba poco tiempo en su puesto, las circunstancias habían sido extremadamente difíciles: un ritmo de trabajo endiablado y mucha tensión con sus interlocutores locales y sus superiores del CICR. Sus visitas a las convulsas prisiones madrileñas y otras gestiones en favor de refugiados y prisioneros contravenían las instrucciones de limitar al máximo la asunción de riesgos. Era preciso descansar y recibir apoyo y orientación en la sede de la CICR. 

El viaje de regreso resultó tan atribulado como el desempeño de sus funciones. Henny abordó un bombardero de la Embajada francesa, un Potez 54 adaptado para uso civil, que fue derribado poco después de despegar de Barajas. Los supervivientes del ataque, incluido Henny, herido de bala en una pierna, fueron atendidos en un hospital republicano cerca de Pastrana. Pocos días después Henny seguirá su viaje a Ginebra por vía terrestre. Ya sea por agotamiento y desmoralización o por el descontento de las autoridades del CICR sobre su desempeño, Henny no volverá como delegado a España. 

Avión de la Embajada francesa abatido poco después de su despegue de Barajas el 8 de diciembre de 1936. / GEORG EDITEUR/© COLLECCIÓN LINCOLN-DELAPRÉE

Ya vimos que en su corta estancia en el Madrid sitiado, pese a las difíciles circunstancias, Henny sentó las bases de distintas actividades que el CICR llevó a cabo durante la guerra: evacuación de refugiados de las embajadas, y posiblemente también de otros perseguidos, localización de desaparecidos, apoyo a los prisioneros de las cárceles de la República y canjes entre los de distintos bandos. Entre todas sus actividades, hubo un episodio especialmente decisivo, tanto por el número de vidas implicadas, como por el impacto que tuvo en la construcción de los imaginarios de la Guerra Civil.   

El 6 de noviembre de 1936, ante la inminente caída de Madrid, el Gobierno republicano se desplazó a Valencia. Las tropas franquistas estaban al borde de la ciudad y el frente se situaba especialmente cerca de la cárcel Modelo, ubicada en Moncloa, con lo que las autoridades republicanas temían que la eventual liberación de los presos, muchos de ellos militares, supusiera un golpe definitivo para hacerse con la ciudad. Se tomó entonces la decisión de trasladar a los presos políticos en dirección a Alcalá de Henares. Los traslados tuvieron lugar entre el 7 y el 9 de noviembre y, en un segundo periodo, entre el 18 de noviembre y el 4 de diciembre y afectaron también a otras tres prisiones madrileñas. Solo una pequeña parte de los prisioneros, alrededor de 200, llegarían a su lugar de destino. Entre 2.000 y 2.500 personas (2.263 conforme a la documentación del CICR) fueron ejecutadas en Torrejón y Paracuellos de Jarama y enterradas en fosas comunes.       

La noticia de las sacas y las sospechas sobre el fatal destino de los prisioneros se conocieron muy pronto y tanto Henny como miembros de la red diplomática antes mencionada trataron de evitar que se siguieran produciendo traslados y determinar el paradero de los prisioneros ya evacuados. En esta tarea contaron con el apoyo de algunos funcionarios de prisiones y políticos republicanos en el marco de una situación de caos agravada por la salida del Gobierno de Madrid. El consecuente vacío de poder, la falta de coordinación y el antagonismo entre distintos cuerpos de seguridad y milicias de los partidos republicanos hizo especialmente difícil esta tarea. 

Aquellos días se sucedían los combates aéreos, con participación no solo de aviones españoles, republicanos y rebeldes, sino también de soviéticos y nazis

Tras entrevistarse con distintas autoridades y hacer frente a un cúmulo de voces contradictorias, Henny y sus colaboradores consiguieron no solo verificar el lugar de las ejecuciones y enterramiento de las víctimas sino también constatar en los registros de la prisión qué personas habían sido evacuadas y, tras deducir aquellas que llegaron a destino, conocer de forma precisa los que habían sido ejecutados. En todo este proceso llama la atención la porosidad de las prisiones republicanas a las que el CICR y los diplomáticos de distintos países siguen accediendo con relativa facilidad para entrevistarse con prisioneros y entregarles donativos. Destaca también la connivencia de algunos funcionarios de prisiones, que colaboraban con el CICR y criticaban con dureza el descontrol en la prisión y las ejecuciones extrajudiciales.     

Se sabe por tanto quiénes fueron asesinados y dónde fueron enterrados. De hecho, tras ganar la guerra, el bando nacional construyó un santuario en su honor al que fueron trasladados los cuerpos de las víctimas. Ese es justo el lugar que marca la cruz blanca que se ve desde las pistas de Barajas. Pasamos delante de Paracuellos sin verlo, sí, y quizá el libro de Farré, al tiempo que revela detalles significativos de la labor del CICR en España arroje también luz sobre las dinámicas del conocimiento y la consideración social de las ejecuciones extrajudiciales durante la Guerra Civil.  

En los archivos del CICR en Ginebra se conservan las listas de las sacas que preparó Henny con ayuda de los funcionarios de las prisiones de Madrid y que contienen los nombre de los trasladados, con la indicación de si llegaron o no a destino, esto es, si se salvaron o fueron ejecutados. Esta actividad no fue exclusiva de Henny, diplomáticos de distintos países tuvieron acceso a las mismas fuentes, por lo que las cancillerías de las grandes potencias supieron muy pronto la dimensión precisa de lo que estaba sucediendo y tomaron medidas para tratar de detenerlo. Las protestas diplomáticas contribuyeron a impulsar la recuperación del control de las cárceles por el Gobierno y el cese inmediato de las ejecuciones, lo que se logra el 4 de diciembre de 1936, con el nombramiento del cenetista Melchor Rodriguez García como delegado especial de la Dirección General de Prisiones. 

El avión de la embajada francesa en el que Henny volvía a Ginebra fue abatido poco después de las ejecuciones de Paracuellos y de la preparación de las listas. Algunos historiadores han sostenido que el avión fue derribado para tratar de evitar que Henny presentara pruebas de los crímenes de Paracuellos ante el CICR. Los investigadores  debaten sobre si fue derribado por el bando franquista o por la República. En aquellos días se sucedían los combates aéreos en el cielo de Madrid, con participación no solo de aviones españoles, republicanos y rebeldes, sino también de cazas soviéticos y nazis que apoyaban a cada bando. Sebastien Farré presenta en su libro una prueba concluyente de quién disparó contra el avión francés, aunque no de sus motivaciones. Se trata en todo caso de una prueba muy sólida porque Henny la llevó en su cuerpo hasta que se la extrajeron en un hospital republicano. Como funcionario diligente la llevó luego consigo para entregarla a sus superiores en Ginebra donde hoy se conserva en el Museo del CICR.  

NORTH AMERICAN B-25 MITCHELL

No quiero desvelar el misterio de la bala, la que identifica a la fuerza aérea responsable del derribo del POTEZ 54, la que tira de la trama de El caso Henny. Prefiero centrarme en el delegado que no volvió a España, renunció a su trabajo para el CICR tras entregar sus informes (y el proyectil) y ejerció como médico en un apacible barrio de Ginebra hasta su jubilación. Henny no cambió nunca de trabajo, permaneció soltero y no tuvo hijos.  No se le conocen otras actividades ni aficiones. 

No puedo evitar imaginarle al llegar a casa tras una monótona jornada de trabajo. Tumbado en la penumbra de su cuarto, sin quitarse los zapatos ni abrir la cama, cierra los ojos para abrirlos en el Madrid sitiado. Henny tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre sus tres meses madrileños, no solo sobre su frenética y peligrosa actividad como delegado del CICR, sino también sobre su propia experiencia como víctima de guerra. Llevar en su cuerpo el testimonio de la identidad del agresor le haría reflexionar sobre la importancia de los datos y la información verificable para el trabajo que desempeñó en Madrid. ¿Cómo evaluar sin ellos los crímenes extrajudiciales? Imagino a Henny recordando los nombres de las listas de Paracuellos y sus frenéticas y arriesgadas visitas a las prisiones y, más tarde, a las fosas comunes. El miedo y las dudas sobre a quién confiarse, y hasta dónde, y aún así, su obstinación por esclarecer lo sucedido, hasta lograr la localización e identificación de las víctimas y conocer las circunstancias de su brutal ejecución. Reflexionaría sin duda sobre las limitaciones de su cometido en el bando republicano, pero no podría evitar compararlas con la ausencia del CICR sobre el terreno de las violencias del bando nacional, sobre la falta de ayuda a los presos y a quienes eran objeto de persecución política al otro lado del frente. 

Es posible que un interés sobrevenido hacia los aviones de combate, a raíz de su experiencia del derribo de la aeronave que lo sacaba del frente, le hiciera interesarse en los años cuarenta por el llamado sesgo de supervivencia y su aplicación por el matemático Abraham Wald al reforzamiento del fuselaje de los aviones empleados en el esfuerzo de guerra contra Alemania. Los Aliados mapearon los agujeros de bala en los bombarderos que tras regresar a sus bases mostraban impactos de fuego enemigo (ver imagen inferior, tomada de Wikimedia). Buscaban así reforzar las áreas más fuertemente golpeadas por la artillería enemiga y disminuir el número de aviones abatidos. La reacción inicial fue centrarse en las partes del avión que tenían más puntos rojos, pero Wald sostuvo el punto de vista contrario. Había que reforzar las áreas sin impactos ya que los aviones que habían sido alcanzados en tales áreas eran los que habían sido derribados y no regresaron nunca a sus bases.            

El sesgo de supervivencia muestra muchas otras cosas, pero nos habla del valor de lo no manifiesto, de lo que no se puede constatar fehacientemente (en este caso los aviones que reposan en el fondo del Atlántico o que explotaron y se estrellaron sin dejar restos) y llama a actuar con prudencia cuando se pretende sacar conclusiones generales a partir tan solo de lo directamente verificable.  

Henny, que llevó alojada en su cuerpo la bala que identificaba a su agresor, debió de ser especialmente consciente de los terribles efectos de la falta de información, provocada por la ausencia de cuerpos, localizaciones y nombres, o de una conexión fiable entre ellos. Consciente también –en sus apacibles tardes de recuerdos pavorosos–  de la eficacia de la voluntad criminal que busca no dejar rastros y evitar testigos. 

En el caso de las ejecuciones extrajudiciales durante la Guerra Civil hay una tendencia a contrastar las cifras de los crímenes de Paracuellos, verificadas a partir de los registros de las prisiones y la identificación de los cadáveres, con las múltiples conjeturas sobre crímenes del otro bando, en los que se desconocen las circunstancias exactas de los asesinatos y el lugar de los enterramientos. Cuerpos sin nombre y nombres sin cuerpos. O ni unos ni otros. Ni siquiera un relato, una hipótesis, un rumor. Solo silencio. 

Las trabas para que el CICR actuase en el bando nacional impidieron la identificación y localización de las víctimas y que se brindase apoyo a los presos y perseguidos

Esta contraposición se hace aún más marcada por la creación de santuarios, monumentos, panteones, donde se señala de forma ominosa la presencia de víctimas del bando rebelde. Estas grandes cruces, como en Paracuellos o el Valle de los Caídos, los monumentales panteones y enterramientos en cementerios e iglesias, no solo honran a los mártires de la Cruzadacaídos por Dios y por España, sino que ensalzan su presencia constatable, identificada, localizada, frente a la ausencia indefinida, frágil, especulativa de las víctimas del otro bando. Resulta significativo que la forma de celebrar a los fallecidos del bando nacional fuera gritar sus nombres, encabezados por el de José Antonio Primo de Rivera, y seguidos cada uno de ellos por la advocación ¡Presente!, que uno imagina a veces pronunciada con cierto furor comparativo. Y sí, normalmente sus restos estaban bien localizados, dignamente constatables y dispuestos.  

Los impedimentos para que el CICR actuase en el bando nacional cumplieron una función estratégica. Impidieron la identificación y localización de las víctimas y que se brindase apoyo a los presos y perseguidos. Que el daño no fuera constatable suponía multiplicarlo y extenderlo a sus familias y al entorno social de la víctima. Tenía asimismo como consecuencia distorsionar la opinión pública y alterar la información susceptible de influir en la comunidad internacional. La humillación que suponía enterrar de mala manera a las víctimas de ejecuciones extrajudiciales, en páramos y cunetas, ofrecía una lectura desde el fanatismo religioso de muchos de quienes las perpetraban: quien no deseaba morir conforme a la Iglesia podía ser enterrado de cualquier modo y en cualquier sitio. O dicho de otro modo: quien renegaba de la vida eterna no podía decidir más allá de la terrena. Esta lógica se llevó a su extremo en el Valle de los Caídos donde se impuso a las víctimas del bando republicano compartir enterramiento con las del bando contrario y hacerlo conforme a sus ritos y creencias. 

Al volver a Ginebra veo de nuevo desde la ventanilla del avión la cruz blanca de Paracuellos. El libro de Sébastien Farré la ha hecho visible, comprensible. Pienso en los que allí están, presentes, y los que descansan en otros lugares que desconocemos, sobre los que a veces circulan distintos relatos y testimonios. Otras, nada. Un silencio atronador.  Una ausencia que nunca cesa. 

—------

Nota: 

1. Sébastien Farré, El caso Henny. El Comité Internacional de la Cruz Roja y las masacres de Paracuellos del Jarama (noviembre-diciembre 1936), Chêne-Bourg (Suiza), Georg Editeur, 2022.

AIRBUS A320

El caso Henny, libro del historiador Sébastien Farré1, arranca con el aterrizaje en Barajas de un avión procedente de Ginebra. “A la derecha de nuestro avión aparece, al final de la pista, una gran cruz blanca de varias decenas de metros de longitud. Está...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí