1. Número 1 · Enero 2015

  2. Número 2 · Enero 2015

  3. Número 3 · Enero 2015

  4. Número 4 · Febrero 2015

  5. Número 5 · Febrero 2015

  6. Número 6 · Febrero 2015

  7. Número 7 · Febrero 2015

  8. Número 8 · Marzo 2015

  9. Número 9 · Marzo 2015

  10. Número 10 · Marzo 2015

  11. Número 11 · Marzo 2015

  12. Número 12 · Abril 2015

  13. Número 13 · Abril 2015

  14. Número 14 · Abril 2015

  15. Número 15 · Abril 2015

  16. Número 16 · Mayo 2015

  17. Número 17 · Mayo 2015

  18. Número 18 · Mayo 2015

  19. Número 19 · Mayo 2015

  20. Número 20 · Junio 2015

  21. Número 21 · Junio 2015

  22. Número 22 · Junio 2015

  23. Número 23 · Junio 2015

  24. Número 24 · Julio 2015

  25. Número 25 · Julio 2015

  26. Número 26 · Julio 2015

  27. Número 27 · Julio 2015

  28. Número 28 · Septiembre 2015

  29. Número 29 · Septiembre 2015

  30. Número 30 · Septiembre 2015

  31. Número 31 · Septiembre 2015

  32. Número 32 · Septiembre 2015

  33. Número 33 · Octubre 2015

  34. Número 34 · Octubre 2015

  35. Número 35 · Octubre 2015

  36. Número 36 · Octubre 2015

  37. Número 37 · Noviembre 2015

  38. Número 38 · Noviembre 2015

  39. Número 39 · Noviembre 2015

  40. Número 40 · Noviembre 2015

  41. Número 41 · Diciembre 2015

  42. Número 42 · Diciembre 2015

  43. Número 43 · Diciembre 2015

  44. Número 44 · Diciembre 2015

  45. Número 45 · Diciembre 2015

  46. Número 46 · Enero 2016

  47. Número 47 · Enero 2016

  48. Número 48 · Enero 2016

  49. Número 49 · Enero 2016

  50. Número 50 · Febrero 2016

  51. Número 51 · Febrero 2016

  52. Número 52 · Febrero 2016

  53. Número 53 · Febrero 2016

  54. Número 54 · Marzo 2016

  55. Número 55 · Marzo 2016

  56. Número 56 · Marzo 2016

  57. Número 57 · Marzo 2016

  58. Número 58 · Marzo 2016

  59. Número 59 · Abril 2016

  60. Número 60 · Abril 2016

  61. Número 61 · Abril 2016

  62. Número 62 · Abril 2016

  63. Número 63 · Mayo 2016

  64. Número 64 · Mayo 2016

  65. Número 65 · Mayo 2016

  66. Número 66 · Mayo 2016

  67. Número 67 · Junio 2016

  68. Número 68 · Junio 2016

  69. Número 69 · Junio 2016

  70. Número 70 · Junio 2016

  71. Número 71 · Junio 2016

  72. Número 72 · Julio 2016

  73. Número 73 · Julio 2016

  74. Número 74 · Julio 2016

  75. Número 75 · Julio 2016

  76. Número 76 · Agosto 2016

  77. Número 77 · Agosto 2016

  78. Número 78 · Agosto 2016

  79. Número 79 · Agosto 2016

  80. Número 80 · Agosto 2016

  81. Número 81 · Septiembre 2016

  82. Número 82 · Septiembre 2016

  83. Número 83 · Septiembre 2016

  84. Número 84 · Septiembre 2016

  85. Número 85 · Octubre 2016

  86. Número 86 · Octubre 2016

  87. Número 87 · Octubre 2016

  88. Número 88 · Octubre 2016

  89. Número 89 · Noviembre 2016

  90. Número 90 · Noviembre 2016

  91. Número 91 · Noviembre 2016

  92. Número 92 · Noviembre 2016

  93. Número 93 · Noviembre 2016

  94. Número 94 · Diciembre 2016

  95. Número 95 · Diciembre 2016

  96. Número 96 · Diciembre 2016

  97. Número 97 · Diciembre 2016

  98. Número 98 · Enero 2017

  99. Número 99 · Enero 2017

  100. Número 100 · Enero 2017

  101. Número 101 · Enero 2017

  102. Número 102 · Febrero 2017

  103. Número 103 · Febrero 2017

  104. Número 104 · Febrero 2017

  105. Número 105 · Febrero 2017

  106. Número 106 · Marzo 2017

  107. Número 107 · Marzo 2017

  108. Número 108 · Marzo 2017

  109. Número 109 · Marzo 2017

  110. Número 110 · Marzo 2017

  111. Número 111 · Abril 2017

  112. Número 112 · Abril 2017

  113. Número 113 · Abril 2017

  114. Número 114 · Abril 2017

  115. Número 115 · Mayo 2017

  116. Número 116 · Mayo 2017

  117. Número 117 · Mayo 2017

  118. Número 118 · Mayo 2017

  119. Número 119 · Mayo 2017

  120. Número 120 · Junio 2017

  121. Número 121 · Junio 2017

  122. Número 122 · Junio 2017

  123. Número 123 · Junio 2017

  124. Número 124 · Julio 2017

  125. Número 125 · Julio 2017

  126. Número 126 · Julio 2017

  127. Número 127 · Julio 2017

  128. Número 128 · Agosto 2017

  129. Número 129 · Agosto 2017

  130. Número 130 · Agosto 2017

  131. Número 131 · Agosto 2017

  132. Número 132 · Agosto 2017

  133. Número 133 · Septiembre 2017

  134. Número 134 · Septiembre 2017

  135. Número 135 · Septiembre 2017

  136. Número 136 · Septiembre 2017

  137. Número 137 · Octubre 2017

  138. Número 138 · Octubre 2017

  139. Número 139 · Octubre 2017

  140. Número 140 · Octubre 2017

  141. Número 141 · Noviembre 2017

  142. Número 142 · Noviembre 2017

  143. Número 143 · Noviembre 2017

  144. Número 144 · Noviembre 2017

  145. Número 145 · Noviembre 2017

  146. Número 146 · Diciembre 2017

  147. Número 147 · Diciembre 2017

  148. Número 148 · Diciembre 2017

  149. Número 149 · Diciembre 2017

  150. Número 150 · Enero 2018

  151. Número 151 · Enero 2018

  152. Número 152 · Enero 2018

  153. Número 153 · Enero 2018

  154. Número 154 · Enero 2018

  155. Número 155 · Febrero 2018

  156. Número 156 · Febrero 2018

  157. Número 157 · Febrero 2018

  158. Número 158 · Febrero 2018

  159. Número 159 · Marzo 2018

  160. Número 160 · Marzo 2018

  161. Número 161 · Marzo 2018

  162. Número 162 · Marzo 2018

  163. Número 163 · Abril 2018

  164. Número 164 · Abril 2018

  165. Número 165 · Abril 2018

  166. Número 166 · Abril 2018

  167. Número 167 · Mayo 2018

  168. Número 168 · Mayo 2018

  169. Número 169 · Mayo 2018

  170. Número 170 · Mayo 2018

  171. Número 171 · Mayo 2018

  172. Número 172 · Junio 2018

  173. Número 173 · Junio 2018

  174. Número 174 · Junio 2018

  175. Número 175 · Junio 2018

  176. Número 176 · Julio 2018

  177. Número 177 · Julio 2018

  178. Número 178 · Julio 2018

  179. Número 179 · Julio 2018

  180. Número 180 · Agosto 2018

  181. Número 181 · Agosto 2018

  182. Número 182 · Agosto 2018

  183. Número 183 · Agosto 2018

  184. Número 184 · Agosto 2018

  185. Número 185 · Septiembre 2018

  186. Número 186 · Septiembre 2018

  187. Número 187 · Septiembre 2018

  188. Número 188 · Septiembre 2018

  189. Número 189 · Octubre 2018

  190. Número 190 · Octubre 2018

  191. Número 191 · Octubre 2018

  192. Número 192 · Octubre 2018

  193. Número 193 · Octubre 2018

  194. Número 194 · Noviembre 2018

  195. Número 195 · Noviembre 2018

  196. Número 196 · Noviembre 2018

  197. Número 197 · Noviembre 2018

  198. Número 198 · Diciembre 2018

  199. Número 199 · Diciembre 2018

  200. Número 200 · Diciembre 2018

  201. Número 201 · Diciembre 2018

  202. Número 202 · Enero 2019

  203. Número 203 · Enero 2019

  204. Número 204 · Enero 2019

  205. Número 205 · Enero 2019

  206. Número 206 · Enero 2019

  207. Número 207 · Febrero 2019

  208. Número 208 · Febrero 2019

  209. Número 209 · Febrero 2019

  210. Número 210 · Febrero 2019

  211. Número 211 · Marzo 2019

  212. Número 212 · Marzo 2019

  213. Número 213 · Marzo 2019

  214. Número 214 · Marzo 2019

  215. Número 215 · Abril 2019

  216. Número 216 · Abril 2019

  217. Número 217 · Abril 2019

  218. Número 218 · Abril 2019

  219. Número 219 · Mayo 2019

  220. Número 220 · Mayo 2019

  221. Número 221 · Mayo 2019

  222. Número 222 · Mayo 2019

  223. Número 223 · Mayo 2019

  224. Número 224 · Junio 2019

  225. Número 225 · Junio 2019

  226. Número 226 · Junio 2019

  227. Número 227 · Junio 2019

  228. Número 228 · Julio 2019

  229. Número 229 · Julio 2019

  230. Número 230 · Julio 2019

  231. Número 231 · Julio 2019

  232. Número 232 · Julio 2019

  233. Número 233 · Agosto 2019

  234. Número 234 · Agosto 2019

  235. Número 235 · Agosto 2019

  236. Número 236 · Agosto 2019

  237. Número 237 · Septiembre 2019

  238. Número 238 · Septiembre 2019

  239. Número 239 · Septiembre 2019

  240. Número 240 · Septiembre 2019

  241. Número 241 · Octubre 2019

  242. Número 242 · Octubre 2019

  243. Número 243 · Octubre 2019

  244. Número 244 · Octubre 2019

  245. Número 245 · Octubre 2019

  246. Número 246 · Noviembre 2019

  247. Número 247 · Noviembre 2019

  248. Número 248 · Noviembre 2019

  249. Número 249 · Noviembre 2019

  250. Número 250 · Diciembre 2019

  251. Número 251 · Diciembre 2019

  252. Número 252 · Diciembre 2019

  253. Número 253 · Diciembre 2019

  254. Número 254 · Enero 2020

  255. Número 255 · Enero 2020

  256. Número 256 · Enero 2020

  257. Número 257 · Febrero 2020

  258. Número 258 · Marzo 2020

  259. Número 259 · Abril 2020

  260. Número 260 · Mayo 2020

  261. Número 261 · Junio 2020

  262. Número 262 · Julio 2020

  263. Número 263 · Agosto 2020

  264. Número 264 · Septiembre 2020

  265. Número 265 · Octubre 2020

  266. Número 266 · Noviembre 2020

  267. Número 267 · Diciembre 2020

  268. Número 268 · Enero 2021

  269. Número 269 · Febrero 2021

  270. Número 270 · Marzo 2021

  271. Número 271 · Abril 2021

  272. Número 272 · Mayo 2021

  273. Número 273 · Junio 2021

  274. Número 274 · Julio 2021

  275. Número 275 · Agosto 2021

  276. Número 276 · Septiembre 2021

  277. Número 277 · Octubre 2021

  278. Número 278 · Noviembre 2021

  279. Número 279 · Diciembre 2021

  280. Número 280 · Enero 2022

  281. Número 281 · Febrero 2022

  282. Número 282 · Marzo 2022

  283. Número 283 · Abril 2022

  284. Número 284 · Mayo 2022

  285. Número 285 · Junio 2022

  286. Número 286 · Julio 2022

  287. Número 287 · Agosto 2022

  288. Número 288 · Septiembre 2022

  289. Número 289 · Octubre 2022

  290. Número 290 · Noviembre 2022

  291. Número 291 · Diciembre 2022

  292. Número 292 · Enero 2023

  293. Número 293 · Febrero 2023

  294. Número 294 · Marzo 2023

  295. Número 295 · Abril 2023

  296. Número 296 · Mayo 2023

  297. Número 297 · Junio 2023

  298. Número 298 · Julio 2023

  299. Número 299 · Agosto 2023

  300. Número 300 · Septiembre 2023

  301. Número 301 · Octubre 2023

  302. Número 302 · Noviembre 2023

  303. Número 303 · Diciembre 2023

  304. Número 304 · Enero 2024

  305. Número 305 · Febrero 2024

  306. Número 306 · Marzo 2024

  307. Número 307 · Abril 2024

  308. Número 308 · Mayo 2024

  309. Número 309 · Junio 2024

CTXT necesita 15.000 socias/os para seguir creciendo. Suscríbete a CTXT

MANIFIESTO

Postura y llamamiento de los ‘Levantamientos de la Tierra’ sobre el movimiento agrícola en curso

Si nos sublevamos es, en gran parte, contra los estragos del sistema agroindustrial, que asesina lo que queda del mundo campesino en nombre del avance de la producción

Les Soulèvements de la Terre 2/02/2024

<p>Miembros del sindicato 'Confédération paysanne' durante un bloqueo a la empresa Leclerc en Charente, Francia. / <strong>X (@ConfPaysanne)</strong></p>

Miembros del sindicato 'Confédération paysanne' durante un bloqueo a la empresa Leclerc en Charente, Francia. / X (@ConfPaysanne)

En CTXT podemos mantener nuestra radical independencia gracias a que las suscripciones suponen el 70% de los ingresos. No aceptamos “noticias” patrocinadas y apenas tenemos publicidad. Si puedes apoyarnos desde 3 euros mensuales, suscribete aquí

Hace ya una semana que el mundo agrícola expresa su ira con actos contundentes y a plena luz del día: es la cólera de una profesión que se ha vuelto casi impracticable, que colapsa bajo la brutalidad de las transformaciones ecológicas que se avecinan y bajo asfixiantes restricciones económicas, normativas, administrativas y tecnológicas.

Mientras los bloqueos continúan por doquier presentamos algunos puntos aclaratorios sobre la situación desde la perspectiva del movimiento de los Levantamientos de la Tierra (Soulèvements de la Terre).

Somos un movimiento de habitantes de las ciudades y del campo, de ecologistas y de campesinos/as ya establecido/as como tales o en proceso de hacerlo. Rechazamos la polarización que algunos tratan de suscitar entre estos mundos. Somos defensores/as de la tierra y el agua, que siempre han sido nuestro punto de partida para arraigarnos y que son además las herramientas de trabajo de los campesinos/as y nuestros medios nutricios fundamentales. Nos movilizamos desde hace años contra los grandes proyectos desarrollistas que los devastan y contra los complejos industriales que los envenenan y acaparan. Seamos claros/as: esta vez el movimiento actual, considerado en toda su heterogeneidad, ha sido iniciado y conducido en gran medida por otras fuerzas que no eran las nuestras, a veces con objetivos diferentes y, en otros casos, con algunos que nos son completamente ajenos. De todos modos, cuando comenzaron los primeros bloqueos, desde diferentes comités locales nos unimos a algunas barricadas y acciones. Fuimos al encuentro de los campesinos/as y agricultores/as movilizados/as y debatimos con nuestros compañeros/as de diferentes organizaciones campesinas para entender sus análisis sobre la situación. Nos cercioramos de que también nosotros/as participábamos plenamente de la digna cólera de quienes se niegan a resignarse a su extinción.

Los cuadros del FNSEA están siendo ruidosamente silbados y rechazados

Solo podemos alegrarnos de que la mayoría de los agricultores/as estén bloqueando el país en estos momentos. Que ellos y ellas estén representados/as por la FNSEA (Fédération Nationale des Syndicats d’Exploitants Agricoles / Federación Nacional de Sindicatos de Productores Agrícolas) y por los jefes del agronegocio en las instancias de negociación con el gobierno es consternante. Sobre todo en un momento en que los cuadros de este sindicato mayoritario están siendo ruidosamente silbados y rechazados en ciertos bloqueos donde ya no pueden retener a sus bases. Y es que muchas personas implicadas en los cortes de la circulación no están sindicadas y no se sienten representadas por la FNSEA.

Fundado después de la guerra, este sindicato hegemónico ha acompañado el desarrollo del sistema agroindustrial durante décadas en cogestión con el Estado. Es este sistema que ellos sostienen el que pone la cuerda al cuello de los campesinos/as, el que los explota para alimentar sus ganancias y el que los empuja a endeudarse para crecer y así seguir siendo competitivos o si no desaparecer. En 1968, Michel Debatisse, entonces secretario general de la FNSEA y antes de convertirse en su presidente, declaraba: “Dos tercios de las empresas agrícolas no tienen, en términos económicos, razón de ser. Estamos de acuerdo en que es necesario reducir el número de agricultores”. Misión cumplida con creces: el número de campesinos/as y de asalariados/as agrícolas pasó de 6,3 millones en 1946 a 750.000 según el último censo de 2020. Mientras tanto, el número de tractores en nuestros campos ha aumentado en aproximadamente un 1.000%, el de granjas ha caído un 70% y el de activos agrícolas un 82%. En otras palabras: más de 4 de cada 5 activos dejaron el trabajo agrícola en solo cuatro décadas, entre 1954 y 1997. Y la lenta hemorragia prosigue hasta hoy...

Mientras que el tamaño medio de una explotación en Francia en 2020 es de 69 hectáreas, el de Arnaud Rousseau, actual director de la FNSEA y antiguo agente comercial directamente egresado de una business school, asciende a 700 hectáreas. A la vez dirige una quincena de empresas, holdings y granjas; es, además, presidente del consejo de administración del grupo industrial y financiero Avril (Isio4, Lesieur, Matines, Puget, etc.); director general de Biogaz du Multien, una empresa de metanización; administrador de Saipol, líder francés en la transformación de semillas en aceite, presidente del consejo de administración de Sofiprotéol...

Los cuadros de la FNSEA, así como los dirigentes de las mayores cooperativas agrícolas –ampliamente representados por la Fede y sus satélites– se ceban con sus beneficios: el ingreso medio mensual de las diez personas mejor pagadas en 2020 en la cooperativa Eureden es de 11.500 euros.

Los ingresos medios de los agricultores y el mito de la unidad orgánica del mundo agrícola esgrimidos en los platós ocultan una desgarradora disparidad de ingresos y de violentas desigualdades socioeconómicas que ya no pasan desapercibidas para nadie: los márgenes de los pequeños productores no dejan de erosionarse mientras que los beneficios de la agroindustria suben como la espuma.

En todo el mundo el porcentaje del precio de venta que corresponde a los agricultores ha pasado del 40% en 1910 al 7% en 1997, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). De 2001 a 2022, los distribuidores y las empresas agroalimentarias del sector lácteo vieron cómo su margen bruto despegaba un 188% y un 64% respectivamente, mientras que el de los productores se ha estancado cuando no es simplemente negativo.

Una de las razones que impulsan al mundo agrícola a bloquear las autopistas, a vaciar botellas de leche en un Carrefour (Epinal-Jeuxey), a bloquear las fábricas de Lactalis (Domfront, Saint-Florent-le-Vieil, etc.), a arar un aparcamiento (Clermont-l’Hérault), a bloquear el puerto de La Rochelle, a vaciar camiones procedentes del extranjero, a rociar con estiércol una prefectura y a saquear un McDonalds (Agen), a salir con carritos llenos de un supermercado (Chasseneuil-du-Poitou); es que los industriales intermediarios por arriba –proveedores, vendedores de agroequipos, sembradores industriales, vendedores de insumos y alimentos– y por debajo –las cooperativas de recolección-distribución como Lactalis, los industriales de la gran distribución y del sector agroalimentario como Leclerc– que estructuran el complejo agroindustrial, les están desposeyendo de los productos de su trabajo.

Sin las subvenciones, el 50% de los pequeños agricultores/as tendrían unos resultados económicos negativos

Este saqueo del valor añadido orquestado por dichos segmentos del sector es lo que explica, a día de hoy, que sin las subvenciones –que desempeñan el perverso papel de actuar como muletas del sistema, además de beneficiar principalmente a los más poderosos y ricos– el 50% de los pequeños agricultores/as tendrían unos resultados económicos negativos, y ello sin tener en cuenta los impuestos. Por ejemplo: en la producción de leche de vaca el margen sin subvención, que era de 396 €/ha de media entre 1993 y 1997, se hizo negativo a finales de la década de 2010 (-16 €/ha en promedio); mientras que el número de campesinos/as contabilizados por la Red de Información Contable Agrícola (Réseau d’information comptable agricole) en este sector ha pasado durante este período de 134.000 a 74.000

Los acuerdos de libre comercio internacionales –que denuncian la Confederación Campesina (Confédération paysanne) y la Coordinación Rural (Coordination rurale)– ponen a competir a los campesinos del mundo entero y han acelerado este tipo de depredaciones económicas. Hoy en día sabemos bien que en cuanto se habla de “liberalización”, de “incremento de la competitividad” o de “modernización” de las estructuras, es que las granjas van a desaparecer y que la policultura de la ganadería retrocederá más todavía –ahora solo representa el 11% de las explotaciones–, dejando solo un desierto verde de monocultivos industriales conducidos por operarios/as al mando de estructuras cada vez más endeudadas, menos dueños/as de sus propias herramienta de trabajo y de sus cuentas bancarias, que acaban perteneciendo prácticamente a sus acreedores.

La constatación es inapelable: cuantos menos campesinos/as haya, menos podrán ganarse la vida, salvo que logren ampliar una y otra vez la superficie de la explotación de que disponen, devorando por el camino a sus propios vecinos. En estas condiciones, “convertirse en empresario”, como promete la FNSEA, consiste en realidad en ponerse en la misma situación que el conductor de Uber que se endeuda hasta el cuello para comprar su vehículo y que solo depende de un único contratista para llevar a cabo su negocio… Agreguemos a esto la brutalidad del cambio climático –acontecimientos climáticos extremos, sequías, incendios, inundaciones…–, así como los desórdenes ecológicos que implica. Siguiendo su estela, una multiplicación de las enfermedades nuevas y otras zoonosis que consiguen que el oficio se vuelva casi imposible y de hecho invivible, a causa de esta inestabilidad apabullante.

Si nos sublevamos es, en gran parte, contra los estragos de este mundo agroindustrial, con el vivo recuerdo de las granjas de nuestras familias que tan a menudo hemos visto desaparecer y con la aguda conciencia del abismo de dificultades que nos estamos topando en nuestro propio camino para asentarnos de nuevo. Estas industrias y megasociedades acaparadoras son las responsables de todo ello, pues se tragan las tierras y las granjas de sus alrededores por mor del avance de la producción agrícola, mientras asesinan a la chita callando lo que queda del mundo campesino. Estas son las industrias contra las que nos hemos enfrentado en nuestras acciones desde el principio de nuestro movimiento, y no contra el campesinado.

Si afirmamos claramente que la liquidación social y económica del campesinado y la destrucción de sus medios de vida están estrechamente correlacionadas –las granjas desaparecen al mismo ritmo que las aves de campo, a la vez que crece el complejo agroindustrial que va estrechando su cerco mientras el calentamiento global se acelera–, tampoco tenemos ninguna duda sobre los efectos nocivos de cierta ecología industrial, tecnocrática y gubernamental en este proceso. La gestión derivada de las normas ambientales-sanitarias en la agricultura es, en este sentido, absolutamente ambigua. No solo no protege realmente la salud de los pueblos y sus medios de vida, sino que ha constituido, a pesar de sus declaradas buenas intenciones, todo un nuevo vector que conduce a la industrialización de las explotaciones agrícolas. Las colosales inversiones exigidas por estas normas desde hace años han acelerado, en todas partes, la concentración de las estructuras y su burocratización bajo controles permanentes, lo que se ha materializado en la pérdida total del sentido del oficio.

Nos negamos a separar la cuestión ecológica de la cuestión social

Nos negamos a separar la cuestión ecológica de la cuestión social, y también a convertirla en un asunto de consumidores/as y ciudadanos/as responsables dispuestos a cambiar sus prácticas individuales mediante vagas “transiciones personales”. Es imposible exigir a un ganadero atrapado en un sector hiperintegrado que tome otra dirección y salga del modo de producción industrial, como también es vergonzoso exigir que millones de personas que dependen estructuralmente de ayudas alimentarias comiencen a “consumir orgánico y local”. Además, no pretendemos reducir la necesaria ecologización del trabajo de la tierra a una mera cuestión de “reglamentos” y “listas de normas”: el remedio no llegará fortaleciendo el control de las burocracias sobre las prácticas campesinas. Ningún cambio estructural tendrá lugar hasta que nos quitemos de encima las ataduras económicas y tecnocráticas que pesan sobre nuestras vidas, y solo podremos liberarnos de ellas a través de la lucha.

Aunque no tenemos lecciones que dar a los agricultores/as, ni tampoco ninguna falsa promesa, sí podemos afirmar que la experiencia de nuestras luchas junto a los campesinos/as –ya sea contra grandes proyectos innecesarios e impuestos como el de las mega-balsas, o para reapropiarse de los frutos del acaparamiento de tierras– nos ha dado algunas certezas que guían nuestras apuestas estratégicas.

La ecología será campesina y popular o no será. El campesinado desaparecerá al mismo tiempo que la seguridad alimentaria de los pueblos y nuestros últimos márgenes de autonomía contra los complejos industriales si no se levanta un amplio movimiento social de recuperación de la tierra frente a su acaparamiento y su destrucción. Algo que sucederá indudablemente si no logramos volar por los aires los obstáculos –tratados de libre comercio, desregulación de precios, dominio monopolístico del sector agroalimentario y de los hipermercados en el consumo de los hogares– que sellan el dominio del mercado sobre nuestras vidas y la agricultura; si no se detiene la huida hacia adelante del tecno-optimismo –el tríptico biotecnología genética-robotización-digitalización–; si no se neutralizan los megaproyectos clave para la reestructuración del modelo agroindustrial; si no encontramos las palancas adecuadas para la comunización de los alimentos que permita, a la vez, asegurar los ingresos de los productores y garantizar el derecho universal a la alimentación.

Además creemos en la fecundidad y en el poder de las alianzas imprevistas. En un momento en que la FNSEA busca hacerse con el control del movimiento –especialmente al perseguir, en algunos de los puntos de bloqueo que controla, todo aquello que no parezca un agricultor “sindicado en la Fede”–, creemos que un giro puede producirse gracias al encuentro entre los/as agricultores/as movilizados/as y otros componentes del movimiento social y ecológico que se han levantado en los últimos años contra las políticas económicas depredadoras del gobierno. El “corporativismo” siempre ha sido el responsable de la impotencia campesina, al igual que la separación de los medios de subsistencia agrícolas a menudo ha determinado la derrota de los trabajadores urbanos. Tal vez sea el momento de derribar algunos muros y continuar con el fortalecimiento de los bloqueos yendo al encuentro de aquellos que aún no han puesto los pies en el movimiento. Es preciso continuar en los próximos meses con las luchas comunes entre habitantes del territorio y trabajadores/as de la tierra.

Les Soulèvements de la Terre - 30 de enero de 2024

----------------

Traducido por Daniel Rodríguez Vela.

Hace ya una semana que el mundo agrícola expresa su ira con actos contundentes y a plena luz del día: es la cólera de una profesión que se ha vuelto casi impracticable, que colapsa bajo la brutalidad de las transformaciones ecológicas que se avecinan y bajo asfixiantes restricciones económicas, normativas,...

Este artículo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí

Autor >

Les Soulèvements de la Terre

Suscríbete a CTXT

Orgullosas
de llegar tarde
a las últimas noticias

Gracias a tu suscripción podemos ejercer un periodismo público y en libertad.
¿Quieres suscribirte a CTXT por solo 6 euros al mes? Pulsa aquí

Artículos relacionados >

Deja un comentario


Los comentarios solo están habilitados para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aquí