1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

IGNACIO SÁNCHEZ-CUENCA / Polítólogo

“Una gran coalición en España sería letal”

Mónica Andrade 30/03/2022

<p>El politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca.</p>

El politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca.

E.M.A.

A diferencia de otros medios, en CTXT mantenemos todos nuestros artículos en abierto. Nuestra apuesta es recuperar el espíritu de la prensa independiente: ser un servicio público. Si puedes permitirte pagar 4 euros al mes, apoya a CTXT. ¡Suscríbete!

Asistimos a una crisis política sin precedentes en la que se suceden a mayor velocidad que nunca acontecimientos imprevistos, como la presidencia de Trump o de Bolsonaro, el Brexit o el surgimiento de fuerzas de ultraderecha en Europa. En palabras de Ignacio Sánchez-Cuenca (Valencia, 1966), la política se “ha desordenado” y eso ha provocado la emergencia de partidos que él califica de antiestablishment más que de populistas. En El desorden de la política (Catarata), el catedrático de Ciencias Políticas de la Carlos III sostiene que lo que vivimos es una crisis de representación política producida porque los partidos y los medios de comunicación han dejado de ejercer su tradicional papel de intermediadores. Ambos han perdido autoridad frente a la ciudadanía. Sánchez-Cuenca no se atreve a aventurar hacia dónde nos conducirá esa situación pero lo que sí tiene claro es que los sistemas políticos están en “una especie de punto de inflexión”.

En su opinión, la teoría de que la economía y la Gran Recesión explican el momento de fragmentación política actual no es suficiente, y en el libro hay ejemplos de países que no han sufrido los rigores de la austeridad y, sin embargo, asisten a una pérdida de fuerza de los partidos tradicionales y al surgimiento de fuerzas que cuestionan el sistema. Su análisis concluye que la corrupción de los partidos políticos, el incumplimiento de sus compromisos electorales y la colusión de los partidos tradicionales, que han hurtado del debate asuntos que preocupan a la sociedad, son los responsables de la quiebra de confianza. 

La tesis principal del libro es que estamos ante una crisis de representación, pero que, a diferencia de los años 30 a los que hacen referencia algunos analistas, la democracia no corre peligro. Sin embargo, lo que ocurre en países como Hungría, Polonia, Brasil, Estados Unidos con Trump, ¿no apunta a serios retrocesos democráticos?

La crisis de los años 30 era una crisis de democracia porque había alternativas al sistema, el fascismo y el comunismo. Ahora, en cambio, se trata más bien de una crisis de representación. Nadie argumenta abiertamente contra la democracia, incluso en estos países que has mencionado, en Rusia, en Turquía, en Hungría, el principio de legitimación sigue siendo democrático, por mucho que las elecciones se lleven a cabo sin pluralismo o con fraude electoral.

También afirma que se trata de una crisis de representación global y, sin embargo, eso coincide con participaciones récord en las elecciones de algunos países latinoamericanos, en las últimas de Estados Unidos o incluso las últimas autonómicas de Madrid. ¿Eso cómo se encaja con las explicaciones?

Hay casos puntuales, por supuesto, pero si uno calcula las tendencias y los promedios, lo que vemos es que la participación lleva cayendo de forma paulatina desde los años 50. La tendencia es más acusada en los países en vías de desarrollo que en los países desarrollados. La caída de la participación viene de muy atrás y está acompañada por otros fenómenos paralelos como el aumento de la volatilidad electoral, la polarización y una sensación negativa hacia el futuro, consistente en pensar que los hijos vivirán peor que los padres. La suma de todos esos elementos configura las características generales de la crisis de la representación política en la que estamos inmersos.

La participación electoral lleva cayendo de forma paulatina desde los años 50

Otra de la afirmaciones de su libro es que la economía no es decisiva en el crecimiento del voto a los partidos antiestablishment, y prueba de ello es que en algunos países donde ha funcionado mejor el Estado de bienestar ese aumento es un 20% superior al de países donde ha habido mayores recortes. Entonces, ¿qué factores explican ese crecimiento de los partidos antiestablishment?

La mayor parte de los analistas dan por supuesto que el problema de fondo es económico. Pero hay tres argumentos que indican que aunque la economía puede influir, no es la causa fundamental. El primero es que se han dado casos de populismo antes de la crisis del 2008. Así ocurre, por ejemplo, en el caso de Berlusconi en Italia, una forma primigenia de antipolítica, que tiene causas políticas. El segundo argumento es que hay países en los que surgen fuerzas antiestablishment a los que no les afectó demasiado la crisis del 2008. Hungría, Polonia y la India son buenos ejemplos. El tercer argumento es que si la causa fuera económica, es decir, si la gente vota a partidos antiestablishment porque aumenta la desigualdad, la precariedad laboral, etcétera, la respuesta lógica sería el voto a partidos de izquierda, aquellos que defienden esas posiciones. Y, sin embargo, el voto a los partidos de izquierda ha aumentado muy poco.

Más que buscar unas causas generales al ascenso de los partidos antiestablishment, que en cualquier caso son muy variadas, conviene analizar los mecanismos que hacen que la representación política deje de funcionar. Hay tres mecanismos distintos. El primero es la corrupción. Así se explica, por ejemplo, la ruptura del sistema de partidos en Italia en los años 90. El ascenso de Berlusconi tiene que ver con un escándalo político de dimensiones colosales.

Una segunda vía es que los partidos hagan cosas distintas de las que prometieron, es decir, que traicionen el mandato por el que fueron elegidos. Aquí un ejemplo puede ser el surgimiento de Chávez en Venezuela tras las políticas de ajuste neoliberal realizadas por Carlos Andrés Pérez.

El tercer mecanismo es que los grandes partidos entren en colusión, adoptando las mismas posiciones en torno a ciertas cuestiones. Esto es lo que, a mi juicio, provoca el surgimiento de partidos de extrema derecha en países europeos muy desarrollados, por ejemplo, en Austria y en Suiza, dos países en los que hubo largos períodos de gran coalición. Se abre entonces la posibilidad de que surjan competidores nuevos que exploten temas que quedan fuera, como la inmigración.

En conclusión, no hay un único factor para explicar las fuerzas antiestablishment. Con todo, en la base de todas ellas cabe identificar un fallo en la representación (por corrupción, por incumplimiento o por colusión).

En España hay asuntos como la monarquía que los partidos tradicionales han relegado de sus agendas a pesar de que hay un debate en algunos sectores de la ciudadanía. ¿Eso se produce por colusión o porque los medios de comunicación lo han silenciado?

Algunas veces he escrito que una de las características negativas del sistema político español es que es muy poco permeable a las demandas que proceden de la sociedad civil. Y un ejemplo paradigmático es lo que mencionas de la monarquía. Las encuestas que se han publicado en Contexto y otros medios sobre la monarquía revelan que la sociedad está mucho más dividida que el sistema de partidos; el consenso de los partidos se ha roto por el surgimiento de un partido como Podemos.

Las encuestas sobre la monarquía revelan que la sociedad está mucho más dividida que el sistema de partidos

El Reino Unido ha dicho que el rey no es inviolable en sus asuntos privados. Pero no parece que eso haya afectado mucho al discurso general en España.

En España los jueces no han querido interpretar así la Constitución. Lo lógico habría sido limitar la inviolabilidad del rey a los actos debidos, es decir, a los actos que él realiza en su condición de jefe de Estado. Los actos que lleva a cabo como particular no pueden ser impunes en una democracia. Jueces, políticos y medios han formado un bloque (colusión) en defensa de la monarquía que es prácticamente indestructible.

Antes ha mencionado las experiencias europeas de grandes coaliciones. También es el caso de Alemania, donde, después de dos períodos de gran coalición, se produjo un ascenso de AfD. En España algunos apuestan por esta misma fórmula. ¿Hasta qué punto eso podría beneficiar a partidos antiestablishment?

Mucho. Yo no soy contrario por principio a la gran coalición. Entiendo que en ciertas condiciones históricas puede ser una fórmula. Ahora, en un país como España, en el que la confianza en los partidos políticos está por debajo del 10%, si los dos grandes partidos se unen, la ciudadanía va a entender que lo hacen para defender sus intereses y blindarse frente a los desafíos de los nuevos partidos. Eso es letal porque si la ciudadanía lo interpreta como una forma de colusión, va a considerar que ese gobierno es ilegítimo. Cuando eso se hace en Austria o en Alemania, se hace con unos niveles de confianza en los partidos muy superiores a los que se dan en España.

En Europa hemos asistido a la práctica desaparición de algunos partidos socialistas. ¿En qué se diferencia el PSOE del Partido Socialista francés o del PASOK?

El PSOE estaba en caída libre hasta 2016. En 2016 se frena, a diferencia de lo que sucedió en Grecia, donde el PASOK tenía un apoyo muy clientelar y cuando no pudo repartir prebendas se vino abajo. En Francia, siempre había habido mucha fragmentación interna en el Partido Socialista. En España el partido se mantiene más o menos estable desde el punto de vista territorial. ¿Y quién lo salva por una carambola? Yo creo que la vieja guardia del partido.

¿En qué sentido?

La vieja guardia, al expulsar a Pedro Sánchez y permitirle que iniciara una campaña de desafío y de cuestionamiento de las élites del partido, lo convierte en un candidato rebelde, con un punto de heroísmo, similar a los candidatos que surgen en los nuevos partidos. Y eso insufla sangre nueva e ilusión en un Partido Socialista que estaba muy debilitado. O sea que al final es una carambola histórica la que termina salvando al Partido Socialista frente al francés o al griego. Hay otros partidos socialistas que también han bajado mucho y ahora empiezan a recuperarse. En Alemania el SPD llegó al 20% y ahora está en el 25% y gobernando.

¿Es Isabel Díaz Ayuso antiestablishment?

Pues es una buena pregunta. Yo creo que la cuestión es parecida a la de si Trump es antiestablishment. Y hay un sentido en el que no y otro en el que sí. Ambos vienen a decir que las élites políticas fueron timoratas, no quisieron hacer lo que la ciudadanía quería y que ellos vienen a corregir eso, encarnando la voz de una ciudadanía muy amplia que se encuentra huérfana de representación. En ese sentido, en el sentido de que hay un desafío a las élites antiguas de sus partidos y de los partidos rivales hay un componente antiestablishment. Luego, en materia de políticas públicas y en materia de programa político, eso hay que matizarlo ya mucho.

Afirma en su libro que los partidos antiestablishment no son la solución, sino el síntoma. ¿Es el fin de la política tradicional como la conocemos?

Hay algunos elementos que permiten afirmar que los sistemas políticos están en una especie de punto de inflexión y que algo se ha quebrado en el modelo tradicional de la democracia representativa. Según lo veo, el surgimiento de fuerzas antiestablishment es un síntoma muy claro de que hay algo que está roto en la base del sistema. Pero no me atrevería a afirmar que los partidos antiestablishment vayan a ser dominantes o vayan a ganar. Creo simplemente que muestran que algo no funciona bien y que el sistema tiene que readaptarse. Sí me atrevo a decir que estamos en un punto de inflexión. Y eso es lo que explica que se acumulen tantas anomalías como las que estamos viviendo en estos últimos tiempos, es como si la política se hubiera acelerado en todas partes. Todo pasa a una gran velocidad, cuando normalmente la política tenía ritmos más lentos. No sé hacia dónde nos dirigimos exactamente, pero parece que se ha iniciado una ruta de cambio en alguna dirección, de momento desconocida.

¿Y cómo se está produciendo esa desintermediación de los agentes tradicionales de mediación? Hemos visto a candidatos sin partido como Berlusconi o Macron. Y puede que Yolanda Díaz sea también un ejemplo de una fórmula parecida…

La tesis central del libro es que las instancias clásicas de intermediación política (partidos y medios) atraviesan una crisis profunda de credibilidad. Los partidos agregan, filtran y priorizan las demandas sociales. Los medios, por su parte, organizan el debate público y proporcionan los elementos con los que evaluar a gobiernos y partidos. Si fallan partidos y medios, si la gente no confía en ellos, la política se desordena, se sale de su cauce habitual.

Tanto la revolución digital como la tendencia individualista de nuestro tiempo favorecen un cuestionamiento generalizado de los intermediadores tradicionales

No es un problema exclusivamente político. Tanto la revolución digital como la tendencia individualista de nuestro tiempo favorecen un cuestionamiento generalizado de los intermediadores tradicionales en múltiples esferas (financiera, cultural, de consumo…). Cada vez hay más asuntos que podemos hacer por nosotros mismos, sin recurrir a los intermediadores.

En el caso de los partidos, vemos, como apuntabas en la pregunta, que en los partidos nuevos hay fenómenos de hiperliderazgo, el partido es poco más que una plataforma en torno al líder. Sucede así en contraposición al partido burocrático tradicional. El principal problema es que se trata de una solución provisional, no parece que pueda ser permanente. Estas nuevas plataformas están demasiado unidas a la evolución del líder y los líderes caducan rápidamente. La esperanza de vida de un político nuevo es bastante limitada. Se dibuja así una política muy inestable, demasiado quizá para lo que puede aguantar una sociedad. En algún momento hay que encontrar un principio de estabilización y ahora no sabemos cuál es.

¿Se le ocurre alguna fórmula que pudiera subsanar esa falta de comunicación entre las dos esferas, la de los políticos y la de los ciudadanos?

Bueno, soy completamente inútil a la hora de proponer soluciones y alternativas. A pesar de ello, sí me gustaría señalar una asimetría interesante. En el libro insisto en que no son solo los partidos políticos los que están en crisis, también los medios de comunicación tradicionales atraviesan problemas serios. Mi impresión es que los medios están haciendo mayores esfuerzos para recuperar la confianza de los lectores o de los espectadores. En los partidos políticos hay muy poca innovación. La mayor novedad en las últimas décadas ha sido la introducción de primarias, pero no parece que eso sea suficiente.

¿Por qué?

Porque las estructuras organizativas de los partidos siguen existiendo, como es lógico, y los ciudadanos ven que dichas estructuras no cumplen adecuadamente la función que tienen encomendada, canalizar las demandas sociales: en muchos casos las ignoran o las traicionan, generando una gran insatisfacción. ¿Cómo se corrige eso? Yo no tengo la solución, sólo sé que con los partidos tradicionales la democracia no se recupera. Los expertos en diseño institucional tienen muchas propuestas, como introducir mecanismos de sorteo, o transformar las cámaras altas de los parlamentos en cámaras ciudadanas que controlen a los políticos, o avanzar en la democracia directa a través de la tecnología digital. En fin, propuestas hay muchas, pero yo no soy capaz de afinar ahí ni de tener grandes ideas de futuro.

En el libro aborda también el papel que juegan los medios de comunicación. ¿Qué poder de influencia les atribuye en la decisión de los votantes de elegir a quién votar?

Que tienen poder no lo puede dudar nadie. Pero hay que entender que manteniendo más o menos constante el poder de los medios, hemos visto cómo en muchos países surgían partidos nuevos y, en algún caso, incluso se alzaban con la victoria. Podemos en el año 2015 estaba en un 25% de intención de voto. Y eso era con los mismos medios que hay ahora, o peor todavía, probablemente había menos pluralidad mediática de la que hay ahora. Yo soy más bien escéptico sobre ese tipo de explicaciones, especialmente teniendo en cuenta que los medios también arrastran problemas de credibilidad importantes, lo que limita su influencia.

Estamos asistiendo a una extraña huelga de transportes. Da la impresión  de que también en este asunto han desaparecido los agentes mediadores. Estamos ante un fenómeno que no se sabe muy bien hacia dónde va ni cómo se puede solucionar, porque tampoco se sabe muy bien quiénes son  los que tienen que ponerse de acuerdo.

Este ejemplo es muy bueno, porque en el libro no he tratado los problemas de desintermediación en el mundo laboral, es una de las lagunas del libro. La huelga de transportistas, hasta cierto punto, confirma la tesis general que mantengo. Esta es una huelga que se ha iniciado al margen de las estructuras tradicionales de representación de interés en el sector del transporte y, por lo tanto, al no encauzarse a través de los intermediarios, se vuelve mucho más complicada de gestionar. Es lo mismo que sucede en la política cuando los partidos políticos dejan de funcionar como intermediarios, que las cosas se salen fuera de sus cauces naturales y se observan fenómenos que creíamos que eran imposibles de observar.

Asistimos a una crisis política sin precedentes en la que se suceden a mayor velocidad que nunca acontecimientos imprevistos, como la presidencia de Trump o de Bolsonaro, el Brexit o el surgimiento de fuerzas de ultraderecha en Europa. En palabras de Ignacio Sánchez-Cuenca (Valencia, 1966), la política se “ha...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autora >

Mónica Andrade

Periodista. Nacida en Madrid y criada en Pamplona. Huye de los focos, prefiere el 'backstage'.

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

2 comentario(s)

¿Quieres decir algo? + Déjanos un comentario

  1. Fernando

    "¿Y quién lo salva por una carambola? Yo creo que la vieja guardia del partido". Esto no es correcto, creo que es mejor hablar de efecto "boomerang". En las elecciones legislativas de 2016 los resultados abrían la posibilidad de un gobierno de coalición con un potente Podemos y otras fuerzas territoriales, había así otro ambiente al que se sumó posteriormente la militancia del PSOE para elegir como líder a Pedro Sánchez. La vieja guardia del PSOE apostaba por Susana Díaz, que por aquellos tiempos prefería hacerse una foto junto a Rajoy que junto a Pedro Sánchez.

    Hace 8 meses 1 día

  2. carferlui

    Estimado Ignacio, En mi humilde opinión como funcionario de una administración pública autonómica considero que el eslabón perdido en la crisis de intermediación que planteas está en las administraciones públicas y su funcionamiento. No hay que olvidar que son las AAPP la herramienta que tienen los partidos que gobiernan para ejecutar su programa electoral y te puedo decir después de 18 años que los partidos están más perdidos que un pato en un garaje, los directivos públicos que nombran los establishment de los partidos ni tienen preparación ni experiencia ni capacidad suficiente ni conocen el contexto ni el entorno en el que se mueven, de ahí que sea fácil hacer leyes, planes, ayudas, subvenciones pero el cuello de botella se encuentra en los problemas de gestión de las administraciones públicas y el complicado equilibrio entre burocracia y eficiencia que impide que las preferencias electorales tarden mucho en llegar y ser percibidas por la ciudadanía. A modo de ejemplo, mira a cuantas personas llega el IMV. Esto es sólo un comentario pero te animo que explores este eslabón perdido. Un saludo afectuoso

    Hace 8 meses 2 días

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí